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Los países ricos hicieron que el FMI recuperara poder e influencia

Por Ernesto Carmona
20 de mayo, 2009

imfLa crisis global fortaleció al Fondo Monetario Internacional (FMI), que se encontraba sumergido en el más completo descrédito en sus 65 años de existencia. Pero ésta fue una imposición del Reino Unido y de los demás países ricos que dominan el llamado Grupo de los 20, el G 20, donde también participan Brasil y Argentina, que ha sido víctima de las políticas del fondo.

La idea central es que haya “cambios para que todo quede igual”, como decía el personaje de la novela Il Gattopardo, escrita por el italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa. O sea, fingir cambios pero dejando las cosas como están para garantizar la existencia del “libre mercado”.

La aparente pérdida de EEUU del control del Banco Mundial, cuya presidencia probablemente recaiga en el futuro próximo en otros países ricos con gobiernos de derecha y extrema derecha, como el Reino Unido, Francia o Alemania, constituye otra medida gattopardiana para enfrentar la crisis. Dicho de otro modo, equivale a poner a los ratones como vigilantes del queso parmesano, según centenares de noticias censuradas coleccionadas por el Proyecto Censurado de California.

El FMI volvió al lugar central

El despliegue de la crisis económica global puso de nuevo al Fondo Monetario Internacional (FMI) en el lugar central. Típicamente, el FMI presta a los países en crisis y, a cambio, exige el cumplimiento de rigurosos ajustes económicos depredadores.

El Secretario del Tesoro de EEUU, Timothy Geithner, ha propuesto incrementar el financiamiento del FMI a 500 mil millones de dólares, pidiéndole al Congreso de EEUU que disponga de 100 mil millones para ampliar el poder y el alcance del Banco Mundial y del FMI a fin de asegurar la conservación del “libre comercio”.

La escala del préstamos del FMI ya es inmensa, y ha crecido por encima del 38% en los últimos dos años: les ha extendido préstamos ampliados a Islandia (2.400 millones de dólares), Ucrania (6.500 millones) y Hungría (15.700 millones). Paquistán, Serbia, Bielorrusia y Turquía son candidatos a probables nuevos préstamos en un futuro próximo.

Las condiciones que trae consigo esta última ronda de préstamos del FMI son particularmente opacas, pero sus sostenedores están seguros de que los países beneficiarios llegarán a ser vulnerables a una presión intensa para privatizar los recursos públicos, reducir verticalmente los gastos en educación, salud y bienestar, mientras se reducen las protecciones y la soberanía.

Un encuentro de economistas progresistas realizado en Venezuela en octubre de 2008 advirtió que la dinámica de esta crisis “anima nuevas rondas para la concentración de capitales y, si la gente no se opone firmemente a esto, es peligrosamente probable que la reestructuración ocurra simplemente para salvar a los sectores privilegiados”. Sin una resistencia eficaz, la crisis será solventada a expensas de poblaciones crecientemente más desposeídas.

“Este es un aspecto importante a entender: la crisis capitalista no lleva automáticamente al final del capitalismo. Sin resistencia eficaz y lucha, la crisis será eventualmente resuelta a expensas de la gente trabajadora, particularmente en el hemisferio sur”, escribió Adam Hanieh, especialista en política económica del Medio Este europeo, de la Universidad York, de Toronto, Canadá. Su artículo, publicado en Left Turn, se titula “Haciendo pagar la crisis a los pobres del mundo: la crisis económica y el Sur global”.

EEUU “pierde” al presidente del Banco Mundial … pero todo seguirá igual

EEUU perdió su poder de designar al presidente del Banco Mundial después que el secretario de Desarrollo del Reino Unido, Douglas Alexander, negociara un acuerdo para abrir el puesto a candidaturas de cualquier país.

Apoyado por gobiernos europeos y de países en vías de desarrollo, Alexander venció la resistencia de EEUU y Japón para asegurar una reforma que él describió como “significativo paso adelante”.

Washington ha tenido derecho a escoger a dedo al presidente del Banco Mundial desde que fundaron la institución después de la Segunda Guerra Mundial, con Europa eligiendo al director-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).

“El acuerdo proporciona la oportunidad para que los candidatos sean nombrados sin importar nacionalidad; se asegurará de que seleccionen al candidato más bien capacitado”, dijo Alexander.

Los países no desarrollados han vivido más de medio siglo frustrados cada vez más por el dominio de las naciones ricas en los dos cuerpos multilaterales con sede en Washington, el banco y el FMI.

La presión por un cambio se aceleró después de la presidencia vergonzosa ejercida por Paul Wolfowitz, un hombre del entorno de Bush y ex asesor ideológico del Pentágono y teorizador de las políticas guerreras de Washington, quien fue obligado a renunciar por el escandaloso aumento de sueldo a su novia, también empleada del banco.

