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	<title>Amauta &#187; Islam</title>
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	<description>La Revista Independiente de Costa Rica</description>
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		<title>Egipto: El viernes de la reacción y la intolerancia</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Aug 2011 21:44:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Egipto]]></category>
		<category><![CDATA[Islam]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
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		Lo que en principio se anunció como un “Viernes de Unidad” fue de todo menos eso. Pueden llamarle el Viernes de la Desunión, el Viernes de la Intolerancia y la Reacción, el Viernes del Fanatismo Religioso.
Durante semanas, las fuerzas islamistas, sin excepción, han estado denunciando las sentadas de la Plaza Tahrir, difundiendo todo tipo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p>Lo que en principio se anunció como un “Viernes de Unidad” fue de todo menos eso. Pueden llamarle el Viernes de la Desunión, el Viernes de la Intolerancia y la Reacción, el Viernes del Fanatismo Religioso.</p>
<p>Durante semanas, las fuerzas islamistas, sin excepción, han estado denunciando las sentadas de la Plaza Tahrir, difundiendo todo tipo de mentiras baratas, malintencionadas y sensacionalistas contra los manifestantes mayoritariamente laicos, en medio de la agitación llevada también a cabo por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto (CSFA), que el 23 de julio ya <a href="http://www.arabawy.org/2011/07/24/to-be-updated-anti-scaf-march-attacked/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">había incitado a los vecinos de Abbasiya</span></a> contra los manifestantes.<span id="more-28310"></span></p>
<div id="attachment_28311" class="wp-caption alignleft" style="width: 335px"><img class="size-full wp-image-28311" title="islamiyya" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/08/islamiyya.jpg" alt="" width="325" height="230" /><p class="wp-caption-text">(Foto: Hossam el-Hamalawy)</p></div>
<p>Las fuerzas islamistas, cuyos líderes, también sin excepción alguna, están de una forma u otra aliados con el CSFA esperando su parte del botín en las próximas elecciones parlamentarias y reformas constitucionales, decididos a intensificar sus movimientos contra los revolucionarios de Tahrir, anunciaron hace dos semanas aproximadamente que estaban haciendo un llamamiento a las protestas masivas en la plaza para “reforzar la identidad islámica de Egipto, denunciar los principios supra-constitucionales y exigir la aplicación de la Sharia islámica”.</p>
<p>La tensión se palpaba en la plaza durante los últimos días. No sabíamos qué podríamos esperar del viernes. Algunos esperaban una “invasión islamista”, al estilo medieval, con espadas y palos. Otros pensaban que iba a ser un día pacífico.</p>
<p>Algunos, como yo, nos temíamos que habría problemas, pero confiábamos al menos en intentar polarizar a los manifestantes islamistas alrededor de las diferentes demandas que sus líderes habían propuesto. Sugerí que podía darse la bienvenida a los islamistas en las entradas de la plaza para distribuir panfletos sobre los tribunales militares, los detenidos, la tortura, las indemnizaciones a las familias de los mártires y las demandas sociales. Hubo llamamientos por parte de algunos para que se les impidiera entrar. Esto era totalmente imposible aunque pensases que era políticamente correcto. Habría habido una masacre.</p>
<p>Mientras empezaba la cuenta atrás al viernes, los comentarios iban y venían entre los líderes de las protestas, entre representantes de grupos izquierdistas, liberales y laicos con los responsables de los grupos islamistas, incluida la Gamaa Islamiya, el Partido Salafista de la Luz y, por último, pero no por ello menos importante, con los Hermanos Musulmanes. Se anunció un acuerdo por el cual los islamistas votaron no incluir la aplicación de la Sharia en la lista de sus demandas y no atacar ni provocar a los manifestantes laicos. A cambio, los grupos liberales e izquierdistas estuvieron de acuerdo en no enzarzarse en el debate de “Primero Elecciones” o “Primero la Constitución” y prometieron no gritar contra las CSFA (los liberales, en general, no estaban entre quienes llegaron al acuerdo, que eran mayoritariamente izquierdistas, ya que los primeros están cada vez más sometidos al CSFA). Se emitió un comunicado conteniendo un listado de las demandas acordadas por todas las partes.</p>
<p>Lo que sucedió a partir de la noche del miércoles fue una completa desgracia. Los islamistas rompieron el acuerdo. Empezaron ya el miércoles por la tarde a elevar sus posiciones, para después seguir con equipos de sonido con propaganda anti-laica y anti-izquierdistas, llamando a la aplicación de la Sharia y gritando eslóganes a favor del CSFA.</p>
<p>Para ser justos, algunos jóvenes de los Hermanos Musulmanes trataron de intervenir y controlar la situación sin éxito alguno. Los que rompieron fundamentalmente el acuerdo fueron los salafistas. Durante horas y horas, hasta las siete de la tarde del viernes, decenas de miles de islamistas gritaron a favor de la Sharia, del Corán como constitución, intimidando a los activistas laicos y a las mujeres que no llevaban velo.</p>
<p>Los grupos liberales y de izquierda celebraron una <a href="http://www.youtube.com/watch?v=fdmuqUfHVj0&amp;feature=youtu.be" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">conferencia de prensa</span></a> por la tarde <a href="http://www.e-socialists.net/node/7171" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">anunciando</span></a> que se retiraban de las actividades del día, denunciaron a los islamistas por romper el acuerdo, aunque afirmaron que reanudarían la sentada. Los liberales, perdiendo el control, gritaban pidiendo al ejército que protegiera el laicismo del estado. ¡¿El ejército?! Los liberales están solo repitiendo el mismo error de los años noventa, cuando ellos, junto con los estalinistas, se arrojaron del lado de Mubarak en su guerra contra los “fascistas islamistas”.</p>
<p>Muchos manifestantes laicos, especialmente las mujeres, decidieron abandonar la plaza, sintiéndose totalmente desazonados por la situación. Otros se quedaron y trataron de ponerse a discutir con los manifestantes islamistas. Hubo también marchas y protestas donde musulmanes y cristianos pidieron un estado laico y la unidad nacional.</p>
<p>A las 7 de la tarde, la mayor parte de los salafistas y los islamistas habían abandonado plaza tal y como pensaban hacer. Muchos de los manifestantes salafistas habían llegado desde zonas rurales, no desde El Cairo. Los autobuses les esperaban para transportarles de regreso a casa desde las plazas de Abdin, Talaat Harb y Abdel Moneim Riyad.</p>
<p>Y fue entonces cuando las fuerzas laicas empezaron a recuperar de nuevo la plaza gritando con fuerza: “¡Estado Civil, Estado Civil!”, y otros eslóganes a favor de la justicia social y las indemnizaciones para las familias de los mártires.</p>
<p>Aunque los <a href="http://www.e-socialists.net/node/6911" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">dirigentes de las fuerzas islamistas están muy ocupados con su oportunismo y clientelismo en relación al CSFA</span></a>, continúo teniendo esperanzas en que los jóvenes islamistas, aquellos que desafiaron a sus líderes y participaron en el levantamiento hombro con hombro con sus hermanos y hermanas liberales e izquierdistas, rompan filas y se unan a nosotros.</p>
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		<title>Gays, islamistas y la primavera árabe: ¿Qué haría un revolucionario?</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jun 2011 16:38:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Arabe]]></category>
		<category><![CDATA[derechos homosexuales]]></category>
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		El pasado mes de mayo el blog Una lesbiana en Damasco respondía a un alarmista artículo de primera plana en la BBC International sobre el futuro de los derechos de Lesbianas, Gays, Bisexuales y  Transexuales (LGBT) en el despertar de la primavera árabe. El quid de la  respuesta de la blogger se centraba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/06/mix-and-match-flag.jpg" width="240" />
		</p><p>El pasado mes de mayo el <em>blog</em> <a href="http://damascusgaygirl.blogspot.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Una lesbiana en Damasco</span></a> <a href="http://damascusgaygirl.blogspot.com/2011/05/pinkwashing-assad.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">respondía</span></a> a un alarmista <a href="http://edition.cnn.com/2011/WORLD/meast/05/27/gay.rights.arab.spring/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">artículo</span></a> de primera plana en la <em>BBC International</em> sobre el futuro de los derechos de Lesbianas, Gays, Bisexuales y  Transexuales (LGBT) en el despertar de la primavera árabe. El quid de la  respuesta de la <em>blogger</em> se centraba en las formas en que la  retórica de los derechos de los gays se está utilizando para socavar las  revoluciones de la región y con ello, las primeras posibilidades  tangibles de democracia en Estados que han sufrido décadas de brutales  regímenes autoritarios. En los últimos días, se ha extendido como un  reguero de pólvora la noticia de que Amina Arraf, la <em>blogger </em>mencionada  al principio de este artículo, es en realidad una invención. Arraf,  quien se describe como lesbiana musulmana siria-estadounidense que vive  en Damasco, saltó a la fama de manera meteórica en Occidente tras  publicar una increíble historia titulada “Mi padre, el héroe”, en la que  afirmaba que un discurso elocuente y firme de su padre avergonzó de tal  modo a la policía secreta siria que no la detuvieron. El mensaje tuvo  escasa repercusión en el mundo árabe, donde muchos pensaron  inmediatamente que se trataba de una historia inventada. Mientras tanto,  Amina fue aclamada por nada menos que el <em>Huffington Post</em> como una “<a href="http://www.huffingtonpost.com/2011/05/11/gay-girl-in-damascus-lesbian-blogger_n_860498.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">heroína de la revolución siria</span></a>”.  La combinación de su identidad sexual, su belleza, su impecable inglés,  su “moderada” creencia musulmana y sus fantásticos (y muchas veces  sexuales) mensajes autobiográficos resultaron ser una potente mezcla.  Amina era una “heroína para los liberales occidentales”, como dijo un <em>twittero. </em>Algo  sabroso con lo que podían identificarse, la perfecta criatura de poster  medio blanca en una revolución morena. Si lo que capturaba la  imaginación en Occidente eran las narraciones sobre su vida como  lesbiana en Siria y sobre ser musulmán y homosexual, lo que atrajo la  atención de los lectores del mundo árabe (y en particular la de los gays  progresistas) eran sus abiertas y políticas polémicas, como los  mensajes <a href="http://damascusgaygirl.blogspot.com/2011/04/thanks-but-no-thanks-mr-obama.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Gracias, pero no gracias a Obama</span></a> y <a href="http://damascusgaygirl.blogspot.com/2011/05/pinkwashing-assad.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Pinkwashing Assad</span></a>.<span id="more-27060"></span></p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-27095" title="mix and match flag" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/06/mix-and-match-flag.jpg" alt="" width="325" height="230" />Una  puede llegar a muchas conclusiones acerca de lo que significa realmente  la historia de la secreta Amina, pero para nuestros propósitos lo que  demuestra es la fractura creciente entre las preocupaciones vividas, muy  reales, de las personas que viven en la región y el enfoque selectivo,  sensacionalista de los medios de comunicación occidentales sobre asuntos  en los que pueden verse reflejados, uno de los cuales es la vida de los  “árabes gays” y de los “musulmanes gays”. Tras preocuparse por la  “estabilidad” del mundo árabe e intentar caracterizar las revoluciones  en Túnez y Egipto como inspiradas por el islamismo, los medios  occidentales han dado un giro hasta cuestionar el destino de los  homosexuales árabes bajo potenciales democracias árabes. Implícita en  esta cuestión está la idea de que los homosexuales árabes han conseguido  más con el autoritarismo árabe y que, si tuvieran que elegir, los  homosexuales árabes preferirían estar bajo un régimen que les oprime  políticamente pero que les “permite” un mínimo de libertad sexual en  lugar de estar bajo un gobierno que les otorgue derechos políticos y  pueda ser socialmente más conservador.</p>
<p>La “cuestión gay” se está  convirtiendo en un tema cada vez más caliente en la cobertura mediática  occidental sobre el mundo árabe. De hecho, a partir de la ola de <a href="http://www.hrw.org/en/reports/2009/08/17/they-want-us-exterminated-0" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">asesinatos homosexuales en el Iraq ocupado por Estados Unidos</span></a>,  la situación de la sexualidad que no responde a la norma ha sido quizá  envuelta en un discurso que pone de relieve la difícil situación de las  “mujeres” en los países árabes o musulmanes, <em>y</em> el material ideológico y la movilización militar que tal <a href="http://www.smi.uib.no/seminars/Pensum/Abu-Lughod.pdf" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">discurso permite</span></a>. El ya mencionado artículo de la <em>CNN</em> es uno entre <a href="http://www.365gay.com/news/gays-in-arab-states-worry-revolution-will-make-things-worse/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">varios</span></a> dedicados a la cuestión de <a href="http://ilga.org/ilga/en/article/mX9AXxJ1z1" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">qué pasará</span></a> con “los gays” después de las revoluciones, además de la avalancha de  comentarios de muchas otras piezas que analizan lo que pueden significar  las revoluciones. Un lector crítico podría preguntarse qué hay detrás  de este interés por los gays, de dónde surge y a qué tipo de discursos y  prácticas contribuye; qué supuestos asume tal debate en relación con  las prácticas internacionales de la sexualidad y la política, y qué  silencios implica sobre otras formas de opresión en su ansiedad por la  situación de los árabes gays en las democracias árabes.</p>
<p>Cuando  comentaristas, políticos y periodistas plantean cuestiones sobre los  aspectos potencialmente peligrosos de un cambio de régimen en el mundo  árabe, apuntan a la posibilidad de que se puedan formar gobiernos  islamistas en Túnez, Egipto o Siria. Los temores de Estados Unidos y  Europa hacia los islamistas no se deben en absoluto a que representen  una amenaza a las libertades personales (basta con ver el registro de  las libertades personales en Arabia Saudí, el más fuerte aliado árabe de  Estados Unidos), sino a que las potencias occidentales temen cómo  pudiera ser una política exterior de inspiración islamista. En pocas  palabras, el temor se deriva de que los gobiernos islamistas podrían  realinearse contra el bando de Estados Unidos e Israel, aunque, mirando  de nuevo a Arabia Saudí, hay pocas evidencias que sugieran que el  islamismo en sí contraría los objetivos de la política exterior  estadounidense e israelí. De modo que los árabes homosexuales son sólo  el último forraje utilizado para avivar las llamas de la islamofobia en  el discurso político, en los medios de comunicación y entre la opinión  pública.</p>
