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Nacionales

8N Costa Rica: De la democracia a la represión

Por: Vox Populi
Colaboradores de Amauta

Publicado el: Sábado, 9 de noviembre del 2013

8N

Los hechos ocurridos el 8 de noviembre del 2012 no se pueden pasar por alto. Ese día Costa Rica dio un salto abismal de la democracia a la represión.

El 8 de noviembre de 2012 salí temprano de mi casa, tenía que ir a San Pedro para encontrarme con mi novia, una amiga y su pequeño nieto de unos cinco años. Ese día iban a llegar cientos de personas de diferentes zonas rurales de todo el país, para realizar una marcha pacífica hasta el edificio central de la Caja Costarricense de Seguro Social donde entregarían un pliego de peticiones a la Junta Directiva, exigiendo un mejor sistema de salud, que no cierren los hospitales rurales y que no se les niegue el dinero de su pensión.

En ese mismo momento, los diputados habían aprobado la famosa Ley Mordaza, que castigaba al denunciante y protegía al corrupto, por eso nosotros nos encontramos en San Pedro para fotocopiar un volante informativo, que repartiríamos durante la Marcha por la CCSS.

La marcha fue hermosa, porque es hermoso ver a los costarricenses más humildes tomar las calles de la capital para exigir sus derechos. La mayoría nunca había participado en una manifestación, algunos incluso nunca habían estado en San José, pero habían llegado desde muy lejos para defender lo que por derecho les pertenece. Fue hermoso ver campesinos, pescadores y adultos mayores marchando con toda dignidad por las calles de esta ciudad, dándonos a todos una lección de educación cívica.

Cuando llegamos al edificio de la CCSS, las puertas estaban cerradas, literalmente cerradas. Aunque todos sabían que las delegaciones rurales iban a llegar ese día, la Junta Directiva de la CCSS decidió cerrar las puertas y no recibir el pliego de peticiones, como lo hacen siempre, se hicieron los chanchos. Con toda la decepción del caso, al medio día, los manifestantes anunciaron que se iban a retirar a la una de la tarde. Recuerdo que me indigné muchísimo. Esta gente había venido desde muy lejos solamente para entregar un documento y no los quisieron recibir, era el colmo. Los campesinos y pescadores habían perdido un día entero de trabajo, y eso significa menos comida en la mesa. Me pareció una falta de respeto imperdonable. Con esa rabia me fui, no había nada que hacer ahí, la manifestación estaba por terminar.

Fui a dejar a mi novia al trabajo y llegué a casa a subir las fotos que había tomado, cuando leí los reportes: La marcha había sido atacada por antimotines y habían arrestado a decenas de personas, sembrando el caos en el centro de San José. No podía creerlo, yo mismo había estado ahí hacía media hora en una marcha completamente pacífica, incluso había niños, ¡nosotros íbamos con un niño de cinco años! El periódico decía que los manifestantes habían iniciado lo que denominaron “zafarrancho”, eso simplemente no era cierto, como siempre, los medios mentían. Yo estuve ahí, la manifestación fue completamente pacífica, estaba por terminar y ya la gente se estaba yendo.

Recuerdo que escribí en Facebook que los costarricenses somos un montón de cobardes y que no podíamos permitir que el Gobierno golpeara a campesinos y pescadores que defienden su derecho a la salud y vida digna. Ahora mismo, mientras redacto, me inunda la cólera de nuevo.

Llamé a mi novia y salí corriendo hacia San José, llegué otra vez a la CCSS para encontrarme con un panorama completamente distinto al que había visto algunos minutos antes en ese mismo lugar. Ahora había gente tirada en la calle, con la ropa rota, sangrando, encontré un pescador de Sámara sentado en la acera, sosteniéndose el brazo partido en dos. Había todo un despliegue policial, también habían llegado varios estudiantes y activistas, incluso llegaron algunos diputados: José María Villalta, Juan Carlos Mendoza, Claudio Monge y Carmen Granados. Había mucha gente rogando que no se llevaran a unos detenidos que tenían en una perrera. Yo simplemente no lo podía creer, ¿cómo había pasado todo esto? ¿quién había convertido una manifestación pacífica en un campo de batalla?

Comencé a entrevistar gente y tampoco podía creer lo que me contaban. Los antimotines aparecieron cuando la manifestación estaba por terminar y atacaron sin previo aviso, sin importarles que hubieran niños y adultos mayores. Habían arrestado a varias personas sin ninguna razón y los demás manifestantes decidieron quedarse para exigir la liberación de los detenidos.

