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¿Objetivo no identificado? (Parte II)

Por: Alexánder Obando
Artículo publicado en Amauta con permiso de Revista Paquidermo
Fuente: Revista Paquidermo

Publicado el: Viernes, 24 de mayo del 2013

I. OTRAS (RE)CONSIDERACIONES

En los días desde que expusimos la primera parte de este trabajo, hemos recibido buena retroalimentación de parte de algunos amigos y colegas. Es importante ahora comentar algunas de esas participaciones (1) en tanto enriquecen nuestra visión de la CF y su sitio en nuestro contexto.

El filólogo Benedicto Víquez nos enriquece el concepto de contrato de verosimilitud, advirtiéndo que existe más de uno. Es decir, el contrato ser el que “pertenece a la obra y sólo es válido bajo el contrato de ella misma”. Pero también existe el que “estaría compuesto por el contexto real en que vivimos” y “un tercero que sería el verosímil del lector”. Este último es también de suma importancia porque de alguna manera define las diferentes lecturas que se dan sobre un mismo texto. Un ingeniero civil de Yokohama, por ejemplo, no va a valorar Stranger in a Strange Land de Heinlein de la misma manera que un estudiante de arte de Florianápolis. Sus diferentes contextos culturales, su inteligencia, sensibilidad, formación y visión de mundo darán, necesariamente, dos lecturas diferentes provenientes de dos verosímiles diferentes. Sin embargo, hay buenas posibilidades de consenso al haber también una realidad única (aunque esta solo fuere consensual). Entonces, es importante recordar que todo escritor juzga desde su verosímil particular pero también dentro de las convenciones comunes a la cultura mundial que, en el mejor de los casos, también serían pseudo objetivas. Y por todo esto, agregamos que dichosamente, es que la literatura queda fuera del ámbito de las ciencias exactas.

Posibles Futuros, EUNED 2009.

Posibles Futuros, EUNED 2009.

El escritor Germán Hernández, por su lado, cuestiona algunas de mis referencias y ejemplos tomados del cine y no de la literatura. Debo confesar que esto es una inclinación espontánea en mi ámbito y verosímil. He visto mucho cine de CF y he leído bastante CF desde la niñez, pero no cabe duda que el acceso a las cintas de CF es más abundante que el acceso a las novelas. Esto no solo por situación particular de discapacitado visual, sino además por la sobreoferta de cine de CF en nuestro medio.

En general, el cine y la literatura se han intercambiado gustos, autores y preferencias con notable regularidad. El primer cine se alimentó de autores como Verne y Wells mientras que más adelante se desentendió un poco más de la literatura para generar un cine de masas muy popular y muy poco serio. Este fenómeno también ha contribuido fuertemente a la trivialización de la CF literaria y a seguir estereotipándola como un género solo para público masculino joven y nada más.

El escritor Juan Murillo, por último, nos llama la atención sobre un texto de Ursula K. LeGuin (2) donde la autora identifica a la CF de “calidad principiante” como una commodified fantasy, es decir, “fantasía mercantilizada”. La escritora nos advierte que “se trata de un tipo de mercadería que no toma riesgos y que no inventa nada. Las decisiones morales profundamente perturbadoras son desinfectadas y transformadas en situaciones corrongas y seguras”. Por tanto, es evidente que la autora se refiere a la CF fácil, mercantil, de consumo masivo, que no despierta inquietudes, no produce incomodidad ni pretende cuestionar nada. Es el Marte de juguete de Edgar Rice Burroughs versus la Eurasia gris, siniestra y criminal de George Orwell. La primera divierte. La segunda divierte, asusta y pone a pensar.

En resumen, tomamos estos y otros consejos como aderezo a nuestro propio trabajo en beneficio de comprender mejor el tema que nos concierne. Gracias a todos los contribuyentes.

Alerta de aguafiestas: A partir de este momento asumimos que quienes leen estas líneas ya leyeron los cuentos aquí comentados.

I Sing the Body Electric de Ray Bradbury. Portada de la edición original (Bantam Books 1971.)

I Sing the Body Electric de Ray Bradbury. Portada de la edición original (Bantam Books 1971.)

II. LA TROPA

Lo “experimental” de esta obra de David Díaz-Arias podría ser la mezcla de dos tipos de literatura tradicionalmente concebidos como antípodas. Por un lado la literatura nacional costumbrista de Costa Rica (pienso en autores como Luis Dobles Segreda) y por otro lado un pequeño thriller de CF.