<p>La idea es que los gobiernos islamistas son  intrínsecamente intolerantes respecto a la conducta sexual no normativa,  y que esa intolerancia es inaceptable para la comunidad internacional  hoy en día. Esta declaración, a su vez, se basa en varios supuestos: 1)  los regímenes autoritarios laicos han sido los protectores de las  mujeres y los gays en el mundo árabe, y 2) la comunidad internacional, a  través del discurso de los derechos humanos, puede elegir las  injusticias y politizarlas dentro del discurso liberal de la tolerancia.  En el marco de los discursos parejos de “tolerancia” e “islamofobia” el  tratamiento de un Estado hacia sus homosexuales y sus mujeres se  utiliza como indicador de “atraso” o “civilización”. Como Wendy Brown  nos recuerda, la utilización de los abusos contra los derechos humanos  para justificar <em>la guerra contra el terrorismo</em> emplea esta lógica  de violencia; que aquellos que son intolerantes no merecen ser  tolerados [por quienes establecen el patrón y por quienes tienen la  tarea de defenderlo cuando se adapta a ellos].</p>
<p>La homofobia  dentro de Palestina, por ejemplo, que se presenta curiosamente como  única y excepcional, se convierte en una justificación de por qué los  palestinos son menos merecedores de justicia, de igualdad y de un Estado  que los liberales, tolerantes y democráticos israelíes. Es  significativo que sectores de población como los homosexuales, las  mujeres y los cristianos estén siendo utilizados para promover el miedo  de lo que surgirá después de Assad, por ejemplo. En parte, no debe  sorprendernos: si la campaña <a href="http://www.pinkwatchingisrael.com/" target="_blank"><em><span style="text-decoration: underline;">pinkwashing</span></em></a> nos ha enseñado algo, es que Israel, mediante la promoción de sí mismo  como protector de los gays palestinos, disgrega exitosamente los  derechos humanos del compromiso político y utiliza el capital ideológico  de la “tolerancia” para promoverse a sí mismo como protector de la  libertad en un mar de intolerancia, atraso y peligrosos  árabes/palestinos. Una podría preguntarse, como le gusta decir a un  activista palestino gay, ¿es que hay una puerta secreta en el muro del <em>apartheid</em> visible sólo para los palestinos que son gays? En el contexto de la  primavera árabe esta separación de los derechos humanos y políticos  cumple muchos de los mismos objetivos. Sitúa a los regímenes de Assad,  Mubarak, o Ben Ali como preferibles en términos de derechos humanos y de  las minorías frente a los gobiernos islámicos que puedan surgir. Y  traduce los derechos <em>políticos</em> y la voluntad de <em>todos</em> los  árabes, homosexuales y heterosexuales, hombres y mujeres, viejos y  jóvenes, ciudadanos y no ciudadanos, cristianos, musulmanes y judíos, en  una perspectiva de la que nosotros, laicos y liberales, deberíamos  estar ya cansados.</p>
<p>Centrarse en los peligros que los islamistas  suponen para las minorías y los derechos sexuales desalienta a la gente  de hacer preguntas serias acerca de problemas estructurales que  determinarán el resultado de estas sociedades post-revolucionarias. El  artículo de la <em>CNN </em>que alerta sobre el futuro de los derechos de  LGBT en el despertar de la primavera árabe parece decir: “En lugar de  cuestionar el papel de los militares egipcios aliados de Estados Unidos,  el renovado interés del FMI en Egipto, o la arquitectura de la opresión  política aún vigente en Egipto, deberíamos preocuparnos por los locos  de los musulmanes”. Con contadas excepciones, la respuesta de los  activistas gays de la región y del extranjero en artículos como los de  la <em>CNN</em> y<em> </em><a href="http://www.365gay.com/news/gays-in-arab-states-worry-revolution-will-make-things-worse/" target="_blank"><em><span style="text-decoration: underline;">AP</span></em><span style="text-decoration: underline;">,</span></a> así como a través de internet en el caso de <em>Twitter</em> y <em>Facebook</em> ha sido la de reforzar los temores promulgados por Estados Unidos y la  UE sobre “la amenaza islamista” sin ninguna comprensión real o de fondo  de lo que realmente está teniendo lugar en el Túnez y el Egipto pos  revolucionario. Declaraciones tales como “los gays pueden convertirse en  los corderos del sacrificio de la primavera árabe” o difundir miedo  ante una posible “toma islamista” no solo refuerzan el infantilismo y el  racismo del discurso euro-estadounidense sobre los árabes y los  musulmanes, sino que también revela un análisis simplista e ingenuo de  la política y la evolución social que está teniendo lugar en la región.</p>
<p>Tras  décadas de contar con un puñado de partidos políticos en Túnez (algunos  de los cuales eran en realidad de apoyo a Ben Ali), el panorama  político del país presenta en la actualidad 81. Siempre ha habido una  fuerte cultura política laica en Túnez entre los liberales, los  intelectuales y las élites, no muy diferente de la laicidad francesa.  Sin embargo, se centra una gran preocupación en el partido islamista  Nahda, modelado en el AKP de Turquía. ¿Quién ha peguntado realmente  sobre las opiniones, posiciones y la base de apoyo de los otros 80  partidos políticos? Por supuesto, el partido Nahda es poderoso, pero  también lo pueden ser las coaliciones de los partidos más liberales y  laicos. No hay una clara hegemonía en el panorama político del país. A  diferencia de Egipto, el consejo de transición de Túnez es civil y  verdaderamente multipartidista, y reúne en la misma mesa a miembros del  centro político, de la derecha, de la izquierda, de la izquierda radical  y de los islamistas. Una coalición política <em>creíble</em> como esa no  tiene precedentes en la historia de la región. Si este productivo  compromiso entre laicos e islamistas en Túnez se rompe, se sumirá al  país en un punto muerto polarizado. La historia nos dice que si se ponen  a la defensiva, pueden emerger a la superficie los aspectos más  radicales y conservadores del partido Nahda así como de los grupos  salafíes más marginales. El temor reflejo hacia los islamistas, en parte  impulsado por un laicismo islamófobo cada vez más intenso en la esfera  local e internacional, pasa por alto las densas realidades de estos  países. Ese reduccionismo, en medio de una transición histórica,  estrecha peligrosamente los parámetros del debate.</p>
<p>En Egipto, son  los militares financiados por Estados Unidos quienes están en el control  del proceso por el cual se elaborará la constitución egipcia; sin  tiempo y espacio adecuados para formar partidos políticos y reformar la  ley electoral, el proceso en su forma actual otorga a los Hermanos  Musulmanes una ventaja en tanto ente político más organizado y más  antiguo. Son los militares quienes están restringiendo la libertad de  expresión y de asociación. Son los militares quienes detienen a las  personas, las tortura y las juzga en tribunales militares. En Egipto,  son los militares y no la Hermandad Musulmana quienes están jugando la  carta moral acusando a los manifestantes de sexo ilícito, de  prostitución, de drogas. Son también los militares quienes han obligado a  las manifestantes a someterse a pruebas de virginidad (lo que, quizá,  se podría llamar violación médica). La Hermandad guarda un curioso  silencio sobre estos abusos y se ha negado a unirse a las  manifestaciones recientes de Tahrir en protesta por las violaciones  cometidas impunemente por los militares egipcios. En todos los artículos  periodísticos sobre el futuro de los gays en Egipto, ni uno solo ha  aludido a la amenaza planteada por los militares, que ahora, parece cada  vez más, que pueden llegar a un acuerdo (si no lo han alcanzado ya) con  los Hermanos Musulmanes.</p>
<p>Ninguno se ha referido a las  plataformas regresivas, homofóbicas y anti-feministas de otros partidos  laicos, o a los llamamientos de algunas organizaciones de la sociedad  civil para que gobiernen los militares con mano <em>aún más</em> <em>dura.</em> La lucha entre progresistas e islamistas que puede derivarse será  civil. Por ahora, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas está  tratando de secuestrar la revolución egipcia por la fuerza de las armas,  la tortura, y los tribunales militares, sin embargo, cuando se trata de  los gays y las mujeres, la prensa occidental insiste en colocarlos en  un ring de boxeo con los islamistas, como si su destino estuviera de  algún modo separado del de la nación en su conjunto. La miopía  resultante de un enfoque alarmista sobre el Islam como enemigo de la  libertad nos ha cegado para reconocer que una bota en el cuello es una  bota en el cuello, pertenezca a alguien con traje, con uniforme militar,  o con turbante.</p>
<p>Los islamistas son conservadores sociales. Pero  eso no significa que sean necesariamente inaccesibles o irracionales.  Por otra parte, los árabes gays no pueden ser separados del tejido de  sus sociedades, son árabes, son musulmanes, cristianos, conservadores y  progresistas, soldados y civiles, comunistas y capitalistas, machistas y  feministas, clasistas y revolucionarios, y son tanto opresores como  oprimidos. Los discursos islamistas no están osificados y estancados en  el siglo XVI, como la mayoría de los comentaristas occidentales asume.  Son plurales, responsables, dinámicos y representan el punto de vista de  un amplio y diverso público. En los últimos meses, han circulado varias  declaraciones distribuidas por islamistas en Egipto, Marruecos, Líbano y  otros lugares, denunciando especialmente el matrimonio gay. Estas <em>jutbas </em>no  dicen nada de la homosexualidad en sí, sino que se centran, como el  láser, en el matrimonio gay. En Líbano, la verdadera cuestión en juego  no tenía nada que ver con la <a href="http://www.jadaliyya.com/pages/index/1054/why-secularism-is-not-the-answer;-gays-in-the-leba" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">homosexualidad</span></a>.  Más bien, el “peligro” que se discutía era la posibilidad de una ley de  matrimonio civil que permitiera a musulmanes, cristianos y judíos  casarse entre sí <em>dentro</em> de Líbano. El matrimonio gay fue  utilizado para ilustrar los “peligros” que estaban seguros entrarían en  Líbano a través de una ley de matrimonio civil. Uno puede escuchar el  mismo silencio paradójico entre la gente gay hermanada con la oposición  virulenta al matrimonio gay en miles de iglesias en todo Estados Unidos.  Esta oposición al matrimonio gay dentro de los grupos islamistas y en  las <em>jutbas</em> de las mezquitas no impide irrevocablemente que los  islamistas y sus partidarios discutan sobre cuestiones relativas a los  homosexuales y a la sexualidad. De hecho, cuando un <em>shaij </em>utiliza  la perspectiva del matrimonio gay en vez de la existencia de personas  homosexuales o la práctica de sexo gay, para ilustrar en mayor grado los  peligros del laicismo (no la sustancia), podemos estar escuchando la  prueba de los múltiples éxitos de los movimientos por los derechos de  los árabes homosexuales.</p>
<p>¿Existe la posibilidad de una reacción  violenta contra la minoría gay y los derechos de las mujeres en la  región árabe? Sin lugar a dudas. En tiempos de cambios sociales y  políticos rápidos los reinos de género y la sexualidad se convierten a  menudo en los campos de batalla en los que se manifiestan más  ampliamente las ansiedades sociales. Pero esa reacción no tiene por qué  darse. La respuesta es no marginar a los islamistas o temerles sino  trabajar en la construcción de sociedades democráticas <em>verdaderamente</em> participativas (políticamente, socialmente, y de manera crucial,  económicamente) que protejan las libertades individuales y colectivas.  Esos serían Estados en los que prevaleciera el imparcial Estado de  Derecho, en los que las instituciones serían fuertes e independientes y  donde los derechos humanos y políticos de todos los ciudadanos  (homosexuales y heterosexuales, hombres y mujeres, ateos e islamistas) y  de los residentes fueran ferozmente protegidos por el Estado,  independientemente de quién estuviera en el gobierno en cada momento.</p>
<p>Estamos  en un momento de transformación en la historia de la región. Nos  corresponde a nosotros, en tanto árabes homosexuales, progresistas, y  personas que pretenden construir sociedades más justas y equitativas,  entender no sólo lo que está sucediendo en la región sino también la  facilidad con que los derechos de los homosexuales pueden transformarse  en una moneda de cambio político que es menos emancipador de lo que a  primera vista puede parecer. Debemos hacer una pausa y pensar en las  redes de capital, de intereses y de desigualdad política que viajan con  los discursos sobre los derechos de los homosexuales y con las  instituciones desde los centros del poder mundial a sus periferias. No  olvidemos cómo nosotras, en tanto que homosexuales y mujeres, hemos sido  utilizadas como justificación para invasiones (Afganistán), para  promover la democracia a punta de pistola (Iraq), y para la ocupación  militar (Palestina).</p>
<p>Tenemos que aprender, otra vez, a negarnos a  permitir que se movilicen facetas de nuestra personalidad (la  sexualidad, el género a expensas de otras facetas que nos definen (la  palestina, la árabe, la de clase obrera). Debemos rechazar esa  fragmentación y la auto-alienación. Durante años, los homosexuales  militantes progresistas han estado haciendo retroceder la utilización de  los derechos de los homosexuales y de la movilización de la comunidad  internacional gay para promover a Israel como una democracia liberal.  Tal <a href="http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2010/jul/01/israels-gay-propaganda-war" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">discurso</span></a> promovido desde el Estado trata de ocultar la realidad de la ocupación, el <em>apartheid</em>,  el robo de tierras y las demoliciones, los desplazamientos y el racismo  cada vez más consagrado en la legislación israelí. Debemos estar en  sintonía con el peligro de un discurso similar, el que trata de crear  una separación arbitraria y fabricada entre los derechos humanos y la  “política” situando a unos por encima de la otra, y servirse de ello  para crear ansiedad sobre los derechos de los gays y los derechos  humanos en el mundo árabe en el caso de que los derechos políticos se  concedan a <em>todos</em> los árabes.</p>
<p>Los homosexuales, como las  mujeres, se están convirtiendo en una herramienta de fácil despliegue en  el servicio de intereses geopolíticos que son opresivos y  anti-emancipadores. Como personas relacionadas con la lucha contra <em>todas</em> las formas y todas las <em>redes</em> de la injusticia, no debemos permitir que eso suceda.</p>
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		<title>Riz Khan &#8211; The Arab Street</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Mar 2011 12:31:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Arab]]></category>
		<category><![CDATA[Arab street]]></category>
		<category><![CDATA[Dalia Mogahad]]></category>
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		Does an &#8216;Arab Street&#8217; exist?
We speak with Ibish Hussein who  debunks the term as a Western myth of a monolithic Arab identity steeped  in chaos and violence. Dalia Mogahad, the co-author of Who Speaks for  Islam: What a Billion Muslims Really Think? also joins the show.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2009/04/aljazeera.gif" width="240" />
		</p><p>Does an &#8216;Arab Street&#8217; exist?</p>
<p>We speak with Ibish Hussein who  debunks the term as a Western myth of a monolithic Arab identity steeped  in chaos and violence. Dalia Mogahad, the co-author of Who Speaks for  Islam: What a Billion Muslims Really Think? also joins the show.</p>
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		<title>Momias y modelos en el Nuevo Medio Oriente</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Mar 2011 21:07:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Alternativas]]></category>
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		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<description><![CDATA[
		
		Hace poco encontraron tres momias en un templo subterráneo en Luxor,  Egipto. La traducción de los jeroglíficos las identificó como Choque de  Civilizaciones, Fin de la Historia, e Islamofobia. Imperaron en dominios  occidentales hacia la segunda década del Siglo XXI antes de morir y de  que las embalsamaran.
