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AMÉRICA LATINA: Sueldos magros para mujeres, negros e indígenas y ECONOMÍA: Se precisan niñas para crecer

pintura, por Gerard Sekoto

pintura por Gerard Sekoto

por Jim Lobe

WASHINGTON, 12 oct (IPS) – Los indígenas, afrodescendientes y mujeres de América Latina perciben salarios mucho menores que los hombres blancos de similar edad y nivel educativo, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El informe “Nuevo siglo, viejas disparidades: brechas de salarios por género y etnicidad en América Latina“, presentado este lunes en Washington, concluye que esas diferencias tienden a ser más pronunciadas en el sector privado.

Este estudio de 76 páginas en la versión inglesa se basó en encuestas de hogares realizadas en los últimos 15 años en 18 naciones de la región.

Las mujeres ganan, en promedio, 17 por ciento menos que los hombres de su misma edad y nivel educativo, señala.

Para las minorías –definidas como personas que en los sondeos de hogares se describen a sí mismas como indígenas, negras, mestizas o hablantes de un idioma originario–, la brecha es aún mayor: 28 por ciento en promedio.

“Las políticas destinadas a reducir estas desigualdades todavía están ausentes. Superar esa situación es más que un imperativo moral. Es una estrategia esencial para reducir la pobreza en la región”, afirmó el autor principal del estudio, el economista del BID, Hugo Ñopo.

La investigación comparó los salarios entre individuos de las mismas características demográficas y laborales, teniendo en cuenta edad, nivel educativo, lugar de residencia y tipo de empleo.

Además de Bolivia y Brasil, el informe incluyó estudios específicos sobre Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela y los cinco países hispanohablantes de América Central.

Para la elaboración del reporte se utilizó un nuevo método diseñado para medir mejor que estudios previos el rol de las características y experiencias individuales al explicar las brechas salariales, en un esfuerzo por aislar los factores específicos que pueden contribuir con estas desigualdades.

Ñopo sostuvo que los métodos anteriores “tendían a exagerar el rol de la discriminación y de otras características no especificadas al explicar las diferencias de salarios”.

En promedio, un quinto del total de la brecha de género en materia de sueldos no puede explicarse en base a las diferencias de las características individuales o laborales observables.

En este sentido, el estudio halló que los hombres ganan más que las mujeres a cualquier edad, para cada nivel educativo, tanto en empresas grandes como pequeñas y sin importar si trabajan de modo independiente, o si son empleados o empleadores.

La única excepción se registró en áreas rurales, donde las mujeres tienden a ganar promedialmente lo mismo que sus pares masculinos.

La brecha de género varía ampliamente entre los países. El BID concluyó que los hombres ganan 30 por ciento más que las mujeres de edades y formación similar en Brasil, mientras que en Uruguay este valor es de 26 por ciento. Por otro lado, en Bolivia y Guatemala las diferencias fueron ínfimas.

La brecha de género más pequeña aparece entre los más jóvenes con un título universitario. Esto puede explicarse por la tendencia de que más mujeres educadas acceden a puestos en empresas más grandes, donde los gerentes disponen de menos discrecionalidad para fijar sueldos.

De hecho, se encontró que las brechas eran menores entre trabajadores empleados en la economía formal y mayores entre quienes trabajaban en empresas pequeñas o en la economía informal.

Las mayores diferencias se registraron entre los trabajadores de bajos ingresos que no terminaron la enseñanza secundaria y viven en áreas rurales.

El estudio también reveló que las brechas de género aumentan con la edad, tendencia que puede explicarse, al menos en parte, por el rol de cuidadoras que asumen las mujeres con hijos, según Ñopo.

El experto observó que es más probable que las mujeres sean expulsadas del mercado laboral luego de dar a luz.

“Las políticas que les permiten volver a trabajar, como una mejor provisión de servicios de cuidados infantiles, pueden contribuir a reducir las diferencias salariales”, dijo.

