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Análisis

ALIMENTACIÓN-ÁFRICA: Agricultura natural contra el hambre

Publicado el: Martes, 28 de julio del 2009

Nota del editor: Sin sustento, no hay libertad, no hay vida, no hay forma de resistir las injusticias diarias que vienen a oprimirlo a uno cada vez más. No hay libertad. El hambre es una de las injusticias más grandes de nuestros tiempos porque el alimento es un derecho humano que se le esta negando a por lo menos un cuarto de la población mundial. Estas semanas estaremos publicando diariamente diferentes piezas que nos ayuden a entender de dónde viene el problema, cómo lo estamos creando y reforzando, qué parte juega el capitalismo y el modelo neoliberal y la construcción del sistema de agricultura en cada vez más grandes corporaciones que controlan quién puede comer y qué pueden comer y cómo afectan al medio ambiente y al problema actual del cambio climático. Pero también intentaremos de presentar alternativas, modelos de resitencia y ejemplos de cómo volver el control de nuestros alimentos a nuestras propias manos. Porque si podemos empoderarnos de nuestro alimento, podemos quebrar parte de la cadena que nos tiene amarrados a nuestra condición actual de desesperación.

africa-farmingpor Stephanie Nieuwoudt

CIUDAD DEL CABO, jul (IPS) – Muchos agricultores convencionales que deciden dedicarse al cultivo orgánico fracasan en el intento porque abandonan de repente el uso de todo pesticida y abono químico. Eso resulta traumático para el suelo, que reacciona como “un drogadicto con síndrome de abstinencia”.

Así explicó Cornelius Oosthuizen, director del Instituto Sudafricano de Biogranjas, por qué en su país son relativamente pocos los éxitos en el proceso de conversión hacia la agricultura orgánica.

“El fracaso se produce cuando un cultivador que ha usado productos químicos durante mucho tiempo adopta de golpe prácticas 100 por ciento orgánicas. En un predio de 1.000 hectáreas no se puede iniciar un monocultivo orgánico en toda la superficie. Primero debe practicar la agricultura biológica”, dijo Oosthuizen.

Es preciso, sostuvo, preparar el suelo, equilibrando los minerales y restableciendo el ecosistema natural, para lo cual se requiere una intensa actividad de insectos y de gusanos en la tierra. Además, la erosión debe contrarrestarse.

La denominada agricultura biológica recurre a sustancias químicas que no dañan el suelo ni los ecosistemas. La orgánica, en cambio, prescinde del uso de todo producto químico. El Instituto Sudafricano de Biogranjas promueve ambas prácticas de modo que resulten sustentables y den réditos económicos.

Los agricultores deben abordar la modalidad biológica si aspiran a incursionar en la orgánica, que no sólo es lucrativa sino que también puede hacer frente a la inseguridad alimentaria endémica en África.

El mercado internacional de productos orgánicos factura 50.000 millones de dólares anuales. Este continente está desaprovechando su potencial en la materia, según expertos.

La organización humanitaria Oxfam Internacional advirtió en junio que los cultivadores de maíz de África subsahariana sufrirán pérdidas de hasta 2.000 millones de dólares anuales debido a los cambiantes patrones ambientales mundiales.

La región es vulnerable a la escasez hídrica –sequías incluidas– y a los desastres naturales. Expertos advierten que los escasos recursos de África deben usarse con cuidado para garantizar la seguridad alimentaria.

Investigaciones realizadas por varias organizaciones especializadas demuestran que la agricultura orgánica puede duplicar o triplicar la producción en el mundo en desarrollo, según Raymond Auerbach, uno de los principales promotores de esta práctica en el continente.

La modalidad orgánica reduce entre 33 y 56 por ciento el uso de energía no solar y eleva hasta 40 por ciento la eficacia en el uso del agua. Además, los alimentos producidos así contienen más nutrientes.