Sea como fuere, lo digno de notar aquí es que Díaz les saca el jugo a ambas tradiciones y logra un texto homogéneo y bien construido donde la magia consiste precisamente en eso: en darle a un género los ropajes de otro. Si el cuento no estuviese incluido en una antología de CF, el final sería mucho más sorpresivo aun para el lector porque todo nos lleva a pensar que es una aventura de chiquillos tipo Caña Brava, hasta que que el elemento atípico hace su aparición y obliga a una relectura del texto da capo.

Así, desde que el cuento arranca, Arias se aboca a cumplir con los formalismos del realismo tradicional: mini biografía de los personajes, retrato psicológico de cada uno de ellos y uso vernáculo del lenguaje. He aquí unos ejemplos de esto último:

“andar midiendo calles”
“se le soltó la lengua”
“bolis” y “gatos”
“la vara es agarrar por ahi” (3)

Y las mini biografías mencionadas también cumplen con ese papel de “hacernos entrar en calor” con el personaje como lo haríamos con cualquier cuento de Calufa o de Fabián Dobles:

Quince años después, Mincho casi corre la misma suerte de su progenitor por efecto de una decepción amorosa. Y así, huyendo de ahogarse en el licor y convencido por una hermana que vivía ilegal en Boston, contrató un coyote de Pérez Zeledón que lo llevó a Ciudad Juárez a esperar por dos semanas su tiquete de ingreso a los Estados Unidos. Desde entonces, todo contacto con él se perdió. Nunca llegó a Boston ni se volvió a comunicar con nadie. Quizás el desierto de Sonora se encargó de ahogar de sed a aquel fiel aficionado que cuando niño corría descalzo diciendo que era el goleador de su equipo. (3)

Y es de esta manera en que Díaz-Arias nos prepara (o nos mal prepara) para su desenlace inédito.

Sobra decir aquí que lo que hace que el cuento funcione muy bien es precisamente ese travestismo a que es sometido. El contrato de verosimilitud, si bien muy a derecho, nos oculta la posibilidad de poder predecir el desenlace que nos espera, mientras que los recursos del lenguaje se concentran en el paisaje arcádico (pero con fuerte comentarios social) que Arias ha venido desarrollando.

Es posible que este cuento indigeste un poco al amante de CF dura o a aquellos puristas que creen que no debe haber matrimonio entre géneros. Sin embargo, si está bien escrito, pues vale. Allá los puristas y sus restricciones autoimpuestas.

El auténtico y genuino “pulp fiction”, es decir, las revistillas y folletines vendidos hace poco menos de cien años para públicos masivos. El término “pulp” se refiere a la pulpa barata de papel que se utilizaba para imprimir estos textos.

El auténtico y genuino “pulp fiction”, es decir, las revistillas y folletines vendidos hace poco menos de cien años para públicos masivos. El término “pulp” se refiere a la pulpa barata de papel que se utilizaba para imprimir estos textos.

III. SPUTNIK

Si entendí bien lo que me dijo el diccionario, “sputnik” significa “acompañante de la Tierra”, o simplemente “acompañante”. Excelente título para lo que se va a desarrollar entre Ernesto y Lucía (Jennifer) en los ya lejanos días de 1959.

Sin ir muy lejos podemos afirmar que esta, al igual que La tropa es una obra híbrida donde se conjuga realismo tradicional con CF. Y de nuevo el efecto es positivo. De hecho, la pieza se nos despliega como todo un mostrario de eventos y costumbres de la Costa Rica de hace 50 años. Para un amante de la historia –como es este servidor– el cuento ha sido un completo confite de sabores. Una vitrina de muchas cosas, y facetas de esa nación ya casi olvidada:

* Juego de pólvora en el Morazán
* Conferencia en el Ateneo de Costa Rica
* Modales sociales de la época
* Mañana de domingo en Ojo de agua
* Comité cívico embanderando las casas
* Reacción de la Iglesia ante el fenómeno científico
* Refrigerio en la Soda Palace, etc.

Todos estos elementos son de gran importancia para cualquier costarricense que ha vivido a lo largo del siglo XX, precisamente porque los ha vivido o de alguna manera han influido en su propia vida. Y, si por el contrario, es un neófito en eso de ser costarricense, pues aquí tiene una vitrina al pasado de su país.