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Estaba entrevistando a algunas de las víctimas sin poder entender o creer del todo lo que me decían, cuando de repente aparecieron de nuevo los antimotines con sus armaduras, casco, macanas y escudo. Pensé que harían la rutina del supermacho: “Despejen, ya esto se acabó”, pero no dijeron nada, se lanzaron sobre un muchacho y comenzaron a golpearlo con las macanas y tiraban de su cabello, mientras los demás manifestantes lo sujetaban para tratar de salvarlo. En ese momento los antimotines se lanzaron contra todos, de una manera tan desorganizada y tan violenta, que no parecían profesionales en seguridad, y en ese momento entendí: Son profesionales en causar el caos, para eso habían sido enviados.

En medio del caos, el diputado Villalta trataba de calmar la situación mientras el diputado Mendoza trataba de comunicarse con el Ministro de Seguridad Mario Zamora y el Jefe de Policía, Celso Gamboa. Los policías querían llevarse la perrera y la gente la rodeaba. La diputada Granados se subió a la tapa del carro y los policías la botaron al suelo, mientras le repartían macanazos al diputado Villalta. Recuerdo que entre el Mendoza, Monge y yo levantamos a la señora Granados, . La calle se había convertido en un pandemonium premeditado.

Ante el feroz ataque de la policía, los estudiantes y activistas se defendieron y mientras los antimotines lanzaban macanazos, la gente se defendía lanzando papeles y basura. Obviamente no era una pelea justa, pero la causa sí que lo era: No podemos permitir que nos arrebaten nuestro derecho a la protesta, y no podemos permitir que nos golpeen para callarnos. Los medios de comunicación luego reportaron que los manifestantes agredieron a los policías, que les lanzaron piedras. Yo no vi nada de eso, vi cartones y hasta una cáscara de banano, pero nunca vi piedras. Cáscara de banano y cartón contra escudos y macanas, eso fue lo que vi y lo que grabé en video, a mí ningún medio de comunicación tiene que contarme lo que pasó.

Durante media hora estuvimos frente a frente con los antimotines, todos gritábamos a coro: “¡Estas son nuestras armas!” mientras mostrábamos nuestras manos vacías. Un estudiante pasó frente a los policías mostrando un libro como única arma. Recuerdo que yo les decía: “Estamos defendiendo nuestra salud pública, estamos luchando por ustedes, ¿cuándo ha ido alguno de ustedes a un hospital privado?”. Incluso les dije que si un manifestante o un policía salía herido, serían atendidos por la CCSS, la misma CCSS que nosotros estábamos defendiendo. Después de un rato, los antimotines lograron llevarse la perrera y se retiraron, no sin antes amenazar a todo el mundo.

Cuando los policías por fin se retiraron, todos nos agrupamos, el único diputado que se había quedado era Villalta, quien en ese momento comenzó a pedirle a la gente que se retirara “ya no tenemos nada que hacer aquí y si nos quedamos les vamos a dar excusa para otro ataque” decía.

Acordamos reunirnos en el parque detrás de la CCSS. Para allá nos fuimos la mayoría, quedaron en la calle algunos, los periodistas que recogían material y pedían a quienes teníamos cámara que les entregáramos las memorias. Yo decidí no hacerlo, porque sé que son unos manipuladores de la información, y yo no quiero ser parte de su juego.

Después de un rato mi pareja y yo decidimos irnos, dejando atrás una manifestación a punto de terminar. Justamente a la altura del Banco Popular doblamos la esquina para encontrarnos de frente con varias microbuses policiales y a todos los antimotines. Ellos también nos reconocieron, habíamos estado frente a frente hacía apenas unos minutos. Nos dio miedo pasar por esa cuadra, pero ya no había marcha atrás, pasamos tomados de la mano. Sin embargo, no nos dijeron nada, solo uno nos vio feo, pero todos estaban exhaustos, muchos tirados en el suelo, agotados.

Unas cuadras más arriba y justamente cuando nos íbamos, apareció un pequeño ejército de robocops, nunca había visto policías como esos: Con una armadura negra, imponente, atemorizante, parecían salidos de una película de ciencia ficción, de verdad daba miedo verlos, un escuadrón iba a pie y también iban varios cajones. Les atravesamos el carro, con la excusa de la presa, y comenzamos a llamar a algunas personas que sabíamos que seguían cerca de la CCSS, debíamos advertirles de este nuevo ataque para que se fueran lo antes posible. Las patrullas nos pitaban, y la gente no contestaba el teléfono. Los policías pasaron como pudieron y nosotros nos fuimos detrás de ellos.

