Se ha vuelto común el acusar a los republicanos en Estados Unidos de basar sus conclusiones y propuestas en “ideología” y no en “ciencia”. Para ser más explícitos, algunos hablan de la falta de uso de los “conceptos, leyes y fundamentos económicos, descritos desde la época de los romanos hasta hoy a través de los expertos en macroeconomía” (“Literacia Económica”, José M. Toral, El Nuevo Día, julio, 2011). Esta caracterización poco histórica del desarrollo de la disciplina y de las particularidades del capitalismo en relación a otros modos de producción no es muy lejana de la postura ideológica que se le atribuye a los conservadores. Y es que no se reconoce que la economía no se refiere al estudio de la producción y distribución en general, como es implícito en las maneras en que se enseña y define la disciplina en las universidades, sino a un determinado andamiaje de relaciones sociales donde la institución del trabajo asalariado y el incentivo de la ganancia, entre otros, son combinados con medios de producción que trabajan como capital en un sistema socio-económico particular.

Este sistema, al que llamamos capitalismo, lleva a unos resultados que son dignos de ser estudiados por la ciencia porque, como señalaría Aristóteles, son asombrosos y la ciencia comienza con la indagación de lo asombroso. Riqueza y miseria co-existiendo en unos niveles nunca antes vistos; miles sin hogar mirando al otro lado de la calle y viendo hogares desocupados; desempleados queriendo trabajar junto a equipos y maquinarias que se están enmoheciendo por la falta de uso.
En fin, la lógica de un sistema cuya meta es la ganancia, contiene una serie de contradicciones — raras veces estudiadas por la disciplina económica— que llevan a resultados asombrosos como el que la gente se pueda morir de hambre porque hay mucha comida (en esta línea, recuerden la historia del niño polaco que le pide a su madre que encienda la estufa porque hace mucho frío. La madre responde “No puedo porque falta carbón” y el niño le pregunta, “¿porqué falta carbón?”. Su madre le dice que su padre no cobró el jornal porque lo despidieron de la mina. Finalmente a la pregunta de porqué lo despidieron de la mina, la madre responde “porque hay demasiado carbón”). Y peor aún, todos estos resultados son recurrentes una y otra vez con las sacudidas de un sistema inherentemente inestable.
Ahora bien, los que atacan a los republicanos por basarse en ideología en la discusión de temas referentes al presupuesto y los límites de la deuda (“debt ceiling”) presentan a los literatos de la economía, en especial los que trabajan la macroeconomía, como los guías en estos momentos de crisis y confusión. Estos literatos nos dicen que es necesario el gasto gubernamental financeado con deuda para poder financear políticas económicas anti-cíclicas. En términos generales, se supone que conocen los botones que hay que oprimir y las palancas que hay que jalar para no solamente suavizar el ciclo económico, sino eliminarlo completamente, resultados que la historia pone en entre-dicho.
En realidad las políticas de regulación, control y gasto que nos proponen los literatos sirven más que nada como muletas para ayudar al capital cuando se sobre-extiende en su irracionalidad (una pregunta interesante y relacionada es ¿quienes pueden comprar la deuda que emite el gobierno, la misma que le generaría un ingreso al comprador vía la tasa de interés que hay que pagar por el préstamo?- que nadie dude que, aparte de otras naciones, son las corporaciones y los ricos los que pueden). Al final, las intervenciones “no-ideológicas” de estos literatos buscan reavivar unas dinámicas inherentemente inestables de un sistema que tiene como propiedad genética el tratar de remover obstáculos— entiéndase los mismos controles y regulaciones— siguiendo la lógica de buscar más y más ganancias. Y es que al final, la disciplina económica, sea en su versión neoclásica o en la versión keynesiana de los literatos de la macroeconomía es producto e ideología del capitalismo. El bienestar de las masas siempre está sujeto a las necesidades de un capital que no puede ser domesticado.
Ian J. Seda Irizarry es candidato al PhD e Instructor en economía de la Universidad de Massachusetts en Amherst.