Pero hasta aquí lo del factor histórico porque hay que recordar una vieja realidad: el preciosismo factual y la absoluta verosimilitud histórica no hacen que un texto sea buena literatura. Una cosa es un texto de gran verismo histórico y otra cosa es un texto bien escrito como literatura. Entonces, ¿está Sputnik bien escrito de acuerdo a un contrato de verosimilitud coherente y un uso del lenguaje adecuado? En términos generales mi respuesta es sí. Lo pactado en el contrato no parece contradecir los eventos que se dan, salvo por un detalle: ¿Se habrá realmente eliminado el amor de la escena humana para el año 2107? Yo, personalmente, lo dudo mucho. Y no porque no sea factible desde el punto de vista científico, ya que sabemos que ese famoso sentimiento humano es ante todo una reacción química de nuestro organismo. Lo dudo más por razones sociales. ¿Querremos realmente desembarazarnos del amor? ¿Con todos los beneficicios que trae? Y que no se me llame romántico. También sé que el amor puede ser un infierno a largo plazo, pero en sí, como tal, no creo que lleguemos a querer prescindir de él. Al menos no del todo. Por eso cuando Jennifer (Lucía) está a punto de contarlo todo, a mí se me cae un poco lo verosímil:

Por un instante, estuve tentada a contarle todo y explicarle que, en el futuro al que pertenezco, el amor no existe, el sexo se considera una actividad deportiva más y el matrimonio es apenas un recuerdo de prácticas abominables. (3)

Pues, sí, el sexo ya se considera “una actividad deportiva” por parte de muchos. Y, sí, para algunos el matrimonio ya es “un recuerdo de prácticas abominables”, pero no creo que la erradicación del amor sea una de nuestras metas como especie ni a corto ni a largo plazo.

En síntesis, este es un buen cuento con una breve proposición un tanto difícil de creer. Y es difícil de creer precisamente por que el autor nos ha obsequiado con un texto de grandes realidades históricas. Entonces, es solo una manchita, pero se ve grande porqoe el entorno es cristalino.

¡Qué difícil hablar de una obra tan importante sin caer en clichés! No deja de impactarme la actualidad que conserva esta gran novela escrita ya hace 60 años.

¡Qué difícil hablar de una obra tan importante sin caer en clichés! No deja de impactarme la actualidad que conserva esta gran novela escrita ya hace 60 años.

IV. FLOR DEL CREPÚSCULO

Un crítico en Costa Rica dijo hace unos años algo parecido a esto: “Está mal escrita, pero el tema histórico la hace una buena novela”. (¿?) Eso es una falacia de tremendo calibre porque si está “mal escrita” no puede ser una “buena novela”. Una buena novela solo puede estar bien escrita. Recordemos un texto tan paradigmático como Lolita de Nabokov. Pocas personas están interesadas en escuchar las tristezas y amarguras de un hombre maduro enamorado de una preadolescente. Y definitivamente, si Lolita no fuese un artificio lingüístico de primer orden con temas, subtemas, símbolos y lenguaje narrativo altamente refinado, entonces habría triunfado tan solo como una curiosidad literaria con ínfulas de porno. Pero no es el caso. Lolita es una gran novela simplemente porque está escrita de manera magistral.

Entonces, ya habiendo aclarado ese punto, debo confesar que, además de estar bien escrito, Flor del crepúsculo es un cuento que seduce por su ternura; porque pone en primer plano lo que somos: el ser humano. Y es que a veces es muy fácil olvidar las palabras del sabio cuando dijo “La literatura es la forma más completa de estudiar la naturaleza humana” (4). Incluso la CF más “dura” sigue siendo una historia sobre seres humanos o sus sucedáneos. Ese ha sido el éxito de autores como Dick, Asimov, Orwell o Bradbury; escritores que han sabido desde siempre que hacer literatura (aun de CF) es básicamente hablar de la naturaleza humana.

Pues aquí está Flor del crepússculo para recordárnoslo. Un hermoso cuento con el que cierra estos Posibles Futuros hacia otros derroteros.

Sin embargo, no sería justo pasar por alto algunos problemas que se evidencian en el texto. Uno de ellos, quizás el más fuerte, es la sobreeplicación:

Cerca de la puerta se apilaban los periódicos viejos de los antiguos días, cuando aún el mundo rebosaba vida y los seres humanos convivían en civilizaciones prósperas. Al otro lado, cerca de los escasos montones de ropa que habían logrado conservar, descansaba el único aparato que aún funcionaba. (3) [El resaltado es nuestro].

La aclaración, además de cliché, es completamente innecesaria. Ya sabemos que estamos en un mundo al límite y que no es aquel que “rebosaba vida”. También se evidencia que el aquí y el ahora del cuento no corresponden al momneto en que “los seres humanos vivían en civilizaciones prósperas”. Y es prescindible, además, porque todo lo contenido en la explicación lo vemos desfilar ante nuestros ojos en un “flashback” que el protagonista tiene más adelante. ¿Entonces? Parece ser una antelación de información, un avance, que más bien daña la tensión del cuento porque devela innecesariamente parte de la intriga.

