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	<title>Amauta &#187; desarrollo</title>
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	<description>La Revista Independiente de Costa Rica</description>
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		<title>Panamá: El brillo del cobre enceguece al gobierno</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Feb 2012 01:44:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
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		Por tercer año consecutivo el gobierno del presidente Ricardo Martinelli reprimió al pueblo ngobe-buglé en su propia comarca situada en el extremo occidente de Panamá. En 2010 cobró 2 vidas de obreros en las bananeras de Changuinola, Bocas del Toro. El fin de semana pasado el gobierno asesinó en San Félix al trabajador ngobe, Jerónimo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2012/02/panama-represion-resistencia-ngabe-bugle.jpg" width="240" />
		</p><p>Por tercer año consecutivo el gobierno del presidente Ricardo Martinelli reprimió al pueblo ngobe-buglé en su propia comarca situada en el extremo occidente de Panamá. En 2010 cobró 2 vidas de obreros en las bananeras de Changuinola, Bocas del Toro. El fin de semana pasado el gobierno asesinó en San Félix al trabajador ngobe, Jerónimo Rodríguez, hirió a 50 manifestantes y detuvo a cerca de 100 manifestantes.<span id="more-32165"></span></p>
<div id="attachment_32181" class="wp-caption alignleft" style="width: 420px"><img class=" wp-image-32181 " title="panama represion resistencia ngabe bugle" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2012/02/panama-represion-resistencia-ngabe-bugle.jpg" alt="" width="410" height="243" /><p class="wp-caption-text">(Foto: Orgun Wagua)</p></div>
<p>El país fue sacudido desde el 31 de enero por una insurrección generalizada de los ngobe que protestaban contra un proyecto de ley en la Asamblea que permitiría la explotación minera e hidráulica en la Comarca. El rechazo de los desmanes del presidente y su equipo de gobierno se extendieron a casi todas las provincias del país. Los negocios han sufrido fuertes pérdidas y la imagen del país se ha deteriorado en el exterior. Las capas medias se sienten inseguras y hay incertidumbre. El pueblo – el 80 por ciento de la población – sospecha que si hoy son los ngobe, mañana las víctimas de la represión pueden ser sus propios hijos.</p>
<p>El acuerdo de San Lorenzo entre el gobierno y la dirigencia de la coordinadora ngobe buglé, alcanzado el 7 de febrero con la mediación de la Iglesia católica, puso fin a las protestas que sacudieron al país durante casi 10 días. Sin embargo, no eliminaron y tampoco mitigaron las causas del conflicto. Rogelio Montezuma, fiscal de la Coordinadora de los Pueblos Indígenas, denunció que hay más de 200 desaparecidos. Sus familiares dicen que la lucha ngobe no ha terminado. “Ahora es que comienza” y seguirán vigilantes de que se cumpla lo acordado.</p>
<p>La insurrección ngobe buglé  tiene una explicación muy obvia y transparente. En cambio, la agresividad tipo criminal del gobierno es menos obvia y con motivos que no son tan fáciles de identificar.</p>
<p>Los gnobes han planteado desde hace varias décadas que no quieren que se desarrollen explotaciones mineras en el área que en 1997 fue declarada una comarca con sus leyes y reglamentos propios. En febrero de 2011 ante una ofensiva gubernamental, los ngobe lograron arrancarle al gobierno un compromiso de que enviaría a la Asamblea una ley prohibiendo la explotación minera. Renegando su palabra, un año después el presidente Martinelli hizo que la Asamblea de Diputados aprobara en primer debate un proyecto de ley que le abriera las puertas a la explotación minera en la comarca.</p>
<p>¿Por qué el presidente Martinelli está obstinado en reprimir al pueblo ngobe buglé?</p>
<p>Es una cuestión de negocios. El gobierno nacional no tiene proyecto nacional o interés por impulsar un programa de desarrollo para el país. En las entrañas de la comarca Ngobe Buglé está el yacimiento Cerro Colorado que contiene la reserva de mineral cuprífero más grande de América latina.</p>
<p>La mina que podría producir más de 25 mil millones de dólares en un período de 70 años es propiedad de la Corporación de Desarrollo Minero Cerro Colorado (CODEMIN), empresa del Estado panameño. La misma está autorizada por ley para hacer concesiones a empresas privadas para explotar su riqueza mineral. Cuando la CODEMIN fue creada en la década de 1970, el general Omar Torrijos era jefe de gobierno, se pensó que serviría para contribuir al desarrollo del país. En aquella época, el gobierno militar se asoció con tres multinacionales -Texasgulf, Canadian Javelin y Rio Tinto-Zinc – antes de abandonar el proyecto cuando los precios en el mercado mundial se desplomaron.</p>
<p>En la actualidad, el precio del cobre fluctúa entre los 5 y 8 mil dólares la tonelada. Con ese precio, la inversión en Cerro Colorado se recuperaría rapidamente. Los planes para explotar Cerro Colorado pasan por una concesión internacional con la participación de la trasnacional canadiense, Inmet Mining Corporation, el gobierno coreano y capitalistas nacionales.</p>
<p>La desesperación del presidente Martinelli y su equipo de gobierno para culminar con éxito el negocio, ha creado en el país una situación que limita con el caos. Su ministro de Seguridad Pública ha acabado con todos los resguardos de la Constitución Política. Interrumpió la comunicación inalámbrica en el área sin orden judicial.  Allanó viviendas y detuvo a panameños que protestaban llevándolos a la ciudad de Panamá. El ministro de Seguridad admitió que los agentes de Policía portaban armas de fuego en los operativos contra los ngobe.</p>
<p>Según informes de los medios de comunicación, la Policía Nacional violó el derecho a la asistencia sanitaria, a la asistencia legal de los detenidos, el debido proceso al no poner a disposición de las autoridades judiciales a los detenidos en el plazo estipulado por ley y violó los principios básicos de protección de los menores de edad y limitó la libertad de prensa.</p>
<p>El Partido Alternativa Popular (PAP) anunció que acusaría al jefe de la Policía Nacional ante la Procuraduría General de la Nación por extralimitación de funciones. Igualmente, el PAP llevará una denuncia contra el ministro de Seguridad, J. Raúl Mulino, ante la Corte Internacional de Derechos Humanos por crímenes de lesa humanidad.</p>
<p>A pesar de los engaños y los diálogos frustrados, el pueblo ngobe-buglé se ha mantenido firme en su posición de no permitir que las empresas cupríferas extranjeras en combinación con los rentistas panameños destruyan sus comunidades. El plan de las multinacionales es explotar Cerro Colorado utilizando tecnologías de cielo abierto, mucho más económicas, pero también insostenibles. La población ngobe tendría que abandonar sus tierras y migrar hacia las ciudades.</p>
<p>Aún no es claro quienes serían los socios panameños de los canadienses y del gobierno coreano en la empresa cuprífera de Cerro Colorado. Se supone que el presidente Martinelli estaría a la cabeza del grupo empresarial local. En la actualidad, la Inmet canadiense y el gobierno coreano están a punto de iniciar la extracción de cobre en la mina de Petaquilla, en el distrito de Donoso, provincia de Colón.</p>
<p>Según el economista panameño, William Hughes, “aún cuando el gobierno del presidente Martinelli dice no estar interesado en explotar Cerro Colorado, la empresa canadiense <em>Corriente Resources</em> hace trabajos en el sitio con conocimiento del gobierno”. Todo indica que los empleados de la minera canadiense en la Comarca Ngobe Buglá realizan su labor en forma ilegal. Sin embargo, son ignorados por las autoridades. Hughes agrega que “<em>Corriente Resources</em> fue adquirida por empresas estatales chinas, la Tongling Nonferrous Metals Group Holdings Co. Ltd. y la China Railway Construction Corp. Ltd.”</p>
<p>Otra fuente de conflicto son las empresas que tienen proyectos de generación de energía hidráulica en la Comarca Ngobe-Buglé. Familiares de altos funcionarios del gobierno tienen intereses en estas empresas. Las represas que se construyen en la actualidad y las otras que aún están en la etapa de diseño, exportarán energía por la red mesoamericana hacia el mercado de EEUU.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Marco A. Gandásegui, hijo, es profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del <a href="http://www.salacela.net/" target="_blank">CELA</a></em></p>
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		<title>Conflictos hidro-mineros Panamá-Costa Rica: Más similitudes que diferencias</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 18:37:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
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		Desde Panamá  siguen llegando las noticias del heroico conflicto y resistencia que han presentado los pueblos indígenas a los planes de saqueo, recolonización y depredación de los grandes capitales de las industrias extractivas imperialistas en ese país. El Gobierno de Martinelli que apuntala a esos capitales no ha escatimado la represión brutal tras esos propósitos. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/we-agree-crisis-in-common.jpg" width="240" />
		</p><p>Desde Panamá  siguen llegando las noticias del heroico conflicto y resistencia que han presentado los pueblos indígenas a los planes de saqueo, recolonización y depredación de los grandes capitales de las industrias extractivas imperialistas en ese país. El Gobierno de Martinelli que apuntala a esos capitales no ha escatimado la represión brutal tras esos propósitos. Paralelo a ello y en atención a la gran demanda de recursos energéticos que requieren las grandes industrias, se impulsan proyectos de construcción de grandes represas hidroeléctricas que por sí mismas también conllevan irreparables atropellos al medio ambiente y a los derechos territoriales, económicos, sociales, históricos y culturales de esas comunidades. Es notorio pues, que esta estrategia de implantación de grandes proyectos mineros e hidroeléctricos a expensas de los derechos y la autonomía de pueblos indígenas y no indígenas, se ha convertido en receta común de cuanto régimen o gobierno de signo derechista o progre-izquierdista tenemos en América Latina. El caso en comentario de Panamá con Martinelli es elocuente. Pero no lo son menos los casos de los pueblos mapuches y la Hidroaysen en Chile bajo el gobierno de Piñera, de las regiones de Cajamarca en Perú bajo el gobierno de Ollanta Humala, ni qué decir la prolongada resistencia de los pueblos amazónicos bajo los gobiernos Lula-Dilma, del entreguismo a los grandes capitales de la minería a cielo abierto bajo el gobierno del exguerrillero Pepe Mujica en Uruguay, o -ni más ni menos- que el caso de los pueblos indígenas del Tipnis en Bolivia bajo el gobierno de su “hermano” Evo Morales.  <span id="more-32167"></span></p>
<div id="attachment_27954" class="wp-caption aligncenter" style="width: 585px"><a href="http://www.justseeds.org/blog/2010/08/we_agree_a_crisis_in_common_op.html" target="_blank"><img class="size-large wp-image-27954" title="we agree crisis in common" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/we-agree-crisis-in-common-575x219.jpg" alt="" width="575" height="219" /></a><p class="wp-caption-text">Estamos de acuerdo: Una crisis en común (Arte: cooperativa Taring Padi / Justseeds)</p></div>
<p>Acá en Costa Rica no es distinto. La voracidad capitalista de estos consorcios de las industrias hidro-extractivas se ha expresado en grandes proyectos mineros, hidroeléctricos y de exploración y explotación petrolera, mismos que hasta el momento no han prosperado tanto en razón de la resistencia histórica de las comunidades y los movimientos sociales, como de las aberraciones y contradicciones del régimen en su ordenamiento jurídico administrativo-ambiental, que ha hecho aflorar por cierto toda la corrupción que suelen conllevar esas iniciativas. Es decir, una combinación de la lucha en las calles y en los mismos antros judiciales del sistema, ha dado al traste momentáneamente a todos estos planes de recolonización y depredación. Tales han sido los casos de los planes petroleros en las zonas costeras e indígenas de la Provincia de Limón y que hoy precisamente se pretenden revivir en esa y otras regiones del país, o aquel caso de la represa de Boruca en los territorios de esa comunidad indígena y que hoy también se intenta revivir con el megaproyecto hidroeléctrico del Diquís que toca territorios indígenas y no indígenas en la misma Zona Sur del país, el caso del trágico proyecto minero de Bellavista en Puntarenas y que hoy también se pretende abrir paso bajo el alero del Gobierno de Laura Chinchilla, y qué decir del más reciente y emblemático caso de Crucitas derrotado luego de una larga resistencia de más de 18 años pese a contar con todo el apoyo y la corrupción de los últimos gobiernos de Oscar Arias y Laura Chinchilla.</p>
<p>Como se ve, en este punto no hay mayores diferencias en cuanto al fondo de la estrategia recolonizadora y depredadora del Capital y las grandes transnacionales de la industria eléctrica y extractiva hoy en Panamá, con el resto de América Latina y con el caso de Costa Rica en particular. Los planes imperialistas son idénticos desde en el discurso respecto al “desarrollo” hasta el miedo y el chantaje respecto a “las demandas energéticas”.</p>
<p>Por otro lado, hoy todos los sectores políticos de la izquierda “progre” y de los movimientos sociales, ambientalistas e indigenistas de carácter progresista en Costa Rica, nos manifestamos en justa solidaridad con los pueblos gnobes de Panamá que hoy resisten heroica y ejemplarmente el brutal vasallaje y atropello a sus derechos por parte de un gobierno y un régimen abiertamente neoliberal, derechista y testaferro de las grandes transnacionales. Mas debe abandonarse esa doble moral que impide hacer lo mismo con aquellos otros pueblos avasallados por regímenes y gobiernos supuestamente “progre-socialistas” de América Latina, no menos testaferros de las grandes transnacionales hidro-extractivas que el de Martinelli.</p>
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		<title>Panamá: la lucha del pueblo Ngabe-Buglé contra mineras e hidroeléctricas</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 15:41:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
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		Al menos un asesinado, el compañero Jerónimo Rodríguez Tugrí, podrían ser más, decenas de heridos, centenares de detenidos, la imposición no declarada del estado de sitio en la zona, incluyendo el corte de las comunicaciones, ha sido el costo impuesto por  el gobierno de Ricardo Martinelli para despejar la vía Interamericana, bloqueada en varios lugares [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2012/02/ngobe-bugle-resistencia-panama.png" width="240" />
		</p><p>Al menos un asesinado, el compañero Jerónimo Rodríguez Tugrí, podrían ser más, decenas de heridos, centenares de detenidos, la imposición no declarada del estado de sitio en la zona, incluyendo el corte de las comunicaciones, ha sido el costo impuesto por  el gobierno de Ricardo Martinelli para despejar la vía Interamericana, bloqueada en varios lugares durante seis días por miles de habitantes de la comarca Ngabe-Buglé, en la República de Panamá. La demanda que moviliza al pueblo Ngabe-Buglé, dirigido por un organismo asambleario, la Coordinadora de Lucha, cuyos principales dirigentes son Rogelio Montezuma y la cacique comarcal Silvia Carrera, consiste en exigir la prohibición de la explotación minera y la construcción de nuevas hidroeléctricas en su comarca.<span id="more-32106"></span></p>
<div id="attachment_32108" class="wp-caption aligncenter" style="width: 585px"><a href="http://otramerica.com/multimedia/galeria-fotos/imagenes-de-represion-y-resistencia/1488" target="_blank"><img class="size-large wp-image-32108" title="ngobe bugle resistencia panama" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2012/02/ngobe-bugle-resistencia-panama-575x383.png" alt="" width="575" height="383" /></a><p class="wp-caption-text">(Foto: Otramérica)</p></div>
<p><strong>500 años de lucha contra el saqueo minero</strong></p>
<p>El pueblo Ngabe-Buglé viene luchando desde el momento mismo de la Conquista contra los colonizadores ávidos de sus riquezas minerales. Cronistas como el padre De las Casas narran que el propio Cristóbal Colón en su cuarto viaje llegó a la vertiente caribeña de las actuales provincias de Veraguas y Bocas del Toro, donde habitaban, y siguen habitando, los miembros de esta etnia. Los europeos se impresionaron por el oro que portaban y Colón decidió establecer la primera colonia en Tierra Firme, Santa María de Belén, a orillas de la desembocadura del río Belén o Yebrá, como le llamaban sus habitantes originarios. Ante la violencia del despojo que intentaron, incluso secuestrándolo, el mítico cacique Quibián se fugó y organizó una liga de tribus contra los españoles, destruyendo Belén e hiriendo al propio hermano del almirante, Bartolomé Colón, en 1503.</p>
<p>En 1520-27, otros conquistadores como Gaspar de Espinosa y Pedrarias Dávila fueron derrotados por el legendario cacique Urracá,  en sus intentos de posesionarse sobre las minas de oro de Veraguas. Urracá los mantuvo en jaque, y llegó a sitiar la ciudad colonial de Natá, en lo que se llamó “La batalla de las razas”.  La mayoría de las descripciones del genocidio de los españoles contra los indígenas de América, que relatara el padre De las Casas, se refieren a hechos ocurridos en el Istmo de Panamá. Aunque de esas crónicas salieron las “Leyes de Indias” que intentaban frenar el genocidio, los encomenderos hicieron poco caso de ellas.</p>
<p>A fines del siglo XIX, siendo Panamá parte de Colombia, los abusos de los terratenientes y la propia Iglesia continuaban, bajo la forma de impuestos como el diezmo y de arrebatarles arbitrariamente sus tierras para fincas ganaderas. Esto motivó que otro gran líder indígena, el general Victoriano Lorenzo, aprovechara la Guerra de los Mil Días (1899-1902), narrada tantas veces por García Márquez, para transformar las demandas liberales por democracia en una guerra campesino indígena contra los terratenientes blancos de Penonomé y Natá.  La insurrección fue total, logrando Victoriano el control de todo el interior del país, salvo la ciudad de Panamá, a la que los “marines” yanquis protegieron militarmente. Victoriano fue traicionado por liberales y conservadores, asesorados por Estados Unidos (Pacto del Acorazado Wisconsin), siendo fusilado poco antes de la imposición de los Tratados de 1903, que cuya consecuencia fue la separación de Colombia y la Zona del Canal.</p>
<p><strong>Ngabe-Buglés la fuerza de trabajo agrícola</strong></p>
<p>Los miembros de esta etnia, vulgarmente llamados por la élite gobernante “cholos” o “guamíes”, han sido por más de cien años la fuerza de trabajo barata para el sector agrícola panameño. Son la mano de obra esencial en las bananeras, en la zafra del azúcar y en la cosecha del café, también en la limítrofe Costa Rica donde emigran para trabajar. Pese a su importante aporte económico, reciben los peores salarios, a más de la discriminación racista. Hoy por hoy, según cifras oficiales son el grupo más pobre del país, entre quienes la pobreza sobrepasa el 90% y la pobreza extrema al 80% de sus habitantes. Mayormente habitan la cordillera del centro – occidente de Panamá, a donde fueron desplazados desde los llanos por la industria agrícola y ganadera. Ahora resulta que viven en cerros poco productivos para la agricultura, pero cargados de ricos yacimientos de cobre y oro codiciados por las transnacionales mineras.</p>
<p><strong>Una verdadera revolución estremece al pueblo Ngabe-Buglé</strong></p>
<p>Esta es la tercera vez en dos años que el pueblo Ngabe-Buglé pone en jaque al gobierno empresarial de Ricardo Martinelli. La primera fue en julio de 2010, cuando se pretendió imponer un conjunto de leyes bajo una sola (Ley Chorizo) que, entre otras cosas, pretendía debilitar los sindicatos obreros cortando los descuentos de las cuotas de los trabajadores, modificaba la legislación ambiental para facilitar proyectos sin estudio de impacto ambiental y permitía a los policías acusados de violar los derechos humanos seguir en el cargo sin sanciones. En esa ocasión, el Sindicato de Trabajadores de la Chiriquí Land Co. (SITRACHILCO), de la transnacional norteamericana United Brands (Chiquita), y los sindicatos de las bananeras independientes, convocaron una huelga en la región de Changuinola, provincia de Bocas del Toro. En aquella ocasión la movilización fue duramente reprimida, a costa de diez muertos y centeneras de heridos, pero no pudo ser derrotada. Por el contrario, desembocó en la primera huelga general nacional de la última década. La ley tuvo que ser parcialmente derogada.</p>
<p>De más está decir que la dureza de aquella represión, en la que la policía disparaba perdigones a la cara de los obreros bananeros, la mayoría de la etnia Ngabe-Buglé,  hubo unos cincuenta lesionados en la vista, se traslució con claridad la actitud racista del propio Martinelli, su ministro de seguridad pública, José Raúl Mulino, y los jefes policiales. Incluso en conferencia de prensa, el presidente y su ministro, llegaron a hablar despectivamente de que el movimiento estaba compuesto por “indios borrachos” y otras expresiones inaceptables, que en cualquier país civilizado hubieran significado la destitución y enjuiciamiento de ambos por racismo y violación de los derechos humanos.</p>
<p><strong>La lucha contra la minería en 2011</strong></p>
