Kraft plantó una bandera para toda la clase trabajadora
por Manolo Romano y Ruth Werner
19 de octubre, 2009
La gesta obrera de Kraft, en defensa de sus delegados y por la reincorporación de todos los despedidos, atraviesa momentos decisivos. La entrada de los delegados a la planta de Pacheco no sólo fue recibida con entusiasmo por los 2.600 trabajadores que soportan la presencia policial: las imágenes que mostraron por TV al delegado del turno noche, Javier “Poke” Hermosilla, despertaron una enorme simpatía en amplios sectores de la clase trabajadora que siguen con atención este histórico conflicto. Sin embargo, contra el impacto nacional de la acción obrera y la solidaridad popular y estudiantil conspiran la poderosa patronal yanqui, el Ministerio de Trabajo del gobierno y la dirección del sindicato comandado por Daer. Como mostramos en estas páginas hay en curso distintas maniobras con las que tratan de contrarrestar el golpe recibido por casi dos meses de lucha.
La batalla de Terrabusi ya ha plantado una bandera para todo el movimiento obrero. El ataque de la multinacional yanqui no casualmente es tomado como un caso testigo por todas las corporaciones patronales.
Mientras debaten sobre los distintos pronósticos de crecimiento de la economía para el 2010 sostienen, al mismo tiempo, que sin embargo “las cosas no van a estar mejor en términos de empleabilidad” (Revista Fortuna, “El efecto Kraft”, 02/10/09). Es decir, que se preparan para producir más con menos trabajadores y para ello, además, necesitan que sean los sindicatos los que contengan los niveles de reclamos salariales por debajo de la inflación real. Como declara el abogado de la Unión Industrial Argentina, Funes de Rioja: “Cuando hay un modelo sindical como el argentino, con sindicatos con personería gremial y determinados ámbitos de protección legal, obviamente lo lógico es pretender que exista una interlocución orgánica. Y cuando digo esto me refiero a que sea a través de la voz del sindicato. (…) Pero si hay sindicatos con personería y con todos los fueros, y hay expresiones sindicales paralelas, la vida de la empresa se hace muy compleja”.
Cómo se lucha por la “libertad sindical”
El “modelo sindical” vigente regimenta desde el Estado, mediante la Ley 23.551, la organización de los sindicatos y establece mecanismos para la permanencia vitalicia de los dirigentes: los burócratas sindicales que manejan los millones de las obras sociales y las cuotas sindicales, digitan las juntas electorales y tratan de impedir la organización de cuerpos de delegados y comisiones internas que los cuestionen. La CGT y sus gremios acaparan el monopolio de la representación sindical ante las patronales y las instituciones estatales.
La CTA se ha demostrado completamente impotente para enfrentar esto. Como acaba de reconocer el propio Hugo Yasky: “Nosotros tuvimos una prueba de ello cuando dejaron cesante al compañero que se había elegido como representante de la CTA en la Ford y no hubo forma de reincorporarlo, pese a todas las acciones que se realizaron. La respuesta de la empresa era la misma que en el caso Kraft: “es una política del grupo en todo el mundo”. A confesión de parte, relevo de pruebas: la política que propone la CTA ante el monopolio sindical de la CGT es la afiliación individual a la “central alternativa”. ¿Quién iba a defender, como lo hicieron los 2.600 obreros de Terrabusi a sus delegados de base, al representante de la CTA en la Ford, una planta masivamente agremiada en el Smata? Por el contrario, la lucha de Kraft demuestra que es la fuerza de la democracia fabril de un cuerpo de delegados de 40 representantes de todos los sectores y turnos de la planta de Pacheco, lo que puede hacerle frente a las grandes patronales y burócratas sindicales.
Se abre una etapa en que la lucha de Kraft estará planteada en más amplia escala. La defensa de la representación sindical de base en el lugar de trabajo, que no quieren ni los empresarios, ni la burocracia sindical sostenida por el gobierno de los Kirchner, es una causa de primer orden para el 87% de los establecimientos privados del país que no tiene delegados, y donde millones de trabajadores están expuestos al despotismo patronal sin defensa alguna. Por ello, en oposición al masivo desprestigio de la cúpula de los sindicatos, la causa de los delegados de Kraft ganó simpatía popular. Los editorialistas y analistas políticos de las más diversas especies reconocen ahora que lo que usualmente llaman “internas gremiales”, es el surgimiento de un movimiento desde abajo de comisiones internas y cuerpos de delegados que deciden según los mandatos de asamblea y cuestionan el “modelo sindical” verticalista y regimentado desde arriba.
¿Por qué atacan a la izquierda clasista?
¿Quién hubiera dicho que el oligarca diario La Nación iba a coincidir con Daer y Moyano, a quienes en el fondo desprecian profundamente, en su acusación de “ultraizquierda” a los delegados de Kraft?
