Martes, 25 de diciembre del 2012Música

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Wintersun: Time I

Por: JuanPablo Morales Trigueros

Lo que más me gusta sentir ante una nueva banda es desconcierto. Que me desconcierte su virtuosismo, su emotividad, su innovación, su complejidad… eso es lo que más le pido a una banda al conocerla. Hace ocho años, cuando escuché Wintersun por primera vez, quedé efectivamente desconcertado. Y lo mejor fue que el desconcierto no paró de crecer hasta pasado un buen tiempo.

Lo primero que me impactó fue la altísima velocidad de la mayoría de sus composiciones. Recuerdo que un compa incluso bromeaba con que el título “Battle Against Time” era increíblemente apropiado para la pieza que lo llevaba, porque uno se podía imaginar a aquellos músicos “batallando contra el tiempo” aceleradísimo de sus canciones.

El desconcierto continuó al tratar de encasillar a la banda. Por alguna razón, todos los aficionados al métal tratamos de incorporar cada banda que escuchamos a uno de los géneros predeterminados que conocemos. Wintersun es una prueba viva de la inutilidad y el absurdo de esa tendencia. Death, black, thrash, power… casi cualquier subgénero del métal cabe en su propuesta, por no mencionar los elementos sinfónicos, progresivos y folclóricos que incluye la misma. Definitivamente, se trata de material muy sui generis.

La tercera sorpresa tuvo que ver con la alineación: al leer sobre la “banda”, me enteré de que no era tal, sino un proyecto paralelo de Jari Mäempää, hasta entonces cantante de Ensiferum quien, a excepción de la batería, grabó todos los instrumentos, a saber: voces (hay tanto limpias como guturales), guitarras, bajo y teclados. Francamente, quien sea capaz de ejecutar todos esos instrumentos del modo en que se escuchan en ese disco merece el único apelativo de “genio”. La composición era también impresionante, tanto por la devastadora interpretación como por la variedad de tiempos y sonidos presentes en la obra.

Por un conflicto de tiempo, Jari dejó Ensiferum para dedicarse por completo a Wintersun, el cual quería convertir en una banda. Reclutó otro guitarrista, un bajista y un baterista para salir de gira y lo hizo con notable éxito, acompañando a bandas del calibre de Amon Amarth y Exodus, así como participando en algunos festivales, todo lo cual los hizo ganar cierta popularidad. Poco después anunciaron en su página oficial que estaban escribiendo su próximo álbum y que estarían informando oportunamente sobre los avances.
Lamentablemente, más allá del anuncio del título del disco (“Time”), durante los próximos siete años Wintersun, más que reportar avances, dio a conocer una dura historia de contratiempos y prórrogas que parecían pronosticar que el próximo trabajo de la banda nunca vería la luz.

Problemas con la grabación, que fueron desde dificultades con las orquestaciones que Jari quería hasta inconvenientes generados por una ruidosa obra de construcción en su patio (porque sí, el mae grabó parte del disco en su propia casa), así como la pérdida o la falta de equipos y otros inconvenientes extendieron el tiempo de producción exageradamente.

Durante todo este tiempo revisé periódicamente la página de Wintersun. No sólo me animaba la esperanza de encontrarme la noticia de que Time saldría finalmente a la venta, sino la comprensión y afinidad que me produce ser parte de una banda metalera en un país como Costa Rica. Aquí lo sabemos todo sobre demoras y dificultades para grabar, por lo que no me podía identificar más con la situación de Wintersun, la cual uno creería imposible en una banda finlandesa.

Pues bien, hace unos meses me topé con la noticia: Time saldría finalmente el 12 de octubre de 2012. Eso sí, sería “Time I”, pues la producción fue finalmente dividida en dos partes, la segunda de las cuales saldrá en 2013. Tengo que reconocer que la noticia me alegro muchísimo. Fue como recibir un mensaje de un viejo amigo del cuál no se sabía nada hacía tiempo. Wintersun no se había rendido y había conseguido publicar nuevo material. La expectativa era inmensa, puesto que, desde que escuché el primer disco, siempre me pregunté cómo sería tener más música de Wintersun, cómo superarían su debut. La intriga que creció y creció durante todos estos años de silencio. Pues bien, como suele pasar cuando se tienen altas expectativas, la decepción fue notable.

