
(Foto: José R. Charrón / Claridad)
Tras la renuncia del presidente de la Universidad de Puerto Rico, José Ramón de la Torre, presentada el 11 de febrero, y la marcha el sábado “Yo amo a la UPR”, que movilizó a miles de personas por las calles de Río Piedras en apoyo a la comunidad universitaria en lucha, esa semana comenzó con la salida parcial de los efectivos de la Policía de los Recintos universitarios ordenada por el gobernador Luis Fortuño.
De la Torre presentó su renuncia el jueves anterior y envió una carta al Superintendente de la Policía planteando que se retirara la Policía de la Universidad.
Mientras tanto, el sábado 12 de febrero unas 10 mil personas protestaron por la presencia policiaca en el Recinto, en contra de la cuota, y en defensa de la universidad pública.
Las miles de personas rodearon el Recinto de Río Piedras luego de salir de la plaza de la Convalecencia en Río Piedras. Cuando la cabeza de la marcha llegó a la Avenida Barbosa luego de pasar la Avenida Gándara, la cola de la marcha aún se encontraba saliendo de la plaza. Tras pasar la Barbosa la marcha se detuvo en el Expreso Piñeiro por once minutos, en saludo a los once Recintos de la UPR. Luego prosiguieron hasta la Avenida Ponce de León donde en un reclamo de la UPR para el pueblo, los manifestantes entraron al Recinto. Allí convergieron personalidades tan diversas como el héroe nacionalista Rafael Cancel Miranda, el ex gobernador Aníbal Acevedo Vilá, y el médico Eduardo Ibarra, entre otros.
Un grupo de estudiantes se sentó en las escaleras del emblemático edificio de la torre universitaria ante la cual afirmaron su compromiso de seguir luchando por mantener la UPR como una universidad accesible para el pueblo. El sonido de las pleneras puso a bailar a muchos en lo que se convirtió en una tarde donde se mezcló la celebración del éxito de la marcha y el compromiso de continuar la lucha en defensa del primer centro docente del país.
Jornada de represión policial
La semana culminó varios días de fuerte represión policial en la Universidad de Puerto Rico que dejó un saldo de 28 estudiantes arrestados y una cantidad indefinida de agredidos, además de la renuncia de De la Torre.
La primera confrontación entre policías y estudiantes sucedió ese martes cuando un policía le lanzó un beso a una estudiante que le cuestionó la falta de respeto. Varias estudiantes que apoyaron a su compañera increparon a los policías en el lugar. Un grupo de estudiantes comenzó a organizar una marcha por el Recinto en protesta por la presencia policial, la cual fue seguida por la Fuerza de Choque que intentaba cerrarles todos los caminos para que no pudieran avanzar. Aun así, la marcha logró recorrer varias facultades, evadiendo a cada paso la Fuerza de Choque.
El miércoles un grupo de estudiantes realizaba una pintata de consignas frente a la Biblioteca José M. Lázaro en la calle conocida como “calle Conciencia”, como parte de su protesta contra la presencia policiaca en el Recinto y la imposición de la cuota de $800, cuando de repente se acercaron policías a grabar a los estudiantes. Ello provocó que estudiantes cuestionaran la acción que interpretaron como carpeteo. Ante el insistente reclamo estudiantil y la continuación de las grabaciones por parte de la Policía con actitud desafiante, los efectivos de la Fuerza de Choque llegaron al lugar y se escenificó un fuerte enfrentamiento. La policía la emprendió indiscriminadamente contra estudiantes sin importar si sólo pasaban por el lugar o eran parte de la pintada. Hubo profesores que se vieron precisados a intervenir con la Policía y Fuerza de Choque para proteger a sus estudiantes. Como pudieron, los estudiantes se movieron del lugar, muchos de ellos golpeados, para organizarse en una marcha y exigir nuevamente la salida de la Policía. Pero la Fuerza de Choque los siguió con la unidad montada y de arrestos especiales y en la facultad de Estudios Generales intentaron cercarlos, no sin antes dirigirse a vaciar los salones y rodear el vestíbulo mientras los estudiantes corrían. Profesores que salían despavoridos de sus salones se preguntaban cómo era posible dar clases cuando la Fuerza de Choque se arroga el derecho de penetrar a los salones y sacar estudiantes de manera violenta. Varios profesores fueron testigos de cómo la policía macaneó a un estudiante que bajaba de un salón. En el baño de varones del vestíbulo pudimos presenciar gotas de sangre en el lavamanos y el piso. Mientras tanto, la Fuerza de Choque imponía su presencia amenazante sobre cualquiera que se atreviera a pasar por allí.