<p>El segundo momento de lucha del pueblo Ngabe-Buglé fue en enero-febrero de 2011, cuando el gobierno intentó imponer un nuevo Código Minero que facilitaba la exploración y explotación minera en todo el país, e inclusive la participación en el negocio minero de empresas estatales (coreanas y canadienses), algo que prohíbe la Constitución Política.  Al igual que ahora, decenas de miles de indígenas de la etnia, convocados por la Coordinadora de Lucha, bajaron a la Interamericana y la cortaron por varios días y, ante el repudio que había recibido el gobierno por la represión de 2010, Martinelli se vio obligado a ceder, derogando el Código Minero y firmando un acuerdo por el cual se comprometía a suspender toda explotación minera e hidroeléctrica en la comarca, en particular del yacimiento cuprífero de Cerro Colorado en el que habitan miles de familias.</p>
<p>El gobierno tuvo que negociar y pactar con el movimiento. Aunque reprimió acciones de solidaridad en Panamá y arrestó y expulsó del país a los periodistas españoles Paco Gómez Nadal y Pilar Chato.</p>
<p><strong>Nuevamente la lucha contra la minería en 2012</strong></p>
<p>En febrero de 2012, nuevamente convocados por la Coordinadora de Lucha, miles de personas salieron de las comunidades comarcales para cortar la Interamericana ante la pretensión del gobierno de revivir el Código Minero, sin incluir el artículo 5, en el que se pactó la prohibición de minas e hidroeléctricas en la comarca. Durante seis días se mantuvo cortada la carretera, en varios puntos del occidente del país, quedando varados centenares de camiones de carga, pasajeros, quedando desabastecida la ciudad de Panamá de productos agrícolas y la provincia de Chiriquí de combustible. Para justificar la represión, tanto el gobierno panameño como el de Laura Chinchilla de Costa Rica, falsearon los hechos para insinuar que los indígenas habían secuestrado a turistas de aquel país, quienes en realidad quedaron varados en la carretera.</p>
<p>Para preparar la represión, que finalmente se desató el domingo 5 de febrero al amanecer, se cortaron dos días antes las comunicaciones con la zona del conflicto, se cercó el área y se prohibió llevar agua y alimentos a quienes protestaban, pese a que había familias enteras con niños pequeños, se negaron a enviar emisarios al diálogo mediado por la Iglesia católica, y se lanzó una campaña mediática para culpar al movimiento de las grandes pérdidas económicas. Pese a ello, el gobierno no ha logrado su propósito, pues desde la tarde del domingo se desataron marchas y protestas de solidaridad, tanto en la ciudad de Panamá, como en Colón y Changuinola, donde los sindicatos amenazan con otra huelga. Así como cortes de apoyo de otras etnias indígenas, como los kunas y los emberás, quienes han cortado la interamericana al oriente del país, en dirección al Darién. Las manifestaciones han recibido respaldo de la ciudadanía que salía a los balcones goleando pailas o tocando sus bocinas en apoyo a la lucha y en repudio de las acciones represivas del gobierno.</p>
<p><strong>Los inconfesables intereses detrás del negocio minero y las hidroeléctricas</strong></p>
<p>En estos momentos se encuentra en plena explotación la mina de oro de Cerro Petaquilla, en la provincia de Coclé, y está próxima a iniciar otra de cobre y oro en Donoso, provincia de Colón. Pero Cerro Colorado, ubicado más al occidente, dentro de los límites de la comarca Ngabe-Buglé, es uno de los mayores yacimientos del continente americano y ha estado en la mira desde los años setenta, pero la resistencia indígena y la caída de los precios internacionales hizo desistir por dos décadas a las codiciosas mineras y sus socios nacionales.</p>
<p>Sin embargo, el economista Alessandro Ganci (<em>“Las razones de la minería”</em>) señala que los aumentos de los precios internacionales han renovado la codicia por los minerales. Según Ganci, el precio internacional de la onza de oro anda por los US $ 1.723,50, o sea, US $ 55.410,00 el kilogramo. Mientras que el precio del cobre está en US $ 8.58 por kilo. De manera que, Cerro Colorado con una reserva de cobre estimada en 17.360 millones de kilogramos de cobre podría significar a los precios actuales una riqueza de US $ 148.949 millones!!</p>
<p>Y agrega. <em>“La inversión aproximada es de 3.500 millones y las “regalías estatales” constituyen un pírrico 2 &#8211; 4 % del total. Con al menos 40 años de explotación la inversión inicial quedaría saldada en 2 -3 años. A razón de 3.100 millones por año”</em>. Estos numeritos explican la disposición del actual gobierno de reprimir para quedarse con la tajada del cobre de los Ngabe-Buglés, igualito que los conquistadores de hace 500 años. Codicia compartida por todos los sectores empresariales panameños quienes no tuvieron empacho en reunirse la noche del 5 de febrero, consumada la represión, en la Presidencia de la República con Martinelli para darles su bendición.</p>
<p>Lo mismo podría decirse del lucrativo negocio de la producción de energía hidroeléctrica, manejado por empresas extranjeras en asocio con prominentes políticos panameños, como la ex presidenta Mireya Moscoso y el propio Martinelli. El falso alegato del gobierno y los empresarios es que prohibir las hidroeléctricas conllevaría pagar más por energía eléctrica producida por petróleo. Pero la legislación actual permite a los dueños de las hidroeléctricas facturar a precios de la producida por combustibles fósiles.</p>
<p>Otras comunidades indígenas también están amenazadas, como los kunas y emberás-woaunam, pues por etos días se otorgará la concesión para explorar y explotar cuatro bloques yacimientos petroleros en la región de Darién.</p>
<p><strong>El mito del “progreso”. ¿Progreso para quién?</strong></p>
<p>El colmo del cinismo de la clase dominante panameña es pretender presentar sus intereses crematísticos como si fueran los intereses de la nación, culpando a los indígenas de “impedir el progreso” del país. Cualquier persona medianamente educada sabe que los países con mayores riquezas minerales poseen las poblaciones en mayor miseria, que además padecen cruentas guerras civiles incentivadas por voraces intereses imperialistas. Para ejemplo, basta con mirar la historia de Bolivia, o los países del centro de África. Y el que dude que vea la película “Diamantes de sangre”.</p>
<p>Pero en Panamá la desfachatez de Martinelli y su gobierno no tienen límite, pues al derogarse el Código Minero, por la lucha del año pasado, en un cálculo frío de los diputados oficialistas, no restituyeron varios artículos del código anterior con lo cual ha resultado que en estos meses explotaciones multimillonarias, como Petaquilla, no están pagando ni un solo centavo de regalías al Estado panameño!!!</p>
<p>Ahora, que dicen revivir el proyecto repudiado hace doce meses, para cobrar las regalías, han reducido a la ridiculez los cargos que deben pagar las empresas mineras. Otro economista, William Hughes (<em>“Panamá: poder oculto en la minería”</em>) ha denunciado que los impuestos que deben pagar las empresas extractoras de piedra y cascajo están siendo reducidos de 300 dólares a 75 y 100 por kilogramo, y la extracción de cobre y oro, que pagaban 10 y 20 mil dólares por kilo, ha sido rebajada a 300 y 450 dólares el kilo, en el nuevo proyecto. En el mismo sentido, la “finaza de garantía”, que para el primer caso era de 50 dólares por hectárea se la baja a 10 centavos de dólar por hectárea; y en el caso de los metales se la baja de 200 dólares a 25 centavos por hectárea.</p>
<p>Queda evidenciado que Martinelli, su gobierno y las mineras están  saqueando la propiedad y los derechos del conjunto de la nación para beneficio (“progreso”) de los dueños de este negocio, sacrificando los intereses y derechos, no sólo de los Ngabes-Buglés, sino de todo el país.</p>
<p><strong>Basta de burlas, que Martinelli respete la ley</strong></p>
<p>El Movimiento Popular Unificado (MPU), los sindicatos, las organizaciones populares, de derechos humanos, los ambientalistas, la sociedad civil y la dirigencia de la Coordinadora de Lucha Ngabe-Buglé exigimos algo simple: que Martinelli y su gobierno respeten su compromiso formalizado en los acuerdos firmados el año 2011 que prohíben la minería e hidroeléctricas en la comarca, y que respete la ley.</p>
<p>Decimos basta de burlas y mentiras. El gobierno panameño debe cumplir la suscrita Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (13 de septiembre de 2007), la propia Ley 41 de 1 de julio de 1998 sobre tierras comarcales, y el Convenio 169 de la OIT, que no ha sido ratificado, todas las cuales señalan con claridad que la explotación de los recursos naturales de las comarcas debe hacerse en acuerdo con las comunidades y las autoridades naturales de la comarca.</p>
<p>Como Martinelli y los intereses capitalistas que defiende no cumplirán por las buenas con los mínimos derechos que la legislación establece, está demostrado, debemos seguir movilizados en solidaridad con la lucha del pueblo Ngabe-Buglé, hasta imponer un gobierno popular en el que se respete la vida humana y la naturaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Olmedo Beluche es sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá y Secretario General del Partido Alternativa Popular (PAP)</em></p>
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		<title>América Latina: Blanco de transnacionales mineras</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 00:35:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[desarrollo]]></category>
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		Región continuará sufriendo los efectos de esta devastadora actividad en 2012
La explotación minera en América Latina no es un problema de hoy, ni de ayer o de hace 50 años. Para entender el saqueo y la extracción de recursos naturales de nuestras tierras es necesario volver los ojos a tiempos muy lejanos, tal vez sea [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p><strong><em>Región continuará sufriendo los efectos de esta devastadora actividad en 2012</em></strong></p>
<p>La explotación minera en América Latina no es un problema de hoy, ni de ayer o de hace 50 años. Para entender el saqueo y la extracción de recursos naturales de nuestras tierras es necesario volver los ojos a tiempos muy lejanos, tal vez sea necesario remontarnos a la llegada de los ‘descubridores’ extranjeros al continente americano. El hecho es que desde aquella época hasta hoy, América Latina se mantiene como el principal destino de las inversiones de las empresas mineras.<span id="more-31546"></span></p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-31564" title="mineria agua dentro" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2012/01/mineria-agua-dentro.jpg" alt="" width="220" height="165" />En el libro Las venas Abiertas de América Latina, el escritor uruguayo Eduardo Galeano expresa que hay dos lados en la división internacional del trabajo: en uno de ellos, algunos países se especializaron en ganar, y en el otro los que se especializaron en perder. &#8220;Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder”, afirma.</p>
<p>Pero, porque, siendo una región tan rica, ¿nos especializamos en perder? ¿Por qué motivo dejamos que las naciones desarrolladas entrasen sin pedir permiso y se llevasen todo lo que les podría servir para alimentar su ganancia y aumentar sus riquezas?</p>
<p>El ingeniero de Producción y doctor en Política Ambiental Bruno Milanez, cree que uno de los factores que estimulan la explotación minera en América Latina tiene que ver con la cuestión geográfica. Ejemplificando, afirma que &#8220;en el caso del mineral de hierro, a pesar de las reservas de China ser mayores que las de Brasil, las nuestras tienen mayor concentración, lo que vuelve la actividad más lucrativa (en cada tonelada extraída del yacimiento, las empresas consiguen obtener mayor cantidad del mineral)”.</p>
<p>Explica Bruno que es necesario mirar a otros factores de la producción, como trabajo y capital. A pesar de afirmar que AL no tiene tan buenas estructuras como Estados Unidos y Australia, recuerda que nuestra estructura es superior a las de África.</p>
<p>Por su parte el sociólogo Raimundo Gomes, del Movimiento de los Afectados por la Minería en Brasil, ve situación desde el ángulo de la explotación y la facilidad de entrada en las naciones empobrecidas.</p>
<p>&#8220;Dentro del orden mundial, las periferias de Asia, África y América Latina se sometieron a la explotación de sus tierras. Los gobiernos tienen ese comportamiento de sumisión y trabajan en el sentido de generar divisas a partir de la exportación sus productos internos. Eso para ellos es una gran oportunidad”.</p>
<p>Raimundo no deja pasar otro problema bien conocido en naciones como las de la región latinoamericana: la flexibilidad de las legislaciones ambiental y laboral.</p>
<p>&#8220;No se cumplen esas legislaciones y el espacio se vuelve propicio para la instalación de empresas. Además, los Estados, al recibir el capital internacional, crean una trinchera para protegerlo. Hay mucho espacio y favores para las empresas que se instalen acá. Lo que pagan a los Estados en compensación financiera son migajas, del 1 al 3% del lucro líquido. El problema es que muchos países son obedientes y no se hacen respetar”, critica.</p>
<p>Pero la explotación y el robo de que fuimos víctimas, no quiere decir necesariamente que perdemos porque quedamos de brazos cruzados mirando a los explotadores llevarse lo que es nuestro. Al comienzo, solo los pueblos indígenas lucharon, hoy también luchan los movimientos sociales, pelean y hace ruido para que América Latina no se acabe en las manos de las grandes empresas mineras, especialmente del Canadá.</p>
<p>Magdiel Carrión Pintado, presidente de la Confederación Nacional de Comunidades del Perú afectadas por la Minería (Conacami), asegura con firmeza &#8220;que continúa la resistencia por parte de los pueblos y comunidades indígenas y locales, contra el saqueo y el robo de nuestras riquezas”. Para Magdiel, la explotación sigue siendo la misma, solo cambio de nombre, el saqueo ahora se llama &#8220;desarrollo”, ironiza.</p>
<p>Esta lucha también es de los integrantes de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas – Caoi, que representa a grupos de Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Ellos manifiestan que dentro de este proceso de cambios, luchas y disputas políticas y económicas por las que está pasando América Latina, es preciso reconocer que existen &#8220;enemigos poderosos, pero también estrategias muy poderosas”.</p>
<p>&#8220;Nuestros procesos de articulación avanzan desde el nivel local hasta el continental. Los pueblos indígenas están construyendo una alternativa a los modelos occidentales”, afirma, asegurando que la lucha no cesa a pesar de la falta de espacios de participación en la esfera de los tomadores de decisiones, situación que se presenta como un gran desafío.</p>
<p>Una prueba de que el pueblo está con ojos y oídos atentos a las decisiones políticas relacionadas con la minería, se puede apreciar en el caso de Cajamarca, departamento peruano. La imposición a pura fuerza del proyecto minero Conga, desembocó en un paro sin precedentes en la historia de la región. Casi todo paró, pues ganó forma y vida una protesta acalorada para expresar que la minería no es bienvenida.</p>
<p>&#8220;Conga constituye un hecho emblemático, más del 50% de los peruanos optamos por un cambio de modelo económico y político y, Ollanta Humala llegó al poder con su palabra empeñada de promover ‘la gran transformación con inclusión social’, sin embargo, después de la instalación en el gobierno, está implementando la misma fórmula política de su antecesor, peor aún, pretende imponer por la vía de la fuerza (Estado de Emergencia y Militarización de Cajamarca) un megaproyecto que no es tan viable”, lamenta Magdiel Carrión.</p>
<p>No es tan raro que los jefes de Estado terminen rindiéndose a los encantos de la minería y del lucro que ella propicia. Los gobiernos de países con grandes atractivos y reservas naturales, cada día más se modernizan y crean aparatos para recibir de brazos abiertos a las transnacionales que traerán &#8220;desarrollo y progreso”.</p>
<p>Hoy, América Latina tiene la bagatela de más de 2.100 empresas en sus países, extrayendo principalmente de tierras indígenas todo lo que pueden, sea oro, plata, cobre, niobio, hierro, manganeso o titanio. En el ojo del huracán están México, Perú, Chile, Brasil y Argentina, donde se debe invertir en los próximos años 37 mil millones de dólares. Estos países están en la lista de los diez principales destinos de explotación minera. Colombia y Ecuador también están siendo descubiertos, o sea, el ‘desarrollo’ comienza a dar el aire de gracia en estos países.</p>
<p>Actualmente, América Latina es escenario de 155 conflictos mineros, involucrando a 168 proyectos en 205 comunidades, según estimativa del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (Olca). A partir de la situación de Cajamarca, Magdiel Carrión prevé para 2012, un escenario complicado de explotación minera y de lucha por el derecho de escoger el propio modelo de desarrollo.</p>
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		<title>Cuando el bosque impide ver el árbol…</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Oct 2011 01:16:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		Reflexiones acerca del proceso de la carretera del TIPNIS
El Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), un parque reserva natural de la amazonía boliviana ascendió recientemente al primer plano de la palestra política en Bolivia, a raíz del rechazo de al menos una parte de sus pobladores, a la decisión estatal-gubernamental de avanzar con la [...]]]></description>
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		</p><p><strong><em>Reflexiones acerca del proceso de la carretera del TIPNIS</em></strong></p>
<p>El Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), un parque reserva natural de la amazonía boliviana ascendió recientemente al primer plano de la palestra política en Bolivia, a raíz del rechazo de al menos una parte de sus pobladores, a la decisión estatal-gubernamental de avanzar con la construcción de una carretera que para articular Villa Tunari con San Ignacio de Moxos lo atravesaría.</p>
<p>No se trata de un tema nuevo ni de una situación urgente. Intenciones y propuestas para unir mediante infraestructura vial ambos territorios hubo muchas, y también litigios acerca de su pertenencia. Como recuerda Antonio Peredo [ALAI AMLATINA, 21/09/2011], sobre la “propiedad” de estos territorios hay un diferendo de larga data entre Cochabamba y Beni, disconformidad que ahora –en alguna medida late también en algunas aristas del problema presente. La situación actual emerge cuando la carretera Tunari-Moxos, está a las puertas del TIPNIS y no se han logrado acuerdos. Esto estimuló las manifestaciones de protesta y rechazo al proyecto, por el respeto a los pobladores y su hábitat, por la defensa del medio ambiente, por críticas a criterios acerca del desarrollo, etcétera. Al parecer las conversaciones entre “las partes” (población local y gobierno) se agotaron, y –enredado en una maleza de múltiples factores, matrices y matices , estalló el conflicto social-cultural y la crisis política que lo acompaña. ¿Por qué y cómo se llega a este punto?<span id="more-29806"></span></p>
<div id="attachment_30152" class="wp-caption alignleft" style="width: 276px"><a href="http://www.justseeds.org/pete_yahnke_railand/14thelastofit.html" target="_blank"><img class="size-large wp-image-30152" title="the last of it pete yahnke justseeds" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/10/the-last-of-it-pete-yahnke-justseeds-266x400.jpg" alt="" width="266" height="400" /></a><p class="wp-caption-text">The Last of It (Lo último que queda), por Pete Yahnke Railand (justseeds.org)</p></div>
<p>Teniendo en cuenta el proceso de revolución democrática intercultural iniciado en Bolivia, la trayectoria, experiencia y el arraigo indígena-popular de los dirigentes políticos del gobierno y el Estado, así como también las enseñanzas frescas del llamado <em>gasolinazo</em>, se supondría que el proyecto de construcción de “la carretera del TIPNIS”, la decisión de llevarlo a cabo, contaría –cuando menos con la conformidad de la población abarcada directamente por las transformaciones que ello implica. Cabría suponer, además, que las comunidades que allí habitan fueron convocadas para pensar el proyecto, para definir sus puntos centrales –como, por ejemplo, el recorrido de los tramos que atraviesan el parque , y tomar las decisiones colectivamente, es decir, <em>desde abajo</em>. Sin embargo, los hechos acaecidos evidencian que no ha sido así o al menos, no integralmente , que predominaron las decisiones tomadas<em> desde arriba</em>, con las consiguientes ramificaciones y los significados sociales y políticos que ellas implican.</p>
<p>Inmediatamente salta una pregunta: ¿Por qué no decidir qué hacer y cómo, contando desde los primeros pasos con la participación de todos los actores involucrados?</p>
<p>Y ante los últimos acontecimientos, surgen otras: ¿Por qué los órganos decisores del gobierno y el Estado no detuvieron el proceso de construcción de la carretera ante las primeras –y las subsiguientes- manifestaciones de incomprensión, incomodidad o disconformidad de los movimientos indígenas y sociales del TIPNIS? ¿Por qué apelar a la represión antes que a la búsqueda de una razón colectiva compartida?</p>
<p>¿Subestimación?, ¿sordera política?, ¿convicción de tener la razón por parte de quienes gobiernan?, ¿concepción del desarrollo?, ¿verticalismo?, ¿lógicas viejas?, ¿“paradoja señorial”?, ¿orgullos heridos?, ¿“encierro espiritual de los gobernantes”?, ¿influencia del poder hegemónico?&#8230; Se podrían tal vez sumar muchas otras interrogantes, pero no habrá respuesta alguna que –aisladamente despeje la espesura del proceso abierto.</p>
