Nacionales

Secretos y secreciones de Estado

Por: Editorial (Revista Paquidermo)
Artículo publicado en Amauta con permiso de Revista Paquidermo
Fuente: Revista Paquidermo

Publicado el: Martes, 15 de marzo del 2011

“…el discurso no es simplemente aquello que
traduce las luchas o los sistemas de dominación,
sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha,
aquel poder del que quiere uno adueñarse.” M. Foucault

 

Silencio, la función está por comenzar. Por favor mantenga apagado durante todo momento el espíritu crítico, no vaya a ser que interrumpa a los espectadores.Todo lo que decimos es a su vez todo lo que callamos. Wikileaks es un grupo que se encarga de recibir y divulgar información secreta, que nunca debió ver la luz pública, al tiempo que intenta proteger sus fuentes. Es la apertura de un secreto que requiere la creación de otro.

Secreto no es lo que nadie sabe, sino lo que saben unos pocos. Es una exclusión selectiva de la información, de sus poseedores. Tienen un doble carácter in/comunicativo los secretos: por una parte mantienen la comunicación de un mensaje entre algunos, y por la otra, excluyen al resto. Yanancy Noguera piensa que el periodismo consiste en revelar secretos, y que eso es lo que hace La Nación.

Lo paradójico es que la revelación de un secreto no necesariamente elimina la incomunicación que buscaba. El efecto que tenga la revelación de un secreto, por más tóxico que sea, depende de la administración del discurso, de su control, de los mecanismos de exclusión que haya sobre los temas y los interlocutores.

En este país existe una dramática concentración discursiva, y por lo tanto de poder, con su correlativa exclusión de discursos alternativos. Lo cual se agrava si pensamos que no hay un solo medio de comunicación importante que tenga una oferta informativa distinta. Es la época del monopolio de la nota roja por parte de cuatro mega corporaciones mediáticas, el tiempo del tauroperiodismo.

En estos días La Nación sonó la campanita y tod@s acudimos corriendo a participar del espectáculo de los cables. Y aunque no podemos dejar de participar, no hay que olvidar que una vez más, son ellos quienes deciden el tema a discutir (aunque en esta ocasión estemos interesad@s ), el momento y sus interlocutores (normalmente los mismos viejos enquistados).

El control que ejercen sobre los discursos es tal, que pueden darse el lujo de la contradicción flagrante, sin que pase nada, editorializando un día que Wikileaks “atenta contra el funcionamiento normal de las relaciones internacionales, vitales para el progreso y la paz mundiales (LN, 05/01/2011), para luego explicarnos en su sección de investigación que publicarán los cables porque “La información y el libre pensamiento fortalecen la democracia. Esta es, nuevamente, nuestra guía de trabajo en el área informativa en torno a las revelaciones.” (LN 28/02/2011).

Pero las contradicciones no quedan ahí, porque además de lo que parecen ser pugnas internas, los de Llorente, que ahora nos vienen a dar lecciones de civismo y libre pensamiento, curiosamente se olvidan que ellos no fueron simples espectadores de lo sucedido durante el referendo, sino que por el contrario, fueron actores interesados… muy interesados. En uno de los propios cables podemos leer que, para la embajada estadounidense, una de las cinco claves de la victoria del Sí fue el empuje de último minuto de los medios de comunicación “(featuring the USG statements).

En pocas palabras, en manos de La Nación (o Teletica o Repretel), y sin redes discursivas alternativas capaces de reaccionar ante su “manejo informativo”, cualquier secreto puede ser revelado sin consecuencias, porque la incomunicación permanece. Son fugas inofensivas. Por supuesto que existen múltiples redes generadoras de discursos de oposición, algunas bastante exitosas en sus luchas, como las feministas, los movimientos LGTBI y los ambientalistas.  Sin embargo, carecemos de la articulación suficiente para darle ignición a esas fugas y que estallen como corresponde (como sí ocurrió con el memorándum durante el referendo, por ejemplo).

Por supuesto que ahora hay que hundir las narices en los cables e identificar los más pestilentes, pero sobre todo para elaborar discursos articulados de lo que eso significa, no simplemente para reaccionar ante la información que nos van soltando. Si no tenemos esto claro, podrá seguir saliendo toda la inmundicia de los Arias, la embajada estadounidense, el acoso en el Ministerio de Seguridad y cuanta porquería haya, sin que pase absolutamente nada. Si no elaboramos discursos articulados que desafíen a los dominantes, nuestros reclamos no pasarán de lloriqueos que, a lo sumo, interrumpen brevemente la función.

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