Análisis

Los tropiezos de Arias son los aciertos de Inzulza

Publicado el: Viernes, 17 de julio del 2009

ariaspor Juan Francisco Coloane
15 de julio, 2009

El presidente de Costa Rica Oscar Arias cuando asume como negociador para la crisis de Honduras declara que “nos dejen a los centroamericanos resolver los problemas de los centroamericanos”.

La frase en el tramo pequeño e inmediato puede resultar eficaz, por la sonoridad que estimula la sensibilidad local y que incita otorgar más legitimidad a negociaciones llevadas a cabo por personajes políticos que supuestamente comparten intereses, filosofías e identidades comunes.

Allí está la primera y principal equivocación del premio Nóbel de la Paz costarricense. Desde la partida la actitud no es ecuménica, porque hace despegar su acción sesgando, cercenando y con un prejuicio.

Después hay un error conceptual al suponer que Centro América comprende una franja territorial de naciones con características definidas conformando un bloque distintivo con suficiente compactación, impulsándole a enunciar esa desafortunada afirmación, no exenta de chovinismo regional.

Es así que la función negociadora del presidente Arias nace cercenando y excluyendo cualquier tipo de participación externa en la negociación – aunque no ocurra así en la práctica- incluyendo a las gestiones de la OEA, y probablemente de EEUU.

Los dardos están seguramente dirigidos a los países del ALBA que han hecho presión para que se restituya a Manuel Zelaya.

Filosóficamente y en un sentido práctico es insensato estimular el intervencionismo unilateral e irracional en una nación bajo cualquier circunstancia excepto en las situaciones de estados cometiendo crímenes de lesa humanidad. No es el caso de Honduras, pero en la perspectiva de un orden internacional basado en naciones en democracia y con la asunción de Obama en EEUU, los parámetros comienzan a cambiar.

Aún en cualquier circunstancia, la intervención internacional en países enfrenta escollos locales, regionales, y hasta en los mismos partidarios de la intervención por el cruce de intereses.

Es por eso que “el intervenir para mejor en un país”, se ha transformado en una pesadilla para Naciones Unidas, y en situaciones muy extremas como en los Balcanes, Irak o Afganistán acaban en desastres o guerras prolongadas.

Hay renuencia a repetir los errores, y probablemente el presidente Arias apela a esta experiencia para decir “que nos dejen a los centroamericanos resolver los problemas de los centroamericanos”.

Sin embargo, en el contexto de las nuevas formas de asociaciones entre países, en la mayor confluencia de intereses y de interdependencia entre países, la frase de Arias suena agresiva y restrictiva y con toda esa noble carga del Nóbel de la Paz, se expone como una figura crepuscular en política internacional, que más allá del simbolismo de su trayectoria, solo aporta la estampa demagógica de su frase.

Insulza, vilipendiado como pocas veces se ha hecho a una autoridad central de un organismo multilateral, sea por directa mala intención para favorecer ciertas opciones de supremacía política en la región, sea por desinformación indolente, contrariamente al análisis convencional, o emocional, emerge fortalecido de la coyuntura precisamente por la imagen de incapacidad demostrada por Arias en la primera semana.

Esta percepción se ve reforzada porque mientras el tiempo pasa, más se legitima un gobierno de facto que es legal solo porque desplazó al gobierno anterior por una figura legal fabricada para dar un golpe estado preventivo.

Cada vez que Arias deja de evocar las dos resoluciones de la ONU y de la OEA para restituir a Zelaya, o al menos para que el gobierno de facto cese sus funciones y forme un gobierno de otra naturaleza que incluya las dos partes, cada vez el actual gobierno se consolida, se reafirma la idea del fracaso de Arias y surge con más claridad el acierto de Insulza por mandato de la OEA, de exigir al gobierno de facto la restitución de Zelaya al gobierno.

Los que mencionan de”fracaso diplomático” de Insulza y de la OEA, están acudiendo a un contexto diplomático distorsionado al máximo, legitimando al gobierno de facto. En la afirmación solo existe el interés de legitimar un gobierno ilegal de acuerdo a la propia interpretación de la constitución hondureña.

Insulza no se ha desviado un milímetro de sus atribuciones que su organismo le impone ejercer. El trabajo de un funcionario de un organismo multilateral no es de ninguna forma el trabajo de un diplomático de país, aunque se parezcan en algunos protocolos, Más aún, son diametralmente opuestos. Uno, el representante de país vela por intereses entroncados en la visión de la defensa del estado que es unilateral en principio. El otro, el funcionario multilateral está obligado a ver el conjunto como principio.

La explicación más plausible por los antecedentes y la desesperación entre las partes, es que este golpe de estado en Honduras son resabios de la estrategia de acción preventiva de la era Bush que es difícil desprogramar.

En sus últimas declaraciones, Insulza, al introducir el elemento del rechazo de la extrema derecha estadounidense para su reelección en la OEA, una vez más acertó diciendo lo que otros no pueden o no se atreven a decir. Una desdicha para los que sacan las castañas con la mano del gato.

Fuente: Argenpress

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