En primer lugar, no me explico la decisión de partir el disco en dos, teniendo en cuenta que la parte publicada alcanza a duras penas los cuarenta minutos. Aunque comprendería perfectamente que los maes estuvieran desesperados por tirar nuevo material, me parece que debieron contenerse en pro de que su próximo lanzamiento tuviera las condiciones de un disco completo y no las de un EP con sobrepeso. Para empeorar la situación, el disco trae cinco pistas de las cuales sólo tres son canciones como tales, pues las otras son una introducción y un interludio. Si era por no perder credibilidad como banda, no creo que tengan ninguna tras un silencio tan prolongado; por otra parte, dudo que fuera por exceso de material pues, de ser así, el disco sería al menos un poco más largo. Si la otra parte también es de cuarenta minutos y segundos, podrían haber quitado los segundos y dejarlo en ochenta minutos cerrados, ¿no?

Ahora bien, la parte musical (la principal al fin y al cabo) también me quedó debiendo muchísimo. A mí criterio, es notable el bajonazo en el peso de la banda, lo cual, tratándose de Wintersun, es un punto en contra. Aunque los tempos acelerados y los blast beats están muy presentes, la producción se diluye entre capas y capas de orquestaciones y arreglos de teclados superpuestos que dejan muy poco espacio al ensamble métal. De hecho, cometieron el pecado que me parece más grave en las bandas que recurren a orquestas: que estas opaquen a la banda como tal. Mi problema con este tipo de producciones va en dos sentidos: primero que, tratándose de métal, el peso de las cuerdas eléctricas y la batería es insustituible; segundo, el exceso de arreglos orquestales vuelve irrealizable la adecuada puesta en escena de la música, sobre todo en una banda que ni siquiera tiene tecladista.

Hablando de la música como tal, el disco lo abre la interminable “When time fades away”, cuyo título se presta, una vez más, para las bromas: son cuatro eternos minutos de ventoleros, arpas, chelos, violines, clarines, timbales, campanitas y cuanta cosa se le ocurrió a Jari que podría quedar lindísima en la introducción del disco. El arreglo es impresionante, sobre todo teniendo en cuenta lo hizo un sólo mae con una sola compu, pero quedó demasiado largo. La melodía se repite y se repite, sumando intensidad pero restando interés, hasta que desemboca en la siguiente pista, “Sons of winter and stars”, la cual, en una transición muy deficiente, se toma aún treinta segundos para mostrar algo distinto a su antecesora, la cual parece no haber terminado aún. Cuando finalmente entran las guitarras y la batería, lo hacen abruptamente, en un cambio que pudo ser el momento adecuado para delimitar las pistas. Sobre esta pieza puedo afirmar que son trece minutos y medio aburridísimos, que más que una canción parece un amasijo de fragmentos de composiciones diferentes. La composición es incongruente, no fluye, no parece estructurada hacia un clímax preciso. Para terminar de hacerla, hay momentos en que se superponen gritos y gritos en diversas voces, consiguiendo un efecto gallinero que no sólo es innecesario, sino totalmente desagradable. Además, Jari utiliza mucho una nueva modalidad de su voz, muy limpia, que recuerda más de lo debido a un cantante power cualquiera. En el estándar de Wintersun, esa voz suaviza mucho más de lo debido.

“Land of snow and sorrow” es una pieza lenta, en la línea de “Sadness and hate” del disco anterior, pero que aquí, en lugar de equilibrar la intensidad, aburre a más no poder. El ritmo, las melodías y la ejecución son muy monótonas y se extraña gravemente la intensidad y la densidad armónica de, por ejemplo, “Dead and the healing”, otra de las piezas lentas del primer álbum. A continuación aparece el interludio, “Darkness and frost”, que viene a ser, curiosamente, el tema que más me agrada del disco. Se trata de una frase ininterrumpida de guitarra, matizada con muchos efectos, que da lugar a una secuencia de teclados y percusión que sí emociona y genera expectativa. Oyéndola me pregunto por qué no usaron algo así para abrir el disco.

Finalmente, “Time” es una canción a medio tempo, ni lenta ni rápida, que se deja oír y da por fin espacio al peso del ensamble fundamental, sin conseguir por ello ni una fracción de la memorable intensidad de cualquier pieza del disco anterior. La diversidad vocal de Jari es una vez más puesta en evidencia, pero insisto en que, a pesar de que demuestra ser un cantante muy versátil, aporta poco a la cadencia monótona de la composición general.

Está claro que ocho años no pasan en vano. La segunda producción de Wintersun tenía que ser diferente, no sólo por el hecho evidente de que es un disco nuevo, sino por el excesivo tiempo que tomó gestarlo. Sin embargo, Time I, más que un paso adelante en la carrera de una banda que se anunciaba brillante, parece un intento desesperado por repetirse a sí mismos y dar a entender que siguen con vida. Habrá que esperar la segunda parte, aunque, al menos de mi parte, la expectativa será mucho menor.

Comentarios

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  • Mae 80 min en mi opinión hubiese sido demasiado largo.