Uno de los principales recursos con los que cuenta Costa Rica es su impresionante biodiversidad tropical, que la constituye en uno de los países con mayor número de especies conocidas por kilómetro cuadrado. Sin embargo, en lugar de admirarnos por la belleza natural y la complejidad de nuestros ecosistemas para luego propiciar su estudio y observación responsables, tenemos la odiosa pretensión de ponerle -tan pronto como sea posible- un precio en dólares a toda esa riqueza natural. Tal vez peco de ingenuo, pero me gustaría pensar que existe un mejor modo de gestionar los recursos biológicos de nuestro país que no sea la mercantilización de la vida silvestre y su explotación como negocio privado.

(Arte: Christopher Griffin)
La rehabilitación de vida silvestre “rescatada”, así como el mantenimiento de aquellos animales que fueron decomisados, son los motivos por los que el MINAET los da en custodia a ciertos particulares con la capacidad de recibirlos y mantenerlos, pues de lo contrario, amenazan, habría que aplicar la eutanasia animal. A partir de allí, el sitio atraerá visitantes deseosos de ver especies que en condiciones naturales serían prácticamente inexistentes. Lamentablemente aquí aparece un valor agregado para cierto ecoturismo irresponsable, pues no sería de extrañar que se propicie la captura de individuos para ser exhibidos. Ante esta realidad salta inevitablemente la pregunta del buen inversionista: ¿Qué tan lucrativos resultan estos “refugios”? Trataremos de analizar algunos ejemplos de cómo operan estos Sitios de Manejo en la actualidad.
El complejo turístico “La Paz Waterfall Gardens”, ubicado en Cariblanco de Heredia, se promociona como parte de un Refugio Nacional de Vida Silvestre (RNVS). Pagando una entrada de cerca de 17.500 colones, se puede visitar el aviario, el ranario, el mariposario, el serpentario y la exhibición de monos. Lejos de ser “refugio” para estos animales, el sitio es un desfile de “flashazos” y una interminable marcha de ruidosos turistas. Visitar las jaulas con felinos silvestres tiene un costo de alrededor de 22.500 colones adicionales por una hora, o se puede disfrutar si se es huésped del exclusivo hotel “Peace Lodge” (entre 150 mil y 300 mil colones la noche). Insulta la inteligencia del visitante el no llamar las cosas por su nombre: “los Jardines de la Catarata de La Paz”, aunque suene a funeraria, es en realidad un zoológico que se promociona como “refugio”. ¿Será que encontraron la forma de disfrazar la exhibición de vida silvestre en cautiverio como protección de ésta?
Otro ejemplo es el RNVS Curú, en la Península de Nicoya, donde se alimenta a los animales silvestres diariamente a modo de atracción turística, práctica que la mayoría de centros “ecoturísticos” a lo largo del país realizan. Incluso existe el reporte acerca de la captura de una tortuga marina que fue dejada en una panga para ser exhibida junto a una caja con la leyenda “TIPS” (propinas). También puede resultar chocante el caso de la Fundación Santuario Silvestre de Osa, que opera en el golfo Dulce, donde el costo de entrada por la visita de dos horas es de aproximadamente 12.500 colones por persona. Se prohíbe la entrada de niños menores de 12 años por el riesgo de que la mona araña los ataque, pues a diferencia del resto de animales -que incluye otros monos, una martilla y un tolomuco- no está enjaulada. ¿Merecen los animales silvestres ser sometidos a estas condiciones?
El proyecto de Ley de Conservación de la Vida Silvestre que hace fila en la Asamblea Legislativa, subdivide los diversos Sitios de Manejo de vida silvestre en: zoológicos, zoocriaderos, centros de rescate, viveros, acuarios y jardines botánicos, entre otras denominaciones, con o sin fines comerciales. En el proyecto se define el “centro de rescate” como un Sitio de Manejo cuyo objetivo es rehabilitar vida silvestre que haya sido decomisada o entregada voluntariamente, para su recuperación y reinserción al medio natural, cuando lo amerite. Aquellos organismos cuya condición no permita su reinserción al medio natural serán depositados en Sitios de Manejo sin fines de lucro y que no están abiertos al público.
De acuerdo con el proyecto de ley, el Servicio Nacional de Vida Silvestre (SENAVIS) sería el ente estatal encargado de regular la caza, extracción, pesca, tenencia y la recolecta de vida silvestre. Dicho proyecto, planteado desde 2008 por Iniciativa Popular, menciona entre los factores que amenazan de algún modo la vida silvestre “la continua conversión de la fauna silvestre en mascotas y la eliminación de la fauna de nuestros bosques por la cacería descontrolada, actividades que a su vez generan tráfico y tenencia de vida silvestre a nivel nacional e internacional”. El Estado, a través del SENAVIS, regularía el comercio y el tráfico de vida silvestre, sus partes, productos y derivados (Art. 17). Además se prohibe la captura y manipulación con fines de atracción turística u otros usos no autorizados (Art. 18) y crea un Registro Nacional de Vida Silvestre (Art.19).
De aprobarse la nueva legislación, el aprovechamiento ilegal de vida silvestre se penaría con una multa de cinco a quince salarios base y con pena de prisión de seis meses a un año (Art. 85); con multa de 2 a 5 salarios base y pena de 2 a 4 meses de prisión a quien se encuentre culpable de tráfico de vida silvestre. En caso de que sean especies en peligro de extinción incluidas en CITES, la multa asciende a entre 10 y 50 salarios base y la pena sería de 4 a 8 meses (Art.87). La tenencia ilegal de vida silvestre sería sancionada con multa de tres a cinco salarios base y con el comiso de los especímenes producto de la infracción (Art. 103). El SENAVIS estaría en la facultad de revocar, suspender temporal o indefinidamente o cancelar los permisos o licencias a quien incumpliere con esta ley, su reglamento, las resoluciones administrativas o los términos establecidos en los permisos o licencias (Art. 107).
En conclusión, resulta necesario separar la gestión y conservación de los recursos biológicos de la irresponsable explotación de la misma con fines comerciales, o bien disfrazada de ecoturismo: es preciso denunciar esta última y eliminarla. El proyecto de Ley mencionado pareciera encaminarse en esta dirección y de aprobarse se constituiría en una herramienta sumamente valiosa para la protección de la vida silvestre. Pero, mientras se siga lucrando con la exhibición de fauna que por alguna razón fue extraída de su hábitat natural, seguirá cumpliéndose el dicho popular que titula este artículo y que bien retrata nuestra relación actual con la biodiversidad que nos rodea.