Ese tercer ataque fue fulminante, convirtieron el centro de San José en un estado de sitio, estos robocops perseguían a la gente que se estaba yendo, las golpeaban, cerraron las calles, sembraron el caos y el terror como nunca antes se había visto en esta ciudad.

Llegamos a casa a subir los videos, y a leer las noticias, que para ese momento, ya estaban torciendo la realidad a su antojo. Los noticieros hablaban de una manifestación violenta, culpaban a los manifestantes de obstruir el sagrado derecho de circulación de los vehículos y victimizaban a la policía. Nada más lejano a la realidad que los medios de comunicación masiva. Al final del día, lo único verdadero que transmitieron fue que arrestaron a casi cuarenta personas, la gran mayoría fueron liberados ese mismo día.

Por supuesto, al día siguiente, mucha gente repetía el discurso de la libertad de tránsito y que la policía debía golpear a quien fuera que obstruyera una calle. La verdad es que la manifestación hubiera terminado al medio día y sin incidentes, si Mario Zamora, Ministro de Represión, no hubiera atacado brutalmente a personas inocentes que ya se estaban retirando. El caos fue creado por el Gobierno para reprimir una manifestación justa. El Gobierno y los medios de comunicación sin embargo, siguieron desprestigiando las protestas, decían que los manifestantes habían atacado a la policía, de nuevo, mentían descaradamente.

Ese día el Partido Liberación Nacional atacó la salud, las pensiones y nuestro derecho ciudadano a la manifestación. Ese día el PLN llevó a Costa Rica de la democracia a la represión. Pero con ese ataque también despertó la indignación del pueblo.

Al día siguiente se convocó a una asamblea abierta en la Plaza 24 de abril de la Universidad de Costa Rica, una plaza histórica que conmemora la lucha estudiantil contra ALCOA. Ahí nos reunimos cientos de personas y se tomó una decisión: Costa Rica tomarías las calles de nuevo una semana después, para defender nuestra salud, nuestra vida y nuestro derecho a la protesta.

Una semana después, el 15 de noviembre, más de veinte mil personas nos encontramos en la misma calle que habían recorrido los campesinos y adultos mayores, ellos regresaron desde sus provincias, nos fijamos la misma ruta, y todos juntos llegamos a la CCSS. Miles y miles de personas en la marcha más grande desde los tiempos del TLC, todos unidos, todos defendiéndonos unos a otros. Varias organizaciones nacionales e internacionales vigilaron la marcha para impedir otro ataque policial. Los ojos del mundo estaban sobre Costa Rica y nuestro derecho a la protesta.

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Los estudiantes de la Universidad de Costa Rica, a quienes los medios atacaron durante una semana, etiquetándolos de revoltosos y violentos, dieron muestras de respeto, de amor, solidaridad, arte y cultura, defensa de los derechos, rompieron esquemas y nos dieron un ejemplo a todos.

Ese día, las delegaciones rurales pudieron por fin entregar su pliego de peticiones, esta vez la Junta Directiva de la CCSS no tuvo más remedio que recibirlos como debieron haber hecho desde el principio.

El 8 de noviembre ha quedado en mi memoria como el día que intentaron ahogar nuestro derecho a la protesta y los medios de comunicación parcializaron la verdad. Los canales de televisión mostraban tomas de la gente respondiendo al ataque de la policía, sin mostrar el ataque inicial de los antimotines. Pero ellos sabían la verdad, Canal 7 tuvo una cámara en el edificio de la CCSS grabando todo el día, ellos vieron cómo inició todo, así como también hay cámaras de tránsito colocadas en las calles, ¿dónde están esos videos? ¿por qué nunca los mostraron?

Durante los meses siguientes, los arrestados fueron a juicios, todos fueron liberados de los cargos y el Estado fue encontrado culpable. Cada sentencia dejó muy claro que en Costa Rica, la protesta es un derecho, la represión es un delito.

La manifestación del 8 de noviembre comenzó como una marcha para defender nuestro derecho a la salud pública y terminó siendo una lucha por nuestro derecho a levantar la voz. La protesta es un derecho, la represión es un delito. No olvidar porque “quien olvida su historia, está condenado a repetirla”.

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