Nacionales

Por qué los neoliberales atacan a las universidades

Publicado el: Lunes, 30 de agosto del 2010

Artículo publicado en Amauta con permiso del autor

por Álvaro Montero Mejía

No tengo un criterio claro o bien elaborado sobre las razones que han llevado a los rectores de las universidades públicas a la firma final del acuerdo suscrito con el gobierno. Pero mi preocupación está más bien dirigida a examinar los contenidos ideológicos que sirven de telón de fondo a la posición gubernamental y a la actitud irreductible, dogmática y altanera, mostrada por sus negociadores frente a los argumentos maduros  y sólidos mostrados por los representantes universitarios.

Hace 70 años, durante el gobierno del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia y la gestión de su Ministro de Educación, el Lic. Luis Demetrio Tinoco,  se funda la Universidad de Costa Rica, con la clara misión de construir un segmento social de intelectuales y profesionales capaces de enfrentar, con sus propias fuerzas, los retos productivos y sociales Costa Rica.

Aún si dejamos de lado la represión y la persecución desatada por el bando victorioso, se puede afirmar que la guerra civil del año 48, no interrumpe la tarea de lo que podríamos llamar la intelectualización de los trabajadores y de la sociedad en su conjunto. Ciudadanos como Rodrigo Facio y Carlos Monge, continúan aquella labor de formar como profesionales a muchos de los hijos de obreros y campesinos y ampliar significativamente, la presencia de las clases medias en Costa Rica.

Cuando decimos intelectualizar, no hablamos de procesos banales orientados a conformar una élite de cultura libresca y refinada. Intelectualizar significa construir una masa crítica de personas con niveles mucho más altos de conocimientos científicos y técnicos y dotados de nuevas destrezas en el campo de la construcción material y productiva, consciente de sus responsabilidades ciudadanas y en muchos casos,  patrióticas. Significa, en pocas palabras, darle al pensamiento crítico un lugar preeminente en la vida nacional. Es así como aparecen, primero decenas, después cientos y finalmente miles de jóvenes profesionales, capaces de asumir los requerimientos intelectuales y técnicos propios de un Estado moderno y de instituciones de servicio público altamente complejas.

Hasta aquel entonces, los estudios universitarios estaban casi exclusivamente reservados para las élites económicas del país, que podían enviar sus hijos a formarse en el extranjero, a Europa o los Estados Unidos, o bien a los grandes centros intelectuales de América Latina como México, Argentina y Chile.

Los egresados de la nueva Universidad cumplieron sobradamente con la edificación del proyecto social que estaba implícito en la creación de la nueva Universidad de Costa Rica. Asumen con idoneidad la construcción del complejo hospitalario y de salud pública en manos de la Caja y posteriormente con la universalización de los servicios de salud, la administración e impulso de los bancos nacionalizados, junto a las organizaciones cooperativas y el apoyo a la producción agropecuaria, la tarea decisiva de avanzar por la senda de la soberanía energética, con lo que el ICE se convierte, además, en una auténtica Universidad tecnológica, que envía a sus jóvenes ingenieros y técnicos a recuperar la tecnología de punta en los países más avanzados del mundo y traerla para su inmediata aplicación en Costa Rica y convertirla en plantas hidroeléctricas, embalses y túneles de transmisión, centrales y redes, obras que son parte de esa historia que el neo filibusterismo intenta borrar de la realidad y la conciencia nacionales.

También aparece un pequeño ejército de ingenieros civiles, abogados, periodistas, agrónomos, economistas, administradores  y contadores, sin cuyo soporte profesional no habría ni Contraloría, ni Procuraduría, ni Bolsa de Valores, ni sistema financiero, ni los lujosos aparatos gerenciales de algunas grandes empresas privadas nacionales.

Sin la existencia la Universidad de Costa Rica, el desarrollo capitalista provocado por la reforma social de la segunda mitad del siglo XX, sería impensable. Pero ahora, los neoliberales están dispuestos a dar un paso más. Después de trasladarle a las corporaciones los resultados materiales de esa reforma social y económica, fruto exclusivo del esfuerzo y el talento del pueblo, junto a las hormonas de algunos grandes dirigentes nacionales, han decidido invertir el proceso y proceder a convertir a todo el ejército laboral de trabajadores manuales e intelectuales de Costa Rica, es decir, obreros y campesinos, profesionales y técnicos, maestros, profesores y trabajadores de los servicios, en una masa acrítica, estrictamente tecnocrática, obediente y dócil, hedonista y consumista, despreocupada de sus carencias intelectuales, éticas y hasta materiales, ambiciosa, egoísta y por ende insolidaria, totalmente ignorante de las realidades políticas locales y mundiales, puramente receptora de órdenes superiores, centrada en el uso de sus conocimientos para fines productivos, tal como lo entiendan las direcciones corporativas.

Para eso necesitan acabar con el concepto de “autonomía universitaria”, que le otorga a las universidades públicas el carácter de ciudadelas del pensamiento crítico y la libertad de expresión. Esta orientación, para su vergüenza, les llega desde afuera. Distinguidos intelectuales de la UCR denunciaron y presentaron, por el canal 15, los documentos del Banco Mundial que así lo reclaman. Es por eso que la puja por el financiamiento de las universidades públicas, es mucho más que un mero ejercicio contable o presupuestario. No aluden solamente al problema de las inversiones urgentes, la apertura de laboratorios o las becas estudiantiles. Constituye un enfrentamiento ideológico y social entre dos concepciones del conocimiento, de la cultura y de la Patria.

La ofensiva del neoliberalismo, es una ofensiva, en toda la línea, contra el pensamiento patriótico y progresista de la nación y esa ofensiva continuará. Lo que se ha producido ahora es una pequeña tregua. Los neoliberales, con el respaldo de los organismos internacionales, no van a desistir de lo que hemos llamado “el Proyecto Singapour”, que consiste en el empeño de convertir a Costa Rica en una factoría, en un enclave territorial destinado a albergar grandes corporaciones internacionales y a nuestro pueblo, en una masa de trabajadores altamente calificados pero enajenados, e irremediablemente al servicio de ellas.

En esa propuesta no caben conceptos de la vida local o internacional fundados en la conciencia latinoamericanista, en la formación de un pueblo consciente de poseer una herencia histórica y un patrimonio material y espiritual que deba ser preservado a toda costa.

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