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	<title>Amauta &#187; Opresión</title>
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	<description>La Revista Independiente de Costa Rica</description>
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		<title>Argentina: Por nuestra libertad y la de todos y todas</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 20:55:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Asesinato]]></category>
		<category><![CDATA[derechos homosexuales]]></category>
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		<description><![CDATA[
		
		XX Marcha del Orgullo LGTB: Sábado 5/11 De Plaza de Mayo a Congreso / 18hr.
Como cada año nuevamente seremos miles quienes nos movilizaremos en la XXº Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Travesti, Transexual, Bisexual, donde los reclamos centrales son la aprobación de la Ley de Identidad de Género y el reconocimiento de nuestros hijos e [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p><strong><em>XX Marcha del Orgullo LGTB: Sábado 5/11 De Plaza de Mayo a Congreso / 18hr.</em></strong></p>
<p>Como cada año nuevamente seremos miles quienes nos movilizaremos en la XXº Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Travesti, Transexual, Bisexual, donde los reclamos centrales son la aprobación de la Ley de Identidad de Género y el reconocimiento de nuestros hijos e hijas.</p>
<p>Con nuestra lucha conquistamos la igualdad frente al derecho civil del matrimonio, cuando el kirchnerismo, luego de no dar quórum en dos oportunidades para el tratamiento de la ley, dio “libertad de conciencia” a su bloque, haciendo que el proyecto fuera aprobado tras largas horas de debate, por una exigua diferencia de tres votos.<span id="more-30498"></span><br />
<img class="aligncenter size-full wp-image-30499" title="lgbt buenos aires" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/11/lgbt-buenos-aires.jpg" alt="" width="500" height="333" /></p>
<p>Sin embargo, aunque logramos derrotar a la reaccionaria Iglesia Católica y los sectores fundamentalistas y derechistas homofóbicos, aunque logramos una importante conquista simbólica y cultural con este paso, la realidad que vivimos la mayoría de las personas LGTB dista mucho de la fiesta: las travestis la Moma, de La Plata y Cecilia, de Santiago del Estero, fueron asesinadas recientemente, como centenares de compañeras trans que encuentran en la prostitución la única forma de subsistencia y mueren asesinadas en la calle, muchas veces por la policía y otras fuerzas represivas del Estado, como Julieta Torres. Tampoco la vida es una fiesta para miles de adolescentes y jóvenes que deben construir su identidad LGTB bajo la mirada acusatoria de las instituciones de la familia y la educación, que promueven la agresión y la discriminación, llegando al asesinato –como el de la joven lesbiana Pepa Gaitán de Córdoba- o al suicidio –como el del adolescente Carlos Agüero de La Rioja.</p>
<p>Si no hay “derechos civiles” que impidan esta violencia heterosexista, es porque la misma se sostiene en un sistema basado en la violencia institucionalizada y monopolizada por el Estado, al servicio de mantener el orden existente: los despidos en los supermercados COTO y en Vital de jóvenes trabajadores homosexuales son la muestra más elocuente de que la “diversidad” no es celebrada allí donde reinan la explotación, la precarización laboral, la prepotencia patronal y la complicidad de la burocracia sindical con los empresarios.</p>
<p>Muchas compañeras y compañeros LGTB depositaron expectativas en que el gobierno, que el año próximo contará con <em>quórum</em> propio en el Congreso, aprobará sin dilaciones la Ley de Identidad de Género. La misma expectativa tuvieron muchas compañeras en la aprobación del proyecto de legalización del aborto impulsado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y, sin embargo, el pasado 1º de noviembre vimos cómo actuó el kirchnerismo: salvo la diputada Diana Conti, todos los diputados K acataron la orden presidencial de no aparecer por la Comisión de Legislación Penal que trataba el asunto. Afuera, mientras tanto, las compañeras feministas y la izquierda eran las únicas que se movilizaban enfrentando a las huestes fundamentalistas y los fachos de Biondini, Cecilia Pando y carapintadas. Ni una sola agrupación kirchnerista asomó por el barrio de Congreso&#8230; ni La Cámpora, ni el Movimiento Evita, ni Putos Peronistas, ni Diversia&#8230;Difícilmente el derecho al aborto pueda salir del Congreso, donde la mayoría de los diputados del FPV están en contra o acatan la orden de Cristina, que es una ferviente opositora, si no es por la lucha y la movilización de miles de mujeres que desde hace varias décadas reclaman el derecho al aborto.</p>
