Nuestro largo historial de políticas lamentables nos ha puesto a nosotros y a las mujeres afganas en un callejón sin salida. Si nos vamos, los talibanes pueden hacerse con el poder o permitir que les compren a cambio de una porción importante del gobierno, en detrimento de las mujeres. Pero si nos quedamos, los talibanes pueden seguir haciéndose con el poder sigilosamente, o pueden permitirse que les compren (o “les reconcilien”) a cambio de sobornos y una porción importante del gobierno, todo ello en detrimento de las mujeres, mientras continuamos luchando para preservar ese mismo gobierno.





