El agua fue muy pocas veces el impulsor de muertes. Definitivamente en los desiertos. O por las corrientes de agua tan fuertes en nuestros ríos y mares que nos pueden arrastrar en cuestión de segundos. Siempre se respetaba como parte natural de los ciclos que nos dan la vida y que nos la pueden quitar.
Pero por eso mismo, por ser parte tan esencial de nuestras vidas, como dice el dicho, no se le niega a nadie. El que tiene sed, se le da; es una obligación porque es un derecho. Porque sin ella, no podemos sobrevivir.
Un recurso que pensabamos que siempre iba a existir se esta volviendo en una razón de codicia y desesperación, y por ende, de conflicto y guerra. Los problemas ambientales que nosotros mismos hemos causado, sean de contaminación o de cambio climático, nos están creando una bronca profunda. No es cuestión nada más de limpiar los ríos para que el agua potable no desaparezca. No es nada más de dejar de ser cochinos y tirar lavadoras detrás de nuestras casas. Sí se trata de eso, pero se trata más de cambiar nuestra mentalidad y ver el agua como un derecho no solo mío, pero de todos.
Cuando no vemos que la basura, los químicos, hasta nuestra caca o la de los animales, se la lleva la corriente y parece que el agua la lava y se la lleva a algún lugar lejano, quién sabe dónde, deja de ser nuestra problema y se convierte en el del otro. Pero ojos que no ven, corazón que no siente, verdad. Dejamos de preocuparnos, pero al final, no nos damos cuenta que todos hacemos lo mismo y los problemas se acumulan y otra persona nos deja su lavadora pudriéndose en el lugar donde yo conseguía mi agua.
Imaginémonos ahora cuando ésto pasa a gran escala. Haciédonle referencia a una comparación que se hizo en el artículo, ¡Nos quieren matar!, donde se hace mención que los que están el poder tienen la misma capacidad de causar daño que cualquir otro humano, pero como tienen el poder, entonces quizá apeligran la vida millones de veces más que lo que puede uno. Entonces las corporaciones usan el agua potable millones de veces más en sus actividades. Para crear energía, para crear sus productos o servicios, ocupan una masiva cantidad de agua. Pero no acaba ahí, porque no solo consumen el agua, pero cuando hacen sus productos les quedan desechos con los que no saben, o tienen pereza, como desahacerse de ellos. Millones de lavadoras envenenando nuestra agua.
Tomemos dos ejemplos de los últimos seis meses. El 22 de diciembre en un pueblo de Tennessee en los Estados Unidos, hubo un derrame de ceniza de carbón que afectó unas 122 hectáreas, culpa del Tennessee Valley
Authority. Algunos expertos comentan que estos tales accidentes son desastres inevitables porque el gobierno no se pone las pilas y regula estas corporaciones como se deben. Ojo, el gobierno siempre es cómplice y flexibiliza las reglas cuando se trata del desarrollo económico. Esta ceniza se mezcló con el agua del río Emory, el cual es fuente de agua potable para millones de habitantes de Tennessee y otros estados cercanos. Inicialmente, el Tennessee Valley Authority y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) del país tomaron muestras que indicaban que se podía tomar del agua. Sin embargo, luego se descubrió que las muestras las habían tomado de partes limpias en el río, y que encontraron toxinas como el arsénico a niveles 149 veces superior a lo que se puede ingerir en las secciones contaminadas.
Y hace menos de dos semanas, según una investigación del Associated Press, las farmacéuticas y otras corporaciones, han emitido legalmente (otra vez, el gobierno) 271 millones de libras de drogas en “los canales de agua que a menudo proporcionan el agua potable”. Aunque el estudio menciona que los consumidores de esas drogas somos los mayores contaminadores cuando las excretamos de nuestros sistemas, hay casos como del de Boehringer Ingelheim Roxane Inc. en Ohio que desechan toxinas peligrosas para los peces y otra vida acuática.
Y como en “Costa Rica operan cerca de 300 empresas farmacéuticas“, sería extraño que no hubiera más toxinas en nuestras aguas ya que si lo hacen en sus propias tierras, porque van a respetar las nuestras.
Pero éstos nada más son dos de muchos casos. Chevron ensuciando los ríos ecuatorianos. Las industrias agrarias y las minas de Bajo La Alumbrera entoxicando el agua con pesticidas o desperdicios en Argentina. Y además de arruinar las reservas de agua potable, la gente en muchas partes del mundo les cuesta encontrar lo poco que esta limpia. Muchos caminan largas distancias por encontrar lo que ocupan, y otros esperan pacientemente que les caiga del cielo.
