Internacionales

Judíos antisionistas piden en Turquía el fin del Estado de Israel

Publicado el: Sábado, 5 de junio del 2010

Leer abajo: Los nueve de Turquía

Fuente: Rebelión

Una elevada muestra de dignidad junto a la más abyecta de las infamias

por Antonio Cuesta

Tres rabinos estadounidenses, pertenecientes al movimiento antisionista Neturei Karta International, llegaron ayer a Estambul para sumarse al movimiento mundial de denuncia contra Israel por su asalto a la “Flota de la Libertad” cuyo destino era Gaza. Todo un gesto de dignidad y de coherencia intelectual.

A su llegada a la sede central de la Fundación de Ayuda Humanitaria IHH, organizadores del convoy atacado, el rabino Yisroel Dovid Weiss expresó a Rebelión su resuelta oposición a la existencia del estado de Israel y su determinación de trabajar para que los crímenes cometidos por éste no queden impunes.

“Condenamos rotundamente esta atrocidad que ha sido perpetrada contra Turquía y los activistas de Derechos Humanos que viajaban en los barcos” afirmó el religioso en referencia al ataque llevado a cabo por Israel en la madrugada del pasado lunes.

Añadió que todos sus esfuerzos se centran ahora en conseguir “de una manera rápida y pacífica el desmantelamiento del estado de Israel y una (Franja de) Gaza en paz”, de este modo “judíos, musulmanes y cristianos podremos vivir en armonía”.

Para Weiss el judaísmo es una religión pacífica y no así el estado hebreo “que fue creado para atemorizar a la gente”.

Durante la rueda de prensa que tuvo lugar con posterioridad, los líderes religiosos desplegaron una pancarta donde se podía leer “el judaísmo rechaza el estado de Israel y sus atrocidades” y portaban sobre sus trajes unas pequeñas etiquetas con la leyenda “un judío no un sionista”.

El presidente de la organización IHH lo había expresado momentos antes a la prensa: “Con nosotros [en los barcos asaltados] había gente de todos los rincones del mundo. Derechistas, izquierdistas, liberales, conservadores, ateos, islamistas, musulmanes, cristianos, judíos y budistas. Era una iniciativa pacífica y civil organizada por personas con conciencia, que iban desarmadas”.

En la misma línea se expresaron los tres cooperantes españoles cuando ayer explicaban a este periódico que el clima de convivencia en el barco fue excelente pese a reunir a personas de muy diferentes culturas, ideologías y religiones.

Justificar el horror

Y mientras todo esto sucedía en Turquía, en el estado español un individuo que se dice diplomático, Raphael Schultz, para más señas representante del estado sionista de Israel, justificaba en El Periódico el uso de las armas porque “toda esa gente está ideológicamente muy en contra del estado de Israel”. Tan en contra estaban que las tropas de elite, que se lanzaron a sangre y fuego contra los voluntarios humanitarios, llevaban una lista con 16 personas de las que iban a bordo a las que era necesario asesinar. Todas ellas connotados activistas de la defensa de los derechos del pueblo palestino y algunos de los cuales son ciudadanos israelíes. Cuando Schultz definió a las víctimas como “violentos disfrazados de pacifistas” estaba ocultando que entre esos “objetivos” militares se hallaba por ejemplo Hylarion Capycci, arzobispo católico melkita israelí; o que sus valorosos soldados golpearon y tiraron por el suelo al arzobispo de Jerusalén, un anciano de más de 90 años, que también viajaba en el barco; por no hablar de esa cifra de muertos que a él le parece despreciable y en la que evita incluir el número indeterminado de desaparecidos que más pronto que tarde se conocerá con exactitud.

Porque, efectivamente, hay muertos con disparos de bala en la cabeza realizados a menos de un metro como lo demuestran las pruebas forenses. Ejecuciones sumarias de personas cuya mayor y más peligrosa arma era su ideología, como bien reconoce el embajador. Y hay testigos que vieron cómo soldados israelíes lanzaban al mar cuerpos. Pero para eso Schultz no dio respuestas.

De modo que la operación militar fue minuciosamente preparada y organizada con la ayuda de los servicios de inteligencia. Sabían quiénes iban en el convoy y qué hacían. “Un día antes del ataque -relató el activista Manuel Tapial- vimos que un avión espía no tripulado (drone) sobrevolaba los barcos”.

El discurso sionista es ahora desprestigiar a la Fundación IHH, “una organización terrorista” dicen de ella. Y se multiplican los artículos de las raholas y los albiacs para maquillar el rostro criminal de un estado terrorista como es el de Israel. Pero lo cierto es que la ONG turca ha socorrido tanto a las víctimas del terremoto de Haití, como a los damnificados de seísmos en Italia y Grecia, del tifón Katrina en Estados Unidos, además de llevar ayuda humanitaria a Afganistán, Irak, Bosnia y diversos estados de África. “Nuestras cuentas son claras y abiertas” aseguró el jueves Bülent Yildirim, presidente de IHH.

