
Graffiti de Oscar Arias (Foto tomada por: andresmh / flickr)
El pasado 28/07/2012 en la Asamblea Nacional del PLN el ex presidente de la República en dos ocasiones, el Dr. Oscar Arias Sánchez, pronunció una frase que debe de generar escalofríos tanto dentro como fuera de los círculos liberacionistas: “Liberación Nacional es el único partido político que tiene Costa Rica”.
Esta aseveración relativamente cierta, sobre todo desde un punto de vista de estructura y organización, debe de hacernos reflexionar profundamente sobre el futuro de nuestra democracia.
Estamos a 18 meses de contar con nuevos inquilinos en Zapote y hay que admitir con realismo que el PLN, por las más diversas razones de orden económico, coyuntural, estructural y clientelar, parte por encima del resto de fuerzas políticas.
Lo anterior hace vaticinar que quien logre triunfar en la convención interna verdiblanca, muy probablemente también resultará electo meses después como Presidente de la República, lo que agregará un carácter caníbal en dicha contienda. La oposición, meses después de la elección, podría sacar provecho de ello.
Pero si se trata de realismo, los liberacionistas deben admitir que mucho de su éxito en los últimos años no es debido a destreza o capacidad propia, sino a la ausencia de liderazgos claros en las fuerzas de oposición, lo que se ha traducido en una enorme atomización, manifiesta en un sobre poblado sistema de partidos colmado de agrupaciones con nulas o muy endebles estructuras internas.
Ante este panorama de predominio del PLN surgen inmediatamente críticas y temores, algunos validos pero prematuros, como que nuestro sistema de partidos se podría encaminar hacia uno de partido predominante en el Poder Ejecutivo, es decir, en el que existe más de un agrupación pero la rotación o alternancia en el poder no ocurre en realidad.
Asimismo los más críticos realizan comparaciones absurdas entre los posibles 12 años que alcanzaría el PLN en el poder y los 71 años que estuvo el PRI, todo esto producto de un adelantado derrotismo, en el que desde ya vislumbran con pesar un tercer gobierno liberacionista consecutivo, algo que hasta la fecha ningún partido ha logrado en nuestra historia reciente.
Esta arrogancia en las filas verdiblancas alimentada principalmente por el derrotismo de la oposición y la ingenuidad de algunos de sus partidarios, quienes sostienen que el PLN cuenta con un buen estado de salud —comparado con los demás ¡Claro está!—, puede estarle pasando una cara factura actualmente a este agrupación que, bajo un estado de confort, por la inexistencia de una oposición fuerte, continúa descuidando la oferta política electoral que presenta a los costarricenses.
Por otra parte, los liberacionistas todavía embriagados de poder, tampoco parecen estar considerando que entre más permanezca esta agrupación en el gobierno, mucho más fuerte será su desgaste. Esto podría conducirles a la derrota, de la cual será difícil que se puedan reponer, dado que la renovación de sus cuadros no ha sido la idónea y no se visualizan muchas figuras de peso que pudieran revivir dicho partido como ocurrió con el mismo Oscar Arias en el 2005.
Es urgente reformar las reglas electorales vigentes en materia de financiamiento partidario, en ellas se encuentran importantes obstáculos como desequilibrios para la real y efectiva competencia entre todos los partidos políticos, de no hacerlo seguiremos con campañas políticas entre burro amarrado contra tigre suelto. ¡Un verdadero demócrata, si no tiene oposición, debe crearla!