Ante esos eventos, esa misma tarde la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU) se presentó a la oficina de la rectora Ana Guadalupe a exigir la salida de la Policía del Recinto, tratando de prevenir una tragedia tras los violentos incidentes que se suscitaron ese día y que han ido escalando según pasan los días con la Policía. También desde el mediodía la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes se había apostado en la rectoría para exigir la salida de la Policía de Plaza Universitaria, donde éstos provocaban situaciones que amenazaban con caldear los ánimos aún más. Ante la tardanza de casi cinco horas de la rectora en atender a los representantes de ambos grupos gremios, y con la plazoleta frente a la torre llena de estudiantes, la APPU decretó un paro de 24 horas que luego extendió y al que se unió la HEEND y el Sindicato de Trabajadores de la UPR. Esa tarde también se escenificó la actividad denominada “Tren de la Solidaridad”, convocada por sectores de la sociedad civil, que consistió en que decenas de personas se movilizaron a través de las diversas estaciones del Tren Urbano hacia el Recinto riopedrense de la UPR, donde frente a la Torre leyeron un manifiesto de solidaridad y entonaron el himno de la UPR. Luego, al igual que en los demás Recintos, se celebró una vigilia en la que participaron sectores religiosos, sindicales, empresariales, sociales, políticos y artísticos. En medio de la vigilia, una inmensa pancarta que leía “VENCEREMOS SIEMPRE” fue desplegada desde la Torre hasta las escaleras donde los asistentes mantuvieron velas encendidas hasta tarde en la noche.
El jueves la APPU amaneció en los portones para persuadir a los pocos que por allí llegaron de que no entraran al Recinto. El campus estuvo vacío. No hubo clases ni trabajo. En la noche, la APPU y la HEEND se reunieron con el Presidente de la UPR para insistirle en la salida de la Policía.
El viernes la HEEND fue quien principalmente custodió los portones por el paro que se había extendido otro día más. Tampoco hubo clases ni trabajo en el Recinto. El líder estudiantil Giovanni Roberto dio a conocer lo que llamó una persecución en su contra y contra varios de sus compañeros a quienes dijo se intentaba carpetear con intenciones de arrestarlos y encarcelarlos. En su caso, la denuncia fue porque el bufete McConnell Valdés, -el cual la administración universitaria ha contratado para llevar los casos en contra de los estudiantes huelguistas-, intentó utilizar dos querellas que hizo una estudiante simpatizante del gobierno alegando que Roberto la había empujado y gritado en una de las manifestaciones, para sustentar que luego de la decisión del Tribunal de Primera Instancia a favor de que Giovanni pudiera matricularse este semestre, éste estaba envalentonado. Denunció que lo trataron de vincular con todas las confrontaciones que hubo esa semana.
En horas de la tarde de ese mismo día comenzó el rumor de la renuncia del presidente de la UPR, José Ramón de la Torre, la que la presidenta de la Junta de Síndicos, Ygrí Rivera Casiano, dijo públicamente desconocer. Más tarde la noticia fue confirmada por la APPU, quien presentó la carta de renuncia del Presidente y la solicitud que le hiciera al superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha para que sacara la Policía del Recinto, lo que precipitó su “renuncia” como Presidente.


