Nacionales

¿Cuál país de paz?

Publicado el: Lunes, 21 de septiembre del 2015

Por: Maria Laura Stephen Chaves
Organización Política Carmen Lyra
Fotografia tomada de: VocesNuestras

Han transcurrido algo más de quinientos años, y aún continuamos identificándonos con aquella fatua dominación europea. Un nombre impuesto sobre el cadáver de entre veinticinco y treinta millones de aborígenes. Indudablemente, ha sido necesario que corriera mucha sangre para desarrollar y afianzar históricamente un sistema basado en las desigualdades; también para ir imponiéndolo lentamente sobre la totalidad del planeta. La globalización – nombre que se utiliza para nombrar la forma actual del devenir de aquel vetusto sistema que mutua periódicamente su piel a la manera de las serpientes- descansa sobre una gruesa superficie de cuerpos destrozados, cadáveres que emiten nauseabundos hedores. La historia del capitalismo no sólo es la historia de la acumulación de riqueza, sino que constituye una historia de crímenes legislados, de hambrunas, de miserias, de pestes. R, García.

Con la frase anterior quiero dar inicio a este escrito, motivado por el sentimiento de indignación que palpita en mi corazón y retumba con aún más fuerza cuando cada una de las compañeras y los compañeros indígenas sufre a raíz de las constantes agresiones que reciben y han recibido históricamente por un sistema racista, capitalista, patriarcal, heteronormativo y cristianocéntrico, que aún continúa vigente en muchas consciencias y prácticas.

En el contexto actual es más que necesario recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica porque como decía Saramago “se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia”. Indiferencia que es la que hemos venido percibiendo por parte del poder ejecutivo, legislativo y judicial de Costa Rica hacia los actos de violencia que finqueros, terratenientes y transnacionales han descargado sobre las compañeras y los compañeros indígenas Bribris de Salitre, Buenos Aires, Puntarenas, Costa Rica, Centroamérica.

Ante esto es importante recordar que desde hace aproximadamente 500 años los pueblos indígenas (“indios” según la perspectiva de los conquistadores) de Abya Yala fueron masacrados producto de la conquista y la colonización española. Desgraciadamente esta masacre continúa hoy en día, ya no por los conquistadores españoles, en el caso de Costa Rica es emprendida incluso por los(as) mismos(as) costarricenses, empresas nacionales y transnacionales.

A raíz de todos estos actos de violencia los pueblos indígenas han sido reducidos a los territorios actualmente existentes. Mismos que paradójicamente se encuentran ocupados mayoritariamente por no indígenas, como lo es el caso de Salitre donde según datos publicados en el 2000 “un 60% de las 11700 hectáreas del Territorio Indígena de Salitre está siendo ocupado por personas no indígenas”. A raíz de esto vemos la necesidad de defender el derecho de los territorios indígenas y que los mismos se encuentren en manos de las personas a quienes les pertenece, es decir, el pueblo originario Bribri de Salitre.

Cabe recordar que en el siglo XVI en la Universidad de Valladolid se llevó a cabo un juicio sobre si los “indios” tenían o no tenían alma, de lo cual se derivaba si eran humanos o animales. La discusión en dicho juicio fue motivada por la interrogante de ¿Cómo debían tratar los conquistadores españoles a los y las indígenas? En la misma se encontraban en contraposición dos posturas: por un lado Ginés Sepúlveda quien validaba el plan conquistador, es decir, el sometimiento físico y por el otro lado Bartolomé de las Casas quien defendía la tarea colonizadora, por medio del sometimiento pacífico: la evangelización. Ante lo anterior, considero importante citar el siguiente fragmento, ya que nos permitirá ubicar algunas posturas presentes en el contexto costarricense actual:

Ginés Sepúlveda argumentó a favor de la idea de que los “indios” no tenían alma y que, por lo tanto, son animales que pueden ser usados en los procesos de producción como esclavos sin ser un pecado a los ojos de Dios.

Parte de su argumentación para su demostración era el argumento capitalista moderno de que los “indios” no tenían sentido de propiedad privada y de comercio. Bartolomé de las Casas argumentaba que los “indios” tenían alma pero eran pueblos que estaban en un estadio de barbarie. Por lo tanto, para las Casas, era un pecado a los ojos de Dios esclavizarlos y la tarea era “cristianizarlos”. Aquí se inauguran los dos discursos racistas usados por los imperialismos occidentales a través de los próximos 450 años de expansión colonial europea en el mundo: el discurso racista biológico y el discurso racista culturalista. (Grosfoguel, 2012, p. 91).

Finalmente, en dicho juicio concluyen con que los “indios” si tienen alma, pero debido a que son bárbaros, ya que desde la perspectiva de los conquistadores los “indios” creían en dioses no verdaderos, debían ser cristianizados. Es decir, ellos los conquistadores les llevarían las enseñanzas del “Verdadero Dios”, del “Dios” católico y no solamente esto sino que también les llevarían la civilización para que superaran su estado de “salvajes”. (Grosfoguel, 2012).