<p>La determinación estatal-gubernamental a construir la carretera atravesando el TIPNIS y los acontecimientos, las explicaciones, interpretaciones y las conductas de los diversos actores sociales, políticos gubernamentales y no gubernamentales , desnudan no solo la complejidad de la medida, sino la complejidad del proceso de cambio que vive Bolivia, y en ella, las alternativas indo-afro-latinoamericanas. Señalar el carácter complejo del proceso no significa considerarlo “complicado”. La complejidad indica que –en este caso, como en todo lo social-, convergen un conjunto de factores políticos, económicos, culturales, ideológicos, identitarios y cosmovisivos, yuxtapuestos e imbricados transversalmente. Estos factores actúan simultáneamente en direcciones diversas y con intereses disímiles y, de conjunto, van delineando el curso y la intensidad del proceso. Expresándose en las conductas de los participantes, atravesándolas con sus contradicciones, se van configurando tendencias conductuales reiterativas, persistentes. Cuando se fortalecerse y predomina una de ellas, esta define y sintetiza la situación inicial con un contenido y alcances generalmente diferente al originario, situación que ninguno de los participantes –aisladamente- habría imaginado ni dado por supuesto al inicio o en el curso mismo del conflicto. Así ha ocurrido también con el conflicto creado y desarrollado en torno a la construcción de “la carretera del TIPNIS”.</p>
<p>Este acontecimiento sintetiza y expresa la reiteración de concepciones y posicionamientos en disputa acerca de quiénes son los hacedores es decir, los creadores y decisores , de las políticas orientadas al cambio social, y cómo y desde dónde promover su realización.</p>
<p>El proceso de resistencia y lucha de los habitantes del TIPNIS, así como las acciones gubernamentales en torno a ello, contiene elementos enriquecedores del pensamiento emancipador y emancipatorio si somos capaces de recuperarlos críticamente y crecer en conciencia colectiva. Es parte del proceso –también contradictorio , de sedimentación cultural. Su análisis crítico resulta de alto interés político, pedagógico, social y cultural para pensar o repensar a partir de las prácticas concretas , los derroteros diversos, los obstáculos, las contradicciones y la vitalidad de la construcción de poder y hegemonía indígena-popular revolucionaria emancipadora desde abajo. Sacar las lecciones y aprender de esta experiencia es vital, no solo para el proceso Boliviano sino para los pueblos de Indo-afro-latinoamérica.</p>
<p>Las reflexiones que ahora comparto se inspiran en este empeño, en el entendido de que acontecimientos como el ahora se trata son parte del caminar contradictorio de los pueblos que buscan de horizontes y vías para construir lo nuevo, en la misma medida que lo van diseñando e implementando. No hay manuales ni recetas que garanticen revoluciones. Los actores socio-políticos concretos, con sus historias, saberes, sus culturas e identidades, con sus subjetividades, sus virtudes y carencias van haciendo caminos al andar. En sus prácticas concretas, con sus aciertos y errores, sus marchas y contramarchas, van delineando el proceso socio-transformador, marcando el ritmo, imponiéndole su sello identitario.</p>
<p>Sin pretender agotar la complejidad que caracteriza las raíces, el desenvolvimiento y múltiples derivaciones o ramificaciones del conflicto de “la carretera del TIPNIS”, me referiré a los factores o fenómenos contradictorios o en pugna mutuamente imbricados, encadenados, eslabonados e interdefinidos, que considero más relevantes en este momento: Concepciones acerca del desarrollo, el crecimiento económico, el <em>Vivir Bien</em> y el cuidado de la naturaleza; el lugar y papel del Estado; la articulación socio-territorial, lo nacional-plurinacional y las autonomías; los sujetos protagonistas del proceso socio-transformador; lógicas <em>de arriba</em> y <em>de abajo</em>; el peso de las culturas políticas; la descolonización; el gobierno su relación con los movimientos indígenas, sindicales y sociales y viceversa; el desfase identitario; la interculturalidad, las subjetividades cambiantes y la necesidad de una intersubjetivación permanente; el lugar de la política y lo político. A continuación centraré el análisis en algunos ellos.</p>
<p>►<strong>El </strong><em><strong>desarrollo</strong></em><strong> y el proyecto de la carretera, los pobladores, la ecología…</strong></p>
<p>Desde sus primeros pasos el gobierno indígena-popular promueve cambios sociales y busca constantemente alternativas para superar –sobre nuevas bases la pobreza, la discriminación secular, la fragmentación interior, la cultura colonial, las exclusiones. “El patrón de desarrollo se define como una estructura fundamental que va más allá de la acumulación económica y está relacionada esencialmente con la libertad cultural para decidir, el respeto a la diversidad, al diferencia, la heterogeneidad social y con la forma en que se organiza la vida, las sociedad y el Estado.” [Pnd, 2006: 16]</p>
<p>En razón de ello, el gobierno y el Estado se han ocupado también de articular sus propuestas y acciones socioeconómicas con las actuales vías regionales y continentales que buscan el desarrollo. Esto configura, desde la base, una plataforma de contradicciones originadas en la disparidad de visiones, nociones e intereses propios de los distintos Estados participantes de los procesos de integración regional o continental, y se expresa particularmente en lo referente a la definición de las alternativas posibles y las propuestas programáticas concretas para el desarrollo, diferentes y contradictorios posicionamientos que de alguna manera –si de articulación se trata , hay que poner en sintonía común. En este ámbito también hay que tener en cuenta y evaluar paso a paso la correlación de fuerzas, de conciencia, de hegemonía político-cultural, etcétera. El debate del desarrollo y las propuestas han de tener presente también en cada momento esta intercondicionalidad, las interdefiniciones concretas que van imponiendo los tiempos y los ritmos de la conciencia histórica colectiva nacional, regional, continental y mundial.</p>
<p>La superación de la racionalidad depredadora y consumista implantada por el capital, por un sistema que tenga a <em>la vida</em> en el centro de su racionalidad productivo-reproductiva, implica un cambio civilizatorio, es decir, un cambio en el modo socio-cultural de vida de la humanidad toda. Un solo país no podrá romper con el sistema mundo.</p>
<p>La desconexión del sistema mundial regido por el capital es posible, pero hay que tener con quien conectarse, con quien ir creando y construyendo ese otro mundo anhelado. No se logra mágicamente; no basta con los deseos y las voluntades individuales, grupales, o de un pueblo, de un país. Los <em>avances</em> en el ámbito de un solo país constituyen fragmentos de lo nuevo que nace y que necesita –como el oxígeno articularse, converger con transformaciones de otros países empeñados en la misma direccionalidad. Las alternativas irán emergiendo en ese caminar, atravesando laberintos incógnitos, construyendo-conformando arítmicamente un nuevo “orden” (metabólico social) mundial, un nuevo sistema mundo basado en el cuidado de la reproducción de la vida en todas sus dimensiones y expresiones, alumbrando una nueva civilización. Sus elementos y principios se van perfilando y definiendo en los procesos locales desde el presente, por eso es tan importante no subestimarlos, ni desperdiciar las oportunidades de crear y experimentar lo nuevo&#8230;</p>
<p>Esto late en la búsqueda de nuevos paradigmas, horizontes y caminos para <em>el desarrollo</em> en aras del <em>Vivir Bien</em>, cuyas lógicas descolonizadas y descolonizadoras hacen a la concreción de los derechos universales de defensa de la vida humano-natural y sus principios de equidad, complementariedad, interculturalidad, plurinacionalidad, equilibrio, solidaridad. “En ese sentido, el Vivir Bien corresponde a un patrón de desarrollo y de democratización integral, plurinacional y diversificado, donde el desarrollo y la democracia tiene la misma importancia. No existe desarrollo sin democracia, sin extender la participación social en la actividad y las decisiones políticas, económicas y culturales.” [Pnd, 2006: 16]</p>
<p>Está claro que apostar por una concepción diferente acerca del desarrollo y progreso es vital. Como señalo en el libro <em>Revoluciones desde abajo</em>: “El modelo de desarrollo basado en el molde consumista-destructivo del capital, resulta claramente incompatible con la sobrevivencia de la humanidad. El capitalismo globalizado, expresión máxima de esta civilización <em>oxi</em>dental<em> </em>[Boff], hace aguas. No puede mantenerse; hacerlo equivaldría a extender y profundizar la producción destructiva de la sociedad y la naturaleza. Hoy, cuando la crisis de los capitales expone sus deficiencias a las conciencias de la humanidad, sería un contrasentido continuar sosteniendo que tal especulación, saqueo y guerrerismo que abonan la escandalosa riqueza y abundancia de quienes constituyen el corazón del capital global y sus entornos cercanos , es condición o premisa para el cambio y el progreso sociales. Sin embargo, la constatación de esta realidad no implica su superación. El desafío consiste, en este sentido, en buscar nuevas alternativas de desarrollo basadas en una nueva concepción del mundo, es decir, de la relación humanidad-naturaleza. En base a ella será posible construir y apostar a una concepción de desarrollo ajena al esquema impuesto por el poder (que pretende, por ejemplo, que para “llegar al desarrollo” es inevitable “alcanzar” a los países desarrollados del Norte, por derecha o por izquierda).</p>
<p>“El socialismo del siglo XX dio por sentado que el tránsito al socialismo implicaba recorrer el camino al desarrollo truncado o deformado por el capitalismo. Con el afianzamiento de la revolución socialista de octubre, las nuevas revoluciones se propusieron –contando con el apoyo de la URSS y demás países socialistas “desarrollados” , acortar el tiempo de construcción de las bases para dar <em>el salto</em> hacia el socialismo. Esto implicó por izquierda , la asimilación y extensión del modelo eurocéntrico de desarrollo, al socialismo y la transición. Los resultados adversos están a la vista. Sin embargo, las concepciones culturales están, en gran medida, vigentes.</p>
<p>“(…) las posiciones revolucionarias en el siglo XX, en su mayoría, priorizaron la cuestión económica por sobre las sociales, culturales, etc., y centraron en ella el programa de transformaciones, relegando a un segundo o tercer plano la cuestión medular de toda revolución: ser un camino de liberación construido por sus protagonistas y a través de ellos , de la sociedad toda.” [Rauber, 2011: 92-93]</p>
<p>Pero los caminos revolucionarios no los emprenden los pueblos para “superar la dominación y salir del subdesarrollo”, sino para liberarse y poder llevar una vida en plenitud [<em>Suma Kawsay, Vivir Bien, Ñande Reko</em>] y es en el proceso de su liberación, simultáneamente, que pueden ir saliendo del subdesarrollo y la dominación (superándolos), y no al revés.</p>
<p>La experiencia socio-transformadora de los pueblos de Bolivia, desde la constitución misma de los sujetos del cambio, emerge distanciándose del economicismo burocrático socialista del siglo XX, de las concepciones desarrollistas de izquierda o derecha, y cuestiona tales paradigmas. El proceso revolucionario boliviano ha hecho del <em>Vivir Bien</em> su fundamento y brújula, a partir del cual se van definiendo sus principios, sus sentidos, sus contenidos y los sujetos del cambio social. Lo que enseña la experiencia es que, además de tener claras las ideas y su formulación, hay que transitar el proceso complejo y contradictorio de su construcción concreta en la arenas movedizas de la vida real, donde los diversos actores se encuentran y desencuentran permanentemente, haciendo necesario el debate y la construcción de las convergencias a cada paso, reconociendo la existencia <em>natural </em>de contradicciones entre sus cosmovisiones, identidades, aspiraciones o necesidades sectoriales, regionales, comunitarias o económicas, políticas, religiosas, etcétera.</p>
<p>Está visto que no por querer hacer el bien se hacen las cosas bien. No porque los deseos o propuestas favorezcan al colectivo ya es colectivo el procedimiento… No basta con las buenas intenciones, no basta tampoco con “tener la razón”. En política revolucionaria, la razón es (o tiene que ser) colectiva o de mayorías, y esto hay que construirlo. Generalmente surgen propuestas individuales, de grupos o de algunos actores sociales, pero –en los procesos socio-transformadores desde abajo , esa razón “parcial” tendrá que someterse a su colectivización-modificación apropiación por las mayorías, o no se consolidará socialmente como tal razón<strong>. </strong></p>
<p>Lo ocurrido con le propuesta y la protesta alrededor de la construcción de la carretera que atravesaría el TIPNIS es un claro ejemplo de ello: de las intenciones y la voluntad de unos y otros, y de lo contradictorio del proceso y sus caminos de transición en los que afloran cada cierto tiempo, en conflictos como este, nuestras incapacidades y capacidades políticas histórico culturales. Esto enseña, una vez más que la transformación social es un proceso de aprendizaje colectivo, en el que está presente la metodología de la prueba y el error.</p>
<p>Ciertamente no hay fórmulas infalibles esperando en alguna biblioteca para “ser aplicadas”, pero sí se puede ir rompiendo el <em>círculo maldito</em> de supervivencia de la hegemonía del poder del capital que disocia permanentemente el sistema productivo y el reproductivo, los decisores y los ejecutores, el Estado y la sociedad, la sociedad y la naturaleza, el gobierno y el pueblo, que extravía el pueblo en sectores, los sectores en capas, las capas en fragmentos, los fragmentos en átomos y así hasta llegar a la disgregación del individuo y su imagen en el espejo, a la esquizofrenia total.</p>
<p>¿Manifestaciones de lo expresado? Por ejemplo, los enfrentamientos que se desataron en la discusión práctica por “la carretera del TIPNIS”, entre gobierno y pueblos indígenas que viven en realidades propias de las “tierras bajas”, cuyas nacionalidades e identidades no están directamente expresadas ni contenidas en los movimientos indígenas, campesinos sindicales y sociales que vienen motorizando el proceso de cambios. La persistencia en las posiciones desencontradas, hizo que –en vez de avanzar en acuerdos y la reformulación de propuestas para la construcción de la carretera , se abrieran puertas al renacimiento del país –subyacente dividido en regiones. Con ello salta a la palestra política la diferencia entre la proclamación del “Estado plurinacional” y la realidad de la construcción y existencia de dicho Estado.</p>
<p>Con esta crisis reaparece la <em>contradictoria relación entre el Estado “nacional” y las autonomías</em> regionales, departamentales y comunitarias, entre la “razón de Estado” y el derecho a decidir de cada región, de cada población, de cada comunidad…</p>
<p>►<strong>La definición del </strong><em><strong>Estado </strong></em><strong>como actor</strong><em><strong> director</strong></em><strong> del proceso. </strong></p>
<p>Consultando el Plan Nacional de Desarrollo (2006-2010), puede observarse que en sus definiciones de partida, el Ejecutivo prioriza la reconstrucción del Estado, recuperándolo como <em>un actor clave</em> para la generación de las políticas encaminadas a cumplir con los objetivos formulados.</p>
<p>Esta definición marca un posicionamiento político del Estado y el gobierno en relación con las políticas públicas, la sociedad y la ciudadanía que <em>configura un ámbito de alerta</em>: al establecer que el Estado tiene el “papel director de la actividad económica” [PND, 2006: 22] se abren las puertas para ser atrapado por la vieja cultura política que traduce esto como que: el “Estado decide”.</p>
<p>Pero en la perspectiva política socio-transformadora revolucionaria de los gobiernos enraizados en lo indígena popular, como el actual gobierno de Bolivia, la centralidad del papel del Estado resulta anclada a la posibilidad de construir –colectivamente, con el impulso del Estado y el gobierno- una nueva modalidad de articulación (intercultural, dialógica y descolonizada) entre Estado-sociedad-ciudadanía-naturaleza, es decir, <em>un nuevo tipo de Estado</em>. [PND, 2006: 22] Un Estado basado en el impulso creciente de la participación protagónica de los movimientos indígenas y sociales en la formulación, realización, seguimiento y control de las políticas públicas y sociales, estimulando el fortalecimiento de su empoderamiento colectivo, así como –simultáneamente la transformación desde abajo del aparato estatal, del sentido de su quehacer social y de los sujetos que lo protagonizan. [PND, 2006: 16-18]</p>
<p>¿En cuál perspectiva se inscribe lo que ha ocurrido con la definición y el tratamiento del proyecto de “la carretera del TIPNIS”? No hay una respuesta unívoca a esta interrogante, pero la tendencia de los acontecimientos evidencia que el paso primero, sencillo y elemental fue ignorado: <em>preguntar</em>.</p>
<p><em>La pregunta</em> supone el reconocimiento del otro o de los otros como sujetos, como interlocutores válidos, y despeja el camino de desencuentros posteriores. La hermenéutica política presente en los procesos de construcción de poder desde abajo comienza con la pregunta a los actores y sectores partícipes del problema, o a los conocedores de un tema a tratar, o a los pobladores de una región a transformar o que se encuentra, por ejemplo, en situación de emergencia por catástrofe natural. Consiguientemente, preguntar supone tener la paciencia para escuchar las respuestas y reflexiones, para –sobre esa base promover los diálogos encaminados a la construcción de saberes, conclusiones o propuestas colectivas.</p>
<p>Pero, si es tan sencillo, ¿por qué no ocurre? Intervienen disímiles factores. De ellos resaltaré lo que nuevamente –después de la medida de la suba del precio de los hidrocarburos, en diciembre de 2010 , se evidencia como elemento político cultural reiterativo en esto: la creencia de que el Estado se constituye en actor central porque “decide” y lo hace con propuestas (seriamente) fundamentadas, con indiscutibles argumentos técnicos (económicos y de ingeniería).</p>
<p>La presencia y labor de los técnicos en sí misma no puede catalogarse como favorable ni desfavorable; lo que define el proceso es cómo y quiénes construyen y definen el proyecto: si se trabaja a partir de datos, estadísticas y análisis de expertos académicos o se parte de la pregunta a los habitantes del lugar, escuchando lo que ellos tienen que decir, que aportar, decidiendo conjuntamente: los técnicos, la población participante, y los funcionarios del Estado. Evidentemente los distintos posicionamientos en esto, responden a diversas razones políticas, culturales y epistemológicas que los atraviesan.</p>
<p>¿Dónde está el saber y quienes lo detentan? ¿Por qué pensar que los técnicos y funcionarios saben, y que los movimientos indígenas, la población que habita el lugar, carece de capacidad para entender de qué se trata? Está demostrado en este como en todos los casos , que es al revés.</p>
<p>Como señalaba en enero de este año reflexionando acerca de la ocurrencia del <em>gasolinazo</em>: “Si se hubiese discutido el problema del precio de la gasolina y petróleo, etc., con las organizaciones sociales, si se hubiese consensuado una medida y los pasos para su implementación, nada de lo ocurrido hubiese pasado. No sé cual habría sido la propuesta, pero los resultados habrían sido diferentes: nadie sale a protestar contra lo que acordó.”</p>
<p>Y nuevamente ocurrió…</p>
<p>►<strong>La</strong><em><strong> </strong></em><strong>persistencia en </strong><em><strong>decidir</strong></em><strong> </strong><em><strong>desde arriba </strong></em><strong>y</strong><em><strong> </strong></em><strong>la preeminencia de </strong><em><strong>lógicas superestructurales </strong></em><strong>acerca del cambio social</strong><em><strong>.</strong></em></p>
<p>La complejidad del problema de “la carretera del TIPNIS” tiene raíces e implicaciones político-culturales de mayor alcance que las que produjeron la medida estatal-gubernamental que desencadenó el <em>gasolinazo</em>. Pero aunque no son situaciones ni comportamientos idénticos, este hecho marca una profundización de la tendencia superestructuralista que se manifestó claramente en aquellos hechos. Es la reiteración de decisiones tomadas con preeminencia de lo superestructural lo que indica el predominio político-cultural de la vieja pero aun muy presente concepción de la<em> revolución social desde arriba.</em></p>
<p>Esta claro, pese a sus diferencias, que ninguno de los dos acontecimientos respondió a cuestiones técnicas, sino políticas y, en este sentido, ambos hechos indican lo mismo: la participación de las población, de los movimientos indígenas y sociales, es determinante desde el primer paso y durante todas las etapas y dimensiones de los procesos de construcción de proyectos colectivos, para la toma de decisiones de políticas públicas o sociales, para definir e impulsar reformas socioeconómicas&#8230; Las decisiones tomadas “a puertas cerradas”, independientemente de lo excelente que puedan ser sus fundamentos y propósitos, inspiran siempre desconfianzas y generan rechazos porque “aparecen” enlatadas y porque en vez de aportar a la construcción del sujeto colectivo, reeditan el viejo estilo vanguardista elitista colonizado y colonizador.</p>