Otro problema del cuento, aunque no tan notable como en otros textos y otros autores, es el “cualismo”. Así llamo yo al hábito muy costarricense de maquillar el discurso escrito tratando de sustituir las palabras “que” y “quien” por “el cual”, “la cual”, “los cuales”, “las cuales”. Por ejemplo, en lugar de decir, “Hoy hablará Fulano de Tal, quien es uno de los miembros de…”, el inflonazo pseudoliterario dirá: “Hoy hablará Fulano de Tal, el cual es uno de los miembros de…” etc. En el cuento de marras solo aparece dos veces:
“…tormentas eléctricas, las cuales Pablo había aprendido a percibir con la sutileza de un animal de campo”.

“…posiblemente un perro, el cual habría merodeado la zona en las últimas ocho horas”.
Entonces, apareciendo apenas un par de veces en este cuento el “cualismo” no es realmente un problema, pero en Objeto no identificado, otro texto de la misma autora, el recurso aparece no menos de siete veces, transformándose, ahora sí, en un problema de estilo.

Parece que a estas alturas he caído en una especie de contradicción. ¿No era que si el cuento no está bien escrito entonces no es un “buen” cuento?… Y sin embargo, es un buen cuento.

“¿Me contradigo?”, espetó Walt Whitman, “Pues bien, ¡entonces me contradigo!”

Perdidos en el Espacio, la serie de CF más taquillera de los años 60. No la mejor, pero sí la más taquillera. Este fan no se perdía ni un solo capítulo, donde además de disfrutar el programa, suspiraba por su primer amor platónico. (Pista: no se trata ni del robot, ni del Dr. Smith.)

Perdidos en el Espacio, la serie de CF más taquillera de los años 60. No la mejor, pero sí la más taquillera. Este fan no se perdía ni un solo capítulo, donde además de disfrutar el programa, suspiraba por su primer amor platónico. (Pista: no se trata ni del robot, ni del Dr. Smith.)

V. LOS TÚNELES DE LA MEMORIA
Este cuento empieza con una oración breve pero contundente: “No es humano”. A partir de ahí el cuento gira en torno a contarnos por qué este no-humano no es humano y por qué desea serlo. Lamentablemente, ya se ha tendido la trampa del rechazo y a lo largo del texto no logramos “conectar” ni psíquica ni afectivamente con Tomás, el protagonista. Y no es solo por la afirmación inicial sino que el texto, a partir de esa premisa inicial, sigue ampliando el espacio psíquico entre el lector y el personaje. Tomás no solo es no-humano, también percibe a los de su porpia especie como grotescos:

AG lo había reclutado hacía bastante tiempo para que se uniera a uno de los equipos de elite de investigación. La repulsión que sintió Tomás esa vez sigue siendo la misma que siente ahora, al vislumbrar las patas torcidas de AG y sutonta manera babosa de hablar y de mojar todo a su paso. (3)

AG, evidentemente, es el jefe de Tomás, pero sólo este último tiene un nombre culturalemente identificable como nuestro, propio de nuestra humanidad. AG, en cambio, podría ser cualquier cosa (aunque sepamos por la descripción de Tomás que se trata de uno de su misma especie). Sin embargo, las siglas no hacen más que ayudar a hacerlo sentir alienígena. Así, los tres personajes del cuento quedan escalofonados de la siguiente manera: AG es alienígena; Tomás es alienígena que quiere ser humano y el cerebro de Pilar, la mujer muerta, es lo humano que queda entre ellos.

Así, a lo largo del texto, las alusiones y comentarios de quien narra sirven constantemente para alejar al lector de cualquier posibilidad de empatía hacia Tomás, y por el contrario, evocar con cierta nostalgia el mundo de Pilar que ya no existe:

En las historias que había oído, se contaba el viaje de los hombres al centro de la tierra, y su conversión paulatina en roedores humanos que terminaron olvidando el mundo que había existido arriba. Mantuvieron la inteligencia, pero perdieron la memoria de lo que fueron.(3)

Como se evidencia, la historia de los “roedores” tampoco está narrada desde la perspectiva de los roedores de ese momento en la historia sino desde la perspectiva “humana” de muchos siglos atrás. O dicho de otra manera, la narradora no logra desligar a su personaje de la visión de mundo de la misma autora.