<p>Por eso, el único camino para conquistar también la ley de identidad de género y todos nuestros derechos, es el de la lucha, la organización y la movilización de un poderoso movimiento LGTB independiente del Estado y sus instituciones. Por esta perspectiva, la Juventud del PTS te invita a marchar con estas banderas el próximo sábado 5 de noviembre.</p>
<p><strong> &#8211; ¡Ley de Identidad de Género Ya! ¡Basta de violencia heterosexista!</strong></p>
<p><strong></strong><strong></strong><strong>- ¡Fuera la Iglesia de nuestras escuelas, de nuestras vidas y de nuestras camas! Basta de subsidios a la Iglesia. Por la separación de la Iglesia del Estado.</strong></p>
<p><strong></strong><strong></strong><strong>- Por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito. </strong><br />
<strong> Una verdadera Igualdad</strong></p>
<p>Bajo el régimen capitalista, las personas que no “encuadramos” en la norma heterosexista somos condenadas a la marginación, la discriminación y la violencia. Las instituciones de la familia, la escuela, la Iglesia y los propios medios de comunicación se encargan de transmitir estos valores heterosexistas que, en los grados más extremos, se transforman en violencia asesina.</p>
<p>Sin embargo, mientras ésta es una realidad para millones de personas lesbianas, gays, transexuales y travestis, el capitalismo ofrece otra alternativa para pocos y pocas que pueden ingresar en el circuito del consumo. Nuestra sexualidad se ha convertido en un millonario negocio para empresas de turismo, cadenas hoteleras y boliches&#8230; un nuevo “mercado rosa” que tolera la diversidad de la cual nutre sus bolsillos.</p>
<p>No son dos aspectos contrapuestos, sino la esencia del capitalismo: miles de personas marginadas, que probablemente acaben sus vidas por enfermedades contagiosas, por prácticas quirúrgicas clandestinas, golpeadas y asesinadas brutalmente no tienen otra alternativa que la de convertirse en esclavos de esta monumental industria del sexo, las redes de trata y prostitución, el “turismo sexual”, etc.</p>
<p>La lucha por una nueva manera de vivir nuestra sexualidad, liberada de todas las cadenas de la explotación y la opresión, empieza por destruir esas cadenas para construir una sociedad que no esté regida por el orden reaccionario ni la anarquía del mercado, donde verdaderamente alcancemos la emancipación de la humanidad.</p>
<p>Esa lucha no es por nuestro deseo y nuestra libertad individual, es una lucha colectiva contra este sistema capitalista, patriarcal y heterosexista. La juventud del PTS se pone de pie junto a todas y todos los explotados, para lanzar este grito de guerra contra el sistema capitalista que nos oprime. Te invitamos a militar con nosotras y nosotros, por esta perspectiva.</p>
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		<title>Michael Albert &#8211; La Economía Participativa / PARECON</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 13:11:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[diversidad]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[lucha de clases]]></category>
		<category><![CDATA[Michael Albert]]></category>
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		<category><![CDATA[Parecon]]></category>
		<category><![CDATA[solidaridad]]></category>

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		<title>A Brief Analysis from a Wall Street Occupier</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Oct 2011 20:37:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Principal]]></category>
		<category><![CDATA[Alternativas]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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		<description><![CDATA[
		
		Writing for Ourselves
The occupation of Wall Street is now in its third week. Thousands of people have worked and fought for it, have given it their time, their bodies, their ideas, their blood. People have used their bodies as shields, sent letters of solidarity, marched, slept out, donated, tweeted, and more. There are thousands more [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/10/Matt-Huynh-Occupy-Wall-St-Every-Placard-web-Black.jpg" width="240" />
		</p><p><strong>Writing for Ourselves</strong></p>
<p>The occupation of Wall Street is now in its third week. Thousands of people have worked and fought for it, have given it their time, their bodies, their ideas, their blood. People have used their bodies as shields, sent letters of solidarity, marched, slept out, donated, tweeted, and more. There are thousands more still who have not been with us, whether because of geographical reasons or because they are busy struggling elsewhere.</p>