En cuanto a la condición étnica, de los 18 países el informe cubrió apenas siete –Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay y Perú–, porque estos fueron los únicos donde las encuestas de hogares obtuvieron información de este tipo.

En promedio, los integrantes de comunidades no minoritarias ganan casi 40 por ciento más que las poblaciones indígenas –que constituyen mayorías demográficas en varios de los países–, y los negros latinoamericanos.

Pero cuando se consideran edad, género y nivel educativo, la brecha cae a 28 por ciento.

Las mayores diferencias se registraron en Brasil (30 por ciento), Guatemala (24 por ciento) y Paraguay (22 por ciento). Y, las menores en Ecuador (cuatro por ciento) y Chile (11 por ciento).

Considerando la variable étnica, las diferencias salariales más amplias también se encontraron en los extremos de la distribución de ingresos. Aparte, la mayor diferencia se registra entre los hombres, los trabajadores más adultos y quienes viven en zonas rurales.

Al aislar factores específicos que pueden contribuir a la desigualdad, el estudio sostiene que alrededor de la mitad de la diferencia de sueldos entre los hombres blancos y las minorías puede deberse al nivel educativo y a una combinación de otras características individuales y laborales.

“Las diferencias salariales de origen étnico están vinculadas a una segregación ocupacional, en la medida en que las minorías se encuentran subrepresentadas en ocupaciones de empleadores, donde los salarios son mayores”, dijo Ñopo.

“Al igual que en la brecha de género, es difícil, por ejemplo, encontrar minorías empleadas con el perfil típico de un gerente general”, agregó.

Aunque las políticas sociales y de desarrollo han alentado la universalización de la escuela, las conclusiones del informe plantean dudas sobre la calidad y la relevancia de la educación que reciben las poblaciones indígenas.

“La baja calidad de la educación puede ayudar a explicar por qué las minorías pobres obtienen un retorno menor a su respectiva escolaridad”, dijo Ñopo.

Además de aumentar la cantidad de guarderías infantiles, el estudio sugiere adoptar otras políticas que puedan ayudar a las minorías a superar los obstáculos existentes, entre ellos mayores inversiones en educación pública y programas de acción afirmativa en materia de educación y capacitación.

El informe del BID también reclama una atención especial a las niñas indígenas, que son doblemente discriminadas: como mujeres y como integrantes de comunidades minoritarias.

Fuente: IPS

 Crédito: DPI Photo

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ECONOMÍA: Se precisan niñas para crecer

por Peter Dhondt

BRUSELAS, oct (IPS) – Los países pobres que quieran salir más rápidamente de la depresión económica deberían empezar por enviar más niñas a la escuela, según la organización no gubernamental Plan International.

Un aumento de tan sólo uno por ciento en la matrícula femenina en la enseñanza secundaria puede impulsar un crecimiento del ingreso anual de un país por habitante de 0,3 por ciento.

Con una buena formación, el aporte femenino a la población económicamente activa será formidable en el futuro. Hay más de 500 millones de adolescentes y jóvenes mujeres en los países en desarrollo, según “Girls in the Global Economy: adding it all up” (“Niñas en la economía mundial: la hora de contarlas“).

Pero muchas de ellas no tienen oportunidades de recibir una buena educación, y la crisis económica y financiera mundial, nacida en Estados Unidos en 2008, empeora la situación.

Cuando hay dificultades económicas, las niñas de los países más pobres son las primeras en abandonar la escuela. Algunos padres consideran que es más importante que vayan los varones y que ellas comiencen a trabajar o cuiden a sus hermanos pequeños mientras sus madres salen a ganarse la vida.

“Los niños también se ven afectados. Pero de manera distinta”, dijo a IPS Nikki van der Gaag, coautora del estudio publicado el 22 de septiembre por Plan Gran Bretaña, una de las 17 organizaciones nacionales que forman parte de la red dedicada a promover los derechos de la infancia.