El texto cuenta además con otras o similares inconsistencias. Por ejemplo, la narración habla de pintura (ese era el oficio de Pilar) y menciona el oficio como tal, aunque Tomás careciera del vocabulario para describirlo (una muestra mas de cómo la narradora se posiciona del lado humano en detrimento de una posible empatía con su personaje).

También queda un misterio por resolver. ¿Por qué investigan cerebros de seres muertos miles de miles años antes? ¿Simple curiosidad científica? ¿Buscan algo en particular? Y si es así, ¿por qué Tomás le esconde a AG sus hallazgos siguiendo un registro doble? ¿Qué es lo que hay que esconder y qué es lo que hay que revelar? La tecnología que demuestran tener estos seres humanos del futuro es muy avanzada, así su propósito al escarbar viejas memorias del pasado debe ser de algún particular interés para el texto, sino es que lo describe de lleno. Estos cabos sueltos ayudan mucha a que el contrato de verosimilitud propuesto por la escritora no sea exitoso. Y ese es el tema de fondo: la propuesta de Los túneles de la memoria es el de un topo humano del futuro viendo y analizando el cerebro de una ancestra, pero lo que nos da a cambio es un ser humano femenino analizando un ornitorrinco. La autora nos invita a ver la casa-mundo en que vive Tomás, pero no nos deja entrar en él.

Además del incumplimiento de contrato de verosimilitud, hay otro aspecto en este cuento de Casasa que llama la atención. En algún momento Tomás asciende a la superficie para ver el mundo por sí mismo. Esta era una excelente oportunidad para describir la superficie usando metáforas, tropos, símiles y todo lo que se le pudiera occurrir a la autora para pintarnos un mundo desolado, triste, ajeno y hostil; algo que habría logrado un quiebre psicológico fuerte tanto en el lector como en Tomás… pero se desaprovechó. Los recursos formales del lenguaje se quedaron pues, en la medianía descriptiva.

Termino este comentario haciendo hincapíe en que no estamos hablando del conjunto de la obra de Laura Casasa sino tan solo uno de sus cuentos. Unoque, lamentablemente, no nos convenció, pero también es cierto que una golondrina no hace verano. Es importante conocer toda la obra de la autora si queremos emitir un juicio más objetivo. Y ella, dichosamente, está joven y en plena producción.

Lo leí recientemente en el 2010. Sin parecerme una genialidad, lo disfruté bastante, pero algo me llamó la atención: el tema central es la revaloración de la moral humana por medio de la liberación de todos los prejuicios sexuales, y sin embargo, apenas se mencionaba algo de la homosexualidad. Luego descubrí que el editor de Heinlein le expurgó once páginas al texto eliminando el tema de marras. Esto le da más fuerza a la opinión de LeGuin de que la literatura de CF es “desinfectada” para que solo aparezca en ella la “commodified fantasy” que ella denuncia.

Lo leí recientemente en el 2010. Sin parecerme una genialidad, lo disfruté bastante, pero algo me llamó la atención: el tema central es la revaloración de la moral humana por medio de la liberación de todos los prejuicios sexuales, y sin embargo, apenas se mencionaba algo de la homosexualidad. Luego descubrí que el editor de Heinlein le expurgó once páginas al texto eliminando el tema de marras. Esto le da más fuerza a la opinión de LeGuin de que la literatura de CF es “desinfectada” para que solo aparezca en ella la “commodified fantasy” que ella denuncia.

VI. LA ONCEAVA GENERACIÓN

Con este cuento, Antonio Chamu contribuye en algo a lo que Phillip K. Dick llamaba la desfiguración conceptual. Ciertamente no es un gran hallazgo y ciertamente tampoco es fundamentalmente original, pero sí lograr crear lo que el mismo Dick llamaba “una nueva variación sobre otra [idea original] anterior”.En efecto, el texto en cuestión logra atrapar nuestro interés hacia un viejo tema utilizando, primordialmente, astucia lingüístaica. Y eso ya es mucho decir.