Hasta ahí todo resuelto. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/03/egyptian_revolution_got_real_by_eng_sam-d39fuwr.jpg" width="240" />
		</p><p>Hace poco encontraron tres momias en un templo subterráneo en Luxor,  Egipto. La traducción de los jeroglíficos las identificó como Choque de  Civilizaciones, Fin de la Historia, e Islamofobia. Imperaron en dominios  occidentales hacia la segunda década del Siglo XXI antes de morir y de  que las embalsamaran.</p>
<p>Hasta ahí todo resuelto. Sin ellas, Medio  Oriente ya es un nuevo mundo que hay que interpretar de otra forma. Para  empezar, ese país previamente moribundo de “estabilidad” y del amigo  íntimo de cualquiera que estuviese en el poder en Washington, está  lanzado al Nuevo Gran Juego de Medio Oriente. La pregunta es: ¿Cuál será  su suerte, y la de los millones de egipcios que salieron a las calles  en una demostración impresionante de no violencia agresiva en enero y  febrero?<span id="more-24965"></span></p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<div id="attachment_25000" class="wp-caption aligncenter" style="width: 560px"><img class="size-full wp-image-25000   " title="egyptian_revolution_got_real_by_eng_sam-d39fuwr" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/03/egyptian_revolution_got_real_by_eng_sam-d39fuwr.jpg" alt="" width="550" height="441" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Eng-Sam / deviantART)</p></div>
<p>Realmente es imposible predecirlo, especialmente porque  el juego de sombras es la norma y las realidades de la gobernación son  difíciles de discernir. En un país en el cual “política” significó  durante décadas el ejército, es notable que el actor clave que  supuestamente coordina la “transición a la democracia” siga siendo una  persona designada por el Faraón Hosni Mubarak, el mariscal de campo  Mohamed Hussein Tantawi del Consejo Supremo del Ejército. Por lo menos,  la presión popular ha obligado a la junta militar de Tantawi a nombrar  un nuevo primer ministro de transición, el ex ministro de transportes  Essam Sharaf, amistoso hacia la Plaza Tahrir.</p>
<p>Hay que recordar  que las odiadas leyes de emergencia de la era Mubarak, parte de lo que  provocó el levantamiento egipcio para comenzar, siguen vigentes y que  los intelectuales, partidos políticos, sindicatos y medios tiene miedo  de una silenciosa contrarrevolución. Al mismo tiempo insisten casi  unánimemente en que la revolución de la Plaza Tahrir no será ni  secuestrada ni reformada por oportunistas. Como la división ideológica  entre liberalismo, secularismo e islamismo se desintegró al derribarse  el Muro del Temor psicológico, abogados, doctores, obreros textiles –la  diversidad de la sociedad civil del país– siguen teniendo clara una  cosa: nunca aceptarán una teocracia o una dictadura militar. Quieren  democracia integral.</p>
<p>No es sorprendente que lo que eso implica  haga que tiemblen los círculos diplomáticos occidentales. Un ejército  egipcio que aunque sólo tenga que rendir cuentas remotamente a un  gobierno civil elegido no colaborará, por ejemplo, en el sitio israelí  contra los palestinos de Gaza o en las entregas de la CIA de presuntos  terroristas a las prisiones del país, o en la participación a ciegas en  esa monstruosa farsa que es el “proceso de paz” israelí-palestino.</p>
<p>Mientras  tanto, hay asuntos más prosaicos que encarar: Por ejemplo,  ¿cómo  logrará la transición dirigida por el ejército hacia las elecciones de  septiembre que las cifras económicas den resultados? En 2009, la cuenta  de las importaciones en Egipto fue de 56.000 millones de dólares,  mientras que las exportaciones del país sólo llegaron a 29.000 millones.  El turismo, la ayuda extranjera y los préstamos ayudaron a ajustar el  balance. El levantamiento causó la caída del turismo y quién sabe qué  tipo de ayudas y préstamos se recibirán en los próximos meses.</p>
<p>Mientras  tanto, el país tendrá que importar por lo menos 10 millones de  toneladas de trigo en 2011 por casi 3.300 millones de dólares (si los  precios del grano no siguen subiendo) para lograr que la gente esté por  lo menos alimentada a medias. Es sólo una pequeña parte del vergonzoso  legado de Mubarak, que incluye a unos 40 millones de egipcios, casi la  mitad de la población, que viven con menos de 2 dólares al día, o menos,  y no desaparecerá de un día para otro.</p>
<p>Afectados por una  arrolladora revolución, mayormente pacífica, en todo el MENA (el nuevo  acrónimo popular para Medio Oriente y el Norte de África), Washington y  la envejecida Fortaleza Europa, sumidos en el miedo, se revuelcan en la  perplejidad. Incluso después que haya pasado la tormenta de arena  causada por esos rebeldes vientos norteafricanos, no está claro que  lleguen a comprender cómo han llegado a desaparecer también todos los  estereotipos culturales utilizados para explicar el Medio Oriente  durante décadas.</p>
<p>Mi línea favorita de la Gran Revuelta Árabe de  2011 sigue siendo la del erudito tunecino Sarhan Dhouib: “Estas  revueltas son la respuesta al propósito de [George W.] Bush de  democratizar el Mundo Árabe por la violencia”. Si “la conmoción y el  pavor” son también un artefacto de un mundo antiguo, ¿qué pasará a  continuación?</p>
<p><strong>Modelos de alquiler o venta</strong></p>
<p>El 3 de  febrero, la Fundación Turca de Estudios Económicos y Sociales publicó un  sondeo realizado en siete países árabes y en Irán. Por lo menos un 66%  de los encuestados consideró a Turquía, no a Irán, como modelo ideal  para Medio Oriente. Una conferencia de prensa improvisada de <em>Le Monde</em> con la cual el <em>Financial Times</em> está ahora evidentemente de acuerdo. Después de todo, Turquía es una  democracia funcional en un país de mayoría musulmana en el cual  prevalece la separación entre la mezquita y el Estado.</p>
<p>El erudito  islámico estelar en Oxford, Tariq Ramadan, nieto del fundador de la  Hermandad Musulmana Hassan al-Banna, también calificó “el modelo turco”  de “fuente de inspiración”. A finales de febrero el ministro de  Exteriores turco Ahmet Davutoglu estuvo de acuerdo, con un exceso de  modestia que apenas llegó a cubrir las ambiciones de la nueva Turquía, e  insistió en que su país no quiere ser un modelo para la región, “pero  podemos ser una fuente de inspiración”.</p>
<p>El economista marxista  egipcio Samir Amin –ampliamente respetado en todo el mundo en  desarrollo– sospecha que, sean cuales sean las esperanzas de los turcos y  otros, incluidos tantos egipcios, Washington tiene ideas bastante  diferentes sobre el destino de Egipto. Quiere, piensa, no un modelo  turco sino otro paquistaní para ese país: es decir, una mezcla de “poder  islámico” con una dictadura militar. No será así, piensa Amin, porque  “ahora el pueblo egipcio está muy politizado”.</p>
<p>El proceso de  verdadera democratización que comenzó en los lejanos años cincuenta en  Turquía resultó ser un camino largo. No obstante, a pesar de golpes  militares periódicos y el continuo poder político del ejército turco,  las elecciones fueron y siguen siendo libres. El Partido de Justicia y  Desarrollo, o AKP, que ahora lleva el timón en Turquía, fue fundado en  agosto de 2001 por antiguos miembros del Partido Refah, un grupo  islámico mucho más conservador, con una ideología similar a la de la  actual Hermandad Musulmana en Egipto.</p>
<p>Mientras el AKP se  moderaba, sin embargo, el ala pro negocios, pro UE de los islamistas del  país se mezcló con varios políticos de centro derecha y, en 2002, el  AKP terminó llegando al poder en Ankara. Sólo entonces pudo comenzar a  debilitar lentamente el control de la tradicional elite secular basada  en Estambul y de los militares de Turquía que habían detentado el poder  desde los años veinte.</p>
<p>Sin embargo, el AKP no soñó con  desmantelar el sistema secular instalado originalmente por el padre  fundador de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk, en 1924. El código civil que  instituyó se basaba en en suizo, con la ciudadanía basada en el derecho  secular. Aunque el país es predominantemente musulmán, por cierto, su  pueblo simplemente no aceptaría un sistema como el Irán jomeinista  guiado por la religión.</p>
<p>El AKP debe verse como el equivalente a  las democracias cristianas de Europa desde los años cincuenta –  conservadores dinámicos, orientados hacia los negocios, con raíces  religiosas. En Egipto, el ala moderada de la Hermandad Musulmana tiene  muchas similitudes con el AKP y se inspira en él. En el nuevo Egipto,  finalmente será un partido político legítimo y la mayoría de los  expertos cree que podría obtener entre 25% y 30% de los votos en la  primera elección de la nueva era.</p>
<p><strong>Todos los caminos llevan a Tahrir</strong></p>
<p>Algunos  críticos turcos –generalmente de la casta técnica y administrativa  orientada hacia Occidente– acusan regularmente al modelo turco de que es  una democracia que &#8220;cumple&#8221; con el Islam, de que es poco más que una  exitosa estratagema de mercadeo, o peor todavía, de una versión rusa en  Medio Oriente. Después de todo, el ejército todavía detiene un poder  desproporcionado entre bastidores como garantía del marco secular del  Estado. Y la minoría kurda del país no está realmente integrada en el  sistema (aunque en septiembre de 2010, los votantes turcos aprobaron  cambios constitucionales que dan más derechos a los cristianos y  kurdos).</p>
<p>Con su glorioso pasado otomano, señala Orhan Pamuk,  ganador del Premio Nobel de Literatura de 2006, Turquía nunca fue  colonizada por una potencia mundial, y por lo tanto “la veneración de  Europa’ o la ‘imitación de Occidente’ nunca tuvieron las connotaciones  humillantes” descritas por Frantz Fanon o Edward Said para gran parte  del resto de Medio Oriente y del Norte de África.</p>
<p>Hay grandes  diferencias entre el camino de Turquía hacia una democracia libre de  militares en 2002 y el camino plagado de dificultades que espera a los  jóvenes manifestantes y a los partidos políticos nacientes de Egipto. En  Turquía los protagonistas clave fueron islamistas favorables a los  negocios, conservadores, neoliberales, y nacionalistas de derecha. En  Egipto son islamistas favorables a los sindicatos, izquierdistas,  liberales y nacionalistas de izquierda.</p>
<p>La revolución de la Plaza  Tahrir fue desatada esencialmente por dos grupos juveniles: el  Movimiento Juvenil 6 de Abril (orientado hacia la solidaridad con los  trabajadores en huelga) y Todos Somos Khaled Said (que se movilizó  contra la brutalidad policial). Más adelante se sumaron los activistas  de la Hermandad Musulmana y –crucialmente– los sindicatos organizados,  las masas de trabajadores (y de desocupados) que habían sufrido durante  años el veneno del “ajuste estructural” del Fondo Monetario  Internacional. (Todavía en abril de 2010, una delegación del FMI visitó  El Cairo y elogió el “progreso” de Mubarak.)</p>
<p>La revolución en la  Plaza Tahrir hizo las conexiones necesarias de una manera profundamente  inteligible. Logró llegar al meollo de la cuestión, vinculando los  salarios miserables, el desempleo masivo y la creciente pobreza con el  modo de enriquecimiento de los cómplices de Mubarak (y también el  establishment militar). Tarde o temprano, en cualquier enfrentamiento  futuro, la forma en que los militares controlan una parte tan grande de  la economía será un tema inevitable, la manera, por ejemplo, en que  las compañías de propiedad del ejército siguen haciendo un gran negocio  en las industrias del agua, del aceite de oliva, del cemento, la  construcción, los hoteles y el petróleo, o la forma en que los militares  han llegado a poseer considerables cantidades de terrenos en el Delta  del Nilo y frente al Mar Rojo, “regalos” por garantizar la estabilidad  del régimen.</p>
<p>No es sorprendente que los sectores clave en  Occidente estén presionando por un modelo turco “seguro” para Egipto.  Sin embargo, considerando la miseria en el país, es poco probable que  los jóvenes manifestantes y sus seguidores de la clase trabajadora sean  apaciguados incluso por la posibilidad de un sistema neoliberal,  islámico-democrático al estilo turco. Esta coalición  izquierdista/liberal/islamista lucha por una democracia verdaderamente  soberana, favorable a los sindicatos, independiente. No se requiere un  doctorado de la Escuela de Economía de Londres, como el que se compró  Saif al-Islam al-Gadafi, para ver cuán catastrófica podría ser esa  visión independiente para el actual <em>statu quo. </em></p>
<p><strong>Espejito, espejito…</strong></p>
<p>Que  no se entienda mal: Si los activistas de la Plaza Tahrir quieren  reproducir el sistema turco en Egipto o no, la propia Turquía es  inmensamente popular en ese país, como lo es cada vez más en el mundo  árabe en general. Eso ofrece a los políticos de Ankara la perspectiva  perfecta para consolidar el papel de liderazgo regional del país, que ha  aumentado claramente desde que, en 2003, sus dirigentes establecieron  su independencia al rechazar el deseo de George W. Bush de utilizar  territorio turco para su invasión de Iraq.</p>
<p>Esa popularidad además  aumentó después de que ocho de las nueve víctimas muertas a tiros por  comandos israelís en la flotilla de la libertad de Gaza resultaron ser  turcas. Cuando el primer ministro Recep Tayyip Erdogan condenó  vehementemente a Israel por su “sangrienta masacre”, se convirtió  instantáneamente en “Rey de Gaza”. Cuando Mubarak finalmente respondió a  las manifestaciones de la Plaza Tahrir anunciando que no volvería a ser  candidato a presidente en 2011, el presidente Obama no dijo gran cosa, y  el ex primer ministro británico Tony Blair instó a Egipto a no  “apresurarse a las elecciones”. En cuanto a Erdogan, virtualmente ordenó  a Mubarak que renunciara, en vivo en <em>Al-Jazeera</em> para que todo el mundo musulmán lo viera.</p>
<p>Mientras  Washington maniobraba con la idea de ponerse en el lado equivocado de  la historia, a regañadientes o caóticamente, en compañía de esos  inquebrantables defensores de Mubarak, Israel y Arabia Saudí, Erdogan,  –con una astuta evaluación de la política regional– prefirió respaldar a  los egipcios que tratan de trazar su propio destino. Y surtió efecto.</p>
<p>El  punto no es que EE.UU. esté ahora “perdiendo” a Turquía, ni que, como  han acusado algunos críticos, que Erdogan esté soñando con convertirse  en un nuevo califa neootomano (sea lo que sea que eso signifique). Lo  que hay que comprender en este caso es un nuevo concepto turco:  profundidad estratégica. Para eso tenemos que volvernos hacia un libro: <em>Stratejik Derinlik: Turkiye’nin Uluslararasi Konumu</em> (Profundidad estratégica: la Posición Internacional de Turquía),  publicado en Estambul en 2001 por Ahmet Davutoglu, entonces profesor de  relaciones internacionales en la Universidad de Marmara, ahora ministro  de exteriores de Turquía.</p>
<p>En ese libro, Davutoglu consideró un  futuro que ahora parece todavía más cercano y colocó a Turquía en el  centro de tres círculos concéntricos: 1) los Balcanes, la cuenca del Mar  Negro y el Cáucaso; 2) Medio Oriente y el Mediterráneo Oriental; 3) el  Golfo Pérsico, África, y Asia Central. En relación con futuras áreas de  influencia, creía incluso en 2001 que Turquía podría reivindicar por lo  menos ocho: los Balcanes, el Mar Negro, el Cáucaso, el Caspio, Asia  Central Túrquica, el Golfo Pérsico, Medio Oriente y el Mediterráneo.  Actualmente, es un protagonista clave, y en muchas de esas mismas áreas  de influencia potencial, la gente ciertamente mira hacia Turquía. Es un  momento remarcable para Davutoglu, quien sigue convencido de que Ankara  será una fuerza que hay que considerar en Medio Oriente. Como dice, de  manera bastante simple: “Es nuestra casa”.</p>
<p>Tomemos la idea de la  “profundidad estratégica” de Turquía y combinémosla con la Gran Revuelta  Árabe de 2011 y se comprenderá por qué Erdogan ha lanzado un intento no  sólo de convertir el modelo turco en el egipcio o incluso en el de  Medio Oriente, sino para eclipsar a Egipto como futuro mediador entre la  región y Occidente. El hecho de que Erdogan y Davutoglu se orientan en  esa dirección es bastante obvio por la forma en que, en los últimos  años, han tratado de insertarse como mediadores entre Siria e Israel y  han lanzado una compleja apertura política, diplomática, y económica  hacia Irán.</p>