“Al redactar el informe, me sorprendió encontrar tan pocos datos diferenciados respecto de la situación de niños y niñas. Esa información es necesaria para ajustar las políticas”, remarcó.

El conocimiento que tenemos indica que invertir más en las niñas es una buena forma de salir de la pobreza. “Los países con menos niñas en la escuela se ubican al final de la clasificación según su desarrollo humano”, indicó Van der Gaag.

Invertir en educación promete réditos atractivos. “Un año adicional de educación representa un incremento en el ingreso de las niñas de 10 a 20 por ciento y constituye un paso significativo para romper el ciclo de pobreza”, señala el informe.

Instituciones como el Banco Mundial coinciden con las conclusiones del estudio de Plan International.

“La matriculación femenina en la escuela primaria mejoró enormemente, pero no observamos el mismo resultado en el pasaje a la secundaria o al trabajo productivo”, señaló Guggi Lareya, de la sede del Banco Mundial en Bruselas.

“Demasiadas niñas quedan rezagadas por la maternidad precoz o por hacerse cargo de las tareas domésticas, lo que significa una enorme cantidad de oportunidades perdidas. Como ya dijo nuestro presidente Robert Zoellick, invertir en las niñas no sólo es justo, sino también inteligente, es una economía sensata”.

En muchos países, las trabajadoras fueron las primeras en perder sus empleos, lo que revirtió la tendencia de los últimos 15 años, de mayor presencia femenina en el mercado laboral.

En Filipinas, siete de cada 10 personas despedidas son mujeres, según la organización femenina local Gabriela. En Indonesia, ocurrió lo mismo.

Los datos del estudio sugieren que los gobernantes deberían encontrar la forma de contener la expulsión de trabajadoras y aumentar la participación femenina en el mercado laboral.

En Asia meridional trabajan 82 por ciento de los hombres y 27 por ciento de las mujeres de la población económicamente activa.

En India, si aumentara 10 por ciento la proporción de mujeres que trabajan con respecto a la de hombres, el producto interno bruto se incrementaría en ocho por ciento, según el estudio de Plan International.

Además, “los salarios de las mujeres están bien gastados”, concluyeron los autores del informe. “Ellas reinvierten 90 por ciento de sus ingresos en el hogar, en cambio los hombres sólo entre 30 y 40 por ciento”, añadieron.

El estudio propone un plan de acción de 10 puntos, desde fomentar la escolarización de las niñas, pasando por mejores empleos, acceso a la tierra y la propiedad, hasta oportunidades de liderazgo.

Una de las recomendaciones es no quedarse en los proyectos de infraestructura como forma de salir de la crisis, sino apuntar a servicios sociales como salud y educación. Eso permite que las mujeres generen sus propias fuentes de ingresos.

“Donantes como la Unión Europea deben ampliar la inversión en educación secundaria, ayudar a sus socios a mejorar la participación femenina en el mercado laboral y garantizar salarios decentes y equitativos y buenas condiciones laborales, entre otras cosas”, señaló Deepali Sood, jefa de la oficina de enlace de Plan Europa.

El estudio de este año es el tercero que elabora Plan International sobre la situación de las niñas. La organización tiene previsto mantener la publicación hasta 2015, cuando deben cumplirse los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio.

Los jefes de Estado y de gobierno que participaron en la Cumbre del Milenio, como se conoce a las instancias inaugurales de la Asamblea General de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) de 2000, en Nueva York, acordaron ocho objetivos de desarrollo.

Las metas apuntan a reducir a la mitad la proporción de personas que viven en la indigencia y padecen hambre, lograr la educación primaria universal, promover la igualdad de género, reducir la mortalidad infantil en dos tercios y la materna en tres cuartos, entre 1990 y 2015.

También luchar contra la expansión del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), el paludismo y otras enfermedades, asegurar la sustentabilidad ambiental y generar una sociedad global para el desarrollo entre el Norte y el Sur.

Fuente: IPS

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