
Foto ilustrativa. C.Salazar / Nuestro País
Fuente: Nuestro País
por Jorge Castro G.
15 de diciembre, 2009
“Cuidado con los perros y los indigentes, boten la basura el día que pasa el camión recolector para que ellos no la saquen de las bolsas”.
Los vecinos de los Hatillos quedaron notificados. Esta recomendación de la Municipalidad de San José a través de un medio televisivo, causa desasosiego.
El problema no es nuevo, siempre hemos visto bajo la lluvia o durmiendo en la calle a diferentes tipos de indigentes. Nuestra sociedad también está compuesta por niños, jóvenes, personas maduras y ancianos viviendo en la miseria; los cuales pasan frente a nuestros desapercibidos gobernantes sin que se conmuevan. Todos somos testigos. Los hemos visto ahí, a la vuelta de muchas esquinas: Durmiendo bajo cartones, pasando frio, o haciendo largas filas en lugares atendidos por buenos compatriotas que los alimentan gratuitamente.
Mientras cientos de coterráneos viven en la indigencia, a nuestro Presidente lo galardonan los Reyes de España… Entre guiños y sonrisas.
Los gobernantes no muestran siquiera un gesto de afecto y encima se sorprenden si otros lo tienen.
¡Qué duro debe de ser la ancianidad en la miseria!
El cambio debe empezar por uno mismo, y resulta que a veces es contagioso cuando se abren conciencias. Todo lo que cuesta es aquello a lo que no estamos acostumbrados, incluyendo a la solidaridad y el compromiso.
Nuestros políticos viven fuera de esta realidad, ellos ni sienten ni padecen. Esto es tan cierto como lamentable. Mientras don Oscar se encontraba recibiendo el premio “Honoris Causa” en España; un conciudadano estaba tratando de buscar alimento y techo que lo abrigara esa noche.
En el festejo seguramente no faltó el buen vino, la buena comida y los aplausos. Nuestro orgulloso presidente ciertamente ya escribió el obligado y florido discurso que nos declamará en estos días.
Las cámaras lo esperan. A ellos, a los desvalidos, les aguarda una noche más de dolor y frio. El hambre la mataran con cualquier mendrugo de pan añejo o algunas frutas medias podridas, que hallarán en algún basurero.
Don Oscar mira, y vuelve a mirar. Luego simplemente dando un suspiro, se sumerge nuevamente en sus pensamientos; esperando de nuevo ser galardonado y recibir otras “coronas de olivo” sobre su cabeza. Digno premio a los Dioses, a los poetas y a los “actores”. Aunque también se colocaban sobre las cabezas de los difuntos.
Dentro del esquema solidario de nuestro presidente y visto desde la lejanía; ellos también podrán salir de la pobreza… cuando terminen una carrera universitaria. Que ceguera. No entiende de pobrezas, y menos conoce a los que la sufren.
El cuida su compostura y disfruta al ver su rostro reflejado en el agua; no puede dejar de contemplarse. Procura que los rayos del sol rodeen su cabeza, para que la inefable luz la envuelva y resplandezca sobre la laguna, semejando a un ser mítico salido del mismo hades en donde habitan los embustes. No soporta las críticas y se siente ultrajado ante los comentarios negativos sobre su persona.
La crisis social que enfrenta nuestra sociedad no es causada por catástrofes naturales, sino por la corrupción; la pobreza extrema es un engendro provocado por la voracidad de algunos.
A pesar de que el fisco recibe miles de millones en impuestos, la mayoría de ellos los dedican a salvar el negocio de los usureros.
Nuestro presidente debe de luchar en contra de sus propios miedos. Paradójicamente, él y su equipo viven sufriendo temerosos. Esperando que no se descubra la verdad. La mentira le teme a la propia mentira. El laureado “creyente” sin duda conoce el origen de la siguiente sentencia divina:
“¿Hasta cuándo seguirán ustedes siendo injustos en sus juicios, y defendiendo a los malvados?”
“¡Defiendan a los huérfanos y a los indefensos! Háganles justicia a los pobres y a los necesitados. Libren del poder de los malvados a los pobres e indefensos. Los malvados no saben nada ni entienden nada; vagan perdidos en la oscuridad. Eso hace que se estremezcan todas las bases de este mundo.” (Salmos)
No se preocupe señor Presidente, los olvidados sufren pacíficamente. Ellos están acostumbrados a pellizcarle a la vida migajas, y con ellas engañan y aplacan el sonido proveniente de sus vientres.
Ave César; en esta navidad los menesterosos te saludan.
PD: Especial dedicatoria a don Miguel Gutiérrez Saxe, cuya probidad llena de temor a la cúpula liberacionista.
Jorge Castro G. es administrador.