<p>Y hablando de ironías históricas, precisamente  mientras los dirigentes fundamentalistas de Irán miraban como se  derrumbaba un régimen egipcio profundamente hostil, las protestas del  Movimiento Verde iraní comenzaron a estremecer nuevamente a Teherán,  durante la visita, nada menos, que del presidente turco Abdullah Gul.  Las protestas se encararon con lo que equivalía a guantes de seda (según  los estándares de Teherán) porque la dictadura militar de la dictadura  de los mulás se vio en una competencia potencialmente perdedora con su  aliado turco por convertirse en la primera fuente de inspiración de los  movimientos de masas árabes.</p>
<p><strong>Java; ¿democracia con café?</strong></p>
<p>Si  los egipcios quieren lecciones del establecimiento de una democracia,  Turquía no es la única fuente en la cual buscar inspiración. Podrían,  por ejemplo, volverse hacia Latinoamérica. Por primera vez en más de 500  años, Suramérica es totalmente democrática. Como en Egipto, en tantos  países latinoamericanos en la era de la Guerra Fría, las dictaduras  estaban a la orden del día y los militares gobernaban. En Brasil, por  ejemplo, la “lenta, gradual, y segura” apertura política que dejó atrás  la dictadura militar tomó casi una década.</p>
<p>Eso implica mucha  paciencia. Lo mismo se aplica a otro modelo: Indonesia. Allí, en 1998,  Suharto, un envejecido dictador respaldado por EE.UU. con 32 años en el  poder, terminó por renunciar sólo unos días después de volver de una  visita, entre otros sitios, a El Cairo. Indonesia se veía bastante como  Egipto en febrero de 2011: una nación amiga de Occidente,  predominantemente musulmana, empobrecida y harta de un dictador militar  mega-corrupto que aplastaba a los intelectuales izquierdistas así como  al Islam político.</p>
<p>Trece años después, Indonesia es la tercera  democracia por su tamaño del mundo y la más libre en el Sudeste  Asiático, con un gobierno secular, una economía en auge y con los  militares apartados de la política.</p>
<p>Todavía tengo recuerdos  vívidos de conducir una bicicleta un día en mayo de 1998 por la capital  indonesia, Yakarta, mientras estaba literalmente en el fuego, con la  furia que estallaba en interminables columnas de humo. Washington no  intervino entonces, ni China, ni la Asociación de Naciones del Sudeste  Asiático de 10 miembros. Los indonesios lo hicieron solos. La transición  se ajustó a una constitución existente, aunque previamente ignorada en  gran parte. (En Egipto, ahora, hay que modificar la constitución a  través de un referendo.)</p>
<p>Es verdad, los indonesios tuvieron que  aguantar un tiempo al vicepresidente elegido cuidadosamente por Suharto,  el afable B.J. Habibie (tan diferente del sucesor cuidadosamente  elegido por Mubarak, el siniestro Omar “Jeque al-Tortura” Suleimán).  Pasó un año para que se organizaran nuevas elecciones, se modificaran  las leyes electorales y se libraran de escaños nombrados en el  Parlamento. Pasaron seis años hasta la primera elección presidencial  directa. Y sí, la corrupción sigue siendo un inmenso problema, y la  riqueza y las conexiones adecuadas rinden bastante (como en realidad, se  diría, en EE.UU.). Pero actualmente, prevalece el vigor de la ley.</p>
<p>Un  “Estado islámico” nunca tuvo la menor oportunidad. Actualmente sólo un  25% de los indonesios votan por partidos islámicos, mientras el bien  organizado Partido de Justicia Próspera, descendiente ideológico de la  Hermandad Musulmana, pero ahora oficialmente abierto a no musulmanes,  tiene sólo cuatro de 37 escaños en el gabinete del presidente Yudhoyono,  y no espera conseguir más de un 10% de los votos en las elecciones de  2014.</p>
<p>Mientras Indonesia se mantiene cercana a EE.UU. y es  fuertemente cortejada por Washington como contrapeso para China, Brasil  bajo la presidencia del inmensamente popular Luis Ignacio “Lula” da  Silva se trazó un camino mucho más independiente y, mediante el ejemplo,  gran parte de Latinoamérica. El proceso duró casi una década y  los futuros historiadores lo podrán ver por lo menos tan significativo  como la caída del Muro de Berlín.</p>
<p>En Europa Oriental, 1989 se  pudo ver, en parte, como una cadena de rebeliones de gente que ansiaba  conseguir acceso al mercado global. La Gran Revuelta Árabe, por otra  parte, ha sido un levantamiento en parte significativo contra la  dictadura de ese mismo mercado. Los manifestantes, desde Túnez hasta  Bahréin, salen a favor de la inclusión social y de contratos sociales  más nuevos, mejores, sociales y económicos. No es sorprendente que este  asombroso levantamiento continuo se contemple en toda Latinoamérica con  una tremenda empatía y con el sentimiento de que “lo hicimos y ahora lo  están haciendo ellos”.</p>
<p>Por supuesto no conocemos el futuro, pero  tal vez dentro de una o dos décadas podamos decir que los egipcios y  otros pueblos árabes arremetieron no siguiendo el modelo turco, ni el  brasileño ni el indonesio, sino el de un conjunto de nuevos caminos. Tal  vez el futuro desde El Cairo a Túnez, desde Bengasi a Mana, de Argel  hasta (si Alá quiere) una Arabia Saudí post Casa de Saud, tenga que ver  con el invento de una nueva cultura política y los nuevos contratos  económicos que irían con ella, que serían indígenas y, ojalá,  democráticos de maneras nuevas y sorprendentes.</p>
<p>Lo que nos hace  volver a Turquía. Es perfectamente factible que el Islam sea uno de los  fundamentos de algo totalmente nuevo, algo de lo que nadie tiene  actualmente la menor idea, algo que se asemejará a lo que fue, en  Europa, la separación entre la política y la religión. En el espíritu de  mayo del 68, tal vez incluso podamos imaginar a un Banksy árabe que  coloque un estarcido sobre todas las capitales árabes: ¡La imaginación  al poder!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Pepe Escobar es autor de “<a href="http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/0978813820/simpleproduction/ref=nosim" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War</span></a>” (Nimble Books, 2007) y “<a href="http://www.amazon.com/Red-Zone-Blues-snapshot-Baghdad/dp/0978813898" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge</span></a>”. Su último libro es “<a href="http://www.amazon.com/Obama-Does-Globalistan-Pepe-Escobar/dp/1934840831/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;s=books&amp;qid=1233698286&amp;sr=8-1" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Obama does Globalistan</span></a>” (Nimble Books, 2009). </em></p>
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		<item>
		<title>El nacimiento de la modernidad islámica</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Mar 2011 21:24:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		Cuando me desplazaba por las carreteras de AfPak antes y después del 11/S hace diez años, el volumen que llevaba conmigo en la mochila era una edición en francés de la “Yihad” de Gilles Kepel. Noche tras noche, en muchas ocasiones en casas de  adobe y ante interminables tazas de té verde, fui poco [...]]]></description>
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		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/02/Egypt-will-rise-Nick-Bygon.jpg" width="240" />
		</p><p>Cuando me desplazaba por las carreteras de <em>AfPak</em> antes y después del 11/S hace diez años, el volumen que llevaba conmigo en la mochila era una edición en francés de la “<em>Yihad”</em> de Gilles Kepel. Noche tras noche, en muchas ocasiones en casas de  adobe y ante interminables tazas de té verde, fui poco a poco  empapándome de su principal tesis: que el Islam político no estaba  precisamente en auge sino, de hecho, en decadencia.</p>
<p>Por una parte,  teníamos organizaciones como al-Qaida, autodesignadas vanguardias  volcadas en despertar de su letargo a las masas musulmanas a fin de  desencadenar una revolución global islámica; en realidad, no eran sino  versiones musulmanas de la Brigadas Rojas italianas y de la Fracción del  Ejército Rojo alemán.<span id="more-24926"></span></p>
<div id="attachment_24244" class="wp-caption alignleft" style="width: 268px"><img class="size-large wp-image-24244" title="ill.Egypt.09" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/02/Egypt-will-rise-Nick-Bygon-258x400.jpg" alt="" width="258" height="400" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Nick Bygon)</p></div>
<p>Por otra parte, teníamos islamistas como,  por ejemplo, los del Partido turco por el Desarrollo y la Justicia,  listos para sumergirse en la democracia parlamentaria de estilo  occidental y que apuestan por la soberanía del pueblo, no de Alá.</p>
<p>En  el apogeo de la “guerra contra el terror” –con todos esos B52  bombardeando Tora Bora sin enterarse de que Osama bin Laden había  escapado ya a Pakistán-, en Occidente se tendía a agrupar a la mayoría  de los musulmanes, cuando no a todos, en el catálogo de <em>yihadistas</em> desquiciados.</p>
<p>Estoy  de acuerdo con Kepel en que el “choque de civilizaciones” no era nada  más que un concepto estúpido, chapuceramente investigado e  instrumentalizado por los neoconservadores para legitimar su “cruzada”.  Pero eso necesitaba que la historia lo corroborara de alguna manera.</p>
<p>Diez  años después, uno puede finalmente decir que el análisis de Kepel daba  en el clavo. El islamismo de núcleo duro, estilo al-Qaida, es un  desastre de taquilla musulmán. En todo lo que se refiere a su miríada de  manifestaciones –en Iraq, el Magreb, en la Península Arábiga-, al-Qaida  no es sino una secta desesperada, destinada al basurero de la historia  al igual que todos esos dictadores apoyados por Occidente como el  derrocado presidente tunecino Zine el-Abidine Ben Ali y el ex presidente  de Egipto Hosni Mubarak, que solían ser los pilares de la lucha de  Occidente contra el Islam radical.</p>
<p>Kepel está hoy al frente del  Programa de Estudios para el Mediterráneo y Oriente Medio de la  legendaria Facultad de Ciencias Políticas en París. En un artículo  escrito para el diario italiano <em>La Republica</em>, sella  definitivamente la victoria del Islam como democracia frente al Islam  como vanguardia “revolucionaria”. A destacar la siguiente cita:</p>
<ul>“En  la actualidad, los pueblos árabes han superado ese dilema-constricción  entre Ben Ali o bin Laden. Han vuelto a entrar en una historia universal  que ha visto la caída de los dictadores en Latinoamérica, de los  regímenes comunistas en el Este de Europa y también de los regímenes  militares en países musulmanes no árabes, como Indonesia o Turquía.”</ul>
<p><strong>Lo local a la búsqueda de lo universal</strong></p>
<p>Y  este es el punto decisivo: los pueblos árabes están ahora empezando a  construir su propia, aunque vacilante, modernidad. Kepel se pregunta por  qué se produjo en Túnez la primera revolución y descubre que su  consigna principal estaba en francés: <em>“Ben Ali, degage”. </em> (“Ben Ali, lárgate”). La consigna fue fielmente adoptada –<em>ipsis litteris-</em> por los egipcios, en un país en que muy poca gente habla francés. Adoptaron tal lema revolucionario porque lo oyeron en <em>Al Yasira</em>.  Esto le permite a Kepel concluir que estas revoluciones actuales tienen  sus raíces tanto en la cultura local como en las aspiraciones  universales.</p>
<p>Y sí, aunque los síntomas son los mismos –desempleo,  pobreza, corrupción, ausencia total de libertad-, son revoluciones  distintas que luchan para poder alcanzar el poder con estrategias  diferentes. Algunos añaden leña al fuego de los problemas tribales o  confesionales, otros apuestan por sí mismos o por inmunizarse de la  interferencia occidental.</p>
<p>El problema es que los hagiógrafos del  imperio están interpretando mal la diversidad de métodos empleados por  los tiranos para aplastar estas revoluciones para así poder legitimar  mejor el aura de los represivos “chicos buenos” escogidos. Así pues,  tenemos a Robert D Kaplan, vinculado al Pentágono, intentando hacer  creer a la opinión pública que se trata de déspotas ilustrados (la  dinastía Al-Jalifa en Bahrein, los dos Reyes Abdullah, el de Arabia  Saudí y el de Jordania) frente a irredimibles dictadores diabólicos  (Muamar Gadafi).</p>
<p>Como si la mayoría chií en Bahrein necesitara de  los Al-Jalifa sunníes para promover la formación de una clase media:  condición previa para el establecimiento de una democracia. A los  Al-Jalifa no les importó nunca un ardite promover una clase media,  porque de esa forma de su autocrático sistema “abierto a los negocios”  sólo se beneficiaba una pequeña oligarquía sunní.</p>
<p>Y el  razonamiento para defender a esos tiranos escogidos es que algunos  países no tienen base institucional para una transición hacia la  democracia, por tanto, meten en el mismo paquete a la Libia tribal  dirigida por el “malvado” Gadafi y a los emiratos del Golfo dirigidos  por “aceptables” reyes y emires.</p>
<p><strong>Tendiendo puentes</strong></p>
<p>Por  mucho que la modernidad occidental esté en crisis, eso no significa que  el mundo esté sufriendo el asedio de una guerra religiosa moderna. La  creencia de que el Islam y Occidente son antípodas es cosa de tarados  estilo presentadores de la <em>Fox News</em>. El mundo está siendo testigo  de una nueva cristianización de Europa, así como de una nueva  evangelización de Estados Unidos. Esto demuestra que modernidad y  religión son compatibles, tanto en Occidente como en Oriente Medio.</p>
<p>Pueden  proceder de diferentes latitudes culturales: Occidente, de la  decadencia de la modernidad, Oriente Medio, de la decadencia del  fundamentalismo religioso, para tratar de converger en el mismo lugar:  un puente de diálogo entre Oriente y Occidente.</p>
<p>Lo que Kepel  quiere esencialmente mostrar es que Europa y el mundo árabe no tienen  otra alternativa que intentar construir una civilización híbrida –no  sólo en términos de movimientos de capital, bienes y servicios, sino  también mediante sólidas inversiones en cultura y educación- desde el  Mar del Norte al Golfo Pérsico, con el Mediterráneo como centro  neurálgico. Esto implica que la Fortaleza de Europa tendrá que volver a  examinar su lugar en el mundo y que la Organización del Tratado del  Atlántico Norte no intentará condicionar el diálogo mediterráneo.</p>
<p>Es  un camino largo y peligroso, con unos cuantos Gadafis y al-Jalifas y  Abdullahs a los que hay que echar fuera. El mundo árabe lleva sufriendo  muchos traumas durante demasiado tiempo, casi un siglo desde que las  potencias coloniales de Gran Bretaña y Francia traicionaron a la nación  árabe y se repartieron su tierra. La prueba auténtica de la  autoproclamada “misión civilizadora” de Occidente está precisamente ahí,  en dar la bienvenida y en ayudar, con todo su corazón, a que el mundo  árabe alcance la esfera de la modernidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Pepe Escobar es autor de “<a href="http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/0978813820/simpleproduction/ref=nosim" target="_blank">Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War</a>” (Nimble Books, 2007) y “<a href="http://www.amazon.com/Red-Zone-Blues-snapshot-Baghdad/dp/0978813898" target="_blank">Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge</a>”.  Su último libro es “<a href="http://www.amazon.com/Obama-Does-Globalistan-Pepe-Escobar/dp/1934840831/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;s=books&amp;qid=1233698286&amp;sr=8-1" target="_blank">Obama does Globalistan</a>” (Nimble Books, 2009).</em></p>
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		<title>&#8220;El mundo árabe está en llamas&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Feb 2011 21:04:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		El mundo árabe está en llamas, informó Al Jazeera el 27 de enero, mientras los aliados de Washington pierden rápidamente influencia en toda la región.
