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Capitalismo Asesino

por Jorge Pérez Guevara

Don Santiago, por Thea Gahr (justseeds.org)

Don Santiago, por Thea Gahr (justseeds.org)

Parece ser paradójico que en un mundo que desborda de riqueza en determinados sectores sociales; y que en ciertas naciones mueran a diario miles de personas por inanición. El capitalismo posee aquella mano invisible que decide quien ha de vivir y cuales han de perecer por el “bien del mercado”. Con el capital acumulado existente en el planeta Tierra es posible mantener a mas de doce mil millones de habitantes con una nutrición completa, y es más que evidente que tal posibilidad no se cumple ni con tan siquiera los seis mil millones de habitantes existentes hoy en día. Esta pronta afirmación que se ha hecho anteriormente, sirve para demostrar que el capitalismo no es más que un sistema basado en las desigualdades; que ya no concibe al ser humano como tal, sino que se le da aquella categoría que posee un producto en un anaquel de una tienda cualquiera.

Como habitantes de un país “en vías de desarrollo”, ha de quedar en claro que aquellos ideales imaginarios de independencia y soberanía, son lujos que solo disfrutan las potencias económicas, los demás países débiles “como lo es el nuestro” han de someterse a sus voluntades; y en caso de querer hacer valer su libertad y sus principios, serán catalogados como grupos populistas e incluso se les nombrará como actualmente se acostumbra “grupos terroristas”. Parecerá que nuestra querida Costa Rica, vive en independencia desde el año 1821, pero ¿Qué era de Costa Rica si Inglaterra no compraba su producción de café?, ¿Qué es de Costa Rica, si Estados Unidos no compra su banano, piña y plantas ornamentales? Y, ¿Que sería de Costa Rica si el “justo y equitativo” TLC no se hubiera aprobado?. Y por otra parte, con que soberanía un país que se encuentra polarizado por una parte en simpatizantes de la corriente neoliberal y por otra en aquellos con una visión más equitativa de la sociedad, aprobó un tratado de libre comercio con menos de un diez porciento de diferencia; y al fin del cabo de no ser así, se nos condenaba a la ruina económica por no ser parte, de una “apertura comercial” que no es más que la legalización de la explotación.

Este modelo económico, imperante hoy en día a nivel mundial, adquirió fuerza posteriormente a la caída del bloque socialista; así desaparecieron los muros que separan a países por su ideología, pero simultáneamente se crearon aquellos que dividen a los estados opulentos, de aquellos que viven inmersos en la pobreza. Parece ser incomprensible que existan muros infranqueables entre países con una distinta situación económica, pero una vez digerida esta afirmación, hemos de percatarnos de que estas barreras divisorias, nos encierra en una posición lamentable en la que el aislamiento solo se da del lado nuestro; dejándonos vulnerables a la merced del opresor. De forma más concreta, el estado nacional es un territorio definido, sus normativas no van más allá de sus límites fronterizos; pero en el presente las potencias “los dueños del mundo”, poseen una legislación sin control, sin fronteras de ningún tipo, capaz de ser impuesta por sobre cualquier ordenamiento de cualquier nación.

Uno de los fenómenos más característicos del capitalismo, la globalización, dentro de sus vacías promesas se encuentra la de crear una economía única, en la que el dinero llegue a todos por igual, mediante el flujo libre de capital; pero en la realidad no se ve más que una economía injusta donde existen sectores minoritarios que disfrutan de la mayor riqueza, y por otra parte se encuentran enormes porciones que viven en la completa desigualdad, en la oscuridad del olvido.

Pero quizá no hay peor drama existente como consecuencia de este orden, como el que es sufrido por los inmigrantes, que en búsqueda de trabajo y techo, se topan con gigantescas barreras que los detienen, que destruyen sus deseos de superación, hasta tal punto; que muchos ya no desean ser tratados como seres humanos, porque tal concepción a perdido valor por completo, sino que desean lamentablemente, ser tratados con el mismo respeto con el que es tratado el dinero.

En este nuevo orden mundial, al parecer los derechos humanos están condenados a desaparecer, en una tercer mundialización masiva donde las garantías de los y las ciudadanas serán pisoteados por completo; condenando a los trabajadores a la explotación legalizada; convirtiéndolos prácticamente en indigentes de empleo, que aceptan cualquier oficio, bajo cualquier condición, con tal de mantener un ingreso ridículo. Ante esta realidad, no hemos de sentirnos asustados ante la posibilidad de un cambio, porque es evidente que este bien conocido va terminar por acabar con nuestra dignidad como seres humanos, es preciso alejarnos de aquella ideología de que es imposible cambiar la realidad, el miedo al cambio es una de las fobias más poderosas, ya que asesina a la esperanza, al motor del cambio.

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