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San José, el ejecutivo

Por: Andrea Oryza

Publicado el: Miércoles, 16 de noviembre del 2011

La soledad es como una serpiente, si se deja crecer, si se alimenta y se fortalece, puede alcanzar dimensiones espeluznantes. Hay ciudades donde esta enorme serpiente, que ha crecido a vista y paciencia de sus pobladores, se pasea sigilosamente y se reproduce  día con día deslizándose por entre las puertas de las casas. San José es una de esas ciudades. San José, con todos los santos que la rodean.

Todos esos pueblos del area metropolitana, que tienen pretensión de desarrollo, en donde se multuplican los carros y los moles como una epidemia de roedores, todos esos santos con pensamiento pueblerino pero vestidos de ejecutivos, albergan en sus hogares el tránsito serpentario de la soledad.

(Arte: Debra Hurd)

Con el pretexto de un dios caduco en el corazón, los ciudadanos se cierran la puerta unos a otros en cuanto la noche se tiñe de ansiedad. Ese momento de desasociego, en el que los pesares de la vida se transforman en insomnio, ese momento de repensar el día desde toda su abrumadora realidad, en ese momento se cierran las puertas de las casas, de los restaurantes, hasta de los bares. Once de la noche y las calles de la ciudad más poblada están desiertas, ni qué decir de las aceras. Claro está que hay pretextos: los criminales, los conductores ebrios, el sereno y la escuela de los hijos. Todos pretextos para cerrar la puerta y sumergirse en el insomnio, en la pornografía por internet o en el facebook a cambiar de foto una y otra vez.

Del contacto humano muy poco, o mejor dicho nada.  La serpiente de la soledad se alimenta de ese insomnio beato que hace sentir seguros a los ticos.

Pero no sólo de eso se engorda a la soledad del citadino costarricense. También se alimenta de la ausencia de solidaridad real.  Porque falsas trazas de pensamiento sodidario hay muchas: los reality shows se encargan muy bien de dar consuelo a este peso de conciencia. No sin enormes beneficios económicos para algunos beneméritos empresarios, la tele nos muestra la miseria descomunal de algunos costarricenses (casos aislados que no representan nuestra realidad) y nos invita a dar el cinquito (literalmente) para erradicarlos por amor a Dios.  Basta una llamada y somos un pueblo organizado y colaborador. Así se logra la farsa del tico solidario. Pero es la misma falsedad que reporta el bonachón San José, vestido de alto ejecutivo.

La verdadera solidaridad del tico se manifiesta en otros aspectos. Basta con salir en carro cualquier día en horas pico, no hay quien se salve de  llegar a su destino moralmente agredido. Y si se pone malcriado, puede que ni logre llegar a su destino.

Y es que esta soledad intrínseca se va agrandando y se va convirtiendo a cuenta gotas en ira colectiva. Una ira de todos contra todos. Ah, pero con buen modo y sin ejércitos, por favor.

La mayor alegría del tico es encontrar un buen chivo expiatorio para descargar esta rabia acumulada. Y aún más es la algarabía cuando éste chivo expiatorio es extranjero: se puede volver una verdadera fiesta nacional que los honrados perros de un buen ciudadano  de Cartago  devoren a un nica ladrón y drogadicto.

Esa es la verdadera solidaridad tica, la de quien ve con ojos recelosos al vecino que se supera. La del pueblo que ignora a sus propios artistas porque son mucho más importantes los otros, los de afuera: las Gagas y las Jolis merecen toda la gloria, pero las ticas, en los aires creativos de aquellas dos, no pasaríamos de ridículas y robamaridos. Hasta ahí.

Es éste el egoísmo que nutre la corrupción: en puestos de gobierno el tico no piensa en la colectividad, piensa en su familia, en su futuro y en su casita o su finquita. ¿De dónde va a salir el pensamiento en colectivo si el tico vive “cada uno en su casa y Dios en la de todos!”? Tan claro está el dicho en el pensamiento colectivo, que nuestro estado sigue siendo católico, apostólico, romano y a estas alturas del partido se opone al proceso de fertilización in vitro!  ¿Y dónde está el pueblo que defiende el derecho de tantos padres a tener hijos? Aún siendo la reproducción un derecho inalienable del ser humano, una pulsión de la raza por subsistir, todos callamos en nombre de algo que podría desestabilizar nuestra moral religiosa. Esa es la solidaridad del tico. Esa misma que ignora las luchas y las manifestaciones de los grupos ambientalistas por preservar la mayor riqueza de este país: su recurso natural. Es mejor pensar que el petróleo es desarrollo, sin saber ni qué se está diciendo, con tal de no hacer broncas.

Es así como va engordando la serpiente de la soledad, a base de egoísmo, temores beatos y ausencia de solidaridad. Y es una serpiente que traga. Se ha tragado a grandes artistas como Yolanda Oreamuno y Virginia Gruter, mujeres de visión sin fronteras que terminaron en el olvido y la soledad, después de dar su vida a la causa del arte.

Pero ¿a cuántos más devora todos los días simplemente por pensar diferente, por no actuar desde el temor conformista o por mirar el mundo desde su fuerza creativa?

Comentarios

comments

  • Excelente Andrea! Me hicistes pensar y ahora me tocara esperarme por lo menos un mes para cambiar mi foto de perfil en facebook!
    A Costa Rica le hace falta explorar lo que es tener cultura nocturna de eso no hay duda, esa mentalidad de pueblo ya nos queda muy corta, de pueblo individualista e hipocrita; pero tranquila que de una u otra manera lograremos matar a esa serpiente.

  • woo tekh makassar

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