<p>Construir el nuevo tipo de Estado plurinacional intercultural y descolonizado implica ir abriendo cada vez más espacios a la participación de los de abajo en la definición de los rumbos y tareas del quehacer estatal, educando y propiciando a cada paso que los diversos sectores y actores que dan cuerpo al pueblo vayan participando cada vez más en las decisiones y definiciones de las políticas públicas y socioeconómicas.[Pnd, 2006:12-16] Esto hace del Estado y sus instituciones una importante herramienta de los pueblos para diseñar, decidir e impulsar los cambios creados y gestados con su participación consciente. La centralidad no está entonces en el Estado sino, una vez más, en los sujetos, en su creatividad, en su participación cada vez más consciente y comprometida.</p>
<p>►<strong>La </strong><em><strong>organización y la labor políticas</strong></em><strong> resurgen como elementos vitales.</strong></p>
<p>En la raíz de la conformación articulación del nuevo tipo de Estado, late la articulación política entre los diversos actores sociales del campo indo-popular, de sus problemáticas, sus identidades, sus cosmovisiones, sus aspiraciones. No es lo económico lo que tracciona el proceso, no es economicista la transformación; su corazón y su cabeza lo constituyen los hombres y las mujeres de la diversidad del campo indo-popular. Pero hay que superar la fragmentación histórica y presente, y ello no se logrará automática ni espontáneamente.</p>
<p>Es indispensable la acción de una organización política de nuevo tipo, conciente de estos desafíos, y capaz de trabajar en pos de resolverlos a favor de lo colectivo-social. Una organización que centre su quehacer en la articulación de lo diverso, que esté abierta a la pluralidad de actores con sus reivindicaciones y aspiraciones, que promueva la construcción de puentes y nudos de encuentro y convergencia entre ellos, fomentando interrelaciones en horizontalidad y equidad (sin jerarquías discriminatorias), para ir construyendo entre todos y todas, desde abajo, el actor político colectivo.</p>
<p>Esta organización política no puede equipararse con los tradicionales partidos políticos. Estos resultan ineficientes a los fines mencionados porque son incapaces de aportar y apostar a la construcción de un actor colectivo; giran en torno a sí mismos y despliegan sus actividades para situarse en el centro de la escena política y mediática para ganar las elecciones.</p>
<p>En Bolivia, las fuerzas político-sociales que gobiernan han constituido previamente el MAS, Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos, pero, ¿está abocado el MAS a construir desde abajo y con los de abajo las articulaciones sociales, culturales, políticas, orientadas a la conformación de una conducción colectiva, capaz de pensar, debatir, definir y respaldar en sus prácticas el proceso-proyecto socio-transformador? La propuesta y la protesta del TIPNIS indican que no es así o, al menos, no todo lo que hace falta.</p>
<p>Sin la mediación de la labor política articuladora y rearticuladora de lo colectivo social (totalidad), activadora también del entrelazamiento de la labor gubernamental con los movimientos indígenas, sindicales, sociales populares y viceversa, la separación histórica entre gobierno y sociedad crece, y las fuerzas gubernamentales y su organización política otrora catalizadoras y expresión de la totalidad indo-popular , se transformarán –en corto plazo en un sector y actor más entre todos los sectores y actores existentes. Con la sectorialización del gobierno se sectorializa lo social y lo político se corporativiza.</p>
<p>En tales condiciones, la disputa inter-hegemónica en el campo indígena-popular, lejos de decrecer se agudiza. Germinan entonces las condiciones para el florecimiento de las luchas de todos contra todos, objetivo central del poder del capital para reinstalar su hegemonía ahora debilitada, pero no desarticulada ni dormida.</p>
<p>►<em><strong>La “intersubjetivación” </strong></em><strong>es constante.</strong></p>
<p>Hay que estar atentos permanentemente a la composición, descomposición y recomposición del hegemonía indo-popular del proceso de cambios, es decir, a la construcción y reconstrucción constante del campo indígena-popular como totalidad. Los actores-sujetos impulsores del proceso no se restringirán <em>in eternum</em> al “grupo inicial”, ni tampoco el partido de gobierno continuará siendo en todos los tiempos –necesariamente , la síntesis y expresión totalizadora del conjunto de movimientos indígenas y sociales y de todos los otros actores del campo popular.</p>
<p>Los intereses sectoriales-corporativos se modifican, se constituyen, reconstituyen y reconstituyen acorde con las diferentes situaciones y condiciones; su superación e integración en articulaciones colectivizadoras necesita ser creada y recreada en cada momento, acorde con las tareas, contradicciones o conflictos propios de cada momento, y con las capacidades y posibilidades de los actores sociopolíticos y sus realidades. Para ello, es vital desterrar las viejas miradas y lecturas lineales y deterministas de los procesos sociales.</p>
<p>La instalación de un gobierno indígena-popular produjo un gigantesco y acelerado cambio de la realidad social boliviana. Esto favoreció la emergencia, configuración o maduración de actores sociales nuevos o antes invisibilizados, incluyendo a quienes ahora están en el gobierno y se enfrentan, por ejemplo, la problemática de gobernar. Esto va modificando el mapa sociopolítico de los actores-sujetos del campo indo-popular, abarcando reivindicaciones y problemáticas hasta hace poco adormecidas, secundarizadas o desconocidas. Surgen también nuevas contradicciones y tensiones al proceso, que pueden desencadenar acontecimientos político-sociales inesperados, en el propio campo indo-popular. ¿Por qué ocurre esto?</p>
<p>Porque las formas, modalidades y personificaciones organizadas del campo indo-popular que pudieron constituir una <em>identificación totalizadora</em> aglutinante de los grandes actores sociopolíticos de las luchas sociales y políticas protagonizadas hasta el momento constitutivo del actual gobierno, hoy resultan insuficientes. Y esto no se debe a “errores” ni a cuestiones “negativas”, sino a la dinámica “natural” de los procesos sociales. Como advirtiera Zavaleta, son las dinámicas sociales concretas las que hacen que: “…incluso lo que se ha hecho general, tarde o temprano tiende a convertirse en el símbolo conservador de lo particular. La intersubjetivación debe, por tanto, reproducirse de un modo constante.” [Zavaleta Mercado, 1986:27]</p>
<p>Atender a ello es parte de las tareas políticas vitales del proceso socio-transformador, conscientes de que el proceso de la revolución democrático-cultural es una suerte de pulseada social política y cultural colectiva permanente, en pugna por afianzar la hegemonía indígena-popular en la misma medida que la configurando y construyendo. No hay garantías ni caminos pre-establecidos, es una lucha y creación constantes de los pueblos en busca de su liberación plena, desde abajo.</p>
<p>►<strong>La </strong><em><strong>manipulación política</strong></em><strong> de los hechos, por parte de los oportunistas y de los adversarios ideológicos del gobierno y del proyecto socio-transformador.</strong></p>
<p>La construcción de “la carretera del TIPNIS” como toda propuesta o proyecto impulsado o emanado desde el gobierno, discute su legitimidad además de con los “los suyos” y entre los suyos , con los actores –abiertos o encubiertos del poder desplazado del capital y sus personeros locales e internacionales. Es decir, se mueve en el terreno de lo político, que es –naturalmente- el de los conflictos. No cabe entonces extrañarse ante la manipulación que hacen los poderosos de adentro y afuera alrededor de “la carretera del TIPNIS”, ni ante sus mentiras, ni ante la exageración mediática, el engaño y la tergiversación de las informaciones que difunden… eso es parte de la disputa política de fuerzas en pugna. No puede esperarse que los adversarios se queden cruzados de brazos observando como se les arrebatan sus fuentes de poder: como se pone fin al analfabetismo, a la fragmentación y discriminación social, étnica, territorial, al acceso y la disponibilidad elitista de los recursos naturales.</p>
<p>Está en diputa el poder, que no es un edificio, ni se reduce al aparato estatal-gubernamental, ni a lo económico, es una conjunción de relaciones sociales (económicas, políticas, ideológicas, culturales) articuladas en función del predominio de una de ellas, que se halla en movimiento y jaque permanente de fuerzas que pugnan por conquistar construir la mayoría, es decir, por lograr la supremacía e imponer su voluntad (por decretos o por consenso, la imposición se produce en relación a los adversarios). No puede pretenderse que el Capital (y sus personeros de adentro y de afuera), permanezca impasible observando los cambios sociales que significan para él, la pérdida o disminución de su poder, de su dominación hegemónica. El caso de “la carretera del TIPNIS” –como pudiera ser cualquier otro-, ha sido a todas luces agigantado y manipulado por estos adversarios del proceso, para constituirlo en plataforma de desgaste y deslegitimación política del gobierno, en tribuna abierta contra del proyecto revolucionario liberador, utilizada como arma de deslegitimación política de los gobernantes. Es decir, ellos cumplen a pie juntillas con el más elemental de los manuales de la acción política.</p>
<p>¿Invalida esta “injerencia” política la justeza del reclamo de los pobladores del TIPNIS?</p>
<p>Por supuesto que no; ellos son las víctimas de este enredo político y de los errores de los procedimientos realizados desde las estructuras estatales y gubernamentales: desde la concepción y elaboración del proyecto hasta la represión de los manifestantes, pasando por las renuncias de los ministros/as, las disculpas del Presidente Evo Morales Ayma, y las sucesiones de hechos y lecturas que emergen y emergerán a partir de lo ocurrido.</p>
<p>Es vital que se reconozca a los habitantes del TIPNIS como pueblos y nacionalidades, y que aunado a ello se abran caminos de apoyo a su constitución y acción como actores con los que, consiguientemente, hay que contar, sobre todo, para transformaciones que hacen a sus comunidades, a sus formas de vida, a su identidad y cultura…</p>
<p>Álvaro García Linera en su reciente libro <em>Onegeismo </em>(2011), expone argumentos sobrados para comprender la importancia que la construcción de la carretera que atravesará el TIPNIS tiene para la concepción del gobierno y el Estado; estos ayudan también a identificar las posiciones de los oportunistas y de los representantes del viejo poder. Pero esto es insuficiente para que la propuesta sea viable, compartida y apoyada –tal cual por los habitantes de todos los territorios que atravesará dicha carretera.</p>
<p>En tal situación, conviene reiterar las reflexiones que como advertencia y recomendación política , expresara recientemente Antonio Peredo: “Es cierto que la vertebración del país es necesaria como la forma básica de unidad nacional. Pero no podemos hacerlo a costa de algunos pueblos que sufrieron la brutalidad de los patrones de antes y que ahora se sienten engañados. // ‘En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonía, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas’.” [Alai amlatina, 21/09/2011]</p>
<p>►<strong>La </strong><em><strong>clave pedagógica</strong></em><strong> vital radica en las prácticas.</strong></p>
<p>No son los discursos, ni los programas, ni las metodologías, ni los “buenos” gobernantes, ni los propósitos, los que hacen viable los procesos revolucionarios o revolucionarios a los procesos. Son los sujetos, los hombres y las mujeres del pueblo que sueñan y anhelan un mundo mejor y crean las alternativas para ello en sus prácticas cotidianas, proyectándolas desde ahí hacia la dinámica social toda. No se avanza con medidas superestructurales por muy justas y razonables que estas sean. El protagonismo popular colectivo se forja a cada paso y en cada paso, incluso en la elaboración de las resoluciones o proyectos gubernamentales, estatales…</p>
<p>En esta dimensión se asoma el rostro positivo, educador, enriquecedor del conflicto en torno a “la carretera del TIPNIS”: contribuye al reconocimiento de los sujetos, sus metodologías –construidas en las prácticas por ellos , y sus identidades y propuestas. En tal sentido, lo acontecido puede fortalecer –recuperación crítica y autocrítica mediante , el proceso de construcción del Estado plurinacional, intercultural y descolonizado de Bolivia.</p>
<p>Y digo esto porque entiendo que esta crisis es parte de las tensiones del proceso de cambio, que abrió un tiempo social en el cual, siguiendo el pensamiento de Zavaleta, “las cosas (…) se presentan como son verdad” [1986: 21]. Con ella y en ella se abrieron las puertas a la visibilización de <em>los países</em> que habitan Bolivia. He aquí otra significación de lo ocurrido y de lo que está ocurriendo: el conflicto abre oportunidades para conocer lo que en momentos “normales” (de predominio de la engañosa homogeneidad capitalista) de la vida social permanece sumergido, oculto al conocimiento, al pensamiento y a la acción política.</p>
<p>Esto subraya la importancia de estar permanentemente atentos y con las entendederas abiertas a la realidad, para aprender de la experiencia, del quehacer cotidiano de los actores sociales y políticos, gubernamentales y no gubernamentales concretos, porque como enfatizó Zavaleta, y retomo y reitero ahora: “conocerse es ya casi vencer.”</p>
<p>Que así sea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Isabel Rauber. Pensadora latinoamericana. Estudiosa de los procesos de construcción de poder popular desde abajo en indo-afro-latinoamerica. Profesora universitaria. Pedagoga política. Doctora en Filosofía.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Textos citados</strong></p>
<ul>
<li>García Linera, Alvaro. 2011. <em>Onegeismo</em>. Vicepresidencia del Estado. Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional.</li>
<li>Peredo, Antonio. 2011. “Bolivia: No destruir el TIPNIS”. ALAI (<span style="text-decoration: underline;"><a href="http://alainet.org/">http://alainet.org</a></span>)</li>
<li>Plan Nacional de Desarrollo. 2006. Ministerio de Planificación. La Paz</li>
<li>Rauber, Isabel. 2011. <em>Revoluciones desde abajo</em>. FBDM, La Paz.</li>
<li>Zavaleta Mercado, René. 1986. <em>Lo nacional-popular en Bolivia</em>. Siglo XXI Editores, México.</li>
</ul>
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		<title>Desarrollistas versus Pachamama: Dos proyectos contradictorios</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 02:39:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		Están en disputa dos proyectos en nuestro continente, que se excluyen recíprocamente: El de las políticas “desarrollistas” y el proyecto indígena de defensa de la Madre Tierra (Pachamama). 
 El Desarrollismo 
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		</p><p><em>Están en disputa dos proyectos en nuestro continente, que se excluyen recíprocamente: El de las políticas “desarrollistas” y el proyecto indígena de defensa de la Madre Tierra (Pachamama). </em></p>
<p><strong> El Desarrollismo </strong></p>
<p>El criterio fundamentalmente eurocéntrico de “Desarrollo”, en realidad encubre la voracidad de las grandes empresas capitalistas multinacionales por acumular cada vez más dinero. Saben los capitalistas que con el feroz ataque a la naturaleza están conduciendo, entre otras cosas, al exterminio de nuestra especie, pero no les importa, lo único que les interesa es ganar más dinero.<span id="more-29796"></span></p>
<div id="attachment_29799" class="wp-caption alignright" style="width: 251px"><a href="http://www.justseeds.org/josh_macphee/04forest.html" target="_blank"><img class="size-large wp-image-29799" title="forest josh macphee justseeds" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/10/forest-josh-macphee-justseeds-241x400.jpg" alt="" width="241" height="400" /></a><p class="wp-caption-text">(Arte: Josh MacPhee / justseeds.org)</p></div>
<p>Su ataque a la naturaleza se da en muchas formas, la más peligrosa es el calentamiento global producido por los gases de efecto invernadero. En las reuniones internacionales para discutir el tema no acuerdan disminuirlo ni un solo grado. Este calentamiento produce cada vez más desastres, llamados por los medios de comunicación en manos de las grandes empresas “desastres naturales”: Disolución de hielos y nieves, desaparición de arroyos, adelgazamiento de ríos, aumento del nivel del mar, huracanes, inundaciones, sequías, inviernos más fríos, veranos más calientes, alteración de la época de lluvias, etc.</p>
<p>Otro ataque es la minería a cielo abierto que destruye montañas, roba el agua del consumo humano directo y de la pequeña agricultura, envenena el agua, matando seres humanos, animales y vegetales. Otro es la construcción de hidroeléctricas que desaloja a los habitantes y sus cultivos para hacer represas y también roba el agua de la pequeña agricultura. Otro es la “industria alimentaria” que practica el monocultivo, ataca la flora y la fauna, mata el suelo con agroquímicos (fertilizantes, insecticidas, herbicidas) y nos da de comer transgénicos y sustancias químicas que nos matan. Otro es la depredación de la selva a través de la extracción de petróleo y gas, del saqueo de la madera, del cultivo de agrocombustibles y otras plantaciones industriales, la ganadería, la construcción de “vías de comunicación”, como la carretera interoceánica y el ataque al TIPNIS, etc.</p>
<p>La política desarrollista es llevada fundamentalmente por los gobiernos imperialistas pero también la comparten los gobiernos progresistas como el de Ecuador y el de Bolivia.</p>
<p>Reconocemos que éstos últimos son gobiernos progresistas, han llevado a cabo el deseo popular de nuevas constituciones, han declarado que son estados plurinacionales, Ecuador reconoce los derechos de la Madre Tierra, ha expulsado la base norteamericana de Manta, Bolivia ha expulsado a la agencia norteamericana DEA e inclusive se vio obligada a expulsar al embajador de ese país, etc. Naturalmente apoyamos estas actitudes.</p>
<p>Pero por otra parte Ecuador continúa con la política extractivista y el gobierno boliviano forma parte del impulso al proyecto “Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana” (IIRSA) encabezado por el imperialismo emergente brasileño.</p>
<p><em> Que sean gobiernos imperialistas o “antimperialistas” quienes lo impulsen, conducen al desarrollo hacia la extinción de la humanidad. </em></p>
<p><strong> La defensa de la Madre Tierra </strong></p>
<p>Es ejercida fundamentalmente por los pueblos indígenas del mundo, pues aunque toda la humanidad depende de la naturaleza, esta dependencia es una vivencia directa de los indígenas quienes son los que menos “disfrutan de los beneficios de la civilización” y ahora ven a ésta como destructora del medio ambiente, por eso mueren luchando en defensa de la naturaleza, como en Bagua, como en la lucha contra la mina Tía María en Cocachacra, Arequipa, como en el aeropuerto de Juliaca, Puno.</p>
<p>Pero no son sólo los indígenas quienes luchan en defensa de la naturaleza, hemos visto en Italia la lucha de los activistas del movimiento “No TAV” (Tren de Alta Velocidad) que unirá a las ciudades de Turín en Italia y Lyon en Francia destruyendo los bosques de La Magdalena. Hemos visto el triunfo reciente de la población urbana de Mendoza, Argentina contra la mina San Jorge, estamos viendo en el Perú la lucha de los pobladores urbanos de Tacna y Moquegua en defensa del agua que les roba la minería.</p>
<p>Para defender los derechos indígenas no es una garantía el ser indígena. El indígena Benito Juárez gobernó México contra los indígenas. En el Perú hemos tenido a Toledo, un presidente indígena con cerebro de Harvard .</p>
<p>Boaventura de Sousa recomienda conversar; no estamos en contra de conversar, debemos conversar inclusive con el enemigo, mucho más con los gobiernos progresistas de Ecuador y Bolivia (al parecer el “hermano Evo” paso a ser un primo lejano), pero tengamos en cuenta que su política desarrollista es irreconciliable con nuestra defensa de la naturaleza.</p>
<p>El afianzamiento de nuestro frente debemos desarrollarlo en la lucha y en la conjunción con todos (indígenas y no indígenas) quienes estén de acuerdo en que lo fundamental es la defensa incondicional de la naturaleza, que es también la lucha por la supervivencia de la especie humana. Esto no fortalecerá a la derecha como dice De Sousa, <em>lo que la fortalecería sería nuestra capitulación ante el desarrollismo</em>.</p>
<p>En el Perú las cosas son más claras: Ollanta Humala es declaradamente desarrollista, desde su campaña electoral prometió impulsar la minería a cielo abierto y la agroindustria, ambas depredadoras de la naturaleza. La lucha en defensa del agua y de la vida, ya la inició Tacna.</p>
<p><strong><em> Defendemos consecuentemente la naturaleza pero no estamos en contra de las ventajas del progreso que no afecten el medio ambiente, que no pongan en peligro la continuidad de nuestra especie. </em></strong></p>
<p>Aprendemos de Vallejo cuando le recomienda a España: “¡Cuídate de tus héroes!”, “ ¡Cuídate de los nuevos poderosos!”.</p>
<p>Hemos visto a un valiente dirigente obrero del ABC paulista en Brasil, Lula, convertirse con el tiempo en impulsor de la depredación de la selva amazónica en favor de la producción de alimento para los carros, desarrollada por grandes empresas multinacionales. Lo hemos visto como impulsor fundamental del IIRSA.</p>
<p>Hemos visto a un valiente dirigente cocalero que fue expulsado del parlamento por su consecuencia en la defensa de los indígenas, convertirse en el presidente que ordena la represión a los indígenas defensores de Pachamama, y que también impulsa el IIRSA.</p>
<p>No confiemos en UNO por muy luchador que haya sido hasta hoy.</p>