La  onda de choque fue puesta en movimiento por el dramático levantamiento  en Túnez que derrocó a un dictador apoyado por Occidente, con  reverberaciones sobre todo en Egipto, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/02/egipto-arde.jpg" width="240" />
		</p><div id="attachment_24117" class="wp-caption aligncenter" style="width: 585px"><img class="size-large wp-image-24117" title="egipto arde" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/02/egipto-arde-575x380.jpg" alt="" width="575" height="380" /><p class="wp-caption-text">(Foto: Reuters)</p></div>
<p><q>El mundo árabe está en llamas</q>, informó Al Jazeera el 27 de enero, mientras los aliados de Washington <q>pierden rápidamente influencia</q> en toda la región.</p>
<p>La  onda de choque fue puesta en movimiento por el dramático levantamiento  en Túnez que derrocó a un dictador apoyado por Occidente, con  reverberaciones sobre todo en Egipto, donde los manifestantes  avasallaron a la policía de un dictador brutal.</p>
<p>Algunos observadores compararon los sucesos con el derrumbe de los dominios rusos en 1989, pero hay importantes diferencias.<span id="more-24198"></span></p>
<p>Algo  crucial es que no existe un Mijail Gorbachov entre las grandes  potencias que apoyan a los dictadores árabes. Más bien, Washington y sus  aliados mantienen el principio bien establecido de que la democracia es  aceptable sólo en la medida en que se conforme a objetivos estratégicos  y económicos: magnífica en territorio enemigo (hasta cierto punto),  pero no en nuestro patio trasero, a menos que, por favor, se pueda  domesticar de forma apropiada.</p>
<p>Una comparación con 1989 tiene  cierta validez: Rumania, donde Washington mantuvo su apoyo a Nicolae  Ceausescu, el más despiadado de los dictadores europeos, hasta que la  alianza se volvió insostenible. Luego Washington encomió su  derrocamiento cuando se borró el pasado.</p>
<p>Es una pauta típica:  Ferdinando Marcos, Jean-Claude Duvalier, Chun Doo Hwan, Suharto y muchos  otros gánsteres útiles. Puede estar en marcha en el caso de Hosni  Mubarak, junto con esfuerzos de rutina para asegurarse de que el régimen  sucesor no se desviará mucho de la senda aprobada.</p>
<p>La esperanza  actual parece residir en el general Omar Suleiman, leal a Mubarak y  recién nombrado vicepresidente de Egipto. Suleiman, quien durante mucho  tiempo encabezó los servicios de inteligencia, es despreciado por el  pueblo rebelde casi tanto como el propio dictador.</p>
<p>Un refrán común  entre los eruditos es que el temor al Islam radical requiere una  oposición (renuente) a la democracia sobre terrenos pragmáticos. Si bien  no carece de méritos, la formulación induce a error. La amenaza general  siempre ha sido la independencia. En el mundo árabe, Estados Unidos y  sus aliados han apoyado con regularidad a los islamistas radicales, a  veces para prevenir la amenaza de un nacionalismo secular.</p>
<p>Un  ejemplo conocido es Arabia Saudí, centro ideológico del Islam radical (y  del terrorismo islámico). Otro en una larga lista es Zia ul-Haq,  favorito del ex presidente Ronald Reagan y el más brutal de los  dictadores paquistaníes, quien llevó a cabo un programa de islamización  radical (con financiamiento saudí).</p>
<p><q>El argumento tradicional que se esgrime dentro y fuera del mundo árabe es que no pasa nada, todo está bajo control</q>,  señala Marwan Muasher, ex funcionario jordano y actual director de  investigación sobre Medio Oriente de la Fundación Carnegie. <q>Con esa  línea de pensamiento, las fuerzas consolidadas arguyen que los  opositores y forasteros que demandan reformas exageran las condiciones  en el terreno.</q></p>
<p>Por tanto, el pueblo sale sobrando. La doctrina  se remonta muy atrás y se generaliza en el mundo entero, incluido el  territorio nacional estadounidense. En caso de perturbación pueden ser  necesarios cambios de táctica, pero siempre con la vista en recuperar el  control.</p>
<p>El vibrante movimiento democrático de Túnez se dirigió contra <q>un Estado policial con poca libertad de expresión o asociación y graves problemas de derechos humanos</q>,  encabezado por un dictador cuya familia era odiada por su venalidad.  Tal fue la evaluación del embajador estadunidense Robert Godec en un  cable de julio de 2009, filtrado por <em>Wikileaks</em>.</p>
<p>Por tanto, para algunos observadores los “documentos (de <em>Wikileaks</em>)  deben crear un cómodo sentimiento entre el público estadunidense de que  los funcionarios no están dormidos en el puesto”, es decir, que los  cables apuntalan de tal manera las políticas estadunidenses, que es casi  como si Obama mismo los estuviera filtrando (o eso escribe Jacob  Heilbrunn en <em>The National Interest</em>.)</p>
<p><q>Estados Unidos debe dar una medalla a Assange</q>, señala un encabezado del <em>Financial Times</em>. El jefe de analistas de política exterior, Gideon Rachman, escribe que <q>la  política exterior estadunidense se traza de forma ética, inteligente y  pragmática y que la postura adoptada en público por Estados Unidos sobre  un tema dado es por lo regular también la postura mantenida en privado</q>.</p>
<p>Según este punto de vista, <em>Wikileaks</em> socava a los <q>teóricos de la conspiración</q> que cuestionan los nobles motivos que Washington proclama con regularidad.</p>
<p>El  cable de Godec apoya estos juicios, por lo menos si no miramos más  allá. Si lo hacemos, como reporta el analista político Stephen Zunes en <em>Foreign Policy in Focus</em>,  descubrimos que, con la información de Godec en mano, Washington  proporcionó 12 millones de dólares en ayuda militar a Túnez. En  realidad, Túnez fue uno de sólo cinco beneficiarios extranjeros: Israel  (de rutina); Egipto y Jordania, dictaduras de Medio Oriente, y Colombia,  que desde hace tiempo tiene el peor historial de derechos humanos y  recibe la mayor ayuda militar estadunidense en el hemisferio.</p>
<p>La  prueba A de Heilbrunn es el apoyo árabe a las políticas estadounidenses  dirigidas contra Irán, según se revela en los cables filtrados. Rachman  también se sirve de este ejemplo, como hicieron los medios en general,  para elogiar estas alentadoras revelaciones. Las reacciones ilustran  cuán profundo es el desprecio por la democracia entre ciertas mentes  cultivadas.</p>
<p>Lo que no se menciona es lo que piensa la población…  lo cual se descubre con facilidad. Según encuestas dadas a conocer en  agosto pasado por la Institución Brookings, algunos árabes están de  acuerdo con Washington y con los comentaristas occidentales en que Irán  es una amenaza: 10 por ciento. En contraste, consideran que Estados  Unidos e Israel son las mayores amenazas (77 y 88 por ciento,  respectivamente).</p>
<p>La opinión árabe es tan hostil a las políticas  de Washington que una mayoría (57 por ciento) piensa que la seguridad  regional mejoraría si Irán tuviera armas nucleares. Aun así, <q>no pasa nada, todo está bajo control</q> (como Marwan Muasher describe la fantasía prevaleciente). Los  dictadores nos apoyan; podemos olvidarnos de sus súbditos… a menos que  rompan sus cadenas, en cuyo caso hay que ajustar la política.</p>
<p>Otras  filtraciones parecen dar sustento también a los juicios entusiastas  sobre la nobleza de Washington. En julio de 2009 Hugo Llorens, embajador  de Estados Unidos en Honduras, informó a Washington sobre una  investigación de la embajada relativa a “aspectos legales y  constitucionales en torno a la remoción forzada del presidente Manuel <em>Mel</em> Zelaya el 28 de junio”.</p>
<p>La embajada concluyó que <q>no  hay duda de que los militares, la Suprema Corte y el Congreso Nacional  conspiraron el 28 de junio en lo que representó un golpe ilegal y  anticonstitucional contra el Poder Ejecutivo</q>. Muy admirable, excepto  que el presidente Obama procedió a romper con casi toda América Latina y  Europa al apoyar al régimen golpista y dispensar las atrocidades  posteriores.</p>
<p>Quizá las revelaciones más sorprendentes de <em>Wikileaks</em> tienen que ver con Pakistán, revisadas por el analista en política exterior Fred Branfman en <em>Truthdig</em>.</p>
<p>Los  cables revelan que la embajada estadounidense está bien consciente de  que la guerra de Washington en Afganistán y Pakistán no sólo intensifica  el rampante sentimiento antiestadounidense, sino que también <q>crea el riesgo de desestabilizar el Estado paquistaní</q> e incluso plantea la amenaza de la pesadilla final: las armas nucleares podrían caer en manos de terroristas islámicos.</p>
<p>Una vez más, las revelaciones <q>deben crear un sentimiento tranquilizador de que los funcionarios no están dormidos en el puesto</q> (en palabras de Heilbrun), en tanto Washington marcha inexorablemente hacia el desastre.</p>
<p><em>El libro más reciente de Noam Chomsky, en coautoría con Ilan Pappe, es </em><em>Gaza en crisis. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass.</em></p>
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		<title>Crisis en Egipto: Muertos vivientes con licencia para matar</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Feb 2011 22:07:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		El Faraón Mubarak tenía que demostrar una vez más que es una verdadera  súper estrella de la “guerra contra el terror”. Cuesta abandonar las  viejas costumbres. Ahora desata el terror contra su propio pueblo.
Era  sólo cuestión de tiempo antes que el mubarakismo lanzara a sus  escuadrones de matones y pistoleros a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/02/egypt-mubarak-nidal-el-khairy.jpg" width="240" />
		</p><div id="attachment_24112" class="wp-caption alignleft" style="width: 355px"><img class="size-large wp-image-24112 " title="egypt mubarak nidal el khairy" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/02/egypt-mubarak-nidal-el-khairy-383x400.jpg" alt="" width="345" height="360" /><p class="wp-caption-text">Mubarak, por Nidal El Khairy</p></div>
<p>El Faraón Mubarak tenía que demostrar una vez más que es una verdadera  súper estrella de la “guerra contra el terror”. Cuesta abandonar las  viejas costumbres. Ahora desata el terror contra su propio pueblo.</p>
<p>Era  sólo cuestión de tiempo antes que el mubarakismo lanzara a sus  escuadrones de matones y pistoleros a sueldo para tratar de aplastar el  poder popular. A falta de “caos” en las calles –en contraste con la  “estabilidad” del régimen–, se fabrica mediante el uso de burdas  técnicas de dividir para gobernar. Si como ha dicho el opositor Mohamed  El Baradei, Mubarak es ahora “un muerto viviente”, ¿qué se puede decir  de su ejército de zombis, salido directamente de la película <em>El regreso de los muertos vivientes</em>?</p>
<p>El  régimen fabricó toda una escenografía. Pandillas a sueldo; convoyes  organizados en camionetas; bandas llevadas en autobuses blandiendo  machetes; agentes provocadores que lanzaban cócteles molotov desde los  techos de alrededor del Museo Egipcio; matones que invadieron la Plaza  Tahrir para golpear a la gente, algunos a caballo e incluso –un barato  truco orientalista digno de una película de tercera– montados en  camellos, restallando látigos.</p>
<p><span id="more-24143"></span>El coeficiente intelectual promedio  debe haber sido de unos 50, ya que los manifestantes capturaron a  docenas de matones que llevaban sus tarjetas de identidad de la policía o  que confesaron que les habían pagado unas pocas miserables libras  egipcias para que causaran disturbios. Mohamed Abel Dayem, el  coordinador del programa para Medio Oriente y el Norte de África del  Comité para Proteger Periodistas, subrayó que el mubarakismo generó “una  serie de ataques deliberados contra periodistas realizados por turbas  pro gubernamentales”.</p>
<p>Y entonces, en el silencio de la noche, vino  el terror puro, no mitigado, provocado por el Estado: el mubarakismo  levantando su verdadera cruel cabeza. Fuertes tiroteos esporádicos; el  ruido inconfundible de disparos de francotiradores; los tanques que  rodeaban la Plaza Tahrir para protegerla desaparecieron extrañamente;  los manifestantes sitiados y bajo tiros de ametralladoras, rodeados por  escuadrones de matones enmascarados de Mubarak.</p>
<p>Es un hecho que no  presagia nada de bueno. Incluso sin utilizar al ejército –que parece  haberse “disuelto” como la policía lo hizo durante el fin de semana  pasado–, el mubarakismo parece capaz de movilizar una inmensa cantidad  de marginados que dependen del régimen, del aparato de represión del  ministerio del Interior formado por más de 1,5 millones de personas,  incluido un ejército de informantes, a los que hay que añadir los tres  millones de afiliados al Partido Nacional Democrático (NDP) del  mubarakismo. Esa megaturba está aterrorizada ante la idea de perder las  migajas tiradas por la dictadura en la forma de un trabajo seguro para  el gobierno y unas pocas conexiones.</p>
<p>El Faraón, sin embargo, no  recibe migajas. Según una mezcla de fuentes de EE.UU., Siria y Argelia,  su fortuna personal asciende a no menos de 40.000 millones de dólares,  robados del tesoro público en la forma de “comisiones” por las compras  de armas, por ejemplo. El Faraón controla muchos bienes raíces,  especialmente en EE.UU.; cuentas en bancos estadounidenses, alemanes,  británicos y suizos; y tiene “vínculos” con corporaciones como  MacDonald&#8217;s, Vodafone, Hyundai y Hermes. Suzanne, la esposa  británico-irlandesa del Faraón, posee por lo menos 5.000 millones de  dólares. Y el hijo Gamal –quien puede haber huido a Londres, despojado  ahora de su papel de heredero dinástico– también se enorgullece de  poseer una fortuna personal de 17.000 millones de dólares.</p>
<p><strong>Míster Torturador, lo llaman por teléfono</strong></p>
<p>Antes  del show de los zombis, los medios estatales advirtieron debidamente  que habría “violencia”. Culparon a “extranjeros” por las protestas. El  temido ministerio del Interior ordenó que todos los que estaban en las  calles “se fueran a casa”, y lo mismo hizo el Gran Muftí de Egipto  aprobado por Mubarak. Y según una fuente de la oposición hablando con  al-Jazeera en Árabe, los “empresarios” –es decir, los compinches  multimillonarios del mubarakismo– repartieron debidamente los fondos  para aplastar las protestas.</p>
<p>Sea el propio Hosni Mubarak, la junta  militar encabezada por el “torturador suave” Omar Suleiman (Suleiman,  Shafiq, Tantawi y Annan), o toda la pandilla, el hecho es que el  régimen, previsiblemente, desencadenó la contrarrevolución con toda la  fuerza del caso. Sea cual sea el contenido de la ahora tristemente  célebre conversación telefónica entre el presidente de EE.UU. Barack  Obama y Mubarak, es obvio que la “transición ordenada” fue interpretada  como una luz verde para convertirse en zombis.</p>
<p>La otra  posibilidad, infinitamente más sobrecogedora, es que todos esos  militares de la línea dura –no importa los saltos mortales retóricos que  provengan desde Washington– piensan que Obama es un gigantesco idiota  (ya existen precedentes recientes, desde el primer ministro de Israel  Benjamin Netanyahu al jefe del ejército paquistaní general Ashfaq Pervez  Kiani). ¿De qué diablos habló la secretaria de Estado, Hillary Clinton,  con Suleiman en su llamada telefónica? ¿De viejas cintas de Omar  Sharif?</p>
<p>Suleiman, a propósito, es extrañamente descrito por <em>The New York Times</em> como “un operador astuto” con “la mayor base de apoyo en las fuerzas de  seguridad de Egipto”. Si los egipcios leen esto no sabrán si reír o  llorar; después de todo fue el torturador en jefe.</p>
<p>Desde el punto  de vista de los que protestan con sus vidas, es obvio que la Casa Blanca  de Obama no ha comprendido el actual sentido de inevitabilidad  histórica y se ha visto superada por la dinámica revolucionaria. Por  ejemplo, esta suave consigna en la Plaza Tahrir: “¿Mubarak y Obama? El  payaso y el traidor”. Después de lo ocurrido este miércoles, se van a  poner mucho más desagradables.</p>
<p><strong>Vuestra democracia tendrá que esperar</strong></p>
<p>Suponiendo  que la represión no escale a un horrendo baño de sangre en las próximas  horas, desde el punto del poder popular hay sólo dos perspectivas  posibles:</p>
<p>Plan A – La gente invade el palacio presidencial, la  televisión estatal y edificios del gobierno, preferiblemente durante  este “Viernes de la Partida”. Es cada vez más problemático, considerando  la contrarrevolución.</p>
<p>Plan B – El ejército se hace cargo y  expulsa al Faraón. También problemático, considerando que el ejército  es, después de todo, el gobierno, para no hablar de su demanda de que  las protestas terminen inmediatamente.</p>
<p>Una típica operación  clandestina del régimen para cambiar la narrativa –y asustar a Occidente  para siempre– sería matar a tiros a unos pocos manifestantes y culpar a  la Hermandad Musulmana. Es alarmante de por sí que esta historia de “la  toma del poder por fanáticos islamistas” ya comienza a ser propagada a  fondo por los medios corporativos de EE.UU. El sitio en la web CNN ahora  advierte abiertamente sobre “el riesgo de la democracia en Medio  Oriente”. Y Fox News suena como propaganda del mubarakismo, repitiendo  frenéticamente los riesgos de “inestabilidad”.</p>
<p>Un artículo de opinión ampliamente difundido por Fox News<em> </em>–repleto  de disparates objetivos– conforma la narrativa modelo que será repetida  ad nauseam por sionistas, neoconservadores, sionconservadores, toda la  gama de la extrema derecha, evangélicos y tarados del Tea Party; acusa a  la Hermandad Musulmana (“El padrino del Islam radical”) de estar lista a  iniciar la “guerra contra Israel”, cerrar el Canal de Suez y obligar a  Egipto a “detener el flujo de gas natural a Israel”.</p>
<p>Incluso así  llamados sectores progresistas estadounidenses ya se dejan llevar por  esta masiva ofensiva propagandística que muestra el poder popular en  Egipto como una conspiración islamista radical que debe ser detenida, ya  que plantea un peligro supremo para la seguridad nacional de EE.UU.</p>
<p>Muy  pocos en EE.UU. y Europa se dan cuenta de que el ascenso del Islam  radical en el mundo árabe ha estado directamente relacionado con la  represión contra la izquierda secular por las autocracias y dictaduras  apoyadas por Occidente.</p>
<p>Desde el inicio de las protestas, el  Trofeo a la Ideología Repugnante tiene que ser otorgado al ex primer  ministro británico e invasor de Iraq, Tony Blair, por su entrevista con  Piers Morgan de CNN. Para Blair, la democracia en Medio Oriente podrá  ser algo bueno; pero “nosotros” tenemos que administrarla; y eso  significa llegar a un compromiso con el mubarakismo. Blair simplemente  no puede entender que si el mubarakismo sobrevive con una cirugía  estética, la reacción será cósmica. Y provendrá de todos los sectores de  la sociedad egipcia: los jóvenes, los apolíticos, seculares e  islamistas por igual, y de todo el mundo árabe.</p>
<p>El esloveno Slavoj  Zizek, el Elvis de la filosofía, tiene razón respecto a la monstruosa  hipocresía de los liberales occidentales (o así llamados liberales);  “Apoyaron públicamente la democracia, y ahora, cuando el pueblo se  levanta contra los tiranos a favor de la libertad secular y la justicia,  no en nombre de la religión, están todos profundamente preocupados”.</p>
<p>La  verdadera democracia sólo puede ser un proceso dinámico de base, de  abajo hacia arriba. No es una fórmula fija, se reforma constantemente.  Eso debe asustar a las elites globales occidentales –de los “liberales” a  los que fomentan el temor y las guerras– porque la verdadera democracia  implica una inmensa pérdida de privilegios para los “estables”, las  clases compradoras del mundo en desarrollo que son esclavas de esas  engreídas elites occidentales. No es una sorpresa que todos tengan miedo  –e impongan miedo– como hombres muertos en camino.</p>
<p><em>Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “</em><em>Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “</em><em>Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). </em></p>
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		<title>‘The Arab World Is on Fire’</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Feb 2011 21:30:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		“The Arab world is on fire,” al-Jazeera reported on January 27, while  throughout the region, Western allies “are quickly losing their  influence.”