Curiosamente, el actual presidente del banco, Robert Zoellick, de conocida trayectoria globalizante según los intereses estadounidenses, ahora urgió a los países ricos a no olvidar sus compromisos de ayuda financiera al “mundo en vías de desarrollo”, eufemismo que alude a los países pobres. El banco cree que el número de subalimentados, o sea, hambrientos, aumentará en 44 millones este año.

Los países donantes también discutieron un probable paquete de ayuda de varios miles de millones de dólares para la reconstrucción de Zimbabwe, pero Alexander dijo que un nuevo gobierno zimbabuense tendría que demostrar respeto por los derechos humanos y permitir que las organizaciones de caridad entreguen su ayuda al país. Como generalmente esa ayuda “caritativa” está condicionada políticamente y las acusaciones contra el gobierno de ese país registran una marcada intencionalidad política, los cambios en el Banco Mundial parecen “más de lo mismo”.

Fuente: Argenpress

Can Treasury Sneak IMF Money Through the Supplemental?

By Robert Naiman
May 19, 2009

A protester in the Philippines. The organizers of the protest are accusing multilateral lending institutions, the World Bank and the International Monetary Fund (IMF) of imposing unrealistic economic policies on the Philippines. (Photo: Getty Images)

A protester in the Philippines. The organizers of the protest are accusing multilateral lending institutions, the World Bank and the International Monetary Fund (IMF) of imposing unrealistic economic policies on the Philippines. (Photo: Getty Images)

Almost completely lost in the drama over the war supplemental for Afghanistan, Iraq and Pakistan is a sneaky play by the US Treasury Department to get $108 billion in tax dollars for the International Monetary Fund through the supplemental. Of course, if Treasury can get the money through the supplemental, it can avoid any Congressional debate over the policies of the International Monetary Fund and whether this is a wise and just use of US tax dollars, and whether Congress should insist on meaningful, observable reforms of IMF policy as the price of new US funding.

After 1980, the IMF became one of the most powerful institutions in the world. The IMF’s power largely derived from the fact that it headed a “creditors’ cartel” that included the World Bank and other multilateral development banks, and as a result developing countries that didn’t obey the IMF’s policy “advice” could face a cut-off of international credit – a powerful disincentive. This power was used to impose an agenda of privatization, cuts in social spending, and removal of policies deemed obstacles to profit by foreign banks and corporations. The power of the IMF in middle-income countries has waned in recent years, as Venezuela, Brazil, Argentina and other countries broke free, repudiating a legacy of policies that failed to promote economic growth and reduce poverty. But in the poorest countries, especially in Africa, the IMF’s abusive reign has largely continued. Now, rich countries are trying to strengthen the influence of the IMF, using the “opportunity” of the global economic crisis – that’s the context of Treasury’s request for more US tax dollars.

The House so far has rejected Treasury’s request. Regardless of what one thinks of the IMF, there’s a common-sense, nonpartisan, good-government reason not to include IMF funding in the supplemental: funding for the IMF is not an “emergency” and it has nothing to do with funding the wars. The only reason to include funding in the supplemental is to avoid transparency and debate.

But on Thursday the Senate Appropriations Committee went along with Treasury’s request. The Senate is expected to consider the supplemental next week; if the money for the IMF is not stripped out, the question will go to a House-Senate conference. In a House-Senate conference, the leverage of Congressional leadership is high and that of rank-and-file legislators is weak, so Treasury may get its way even if the majority of House members wouldn’t support money for the IMF in a freestanding vote.

That would be a terrible shame. The last time there was a vigorous Congressional debate on the policies of the IMF was 1998, over ten years ago. Real reforms – not changes in rhetoric that have no practical consequence, but actual changes in policy that one can verify – would have a tremendous impact on the quality of life of millions of people around the world.

In 2000, at the urging of aid groups and the AFL-CIO, Congress passed legislation that required the US representatives at the IMF and the World Bank to oppose any agreement between these institutions and developing countries that required governments to impose school fees on primary education, a policy previously embraced by the World Bank that had kept many children out of school, especially girls. In part as a result of this legislation, the World Bank publicly repudiated the previous policy, and this opened space for many countries to dramatically expand access to primary education.

Today a coalition of NGOs is demanding that as the price for any new US funding, the IMF agree to the following reforms: the IMF must not impose contractionary policies during recessions, or must provide quantitative justification for doing so; the IMF must exempt health and education spending from any government budget caps; parliaments must be given authority to approve or reject deals negotiated between the IMF and finance ministries.

If the IMF will not agree to stop imposing contractionary policies during recessions, or will not agree to stop promoting cuts in education and health spending, then the much-advertised pretense that funding the IMF bears any relationship to helping poor people in poor countries doesn’t pass the laugh test. If we truly want to help poor people in poor countries, there are far better things we can do with $100 billion. Indeed, simply using this money to stimulate our own economy would do far more good for the world, through increasing our capacity to absorb other countries’ exports, not to mention the remittances that flow from our economy to Haiti, El Salvador and elsewhere, than would increasing the leverage of the IMF to impose austerity.

Robert Naiman is senior policy analyst at Just Foreign Policy.

Fuente: t r u t h o u t

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