En su editorial del 11 de octubre (“Kraft, un caso testigo”) La Nación escala en la campaña reaccionaria que intenta descalificar y demonizar a los obreros. El texto directamente insta a a la persecución a los delegados de Kraft por su “ideología radicalizada”. En el mismo diario distintas notas destacaron la simpatía de integrantes de la Comisión Interna y delegados de Kraft con nuestro partido, el PTS.
La coincidencia entre los burócratas sindicales afines al gobierno con el reaccionario diario de la oposición de la patronal sojera se encuentra en que, para ellos, los representantes sindicales sólo tienen derecho a existir si son peronistas, radicales o “apolíticos” pero si son de izquierda deberían ser reprimidos. En realidad, con sano instinto de clase patronal, se los ataca porque los delegados de la izquierda clasista son dirigentes que no están dispuestos a venderse y defienden inclaudicablemente los derechos de los trabajadores.
La lucha de Terrabusi ha abierto un proceso que madura en la conciencia de importantes franjas de la clase trabajadora. Se trata de pelear en todas las fábricas y establecimientos para extender las comisiones internas y cuerpos de delegados con absoluta libertad para los partidos que participan de la lucha de la clase obrera. Se trata de dar una pelea para que todos los sectores antiburocráticos se coordinen en la lucha. Pero contra el objetivo común que reúne a empresarios, burócratas y al gobierno, de despolitizar esta experiencia de lucha y organización la pelea también está en el terreno político. En este sentido, los obreros de Zanon y el Sindicato Ceramista de Neuquén han realizado una primera convocatoria pública para este 17 de octubre en el Hotel Bauen de la Capital que propone dar pasos en el reagrupamiento de las organizaciones obreras antiburocráticas, lanzar una corriente político sindical clasista que gane peso en los sindicatos de la CGT y la CTA y abrir el debate sobre la necesidad de impulsar una herramienta política, un partido de la clase obrera basado en sus propias organizaciones de lucha. El PTS se propone colaborar unitariamente en el impulso de esta importante iniciativa por la independencia política de los trabajadores que surge de uno de los bastiones que ha dado la lucha de clases en la Argentina.
Fuente: Rebelión
Los trabajadores de Terrabusi tienen la palabra
por Daniel Cadabón
16 de octubre, 2009
Hace apenas unos años atrás, la afirmación sobre la desaparición del movimiento obrero como sujeto de cambio social se cargo con ríos de tinta.
El extremismo de esta ideología burguesa, arribó a conclusiones sorprendentes, al punto de desconocer al movimiento obrero como clase productora.
La “vieja lucha de clases”, abandonada definitivamente de la escena histórica, daba lugar nuevas formas de resistencia que ya no son antagónicas con el capitalismo y la explotación del hombre por el hombre, sino que intentan humanizarla.
La falta de “privilegios” de la clase obrera, sobre otras clases sociales, para encarar la dirección de la lucha anticapitalista, colocaba a todos los sectores en una situación de “horizontalidad”: lo que terminó por convertirse en el método más propagandizado para situarse en la nueva realidad social, fundada a partir de la caída del muro de Berlín.
En medio de un capitalismo renovado -a partir de la desaparición de los países comunistas- “las otras formas de lucha ciudadana” desplazaban la “vieja cuestión de la plusvalía”; es que, la producción industrial basada en la explotación del trabajo humano caía en desuso a partir de la instrumentación de la informática y la automatización lograda a partir de la “revolución de las computadoras”.
El capitalismo, venía ha demostrar que gozaba de buena salud, mientras que, las ideologías “obreristas”, entraban en un cono de invisibilidad.
La fractura histórica, que representaba la desaparición imaginaria de la clase obrera como sujeto social de cambio tranquilizó a los representantes de la burguesía que, de este modo, terminaron por ganar a posiciones reformistas a núcleos importantes de la sociedad, conformes con la teoría de que los cambios se suceden en democracia y en el marco de la “paz social”.
La política, a partir de ese momento, estriba en el hecho de la participación ciudadana como demandante a los gobernantes de turno o en el cambio de los mismos a partir de la votación en elecciones cada dos años. Un triunfo rutilante de la ideología de la democracia burguesa por sobre las “teorías utópicas”, que hacían referencia al socialismo, al gobierno obrero y a la expropiación de los expropiadores del trabajo social.
Toda ideología reaccionaria triunfante, o que se aprecie así misma como tal, comienza por modificar aspectos del lenguaje; despreciando concepciones adversas, adoptando otras que se adapten mejor a la nueva etapa y escamoteando términos, con la esperanza de que queden guardados definitivamente en “el museo del olvido”.
Pero la historia es caprichosa y el lenguaje resbaladizo. Así como la famosa transformación de “proletarios en propietarios” no pudo superar las sentencia de las rebeliones y piquetes de Cutral Có, Salta o Santiago del Estero en los ´90; la “transversalidad” kirchnerista no puede superar el retorno al lenguaje social, esto es masivamente popular, de términos como: lucha obrera, sindicalismo antiburocrático, huelga general o clasismo.