Para ningún lector (avanzado) de CF resultaría nuevo ver una sociedad robótica buscando mejorarse por medio de ediciones y generaciones nuevas (HELLO, TERMINATOR!!). Eso está en nuestra literatura desde que Karel Capek caminaba sobre la faz de la Tierra. Pero lo que sí puede cambiar es el tratamiento. Y aquí es donde el autor de La onceava generación sale airoso.
El primer párrafo del cuento es un banquete sensorial, especialmente para la vista y el oído literario:
Repentinas nubes negras brotaron y corrompieron los cielos hacia el amanecer. Varios relámpagos activaron los sistemas de seguridad en diversas secciones urbanas a lo largo de la ciudad costera Galatea. Esta metrópoli se extendía más allá de lo que la simple vista era capaz de percibir en la superficie, y hasta veinte kilómetros por debajo del océano Atlántico. Su belleza se hallaba en los diseños de los edificios, carentes de líneas rectas, que dominaban los bosquejos inspirados en la naturaleza marina o en fractales matemáticos. La distribución en anillos concéntricos de la ciudad era visible desde el espacio. Una imponente construcción, observable desde cualquier puntode la urbe y parecida a un caracol, era el centro medular de Galatea. Era el museo más detallado jamás concebido. (3)

Aquí nos describe la ciudad Galatea casi como el paisaje de un surrealismo controlado, un oxímoron de belleza que incorpora la alta tecnología a la alta estético. Y luego, en el segundo párrafo, agrega elementos sonoros que nos hacen el paisaje aún más vívido y nuevas pinceleladas de color. Nótese como en medio de estas descrpiciones va entretejida la misma narración de los hechos:

La lluvia matutina continuó por una hora. Sin previo aviso, un estruendo más fuerte que un trueno estremeció el sector oeste de la ciudad. Destellos color púrpura se irradiaron en todas direcciones por un segundo. Los generadores iónicos aledaños y los precipitadores de plasma se apagaron en respuesta a un aumento inesperado de la actividad magnética en el área. En breve, varias manzanas de edificios perdieron la energía.(3)

A estas alturas, el lector ya está inmerso en el texto gracias a los detalles sensoriales que le hacen posible imaginarse este mundo. Acto seguido, el narrador nos lleva a conocer el primer personaje:
Alrededor de las ocho de la mañana, un llamado de emergencia activó al modelo médico Doc 406, un androide de octava generación que se encontraba sentado en el interior de una empolvada oficina diseñada como consultorio. Los muebles y decorados a su alrededor eran de apariencia austera, pero clásica para un sanatorio: un par de sillas forradas en piel sintética y un escritorio de caoba labrado con motivos griegos; en un extremo, dos camas de estructura tubular y varios monitores de control. Sobre una de las paredes colgaba una fotografía amarillenta donde se apreciaba a Doc 406 estrechando la mano de un anciano hindú, y una leyenda escrita a mano que decía: “Con el mayor agradecimiento por salvar mi vida…” (3)
El autor nos revela las funciones y naturaleza de este personaje no hablándonos de él o de su generación propiamente dicha, sino narrándonos su entorno. El consultorio y su decorado están hechos para minimizar la condición robotil del “Doc 406″; los muebles son human friendly, si se quiere, (“un escritorio de caoba con motivos griegos”) y todo queda finalmente resumido en la fotografía donde el robot recibe el agradecimiento de “un anciano hindú”. En síntesis, un mundo cibernético creado por los humanos y cuidado y mantenido por sus descendientes artificiales. Aquí, pues, queda descartada la rebelión robótica tan cara a la acción/violencia disfrazada de CF. No se trata de superar a los humanos sino de perpetuar su legado. Y esto, el autor nos lo ha relatado usando apenas los recursos de la descripción narrativa.
Más adelante nos enteramos de que todo este escenario ha sido construido con el propósito previsto: servir de telón de fondo a la trama que evoluciona, efectivamente, en el sentido que habíamos supuesto: los seres cibernéticos desean perpetuarse por medio de sus propios amos.
Es indispensable enfatizar que los recursos formales del lenguaje (en este caso, los descriptivos) están todos alineados en función de reforzar la idea detrás del cuento: la sociedad robótica y su visión de mundo, es decir, su propio verosímil. No hay aquí rupturas ni gazapos evidentes que atenten contra la unidad ideológica (semántica) del texto y su propuesta formal.
En resumen, el tema de las razas robóticas perpetuándose tras la extinción de sus creadores no tiene nada de nuevo, pero Chamu nos lo cuenta de tal manera que lo queremos volver a escuchar.
The Martian Chronicles (1950) de Ray Bradbury. Seguramente uno de mis libros de CF predilectos. Lo leí de niño (no recuerdo el año) y luego de nuevo en los 90. La segunda lectura influyó mucho sobre El más violento paraíso (2001), que estaba escribiendo por ese tiempo.

The Martian Chronicles (1950) de Ray Bradbury. Seguramente uno de mis libros de CF predilectos. Lo leí de niño (no recuerdo el año) y luego de nuevo en los 90. La segunda lectura influyó mucho sobre El más violento paraíso (2001), que estaba escribiendo por ese tiempo.