<p>Confiemos en TODOS como en la plaza Tahrir en el Cairo, como en la Puerta del Sol en Madrid, como en la plaza Sintagma en Atenas, como en el movimiento &#8220;Ocupa Wall Street&#8221; en Nueva York.</p>
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		<title>Bolivia: El 18 Brumario del Kananchiri</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 03:33:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Bolivia]]></category>
		<category><![CDATA[desarrollo]]></category>
		<category><![CDATA[ecología social]]></category>
		<category><![CDATA[Evo Morales]]></category>
		<category><![CDATA[Indígenas]]></category>
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		<category><![CDATA[Poder]]></category>

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		Cuando Zavaleta expone la “paradoja señorial”, no sólo describe la contradicción de una casta sino de toda una subjetividad que se expande al todo social: aquella que se constituye “en contra del indio”. Por eso produce un Estado aparente, porque no tiene contenido propio, porque lo propio es aquello que niega para poder afirmarse a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/08/graffiti-tipnis.jpg" width="240" />
		</p><p>Cuando Zavaleta expone la “paradoja señorial”, no sólo describe la contradicción de una casta sino de toda una subjetividad que se expande al todo social: aquella que se constituye “en contra del indio”. Por eso produce un Estado aparente, porque no tiene contenido propio, porque lo propio es aquello que niega para poder afirmarse a sí mismo; porque es antinacional, su legitimidad tiende siempre a la nulidad. Por eso necesita de una sociedad, también aparente, que se haga a imagen y semejanza de ese Estado; ambos se corresponden, pues en ambos se encuentra arraigada una cuestión de fe. Por eso señala Zavaleta, sin miramiento alguno: “la única creencia ingénita e irrenunciable fue siempre el juramento de su superioridad sobre los indios, creencia en sí no negociable, con el liberalismo o sin él y aun con el marxismo o sin él”.</p>
<p>Vale la pena subrayar lo último. Porque incluso la asunción de banderas revolucionarias no supone la superación de esta creencia que es, como bien dice, “ingénita e irrenunciable”. Por eso se producen las recaídas. Por eso a la revolución del 52 le sucede la contrarrevolución y al actual “Estado plurinacional” le viene sucediendo la reposición del Estado colonial. La “paradoja” consiste en que la dirigencia gubernamental del proceso no logra reunir, ni las condiciones subjetivas ni las institucionales, para auto-transformarse, y menos, para hacer posible la transformación del Estado. Esta “paradoja” se sostiene porque aquella creencia permanece inamovible.<span id="more-29691"></span></p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-28651" title="graffiti tipnis" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/08/graffiti-tipnis-575x371.jpg" alt="" width="575" height="371" /></p>
<p>Por eso en el mismo discurso revolucionario anida esta “paradoja”: la dominación se reconstituye bajo nuevas banderas; porque si la creencia no es posible se ser superada, entonces los propios revolucionarios producen la contra-revolución. Por eso hasta la izquierda puede ser la nueva derecha. Porque a ambos les une una creencia también irrenunciable; principio nodal de un mundo que se globaliza desde la conquista, en contra, siempre, del indio.</p>
<p>Pueden renunciar a todo, menos a su fe ciega en el “progreso” moderno. La riqueza del mundo moderno les enceguece, de tal modo, que ya no tienen ojos para ver lo más evidente: que esa riqueza es sólo posible por la acumulación sistemática de miseria. Para que el primer mundo sea “desarrollado” tiene que producir el subdesarrollo del tercer mundo (para que haya centro tiene que haber periferia). La conquista no cesa y, con el añadido del racismo congénito moderno, se lo racionaliza hasta como un imperativo categórico: ahora se llama “desarrollo”.</p>
<p>La “paradoja” aparece en el dominado, cuando aspira a ser un nuevo dominador. Por eso el socialismo fracasa: critica la dominación del trabajo humano por el capital, pero la liberación del trabajo no libera al ser humano, pues sigue inamovible la dominación de la naturaleza. Y en eso consiste la Modernidad: en dominar. La “riqueza”, el “desarrollo” y el “progreso” modernos, son sólo posibles en términos de dominación. Las mercancías modernas que nos enceguecen y seducen, chorrean sangre humana y sangre de la Madre tierra, desde hace cinco siglos. La economía que promueve este famoso “desarrollo”, sólo sabe producir riqueza, destruyendo las dos únicas fuentes de riqueza: la humanidad y la naturaleza, Marx dixit. La crisis ecológica no es una maldición divina sino consecuencia de la irracionalidad de la racionalidad económica moderna; que comparten tanto capitalistas como socialistas.</p>
<p>Las creencias económicas modernas son también “ingénitas e irrenunciables”, y parten de una clasificación dicotómica que se origina en el mito fundacional del mundo moderno: el racismo. Las categorías de desarrollo-subdesarrollo, son emanaciones lógicas de la dicotomía inicial que legitima la conquista del Nuevo Mundo: superior-inferior. La naturalización de esta clasificación es el racismo. Por eso el indio aparece, en el Estado señorial-moderno-colonial, como obstáculo del “progreso” y el “desarrollo”. En nombre de estos se producen los genocidios a la humanidad y a la naturaleza, desde la conquista, la colonia y la república, y en nombre también de estos, ahora, un Estado plurinacional, lejos de proponerse un contenido propio, auténtico, liberador, no hace sino volver a su forma anterior, y de modo más acabado.</p>
<p>Por eso la “paradoja” continúa, y recompone lo que se pretendía superar. No hay verdadera transformación: quienes pudieron convertirse en los abanderados de un proceso de liberación, no saben ni pueden entenderse al margen de un Estado al que desprecian y, sin embargo, lo restituyen; porque las estructuras de ese Estado, estructuran su propia subjetividad. Parafraseando a Zavaleta: pudieron ser los conductores de un gran acto revolucionario; pero sus cabezas mismas, no eran libres todavía de aquel Estado.</p>
<p>El primer mito de la subjetividad moderna es la creencia en su superioridad. Es en la conquista, donde se constituye aquel mito; necesita constituir a la víctima en “inferior”, para legitimar su dominación: donde no hay indio No hay “señor”. Por eso las repúblicas nacen formalmente “independientes”, pero siguen siendo esencialmente coloniales. No pueden siquiera constituir nación, porque lo nacional mismo es excluido. La nación es clandestina, porque el Estado es colonial. Su soberanía es pura ficción; por eso se convierte en mero administrador de intereses que, ni siquiera, son los suyos.</p>
<p>En este contexto, la coyuntura crítica que atravesamos, revela el carácter constitutivo de un Estado, cuyo relevo de mando, no hace sino reponer ese carácter: el Estado boliviano, incluso con wiphala, no sabe constituirse sino siempre, “en contra y a costa del indio”. El MAS reedita al MNR; por eso no es raro el movimientismo de ambos y el nacionalismo, como ideología, que une ambos fracasos: modernizarnos a toda costa, o sea, “a costa siempre del indio”. Es un aborrecimiento que no tiene fin, Zavaleta dixit.</p>
<p>Incluso con marxismo, hasta con discurso de descolonización, el indio sigue siendo el obstáculo para modernizarnos. La conquista se actualiza: “siendo por naturaleza siervos los hombres bárbaros [indios], incultos e inhumanos, se niegan a admitir el imperio de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; imperio que les traería grandísimas utilidades, siendo además cosa justa por derecho natural que la materia obedezca a la forma, al cuerpo al alma, el apetito a la razón, los brutos al hombre, la mujer al marido, lo imperfecto a lo perfecto, lo peor a lo mejor, para bien de todos”. Ginés de Sepúlveda resucita con rostro “plurinacional”, pero sigue diciendo lo mismo: el indio no puede ser sujeto sino objeto de la autoridad (quien es “más prudente y perfecta”). Él no puede reclamar derechos, es el Estado señorial-moderno-colonial quien se los otorga; por eso es considerado un “menor de edad”: “influenciado por ONG’s”, “usado por la derecha”, etc. Y si éste no tiene derechos, peor la naturaleza.</p>
<p>La modernidad mata a Dios para erigir a sus ídolos, nuevos fetiches hambrientos del sacrificio constante de la humanidad y la naturaleza. La riqueza moderna no tiene límites, por eso la economía se mide por cifras, siempre en aumento; por eso “progreso” significa, en definitiva, destrucción. La subjetividad que legitima ese “progreso”, no cree ni en su camisa, como Melgarejo. Son jacobinos. Si no creen en Dios, ¿cómo van a creen en la Pachamama? Sólo creen en su propio poder, por eso son soberbios. Por eso entienden la política como lucha por el poder: en lo único que creen es en el poder; por eso, cuando lo tienen, viven ello de modo hasta insensato. Por eso ya no escuchan, porque asaltan literalmente aquello que idolatran. El poder ya no es facultad propia del pueblo sino expropiación ilegítima de éste; por eso, cuando asaltan el poder, es un literal asalto del propio pueblo. En nombre del pueblo asaltan al propio pueblo.</p>
<p>Si hay alguna enfermedad infantil en la izquierda es su jacobinismo. Por eso hasta se interpretan, a sí mismos, bajo los códigos de la revolución francesa; por eso también la replican: a la revolución le sigue el reino del terror. Aquella revolución, que postula la “declaración de los derechos del hombre”, no sólo guillotina a la realeza sino también a los no considerados en tales derechos. Cuando mata a Babeuf y a Olympe de Goughes declara, que aquellos derechos, no son, en realidad, universales: los obreros y las mujeres están al margen. Son derechos exclusivos del ciudadano burgués. En consecuencia, la revolución de los “derechos del hombre”, en nombre de esos “derechos”, le hace la guerra a la primera nación de esclavos libres, Haití, y mata a su líder, Toussaint l’Overture.</p>
<p>El que, en este gobierno, alguien se declare jacobino y bolchevique no es casual. En abril de 2006, ya habíamos expuesto la contradicción que aparecía al interior del propio gobierno, en un artículo en internet: “El Asalto Jacobino del Gobierno del MAS”; donde decíamos: “El proyecto de nuestro vicepresidente siempre fue moderno. Su modelo de ‘capitalismo andino’ siempre buscó el desarrollo de las economías informal y tradicional desde la inocente asunción del patrón de acumulación capitalista (fiel al modelo ortodoxo de izquierda: ‘hay que cumplir las tareas que la burguesía dejó pendientes’). No dándose cuenta que tal proceso de acumulación está pensado a partir del desarrollo de los centros económicos, cuyo crecimiento depende de la postergación de las colonias; es decir, el supuesto ‘desarrollo’ está prescrito por un modelo que ha constituido al centro en eje del ‘desarrollo’, de este modo debe adoptarse un patrón de acumulación que acaba siempre postergando a la periferia, porque esa lógica consolida un sistema-mundo que ordena el mercado mundial en torno a la maximización económica del centro. Condición de la imposición de la economía capitalista en la periferia es la destrucción paulatina de sus economías tradicionales. El capitalismo no es sólo extracción de excedente; es, en primera instancia, des-estructuración de la economía tradicional y de la sociedad para re-ordenarlos en torno a la producción de excedente (exportadores de materias primas). O sea, la sociedad en torno a la producción de excedente es posible porque primeramente se destruye la base económica tradicional para hacerla dependiente de otro patrón de acumulación, en este caso, la maximización del capital. En tales condiciones no hay convivencia ‘normal’ de estas economías; una vive a costa de la otra, la competencia de capitales en la globalización es una lucha donde quien no acumula más valor muere, por ello la explotación en la periferia es más despiadada, porque la desigualdad tecnológica y la subordinación política (deuda e inversión extranjera) condena a los países pobres a transferir plusvalor extraordinario (explotación humana al infinito) al centro, siempre en ascenso. La tesis del ‘capitalismo andino’ buscaría intervenir en la economía tradicional para impulsar su ‘despegue’, o sea, a subsumirse en la lógica de acumulación capitalista. Esa es la falacia desarrollista: el único modelo a seguir es el seguido por Europa. Pero no es la economía informal y menos la economía tradicional las que imposibilitan el ‘desarrollo’. Es, más bien, el sector burgués de la economía el que arrastra a toda la sociedad al subdesarrollo; porque su existencia depende de la mantención de una estructura (nacional y mundial) que hace posible su dependencia sistemática. Por ello, el moderno-sistema-mundo corrompe a las elites de los países pobres para asegurar la estructura económica mundial; beneficia a sus elites a costa del subdesarrollo de sus sociedades, o sea, son ellas y la economía que patrocinan y ejercen la que arrastra a sus sociedades al subdesarrollo. Entonces, la intervención estructural debe hacerse a ese sector: el sector burgués. Para ello, son los principios (filosóficos, económicos y políticos) de la sociedad burguesa los que merecen el des-montaje y su re-consideración desde criterios ético-políticos de defensa de la reproducción de la vida de las víctimas (no del capital). La explotación despiadada de hombre y naturaleza es posible por una lógica que devalúa ambos a la condición de objeto. El sujeto que concibe esta lógica ha pasado del yo-conquisto al yo-pienso y al yo-domino. Se postula universal y portador absoluto de la verdad, devaluando todo pasado e imponiendo su proyecto (estar en la riqueza) como el adelante al que todos deben de someterse. Su libertad es libertad de propiedad, su propiedad es su derecho natural y su derecho es ley sobrehumana. Si estos principios no se ponen en suspenso, entonces todo proyecto, incluso los supuestamente alternativos, caerán en la reproducción de una lógica que, no en vano, lleva más de cinco siglos sofisticándose”.</p>
<p>Aquel “capitalismo andino”, ahora se llama “socialismo comunitario”. Pero el cambio de nombre no cambia su contenido: la fe ciega en el “progreso” moderno. En nombre del “progreso” se interpreta que toda oposición a éste es irracional, entonces, en nombre de “la razón”, se la elimina. En consecuencia, la creencia “señorial” se reafirma: el enemigo es el indio. El racismo desata una nueva “cruzada”. El Estado señorial-moderno-colonial se recompone. Que la derecha critique la represión a la marcha indígena en defensa del TIPNIS, es puro oportunismo, exclusivo cálculo político. Si ellos volviesen al poder, no sólo violarían el TIPNIS sino que lo ofrecerían, con indios y todo, de modo abierto, al capital transnacional, también en nombre del “progreso” y “la razón”; los ídolos a los cuales se postran hereditariamente.</p>
<p>Lo que hace el jacobinismo gubernamental es reponer la “paradoja señorial”. No logra reunir las condiciones subjetivas ni institucionales para hacer efectiva una real trasformación, porque no sabe ni puede enfrentar su propia subjetividad, presa de los prejuicios “señoriales” y modernos que le enajenan de su propia realidad. Y, en situación crítica, no halla mejor modo de descubrirse, que mostrarse en el más puro estilo colonial: la represión desnuda.</p>
<p>Si no hay transformación subjetiva, es imposible una transformación objetiva. Si no se produce al sujeto de la liberación, la liberación se queda como pura retórica y, de ese modo, el pueblo es reducido a la condición de objeto sumiso, apto para su dominación. Todo empieza con la segunda gestión gubernamental, cuando se arrasa con el 64% de la elección. La consigna fue ganar “como sea”; y ese “como sea”, fruto del cálculo político, empezó a carcomer una legitimidad ya contaminada (los advenedizos no tardaron en trepar y los dirigentes históricos tampoco se quedaron atrás); en las elecciones municipales, eso costó una merma electoral considerable. Ese cálculo interesado, típico en una lógica instrumental de la política, iba constatando que los nuevos actores gubernamentales no habían cambiado nada, pero pretendían dirigir el proceso de cambio.</p>
<p>Fundan entonces el Estado plurinacional sobre bases irreales; porque si ellos pretendían mostrarse como la dirección del proceso, presentándose como quienes ya saben el sentido de éste, entonces el pueblo estaba de más. La verdad era expropiada como patrimonio exclusivo del sector jacobino del gobierno; pues si se dice que el pueblo está equivocado, se quiere decir que el gobierno tiene la verdad. Por eso el presidente Evo ya no necesitaba escuchar. Por eso el sector jacobino podía prescindir del pueblo y direccionar el proceso de cambio al margen del propio pueblo, independiente de si le guste o no al pueblo el sentido que iba adquiriendo el proceso. Desde la visión autista y auto-referente de quien había expropiado, para sí, el ámbito de las decisiones, el proceso sería lo que su imaginación decidía.</p>
<p>Ya no es ningún secreto que, en esta segunda gestión, el presidente Evo había perdido la capacidad de decisión en aspectos vitales y que ésta había recaído en la segunda figura de gobierno. Por eso se entendía que, en los momentos críticos, como el gasolinazo, mientras el presidente estaba curiosamente fuera del país, quien daba la cara, era el vicepresidente. El mismo celo de los ministros, de recluir al presidente en un distanciamiento hasta penitente, mostraba que aquél acataba (no sabemos si entusiasta o resignado) lo que ya había sido dispuesto. Frente al panorama que le presentaba el círculo llamado q’ara, él no podía más que consentir todo aquello; por eso, como lección, no basta en un líder sólo la buena intención sino que precisa de una formación intelectual sostenida, para no quedar embaucado en la retórica hábil de sus interlocutores. Creía que su constitución sindical le bastaba, pero eso le está costando caer ya no sólo en los errores sino en una traición a todo aquello por lo cual había luchado. En política no puede haber inocencia.</p>
<p>El rechazo al gasolinazo no sirvió para la reflexión porque no se trataba de un error sino de una apuesta que, de modo consciente, había adoptado ya este gobierno, y que es la misma apuesta por la carretera que atraviesa el corazón del TIPNIS. La apuesta por el “desarrollo” moderno. Pero esa apuesta no es nuestra sino a costa nuestra. Y el indio es el testimonio viviente de lo que ocasiona esa apuesta. Humanidad y naturaleza quedan reducidas a simples medios para los fines del “progreso” moderno. Frente a aquél, nuestras culturas, tecnología, medicina, religión, conocimiento, ciencia y filosofía, no sirven, son obsoletas, atrasadas, premodernas. Lo único valioso es el “desarrollo” moderno.</p>
<p>La “paradoja” reafirma la tozudez colonial: asume como propio un ideal que no le corresponde y, en consecuencia, creyendo “desarrollarse”, no hace sino desarrollar a otros a costa siempre nuestra. La contradicción desarrollo-subdesarrollo, es una contradicción al interior de la lógica moderno-capitalista; si mi marco de interpretación de la realidad es sólo lo que la modernidad me muestra, entonces las transformaciones que pueda operar en ella ya no son tales sino simples reformas. Por eso el vicepresidente es etapista, porque se ha creído el cuento jacobino-bolchevique de que hay leyes fatales de la historia, a las cuales debe someterse el ser humano; por eso no sabe sino proponer metas cuantitativas a un asunto cualitativo: la transformación del mundo (los socialistas creyeron que la revolución era la culminación del “desarrollo”, cuando debieron comprenderla –si hubiesen sabido algo de la crítica de Marx–, más bien, como un freno al “desarrollo”, porque se trataba del “desarrollo” moderno-capitalista). Entonces, lo que se hace, ya no es cambiar al mundo sino afirmarlo del modo más contundente. Porque si persigo el “desarrollo” es que concibo mi realidad a partir de los criterios del “desarrollo” y, como no coinciden, entonces hago que mi realidad se comporte según los patones del “desarrollo”; es decir, de modo irreflexivo, argumento contra mí mismo, porque precisamente somos las víctimas de ese “desarrollo”, desde hace cinco siglos. El precio de ese “desarrollo” es la producción sistemática de miseria y la destrucción, cada vez más acelerada, de la naturaleza.</p>
<p>Ahora que las cosas, en esta coyuntura crítica, se muestran no como son en lo cotidiano sino como son verdaderamente, nos damos cuenta que la descolonización es algo mucho más que un discurso, y que el gobierno no tiene ni la más mínima idea de lo que significa descolonizar el Estado. Por eso, para pretender ser la vanguardia del proceso tienen que arrebatar ese lugar a la verdadera vanguardia. Por eso interviene el gobierno la marcha indígena en defensa del TIPNIS. Se trata de un rapto. Sólo pueden ser vanguardia, poniéndose ellos como vanguardia. El pueblo no los puso para que decidieran al margen del pueblo sino para que obedezcan las decisiones del pueblo. No viven el proceso pero pretenden dirigirlo, desde aquella “iluminación” que creen infalible.</p>
<p>El kananchiri había sido el sobrenombre intelectual del vicepresidente en su etapa insurgente. Desde la “guerra del agua” se puso de moda junto a otros “iluminados”, de una supuesta izquierda renovada. Esta izquierda nunca reflexionó sobre la colonialidad de sus categorías, al grado de adjetivar este proceso con una mixtura de conceptos que abrazaban sin criterio alguno, sólo porque estaban de moda o porque respondían a sus gustos estéticos. Para el vicepresidente el pueblo siempre fue “multitud”: una masa informe a la que había que dar forma. Relación sujeto-objeto. La “potencia plebeya” es sólo potencia en su sentido bruto, aristotélico digamos: es pura potencia, pero nunca acto; el objeto es pura potencia en sí, el acto es un añadido que le viene de afuera. Lo epistemológico precede a lo político. El conservadurismo ya era compromiso epistemológico, cuando se comprendía lo político desde el punto arquímedo de toda dominación: la relación sujeto-objeto deviene, en política, en la guerra por otros medios. La concepción de la cual se parte establece qué política, en definitiva, se sigue o se produce.</p>