Pero por si esto no fuera suficiente, Israel pretende justificar la barbarie con la tesis de que estaban siendo invadidos; en palabras de su embajador: “cuando entra un violento en tu casa y te ataca y luego…”. Ayer Yildirim presentó un documento que certifica que las coordenadas de los barcos a las 1.31 GMT del pasado lunes, 31 de mayo, (hora en que fue asaltado) eran 32º 49′ 40,80” Norte y 33º 31′ 55,20” Este, lo cual quiere decir que las embarcaciones se hallaban en aguas internacionales.

Así lo explicó el dirigente de IHH: “viajábamos en aguas internacionales, de las que nadie es propietario. Ignorando el derecho internacional y la legalidad marítima que se ha dado la Humanidad durante miles de años, [Israel] actuó no con la responsabilidad y la seriedad de un Estado, sino como una organización terrorista” y sentenció que los responsables israelíes por el abordaje a la Flota de la Libertad debe ser juzgados como “los nazis por los crímenes cometidos contra los judíos” y “los serbios por las matanzas de bosnios”.

Antonio Cuesta es corresponsal de la agencia Prensa Latina en Turquía

Artículo publicado en Amauta bajo una licencia de Creative Commons

Los nueve de Turquía

Fuente: Quilombo

por Samuel

Es impresionante cómo el aparato propagandístico israelí ha llevado a todo el mundo a su terreno. En lugar de contar lo sucedido sobre la base de los hechos y testimonios disponibles, aplicando el razonamiento y el sentido común, los medios de comunicación se han dedicado a transmitir una guerra asimétrica de vídeos, fotografías y declaraciones en las que toda valoración debía hacerse en función de los parámetros de realidad determinados por el gobierno israelí y, concretamente, por el Ministerio de Defensa que dirige el criminal de guerra Ehud Barak, reponsable directo de la masacre de Gaza.

Sólo cuando llegaron los nueve cadáveres a Turquía, tres días después del asalto, pudimos conocer, gracias a la prensa turca o a medios como Al Jazeera, una lista de fallecidos que podría ser incompleta. A la prensa occidental no le ha interesado demasiado averiguar quiénes eran los muertos y heridos, los desaparecidos. Las nueve víctimas murieron por disparos, según confirman los informes forenses. Estos son los nombres y las caras, con información que he tenido que extraer de la prensa turca y que he completado (por lo que se refiere a alguna fotografía y la edad de alguna de las personas) con datos extraídos del blog Lawrence de cyberia. Algunas de las personas que aparecen en esta lista tenían perfiles en Facebook, aunque es probable que se creen perfiles falsos con sus nombres. Si hubiera que corregir o modificar algún dato lo haré.

Ibrahim Bilgen
(61 años): de Siirt. Ingeniero, miembro del Partido Saadet (de la Felicidad) y de la Cámara de Ingenieros Eléctricos de Turquía. Casado y con seis hijos. En la fotografía de abajo, a la derecha. Recibió cuatro disparos: en la sien, en el pecho, en la cadera y en la espalda.

Necdet Yildirim (31 años): de Estambul. Miembro del Partido Saadet (de la Felicidad) y de la organización IHH, una de las principales organizadoras de la flotilla. Casado y con una hija de tres años. Fotografía de arriba, a la izquierda.

Ali Haydar Bengi
(39 años)

Casado y con cuatro hijos, procedente de Diyarbakir, en el Kurdistán turco. Licenciado en Literatura Árabe por la Universidad Al-Azhar, El Cairo. Al conocer su muerte, en la ciudad montaron una tienda para que su familia pudiera recibir las condolencias de la gente en espera del funeral. Dentro de la tienda se mostraron fotografías de Ali junto con carteles de protesta contra Israel. En la plaza Dagkapi, unas 2.000 personas protestaron entonando cantos contra Israel.

Cevdet Kiliçlar (38 años)

De Estambul. Periodista, casado y con dos hijos. Según los testigos, un soldado israelí le reventó la cabeza con un disparo efectuado a un metro de distancia. Fue de los primeros en caer. Miembro de la organización IHH. Algunas de sus fotografías pueden encontrarse en Flickr.

Çetin Topçuoğlu (54 años)

Ex campeón de Europa de Taekwondo. Casado y con un hijo. Su mujer, Cigdem Topcuoglu, aparece en varias imágenes del funeral de ayer jueves (fotografía de abajo, Getty Images).

Fahri Yaldiz (43 años)

Bombero que trabajaba en la municipalidad de Ayidaman. Casado y con cuatro hijos.

