Colaboraciones, Principal

En el 2012: más ruido en las aulas por favor!

Por: Andrea Oryza
Actriz y educadora artística.

Publicado el: Domingo, 5 de febrero del 2012

Al que no tiene luz propia lo deslumbran los faroles… Una y otra vez nos repetía su refrán el maestro de música cuando nos encontraba imitando como loras al cantante de moda, carentes de imaginación para inventar una melodía nueva en su clase. El que no tiene luz propia… en la clase de música era el que no hace nada, el que siempre obedece sin cuestionar, el que ni se siente en el aula, el que no opina ni toma partido, el que no se opone nunca ni se arriesga, el que saca buenas notas y seguramente lleva cien en conducta… ¿A caso no es ese el alumno perfecto para muchos profesores, para muchos padres y madres? En cambio, frecuentemente se castiga y sataniza al rebelde, al que piensa diferente, al que cuestiona, no está de acuerdo, al respondón y parlanchín, al que hace ruido… al que tiene luz propia.
Pero ese “rebelde”, el hoyo de queque como dicen popularmente, ese que brilla con una luz particular, ¿será realmente digno de ser castigado y expulsado de la clase de sociales o de español?

En el recuento etimológico realizado por Julia Kristeva, la palabra rebeldía nos orienta en primera instancia al movimiento, específicamente a un movimiento circular a partir del verbo latín volvere “curva” “entorno” “vuelta” “retorno”(1).
La rebeldía, entendida como un motor que moviliza conocimientos, o como un eje sobre el cual circulan los diversos aprendizajes, es un enfoque que va mucho más allá del típico concepto de rechazo a la autoridad. La rebeldía, vista como esa manifestación berrinchosa en contra de cualquier imagen autoritaria, ha generado en los sistemas educativos grandes lagunas y desviaciones en cuanto a lo que se puede o no considerar forma de aprendizaje. Los maestros suelen catalogar la rebeldía desde la simple oposición, olvidando que el mayor aprendizaje es aquel que se moviliza por los sentidos y la razón, muchas veces a través del cuestionamiento. Satanizar la rebeldía entre los estudiantes, propicia el temor a pensar distinto, y promueve el aletargamiento, coartando la formación de personas creativas y emprendedoras.

Sin embargo, como educadora sé que es difícil lidiar con la diversidad de reacciones y oposiciones que existen en un grupo de hasta veinticinco estudiantes. ¿Cómo propiciar en la cotidianeidad de la clase que cada estudiante valore su propia rebeldía como forma de aprendizaje? No puedo imaginar una receta para eso. Pero, desde mi experiencia en educación artística, he seleccionado tres palabras que considero indispensables en el buen ejercicio del currículum escolar: Creatividad, Problema y Colectivo.

La palabra creatividad me encanta porque es el elemento fundamental de todo el quehacer tanto artístico como educativo en general. Lleva en su interior la palabra CREAR. El término en latín “creo”, que significa producir y engendrar, significa también, nombrar. Además está relacionado con otro término en latín: “crepo” que significa resonar, hacer ruido, crujir o rechinar. Crear y hacer ruido, ligados etimológicamente nos dan una pista de la forma en que se puede manifestar la creatividad como herramienta potencial de aprendizaje. Podríamos decir que al crear se genera un crujir de algo que se rompe, como un cascarón que se abre. Para crear hay que romper con el cascarón de la obediencia ciega y creer que uno puede pensar las cosas desde otra perspectiva, incluso desde la rebeldía (movilizar el conocimiento). A partir de esta premisa, los maestros deberían propiciar el ruido en sus aulas.

Crear se parece también a crecer: los niños no paran de crecer porque están siempre creando. Inventar, jugar, imaginar, soñar despierto, combinar lo que a nadie se le ocurre: esto es lo que hacen siempre los niños. Los adultos tenemos un gran problema, hemos dejado de crecer para seguir patrones de conducta mercantilizados y automatizados. Pienso que la educación (en cualquier materia), en lugar de coartar la creatividad, debe potenciarla dejando a los estudiantes crecer a partir de crear (crujir, romper el cascarón).