VII. FRENTE FRÍO
”Desembarcaron sobre madera congelada…” Con estas palabras arranca el cuarto párrafo de este cuento de Jessica Clark. Un cuento policultural que abarca ingleses, noruegos, peruanos y quizás hasta costarricenses. Este tipo de relato, fuera del contexto habitual de quien lo escribe, puede resultar exitoso o ruinoso dependiendo de cómo se trate el material por contar. Dicho de otra manera, si vamos a hablar de Noruega, más vale que sepamos algunos detalles culturales mínimos. Sin embargo, es importante destacar que si bien el autor tiene que saberlos, (y, por supuesto, usarlos) eso no significa que tenga que explicarlos. Eso último, averiguar que es un fjord, un iglu o unaparka es deber del lector, no del del narrador.

Vale la pena detenerse aquí para analizar aquí un poco de lo que yo llamo cultura vergonzante. La cultura vergonzante se refiere a un tipo de sociedad humana, por lo general una nacionalidad, que se siente culturalmente inferior ante otras más “exitosas”. Pienso, por ejemplo, en la cultura costarricense frente a la rusa. No hay duda de que la diferencia existe y que Rusia ha dado a las artes y las ciencias en particular grandes contribuciones mientras las nuestras han sido más que modestas. Pero eso no significa que el escritor costarricense deba comportarse como un temeroso alelado en presencia de lo ruso. Y sin embargo, lo hace: en nuestros primeros trabajos literarios en el siglo XX los autores locales insertaban en su narrativa glosas y explicaciones para “el amable lector extranjero” donde explicaban nuestras minucias lingüísticas. De igual manera, todavía en el año 1999, el escritor local Carlos Cortés afirmaba en La Nación que él deseaba convertir a San José en una ciudad tan literaria como París o Buenos Aires. Empero, en esa misma reseña Cortés cita a su esposa diciéndole, “Bueno, ya estás en París; ya no hay excusa para que no escribás tu novela” (cito las palabras de María Lourdes Cortés de memoria). Y más adelante, cuando ya tenemos Cruz de olvido en nuestras manos, ocurre otro acto propio de la cultura vergonzante. El autor habla de la Cruz de Alajuelita y se detiene a explicarnos qué es ese monumento como si el lector fuese, necesariamente, extranjero. Cierto que Cortés siempre ha ambicionado tener un público meta internacional, pero trata de logarlo falseando (¿internacionalizando?) su entorno costarricense. Evidentemente un escritor argentino no se detiene para hacer oratoria turística sobre la Avenida 9 de Mayo ni el ruso para explicar qué son el Almirantazgo o el Ermitage. Ellos simplemente actúan (o más bien, sus personajes actuan) en el contexto dado y punto. La explicaciones tipo GeoPlanet son tareas para el lector, no para el autor (5).Y así Jessica Clark nos inserta en un texto que bien podemos llamar un thriller ecológico que nos lleva de Noruega a Canadá y luego a Costa Rica y por último de nuevo a Noruega. La autora no solo maneja el léxico de las cosas habituales en dichas zonas (ya mencionadas arriba) sino además un conocimiento claro y preciso de la ecología mundial y su posible evolución en el futuro. Me apresuro, sin embargo, a aclarar que estos conocimientos no son suficientes para crear un buen cuento de CF, pero en definitiva ayudan a construir un versosímil sólido, creíble y disfrutable.

Otra particularidad de Clark es el anglicismo subyacente en muchas de sus frases y oraciones (6). Esto, claro, es común en las personas bilingües, pero es necesario controlarlo al punto de que no entorpezca la naturalidad de nuestro castellano. Aquí dos breves ejemplos:

Pero Cobb no sabía cuándo parar.

…un acontecimiento completamente casual.

Es cierto que hay mucho anglicismo en el español costarricense que se inserta con tanta rapidez que ya es difícil determinar cuándo sigue siendo anglicisimo y cuándo ya es español, pero bien vale la pena mantenerse alerta para que nuestra narrativa no sufra artificios como los que vemos frecuentemente en Facebook: “¡Has hecho mi día! ¡No puedo esperar por tí! ¡Esa es la actitud!”

