Miércoles, 24 de agosto del 2011Música

Arch Enemy: Khaos Legions
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Arch Enemy: Khaos Legions

Por: JuanPablo Morales Trigueros
Sitio oficial de la banda: Arch Enemy

Arch Enemy suele considerarse una banda de death métal melódico. Es la etiqueta más obvia al escuchar la voz de Angela Gossow, pero no me parece adecuada. A mí criterio, Arch Enemy es una banda de heavy métal que implementa voz gutural, lo cual no es death métal. El heavy, el métal original por así decirlo, es brillante y fluido, recurre a guitarras armonizadas en octavas altas y a tempos compactos; el death, evolución natural del thrash, se caracteriza por los arreglos de guitarras densos y opacos, el (ab)uso de blastbeat y doble bombo, y la evidente voz gutural. Arch Enemy califica como heavy métal, exceptuando la voz, elemento que no considero suficiente para definir un género.

Sin embargo, dejando etiquetas de lado, es indudable que desde los atisbos de gran calidad que presentaron en sus tres primeros álbumes (con John Liiva en la voz), hasta ese parte aguas en su historia que es el Wages of sin (2001), Arch Enemy se perfiló como una banda original, con un sonido fresco que combina el peso del métal extremo con las melodías sutiles y delicadas del no tan extremo. Lograr esa combinación fuera de los parámetros del death métal es el gran logro de Arch Enemy, el fundamento de su originalidad. Una vez leí en una reseña sobre la banda que su sonido “es hermoso y es horrible”. Me gustaría recordar el nombre del reseñista, porque dio justamente en el clavo.

Tras el Wages of sin, la banda publicó discos cada vez mejores. Anthems of rebellion (2003) fue un digno sucesor en el que se reafirmaba ese sonido tenso y a la vez provocativo basado en el sonido estridente, áspero y contundente de las guitarras de los hermanos Amott, marca de autor definitiva del grupo. Doomsday machine (2005) significó una intensificación en los tempos, una dosis adicional de caos en los fraseos de los Amott, siempre respaldados por esa demoledora base rítmica que brindan Sharlee D’Angelo (bajista no muy notorio pero cumplidor) y Danield Erlandsson (que señor baterista, por todos los diablos), por no mencionar la rotunda voz de Angela, que escupe las palabras a borbotones. Pero Rise of the tyrant (2007) es el disco en que Arch Enemy demuestra una madurez absoluta en la composición y la ejecución de su música, la cual sigue desbordándose de creatividad y picardía al proponer riffs prácticamente imposibles de tararear, pero sin desbordarse en un caos deforme que no llevaría a ninguna parte.

Me detuve unas líneas en cada disco porque me parece pertinente hacerlo a la hora de abordar este (al menos por mí) tan esperado Khaos Legions (2011) . El disco tiene todas las marcas posibles del sonido Arch Enemy: contundencia rítmica, intensidad melódica, precisión armónica y fluidez en la composición. Es un disco que se disfruta, que lleva indefectiblemente al escucha a mover la cabeza de arriba abajo, atrapándolo en su entramado sonoro y emocionándolo mediante momentos de gran acabado melódico. La producción es por demás impecable, como es usual en la banda, y las ejecuciones instrumentales, aunque todos sabemos que el estudio hace milagros, son excelentes.

Sin embargo, el problema es, curiosamente, que el disco se queda sólo en eso. Es Arch Enemy, sí, tocando magistralmente, sí, proponiendo música interesante y agradando mucho al oído, sí, pero lo que falta es ese crecimiento disco a disco al que la banda nos tenía acostumbrados hasta ahora. Si tuviera que definir en una palabra las carencias del disco, esta sería “peso”. Hace falta esa velocidad arrolladora en las guitarras y en el tempo general de las canciones, la agresividad intimidante que muestran sus anteriores trabajos.

En sus diferentes discos, Arch Enemy incluye algunas canciones lentas y muy melódicas que brindan una especie de descanso de la euforia frenética que domina el resto; se podría decir que son baladas para los estándares de la banda. Sin embargo, en el Khaos Legions es al revés: la mayoría de las canciones corren a un tempo medio y son pocas las piezas donde la batería realmente se acelera, como es el caso de “Cruelty without beauty”, que empieza tranquila y va subiendo las revoluciones hasta desatarse en un blastbeat huracanado en perfecta sincronía con las guitarras. Me parece que esta canción, así como “Cult of chaos” y “Yesterday is dead and gone”, es de las que mejor se ajustan al nivel mostrado generalmente por la agrupación, mientras que otras como “Bloodstained cross”, “No gods no masters”, “Secrets” y “Under black flags we march” representan esa disminución de intensidad que, si bien convenía en los discos anteriores, en este predomina, volviendo la experiencia de escucha un tanto monótona y predecible.

Punto aparte merecen los diversos interludios instrumentales desperdigados a lo largo del disco: “Khaos overture”, “We are a godless entity”, “Turn to dust” y “Snow bound”, piezas cortas con predominio de las guitarras acústicas y eléctricas. Esta idea me parece genial puesto que, por un lado, demuestra aún más versatilidad en una banda que, como dije antes, se caracteriza por la armonización exitosa de elementos disímiles; por otro, permite una construcción estructural interesante, ya que cada interludio sirve de introducción a una pieza de duración normal. Sin embargo, en un disco con mayoría de canciones a medio tempo estas transiciones representan  una disminución aún más notable en la agresividad.

A nivel lírico, Arch Enemy propone sus temas de siempre: rebelión, anarquía, irreverencia religiosa y desprecio por la represión. Desde la intencionada falta ortográfica del título (chaos con ‘k’) se nota la intención de la banda por enmarcarse ideológicamente con el punk y tendencias afines que tratan esos mismos temas; el problema es que Arch Enemy no sale de ahí. Es del tipo de banda que habla siempre de lo mismo, por lo que uno termina por obviar las letras y atender sólo a la música.

En general, el disco me convence pero me parece que representa el final de la racha de un disco mejor que el otro que había mantenido el grupo desde el mítico Wages of sin de hace diez años, lo cual no significa que Arch Enemy esté pasando un mal momento. Toda banda alcanza su tope creativo para luego experimentar y trabajar sobre su propio sonido, lo cual me parece que le está pasando a estos suecos. De momento el experimento genera buenos resultados, si bien carentes de un poco de la fuerza y la consistencia de antes. Esperemos que no sea el principio del fin de la banda, que debería aún tener mucho que dar.

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Comentarios

comments

  • Buena reseña. Concuerdo en que el grupo no es death, sino heavy. No lo conocía, y si no me avisan, no me doy cuenta de que canta una mujer.

    Saludos

  • Creo que JuanPablo la pego con lo del heavy. Tengo que admitir que me cuadra la banda. El problema de este disco en especifico es que es demasiado largo para la cantidad de piezas a “medio tiempo” que trae, aparte del poco rango que doña Angela ha ido demostrando con cada disco… se comiensa a extrañar a Liiva.

  • Mae el asunto de Angela me faltó mencionarlo más en el texto, ahora que lo señalás. Para mí no la supera Liiva, jamás, y la banda alcanzó con ella niveles que en los tres primeros discos ni se vislumbraban, pero es un hecho que otra de las carencias de este disco es la monotonía de la voz, o cuando menos que no es tan brutal como en el Rise of the tyrant. Aquel “REMEMBER!!!” de Blood on your hands hasta que me da escalofríos, y aquí no hay nada de eso.

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