Auerbach dirige la Rainman Land Care Foundation, con sede en Sudáfrica, organización que enseña a los productores africanos a cultivar de un modo ambientalmente sano y optimizar el uso de los escasos recursos hídricos. También ayuda a los agricultores a organizarse para acceder a los mercados importadores.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) informó el año pasado que el rendimiento de los cultivos se más que duplicó en 114 proyectos de agricultura orgánica implementados en 24 países africanos.

Pero la ignorancia y la resistencia de los agricultores a implementar métodos orgánicos, así como el poder económico y político de las empresas que comercializan semillas y fertilizantes, obstaculizan su pleno desarrollo.

Los agricultores orgánicos sudafricanos afrontan muchos escollos, dijo Auerbach a IPS.

“Primero, hay pocas investigaciones a nivel local que les sirvan como guía. Segundo, es frecuente que el gobierno no ayude a los agricultores a menos que usen fertilizantes y venenos. Y tercero, la obtención de certificados de ‘producto orgánico’ es un proceso arduo y caro”, sostuvo.

“La resistencia a la agricultura orgánica es alimentada por dos factores: los intereses creados y la ignorancia. Las empresas apoyan métodos que aplican los productos que ellas venden. Pero ¿quién se beneficia de la agricultura orgánica? No las empresas, sino los cultivadores, sus clientes y el ambiente”, señaló.

“A quienes se formaron en las universidades sudafricanas se les dijo que los fertilizantes, los venenos y las semillas genéticamente modificadas son ‘científicas’ y ‘progresistas’, mientras que los métodos ‘anticuados’ son ‘poco científicos'”, agregó.

Pero el potencial económico de la agricultura orgánica es enorme. Según Auerbach, quienes la aplican en Uganda exportan 22 millones de dólares anuales, al tiempo que suministran alimentos a las comunidades locales.

Oosthuizen agregó que a los agricultores comerciales, motivados por las ganancias, les importa más la cantidad que la calidad. “Tienen que obtener un rédito y usarán semillas y fertilizantes que les ayuden a conseguirlo, aunque su producto resulte pobre en nutrientes”, dijo.

Las semillas transgénicas, que garantizan enormes rendimientos, deben rociarse con gran cantidad de pesticidas y herbicidas.

Las compañías multinacionales que comercializan estos productos tienen a menudo vínculos con funcionarios gubernamentales que les aseguran un acceso preferencial al mercado.

Para Oosthuizen, la respuesta a la inseguridad alimentaria en África radica en el retorno de la agricultura a las comunidades.

“Cada aldea debería tener sus propias granjas, su propio molino, su propia panadería para alimentar a su población. Sólo cuando la población local esté debidamente alimentada se debería mirar hacia mercados más amplios”, sostuvo.

“Es allí donde los gobiernos pueden jugar un rol importante. Las estrategias de mercadotecnia deberían estar centralizadas y coordinadas. Por ejemplo: un gobierno puede asignar a 20 cultivadores de pequeña escala a cierta área para que, en conjunto, suministren cinco toneladas de maíz a un cliente específico”, añadió.

Cuando se siga este modelo también se estará dando poder a las mujeres, que constituyen la columna vertebral de la economía agrícola africana. Los beneficios potenciales para las campesinas son evidentes si los gobiernos siguen el principio de igualdad de género en la asignación de proyectos.

En toda Sudáfrica, las mujeres de áreas urbanos y rurales ya mantienen a raya el hambre con sus jardines comunitarios. No solo alimentan a sus familias, sino que venden el excedente en los mercados locales. Así, estas mujeres, que a menudo están solas al frente de familias extendidas, logran un ingreso.

En las áreas rurales, las mujeres pueden beneficiarse de la agricultura orgánica de dos maneras, dijo Auerbach.

“Pueden utilizar los insumos que encuentran en la granja, sin necesidad de largos viajes par comprar productos caros. Además, como ellas son quienes alimentan a sus hijos, se cuidarán de que nadie esté expuesto a venenos, ni al producirlos ni al consumirlos”, añadió.

Fuente: IPS

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