
Welcome Not Welcome (Bienvenido, No Bienvenido), por Nicolas Lampert (justseeds.org)
por Thalif Deen
NACIONES UNIDAS, 5 oct (IPS) – Los 200 millones de migrantes de todo el mundo suelen ser evaluados en términos de dólares y centavos. El indicador más destacado sobre su situación es el dinero que envían a sus países de origen. La política queda fuera del análisis.
Pero la última edición del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD, divulgada este lunes, concentra la atención en ese aspecto casi secreto, al pasar revista a la influencia de los migrantes en la política o incluso en guerras civiles, en naciones como Líbano, Sri Lanka, Liberia, Mozambique, Turquía o Marruecos.
En Líbano, por ejemplo, muchos expatriados han usado, al retornar, la riqueza que obtuvieron en los países de destino para involucrarse en la actividad política nacional, en particular luego que el Acuerdo de Taif puso fin en 1989 la guerra civil iniciada en 1975.
“La evidencia de que los emigrantes estimularon mejoras en las instituciones políticas de sus países de origen se acumulan”, concluye el informe de 217 páginas, que en esta edición se subtitula “Superando barreras: Movilidad y desarrollo humanos”.
El estudio del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) destaca que Marruecos y Turquía ampliaron los derechos económicos y políticos de sus emigrantes y les permitió gozar de doble nacionalidad, de modo que puedan mantener la de su país de origen y adoptar la del lugar donde residen. Mauricio e India son mencionados en el informe como naciones que establecieron mecanismos especiales para el retorno de sus emigrantes por razones políticas o económicas.
Así como los migrantes enriquecen el tejido social de los países que los reciben, también pueden actuar como agentes de cambio político y social en los de origen si regresan a ellos con valores e ideas moldeadas por sus experiencias en el exterior.
El estudio del PNUD resalta dos casos célebres: el de la liberiana Ellen Johnson-Sirleaf, primera jefa de Estado de África, y el del ex presidente mozambiqueño Joaquim Chissano.
Johnson-Sirleaf, quien cursó estudios en Estados Unidos, dirigió la oficina regional para África en la sede neoyorquina del PNUD antes de regresar a su país.
Chissano estudió medicina en Portugal y representó al movimiento independentista Frente de Liberación de Mozambique en Francia mientras vivió en París.
Pero el informe también deja en evidencia algunas aristas inconvenientes de las corrientes migratorias.
En la mayoría de los casos, los emigrantes tuvieron un compromiso constructivo con sus países de procedencia, pero algunos grupos de expatriados apoyaron a bandos en pugna en guerras civiles, como fue el caso de los tamiles de Sri Lanka.
El embajador de ese país en la ONU, Palitha Kohona, dijo a IPS que los emigrantes tamiles desempeñaron un papel crucial en el conflicto armado que acabó con 70.000 vidas humanas a lo largo de 30 años.
Las comunidades tamiles en Europa occidental y Canadá “fueron las principales fuentes de financiamiento” de los insurgentes Tigres para la Liberación de la Patria Tamil “para la compra de explosivos, armas y minas terrestres”, sostuvo Kohona.
El diplomático estimó ese aporte a la guerra civil en alrededor de 300 millones de dólares anuales, y aseguró que muchos emigrantes eran presionados para que donaran dinero a través de sus tarjetas de crédito.
Concluido el conflicto este año, los tamiles en el extranjero tienen ahora la oportunidad de asumir un rol genuinamente constructivo, confió el embajador. “Pueden invertir esos mismos fondos para mejorar la situación de la población del norte” de Sri Lanka, la región donde son mayoritarios, afirmó.
El Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos indicó que parte del financiamiento del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), al que considera una organización terrorista, procede de palestinos en el exilio.
También recibe fondos por vía de remesas, especialmente desde Europa occidental, el Grupo Islámico Armado (GIA), que promueve en Argelia la creación de un estado islámico, según Washington.
El Ejército Republicano Irlandés (IRA) recaudaba dinero de las comunidades irlandesas en las ciudades de Nueva York y Boston. Mientras, el Movimiento Khalistán, que promueve la independencia de un estado sij en India, recibe fondos de emigrantes en Canadá y Estados Unidos. El informe del PNUD también arroja nueva luz sobre malentendidos muy comunes.
La mayoría de los migrantes, por ejemplo, son internos. Unos 740 millones se trasladan sin cruzar las fronteras de sus países, es decir, casi cuatro veces más que los migrantes internacionales.