The shock wave was set in motion by the dramatic uprising in Tunisia  that drove out a Western-backed dictator, with reverberations especially  in Egypt, where demonstrators overwhelmed a dictator’s brutal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><div id="attachment_24117" class="wp-caption aligncenter" style="width: 585px"><img class="size-large wp-image-24117" title="egipto arde" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/02/egipto-arde-575x380.jpg" alt="" width="575" height="380" /><p class="wp-caption-text">(Photo: Reuters)</p></div>
<p>“The Arab world is on fire,” al-Jazeera reported on January 27, while  throughout the region, Western allies “are quickly losing their  influence.”</p>
<p>The shock wave was set in motion by the dramatic uprising in Tunisia  that drove out a Western-backed dictator, with reverberations especially  in Egypt, where demonstrators overwhelmed a dictator’s brutal police.</p>
<p>Observers compared the events to the toppling of Russian domains in 1989, but there are important differences.<span id="more-24115"></span></p>
<p>Crucially, no Mikhail Gorbachev exists among the great powers that  support the Arab dictators. Rather, Washington and its allies keep to  the well-established principle that democracy is acceptable only insofar  as it conforms to strategic and economic objectives: fine in enemy  territory (up to a point), but not in our backyard, please, unless it is  properly tamed.</p>
<p>One 1989 comparison has some validity: Romania, where Washington  maintained its support for Nicolae Ceausescu, the most vicious of the  East European dictators, until the allegiance became untenable. Then  Washington hailed his overthrow while the past was erased.</p>
<p>That is a standard pattern: Ferdinand Marcos, Jean-Claude Duvalier,  Chun Doo Hwan, Suharto and many other useful gangsters. It may be under  way in the case of Hosni Mubarak, along with routine efforts to try to  ensure that a successor regime will not veer far from the approved path.</p>
<p>The current hope appears to be Mubarak loyalist Gen. Omar Suleiman,  just named Egypt’s vice president. Suleiman, the longtime head of the  intelligence services, is despised by the rebelling public almost as  much as the dictator himself.</p>
<p>A common refrain among pundits is that fear of radical Islam requires  (reluctant) opposition to democracy on pragmatic grounds. While not  without some merit, the formulation is misleading. The general threat  has always been independence. In the Arab world, the United States and  its allies have regularly supported radical Islamists, sometimes to  prevent the threat of secular nationalism.</p>
<p>A familiar example is Saudi Arabia, the ideological center of radical  Islam (and of Islamic terror). Another in a long list is Zia ul-Haq,  the most brutal of Pakistan’s dictators and President Reagan’s favorite,  who carried out a program of radical Islamization (with Saudi funding).</p>
<p>“The traditional argument put forward in and out of the Arab world is  that there is nothing wrong, everything is under control,” says Marwan  Muasher, former Jordanian official and now director of Middle East  research for the Carnegie Endowment. “With this line of thinking,  entrenched forces argue that opponents and outsiders calling for reform  are exaggerating the conditions on the ground.”</p>
<p>Therefore the public can be dismissed. The doctrine traces far back  and generalizes worldwide, to U.S. home territory as well. In the event  of unrest, tactical shifts may be necessary, but always with an eye to  reasserting control.</p>
<p>The vibrant democracy movement in Tunisia was directed against “a  police state, with little freedom of expression or association, and  serious human rights problems,” ruled by a dictator whose family was  hated for their venality. This was the assessment by U.S. Ambassador  Robert Godec in a July 2009 cable released by WikiLeaks.</p>
<p>Therefore to some observers the WikiLeaks “documents should create a  comforting feeling among the American public that officials aren’t  asleep at the switch”—indeed, that the cables are so supportive of U.S.  policies that it is almost as if Obama is leaking them himself (or so  Jacob Heilbrunn writes in <em>The National Interest</em>.)</p>
<p>“America should give Assange a medal,” says a headline in the <em>Financial Times</em>.  Chief foreign-policy analyst Gideon Rachman writes that “America’s  foreign policy comes across as principled, intelligent and pragmatic—the  public position taken by the U.S. on any given issue is usually the  private position as well.”</p>
<p>In this view, WikiLeaks undermines the “conspiracy theorists” who  question the noble motives that Washington regularly proclaims.</p>
<p>Godec’s cable supports these judgments—at least if we look no  further. If we do, as foreign policy analyst Stephen Zunes reports in <em>Foreign Policy in Focus</em>,  we find that, with Godec’s information in hand, Washington provided $12  million in military aid to Tunisia. As it happens, Tunisia was one of  only five foreign beneficiaries: Israel (routinely); the two Middle East  dictatorships Egypt and Jordan; and Colombia, which has long had the  worst human-rights record and the most U.S. military aid in the  hemisphere.</p>
<p>Heilbrunn’s Exhibit A is Arab support for U.S. policies targeting  Iran, revealed by leaked cables. Rachman too seizes on this example, as  did the media generally, hailing these encouraging revelations. The  reactions illustrate how profound is the contempt for democracy in the  educated culture.</p>
<p>Unmentioned is what the population thinks—easily discovered.  According to polls released by the Brookings Institution in August, some  Arabs agree with Washington and Western commentators that Iran is a  threat: 10 percent. In contrast, they regard the U.S. and Israel as the  major threats (77 percent; 88 percent).</p>
<p>Arab opinion is so hostile to Washington’s policies that a majority  (57 percent) think regional security would be enhanced if Iran had  nuclear weapons. Still, “there is nothing wrong, everything is under  control” (as Marwan Muasher describes the prevailing fantasy). The  dictators support us. Their subjects can be ignored—unless they break  their chains, and then policy must be adjusted.</p>
<p>Other leaks also appear to lend support to the enthusiastic judgments  about Washington’s nobility. In July 2009, Hugo Llorens, U.S.  ambassador to Honduras, informed Washington of an embassy investigation  of “legal and constitutional issues surrounding the June 28 forced  removal of President Manuel `Mel’ Zelaya.”</p>
<p>The embassy concluded that “there is no doubt that the military,  Supreme Court and National Congress conspired on June 28 in what  constituted an illegal and unconstitutional coup against the Executive  Branch.” Very admirable, except that President Obama proceeded to break  with almost all of Latin America and Europe by supporting the coup  regime and dismissing subsequent atrocities.</p>
<p>Perhaps the most remarkable WikiLeaks revelations have to do with  Pakistan, reviewed by foreign policy analyst Fred Branfman in Truthdig.</p>
<p>The cables reveal that the U.S. embassy is well aware that  Washington’s war in Afghanistan and Pakistan not only intensifies  rampant anti-Americanism but also “risks destabilizing the Pakistani  state” and even raises a threat of the ultimate nightmare: that nuclear  weapons might fall into the hands of Islamic terrorists.</p>
<p>Again, the revelations “should create a comforting feeling—that  officials are not asleep at the switch” (Heilbrunn’s words)—while  Washington marches stalwartly toward disaster.</p>
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		<title>What Corruption and Force Have Wrought in Egypt</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Jan 2011 20:12:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		The uprising in  Egypt, although united around the nearly universal desire to rid the  country of the military dictator Hosni Mubarak, also presages the  inevitable shift within the Arab world away from secular regimes toward  an embrace of Islamic rule. Don&#8217;t be fooled by the glib sloganeering  about democracy or [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/01/egypt-resists.jpg" width="240" />
		</p><div id="attachment_24054" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img class="size-full wp-image-24054" title="egypt resists" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/01/egypt-resists.jpg" alt="" width="300" height="222" /><p class="wp-caption-text">(Photo: Ben Curtis / AP)</p></div>
<p>The uprising in  Egypt, although united around the nearly universal desire to rid the  country of the military dictator Hosni Mubarak, also presages the  inevitable shift within the Arab world away from secular regimes toward  an embrace of Islamic rule. Don&#8217;t be fooled by the glib sloganeering  about democracy or the facile reporting by Western reporters-few of whom  speak Arabic or have experience in the region. Egyptians are not  Americans. They have their own culture, their own sets of grievances and  their own history. And it is not ours. They want, as we do, to have a  say in their own governance, but that say will include widespread  support-especially among Egypt&#8217;s poor, who make up more than half the  country and live on about two dollars a day-for the Muslim Brotherhood  and Islamic parties. Any real opening of the political system in the  Arab world&#8217;s most populated nation will see an empowering of these  Islamic movements. And any attempt to close the system further-say a  replacement of Mubarak with another military dictator-will ensure a  deeper radicalization in Egypt and the wider Arab world.</p>
<p>The only way  opposition to the U.S.-backed regime of Mubarak could be expressed for  the past three decades was through Islamic movements, from the Muslim  Brotherhood to more radical Islamic groups, some of which embrace  violence. And any replacement of Mubarak (which now seems almost  certain) while it may initially be dominated by moderate, secular  leaders will, once elections are held and popular will is expressed,  have an Islamic coloring. A new government, to maintain credibility with  the Egyptian population, will have to more actively defy demands from  Washington and be more openly antagonistic to Israel. What is happening  in Egypt, like what happened in Tunisia, tightens the noose that  will-unless Israel and Washington radically change their policies toward  the Palestinians and the Muslim world-threaten to strangle the Jewish  state as well as dramatically curtail American influence in the Middle  East.<span id="more-24053"></span></p>
<p>The failure of  the United States to halt the slow-motion ethnic cleansing of  Palestinians by Israel has consequences. The failure to acknowledge the  collective humiliation and anger felt by most Arabs because of the  presence of U.S. troops on Muslim soil, not only in Iraq and Afghanistan  but in the staging bases set up in Kuwait and Saudi Arabia, has  consequences. The failure to denounce the repression, including the  widespread use of torture, censorship and rigged elections, wielded by  our allies against their citizens in the Middle East has consequences.  We are soaked with the stench of these regimes. Mubarak, who reportedly  is suffering from cancer, is seen as our puppet, a man who betrayed his  own people and the Palestinians for money and power.</p>
<p>The Muslim world  does not see us as we see ourselves. Muslims are aware, while we are  not, that we have murdered tens of thousands of Muslims in Iraq,  Afghanistan and Pakistan. We have terrorized families, villages and  nations. We enable and defend the Israeli war crimes carried out against  Palestinians and the Lebanese-indeed we give the Israelis the weapons  and military aid to carry out the slaughter. We dismiss the thousands of  dead as &#8220;collateral damage.&#8221; And when those who are fighting against  occupation kill us or Israelis we condemn them, regardless of context,  as terrorists. Our hypocrisy is recognized on the Arab street. Most  Arabs see bloody and disturbing images every day from the wars in Iraq  and Afghanistan, images that are censored on our television screens.  They have grown sick of us. They have grown sick of the Arab regimes  that pay lip service to the suffering of Palestinians but do nothing to  intervene. They have grown sick of being ruled by tyrants who are funded  and supported by Washington. Arabs understand that we, like the  Israelis, primarily speak to the Muslim world in the crude language of  power and violence. And because of our entrancement with our own power  and ability to project force, we are woefully out of touch.  Israeli and  American intelligence services did not foresee the popular uprising in  Tunisia or Egypt. Gen. Aviv Kochavi, Israel&#8217;s new intelligence chief,  told Knesset members last Tuesday that &#8220;there is no concern at the  moment about the stability of the Egyptian government.&#8221; Tuesday, it  turned out, was the day hundreds of thousands of Egyptians poured into  the streets to begin their nationwide protests.</p>
<p>What is happening  in Egypt will damage and perhaps unravel the fragile peace treaty  between Egypt and Jordan with Israel. It is likely to end Washington&#8217;s  alliance with these Arab intelligence services, including the use of  prisons to torture those we have disappeared into our vast network of  black sites. The economic ties between Israel and these Arab countries  will suffer. The current antagonism between Cairo and the Hamas  government in Gaza will be replaced by more overt cooperation. The  Egyptian government&#8217;s collaboration with Israel, which includes  demolishing tunnels into Gaza, the sharing of intelligence and the  passage of Israeli warship and submarines through the Suez Canal, will  be in serious jeopardy. Any government-even a transition government that  is headed by a pro-Western secularist such as Mohamed ElBaradei-will  have to make these changes in the relationship with Israel and  Washington if it wants to have any credibility and support. We are  seeing the rise of a new Middle East, one that will not be as pliable to  Washington or as cowed by Israel.</p>
<p>The  secular Arab regimes, backed by the United States, are discredited and  moribund. The lofty promise of a pan-Arab union, championed by the  Egyptian leader Gamal Abd-al-Nasser and the original Baathists, has  become a farce. Nasser&#8217;s defiance of Washington and the Western powers  has been replaced by client states. The secular Arab regimes from  Morocco to Yemen, for all their ties with the West, have not provided  freedom, dignity, opportunity or prosperity for their people. They have  failed as spectacularly as the secular Palestinian resistance movement  led by Yasser Arafat. And Arabs, frustrated and enduring mounting  poverty, are ready for something new. Radical Islamist groups such as  the Palestinian Hamas, the Shiite Hezbollah in Lebanon and the jihadists  fighting in Iraq and Afghanistan are the new heroes, especially for the  young who make up most of the Arab world. And many of those who admire  these radicals are not observant Muslims. They support the Islamists  because they fight back. Communism as an ideological force never took  root in the Muslim world because it clashed with the tenets of Islam.  The championing of the free market in countries such as Egypt has done  nothing to ameliorate crushing poverty. Its only visible result has been  to enrich the elite, including Mubarak&#8217;s son and designated heir,  Gamal. Islamic revolutionary movements, because of these failures, are  very attractive. And this is why Mubarak forbids the use of the slogan  &#8220;Islam is the solution&#8221; and bans the Muslim Brotherhood. These secular  Arab regimes hate and fear Hamas and the Islamic radicals as deeply as  the Israelis do. And this hatred only adds to their luster.</p>
<p>The decision to  withdraw the police from Egyptian cities and turn security over to the  army means that Mubarak and his handlers in Washington face a grim  choice. Either the army, as in Tunisia, refuses to interfere with the  protests, meaning the removal of Mubarak, or it tries to quell the  protests with force, a move that would leave hundreds if not thousands  dead and wounded. The fraternization between the soldiers and the  crowds, along with the presence of tanks adorned with graffiti such as  &#8220;Mubarak will fall,&#8221; does not bode well for Washington, Israel and the  Egyptian regime. The army has not been immune to the creeping  Islamization of Egypt-where bars, nightclubs and even belly dancing have  been banished to the hotels catering to Western tourists. I attended a  reception for middle-ranking army officers in Cairo in the 1990s when I  was based there for The New York Times and every one of the officers&#8217;  wives had a head covering. Mubarak will soon become history. So, I  expect, will neighboring secular Arab regimes. The rise of powerful  Islamic parties appears inevitable. It appears inevitable not because of  the Quran or a backward tradition, but because we and Israel believed  we could bend the aspirations of the Arab world to our will through  corruption and force.</p>