<p>Por eso, cuando el vicepresidente se llamaba “el último jacobino” no era casual. Tampoco era casual que el presidente, ya en la primera gestión, decía convencido: “gobernar es hacer buenos negocios”. No en vano ambos coquetean ahora con el sector empresarial (para colmo con el más reaccionario: el ganadero y agroindustrial del oriente). La introducción de los transgénicos en la ley productiva es, entre otras cosas, una concesión al sector soyero exportador. Y el apoyo de ciertos colonizadores, cocaleros y hasta campesinos, a la nueva carretera, es una apuesta al “desarrollo”; todos ellos quieren ser empresarios privados. Por eso no les interesa afectar a la naturaleza, porque para el afán de riqueza, la tierra es puro recurso, objeto, cosa a explotar, en beneficio privado.</p>
<p>Por eso decíamos, la “paradoja” no es sólo de una casta sino que contamina al todo social. Por eso el nuevo “señor” no tiene necesariamente que provenir de la casta oligárquica sino hasta puede serlo un pobre y hasta un ex guerrillero insurgente. El poder no cambia a nadie, su único poder consiste en mostrar cómo uno es verdaderamente. Por eso no es nunca primero el líder, primero es siempre el pueblo; cuando éste actúa a la altura de lo que se propone, el líder emana de su propio seno. Pero actuar de ese modo, requiere que el pueblo se haga sujeto; de lo contrario, el poder delegado es raptado con la connivencia del propio pueblo. Por eso, para que exista dominación tiene que haber, también, un cierto grado de inocencia para que la dominación se haga posible.</p>
<p>Vaciada la legitimidad, hay que inventarla; si ya no hay hegemonía democrática, viene la dominación pura. Lo que, en codificación revolucionaria francesa quiere decir: el 18 brumario: el coup d’Etat. Si el pueblo es el equivocado entonces se justifica la represión que se le hace, y ésta es justa porque “se niegan a admitir el imperio de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos”. Ginés regresa sabiendo muy bien la lógica indígena; lo que se propone es una nueva “extirpación de idolatrías”. El respeto a la Madre tierra es la nueva “idolatría” que hay que extirpar, en nombre del verdadero ídolo: el “progreso” moderno. Si ya no hay legitimidad, el cálculo político opta por lo más funesto: generar las condiciones para la recaptura absoluta del poder.</p>
<p>El 18 brumario estaría precedido por la vertiginosa pérdida de legitimidad. Todavía se esperaba una última autocrítica, pero los ministros prefieren ser Pilatos y lavarse de toda responsabilidad. Hasta la wawa ministra mostró más dignidad que todos los tata ministros juntos (la renuncia de la ministra de Defensa declaraba, en un arrebato de lucidez, que es el gobierno el que posibilita un retorno de la derecha –si hay infiltrados, ¿no estarán en el propio gobierno?).</p>
<p>El conflicto de Caranavi y el de Potosí, ya habían mostrado no sólo la inoperancia de los ministros sino, lo más grave, la soberbia y el desprecio –que van siempre juntos– que habían ido adquiriendo en el ch’aqui del poder. Ya se creían “señores”; igual que los hidalgos, como Cortez y Pizarro. El que se cree “señor” sin serlo, sólo sabe imponer su “señorío” a la fuerza. Es lo que les queda. Por eso, la intervención a la marcha no fue algo improvisado. El último discurso del presidente ratifica la decisión gubernamental de construir la carretera, sólo que se la aplaza. Se propone una discusión nacional al respecto, pero la discusión se la quiere reducir a lo técnico, cuando lo que está en juego es nuestra propia política de Estado. Porque las razones que arguye el vicepresidente (que curiosamente no apareció para nada) para dorar de magnanimidad al proyecto de la carretera son falaces: lo que supuestamente integra, ni siquiera vincula a todas las comunidades; el “desarrollo” que promete es desarrollo inmediato de ganaderos, expansión de su mercado, no de las comunidades; y, el argumento más colonial: cuando hace una historiografía de la carretera y señala que fue hasta propuesta en tiempos del Mariscal Sucre, olvida que esos propósitos eran paralelos a los propósitos de los nuevos conquistadores, que veían en el oriente una nueva reconquista.</p>
<p>El discurso no deja de ser “señorial” porque se aduce justicia social. Si una carretera fuera, en sí, sinónimo de “progreso”, entre La Paz y Oruro, todos los campesinos serían ricos. Ahora bien, que la OAS haya o no financiado al MAS, descubre que hay ciertos compromisos adquiridos que le están costando a este gobierno más de lo que suponía. Por eso no se trataba de ganar “como sea”; en ese “como sea” se estaba jugando con el diablo; por eso, el cálculo político es lo menos calculable, porque en política se trata con personas, no con cosas. Seguramente, desde la visión de gobierno, este conflicto no es más que otra de esas “tensiones creativas” que le gusta reiterar al vicepresidente, ¿cuál fase será ésta en su lectura matematizante del proceso?</p>
<p>Si no hay autocrítica, entonces se reafirma la posición jacobina: la revolución se hace al margen del pueblo: Robespierre condena a Dantón. Y el nuevo Saint Just que goza de más poder (pese a que su presencia influyó mucho en el fracaso de todos los “diálogos”; entre mudos –los indios– y sordos –los ministros–, porque ante la orden del sí o sí, no había razones en contra que valgan; cómplice anterior del recorte de los escaños indígenas en la nueva Asamblea plurinacional), completa el cuadro. ¿Qué decía Saint Just?: “ne pas de liberté pour les enemies de la liberté” (nada de libertad para los enemigos de la libertad). ¿Qué dijo hoy el ministro de la Presidencia?: “no hay más razón para marchas, el que lo haga, es que tiene afanes políticos”. No hace falta leer entre líneas lo que es una amenaza, secundada por el ministro de Gobierno (que sacrifica a su viceministro para quedar impune). Si los indios vuelven a la marcha, la amenaza ya ha sido clara. El cuco de la conspiración genera la reclusión en un gobierno que se vacía, paulatinamente, de opciones, y sólo opta por los llunq’us (los que trepan rápido, quienes se humillan antes para humillar después). En tales condiciones no hay mucho para escoger porque, además, quienes deciden no lo hacen ya por ética sino por puro cálculo político; los honestos son excluidos o arrinconados, viendo cómo el instrumento político reedita todo aquello que se criticaba.</p>
<p>Se esperaba, después de reprimir la marcha indígena, una vez más, un reencauce; lo que produjese una necesaria –y esperada– recomposición ministerial; pero si el presidente ya ha dejado de tomar la iniciativa, entonces se entiende que los ministros de la Presidencia y de Gobierno, enfrenten el conflicto desde una absoluta irresponsabilidad. A los “señores” no se les puede objetar nada. Por eso el conflicto no mengua sino se lo atiza más.</p>
<p>Después de dejar Cuba (para continuar la revolución en otros lados), el Che estaba escribiendo una crítica al Manual de Economía Política de la URSS; en el prólogo mencionaba que la crítica de Marx, no sólo que no fue comprendida sino que, en ese manual, se consagraban las aberraciones que condujeron al burocratismo y a la dictadura estalinista; que el sindicado de haber tergiversado el marxismo original era alguien por el cual sentía una profunda admiración, pero ello no impedía señalarle como responsable de la decadencia posterior: Vladimir Lenin. Cuando Marx decía a Engels que no vaya a pasarles a ellos lo mismo que a Hegel, indirectamente se refería a él; pues los primeros difamadores de las ideas revolucionarias son sus propios apologistas (los Judas salen siempre de entre los escogidos). Engels no comprendió a Marx y sus metidas de mano en “El Capital” son, en realidad, metidas de pata. Lenin ya es la culminación de una visión “científica positivista” del socialismo (lo mismo que Trotsky). Los marxistas rusos persiguieron a los llamados “populistas”, a quienes, curiosamente, apoyaba Marx. Hasta el maestro estaba equivocado. La “infalibilidad” jacobina no perdona nada.</p>
<p>Ahora los “infalibles” no perdonan disidencia alguna, les llaman “resentidos”, con ellos no habrá perdón. Por eso no queda otra; vaciada la legitimidad inicial, necesitan producir una nueva. Barrientos, siendo vicepresidente, le hace el golpe a Víctor Paz y, ¿cómo se legitima?, produciendo un nuevo pacto: el militar-campesino. Este pacto “señorial” es posible porque el campesino cooptado reniega de su condición india y se propone, como proyecto de vida, ser como el “señor”, es decir, se moderniza. Proyecto que abrazan ahora ciertos colonizadores y cocaleros, sobre todo. Por eso el MAS se recluye al Chapare. Todos ellos aspiran al famoso “desarrollo” moderno, por eso quieren la carretera, para expandir fronteras agrícolas y mercados para, en definitiva, generar más ganancias. Un nuevo pacto es posible y la sombra de Barrientos también anida en la Llajta, Cochabamba. La historia no tiene casualidades. El 18 brumario es una posibilidad que saborean los “iluminados”; por eso hasta le tienden la inocente trampa al canciller para justificar la agresión posterior (y él se presta a aquello).</p>
<p>Si el presidente no tiene ya iniciativa, otros la tienen. Se reproduce el síndrome Kennedy, lo que aquí sería el episodio de Siles Suazo: el propio sistema político se recompone al interior del gobierno. El “Estado señorial” cambia de forma pero no cambia en el fondo: cambia para no cambiar nada. Si ya no hay legitimidad y el propio presidente no da muestras de una recomposición urgente, entonces hay que inventarse legitimidad. El golpe ya no viene de afuera sino de adentro; así queda beatificada la misma oposición. El 18 brumario es un auto-golpe que se impone el cesarismo para preservar el orden y el sistema.</p>
<p>Reducir el conflicto a lo técnico es lo que no permite advertir todo lo que está en juego. Lo que destapa el TIPNIS es el proyecto tecnócrata que ha triunfado en el gobierno y ha rodeado el discurso de los derechos de la Madre tierra, haciendo imposible su realización como política de Estado. El gasolinazo fue una decisión tecnócrata que articula a los ministerios de Planificación, Economía y Hacienda, como lugar de recomposición de la estructura neoliberal. Que el vicepresidente dicte ese decreto, no es casual; como tampoco es casual que se rumoree un nuevo gasolinazo. El gobierno requiere de más ingresos, por seguir una política que le hace prisionero del capital externo (mantener la balanza fiscal también tiene que ver con equilibrar la deuda que se adquiere). La carretera por el TIPNIS es un acceso de capitales (no siempre nacionales) a la conexión bi-oceánica; la integración no es entre pueblos sino entre capitales. Pero el ingreso al corazón del TIPNIS tiene que ver con la exploración de lo que se supone hay allí. Es cierto que los cocaleros no tienen tanto poder para lograr el empecinamiento del propio presidente. Las razones hay que buscarlas en otro lado. En definitiva se trata de proyectos de vida. No dudamos que el gobierno tiene las mejores intenciones para su país; pero de buenas intenciones está lleno el camino al infierno. El petróleo, gas y otras riquezas que se hallan en el TIPNIS, supone una gran tentación; algo que la lógica instrumental ve sólo como utilidades. El asunto es: ¿cuál es el verdadero costo de esas utilidades, a la larga? Eso es algo que la racionalidad instrumental no sabe ni puede calcular; por eso suena, hasta risible, el que algún viceministro estime que el daño al TIPNIS será sólo del 0.3% (hasta por lo del efecto mariposa, la ciencia actual ya se cuida de hacer previsiones exactas).</p>
<p>El proyecto moderno abraza el “progreso” como una cuestión de fe. Se lanza a él sin importar los costos ni las consecuencias; en su adelante sólo existe la infinitud de un “progreso” que promete el cielo en la tierra. Es una tentación fáustica. Por eso hace del “progreso” su nuevo fetiche y le ofrece, a cambio del futuro prometido (que nunca llega), todos los sacrificios que le exige. Si el TIPNIS tiene riquezas entonces hay que conquistarlo; si los indios no lo hacen es porque son atrasados y salvajes, hay que enseñarles a ser civilizados, es decir, a aprovecharse de las riquezas, a explotarlas, para ser ricos. Pero, más allá de una visión moderna, el TIPNIS es algo más. Para ello precisamos desvelar nuestros ojos y trascender el reino de las apariencias.</p>
<p>Sólo habita lo espiritual en una relación armónica entre ser humano y naturaleza. Si toda la naturaleza es conquistada (violentada) entonces lo espiritual no tiene lugar. Así como el amanecer necesita de la oscuridad para nacer, así también necesitamos de lo desconocido para conocer; hay que preservar el misterio, la pachaMama es sujeto, es persona, necesita preservar su intimidad, como ser femenino que es. Lo otro es pura violación. No en vano Francis Bacon, describe así el método de la ciencia moderna: “debemos extraerle sus secretos a la naturaleza, así como el verdugo le saca la verdad a la víctima”. La Madre tiene lugares donde se recompone, adonde se retrae. Esos lugares se llaman sagrados y contienen el núcleo de espiritualidad desde donde el ser humano se recompone espiritualmente. Si desaparece eso, lo que desaparece, en última instancia, es el ser humano. Son lugares de energía ancestral, milenaria, que están allí, no para saquearlos sino para honrarlos. La medicina qulla conoce los efectos benéficos de un sinnúmero de plantas que se originan en lugares como el TIPNIS; hasta se dice que hay plantas medicinales aun no descubiertas y hasta alimentos nuevos (cosa que la tecnología moderna no puede hacer, sólo sabe alterar los alimentos, para generar ganancias, produciendo muerte). El TIPNIS es un lugar rico, no por lo que piensa la mentalidad moderna, sino por la vida que contiene.</p>
<p>Los guaraníes, cuando sienten que han empezado a producir relaciones de dominación, abandonan lo que han construido y se lanzan a un nuevo éxodo, en busca de “la tierra sin mal”; el concepto de “tierra sin mal” quiere decir: tierra no mellada por el hombre. Es decir, necesitan saber que hay una tierra virgen para saber que hay un mundo mejor. ¿Qué pasa si ya no hay más tierra virgen, que todo ya ha sido colonizado? Es el fin de la cultura (mito que comparten casi todas las culturas y naciones de Tierras Bajas y hasta de todo el continente; ¿será por eso que abandonan su civilización los tiwanakotas y los mayas?). Si se mata al TIPNIS, se mata también la cultura, es decir, la humanidad. El TIPNIS es sagrado porque la espiritualidad indígena encuentra allí uno de los núcleos de su emanación.</p>
<p>Pero a los jacobinos no les importa aquello; como no creen ni en su madre, menos van a creen en la pachaMama y menos que el Gran Espíritu habite en su interior. Sólo creen lo que ven y lo que ven son cifras: economía de los negocios, de la rentabilidad, de las ganancias. La vida les es algo demasiado abstracto para tomarlo siquiera en cuenta. Pero no se levanta impunemente lo sagrado. A los neoliberales no se les podía reclamar la defensa de la Madre, porque nunca se comprometieron con ella; pero el actual gobierno no sólo hace bandera de la pachaMama sino que se declara, frente al mundo, defensor de sus derechos. Entonces, dónde radica la aporía.</p>
<p>Volvemos a la “paradoja señorial”. El cacique Seattle decía que, para comprender al hombre blanco había que entrar en sus sueños y ver de qué están hechos. Los sueños del “señor” son lo que le impide una real liberación; si el siervo adopta esos sueños como suyos, entonces aprende a dominar, porque quiere ser también “señor”. No es una cuestión teórica sino existencial: pensar un nuevo proyecto no es tasar sus magnitudes o describir sus etapas; pensar un nuevo proyecto es producir al sujeto de ese proyecto, es decir, transformarse en sujeto. Pero no me hago sujeto haciendo objeto al otro. Sólo se es sujeto en relación a otro sujeto. Y si todo tiene alma, todo tiene vida. Por eso este nuestro momento es revolucionario, porque en el grito del sujeto están presentes los gritos de la pachaMama y de los achachilas, de las huacas y de los ajayus. Del Gran Espíritu, del Wirakocha. Por eso el “cambio” no podía adjetivarse con lo viejo sino que su propio lenguaje debe ser un lenguaje nuevo: sólo un nacido de nuevo puede proponer un lenguaje nuevo. Lo viejo es ahora lo moderno, lo que hay que dejar atrás y proponernos un nuevo mundo; no desde la nada sino desde lo nuestro. Por eso el pueblo no podía dormirse en sus laureles. Ahora que despierta, debe de reconocer que la vanguardia no está en los intelectuales, la vanguardia está en las naciones originarias, en lo indio que todos llevamos dentro, pero de manera negada y despreciada. Necesitamos preservar el TIPNIS, ya no sólo por razones ecologistas sino espirituales. Así como hay que preservar las apachetas, así hay que preservar el TIPNIS.</p>
<p>Cuando se dice que el enemigo está adentro, se dice que todavía no somos sujeto; porque seguimos escindidos, separados de lo más propio, desequilibrados, por eso hay conflicto al interior de uno mismo. Las contradicciones en el gobierno son también contradicciones en el propio pueblo; mientras nos proponemos un nuevo proyecto de vida, seguimos volteando la mirada para acabar como estatuas de sal. Quienes pretenden dirigir el proceso son los que se voltean y van sólo a lo conocido; se vuelven conservadores. El gobierno quiere, otra vez, salir de un nuevo fracaso del modo más inmaculado; el único cálculo que hacen, es que tienen que ganar, a como dé lugar. No están dispuestos a abandonar sus posiciones; por el contrario, ahora nos dicen, que son las condiciones y el propio pueblo, los que tienen que madurar, para estar a la altura de ellos. Por eso el 18 brumario es una carta que acarician. Ya hay tres renuncias; si fuera cierto de que el canciller se hace a un lado, ¿con quién se queda el presidente? ¿O es que el canciller ya estaba desplazado por el mismo Evo?</p>
<p><em>Rafael Bautista S. es Autor de “Hacia una fundamentación del pensamiento crítico”, Rincón ediciones</em></p>
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		<title>Bolivia: Declaraciones ligeras y desinformación</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 21:56:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Bolivia]]></category>
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		En relación a la problemática del camino que el gobierno impulsa al interior del TIPNIS, se han vertido en las últimas semanas varias declaraciones por parte las más altas autoridades del Estado plurinacional, así como de voceros y asambleistas del MAS, e incluso dirigentes de la colonización, todas en un intento de justificar el proyecto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p>En relación a la problemática del camino que el gobierno impulsa al interior del TIPNIS, se han vertido en las últimas semanas varias declaraciones por parte las más altas autoridades del Estado plurinacional, así como de voceros y asambleistas del MAS, e incluso dirigentes de la colonización, todas en un intento de justificar el proyecto desarrollista y de desvirtuar la resistencia del movimiento indígena y las organizaciones ambientalistas. Las declaraciones oficiales que se comentan, son ligeras, desaprensivas y poco meditadas, por tanto tergiversan la verdad y ocasionan una total desinformación y confusión en gran parte de la sociedad. Tampoco los medios de prensa, realizaron un debido seguimiento en torno a la consistencia y veracidad de las declaraciones y afirmaciones vertidas por los dignatarios y voceros de gobierno o sectores, lo cual agudiza el problema.</p>
<p>En cuanto a algunas de estas declaraciones, queda por demás evidente la escasa coordinación entre los diversos niveles del poder ejecutivo, es más, se observa una falta de asesoramiento hacia los máximos poderes del Estado, por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Aguas, en especial a partir de uno de sus Viceministerios que funge como Autoridad Ambiental Competente del país y que se supone maneja dichos temas. En otros casos se evidencia la ausencia de un asesoramiento eficaz en el área económica o de desarrollo.<span id="more-28649"></span></p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-28651" title="graffiti tipnis" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/08/graffiti-tipnis-575x371.jpg" alt="" width="575" height="371" /></p>
<p>A continuación comento algunas de estas poco afortunadas declaraciones:</p>
<p>1. Palabras del Vicepresidente A. García Linera, citado en un libro sobre el “oenegeismo” recientemente publicado y en referencia al proyecto caminero en el TIPNIS: “Los caminos son importantes para el desarrollo, si alguien llegaría a oponerse al camino Tarija-Sucre, lo sacarían montando en un burro”.</p>
<p>La comparación es absurda, por no decir descabellada. No se puede comparar una ruta troncal nacional que conecta dos capitales de departamento, con la ruta que partirá en dos el TIPNIS. Para empezar, la ruta Tarija-Sucre, no cruza ninguna área protegida, tampoco una TCO, donde vivan tres grupos étnicos vulnerables por su condición de minoría cultural. Dicha ruta tampoco afecta elevados valores de biodiversidad. A diferencia de la vía en el Beni, la ruta Tarija-Sucre conecta multitud de poblaciones y comunidades y finalmente su trazo sigue en gran parte la ruta mayor ya existente entre ambos departamentos. Estas son las razones por la que dicha comparación es absolutamente “jalada de los pelos” y pocas personas en su sano juicio se opondrían a dicha mejora caminera. Para información del señor Vicepresidente, no es el caso del TIPNIS.</p>
