Por: Luis Quirós R.
Con el inicio del siglo XX el ser humano se encontró a sí mismo encerrado dentro de una concepción clásica, mecánica y determinista del universo, nos imaginábamos el universo cual máquina que seguía leyes de manera absoluta, sin salirse de la ruta predefinida por el pasado. Esto en el contexto de la física, sin embargo aparecían indicios en la filosofía que apuntaban hacia la necesidad de replantearnos el absolutismo, el universo mecánico clásico. El trabajo de Albert Einstein y contemporáneos como Pauli, Heisenberg, Von Neumann, Dirac, Bohr, Schrödinger y otros nos abren los ojos respecto al funcionamiento del universo en la escala atómica y menor, un universo de nuevas reglas, arbitrarias para nuestra lógica de mamífero que habita un universo clásico. Un ejemplo que ayuda a visualizar la distinta lógica imperante a estas escalas es el mismo hecho de existir, en nuestro mundo de objetos físicos en escalas de tiempo de segundos asociamos el fenómeno de existir a un espacio confinado dentro de un rango de tiempo definido, podemos palpar las cosas, sentirlas, observarlas moverse en el tiempo y mantenerse en un punto definido. Cuando los objetos alcanzan una escala, aún más pequeña que un núcleo atómico las leyes cambian drásticamente, los objetos no existen en lugares ni tiempos definidos, su existencia es más similar a una nube de existencia que a lo concreto que solemos asociar con el mundo que nos rodea. La historia ha avanzado desde el descubrimiento de estos fenómenos, el fundamento matemático sigue intacto a la fecha, y recientemente nuestras tecnologías nos permiten echar un ojo a esas escalas y analizar los extraños fenómenos que ocurren a ese nivel. Las implicaciones para la sociedad debido a las tecnologías derivadas de estos fenómenos recién controlables van a causar una revolución en la generación de energía, en nuestra capacidad de cómputo y en la forma misma en la vemos el universo que nos rodea. Ver artículo completo