<p><em>Chris Hedges writes a regular column for Truthdig.com. Hedges graduated from Harvard Divinity School and was for nearly two decades a foreign correspondent for The New York Times. He is the author of many books, including: War Is A Force That Gives Us Meaning, What Every Person Should Know About War, and American Fascists: The Christian Right and the War on America.  His most recent book is Empire of Illusion: The End of Literacy and the Triumph of Spectacle. </em></p>
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		<title>Las mentiras de la islamofobia (Cruzada 2.0)</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Nov 2010 03:57:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		Las tres interminables guerras de Occidente contra el resto del mundo
Los musulmanes eran sanguinarios y traicioneros. Lanzaron un ataque sorpresa contra el ejército francés y masacraron a todos y cada uno de los soldados, 20.000 en total. Hace más de mil años, en los pasos de montaña de España, la horda musulmana acabó con los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p><em><strong>Las tres interminables guerras de Occidente contra el resto del mundo</strong></em></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-22237" title="chimage.php" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/11/chimage.php_1.jpg" alt="" width="186" height="250" />Los musulmanes eran sanguinarios y traicioneros. Lanzaron un ataque sorpresa contra el ejército francés y masacraron a todos y cada uno de los soldados, 20.000 en total. Hace más de mil años, en los pasos de montaña de España, la horda musulmana acabó con los mejores soldados al mando de Carlomagno, incluido su valiente sobrino Roland. Después, según el famoso poema que inmortalizó la tragedia, Carlomagno se cobró su venganza derrotando de forma aplastante a todo el ejército musulmán.</p>
<p>La <em>Chanson de Roland, </em>un poema épico escrito en verso en el siglo XI acerca de una batalla acaecida en el siglo VIII, es un elemento fundamental en las clases sobre civilización occidental en los institutos de todo el país. Una “obra maestra de drama épico”, en palabras de la afamada traductora Dorothy Sayers, que ofrece un prólogo útil a los estudiantes antes de que se pongan a ahondar en lecturas sobre las Cruzadas que comenzaron en 1095. Y algo más inquietante aún, el poema ha educado a generaciones de judeo-cristianos para que consideren a los musulmanes como pérfidos enemigos que una vez amenazaron los cimientos mismos de la civilización occidental.<span id="more-22295"></span></p>
<p>Sin embargo, el problema es que toda la epopeya está construida sobre una curiosa falsedad. El ejército que cayó sobre Roland y sus soldados francos no era musulmán en absoluto. En la batalla de verdad, allá por el año 778, los asesinos de los francos fueron vascos cristianos furiosos con Carlomagno por el pillaje perpetrado en su ciudad, Pamplona. No hubo epopeya alguna, la batalla surgió de una disputa parroquial en las complejas guerras de la España medieval. Más tarde cuando reyes y papas y caballeros se prepararon para guerrear en la Primera Cruzada, un poeta anónimo readaptó el texto para que sirviera a las necesidades de una emergente guerra santa de la cruz contra la media luna.</p>
<p>De forma similar, pensamos en las cruzadas como el arquetipo del “choque de civilizaciones” entre los seguidores de Jesús y los seguidores de Mahoma. En realidad, en la versión popular de esas Cruzadas, el adversario musulmán tomará el lugar de una serie notable de pueblos a los que los Cruzados consideraban enemigos, incluidos los judíos asesinados en los pogromos camino de Tierra Santa, los católicos rivales masacrados en los Balcanes y en Constantinopla, y los herejes cristianos cazados en el sur de Francia.</p>
<p>Muchos siglos después, durante la Guerra Fría, los fabricantes de mitos en Washington realizaron algo parecido, sustituyendo un grupo monolítico etiquetado “comunistas sin dios” por un grupo disparatado de nacionalistas anti-imperiales en un intento de transformar conflictos en lugares remotos como Vietnam, Guatemala e Irán en luchas épicas entre las fuerzas del Mundo Libre y las Fuerzas del Mal. En años recientes, la administración Bush hizo de nuevo otro tanto al representar a los nacionalistas árabes como diabólicos fundamentalistas islámicos cuando invadimos Iraq y nos preparamos para derrocar el régimen de Siria.</p>
<p>La construcción de mitos similares prosigue actualmente. La reciente aparición de la islamofobia en Estados Unidos se ha hecho fuerte a partir de varias suplantaciones inauditas. Un presidente claramente cristiano se ha <a href="http://pewresearch.org/pubs/1701/poll-obama-muslim-christian-church-out-of-politics-political-leaders-religious" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">convertido en musulmán</span></a> en las mentes de un importante número de estadounidenses. El amable erudito islámico Tariq Ramadan se ha trastocado en un fundamentalista de libro en los escritos de Paul Berman y otros. Y un centro islámico en el bajo Manhattan, proyectado por partidarios del diálogo interreligioso, ha <a href="http://www.tomdispatch.com/archive/175283/stephan_salisbury_extremism_at_ground_zero" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">devenido</span></a> en una “mezquita extremista en la Zona Cero” en las apariciones en televisión, en los discursos políticos y en los <em>petardeos</em> de Internet de una determinada camarilla de activistas de extrema derecha.</p>
<p>Esta transformación del Islam en una violenta caricatura de sí mismo –como si <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ann_Coulter" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Ann Coulter</span></a> se hubiera transformado de repente en el rostro del cristianismo- se produce en una coyuntura un tanto extraña en Estados Unidos. Los crímenes del odio y la retórica anti-islámica, que se dispararon de inmediato tras el 11 de septiembre de 2001, han ido menguando. Ningún ataque terrorista importante se produjo en EEUU o Europa desde las bombas de Londres en 2005. El actual presidente estadounidense ha tendido la mano al mundo musulmán y ha retirado el controvertido acrónimo GWOT [siglas en inglés de “Guerra Global contra el Terror”].</p>
<p>Es decir, que todos los elementos parecían estar en su lugar para que pudiéramos pasar página en uno de los capítulos más negros de nuestra historia. Sin embargo, parece como si nos hubiéramos quedado estancados en el siglo XI en una perpetua batalla de “nosotros” contra “ellos”. Como muertos vivientes que no paran de salir de su ataúd, nuestras anteriores “Cruzadas” no desaparecen nunca. En efecto, todavía parece que seguimos combatiendo las tres grandes guerras del milenio, aunque dos de esos conflictos hayan acabado hace tiempo ya y el tercero se haya, retóricamente, reducido a “operaciones de contingencia en el exterior”. Las Cruzadas, que finalmente se agotaron en el siglo XVII, continúan moldeando hoy nuestra imaginación global. La Guerra Fría terminó en 1991, pero los elementos clave del credo anticomunista aparecen desastrosamente injertados en el nuevo adversario islamista. Y la Guerra Global contra el Terror, que el Presidente Obama renombró silenciosamente poco después de llegar, se ha plagado de metástasis con las guerras que su administración prosigue en Afganistán, Pakistán, Iraq, Yemen y otros lugares.</p>
<p>Quienes en Europa y en Estados Unidos jalean esas guerras afirman que están difundiendo una llamada de atención sobre la continuada amenaza de al-Qaida, los talibanes y otros militantes que reivindican la bandera del Islam. Sin embargo, lo que realmente mantiene despiertos por la noche a los islamófobos no son los marginales y de aspecto atrasado fundamentalistas islámicos sino más bien la creciente influencia económica, política y global de la corriente mayoritaria y moderna del Islam. Abundan los ejemplos del Islam lidiando con éxito con la modernidad, desde la <a href="http://www.tomdispatch.com/blog/175260/tomgram:_john_feffer,_pax_ottomanica/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">nueva política exterior de Turquía</span></a> y la fuerza económica de Indonesia a los partidos políticos islámicos participantes en las elecciones en el Líbano, Marruecos y Jordania. Sin embargo, en lugar de tranquilizar, esas tendencias sólo incitan a los islamófobos a intensificar sus batallas para “salvar” la civilización occidental.</p>
<p>Mientras nuestras inacabadas guerras sigan ardiendo en la conciencia colectiva –y siguen causando estragos en Kabul, Bagdad, Sanaa y las Zonas Tribales de Pakistán-, la islamofobia dejará sentir su impacto en nuestros medios, en la política y en la vida cotidiana. Sólo si ponemos fin con decisión a las Cruzadas del milenio, a la Guerra Fría que duró medio siglo y a la década larga de Guerra contra el Terror (cualquiera que sea su nombre) superaremos la peligrosa división que tantas vidas se ha llevado, tanta riqueza ha malgastado, además de distorsionar la comprensión misma de nuestro ser occidental.</p>
<p><strong>Las Cruzadas continúan</strong></p>
<p>Con su miedo irracional a las arañas, los aracnófobos sienten terror tanto de inofensivos zancudos como de las venenosas arañas ermitañas marrones. En casos extremos, un aracnófobo puede ponerse a sudar con sólo mirar fotos de arañas. Desde luego, es razonable ponerse a buen recaudo de las viudas negras. Sin embargo, lo que hace que un temor legítimo se convierta en una fobia irracional es la tendencia a englobar a cualquier grupo, arañas o humanos, en una categoría letal y después exagerar la amenaza que representan. Después de todo, las picaduras de araña son responsables como máximo de un puñado de muertes al año en Estados Unidos.</p>
<p>De forma similar, la islamofobia es un miedo irracional al Islam. Sí, ciertos fundamentalistas musulmanes han sido responsables de ataques terroristas, ciertos fantasiosos acerca de un “califato global” siguen conspirando ataques sobre percibidos enemigos y ciertos grupos como los talibanes de Afganistán y al-Shabaab en Somalia practican versiones medievales de la región. Pero los islamófobos confunden estas pequeñas partes con el todo y después ven <em>yihad</em> terroristas bajo cada almohada islámica. Y rompen a sudar ante la mera foto de un <em>imam.</em></p>
<p>Los miedos irracionales tienen a menudo sus raíces en nuestras débilmente recordadas infancias. De forma parecida, nuestro miedo irracional ante Islam parece tener su origen en acontecimientos que sucedieron en los primeros días del cristianismo. Hay tres mitos que se han heredado de la era de las Cruzadas y que constituyen el núcleo actual de la islamofobia: los musulmanes son intrínsicamente violentos, los musulmanes quieren adueñarse del mundo y no se puede confiar en los musulmanes.</p>
<p>El mito del Islam como “religión de la espada” fue un elemento básico en el arte y en la literatura de las Cruzadas. De hecho, las atrocidades cometidas por los dirigentes y ejércitos musulmanes –y hubo algunas- apenas alcanzaron a rivalizar con las matanzas de los cruzados, que volvieron a tomar Jerusalén en medio de un verdadero baño de sangre. “Los montones de muertos causaron un problema inmediato a los conquistadores”, escribe Christopher Tyerman en <a href="http://www.amazon.com/dp/0674030702/ref=nosim/?tag=tomdispatch-20" target="_blank"><em><span style="text-decoration: underline;">God’s War</span></em></a> [La guerra de Dios]. “Gran parte de la población superviviente musulmana se vio obligada a limpiar las calles y trasladar los cadáveres fuera de las murallas para quemarlos en grandes piras, ante las que ellos mismos fueron masacrados”. Los judíos de Jerusalén sufrieron un destino similar cuando los cruzados los quemaron vivos en su principal sinagoga. Por el contrario, cuatrocientos años antes, el Califa “Omar no pasó a nadie por la espada cuando tomó Jerusalén, firmando un pacto con el patriarca cristiano Sofronio por el que se comprometió a “no coaccionar a nadie en base a la religión”.</p>
<p>El mito de los inherentemente violentos musulmanes perdura. El Islam “enseña la violencia”, según <a href="http://muslimmatters.org/2010/02/21/is-islam-a-violent-religion/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">proclamó</span></a> en 2005 el televangelista Pat Roberson. “El Corán enseña la violencia y la mayoría de los musulmanes, incluidos los supuestos musulmanes moderados, creen abiertamente en la violencia”, fue lo que escribió el Teniente General Jerry Curry (retirado del ejército estadounidense) que <a href="http://www.audacityofhypocrisy.com/2010/09/11/islam-is-a-violent-religion-by-maj-general-jerry-curry-us-army-ret/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">sirvió</span></a> con las administraciones de Carter, Reagan y Bush padre.</p>
<p>Los cruzados justificaron su violencia con el argumento de que los musulmanes estaban dispuestos a adueñarse del mundo. En sus primeros días, el imperio islámico en expansión imaginó en efecto una <em>dar-es-Islam </em>[Casa del Islam] cada vez mayor. Sin embargo, en la época de las Cruzadas, ese estallido inicial de entusiasmo por la guerra santa se había agotado hacía tiempo. Además, el occidente cristiano albergaba su propia serie de deseos en lo que se refería a extender la autoridad del Papa a cada rincón del planeta. Incluso aquel temprano creyente en el poder suave que fue Francisco de Asís, se sentó con el Sultán al-Kamil durante la quinta Cruzada para tratar de liquidar el Islam a través de la conversión.</p>
<p>Actualmente, los islamófobos describen la construcción de la Casa de Córdoba en el bajo Manhattan como otra intentona del milenio: “Esto es parte de la expansión y dominio islámico”, <a href="http://www.salon.com/news/politics/war_room/2010/08/16/ground_zero_mosque_origins" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">escribe</span></a> la <em>blogger</em> de derechas Pamela Geller, que convirtió la “Mezquita en la Zona Cero” en una obsesión de los medios. “El Islam es una religión con una gran agenda política”, <a href="http://books.google.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">advierte</span></a> el ex musulmán Ali Sina. “El objetivo último del Islam es gobernar el mundo”.</p>
<p>Esos dos mitos –el de la inherente violencia y el de las ambiciones globales- llevaron a la firme convicción de que los musulmanes eran por naturaleza poco fiables. Robert de Ketton, un traductor del Corán del siglo XII, hablaba mal del Profeta Mohamed en la forma habitual diciendo: “Como eres un embustero, te contradices a ti mismo en todo”. La sospecha de falta de honradez la asumió también cualquier cristiano que tuvo posibilidad de coexistencia con el Islam. Por ejemplo, el Papa Gregorio creía que el Cruzado Federico II, en el siglo XIII, era el mismo Anticristo porque había desarrollado estrechas relaciones con los musulmanes.</p>
<p>Para los islamófobos de hoy, los musulmanes de fuera son igualmente terroristas al acecho. En cuanto a los musulmanes en casa: “Los musulmanes estadounidenses deben enfrentarse y”, <a href="http://www.capitalismcenter.org/Philosophy/Commentary/06/08-15-06.htm" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">escribe</span></a> el novelista Edward Cline, “repudiar el Islam o permanecer en una silenciosa quinta columna”. Incluso musulmanes estadounidenses que ocupan altos puestos, como el congresista Keith Ellison (demócrata por Minnesota), están bajo sospecha. En una <a href="http://transcripts.cnn.com/TRANSCRIPTS/0611/14/gb.01.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">entrevista de la </span><em><span style="text-decoration: underline;">CNN</span></em></a> de 2006, Glenn Beck dijo: “Me sentía nervioso pensando en esta entrevista con Vd. porque siento tener que decir cosas como: ‘Señor, demuéstreme que no está trabajando con nuestros enemigos’”.</p>
<p>Estos tres mitos de islamofobia florecen en nuestra época, al igual que lo hicieron hace un milenio, debido a una maliciosa confluencia del fundamentalismo islámico con el Islam mismo. Bill O’Reilly canalizó claramente este pensamiento cruzado cuando <a href="http://www.foxnews.com/search-results/m/34780199/the-muslim-dilemma.htm" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">afirmó</span></a> recientemente que “la amenaza musulmana al mundo no es algo aislado. ¡Es inmensa!”. Cuando el Subsecretario Adjunto de Defensa para Inteligencia William Boykin, en un infame sermón en 2003, <a href="http://www.nytimes.com/2008/01/06/books/review/1st-chapter-islamophobia.html?_r=1&amp;pagewanted=print" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">tronó</span></a>: “Lo que hago hoy aquí es reclutarte para que te conviertas en guerrero del reino de Dios”, estaba emitiendo un llamamiento cruzado a las armas.</p>
<p>Pero O’Reilly y Boykin, que representan la violencia, duplicidad y expansionismo de la mentalidad de los cruzados occidentales de hoy en día, estaban también invocando una tradición más reciente, más cercana en el tiempo y mucho más familiar.</p>
<p><strong>El mito totalitario</strong></p>
<p>En 1951, la CIA y la emergente elite anticomunista, incluyendo al que pronto sería presidente Dwight Eisenhower, crearon la Cruzada por la Libertad como componente clave de una creciente campaña de guerra psicológica contra la Unión Soviética y los países satélites bajo su control en el Este de Europa. El lenguaje de esta “cruzada” era intencionadamente religioso. <a href="http://books.google.com/books?id=7nauAAAAIAAJ&amp;q=%22peoples+deeply+rooted+in+the+heritage+of+western+civilization%22&amp;dq=%22peoples+deeply+rooted+in+the+heritage+of+western+civilization%22&amp;hl=en&amp;ei=Oi3KTNr-HsPflgf0xomiAQ&amp;sa=X&amp;oi=book_result&amp;ct=result&amp;resnum" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Abarcaba</span></a> a los “pueblos profundamente arraigados en la herencia de la civilización occidental que vivían bajo el aplastante peso de una dictadura sin Dios”. En su llamamiento a la liberación del mundo comunista, se hacían eco de la retórica cruzada de casi mil años de antigüedad para “reconquistar” Jerusalén y otros puestos de avanzada de la cristiandad.</p>
