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El Banco Central, el dólar y la impunidad

Publicado el: Martes, 10 de febrero del 2015

Por: Luis Paulino Vargas Solís
Artículo publicado en Amauta con permiso del autor
Fuente: Soñar con los pies en la tierra

El Banco Central de Costa Rica (BCCR) dio a conocer hace pocos días su “Programa Macroeconómico 2015-2016”. Ocasión para recordar que, escudada tras su muy discutible “autonomía técnica”, esta institución ha recibido de las leyes costarricenses la graciosa concesión de no tener que rendir cuentas ante las instituciones democráticas y la ciudadanía, más que de una forma sumamente pobre y limitada. Lo cual se refuerza con la lectura de ese documento, cuya falencia más clara se ubica justo en la definición de los objetivos (pp. 27 y siguientes), planteados de forma tan nebulosa e imprecisa que con seguridad cualquier muchacho de primer ingreso a la universidad podría hacerlo mejor. Objetivos tan difusos no permiten saber con certeza cuál es el rumbo que seguirá la política monetaria y si ésta realmente considera las prioridades democráticamente sancionadas por la ciudadanía, pero igualmente ello dificulta evaluar si hace su trabajo apropiadamente.

Hurgando aquí y allá a lo largo de ese “Programa”, queda en claro que el interés principal del BCCR –al parecer su gran objetivo- está en lograr que la inflación se ubique en el rango comprendido entre el 3% y el 5% para el año 2015. Lo cual no representa novedad alguna; esa obsesión inflacionaria es persistente y de remota procedencia. Aparte lo cual se expresa reiterada preocupación por el relativamente elevado déficit fiscal y el crecimiento de la deuda pública, si bien esto queda en el ámbito declarativo ya que no son asuntos de la directa responsabilidad de esta institución. Lo demás dentro del documento atiende a algún análisis –bastante superficial y descriptivo- en relación con las condiciones y evolución de la economía mundial, algunas referencias –igualmente light– sobre el funcionamiento de la banca en Costa Rica y, en especial, la descripción de las medidas de política económica que se propone llevar a cabo.

Entre estas últimas, y en lo referente al manejo del tipo de cambio dólar-colón, destaca la supresión del sistema de bandas cambiarias y su sustitución por uno llamado de “flotación administrada”. En realidad, el sistema de bandas jamás funcionó como tal. Y ello por dos razones, principalmente. Primero, a causa de que la mayor parte del tiempo durante el cual estuvo vigente, el tipo de cambio tendió a la baja como consecuencia de las significativas entradas de capital que usualmente –y excepto por breves períodos- se recibían. Hasta el punto que el valor del dólar quedase pegado al “piso” de la banda (500 colones), obligando al BCCR a una continua intervención –mediante compra de dólares- para impedir que cayese por debajo de ese límite inferior. Ello quitó toda funcionalidad a las bandas, puesto que la tendencia era persistentemente a la baja. A esto se le agregó, como segunda razón que restó toda relevancia a ese sistema, el hecho de que el propio BCCR decidió elevar en forma sostenida el “techo” o límite superior de la banda, hasta dar lugar a un margen excesivamente amplio –cercano a los 350 colones- entre el mínimo y el máximo de la banda. Resultaba impensable que el dólar pudiese fluctuar arriba y abajo sobre un margen tan dilatado; ello habría tenido consecuencias desestabilizantes realmente catastróficas.

Olivier Castro, presidente BCCR

Olivier Castro, presidente BCCR

En resumidas cuentas, podemos decir que durante más de ocho años hemos tenido a nuestro Banco Central vagabundeando con un juguetito perfectamente inútil. Ahora simplemente extienden el acta de defunción de un cadáver insepulto, fallecido hace largo tiempo.

Según lo que indica el documento y de acuerdo con lo expresado por don Olivier Castro, presidente del BCCR, el sistema de flotación administrada funcionará más o menos así: el BCCR vigilará el comportamiento diario del dólar y, en caso necesario, intervendrá cuando considere que se dan movimientos bruscos y excesivos de su precio. Serían intervenciones puntuales destinadas a frenar cualquier movimiento desestabilizante, pero sin modificar la tendencia general. Entonces, el dólar debería moverse suavemente, a lo largo de las semanas y los meses, en el sentido que el mercado defina. En el lenguaje solemne de estos economistas, serán los “fundamentales” de la economía los que determinen el curso que siga el dólar. Pamplinas. En realidad será el comportamiento de la economía mundial y, en especial, las políticas seguidas por los bancos centrales de los países ricos, las fuerzas que determinen que ocurrirá, porque ésos son los factores principales detrás de los flujos de capital –más grandes o más pequeños- que reciba la economía costarricense, y la magnitud de tales flujos (incluidas potenciales salidas que podrían darse) son las que determinarían cómo se mueva el dólar.

Y, sin embargo, no debe extrañarnos si el propio BCCR se olvida de su elegante y muy aséptica parla, para seguir interviniendo el mercado cambiario de una forma muy similar a como lo ha hecho por los últimos ocho o nueve meses. Lo cual supondría, tal y como hemos visto, un tipo de cambio muy estable, con apenas mínimas fluctuaciones. La razón no es misteriosa: ese manejo del tipo de cambio es propicio al cumplimiento de los objetivos inflacionarios con que nuestro Banco Central se ha casado en indisoluble matrimonio religioso. O sea, y si de imaginar posibles escenarios se trata, creo que el más probable sería el de un dólar moviéndose de forma tímida y grácil en los alrededores de los 540 colones. Una segunda posibilidad es que, en caso de abundancia de dólares (no muy probable pero tampoco imposible), se permita alguna baja del dólar. En cambio, parece muy poco probable que se permita la devaluación –ni siquiera una devaluación suave y gradual- en virtud de los efectos inflacionarios que ello podría tener (además de que la banca comercial –con quien el BCCR está ligado por íntimos y muy afectivos lazos- no querría, puesto que no le convendría, que tal cosa se dé).

desempleadaPor otra parte, y tanto para 2015 como para 2016, el BCCR prevé un crecimiento económico débil. O sea, nuestra autoridad monetaria anticipa que la anemia seguirá todavía por mucho tiempo más. De ser eso correcto –y lamentablemente es posible que lo sea- ello permite imaginar que los graves problemas del empleo no encontrarán ningún alivio significativo, con todas las gravísimas implicaciones humanas y sociales que ello conlleva. Pero quede claro que esto último lo digo yo, puesto que el BCCR nada dice al respecto. A decir verdad, parece tenerle completamente sin cuidado el pobre desempeño de la economía y, en especial, literalmente le resbala lo que acontezca con el empleo. Su razonamiento se agota en la siguiente fórmula: solo interesa una inflación baja ya que ello facilita el “cálculo económico” y contribuye así a un mejor funcionamiento de los mercados. Esta nebulosa metafísica ha sido reiteradamente desmentida por la realidad costarricense de los últimos seis años, pero persiste gracias al apego dogmático a una teorización vacía de toda relevancia empírica e histórica.

Ése es nuestro patético Banco Central. Me asombra –aunque en adelante ya no más- que el presidente Solís se declare satisfecho con esto. Cuando, por otra parte, esto nos devuelve a lo que indiqué al inicio: urge una reforma legal que obligue a este importante organismo a rendir cuentas –con amplitud y total transparencia- ante las instituciones democráticas y la ciudadanía. No podemos permitir que sigan impunemente causando tanto estropicio.

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