Colaboraciones

Por qué satanizan a Vladimir Putin

Publicado el: Martes, 13 de mayo del 2014

Por: Tariq Ali
Articulo originalmente publica en The Guardian, traducido por Rebelion por Germán Leyens 

EE.UU. y el Reino Unido condenan a Putin por Crimea pero lo apoyaron en la guerra en Chechenia. ¿Por qué? Porque ahora se niega a colaborar.

Una vez más, parece que Rusia y EE.UU. encuentran que es difícil ponerse de acuerdo sobre cómo encarar sus respectivas ambiciones. Este choque de intereses se destaca en la crisis ucrania. La provocación en este caso en particular, como sugiere la grabación filtrada de una diplomática estadounidense, Victoria Nuland, diciendo “Que se joda la UE”, llegó de Washington.

Hace varias décadas, en un punto álgido de la Guerra Fría, George Kennan, destacado estratega de la política exterior de EE.UU. invitado a dar las Conferencias Reith, informó a su audiencia: “Quisiera asegurarles que no existe nada más egocéntrico en su naturaleza que la democracia asediada. Pronto se convierte en víctima de su propia propaganda. Tiende a dar a su propia causa un valor absoluto que deforma su propia visión… Su enemigo se convierte en la encarnación de todo mal. Su propio lado es el centro de toda virtud”.

Y así sigue siendo. Washington sabe que Ucrania ha sido siempre un tema delicado para Moscú. Los ultranacionalistas que combatieron junto al Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial mataron a 30.000 soldados y comunistas rusos. Todavía llevaban a cabo una guerra encubierta con apoyo de la CIA en 1951. Pavel Sudoplatov, un jefe de la inteligencia soviética, escribió en 1994: “Los orígenes de la Guerra Fría están estrechamente entrelazados con el apoyo occidental a la agitación nacionalista en las áreas del Báltico y en Ucrania occidental”.

Cuando Gorbachov aceptó el trato sobre la reunificación alemana, cuya piedra angular era que Alemania unida podría permanecer en la OTAN, el Secretario de Estado Baker le aseguró que “no habría ninguna extensión de la jurisdicción de la OTAN una pulgada hacia el este”. Gorbachov repitió: “Cualquier extensión de la zona de la OTAN es inaceptable”. La respuesta de Baker: “Estoy de acuerdo”. Un motivo por el cual Gorbachov ha apoyado públicamente a Putin respecto a Crimea es que su confianza en Occidente fue tan cruelmente traicionada.

Mientras Washington creía que los dirigentes rusos harían ciegamente lo que se les pidiera (lo que Yeltsin hacía borracho como una cuba) apoyó a Moscú. El ataque de Yeltsin al Parlamento ruso en 1993 fue justificado por los medios occidentales. Los repetidos ataques a Chechenia por parte de Yeltsin y después por Putin se trataron como un pequeño problema local con apoyo de George Bush y Tony Blair. “Chechenia no es Kosovo”, dijo Blair después de su reunión con Putin en el año 2000. El libro de Tony Woods, Chechnya: The Case for Independence, suministra pelos y señales de los horrores infligidos a ese país. Chechenia había gozado de una independencia de facto de 1991 a 1994. Su pueblo había observado la velocidad con la cual se había permitido la independencia de las repúblicas bálticas y quería lo mismo para sí.

En vez de eso los bombardearon. Grozny, la capital, prácticamente fue reducida a cenizas, ya que un 85% de sus viviendas fue destruido. En febrero de 1995 dos valerosos economistas rusos, Andrey Illarionov y Boris Lvin, publicaron un texto en Moscow News argumentando a favor de la independencia chechena y el periódico (a diferencia de sus homólogos occidentales) también publicó algunos excelentes informes críticos que revelaron atrocidades en una inmensa escala, eclipsando el sitio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica. Violaciones, torturas, refugiados sin viviendas y decenas de miles de muertos fueron la suerte de los chechenos. No fueron ningún problema para Washington y sus aliados de la UE.

En los cálculos de los intereses occidentales no existe ningún sufrimiento, no importa cuál sea su escala, que no se pueda justificar. Chechenos, palestinos, iraquíes, afganos, paquistaníes carecen de importancia. A pesar de ello, el contraste entre la actitud de Occidente respecto a la guerra de Chechenia y Crimea es impresionante.

El problema crimeo apenas causó alguna vida y la población quería claramente formar parte de Rusia. La reacción de la Casa Blanca fue la contraria a la que adoptó en el caso de Chechenia. ¿Por qué? Porque Putin, a diferencia de Yeltsin, se niega a seguir colaborando en asuntos de importancia como la expansión de la OTAN, las sanciones a Irán, Siria, etc. Como resultado se ha convertido en la encarnación del demonio. Y todo esto porque ha decidido enfrentarse a la hegemonía de EE.UU. utilizando los métodos frecuentemente empleados por Occidente. (Las repetidas incursiones de Francia en África constituyen solo un ejemplo.)

Si EE.UU. insiste en utilizar el magneto de la OTAN para atraer a Ucrania, es probable que Moscú separe la parte oriental de ese país. Los que realmente valoran la soberanía ucraniana deberían optar por la verdadera independencia y una neutralidad positiva: no ser un juguete de Occidente ni de Moscú.

Tariq Ali es una destacada personalidad de la izquierda internacional desde los años sesenta. Ha escrito para The Guardian desde los setenta. Antiguo editor de New Left Review y comentarista político publicado en todos los continentes. Sus libros incluyen The Duel: Pakistan on the Flightpath of American Power y The Obama Syndrome

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