<p>2. Otra infortunada declaración tiene relación con las desaprensivas palabras del presidente Evos Morales en sentido de que “el TIPNIS no es la excepción: ¿En qué parte del mundo nunca ha pasado una carretera por un parque nacional?”. El sentido de fondo de esta declaración muestra el desconocimiento real del significado de un área protegida y sus limitaciones legales en los ámbitos del poder ejecutivo, lo cual es algo que no ha cambiado desde hace más de diez años.</p>
<p>En Bolivia, los caminos existentes en las áreas protegidas, o son anteriores a la creación del área (Sama, Tariquia, Sajama), o su construcción fue parte de la creación legal del área (Cotapata), o fueron construidos al margen de la norma, tal es el caso del camino entre Tumupasa y San José de Chupiamonas al interior del Parque Madidi, producto de la gestión prefectural de Chito Valle, y que generó drásticos impactos a ecosistemas muy frágiles.</p>
<p>Para precisar información, en el mundo, cientos de áreas protegidas y en especial Parques Nacionales, no son atravesadas por carreteras críticas, ni tienen megaproyectos hidroeléctricos o enfrentan riesgos de exploraciones petroleras. En los casos en los que se ha dado la construcción de vías camineras cruzando áreas protegidas, como en Sudáfrica o Estados Unidos, tienen la finalidad de facilitar el turismo regulado, además, dichos países tienen la fortuna de contar con sistemas áreas protegidas fortalecidos y con decidido apoyo normativo y estatal, de manera que el riesgo de ocupaciones ilegales de tierras o explotación de recursos es mínima, cosa que no ocurre en Bolivia, de forma que existen grandes probabilidades de que el escenario futuro del TIPNIS sea un verdadero desastre ecológico y sociocultural. Valga la oportunidad para recordarle al primer mandatario, el estado de olvido, postración y colapso en que se encuentra actualmente el sistema de áreas protegidas en Bolivia y la gestión ambiental en general. Muestra de ello es que el gobierno está violando la norma ambiental boliviana al pasar por alto el Reglamento General de áreas protegidas (Decreto Supremo 24781), que dice textualmente en su artículo 23: En el área que comprende los parques, santuarios o monumentos, está prohibido el uso extractivo o consuntivo de sus recursos renovables o no renovables y obras de infraestructura, excepto para investigación científica, ecoturismo, educación ambiental y actividades de subsistencia de pueblos originarios, debidamente calificadas y autorizadas. En general, las afirmaciones presidenciales son un mal antecedente, puesto que podrían incentivar obras camineras de alto riesgo en otras áreas protegidas de alta fragilidad ecológica, como el Madidi, Carrasco o Amboró. Precisamente, Felipe Cáceres, Viceministro de Descolonización. ha tomado la idea y ha hecho una apología de la contravención a la norma al declarar públicamente que se construirán más caminos en otras áreas protegidas.<br />
3. El señor Luís Sánchez, Presidente de la ABC y el propio Presidente del Estado, han mencionado con una lógica por demás tendenciosa, que el bosque del TIPNIS “no es tan virgen como se lo quiere mostrar”, lo cual podría significar que “no se perderá mucho si se lo llega destruir” o al menos, que, no es tan importante, como los científicos, ambientalistas e indígenas afirman como para justificar su conservación.</p>
<p>Pocos espacios naturales son estrictamente “vírgenes” o absolutamente pristinos. A lo largo de la historia, la mayoría de los ecosistemas han tenido interacciones con poblaciones humanas. Un bosque como el del TIPNIS, cuyos recursos naturales son utilizados y manejados de forma regular por las poblaciones indígenas, presentan sendas, picadas, pascanas, taperas, señales de hogueras, incluso algunos árboles cortados o escarificados, etc., también con frecuencia pueden existir vestigios arqueológicos, señal de antiguas interacciones. De cualquier forma su valor es muy elevado, dado que dan prueba de su valor, al ser la base de la supervivencia de estos grupos humanos y no necesitan ser “vírgenes” para justificar su valor e importancia de conservación.</p>
<p>Hace algunos años, se utilizó este argumento “científico” tendencioso, para reducir la importancia ecológica de un bosque seco en Bolivia y así justificar el paso de un gasoducto hacia el Brasil. Es posible que en la actualidad se pretenda utilizar similar argumentación en el TIPNIS.</p>
<p>3. En general, el justificativo de que la vía por el TIPNIS sea la llave para el desarrollo regional o la calve para vincular el oriente y occidente del país, es por demás simplista y demagógico. Pero, es aún menos creíble y hasta risible, la explicación de un vocero de gobierno en sentido de que una obra de casi medio billón de dólares, se justifica en términos de facilitar el comercio de carne desde el Beni. De cualquier forma, es por demás explícito, el manifiesto interés del sector colono por la apertura de la vía y ocupación de nuevas tierras, además de los intereses madereros que han rondado la región desde hace décadas. Adicionalmente existen tres bloques petroleros (Secure, Chispani y Río Hondo) superpuestos al TIPNIS y la vía facilitará el ingreso de Petroandina y Petrobras a la región. Es posible que estos sean los elementos de desarrollo que pregonan los funcionarios de gobierno, pero que no se los quiere explicitar.</p>
<p>En su forma más básica, el empecinamiento del gobierno por la ruta, parecería obedecer simplemente a recurrentes promesas que se hicieron al sector colono desde hace varios años atrás.</p>
<p>Por otra parte, a pesar de las declaraciones de voceros oficiales del Brasil en sentido de desestimar la importancia de la vía para su tránsito comercial al Pacífico, lo cierto es que el tramo, facilitaría al menos a mediano y largo plazo, la vinculación con el Corredor Norte. A esto se suma el hecho de que Bolivia oferta tierras de fácil acceso y con débiles regulaciones ambientales, de manera que la ruta facilitaría al futuro, el proceso que la Fundación Tierra ha identificado, como la “extranjerización de la tierra”, más aún cuando ya existen grandes superficies de suelos cansados en la región soyera del Brasil, Argentina y Paraguay, y el “agrobussiness” de dichos países busca nuevos espacios de expansión. Es muy posible, que el gobierno aun no ha ingresado en este análisis de riesgo estratégico para el país.</p>
<p>4.- Es pertinente mencionar las diversas declaraciones de voceros y asambleistas del MAS, tratando de mostrar la marcha indígena como ilegítima, bajo afanes políticos, en el mejor de los casos, como innecesaria. Esto muestra nuevamente, no solo la tendencia a desvirtuar la demanda social, sino que además los decisores no se han tomado la molestia de estudiar la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional. La marcha indígena anunciada para mediados de agosto, debería estar amparada plenamente en cuanto a su legitimidad, en la nueva Constitución Política del Estado, no solo en los incisos del artículo 30 (Derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos) sino especialmente, en los artículos 135 y 136 sobre la cobertura de una potencial Acción Popular :</p>
<p>Artículo 135. La Acción Popular procederá contra todo acto u omisión de las autoridades o de personas individuales o colectivas que violen o amenacen con violar derechos e intereses colectivos, relacionados con el patrimonio, el espacio, la seguridad y salubridad pública, el medio ambiente y otros de similar naturaleza reconocidos por esta Constitución.</p>
<p>Artículo 136. I. La Acción Popular podrá interponerse durante el tiempo que subsista la vulneración o la amenaza a los derechos e intereses colectivos. Para interponer esta acción no será necesario agotar la vía judicial o administrativa que pueda existir.</p>
<p>II. Podrá interponer esta acción cualquier persona, a título individual o en representación de una colectividad y, con carácter obligatorio, el Ministerio Público y el Defensor del Pueblo, cuando por el ejercicio de sus funciones tengan conocimiento de estos actos. Se aplicará el procedimiento de la Acción de Amparo Constitucional.</p>
<p>5. Se deben mencionar las declaraciones del Vicepresidente del Estado Plurinacional, afirmando que “los indígenas del TIPNIS piden el camino”, posiblemente en base a las declaraciones de unos cuantos habitantes indígenas inmersos en la zona de colonización y disidentes de su propia organización (incluso uno de ellos salió en una fotografía con un pancarta exigiendo el camino, claramente no escrita por el). El discurso fácil peca de una generalización tendenciosa que enmascara la verdad y distorsiona la realidad de la región y del problema. Si damos otra interpretación a las antojadizas declaraciones del mandatario, estas podrían hacer una referencia ambigua a los colonos (eufemísticamente llamados ahora interculturales) que evidentemente sí quieren el camino, pero los cuales, paradójicamente no se identifican o auto denominan como indígenas, sino como campesinos interculturales o simplemente colonos.</p>
<p>6. Merecen un comentario las declaraciones del dirigente Aliaga de la Confederación de colonos (campesinos interculturales) en sentido de observar las superficie de las TCO´s y sugerir una nueva Ley de tierras que modifique la situación actual. Esta posición emerge casualmente, en relación al conflicto del camino que pretende cruzar el TIPNIS, y la posición de rechazo de las comunidades indígenas en defensa de su espacio tradicional. El reclamo del sector colono es sobre la supuesta enorme superficie de las TCO´s de los pueblos indígenas de la amazonía y oriente del país, en comparación con su densidad poblacional.</p>
<p>Esta posición, que no es solo enarbolada por el sector colono, incluso personas del ámbito académico han incurrido en esta lógica unidimensionalmente analizada, obedece por un lado a una visión netamente agrarista, es decir que solo considera las superficies de uso agropecuario. Esto a su vez se relaciona con el hecho de ignorar, o se pretende desconocer de facto, la realidad de los sistemas productivos indígenas en las tierras bajas. Los sistemas de sobrevivencia y manejo de recursos de los pueblos indígenas de las tierras bajas, se fundamentan principalmente en la caza, pesca y recolección, si bien la agricultura itinerante es importante, no llega a ser el pilar fundamental de la supervivencia de estos grupos. Esto significa que la caza, recolección y pesca, no se la puede realizar en superficies de 50, 100 o incluso 1.000 hectáreas, lo cual obedece a las características de distribución y relativa escasez de estos recursos en las regiones de bosques tropicales y subtropicales. Por otra parte la agricultura indígena de tierras tropicales tiene estrecha relación con la extrema fragilidad de los suelos pobres en nutrientes, y ello explica también su dinámica itinerante y las bajas densidades poblacionales. Estas son las principales razones por la que los espacios tradicionales de estos grupos indígenas, son y deben ser amplios. Es decir, la dinámica no sedentaria de las poblaciones indígenas y su movilidad en amplias superficies, reducen el riesgo de vaciamiento de recursos y agotamiento de los suelos, permitiendo la regeneración. Pequeñas superficies, la sedentarización, y altas densidades poblacionales, conllevan a escenarios de profundo deterioro de los ecosistemas tropicales y en especial de los suelos, aspectos que nunca han tomado en cuenta los planes o procesos de impulso de la colonización, desde hace décadas hasta ahora. Reducir las tierras de los grupos indígenas de las tierras bajas, significaría condenarlos a la extinción y desaparición cultural, vale decir un etnocidio. Resulta paradójico que se cuestione a las TCO´s que permiten la supervivencia de muchas culturas que hacen que Bolivia sea un Estado Plurinacional, y se sigan permitiendo desbosques, incluso ilegales, de decenas de miles de hectáreas para el monocultivo de la soya transgénica, para beneficio mayoritario de intereses foráneos y una pequeña oligarquía regional.</p>
<p>7. Finalmente, no merecería ningún comentario especial las palabras del ministro de Obras Públicas, Walter Delgadillo que afirmó que “el TIPNIS, ya no es una reserva natural”. Podría pasar como una plena y total apología de la ignorancia sobre la realidad nacional, caso asombroso en el caso de un ministro de Estado, sin embargo, también deja entrever el nivel de desprecio y soslayo que las autoridades de gobierno confieren al tema ambiental y de las áreas protegidas. Mas allá de las inconsistentes declaraciones, el ministro Delgadillo es el principal promotor de la división de las organizaciones indígenas en la región del TIPNIS, atentando de mala fe y en forma directa en contra de varias Leyes vigentes que apoyan el fortalecimiento organizacional de los pueblos indígenas, incluida la nueva constitución Política del Estado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Marco Octavio Ribera Arismendi es biólogo y ecologista</em></p>
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		<title>Bolivia: en el asunto del TIPNIS, ¿por qué no preguntamos a la Madre?</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Aug 2011 21:49:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
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		El conflicto suscitado por la construcción de la carretera que atravesaría el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure, TIPNIS, descubre, de nuevo, la auto contradicción en que incurre un proyecto estatal que no ha superado su condición colonial. Porque su apuesta por el “desarrollo” no pasa por la generación de un nuevo modelo (acorde [...]]]></description>
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		</p><p>El conflicto suscitado por la construcción de la carretera que atravesaría el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure, TIPNIS, descubre, de nuevo, la auto contradicción en que incurre un proyecto estatal que no ha superado su condición colonial. Porque su apuesta por el “desarrollo” no pasa por la generación de un nuevo modelo (acorde al nuevo contenido plurinacional que dice abrazar) sino del empecinamiento en perseguir el mismo modelo de “desarrollo” que produce nuestro subdesarrollo. No se trata de una palabra cualquiera sino del concepto que comprime la creencia última e irrenunciable de la dominación moderna. El concepto de “desarrollo” es sólo posible por la dicotomía superior-inferior que es, a su vez, un modo sofisticado de encubrir la previa clasificación racista entre civilizados y bárbaros.</p>
<p>En ese sentido, los procesos de “modernización” que abraza ahora nuestro nuevo Estado, asumidos como sinónimo de “progreso”, encubren esta clasificación naturalizada; pues los objetos a ser siempre “modernizados” somos nosotros (afirmamos estar en contra del capitalismo pero seguimos planificando nuestra economía a partir de sus criterios y sus expectativas). Seguimos mirándonos con los ojos del dominador, que nos hace creer que “su desarrollo” es el desarrollo que todos debemos perseguir; pero como el mundo ya no puede repartirse, en esa carrera perdemos siempre y, en efecto, logramos un “desarrollo”, pero que ya no es el nuestro. Para colmo, nuestra colonialidad naturalizada, nos hace creer que “desarrollo” y “progreso” son categoría éticas que nos prescriben el deber moral de “desarrollarnos”, como antes debíamos “civilizarnos”.<span id="more-28609"></span></p>
<p><img class="alignleft size-large wp-image-28623" title="no carretera tipnis" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/08/no-carretera-tipnis-287x400.jpg" alt="" width="287" height="400" />Si la historia se repite, la repiten quienes no aprenden nada de ella y no aprenden nada de sus dogmas de fe; por eso no es raro que la izquierda en este proceso (la nueva derecha del proceso) apueste por aquello que critica. En el primer volumen de El Capital, Marx muestra cómo el capitalismo naciente y su correspondiente sociedad burguesa, necesitan destruir toda forma de relación comunitaria para imponer exclusivamente intereses privados como el articulador de las nuevas relaciones sociales. Entonces, lo primero a  destruir es la ligazón común, de pertenencia y reciprocidad, del campesino feudal con la tierra; esto se efectiviza con la privatización legal de la propiedad común del campo. El concepto mismo de propiedad es traducido como propiedad privada, es decir, toda propiedad sólo puede ser privada; lo que es posesión común ya no tiene ningún amparo legal, por lo tanto, es susceptible de apropiación (lo que era común ahora es de unos cuantos y lo que consagra las nueva propiedades no son las cercas sino las leyes).</p>
<p>El campesino moderno nace con esta nueva concepción de la tierra: ya no es algo sagrado o divino sino fuente de recursos, es decir, objeto de explotación. La expropiación “legal” de las tierras de comunidad (en el altiplano paceño) para pasar a poder de los nuevos latifundistas (los posteriores detractores del indio), tenían el mismo objetivo. Imponer relaciones sociales pasa por destruir las formas de vida comunitarias. La falacia que inventa la modernidad, para justificar todo proyecto de “desarrollo”, consiste en presentar a toda forma de comunidad como atrasada o prehistórica; pues desde la perspectiva de ella misma, todo lo que no es ella es pre moderno. Es decir, ella se pone, como juez y parte, para decidir que lo que ha destruido o lo que va a destruir, es inferior en sí y ella es lo único superior. En el concepto de “desarrollo” se halla comprimida esta concepción, desde la cual se encuentra devaluada toda forma de vida que no contenga sus valores irrenunciables: el interés individualista, la propiedad privada, la maximización de las ganancias, la codicia como ordenador de la existencia, etc.</p>
<p>Entonces, no se trata de rechazar la modernidad y su economía, el capitalismo, por afanes culturalistas o afirmación intercultural de las diferencias. No. Se trata del rechazo humano a una forma de vida (la moderna) que está conduciendo a la humanidad toda al suicidio colectivo del planeta. Por eso el discurso de “vida o capital” no se trataba de una afirmación folklórica sino de un juicio de hecho: persistir en el desarrollismo moderno era y es una carrera suicida, no sólo para nosotros sino para todos.</p>
<p>Por eso el grito de los pueblos indígenas era un grito superlativo, porque ese grito contenía el grito de la Madre (y de los Ajayus y Achachilas o, lo que dicen los indios de Norteamérica, el Gran Espíritu). Los indios se habían convertido en el portavoz de la Madre, sus defensores, quienes habían alertado al planeta entero, ellos, los primeros sacrificados del proyecto moderno. Por eso tenía sentido la constitución de un Estado plurinacional, como defensor de los derechos de la Madre tierra. Por eso era fundamental proponernos un nuevo modelo de vida que se traduzca en un nuevo modelo de desarrollo, que ya no confirme nuestro subdesarrollo como condición para el desarrollo exclusivo del primer mundo. Pero (oyendo a los portavoces gubernamentales) perseguir el mismo “desarrollo” moderno, delata un síntoma de adicción de algo que no se ha superado. El discurso entonces se hace demagogia y lo que se expresa afuera es algo en lo cual no se cree realmente. Por eso viene la pregunta: si, como dice el gobierno, los indios son manejados por las ONG, ¿por qué no preguntamos a la Madre?</p>
<p>La cuestión es simple. Si decimos ser “defensores de la Madre tierra”, es decir, no la concebimos como objeto sino como sujeto de derechos, por lo tanto, sujeto de expresión, entonces, ella misma puede expresarnos su parecer. Tenemos para ello su modo de comunicación, que es la hoja de coca. A ella también la consideramos como sagrada y hasta hacemos huajtas (ofrendas a la PachaMama) en palacio de gobierno. Es decir, si no creemos ya en los indios e incluso oponemos el interés nacional al interés de ellos, que ahora sería mero interés particular; preguntemos a la Madre, haber qué dice.</p>
<p>¿O es que ya tampoco creemos en la Madre? Y la defensa de ella es mero recurso demagógico para perseguir un proyecto que nos haga ricos, siempre a costa de alguien (en este caso de la Madre). Si el proyecto es, otra vez, la riqueza, habría que preguntarse, ¿qué clase de riqueza? Si es la riqueza moderna, entonces ya sabemos, el precio de esa riqueza es la producción de miseria. ¿Quiénes serían nuestros nuevos miserables? El enfrentamiento entre sectores campesinos e indígenas no es casual. Si los campesinos también apuestan por esa clase de riqueza entonces la tierra no es Madre sino fuente de ganancias; por eso hay cocaleros (no todos) que intensifican su producción a costa de los consumidores, pues de tanto químico que acelera las cosechas, la hoja bendita ya no produce bendición. Se convierte en fuente de ganancias. Lo sagrado se hace pagano.</p>
<p>El problema en el TIPNIS tiene varias aristas que, por el enfrenamiento insensato y paulatino que ha ido adquiriendo la política boliviana, gracias sobre todo a los medios de comunicación, no son fáciles de abordar en declaraciones de uno y otro lado. En principio, la posición gubernamental, errática como de costumbre, ahora insiste en el diálogo cuando previamente no propició aquello; pues lo sensato consistía en hacer del enunciado constitucional, política de Estado. Pero la posición, por principista de, por ejemplo, el ministro de la presidencia, muestra la incongruencia de esta posición con el nuevo contenido de Estado: “la consulta no puede ser vinculante porque no lo quiera yo sino porque en ningún país es vinculante”. Se olvida el ministro que ninguno de esos países es un Estado plurinacional que, además, proclama la defensa de la Madre tierra como defensa internacional. Ese apego legalista es ingenuamente colonial, pues el derecho internacional es una de las determinaciones del derecho de la conquista que se otorga, para sí, el conquistador. Es decir, postulamos la descolonización pero nos aferramos a la defensa hasta histriónica del derecho moderno, para el cual nunca fuimos sujetos de derecho sino mero objeto.</p>