El problema, sin embargo, es el manejo del agua, el cual incluye su contaminación, pero también su acceso efectivo sin desperdicio para que nos pueda llegar a todos. Distribuir el agua para que los que vivan en el desierto tengan las mismas posibilidades de siembra o de agua potable como lo que los tienen en otras partes más afortunadas. En Lima, la segunda ciudad más grande del mundo ubicada en un desierto, “se estima que entre un millón y dos millones de habitantes en la ciudad no tienen agua potable”, un problema que empeora cuando los glaciares, que son la mayoría de la fuente de agua potable para los peruanos, se derriten por el cambio climático.
Según el Foro Mundial del Agua, que tuvo lugar hace un mes en la ciudad de Estambul en Turquía, hay suficiente agua en el mundo para todos, pero el problema de la escasez es por el manejo. Pero los participantes del foro no se preocupan cómo se maneja, sino quién. La contaminación y el cambio climático no tienen consecuencia para ellos, como lo es el caso del Water Policy Institute, que intenta de solucionar estos problemas pero la gente a cargo tiene conexiones con corporaciones como Chevron (mencionado anteriormente) o con empresas de pesticidas. Las corporaciones detrás del foro, como Veolia y Suez de Francia (las transnacionales de agua más grandes del mundo), intentan de crear un concenso mundial para imprentar en nuestras mentes que solo las empresas privadas pueden manejar el agua de la mejor forma posible y por eso, nosotros tenemos que darles el mando.
Las empresas públicas de agua les falta dinero para cumplir con los estándares para mantener el agua limpia y para modernizar sus sistemas de manejo y distribución. Por lo cual se dice que se ocupa de la ‘efectividad y capabilidad tecnológica’ del sector privado. Pero como lo es el caso en el pueblo más árido en el desierto del Atacama de Chile, donde el agua es propiedad privada, lo poco que dá el riachuelo o lo contaminan o se lo apropian las corporaciones de minería para su propio uso ya que tienen la mayor cantidad de dinero. Y el que dá más, le dan más, a como dice el libre mercado. Pero solamente porque cobren más, no quiere decir que den mejores servicios.
Recientemente en Costa Rica, han habido pleitos donde el pueblo de Sardinal de Guanacaste esta intentando de defender que su agua no sea utilizada sin su permiso ya que un “grupo de desarrolladores de proyectos inmobiliarios, con el apoyo de instituciones estatales y la Municipalidad de Carrillo, pretende construir un acueducto con un costo de ocho millones de dólares para nutrir de agua a condominios, hoteles, centros comerciales y villas, entre otros.” Ojo, de nuevo el gobierno es cómplice en la venta de su pueblo. Según el artículo en El País, Acueductos y Alcantarillados les están cobrando un monto exagerado a los habitantes de Sardinal, y los pobladores dicen que es por venganza:
De acuerdo con Líos, “esta situación es extraña en momentos en que tenemos un conflicto con el Gobierno y con Acueductos y Alcantarillados, que pretenden entregar el agua a 22 desarrolladores privados para sus jardines, piscinas y hoteles, y todo eso que quieren hacer en la costa de Sardinal”.
“Veo esta situación como una venganza de AyA porque el pueblo se opone a que saquen el agua de nuestro manto de agua; son especulaciones, pero tenemos muchas sospechas que es para que la gente se retire de la lucha”, comentó.
Estos cobros impulsaron a un grupo de más de veinte personas a arrinconar al ejecutivo del AyA, en lo que La Nación llamó “retención“, como si lo hubieran mantenido de rehén. (También hace poco estallaron conflictos en California por la falta de agua para las fincas y en Argentina por el peligro que corren la mitad de los niños a enfermedades por no tener agua limpia)
Pero después se vinieron las buenas noticias. Hace poco más de una semana, la Sala IV promulgó en su recurso de amparo que este acueducto El Coco-Ocotal no estaba siguiendo todos los procedimientos como el no iniciar la “debida participación ciudadana en el proceso de formulación del proyecto” fomentando “la consecuente incertidumbre sobre la afectación de la prioridad de disponibilidad de agua para la satisfacción de los intereses de la comunidad, sobre cualquier otro tipo de interés patrimonial, comercial o turístico.” Una gran victoria para el derecho del agua en nuestras tierras. Pero sin embargo, los intereses monetarios insisten en continuar el proyecto porque dizque ahora sí estan en el proceso de cumplir los requisitos. Como si nada los pudiera parar.
