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Teoría de la cospiración

Publicado el: Miércoles, 1 de octubre del 2014

Por: Alfonso J. Palacios Echeverría.

En repetidas ocasiones se acusa a un grupo determinado de estar detrás de ciertos fenómenos económicos, sociales o políticos, en donde los actores son realmente marionetas movidas por unos hilos invisibles para la mayoría por titiriteros habilidosos, que además cuentan con recursos financieros, organizativos y de influencia suficientes para crear conflictos, problemas o al menos entorpecer iniciativas.

Una teoría de la conspiración o teoría conspirativa puede definirse como la tentativa de explicar un evento o una cadena de eventos, sucedidos o todavía por suceder, ya sea percibidos o reales, comúnmente de importancia políticasocialeconómica o histórica, por medio de la existencia de un grupo secreto muy poderoso, extenso, de larga duración y, generalmente, malintencionado. La hipótesis general de las teorías conspirativas es que sucesos importantes en la historia han sido controlados por manipuladores que organizan los acontecimientos desde «detrás de escena» y con motivos nefastos o, por lo menos, egoístas.

Es necesario señalar que el término «conspiración» es muy anterior al término «teoría conspirativa», y la existencia de conspiraciones está bien demostrada en la historia, el Derecho Penal, las leyes penales y sentencias de los tribunales. Esto ilustra el hecho de que la conspiración es y ha sido un comportamiento humano real y frecuente, mientras que la validez del más reciente concepto de «teoría conspirativa» está abierta al debate.

Dado que hechos que han tenido lugar por causa de una conspiración históricamente demostrada son simplemente explicados como debidos a «conspiraciones», «complots», etc., el término «teoría de conspiración» generalmente se usa para destacar la supuesta falta de justificación epistémica adecuada de una explicación, destacando, en general, su carácter de explicación «alternativa» a las «oficiales» o a la ofrecida por las autoridades, y evaluándola como especulativa, falsa o intencionada por motivos no lícitos.

Aparte de las controversias sobre los méritos de aseveraciones conspirativas particulares y de las diversas opiniones académicas discrepantes, la categoría general de teoría conspirativa es en sí misma una materia controvertida. El término «teoría conspirativa» está considerado por diferentes observadores como una descripción neutral de una aseveración conspirativa, un término peyorativo usado para desestimar tal aseveración sin más examen, y un término que puede acogerse positivamente por los proponentes de tal aseveración.

Algunos usan el término para argumentos que pueden no creer completamente pero que consideran radicales y emocionantes. El significado del término más ampliamente aceptado es el que se comparte en el uso en cultura popular y en el académico, que, de hecho, tiene implicaciones negativas para el valor de verdad probable de un relato.

Dado este entendimiento popular del término, es concebible que este pueda ser usado ilegítima e inapropiadamente como medio de desestimación de lo que de hecho son acusaciones sustanciales y bien evidenciadas. La legitimidad de cada uno de tales usos será por tanto un asunto de controversia. Observadores desinteresados compararán los rasgos de una alegación con los de la categoría mencionada anteriormente, para efectos de determinar si un uso dado es legítimo o perjudicial. En relación con esto, Michael Parenti ha usado el término conspirafobia (conspiracy phobia). Este autor, asimismo, en uno de sus artículos, llama a la CIA «una conspiración institucionalizada».

Ciertos proponentes de aseveraciones conspirativas y sus partidarios argumentan que el término es completamente ilegítimo y que debe considerarse precisamente tan manipulador políticamente como la práctica soviética de tratar disidentes políticos como dementes clínicos. Críticos de esta visión afirman que el argumento tiene poco peso y que la afirmación misma sirve para exponer la paranoia común entre los teorizadores conspirativos. Por otra parte, Daniel Pipes, uno de los que usan el término frecuentemente, incluso reconoce que algunos informes los hizo por encargo de la CIA. Además, los críticos del conspiracionismo suelen mencionar sólo las teorías conspirativas más ridículas sin mencionar las conspiraciones que están históricamente demostradas.

Algunos teóricos, como Charles Pigden, argumentan que la realidad de tales conspiraciones históricamente comprobadas debería prevenirnos contra cualquier rechazo apresurado de teorías conspirativas. Pigden, en su artículo «Conspiracy Theories and the Conventional Wisdom» («Teorías de conspiración y la sabiduría convencional») arguye que no sólo ocurren conspiraciones, sino que cualquier miembro educado de la sociedad cree en al menos una de ellas; por tanto, todos somos, de hecho, teóricos de la conspiración, se reconozca o no.