Ciertamente hemos utilizado el texto de Jesscia Clark para hablar tanto de él como de otras cosas, pero es que en este cuento realmente no hay mucho que decir salvo que es una rica muestra de buena literatura de su género. La trama es impecable, el argumento invita a seguir leyendo, el vocabulario es preciso y oportuno y el texto está bien escrito. Y por bien escrito me refiero a cosas como esto:

Pero la mujer no fue indiferente al aventurero misterioso. Su mirada se endureció al verlo y por un momento se irguió en atención sobre su equipo, como una delicada bestia salvaje confirmando el peligro en el aire.

¡Enhorabuena, señora Clark!

Time of the Great Freeze de Robert Silverberg. Publicada originalmente en 1963, esta obra resultó ser la primera novela “adulta” que leí en mi vida, y también mi primera novela de CF. Yo la leí por ahí de los doce años, jamás imagnándome que me estaba leyendo a un maestro del género.

Time of the Great Freeze de Robert Silverberg. Publicada originalmente en 1963, esta obra resultó ser la primera novela “adulta” que leí en mi vida, y también mi primera novela de CF. Yo la leí por ahí de los doce años, jamás imagnándome que me estaba leyendo a un maestro del género.

VIII. COLOFÓN CUASI PELUCHE

Desde que recuerdo he sido un amante de la CF. No sólo porque divierte como pocos géneros lo hacen, sino además porque las posibilidades imaginativas y creativas son casi infinitas. Por eso siempre me dolió ver que en mi país natal casi no se se practicaba del todo; y además, el solo hecho de mencionar la CF hacía que algún crítico y/o escritor torciera la nariz para arriba como si tuviera el olfato muy cerca de otras partes de su propio cuerpo.

Como bien dice el refrán, “la gente cree que uno es tonto (o que no tiene memoria)”. Esos mismos criticones que aseguraban que La ruta de su evasión, de Yolanda Oreamuno, era una novelucha de segunda (7), también decían que la CF NO ERA literatura. Pero “para justicias el tiempo”, si es que estamos en baratillo de refranes.Desde comienzos de este siglo se ha venido dando en Costa Rica un fuerte movimiento de CF que pronto alcanzará su madurez y quizás nos dé, incluso, algunas glorias literarias. Yo vivo con esa esperanza. Y es con eso en mente que me he dedicado estos días a comentar las dos antologías de CF costarricense de la EUNED. Ambas son un genuino esfuerzo en pro de que la CF no sea más tan solo un deporte ocasional dentro de las letras nacionales. Que adquiera firmeza y constancia. Y por sobre todo, que sea de calidad. Obviamente todavía hay mucho camino por andar, pero se llegará, estoy seguro, a buen puerto cuando el tiempo sea propicio.

Por todo esto he decidido no engrosar las filas de los escritores nacionales que callan ante este esfuerzo y más bien trato, con buen o mal resultado, de apoyar a mis colegas; ya sea con comentarios, con motivaciones o con palabras ácidas, pero aquí estoy, tratando de que el esfuerzo común dé eventualmente sus buenos retoños.

Sigue Objeto no identificado, la segunda antología. Un trabajo de recopilación quizás menos lograda que esta primera, pero que también contiene algunos trabajos muy valiosos.

Si algún amante de CF en Costa Rica quiere ayudarme en esta mini empresa, mucho hará comentando esta entrada. Dándonos su punto de vista, sus consejos y también sus comentarios sobre cosas en las que no están de acuerdo con mi perspectiva. Y sugiero que lo hagan aquí, en el blog, porque ya sabemos que todo lo que se hace en Facebook es flor de un día. Y eso es prescisamente lo que no quiero… no queremos que pase con la CF de Costa Rica.

 

NOTAS:

(1) Participaciones que el lector puede encontrar en los comentarios a la primera parte de este trabajo.
(2) Ursula K. LeGuin, Tales from Earthsea, Harcourt, 2001. Prólogo de la autora.
(3) Todas las citas están tomadas de Posibles Futuros, EUNED. San José, Costa Rica, 2009.
(4) Invertí más de dos horas buscando el nombre del autor de la cita y no lo pude encontrar. Se los quedo debiendo.
(5) La excepción vendría a ser cuando estamos haciendo una evaluación de tipo histórico en el texto; es decir, cuando es adrede.
(6) En su momento, mis amigos me llamaron la atención sobre esta misma particularidad, especialmente en El más violento paraíso. Tuve que someter el texto a una fuerte dosis de españolización. Y aunque me queda algo de eso, creo que ya no es lo suficiente como para entorpecer mi castellano.
(7) Porque a como tuve a don Quincho Gutiérrez de profe en la UCR, también tuve a esos mediocres que se decían buenos profesores de literatura.

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Martes, 27 de junio del 2017
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