<p>En la teología de la Guerra Fría, la Unión Soviética sustituía al mundo islámico como el infiel en el que no se podía confiar. Aunque fuera inconscientemente, los viejos mitos cruzados sobre el Islam se trasladaron fácilmente a determinados supuestos sobre el enemigo comunista: los soviéticos y sus aliados deseaban apropiarse del mundo, no se podía confiar en su retórica de coexistencia pacífica, ponían en peligro la civilización occidental y luchaban con un salvajismo único y con voluntad de martirizarse a sí mismos en aras a conseguir un bien ideológico mayor.</p>
<p>Para colmo de ironías, los gobiernos occidentales estaban tan obsesionados con combatir este nuevo flagelo que, en los años de la Guerra Fría y en seguimiento de la teoría de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, se dedicaron a alimentar un Islam radical como arma. Como el periodista Robert Dreyfuss detalla hábilmente en su libro <em>“</em><a href="http://www.amazon.com/dp/0805081372/ref=nosim/?tag=tomdispatch-20" target="_blank"><em><span style="text-decoration: underline;">The Devil’s Game</span></em></a><em>” </em>[El juego del diablo], la financiación estadounidense de los <em>muyahaidines</em> en Afganistán fue sólo una parte de la cruzada anticomunista en el mundo islámico. Para socavar a los izquierdistas y nacionalistas árabes que pudieran alinearse con la Unión Soviética, Estados Unidos (e Israel) trabajaron con los <em>mullahs</em> iraníes, ayudaron a crear Hamas y facilitaron la expansión de los Hermanos Musulmanes.</p>
<p>Aunque la Guerra Fría terminó con la repentina desaparición de la Unión Soviética en 1991, la forma de pensar de esa época –y la de tantos Guerreros del Frío que la ostentaban- nunca desapareció con ella. La mitología prevalente fue simplemente transferida de nuevo al mundo islámico. En la teología anticomunista, por ejemplo, la palabra más maldita era “totalitarismo”, utilizada para describir la esencia de todo lo que abarcaba al estado y sistema soviéticos. Según la glosa que aquella temprana neoconservadora Jeanne Kirkpatrick proporcionaba en su libro <em>“Dictatorships and Double Standards” </em>[Dictaduras y dobles raseros], Occidente tenía todas y cada una de las razones para apoyar dictaduras autoritarias de derechas porque se oponían tenazmente a las dictaduras totalitarias de izquierdas, las cuales, a diferencia de las autocracias con las que nos aliábamos, eran supuestamente incapaces de llevar a cabo reformas internas.</p>
<p>Según la nueva escuela “islamofascista” –y sus acólitos como Norman Podhoretz, David Horowitz, Bill O’Reilly, Pamela Geller-, los fundamentalistas eran sencillamente los “nuevos totalitarios”, retrógrados, fanáticos e incapaces de cambiar, igual que los comunistas. Para un tratamiento más sofisticado del debate islamofascista, echen un vistazo a Paul Berman, un intelectual liberal de tendencia derechista que ha intentado demostrar que los “musulmanes moderados” son fundamentalistas con traje de reformistas.</p>
<p>Estos Guerreros del Frío abordan todos ellos el mundo islámico como una masa indiferenciada –en espíritu, una moderna Unión Soviética-, donde los gobiernos árabes y los radicales islamistas trabajan codo con codo. Sencillamente, no consiguen entender que los gobiernos sirio, egipcio y saudí han lanzado sus propios ataques contra el Islam radical. Las marcadas fisuras entre el régimen iraní y los talibanes, entre el gobierno jordano y los palestinos, entre chiíes y sunníes en Iraq, e incluso entre los kurdos desaparecen todas en la licuadora totalitaria, al igual que los anticomunistas no conseguían distinguir entre el comunista de línea dura Leonid Brezhnev y el comunista reformador Mijail Gorbachev.</p>
<p>En las raíces del terrorismo, según Berman, están los “inmensos fracasos de coraje político e imaginación dentro del mundo musulmán”, en vez de las violentas fantasías de un grupo de posiciones extremas religiosas o las operaciones militares tipo Cruzada de Occidente. Es decir, algo ya defectuoso en el núcleo mismo del Islam es en sí responsable de la violencia perpetrada en su nombre, una línea argumental notablemente similar a la que hicieron los Guerreros del Frío sobre el comunismo.</p>
<p>Todo esto, desde luego, representa una imagen en espejo de los argumentos de al-Qaida acerca de la perversidad intrínseca del Occidente infiel. Al igual que durante la Guerra Fría, las líneas duras se refuerzan mutuamente.</p>
<p>La persistencia de los mitos cruzados y su transposición al marco de la Guerra Fría ayudan a explicar por qué Occidente es capaz de cargar con tantas ideas equivocadas sobre el Islam. Sin embargo, no explican el reciente repunte de islamofobia en EEUU después de varios años de relativa tolerancia. Para poder entenderlo, debemos volver a la tercera guerra inacabada: la Guerra Global contra el Terror o GWOT [siglas en inglés] lanzada por George W. Bush.</p>
<p><strong>Avivando las llamas</strong></p>
<p>El Presidente Obama puso buen cuidado en potenciar su imagen cristiana durante su campaña. Se le vio repetidamente rezando en iglesias y evitando aplicadamente las mezquitas. Hizo cuanto estuvo en su mano para borrar las huellas de identidad musulmana de su pasado.</p>
<p>Por supuesto, sus opositores hicieron todo lo contrario. Subrayaron que su <a href="http://thecaucus.blogs.nytimes.com/2008/02/26/mccain-repudiates-hussein-obama-remarks/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">segundo nombre</span></a>, Hussein, <a href="http://www.salon.com/news/feature/2008/12/05/birth_certificate/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">desafiaba</span></a> su inscripción de nacimiento y aseguraban que estaba demasiado próximo a la causa palestina. También intentaron volver a las circunscripciones liberales –especialmente a los judíos estadounidenses- en contra del presunto presidente. Al igual que Federico II en una generación anterior de fundamentalistas cristianos, desde que entró en la Oficina Oval, se ha convertido en el Anticristo de los islamófobos.</p>
<p>Una vez en el poder, rompió con las políticas de la administración Bush hacia el mundo islámico en unos cuantos aspectos. En efecto, siguió adelante con su plan para retirar las tropas de combate de Iraq (con algunas excepciones importantes). Ha intentado presionar al gobierno del Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu para que pare la expansión de asentamientos en los territorios ocupados palestinos y negociar de buena fe (aunque lo ha hecho sin ejercer el <a href="http://www.tomdispatch.com/archive/175222/tony_karon_truth_and_consequences" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">tipo de presiones</span></a> que podrían haber dado resultado, como reducir o incluso cesar de exportar armas estadounidenses a Israel). En un muy publicitado <a href="http://www.nytimes.com/2009/06/04/us/politics/04obama.text.html?_r=1&amp;pagewanted=2" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">discurso</span></a> pronunciado en El Cairo en junio de 2009, se acercó retóricamente también al mundo islámico en un momento en el que estaba también eliminando la expresión “Guerra Global contra el Terror” del vocabulario del gobierno.</p>
<p>Sin embargo, para los musulmanes de todo mundo, la Guerra Global contra el Terror prosigue su curso. EEUU ha orquestado un <a href="http://www.tomdispatch.com/post/175176/tomgram:__state_of_surge,_afghanistan/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">incremento en Afganistán</span></a>. La guerra de aviones no tripulados de la CIA en las fronteras pakistaníes sigue <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/09/28/AR2010092806841.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">intensificándose</span></a> velozmente. Las Fuerzas Especiales de EEUU <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/06/03/AR2010060304965.html" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">actúan</span></a> en estos momentos en 75 países, al menos quince más que durante los años de Bush. Mientras tanto, Guantánamo continúa abierto, EEUU sigue practicando las entregas extraordinarias y el asesinato sigue siendo un componente activo de la caja de herramientas de Washington.</p>
<p>Los civiles asesinados en esas operaciones de contingencia en el extranjero son en su mayoría musulmanes. Los seres a los que atraparon e interrogaron son fundamentalmente musulmanes. Los edificios destruidos son en gran parte de propiedad musulmana. Como consecuencia, la retórica de los “cruzados e imperialistas” utilizada por al-Qaida cae en oídos receptivos. A pesar de su discurso en El Cairo, los índices de popularidad de EEUU en el mundo musulmán, ya bastante sombríos, se han <a href="http://www.haaretz.com/news/diplomacy-defense/poll-obama-s-ranking-in-muslim-world-slides-over-mideast-1.297055" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">hundido aún más</span></a> desde que Obama llegó al poder: en Egipto, han pasado del 41% en 2009 al 31% en la actualidad; en Turquía, del 33% al 23%; y en Pakistán, del 13% al 8%.</p>
<p>Las guerras, ocupaciones, asaltos y repetidos ataques aéreos de Estados Unidos han producido gran parte de ese descontento y, como el científico político Robert Pape ha <a href="http://articles.latimes.com/2010/oct/22/opinion/la-oe-pape-fgn-occupation-20101022" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">defendido</span></a> constantemente, también la mayoría de suicidios bomba y otros ataques contra las tropas y objetivos occidentales. Eso se llama venganza, no religión; como lo fue para los estadounidenses después del 11/S. Como el comentarista M. Junaid Levesque-Alam <a href="http://www.fpif.org/blog/robert_wright_and_the_koran_grappling_with_the_wrong_religion" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">señaló</span></a> astutamente: “Cuando tres aviones se precipitan contra iconos nacionales, ¿acaso se llenaron de rabia y odio los corazones estadounidenses sólo después de consultar los versículos bíblicos?”.</p>
<p>Y sin embargo, esas sombrías cifras de las encuestas no significan actualmente un rechazo a los valores de occidente (a pesar de las seguridades ofrecidas por los islamófobos de que reflejan exactamente eso). “Se han hecho numerosas encuestas”, <a href="http://www.worldpublicopinion.org/pipa/articles/brmiddleeastnafricara/663.php?nid=&amp;id=&amp;pnt=663&amp;lb=" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">escribe</span></a> el encuestador Stephen Kull, “por parte del <em>World Values Survey </em>y el<em> Arab Barometer, que </em>muestran un fuerte apoyo del mundo musulmán a la democracia, a los derechos humanos y a un orden internacional basado en el derecho internacional y en unas Naciones Unidas fuertes”.</p>
<p>Es decir, nueve años después del 11/S, ha surgido un segundo repunte en la islamofobia <em>y </em>en los ataques de terroristas crecidos en casa, como el del supuesto terrorista de Times Square, a partir de dos presiones entrecruzadas: por un lado, las críticas estadounidenses a la política exterior de Obama creen que ha abandonado la lucha de civilizaciones más importante de nuestra época, mientras que por otro, desde el mundo musulmán muchos consideran la política exterior de la era Obama como una continuación, incluso como una escalada, de las políticas de guerra y ocupación de la era Bush.</p>
<p>Ahí radica la ironía: al lado del indiscutible aumento del fundamentalismo de las últimas dos décadas, aunque sólo unos pocos se decantaron por la violencia, el mundo islámico ha experimentado un cambio que se carga el chiclé de que el Islam ha impedido el desarrollo económico y político. “Desde los primeros años de la década de 1990, 23 países han desarrollado un buen número de instituciones democráticas, con elecciones limpias, con partidos políticos competitivos y vigorosos, mayores libertades civiles o mejores protecciones legales para los periodistas”, <a href="http://books.google.com/books?id=lpBb2FiFIjUC&amp;pg=PA37&amp;lpg=PA37&amp;dq=%22Since+the+early+1990s,+23+Muslim+countries+%22&amp;source=bl&amp;ots=ir_TfALd0F&amp;sig=8aEvy3Hqzycz6s5iPNawoLS6hSA&amp;hl=en&amp;ei=hRXMTNLIEYWclgfdq-DjCA&amp;sa=X&amp;oi=book_result&amp;ct=result&amp;resnum=2&amp;ved=0CBsQ6A" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">escribe</span></a> Philip Howard en <a href="http://www.amazon.com/dp/0199736421/ref=nosim/?tag=tomdispatch-20" target="_blank"><em><span style="text-decoration: underline;">The Digital Origins of Dictatorship and Democracy</span></em></a>. Turquía ha <a href="http://www.tomdispatch.com/blog/175260/tomgram:_john_feffer,_pax_ottomanica/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">emergido</span></a> como vibrante democracia y actor importante de la política exterior. Indonesia, el país que cuenta con mayor población musulmana del mundo, es ahora la mayor economía del Sureste Asiático, ocupando el puesto número dieciocho en la lista de economías más fuertes del mundo.</p>
<p>¿Están los islamófobos omitiendo esta historia de concordia del Islam dominante con la democracia y el crecimiento económico? ¿O son precisamente estos elementos (y no el islamofascismo protagonizado por al-Qaida) los que realmente les molestan?</p>
<p>Las últimas preocupaciones de los islamófobos dicen mucho a este respecto. Después de todo, Pamela Geller, actuó de forma típica al perseguir no a una mezquita radical sino a un centro islámico a dos manzanas de la Zona Cero propuesto por un partidario del diálogo interreligioso. Como <a href="http://www.tomdispatch.com/archive/175283/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">escribe</span></a> el periodista Stephen Salisbury: “La controversia sobre la mezquita no va realmente sobre una mezquita en absoluto; es sobre la presencia de musulmanes en Estados Unidos, y de la ansiedad y temor en libre flotación que ahora dominan la psique de la nación”. En su última ocurrencia, Geller está proponiendo un <a href="http://www.thestar.com/news/article/877942--toronto-made-campbell-s-soups-has-u-s-conservatives-simmering" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">boicot</span></a> a la sopa Campbell porque lleva certificación <em>halal </em>–la versión islámica de la certificación <em>kosher</em> de un rabino- de la Sociedad Islámica de Norteamérica, un grupo que, a propósito, se ha esforzado en denunciar el extremismo religioso.</p>
<p>Mientras tanto, Paul Berman ha dedicado su último libro, <em>The Flight of Intellectuals </em>[El vuelo de los intelectuales], ha deconstruir los argumentos no de Osama bin Laden o alguno de su calaña sino de Tariq Ramadan, el más importante teólogo de la corriente islámica dominante. Ramadan es un hombre firmemente comprometido en superar las viejas distinciones entre “nosotros” y “ellos”. Crítico de Occidente por el colonialismo, el racismo y otras enfermedades, también se enfrenta a las injusticias del mundo islámico. Esta muy lejos de ser un fundamentalista.</p>
<p>Y, a propósito, ¿qué país ha conseguido, más que cualquier otro, que haya más islamófobos europeos? ¿Pakistán? ¿Arabia Saudí? ¿el Afganistán talibán? No, la respuesta es: Turquía. “Los turcos están conquistando Alemania de la misma forma que los kosovares conquistaron Kosovo: utilizando las altas tasas de nacimiento”, <a href="http://www.esiweb.org/index.php?lang=en&amp;id=67&amp;newsletter_ID=48" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">argumenta</span></a> el islamófobo alemán de turno Thilo Sarrazin, miembro del Partido Social-Demócrata de Alemania. La extrema derecha ha llegado incluso a unirse alrededor de un referéndum de alcance europeo para mantener a Turquía fuera de la Unión Europea.</p>
<p>A pesar de sus muchos defectos, al menos George W. Bush sabía lo suficiente para distinguir islam de islamismo. Al ir contra un centro islámico completamente normal, contra un erudito islámico perfectamente normal y un país islámico totalmente normal –todos ellos asentados en la corriente principal de esa religión-, los islamófobos han declarado actualmente la guerra a la normalidad, no al extremismo.</p>
<p>Las victorias del Movimiento del Tea Party y el incrementado poder de los militantes republicanos en el Congreso, por no mencionar el renacimiento de la extrema derecha en Europa, sugieren que vamos a tener que vivir durante algún tiempo con toda esta islamofobia y las tres inacabables guerras de Occidente contra el Resto. Las Cruzadas duraron cientos de años. Esperemos que la Cruzada 2.0 y la oscurantista etapa en la que estamos insertos tengan una duración mucho más corta.</p>
<p><em><strong>John Feffer es co-director de </strong><a href="http://www.fpif.org/" target="_blank"><strong><span style="text-decoration: underline;">Foreign Policy in Focus</span></strong></a><strong> en el Institute for Policy Studies, escribe su columna regularmente en World Beat y en 2011 publicará un libro sobre islamofobia en City Lights Press. Pueden leerse sus ensayos más recientes en </strong><a href="http://www.johnfeffer.com/" target="_blank"><strong><span style="text-decoration: underline;">su página</span></strong></a><strong> en Internet. Desea agradecer a Samer Arrabi, Rebecca Azhdam y Peter Certo toda la ayuda prestada en la investigación.</strong></em></p>
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