En el Derecho Penal está bien caracterizado el concepto de «conspiración», aparte del hecho de que muchas personas han sido condenadas por los Tribunales (al menos en otros países) por tal motivo. El término «teoría conspirativa» es en sí mismo el objeto de un tipo de teoría conspirativa que argumenta que quienes usan el término están manipulando a la audiencia para desestimar el tema en discusión, ya sea en un intento deliberado de ocultar la verdad o como engaño para conspiradores más pausados.

Cuando se ofrecen teorías conspirativas como aseveraciones oficiales (por ejemplo, proviniendo de una autoridad gubernamental, tal como una agencia de inteligencia), estas no se consideran usualmente como teorías conspirativas. Surgen más dificultades de la ambigüedad del término teoría. En el uso popular, este término se usa a menudo para referirse a especulaciones sin fundamento o con bases débiles, lo que lleva a la idea de que «no es una teoría conspirativa si es de hecho cierta».

Por otra parte, el uso del concepto de «teoría conspirativa» supone una preocupación exclusiva o preponderante por los «falsos positivos» (creer en una conspiración que no existe) sin prestar atención a la posibilidad de un «falso negativo» (negar una conspiración que sí existe). Los que se ocupan del fenómeno del conspiracionismo no se preocupan de si dichas teorías aciertan a veces o no.

Hasta aquí las reflexiones sobre el concepto, sus interpretaciones, su semántica, y las diversas opiniones al respecto.

Hagamos ahora un ensayo, basado en estas teorías, sobre lo que sucedió con la huelga de los maestros, que amenazaba en convertirse en una huelga más generalizada por las expresiones de “solidaridad” de determinados colectivos. Y que quede claro que lo sucedido con el no pago de los salarios de los maestros es una barbaridad sin límites. Producto de lo que podría ser una “conspiración” bien planeada y con consecuencias de largo alcance, según la opinión de un buen amigo que cree a pies juntillas en esas cosas.

Un teórico de la conspiración diría lo siguiente, señalando elementos no mencionados en los medios de comunicación locales, que reportaban con saña inusitada los hechos: existen señales al menos inexplicables, como serían el llamar a la recién nombrada Ministra de Educación a la Asamblea Legislativa a rendir cuentas sobre la situación, cuando este es un problema que viene del gobierno anterior, con lo cual se exime al anterior ministro de rendir cuentas de sus actos; luego, se mencionan fallos en el programa informático, pero no se menciona qué empresa fue contratada para elaborarlo, cuáles fueron sus fallos, sus costos (que deben ser astronómicos) y quiénes son sus representantes, que muy seguramente están vinculados con los grupos en el poder anteriormente; y resulta paradójico que la huelga estalle precisamente unos días antes del cambio de gobierno, y se recrudezca después, como si hubiera sido planeada de antemano, para causarle problemas al nuevo gobierno. Y ello, porque el atraso de los pagos de salarios no es cosa nueva, precisamente se cambió el programa informático para acabar con este fenómeno, agravándolo (¿intencionalmente?) con el nuevo. El conspirador señala que, por ejemplo, Liberación Nacional tiene extensas ramas de funcionarios de segundo y tercer nivel colocados en las organizaciones públicas, de todo tipo, capaces de actuar como quintas columnas en contra de los planes, programas, acciones, actividades y decisiones del nuevo gobierno.

Quiero que se me entienda correctamente (cosa que regularmente no sucede, por algunos comentarios). No estoy señalando que la huelga o cualquier manifestación de protesta de los maestros no están justificadas. Todo lo contrario. Es una ofensa grave al magisterio lo sucedido. Pero me pregunto: ¿si el recién estrenado gobierno al parecer hizo lo posible por solucionar el problema, y dio pasos firmes en esa dirección, por qué no se aceptaron de forma pronta sus propuestas? Me resulta, al menos, extraño.

Este es un tema delicado, imposible de dilucidar fríamente, porque el dolor de los maestros es real, sus problemas son reales, sus dificultades para sobrevivir también. Y personalmente estoy emocionalmente comprometido con ellos. Sin embargo, algo no me encaja totalmente. Hay señales extrañas detrás, y en parte se percibe a través de las actitudes intransigentes, carentes de diálogo y de confianza hacia quienes heredaron un problema y están tratando de solucionarlo lo mejor que pueden, con los recursos que cuentan. Y por otro lado, el tratamiento amarillista que le otorgaron ciertos medios de comunicación, como parte de una lenta e inexorable campaña (teoría de la conspiración) para dificultar y desprestigiar al nuevo gobierno, que claramente dijo que destaparía todas las sentinas pútridas que se encuentran en las organizaciones gubernamentales, producto de gobiernos anteriores.

Amanecerá y veremos. No queda más que decir.

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