Aunque a muchas me gustaría pensar que esto ya fue superado, que es parte del pasado, que solamente es un amargo recuerdo, pues no. Hoy en pleno siglo XXI encuentro que tanto en el plano del discurso, como en la práctica, continúan más que vivos estos matices racistas. Claro ejemplo de ello es el discurso-práctica que el diputado Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana emite sobre la situación en Salitre, la forma en la que los medios de desinformación comerciales reportan los hechos que acontecen en dicho territorio Indígena, la forma como ha actuado el Estado costarricense, además de la indiferencia de gran parte de la población de este país.

Sin embargo, esto no es un acontecimiento nuevo. Desde hace varios siglos en Costa Rica, la población originaria y la población negra, han venido sufriendo las consecuencias de la estigmatización, de la marginalización por el simple hecho de haber nacido negros, negras e indígenas en un país que se vende al resto del mundo como “la suiza centroamericana”, que impone un discurso de ser pacífico, blanco y clase media.

Si bien, el presidente Luis Guillermo Solís celebró en agosto del 2014 la aprobación del proyecto de ley que declara a Costa Rica país multiétnico y pluricultural (expediente 17150), y además de esto saludó “que las y los diputados hayan dado este gran paso, que reconoce a Costa Rica como cuna de múltiples culturas y etnias, las cuales han enriquecido y engrandecido a nuestro país, y lo seguirán haciendo”, los hechos nos muestran, al menos hasta la fecha, que esto no es más que un discurso. La forma en que el Estado costarricense ha actuado respecto de los derechos indígenas no es la mejor cara para la foto del “Estado Costarricense Multiétnico y Pluricultural”. Claro ejemplo de ello, es la licencia que ha dado a la violación de los derechos humanos y territoriales de la población indígena.

En esta misma línea de racismo estatal se suma la no aprobación de la “Ley de Autonomía Indígena” (14.352), misma que ya tiene 20 años en la corriente legislativa.

En los hechos es más que notorio que si bien en Costa Rica existen múltiples grupos étnicos y una pluralidad de culturas, el Estado costarricense dista mucho de reconocer esta diversidad.

En un país que se proclama como blanco, donde la representación social de lo “típico” invisibiliza múltiples aspectos culturales y étnicos que son parte constitutiva de la historia costarricense, un país donde su Constitución Política en el artículo 75 establece que “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado…” con lo cual el Estado asume una religión particular dejando de lado que en Costa Rica hay diversos grupos que no profesan esta religión e incluso invisibilizando las espiritualidades indígenas y afro. En un país donde el sistema educativo público los grupos indígenas son caracterizados como seres del pasado y como agentes ajenos a la cultura del país, donde nos atascan con modelos de belleza importados desde Estados Unidos o Europa afianzado la visión estereotipada de lo bello como lo rubio, alto, delgado… pues en un país con estas características, al menos desde nuestro punto de vista, aún queda mucha tela que cortar, muchas imposiciones por deconstruir, muchos mitos que desmitificar.

En síntesis, con este escrito quiero hacer un llamado a todas aquellas personas que también se sienten indignadas, a esas personas que han despertado de la indiferencia, a esas personas que aún les interpela en el cuerpo, en su mente, en su ser la injusticia, a solidarizarse con la lucha que están llevando a cabo las compañeras y compañeros Bribis de Salitre en la defensa de su legítimo derecho a su territorio.

No permitamos que se cometan más injusticias hacia los pueblos indígenas de la Abya Yala, ya basta de despojos, de saqueo, de humillaciones, del irrespeto a sus derechos, su cultura y su territorio ¡Los pueblos indígenas tienen derecho a ser y a decidir cómo quieren ser! Es nuestro deber histórico, como latinoamericanas y latinoamericanos, defender a los pueblos originarios y tribales, no seamos cómplices de estas nuevas formas de conquista-colonización.

Me uno a la exigencia que hace la Red de Mujeres Rurales hacia el gobierno central y al sistema judicial para que se respeten los derechos de los pueblos indígenas y particularmente los derechos de las mujeres Bribris defensoras y recuperantes del Territorio Indígena Salitre. Además de que cumplan con las leyes, declaraciones y convenios nacionales e internaciones sobre los derechos humanos y los derechos de los pueblos indígenas.

 

Referencias

Berger, G., Vargas, M. y Carlos, J. (2000). Perfil de los Pueblos Indígenas de Costa Rica, Costa Rica: San José.

García, R. (2000). Micropolíticas del cuerpo, de la Conquista de América a la última dictadura militar. Editorial Biblos: Buenos Aires.

Gobierno de la República. (27 de agosto de 2014). Presidente celebra aprobación de proyecto de ley que declara a Costa Rica país multiétnico y pluricultural. Recuperado de http://presidencia.go.cr/prensa/comunicados/41-presidente-celebra-aprobacion-de-proyecto-de-ley-que-declara-a-costa-rica-pais-multietnico-y-pluricultural/

Grosfoguel, R. (2012). El concepto de “racismo” en Michel Foucault y Franz Fanon: ¿teorizar desde la zona del ser o desde la zona del no-ser? Tabula Rasa, 16, 79-10. Recuperado de http://www.revistatabularasa.org/numero-16/05grosfoguel.pdf

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