En el caso de la palabra Problema, me gusta porque es lo que genera los conflictos y las crisis que nos llevan a madurar. Creo que es a partir de la solución exitosa de problemas que se logra avanzar hacia niveles superiores de competitividad. Todo trabajo creativo, o más bien, todo trabajo en general, está compuesto de problemas pequeños o grandes, que hay que solucionar sin ahogarse en un vaso de agua. Sólo así el artista puede terminar su obra: venciendo los obstáculos que ella le presenta en el proceso. Precisamente, la palabra problema y la palabra proceso parecen estar emparentadas: todo proceso implica la capacidad de irse sobreponiendo a los múltiples conflictos que conlleva conseguir un objetivo determinado.
Las dos palabras anteriores tienen una hermosa combinación que es muy importante en los procesos educativos: es indispensable que los estudiantes aprendan a solucionar los problemas creativamente, es decir, sin miedo a romper patrones establecidos.

La palabra Colectiva es, por su parte, crucial. Entender que varias cabezas y varios corazones son mucho más poderosos que uno solo, es una noción difícil de asimilar, aunque parezca elemental. En efecto vivimos en una sociedad que fomenta el individualismo, el caudillismo y el éxito personal como valores primordiales del desempeño social. No se nos enseña a trabajar y pensar en equipo, sino a ser intolerantes con los que nos rodean. Pero hay algo que es irrefutable: la posibilidad de obtener éxito en cualquier proyecto se multiplica significativamente al abordarlo en colectivo. Para ello es indispensable entender la diversidad de las perspectivas humanas y aprender a comunicarse. Sólo la solidaridad como principio puede asegurar el éxito de los trabajos en colectivo.

Desde mi práctica he comprobado que fomentar el aprendizaje por proyectos les permite a los estudiantes un nivel de autogestión muy importante pues ellos mismos se evalúan. El hecho de que a manera de grupo, tomen las riendas de algún proyecto que vaya más allá del aula, les hace apropiarse de esa sensación de responsabilidad inevitable. Alcanzar el objetivo de manera integrada y estructurada, se convierte en una tarea mucho más sencilla cuando hay implicados elementos de importancia para ellos mismos.

Si tomamos y juntamos las tres palabras analizadas anteriormente podemos encontrar una fórmula muy sencilla para iniciar cualquier proyecto educativo, artístico o no: debemos propiciar el trabajo en colectivo para la solución de problemas con creatividad.

(1) Kristeva J. “Sentido y sin sentido de la rebeldía” 1999

Opiniones

1 comentario

  1. Sin duda la creatividad se ve cada día mas relegada a planos lejanos de nuestro interés diario, motivo por el cuál cada vez somos mas dependientes, simples y vacíos. El problema mi querida amiga como muy bien lo expones no son los niños o las niñas sino más bien desde mi punto de vista los “profesionales” que están a cargo de propiciar estos espacios de creatividad colectiva; los adultos que en lugar de incentivar el descubrimiento de capacidades, intereses y motivaciones en los y las estudiantes, se las niegan. Es por esto que deberíamos preocuparnos mucho más en la capacitación de los y las docentes en temas como creatividad, motivación,y trabajo colectivo para poder activar esa rebeldía movilizadora y generadora de arte, alma y vida en nuestros amados y amadas estudiantes…


Opine sobre este articulo

Publique su comentario

Viernes, 18 de mayo del 2012
Estamos de vuelta con charlas en amauta; en esta ocasión tratamos 2 temas que logran de una u otra manera entrelazarse en nuestras realidades. La increíble oleada de corrupción...
Encuestas
    • ¿Contamos en Costa Rica con suficientes medios de comunicación fiables?

      Loading ... Loading ...
  • Unasenos