Y entre los internacionales, menos de 30 por ciento son naturales de países en desarrollo que se mudan al mundo industrializado.
El estudio prevé que las remesas al Sur en desarrollo caerán de los 308.000 millones de dólares de 2008 a unos 293.000 millones al cabo de este año, a causa de la crisis financiera mundial.
La recesión mundial se convirtió rápidamente en una crisis del mercado de trabajo. Y tales crisis son, usualmente, malas noticias para los migrantes y sus familias.
En ciertas regiones, la cantidad de inmigrantes está a la baja. Al mismo tiempo, algunos países de destino toman medidas para alentar u obligar a sus extranjeros a irse.
Fuente: IPS
Un informe de la ONU aboga por liberalizar la emigración
por Josep Playà Maset
5 de octubre, 2009
El estudio asegura que estos desplazamientos masivos contribuyen positivamente al desarrollo y que casi mil millones de personas (una de cada siete) son migrantes. Las mayores migraciones (740 millones de personas) tienen carácter interno, entre regiones, siendo especialmente intensas en Asia. Sólo el 3% de los habitantes de África vive en un país diferente al suyo pese a la pobreza.
La recesión no debe convertir a los inmigrantes en chivo expiatorio, sino que su presencia debe verse como una oportunidad para mejorar el desarrollo tanto de sus países de origen como de los de destino. Esa es la conclusión del último estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Sus autores asumen la dificultad de que el mensaje sea comprendido, pero aconsejan a los gobiernos que liberalicen y simplifiquen los trámites a fin de permitir a las personas buscar trabajo en el extranjero.
Superando barreras: movilidad y desarrollo humanos es el título del Informe sobre Desarrollo Humano 2009, que ha dirigido Jeni Klugman y que hoy se da a conocer. En él se explica que casi mil millones de personas (una de cada siete) son migrantes, ya sea en el interior de su propio país (cambiando de región) o en el extranjero. Y se razona que esos desplazamientos masivos contribuyen positivamente al desarrollo, porque se trata de personas jóvenes, con capacidad de innovación, que asumen riesgos. Las migraciones resultan también positivas para los países de origen a través de las remesas o con el regreso posterior.
El estudio rompe muchos tópicos sobre la inmigración. El primero es que no se trata solo de un flujo desde el Sur hasta el Norte. Las mayores migraciones (740 millones de personas) tienen carácter interno, entre regiones, siendo especialmente intensas en Asia, mientras que sólo 214 migrantes son internacionales. Y entre estos últimos sólo el 37% se produce de países en desarrollo a países desarrollados. La explicación principal es el elevado coste cuando se trata de distancias largas y la dificultad, también económica, de superar las barreras que se ponen. No sólo se dan más facilidades para la emigración a países vecinos sino que además seis de cada diez inmigrantes van a un país donde la principal religión es la misma que en su país de origen y cuatro de cada diez prefieren un país con su mismo idioma. Por esa razón, y pese a que todos los estudios indican que las personas que emigran desde los países con menor desarrollo son las que más pueden ganar con el traslado, son las menos móviles. En el caso de África, sólo el 3% de sus habitantes vive en un país diferente al suyo y menos del 1% reside en Europa.
Un estudio en México reveló que los hogares con menores ingresos tenían menos posibilidades de emigrar. Y otro estudio en Bangladesh demostró que cuando sus habitantes recibían un monto equivalente al salario de una semana en el lugar de destino la propensión a migrar aumentaba del 14% al 40%. De ahí, una de las sorprendentes conclusiones de los investigadores de Naciones Unidas: “Estos resultados ponen en tela de juicio la idea difundida a veces en los círculos de la política de que el desarrollo en los países de origen reduciría los flujos migratorios”.
Otra creencia errónea es que las familias migrantes mejoran su nivel de vida. No siempre sucede así y menos cuando se trata de migraciones motivadas por conflictos. Cabe recordar que a comienzos del 2008 había 14 millones de refugiados además de otros 26 millones internos (4,9 millones sólo dentro de Sudán y 2,8 en Iraq).
Los autores del informe opinan que las diferencias económicas y demográficas aumentarán la presión en favor de las migraciones, pero todo dependerá de las políticas que se apliquen y su evolución en relación con la crisis.
Fuente: La Vanguardia





