Este sábado 26 de marzo, tuvo lugar la inauguración en la Sabana, del magnífico estadio que el pueblo y el gobierno de China construyeron y donaron a los costarricenses. Es una magnífica obra de arquitectura, concebida y ejecutada por los mismos maestros en las artes del diseño, que edificaron las joyas arquitectónicas que engalanaron a China durante la celebración de las Olimpiadas del 2008. El pueblo costarricense conservará un agradecimiento imperecedero a esa muestra fehaciente de solidaridad.
Es una obligación moral agradecer el gesto de un pueblo que ha ascendido poco a poco los peldaños del crecimiento y el desarrollo. China ha sacado del hambre y la indigencia, en los últimos 10 años, a más seres humanos que el resto de la humanidad. China gradúa, en un solo año, más científicos, ingenieros y técnicos en todas las áreas de la nueva revolución científica y tecnológica, que el conjunto de los pueblos del Tercer Mundo. Este año de 2011, China ocupará el primer lugar mundial en la inscripción de patentes de inversión, superando a cualquiera de las poderosas sociedades del llamado Primer Mundo, incluidos los EEUU. Así sobrepasa uno de los paradigmas, el monopolio de la ciencia y la tecnología que ubicábamos, hace más de 10 años, como uno de los factores decisivos de la llamada globalización neoliberal.

Circo, por Terrance McIlrath
Estas son algunas de las hazañas nacionales que el pueblo chino muestra con orgullo a la humanidad contemporánea.
Cada pueblo está en capacidad de exhibir sus propias conquistas. Costa Rica tiene las suyas, que se destacan a pesar de nuestra pequeñez y limitaciones. Pero con motivo de la apertura del nuevo Estado Nacional, se han invertido muchísimos millones de colones en propaganda y se ha convertido en un verdadero circo el obsequio chino, haciéndolo pasar como si fuera una conquista nacional. Se ha firmado hasta la saciedad que es una obra que debe llenarnos de orgullo y peor aún, que debemos apreciarla como una deuda con el gobernante que tomó la decisión de establecer las relaciones diplomáticas con la República Popular China.
Gratitud aparte, lo único que hizo el gobernante de marras fue saber cómo tender la mano para pedir y recibir esa magnífica obra y otras donaciones de las que no es del caso hablar ahora. Dicen algunos de los presentes en el Estadio ese día sábado, que la aparición de Óscar Arias en el escenario fue acompañada por una gigantesca rechifla y que tuvo la desvergüenza de darle a las instalaciones la connotación de un sueño y una obra suya, cuando todos sabemos que sólo es producto de un acto solidario del pueblo chino con el pueblo costarricense.
La propaganda orientada a convertir la donación china en un orgullo y un logro nacional, es una ruin manipulación ideológica cuyo intento es ocultar la sistemática demolición de nuestras propias hazañas nacionales y reconocer que esa obra imponente, por hermosa que sea, no constituye el antes y el después del deporte costarricense. Como tantas obras y tareas, el deporte nacional está en ruinas. Decenas de miles de jóvenes languidecen y se embrutecen en las barriadas, atrapados por el ocio y los vicios, sin canchas deportivas ni gimnasios a su disposición, sin entrenadores ni preparadores físicos, sin promotores de los deportes y las artes, sin espacios para la recreación y el desempeño colectivo y fraternal que engrandecen, al decir de los viejos filósofos, el cuerpo y el alma. Los pocos que se destacan, lo hacer gracias un tesón y a un empeño excepcionales.
Debemos recordar que está en marcha un proyecto político e ideológico orientado a pulverizar o disolver, sí puede decirse, todo resabio de la autoestima nacional; a derrotar en el alma de cada costarricense, cualquier vestigio de legítimo orgullo por lo que nuestro pueblo ha construido en largas y penosas jornadas desde la independencia a la fecha. Porque sólo los pueblos espiritualmente derrotados, a quienes les ha sido borrado el espíritu crítico y la autoestima, están dispuestos a aceptar la dominación extranjera como un hecho natural, a aceptar su incapacidad, su inferioridad y su espíritu pordiosero, como un hecho irremediable que sólo se subsana merced a la generosidad de las corporaciones y los inversionistas foráneos e incluso gracias al amor de algún pícaro gobernante, que se autoproclame sabio y visionario.
Por supuesto que de todo esto no tienen ninguna culpa ni el gobierno ni el pueblo de China. Simplemente, las intenciones malévolas de quienes han puesto a Costa Rica en venta, se acrecienta por nuestra ingenuidad y nuestra falta de malicia. Aun no hemos aprendido a aquilatar la verdadera dimensión de esos seudodirigentes que se vanaglorian de ser, por ejemplo, el espíritu superior que hizo posible el Estadio Nacional, mientras al mismo tiempo hacen entrega del país, de sus riquezas materiales, marítimas, territoriales, biológicas, institucionales y escénicas.
Estos personajes se sirven de algunos abogados en cuyos protocolos se consagra la venta del país. En ellos se expropian los litorales, las riquezas minerales del subsuelo y algunas instituciones. Sus bufetes son la llave de oro del capital transnacional y centroamericano, este mismo, acostumbrado a amasar sus fortunas sobre los cadáveres de miles de jóvenes estudiantes, obreros, sindicalistas e intelectuales, en esa “cintura de los dolores”, como llamó Neruda a Centroamérica.
Quizás algún día podamos gastar algunos colones, no en la manipulación originada en propaganda vacía, sino en fortalecer la conciencia cívica de todos, con la celebración de las efemérides de esas grandes obras que sí pueden, legítimamente, llenarnos de orgullo: el sistema hospitalario nacional, los centenares de escuelas públicas y colegios de segunda enseñanza, el desarrollo del sistema bancario nacional, las represas del ICE, el puente sobre el Río Grande, la red de carreteras que otrora construyera el MOPT, el fenecido ferrocarril interoceánico, el subastado INS, la cada vez más endeble CCSS, la Universidad de Costa Rica, por hablar sólo de obras materiales, pero levantadas con el sudor del trabajo material e intelectual de miles de obreros y constructores costarricenses.
Es hora de despertar; de comprender que las fuerzas que aspiran a perpetuar la “dictadura el democracia”, solo pueden ser enfrentadas y derrotadas con la unidad de todas las clases sociales y corrientes filosóficas, dispuestas a levantar el orgullo nacional, a defender nuestras conquistas históricas y a comprender que el destino de la Patria solo depende de nosotros mismos.



Se dice “patentes de invención”, no de inversión
¡Que vien corector de pruhevas gratis! Grasias por tomárte el tienpo de analisar el contenido Mau.
Estoy de acuerdo yo no entiendo como hay orgullo en algo que nos regalan como mendigos, podríamos pagarlo por lo menos en pagos al gobierno de china y ser decentes la verdad, lo de Oscar Arias diah es lo menos que podía esperar, echándose flores como siempre.
Como es que aquí no podemos hacer un estadio, acaso no contamos con ingenieros, arquitectos y profesionales de primer nivel. En china ellos hacen sus propios edificios concesionarios locales y mano de obra de ese país, parece que somos unos inútiles que nos comprar fácilmente que pena