Diálogo Violento

La mediocridad, el nuevo estándar tico

Publicado el: Viernes, 20 de febrero del 2015

Por: Carlos Jorge Rodríguez Dussán

Cuando no hay nada bueno que decir se recure al consuelo. Algunas veces lo hacemos por sarcasmo y muchas otras por simple resignación.
Luego de los comentarios del ex-presidente Oscar Arias:

“Ayer, después de almorzar en Turrúcarres con un grupo de exdiputados, Suzanne y yo tomamos la ruta 27 (diseñada en los noventas) y nos vinimos a Jacó a pasar la noche y disfrutar del sol y del mar. Qué maravilla de carretera! Como me alegra haberla construido!”

No pude evitar llevarme la mano a la frente, por vergüenza ajena, por incredulidad y por un poco de rabia tengo que admitirlo. Es más que sabido todos los problemas que tuvo esa carretera a la hora de ser puesta en funcionamiento; mala planificación, pésima implementación, inseguridad, costo excesivo de construcción y un peaje exagerado. La ruta 27 es un ejemplo de lo mal que puede llevarse a cabo un contrato por concesión. Sin embargo Arias como buen burócrata experimentado busca la manera de cambiar la historia y establecer en la consciencia social dicha obra como un triunfo para su muy cuestionada administración.

Al principio lo interprete como otra demostración del desproporcionado ego con el que cuenta nuestro premio nobel de la paz, pero luego de escuchar y hablar con diferentes personas y de leer diversos comentarios me he dado cuenta que la mediocridad se ha convertido en parte de nuestra idiosincrasia política.

Es un hecho que los últimos 4 gobiernos (por nombrar algunos) no han tenido la más mínima idea de cómo presentar un proyecto de desarrollo vial, y mucho menos han sabido cómo darle mantenimiento a nuestras carreteras, esto no ha sido un problema partidario, pero lo que más me preocupa no es la incompetencia de nuestros “lideres”, lo que me preocupa es como la gente busca maneras para justificar esa incompetencia y celebra los trabajos a medias… como la gente por falta de verdaderos triunfos ha comenzado a celebrar la mediocridad.

Puede ser que refugiarse en el “por lo menos estamos mejor que…” sea un trauma o trastorno social normal ante la falta de evidencia real que nos demuestre una mejora en nuestra calidad de vida. Los medios de comunicación siempre buscan comparar al país y nuestros pobres índices de desarrollo con países mucho más pobres o con peores estadísticas a las nuestras, y es que aunque no lo digan textualmente se comprende que la comparación es para “aliviar” de algún modo esa realidad que nos presentan, porque después de todo no es tan malo estar mal si nos comparamos con quienes están peor.

Esta oda a la mediocridad imposibilita sacrificarnos por alcanzar el desarrollo; hoy en día todos queremos tener un mejor seguro social, siempre y cuando no tengamos que pagar más cuotas, mejores policías y seguridad ciudadana sin tener que pagarles más a los policías o entrenarlos de mejor manera, mejores carreteras pero que nos salgan baraticas y que no le tumben el ranchito a nadie para construirla, una mejor educación pero sin más beneficios a los maestros, mayores libertades individuales siempre y cuando no ofendan mi religión ni me den “asquillo”. Esa mentalidad que ha venido desarrollando el tico de desear vivir en un mejor país siempre y cuando no tenga que incomodarse para lograrlo, ha alimentado a nuestros políticos a lanzarse de brazos abiertos al populismo (ya sea de derecha o de izquierda), por lo que lograr una respuesta honesta por más odiosa que sea por parte de un político que quiere llegar lejos en su profesión es casi imposible, no valoramos a nuestros líderes por las verdades que nos dicen sino por las fantasías que nos plantean.

 

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