La concepción burguesa del Estado tiene como pilar para el disciplinamiento social, al derecho represivo: ejercicio monopólico de la violencia como fin que se ajusta a la defensa de los privilegios de explotación y usufructo del trabajo humano para la clase social en el poder. Pero, como “con las bayonetas se pueden hacer muchas cosas, menos sentarse en ellas”, a la represión física y directa se le une la represión ideológica del lenguaje. La proscripción y la censura de términos, coadyuvan a fijar el monopolio de la lengua junto con el monopolio de las armas. Cuando esta noria represora se rompe, y lo reprimido aparece gradualmente despejado y conceptualmente significativo ante los ojos de los oprimidos, la señal de alarma no para de sonar entre los más conspicuos representantes de la burguesía y sus aliados históricos, la burocracia sindical.
Es cierto, como dice el ministro de trabajo, Carlos Tomada, que conflictos obreros como el de Terrabusi-Kraft hubieron cientos, pero no es el aspecto cuantitativo lo que cuenta en esta lucha y lo que la destaca, sino el cualitativo.
El pensamiento lineal que lleva a las comparaciones históricas de los “cientos de conflictos anteriores como este” no le resulta creíble ni al propio ministro ni a la UIA ni a la embajada yanqui ni a las centrales obreras burocráticas, que evalúan de un modo dramático la continuidad y la fortaleza de esta lucha obrera.
Es que en realidad entre los trabajadores de Terrabusi-Kraft intervienen dos aspectos centrales que hablan de la calidad por sobre la cantidad. Por un lado, se concentra concientemente el antecedente de los “cientos de conflictos iguales”; pero por el otro, también se concentran las experiencias históricas más ricas de las luchas antipatronales y antiburocráticas de la clase obrera argentina.
El ministro, con sus declaraciones, intenta tranquilizar a la burguesía y al imperialismo decretando que este conflicto es un asunto terminado y de esta manera busca minimizar los componentes que rodean esta lucha y que ya la han tornado en una extraordinaria experiencia obrera y popular.
Los trabajadores de Terrabusi-Kraft, en 60 días han logrado apilar en una sola estiba a la patronal kirchnerista, la embajada yanqui y la burocracia sindical, sacado conclusiones públicas sobre esta entente de explotadores, que iluminan de aprendizaje a un movimiento obrero ansioso de comprender la estructura y el funcionamiento de la explotación capitalista.
Puede que algún desorientado considere esto como un asunto menor. Pero poner en palabras, rescatando del glosario del movimiento obrero, toda la experiencia vital que acompaña la lucha: desentramando las maniobras antiobreras de las instituciones del estado, interpretando públicamente actas cargadas de eufemismos, letra chica y trampas leguleyas, tiene una profundidad extraordinaria para el conjunto social.
La Comisión Interna de Terrabusi-Kraft se incorpora a la realidad política como una dirección clasista que, con una conciencia clara, da cuenta de las infranqueables barreras que se levantan para reivindicar la “justicia social” bajo un régimen de explotación.
Los trabajadores de Terrabusi, vienen a desmentir en pocos días toda la perversidad de aquellos burócratas que se reclaman como direcciones obreras. Lo que hace que vivan este proceso histórico, pensándose como clase para sí; es decir obteniendo de la experiencia de luchas anteriores –en muchos casos cargadas de derrotas- los elementos que se ponen en juego para minar su determinación al triunfo.
Han sufrido represión interna y externa en sus lugares de trabajo, presiones de agentes corporativos que defienden los intereses patronales -pooles periodísticos, funcionarios de primera línea, burócratas estatales y sindicales- y su lucha continua hasta el día de hoy, con una vitalidad, y rodeada de una solidaridad, estremecedoras.
Sin lugar a dudas en Terrabusi se ha abierto una nueva etapa, en la que se hace visible lo invisible.
Las patronales y sus escribas de centroizquierda y de derecha, querían ocultar la existencia del movimiento obrero, transformando la lucha popular en una instancia de ONGs. La desmentida a esta teoría posmoderna y globalizadora, se ha hecho escuchar con fuerza en los argumentos de los trabajadores de Terrabusi, en la lucha de los estudiantes que los acompañan a lo largo y lo ancho del país; en el papel que vienen cumpliendo los partidos de izquierda y en la simpatía y solidaridad que despiertan en el resto de los trabajadores: que comienzan a recuperar la palabra para demostrar que el clasismo sigue vivo y que los cepos al lenguaje de la lucha, que la burguesía ninguneó durante estos últimos años, no pudieron vaciarlo de su contenido histórico.
Palabra y acción se recuperan en estas épocas de crisis capitalista en la fabril localidad de Pacheco, bienvenidas sean.
Fuente: Argenpress