<p>Por eso la Madre nunca tuvo derechos; si los indios son inferiores, con mayor razón la tierra, por eso el concepto de humanidad que proclama la modernidad consiste en su enajenamiento radical de su condición natural. La condición del indio es inferior porque es natural, en cambio, la condición del conquistador es superior porque es condición civil, donde hay leyes (hechas por el conquistador mismo).</p>
<p>Ya no es así, “el derecho ha avanzado”, dicen sus apologistas y, para ello, se amparan en la noción de “desarrollo”, con lo cual, de modo ingenuo, confirman la supeditación a la clasificación mundial que ha originado el racismo y que, en el paradigma del “desarrollo” (encubierto de modo sofisticado), deposita su última creencia: la superioridad europeo-gringo-moderno-occidental. El gobierno insiste en algo que no cree (el “mandar obedeciendo”); pues si creyera, escucharía de modo anticipado, por eso firma contratos sin atender a los afectados, sólo atiende a las necesidades de los inversores, porque también se ha creído el cuento de la inversión. Si Marx desmonta el sistema de categorías de la ciencia económica burguesa, es para mostrar su falacia encubierta: que el capital es la fuente de toda riqueza. Descubre Marx lo contrario: el capital sólo sabe desarrollar su proceso de acumulación socavando, a su vez, las dos únicas fuentes de riqueza: el trabajo humano y la naturaleza. Quien piensa que no hay nada sin inversión, es decir, sin capital, no ha entendido en aquello que consistiría una crítica al capitalismo. Éste es apenas la expresión económica de un proyecto de vida. Ese proyecto es el moderno. Entonces, no hay crítica de su sistema económico sin crítica de sus presupuestos culturales y civilizatorios.</p>
<p>Volvemos al inicio, ¿por qué no preguntamos a la Madre? No preguntamos porque, en el fondo, no creemos en ella, y no creemos porque somos más modernos que el conquistador. El enemigo no está afuera, está en uno mismo, naturalizado en nuestras concepciones de vida, hombre y naturaleza. Por eso toda crítica es descalificada como puro resentimiento. Porque nuestra noción del poder no ha sufrido cambio alguno y llamamos “mandar obedeciendo” a lo que es, en realidad: Yo mando y tú obedeces. Y si no obedeces, estás en contra del proceso. Y si la Madre no obedece, ella también está en contra del proceso. Entonces, todos aparecen como obstáculos del proceso; como algo a eliminar, para el “desarrollo” del proceso. De ese modo, se produce la recaída en aquello que se pretendía abandonar, la política neoliberal. Para ésta, seres humanos y naturaleza, se presentan como distorsiones del equilibrio del mercado, que siempre son vistos como amenazas externas que impiden el desarrollo de la supuesta armonía que produce el mercado (un verdadero ídolo moderno, como el capital, al cual se sacrifican, desde 1492, pueblos enteros). Que esto crean en el primer mundo se entiende, pero que esto siga siendo dogma de fe de los supuestos anti-neoliberales ya es patético.</p>
<p>Seguramente, la pregunta que origina estas notas, motivará la burla de algunos que están en ámbitos de decisión. Preguntar a la Madre les sonará irrisorio, cosa de indios o, como ya dicen, producto de las “siete fumadas poderosas”; tal vez haciendo eco de los detractores del proceso, aquellos despistados que ven en la crítica a la modernidad el “pachamamismo” que les produce tanta ansiedad (¿será que se conciben como los nuevos cruzados del racismo moderno, denunciando los despropósitos prehistóricos de la indiada?).</p>
<p>Amenazados por esta nueva cruzada (que no logró desprestigiarlos, pero no cesa de “hacerles entrar en razón”, incluso a la fuerza) los indios empiezan la marcha y, con ellos, marcha la Madre, reclamando, en primera instancia, coherencia. Que el discurso se haga política de Estado. Porque lo que está en juego no es el empecinamiento de los indios que, supuestamente, sólo desean aislarse. Veamos. De las 4’463.157 hectáreas de bosque tropical certificados en el mundo, Bolivia posee 1’474.175, es decir, el 33%, superando inclusive al Brasil, con 1’249.204, el 28%. Parte de ese 33% se encuentra en el TIPNIS. El ingreso a este territorio, por su centro neurálgico, representa inevitablemente, la colonización territorial de estos bosques tropicales. Los cuales no son sólo el pulmón del planeta sino el lugar de origen del 95% de los recursos genéticos, es decir, microorganismos, plantas y animales, de todo el planeta.</p>
<p>La agricultura tropical es de suma importancia para los intereses del primer mundo y sus transnacionales de los granos y los alimentos, por eso no es raro la sentencia de Kissinger: si controlas el petróleo, controlas a los gobiernos, pero si controlas los alimentos, controlas a los pueblos. La lucha por el acceso, control, apropiación, regulación y uso de los recursos tropicales es una nueva distribución geopolítica de los recursos naturales. Ya es sabida la influencia de la Empresa Brasileira de Pesquisa agropecuaria, EMBRAPA, en algunas políticas agropecuarias que se traducen en nuestro país; esta empresa creada en 1972, en plena dictadura militar, bajo auspicios de la fundación Ford, es uno de los centros de investigación que aplica y desarrolla la cultura científica hegemónica en la actualidad, es decir, el dominio y control de los recursos genéticos en beneficio de las transnacionales. Fue el mismo Ford quien financió una de las mayores destrucciones del Amazonas para la producción intensiva de caucho; la lógica de la maximización de los beneficios hace creer a la propia ciencia que puede alterar y reconducir en unos cuantos años lo que a la naturaleza le costó millones de años. Las alteraciones, en este caso, son producto de la necesidad que siempre ha tenido el primer mundo, de contar con el acceso irrestricto de todas las riquezas naturales, para beneficio exclusivo suyo.</p>
<p>Entonces, ¿cómo se puede insistir en que el interés de los indígenas del TIPNIS sea particular? ¿No se estará admitiendo que lo que entendemos por interés nacional, no es otra cosa que el interés de acceso y control de uno de los últimos reservorios de recursos genéticos del planeta? Sin contar, por supuesto, el petróleo y el gas que se supone existen allí. Es decir, ¿es la defensa del planeta, o sea, de la Madre tierra, interés particular? ¿Por qué una carretera debe necesariamente penetrar el corazón del TIPNIS y no bordearlo?; además habiendo otras conexiones más urgentes y necesarias (como la tan deseada conexión entre La Paz y Trinidad) y no precisamente Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. Ahora la ABC (Administración Boliviana de Carreteras) señala que no hay todavía proyecto definido; pero entonces, ¿por qué las palabras del presidente, del sí o sí se construye esa carretera, por donde se ha proyectado, quieran o no los indígenas? ¿Por qué el llamado al diálogo, como de costumbre, se da a destiempo, cuando la marcha se inicia?</p>
<p>Si ya no creemos en los indios, porque se han hecho expresión de los ambientalistas y de la derecha, otra vez, ¿por qué no preguntamos a la Madre? Tenemos a yatiris, amautas y chamanes, que son los representantes del saber y el conocimiento de nuestros pueblos; ¿o es que sólo nos sirven para la foto y la imagen internacional? ¿Será que, en el fondo, no creemos en ellos ni en la Madre? Entonces, ¿cómo podemos pretender siquiera ayudarlos si no creemos en ellos? Si fuéramos primer mundo se entendería esa apuesta: dominar; pero si somos nosotros la prueba histórica de las consecuencias irracionales de aquello, ¿por qué la obstinación en perseguir algo que sólo produce miseria? La crisis ecológica no es producto de la casualidad sino las consecuencias de un modelo de vida que hace de su “desarrollo” depredador el único posible. La humanidad entera está hambrienta de alternativas, incluso el primer mundo; si es así, ¿por qué clausurar en nosotros la posibilidad de ser fieles a una apuesta que no es sólo nuestra sino mundial?</p>
<p>“Vida o capital” quería decir: toda recomposición de la lógica del capital es acceso, control, apropiación, regulación y abuso de los recursos naturales, en beneficio apenas del 1% rico del planeta; quienes, para colmo, apenas son los empleados de los dueños del planeta, aquellos que se aglutinan en torno a aquellos ámbitos oscuros e influyentes, como el club Bilderberg. El 1% de ese 1% son los verdaderos dueños del mundo, quienes poseen las transnacionales como la ostentación de sus business. Entre esos se encuentran las dinastías Rotschild y Rockefeller; cuya fortuna, si se repartiera entre cada uno de los 7.000’000.000 de gentes que pueblan este planeta, deberían recibir, cada uno, a 3’000.000 de dólares. Pero ni esa distribución produciría la felicidad, porque se trata de dinero maldito. Nada robado produce la felicidad, y eso lo saben muy bien los ricos del primer mundo, por eso hasta se suicidan, teniendo todo.</p>
<p>La única forma es hacer un alto en aquella desenfrenada apuesta por un “desarrollo” y “progreso” que nos hace volver al estado natural de Hobbes, la lucha de todos contra todos. La crisis actual es una crisis civilizatoria que se percibe en la relación entre los mitos modernos y los proyectos políticos que se proponen su realización. El “progreso infinito” es uno de ellos; el mito consiste en que es posible de ser realizado, lo cual desata la rebelión de los límites, porque ni el ser humano ni la naturaleza (fuentes de toda riqueza) son infinitos, en consecuencia, la maximización de la acumulación, como criterio de “desarrollo”, “crecimiento” y “progreso”, atenta al propio “desarrollo” y a la vida misma. Si la vida es limitada, porque es mortal, no puede imponérsele un modelo que la devalúe a ser mero sostén de un afán infinito. En eso consiste la irracionalidad de la racionalidad económica moderna, que ya no es sólo capitalista sino también socialista. La segunda critica el dominio burgués del trabajo pero insiste en el dominio de la naturaleza. Siempre hay que dominar algo, en eso consiste ser moderno. Contra toda forma de dominio es que se levanta, Hinkelammert dixit, el grito del sujeto reprimido.</p>
<p>Por eso, en la marcha en defensa del TIPNIS, marcha la Madre misma, porque no ha sido consultada, por un alguien que dice ser su defensor. Si lo es, que sea consecuente con lo que pregona. Que escuche y obedezca antes de actuar. Y si la Madre dice no, que sea consecuente hasta el final. Si se trata de la Madre, se trata del origen de la vida y, si no hay vida, no hay nada, ni siquiera el “desarrollo” y “progreso” que tanto se pregona. La Madre no es infinita e inagotable, es un ser vivo, un sujeto de derechos al cual debemos respeto. Por eso la frase del presidente fue de lo más desafortunada, cuando pidió a los cocaleros (para reafirmar la decisión gubernamental de construir la carretera en su fase dos, en base al proyecto original, cortando al TIPNIS en dos), “conquistar a las indias yuracares”.</p>
<p>La devaluación de la Madre ha traído consigo, bajo la lógica moderna, la devaluación de la mujer; lo cual no es, ni más ni menos, que la devaluación de la vida misma (porque lo femenino es fuente de vida). Conquistar significa poseer, someter algo como mío; así piensa el colonizador aunque se haga llamar intercultural. Por eso la modernidad globaliza su lógica de modo épico. Se trata del júbilo de la muerte, como única y suprema vencedora ante el vacío que queda en el universo entero, cuando se ha acabado con la vida. Por eso descolonizarse no significa cambiar de apariencia, ni de bandera ni de grito de guerra sino cambiar, en definitiva, de forma de vida.</p>
<p>El tránsito hacia una nueva forma de vida no es, en consecuencia, exclusivamente lógico sino existencial, es decir, no se trata de cambiar de idea sino que la idea se encarne en una nueva subjetividad, es decir, en un nuevo sentido de la existencia. Sólo quien atraviesa esto podría concebir como lógico y sensato algo como “preguntar a la Madre”. Algo que sería locura a los ojos de “este mundo” moderno. Pero, dice el mismo fundamento, al cual acude el Occidente moderno, para reafirmarse, que “Dios escogió a los débiles para vencer a los fuertes, a los ignorantes para confundir a los sabios”.</p>
<p>Desde la lógica de la dominación, los que marchan por la Madre, los indios, esos son los débiles e ignorantes, los irracionales, salvajes y bárbaros; pero para el propio Dios cristiano, esos son los escogidos, “lo que no es”, para poner en su lugar a lo que es: Toda dominación es un gigante de bronce con pies de barro; porque la verdadera fuerza no la tienen los que mandan. La verdadera fuerza proviene de lo débil. Por eso, el origen del poder no es el que gobierna, el verdadero origen del poder es la comunidad. Por eso ella está en todo su derecho para reclamarle al detentador actual del poder –al que se le ha transferido, de modo circunstancial, ese poder originario– el cumplir el mandato original.</p>
<p>Otra vez, la marcha demanda el aprender a escuchar; y el silencio sospechoso, de las voces oficiales de la defensa de la Madre tierra, no hacen sino confirmar el abandono gubernamental de los principios que dieron origen a este gobierno. Seguramente ya no hay nadie quien le recuerde, al presidente Evo, por qué había luchado.</p>
<p>A la oposición le duele no ser ella la que comande esta nueva apuesta por el mismo “desarrollo” que cree como el único posible; le duele que lo haga un indio y que éste les muestre la inoperancia prebendal y corrupta de su tradición. Lo que les irrita es que lo que debieron hacer ellos (pero no hicieron por ladrones), lo haga aquel que siempre despreciaron. Pero el problema ya no es ese sino que toda discusión se reduzca al modo de hacer las cosas y no al sentido que debiera tener un proyecto de desarrollo propio. El gobierno ha caído en el discurso del “desarrollo”, por eso en sus planes educativos, otra vez, se insiste en la formación de técnicos, como salvación nacional; es decir, no se concibe la manera de producir conocimiento propio sino sólo aplicar el conocimiento hegemónico, es decir, convertirnos en mano de obra apta para aplicar lo que se produce en el primer mundo. Por eso se apuesta, otra vez, de modo solapado, a la consigna colonial del “exportar o morir”; y en esa línea se encuentra la construcción de la carretera que atraviesa el TIPNIS. Se trata de una nueva conquista del territorio, ni siquiera para integrarnos entre nosotros, sino para abrir los territorios vírgenes como ampliación de los mercados, es decir, poner en bandeja de plata lo que se le antoje al capital transnacional que, para eso, tiene dinero, y mucho, para someter a un Estado que, en esa lógica, tiene necesidad de dinero, y mucho, para así sellar su dependencia estructural, con inversión, financiamiento, transferencia tecnológica, etc. Eso trae plata para repartir por supuesto (más aun cuando nuestros proyectos se circunscriben al mismo del primer mundo; presos de sus seductoras mercancías, para lo cual se requiere siempre más ingresos, como el adicto requiere cada vez más dosis), pero, a la larga, lo que ganamos no compensa lo que destruimos.</p>
<p>Los indios Cree tienen razón: “sólo cuando se haya cortado el último árbol, sólo cuando el último río haya muerto envenenado, sólo cuando se haya cazado al último pez, sólo entonces verás que el dinero no se puede comer”. Parece que sólo así aprenderemos que la tierra, como decía el cacique Seattle, no es nuestra enemiga (a quien hay que vencer para triunfar) sino nuestra hermana; en nuestro caso, nuestra Madre. Ojalá que no nos demos cuenta de eso cuando ya sea demasiado tarde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Rafael Bautista S. es autor de “¿QUÉ SIGNIFICA EL ESTADO PLURINACIONAL?” y “HACIA UNA CONSTITUCIÓN DEL SENTIDO SIGNIFICATIVO DEL VIVIR BIEN”, rincón ediciones</em></p>
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		<title>Organizaciones internacionales piden respeto de los derechos de pueblos indígenas</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Aug 2011 15:07:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
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		Esta martes (9), se celebra el &#8220;Día Internacional de los Pueblos Indígenas”. La fecha, instituida desde 1994 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), llama la atención sobre los derechos de los grupos originarios. Este año, el 9 de agosto tiene como tema: &#8220;Diseños indígenas: celebrando nuestras historias y culturas, [...]]]></description>
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		</p><p>Esta martes (9), se celebra el &#8220;Día Internacional de los Pueblos Indígenas”. La fecha, instituida desde 1994 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), llama la atención sobre los derechos de los grupos originarios. Este año, el 9 de agosto tiene como tema: &#8220;Diseños indígenas: celebrando nuestras historias y culturas, creando nuestro propio futuro”.</p>
<p>De acuerdo con las Naciones Unidas, la temática de este año &#8220;subraya la necesidad de preservar y vigorizar las culturas indígenas incluidos el arte y la propiedad intelectual”. De la misma manera, llama la atención de los consumidores sobre la historia y experiencia personal que existe en cada producto elaborado por los indígenas.<span id="more-28392"></span></p>
<div id="attachment_28426" class="wp-caption aligncenter" style="width: 548px"><img class="size-full wp-image-28426" title="miguel camargo pintura" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/08/miguel-camargo-pintura.jpg" alt="" width="538" height="399" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Miguel Camargo)</p></div>
<p>En un mensaje en ocasión de la fecha, Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, reafirma los derechos de los indígenas y el compromiso de promover la justicia, la igualdad y la dignidad. Según él, existen cerca de 5 mil grupos indígenas en 90 países, representando más del 5% de la población mundial y 370 millones de personas. Sin embargo, a pesar de la importancia cultural, muchas de esas poblaciones no tienen sus costumbres e historias valorizadas.</p>
<p>&#8220;Los pueblos indígenas se enfrentan a muchos problemas para mantener su identidad, sus tradiciones y sus costumbres, y sus contribuciones culturales son en ocasiones explotadas y comercializadas, con escaso o ningún reconocimiento. Debemos hacer un mayor esfuerzo por reconocer y reforzar su derecho a controlar su propiedad intelectual y ayudarlos a proteger, desarrollar y obtener compensación justa por su patrimonio cultural y sus conocimientos tradicionales que, en última instancia, nos benefician a todos”, destaca.</p>
<p>Ban Ki-moon aprovecha además las celebraciones del &#8220;Día Internacional de los Pueblos Indígenas” para pedir a los Estados el compromiso de terminar con las violaciones de los derechos humanos sufridas por los indígenas y combatir las situaciones de pobreza extrema y pérdida de tierras que enfrentan estos pueblos.</p>
<p>La solicitud es compartida por Amnistía Internacional (AI). En el informe &#8220;Sacrificar los Derechos en Nombre del Desarrollo: los pueblos indígenas de las Américas bajo amenaza”, divulgado la semana pasada, la organización de derechos humanos convoca a las autoridades del continente americano &#8220;a defender y proteger los derechos de los pueblos indígenas”. En el documento, Amnistía destaca algunos casos de violaciones de los derechos indígenas a causa de grandes proyectos de desarrollo.</p>
<p>Como ejemplo, la organización cita el caso de la hidroeléctrica de Belo Monte, en el río Xingú, región Norte de Brasil. De acuerdo con el informe, inclusive con la orden de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de suspender la construcción de la represa hasta garantizar los derechos de las comunidades indígenas, el gobierno brasilero aprobó, a comienzos del mes pasado, la construcción de la obra.</p>
<p>En otros países del continente, los indígenas también enfrentan problemas que van desde la falta de consultas previas antes de la realización de proyectos que afectan sus territorios hasta juicios considerados por ellos como discriminatorios e injustos.</p>
<p><strong>Programación</strong></p>
<p>El &#8220;Día Internacional de los Pueblos Indígenas” estará caracterizado por talleres, exposiciones y mesas de debate en varios países. El Forum Permanente para las Cuestiones Indígenas, el Departamento de Información Pública de la ONU y el Comité de Organizaciones No Gubernamentales del Decenio de los Pueblos Indígenas del Mundo promoverán mañana, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, una mesa redonda sobre &#8220;Diseños indígenas: celebrando nuestras historias y culturas, creando nuestro propio futuro” y la exhibición del documental &#8220;La artesanía de Kalimantan: en armonía con la cultura y la naturaleza”.</p>
<p>El Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, la Unidad de Puebla de Culturas Populares y el Instituto de Artesanos del Estado realizarán, en Puebla, México, cuatro días de acciones por el día de los pueblos indígenas. Las actividades comienzan este lunes (8) y se extienden hasta el próximo jueves (11) con exposiciones de arte indígena, lecturas de poesías, muestras de bailes, debates sobre la situación de las comunidades indígenas y exhibición de vídeos.</p>
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