La Marcha del Orgullo de la Diversidad Sexual-26 de junio
Domingo 26 de junio de 2011. Se realiza en San José la llamada Marcha del Orgullo Gay, rebautizada en Costa Rica como Marcha del Orgullo GLBTI (gay, lésbica, bisexual, transgénero-travesti-transexual, intersexual). Tremenda y confusa sopa de letras. Digamos tan solo que fue la marcha del Orgullo de la Diversidad Sexual, si bien, y según los giros populares dominantes, bien se la pudo designar como la “Marcha de los Playos y las Tortilleras”. A mucho orgullo, ésa podría haber sido la designación elegida ya que, finalmente, incluso las peores ofensas dejan de serlo cuando quienes se suponían habrían de cargar con el insulto, se lo apropian y lo resignifican.
Notable coincidencia: ese mismo día eran las celebraciones del Corpus Cristi por parte de la Iglesia Católica. El detalle no es inocente, ya que un permiso solicitado y concedido con varios meses de anticipación para realizar la marcha fue revocado a favor de la solicitud de permiso, formulada a última hora, por la iglesia. Se cuidó de que no se hiciera público el detallito, de modo que, no obstante los solemnes actos litúrgicos del catolicismo institucional, la marcha se realizó. Ante la evidencia de lo inevitable, y frente al acto de flagrante, aunque pacífica, desobediencia civil por parte de locas y marimachos, las autoridades cursaron atenta solicitud en el sentido de que se cuidase de no arribar al Parque Central hasta no ser las cuatro de la tarde, a fin de dar tiempo a la conclusión de los ritos religiosos. El olor de santidad que rodeaba las inmediaciones del Parque Central no debía sufrir la invasión del tufo a azufre de la perversión.
Y así se hizo: de la estatua de León Cortés en la Sabana se partió a eso de las 12:30 o poco antes y al Parque Central recién se llegó sobre las diez y seis horas y tanto.
Sintomático y simbólico. Fue un día en que, de forma indirecta pero muy real, se enfrentaron dos fuerzas enemistadas de forma radical. De un lado, el catolicismo institucionalizado y jerárquico, inflexible guardián de una moral sexual que, de tan obsoleta, ha devenido violencia flagrante sobre la vida de millones de seres humanos de carne y hueso, incluso personas no católicas. Del otro, los movimientos de la diversidad sexual que, incluso sin proponérselo, devienen punta de lanza de una revolución sexual de gran alcance.
En apariencia, los términos de la confrontación tendieron a saldarse según la vigente correlación de fuerzas y conforme a los prejuicios instalados en el sentido común dominante. Veamos. Para empezar, y tratándose de permisos, poco importaba que el de la marcha de la diversidad hubiese sido concedido mucho tiempo antes. Y si, a pesar de todo, la marcha se mantenía en pie, su ritmo debía de acomodarse a las exigencias de sus excelencias, los extravagantes travestidos a cargo del ritual católico.
Y, sin embargo, y al cabo, puede que el asunto haya sido justo a la inversa. Quiero decir, quizá las sotanas salieron gravemente maltrechas en este inusitado pugilato.
Primero, por la asistencia a la marcha, la cual fue mucho mayor de la que nadie esperaba. Que este colectivo humano, ferozmente estigmatizado y desde siempre condenado al silencio y la penumbra, saliera a la luz pública y se mostrara en su rica diversidad, conlleva un acto de transgresión que deja en mala posición el presunto poder de que presume estar investida la religiosidad conservadora, la cual resultó evidentemente incapaz de intimidar a esos centenares de personas sexualmente diversas que llenaron las calles de San José.
Segundo, porque este acto de transgresión se agrandó en virtud de que fue una celebración libérrima, no obstante haber sido pacífica y muy respetuosa. Ello quedó recogido principalmente en un detalle: la riqueza humana entre quienes desfilaron: travestis esplendorosas en sus trajes glamorosos; chicos de cuerpo atlético; lesbianas muy femeninas o muy masculinas; gais amanerados y machoncitos, osos o lampiños, muy jóvenes o ya veteranos, etc. E incluso personas bisexuales visibilizadas en cuanto tales. Y las canciones y el baile y el show. Tanto colorido y alegría resultan subversivas frente a la cansina uniformidad de las celebraciones obispales y su ritual mecánico y previsible.
Tercero, por la solidaridad activa que alguna gente heterosexual expresó mediante su presencia en la marcha. Nada tan significativo como la señora y su hijo, cada quien con un cartelito pegado al pecho. El de ella: “mamá de gay”. El de él: “hermano de gay” ¿podría haber algo peor para el oscurantismo religioso que ver a la familia apoyar abiertamente a quienes, según el decir de esa misma religión, se suponen son los grandes enemigos y los implacables destructores de tal familia? Y durante todo el desfile vi a una señora bastante mayor, agarrada firmemente de la mano de una persona transgénero, alta, espigada y espléndida. A su lado la señora parecía decir: es mi hija y la amo.
Cuarto, por la actitud de la gente a lo largo del trayecto de la marcha. En la mayoría de los casos fue de curiosidad, pero, y en todo caso, una curiosidad respetuosa. No hubo ninguna expresión de violencia, al margen de que seguramente hubo cuchicheos. Lo más importante es que se dieron diversas manifestaciones de apoyo. Recuerdo una en particular: un automóvil que, al paso de la marcha, quedó pegado en un cruce poco antes de llegar al Hospital de Niños. Desde su interior una señora de blanca cabellera saludaba puño en alto y con amplia y luminosa sonrisa en su rostro. Semejantes expresiones de apoyo habrían seguramente escandalizado a cualquier miembro de la Conferencia Episcopal.
Un detalle que no debe pasar inadvertido: la diversidad sexual se manifestó sin recibir solidaridad explícita de ninguna –subrayo: ninguna- fuerza o movimiento social o político de los llamados progresistas. Reitero: que esto no pase inadvertido.
Una propuesta para el futuro: que la próxima marcha –que seguramente será mucho más grande- incorpore el elemento político y de educación cívica de forma explícita, en cuidadoso e inteligente equilibrio con la fiesta, la alegría y el colorido.