Cengiz Songür (47 años)

Procedente de Izmir. Casado y con siete hijos.

Cengiz Akyüz (41 años)

Procedente de Izkenderun, provincia de Hatay. Casado y con tres hijos.

Furkan Doğan (19 años)

Nacido en los Estados Unidos, tenía doble nacionalidad (turca y estadounidense). Estudiante en la Escuela Secundaria de Kayseri, donde vivía, se preparaba para estudiar medicina. Tenía dos hermanos. Según la autopsia, recibió cinco disparos a una distancia menor de 45 centímetros: en la cara, en la parte anterior de la cabeza, dos veces en la pierna y una en la espalda. La fotografía procede del álbum familiar y fue tomada el 6 de noviembre de 2008.

El gobierno turco ha enviado dos aviones ambulancia a Israel para recoger a los siguientes activistas, gravemente heridos: Uğur Süleyman Söylemez, Osman Kurt, Çelebi Bozan, Ahmet Ayhan Beker y Mehmet Ali Zeybek. Ante la presión internacional, finalmente el gobierno israelí liberó a los ciudadanos palestinos-israelíes tras el pago de una fianza y con la prohibición de salir del país durante los próximos 45 días: el jeque Raed Salah, dirigente del Movimiento Islámico en el norte de Israel; el jeque Hamad Abu Daabes, dirigente del Movimiento Islámico en el sur de Israel; Muhammed Zeidan, director del Comité de Supervisión de los Ciudadanos Árabes de Israel; y Lubna Masarwa del Free Gaza Movement y la Universidad Al Quds. Sin embargo, se mantienen acusaciones kafkianas, como la de que pusieron en peligro las vidas de los soldados israelíes.

Lo más inquietante es que las cifras de muertos contradicen las declaraciones de algunos testigos presenciales que hablan de una quincena de muertos. Nadie, ni siquiera los activistas, saben con certeza cuántos ni quiénes son, por lo que habrá que esperar a que sus compañeros puedan coordinar un recuento definitivo, aunque carezcan del valioso material documental, audiovisual e informático que ha sido robado por las autoridades israelíes. Realmente se ha tratado de una auténtica operación de “conmoción y espanto” (shock and awe), altamente selectiva (todas las víctimas son turcas), frente a la más importante iniciativa de solidaridad internacional que se haya realizado nunca contra el asedio de Gaza. Según el español Manuel Tapial y otros testigos, ya había muertos antes de que desembarcaran las tropas de elite israelíes. Bulent Yildirim, director de la organización IHH, una de las organizadoras de la Flotilla de la Libertad, declaró que “los soldados mataron a un doctor que quería rendirse y tiraron algunos cadáveres al mar. Todavía no sabemos qué ha pasado con ellos”.

Como la mayor parte de la información que no produce Israel la está generando la prensa turca, me gustaría hacer algunas observaciones al respecto. Está claro que el primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan está aprovechando el incidente para justificar su distanciamiento de Israel y ganarse a la opinión pública árabe, hartos de que sus gobiernos ignoren o manipulen la causa palestina. Esta causa es, además, una de las pocas cosas que unen a una sociedad turca políticamente muy fragmentada, y permite superar la tradicional división entre los nacionalistas kemalistas y los islamistas que se aglutinan en torno al AKP y otros partidos. Por esta razón me parece que las motivaciones más importantes del gobierno turco son de política interior. Aunque no faltan voces de la elite que de manera sutil expresan su incomodidad ante el deterioro de las relaciones con Israel y la apropiación islamista de la lucha contra la opresión israelí, lo cierto es que el fervor nacionalista ha logrado situarlas en un segundo plano. Una efervescencia que podría servir para legitimar una renovada ofensiva contra los movimientos políticos kurdos. El pasado fin de semana, coincidiendo con el ataque israelí, un ataque de militantes del PKK dejó un saldo de seis soldados turcos muertos. Ironías de la geopolítica, cuando el ejército turco vuelva actuar, lo hará con armamento israelí.

La lucha contra el asedio de Gaza, contra la opresión de los palestinos en Israel, no es, no puede ser, una causa nacional. Quienes murieron no lo hicieron para defender la Sublime Puerta o Teherán frente al sionismo. Ni para reivindicar el Islam frente a los infieles. Ni para apoyar a los palestinos frente al pueblo judío. Aunque fueran turcos y musulmanes, su motivación no se explica por vínculos atávicos de sangre o de raza, como sugiere los asesinatos selectivos del comando israelí y toda una verborrea racial -y, en el fondo, racista- que sólo habla de “propalestinos” e “islamistas”. Si la variopinta Flotilla de la Libertad molesta es porque con su acción los activistas muestran hasta dónde llega la resistencia del poder a toda posibilidad de democracia global.

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