Pero como lo menciona Eduardo Galeano, estas empresas no son totalmente invencibles:
En 2000, un caso único en el mundo: una pueblada desprivatizó el agua. La llamada “guerra del agua” ocurrió en Cochabamba. Los campesinos marcharon desde los valles y bloquearon la ciudad, y también ésta se alzó. Les contestaron con balas y gases; el gobierno decretó el estado de sitio. Pero la rebelión colectiva continuó, imparable, hasta que en la embestida final el agua fue arrancada de manos de la empresa Bechtel y la gente recuperó el riego de sus cuerpos y de sus sembradíos. (La empresa Bechtel, con sede en California, recibe ahora el consuelo del presidente Bush, que le regala contratos millonarios en Irak.)
Luego de que el gobierno boliviano siguiera las reglas del Banco Mundial y privatizara su agua, dándole todos los derechos a la compañia Bechtel al punto que había que pagar hasta el pozo de agua de la casa de uno, la gente de Cochabamba se lanzó a la calle y pidió de vuelta lo que era suyo. El pueblo se movilizó y formó la Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida, la cual sacó a Bechtel del país, a como lo dicen dos de sus líderes, “por un elemental sentido de defender las necesidades vitales, como el acceso al agua, llaman a la población a unirse”.
En la sección dedicada a esta lucha en la película The Corporation, dan una buena expliación de por qué y cómo paso.
Después de lo que paso en Bolivia, otros comenzaron a defender su derecho al agua, no solo al acceso, pero a su limpieza. En Argentina se formaron Asambleas de Ciudadanos para confrontarse en una batalla similar contra minerías entoxicando las aguas. Los movimientos en sí han demostrado que los ciudadanos de cada barrio pueden participar más en lo que directamente les afecta. Si este servicio es para mí, por qué no voy a poder tener yo voz en las decisiones que se hacen? Esta pregunta es aún más valida cuando se tratan de recursos que están directamente vinculados con el bienestar común y que no pueden ser manejados con el objetivo de hacer dinero. En América Latina están ocurriendo muchos cambios, la gente se esta moviendo, no solo se quedan y absorben lo que se les dice, pero buscan como ejercer control de sus propios destinos. De esta nueva voluntad de levantarse por sus propios intereses, se estan debatiendo varias alternativas basadas en la transparencia y la democracia directa, como lo es la propiedad comunal del agua donde todos estan repartiendo las responsabilidades del manejo, las cooperativas, o a través de la colaboración de varias partes del sector público (como entre organizaciones de ciudadanos). Y aunque no crean un sistema perfecto, todas estas colaboraciones las dicta el pensamiento de que cuando se trata de algo tan esencial como el agua, no se buscan ganancias, sino solidaridad.
Como lo dice Erasto Reyes, uno de tantos líderes en la lucha por el derecho al agua:
Ocupamos que el poder nazca de las comunidades, de cada hombre y cada mujer, el poder que hace que se derramen las jarras y que los ríos se desborden de sus orillas, el poder que se desborda dentro de la gente ordinaria, haciendo que cada uno de nosotros sea mejor.






Que invento tan perfecto de la publicidad y el mercadeo, eso que las empresas privadas supuestamente pueden hacer todo mejor y más eficiente que el estado; lo UNICO que hace mejor la empresa privada es hacerse propaganda, es manipularnos y hacernos creer que porque sus edificios son bonitos y con aire acondicionado que su servicio y productos son mejores que los del gobierno y los comunitarios.
Ya intentaron quitarnos el agua a la fuerza y fracasaron, ahora lo que van a intentar es utilizar el “calentamiento global” para regular nuestro uso de agua y nuestro acceso a ella, y lo peor es que si continuamos creyéndoles a las corporaciones y a los medios de comunicación que los representan que somos nosotros los individuos los que nos hemos tirado el planeta, solitos convencidos de nuestra culpabilidad les vamos a ir dando el agua, el aire, la electricidad, nuestra salud, en fin todo, con tal de que nos salven de nosotros mismos; cuando son ellos, las grandes transnacionales y los ricos oligarcas dueños de enormes porciones de tierra los que han violado al planeta, eso no nos quita responsabilidad personal, pero no podemos creer que los culpables del estado del planeta somos los pequeños cochinos, mientras que los inmensos cerdos corporativos se lavan las manos de todos los desmadres que han causado.