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La Mamología

Por: Laura Flores
Artículo publicado en Amauta con permiso de Revista Paquidermo
Fuente: Revista Paquidermo

Publicado el: Viernes, 13 de julio del 2012

Curso teórico práctico para políticos consumados o aspirantes a curules legislativas (escrito por el excelentísimo y hasta hace algunos años ignoradísimo caricaturista costarricense José María Figueroa Oreamuno, y traído a colación por mi persona en épocas de trochas infames, huecos inefables y ministros sin Procesar).

“El desguace de la infelis República por los liverales de nombre”

“La Mamología

POEMA ÉPICO DIDÁCTICO

Curso Teórico Práctico

DE

BRIBONERÍA

Escrito en griego y latín                                                    Con críticas filológicas

Por un cónclave de teólogos                                            Con diálogos y Mamólogos

Y vertido al Malespín                                                        Con notas etimológicas

Por un claustro de Mamólogos                                       Epílogo y tres apólogos”

(Figuras y Figurones, 2010, p.165)

 

Empieza, de ese modo, el Manual de Mamología, poema satírico escrito por José María Figueroa Oreamuno (1820-1900), el talentoso caricaturista que a pesar de haber nacido en Alajuela, terminó viviendo toda su vida en Cartago y, dato insólito, logró sobrevivir a semejante agravio del Destino.

¿Vocación de mártir? Quizás.

En lo personal, tiendo a pensar que el ambiente enrarecido y el oscurantismo religioso de Cartago estuvieron directamente relacionados con la profusa obra satírica que, a la vuelta de más de cien años, sigue siendo asombrosamente contemporánea y aplicable al contexto de huecos, trochas y demás prodigios de esta época que nos ha tocado vivir.

Parece que la risa fue su antídoto para sobrevivir, no solo a Cartago, sino a su época y a sí mismo. Reírse de todo y de todos; reírse del conservadurismo hipócrita y de la corrupción inherente al poder. Satirizar a las clases gobernantes, al aparato clerical y a la sociedad costa-risense –tal como solía llamarla en sus textos– fue la constante en gran parte de su obra.

Las caricaturas de Figueroa Oreamuno, más allá de todo su valor histórico, tienen un gran peso político, simbólico y discursivo: constituyen una desmitificación de la idea de Nación que los liberales se esforzaban en validar. Sus libros Verde y Rojo, que en conjunto forman la compilación Figuras y Figurones (2010), bombardean los cimientos del proyecto liberal, desnudando, por un lado, la hipocresía, la voracidad y el cinismo de las clases gobernantes y, por otro lado, la pasividad enfermiza de la sociedad costarricense, que tolera a esos políticos-mamólogos, expertos en adular y hacer lo que sea para escalar y figurar en los puestos de poder.

En pocas palabras, mientras los liberales se esforzaban en construir un imaginario de orden, paz y progreso a través de festividades, monumentos, discursos, himnos y medidas políticas y económicas específicas, José María Oreamuno deconstruía ese imaginario a carcajada limpia, a través de sus caricaturas y sus textos satíricos.

Aproximarse a sus caricaturas desde esta época es reconocer que, lamentablemente, la República de Costa Rica, que Figueroa representó como una mujer permanentemente agredida por Tomás Guardia y sus ministros, sigue siendo violentada y saqueada sin reparo alguno, y que las grandes mayorías seguimos paralizadas por el individualismo y la estupidez. Considero, en ese sentido, que el artista alajuelense, quien catalogó el empréstito para la construcción del ferrocarril al Atlántico como la primera gran estafa al pueblo costa-risense (de un total de 3 400 000 libras esterlinas solamente llegaron al país poco más de 1 000 000 libras; el resto se esfumó en el pago de intermediarios, negociadores e intereses), probablemente no se sorprendería al ver que a pesar del tiempo transcurrido, la añeja tradición de robar no solo persiste, sino que se ha perfeccionado cada vez más hasta llegar a niveles que rozan el paroxismo.

“La Cantina Guvernativa”

Me atrevo a afirmar que el artista tampoco se sorprendería de ver que el pueblo que él mismo representó como un rebaño arrodillado y sin voz –a los pies de los liberales–, sigue postrado a los pies de los corruptos que elige como gobernantes cada cuatro años.

Quizás sin quererlo, Figueroa –el caricaturista– prefiguró las tortuosas vías por las cuales transitaría nuestra historia política. El sarcasmo con el que retrató a sus coetáneos –clérigos, políticos, masones, jesuitas, beatas cartaginesas, borrachos, médicos, abogados o damiselas encopetadas de la más rancia aristocracia cartaginesa–, puso en evidencia las contradicciones más profundas de esta Arcadia Pacífica y Feliz, y más aún, las fisuras y el doble discurso de la élite gobernante que reina en estas latitudes desde tiempos inmemoriales, y que cada cierto tiempo reencarna, para desgracia nuestra, en personajes detestables como Justo Orozco y Rodrigo Arias.

Figueroa, además de cartógrafo, explorador, etnógrafo y genealogista, no solamente es el primer caricaturista del que se tiene registro en la historia del humorismo gráfico costarricense, sino que fue el primero en ser encarcelado por sus dibujos, considerados por los tribunales cartagineses como una afrenta a la moral y a las buenas costumbres. Dicha situación, por cierto, le valió el honor de ser catalogado como el primer pornógrafo en la historia del país, un título que, a mi modo de ver, compensa dignamente el tardío benemeritazgo de las Ciencias, las Artes y las Letras que le otorgó el Plenario Legislativo en manos de Francisco Antonio Pacheco.

Lo anterior, lejos de ser un dato anecdótico, demuestra que el humor y la sátira están muy presentes en la génesis del territorio imaginado que ahora habitamos: Figueroa y muchos otros caricaturistas, cuya obra no suele ser analizada con el detenimiento que merece, han optado por desequilibrarlo todo a través del humor. Ese recurso, aparentemente inofensivo, permite destruir momentánea y simbólicamente lo establecido, y, en ocasiones,  postular e insinuar los caminos para construir una realidad-otra.

En definitiva, es curioso que la historia oficial de nuestro país siempre haya tenido un correlato satírico, pero que, a final de cuentas, esta voluntad de criticar y escarnecer no logre materializarse en proyectos políticos de oposición que logren dar un vuelco tangible y duradero a la política tradicional. Da la impresión de que en más de cien años Costa Rica no ha cambiado mucho, y que, en ese sentido, el Manual de Mamología fue y seguirá siendo, al menos en un futuro inmediato, el Credo de Bribonería de los grupos hegemónicos y el hueco en el que los costa-risenses seguimos cayendo una y otra vez.

“Los costarricenses rinden adoración a la libertad, encadenada y custodiada por un triumbirato de espadonas”

  • Jorge Alonso

    Dentro del estudio del apogeo del Estado Liberal Costarricense, esta referencia viene a ser una bocanada de aire fresco. De acuerdo al buscador del SINABI existe un compilado de la obra de Figueroa Oreamuno en :San José Fundación Escuela para Todos 2010 586 p. il., retrs., facsíms. 37 cm.Edición: 1a. ed..; la cual procederé a buscar.

Domingo, 12 de mayo del 2013
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