<p>I have been involved, in some way, with the occupation on Wall Street since the first planning meeting a number of months ago, and I have been out there almost every day since the occupation actually began, though mostly keeping quiet and working on the sidelines – often critically. I have participated in assemblies and working groups, done outreach to community organizations, pushed demands, been to dozens of meetings, gone hoarse from chanting about the banks, been bruised by metal police batons while marching for Troy Davis, and had about a million incredible conversations – at the occupation at Liberty Plaza itself, in other political contexts around New York, and even in jail with the 87 friends I made during the mass arrests of September 24th. I am not an authority, and others have struggled and sacrificed much more than I, but I have learned a lot; enough, I think, to begin sharing some of it.<span id="more-29986"></span></p>
<p>The struggle is still very much underway; those of us who can, who have that privilege, should be out in the streets, so now might not be the time for the most thorough analysis. It is, however, important for occupiers to be writing in our own words – to reach out to the many around the world who want to be a part of this in some way, to offer our own analyses (infinitely more powerful than those provided by pundits from far away), and to counter the media black-out we are experiencing. Though the press is now somewhat intrigued by us, and alarmed by police brutality, it still has very little to say about the actual content and processes of this occupation: the spontaneous working groups that emerge to deal with any issue that comes up, the remarkable de-centralization, the actions we have carried out in solidarity with labor struggles around the city, the public education taking place at the occupation, or the incredible display of direct democracy practiced in the camp.</p>
<p>Maybe it’s because they don’t care, or maybe it’s because we are a threat to their sponsors (and we are). But, honestly, maybe it is because we speak a new language, one we have to translate it for them.</p>
<p><strong>What We Have Already Won</strong></p>
<p>I have to admit, I was skeptical. I saw too many young white college kids and not enough grassroots organizers from New York, not enough of those communities hardest hit by neoliberalism and austerity. I was pushed away by some of the cultural norms being adopted and found myself at odds with the lack of demands, not to mention the sometimes over-emphasis on process. Having helped organize Bloombergville (a two-week occupation against the budget cuts in NYC) only a few months earlier, I found it hard to believe this would be significantly larger or be able to mobilize the kind of mass support it needed in order to make an impact. I didn’t see how this would aid in the overarching aim of building a movement, beyond a single uprising. But I was wrong about some of those assumptions, and – though we are still far from being a huge, unified movement with clear goals, led by the most oppressed layers of society, with the capacity for long-term struggle – things have steadily improved.</p>
<p>First of all, the occupation has lasted more than two weeks and it’s growing every day. Many tens of thousands of people have participated in this occupation in some way or another – from the thousands who have slept out or marched or stopped by, to the thousands of pizzas ordered for us, the thousands of dollars sent our way, and the thousands watching the livestream and emailing and calling and tweeting. Add this to occupations being planned in something like 70 cities in the US alone, not to mention those happening in other countries (both those in solidarity with us, and those that were our inspiration). Labor, student, and community groups from around the city are joining, and they bring with them serious organizers and community members from the most oppressed and marginalized communities in New York. They also bring their own concrete demands, which are easy to support because they are obvious, as they have always been.</p>
<p>Next, we have taken steps to define ourselves, to write documents to that effect, and to move toward a collective consciousness that is bold and uncompromising. Those documents that define us take forever to write, because we all participate in their writing (yes, it’s a bit of a drag, but revolutions aren’t so easy when we are fighting for the type of liberation that demands self-management). Now, to be clear, I have always been a strong proponent of clear demands – because they help define our struggle, point the way to actions we want to take, give us tools for measurement, communicate with people outside of the occupation, and represent those busy struggling elsewhere. However, I do want to point out that we have been able to continue to grow and bring new communities in despite a lack of demands, and that those people and groups will bring their own. I also think our demands really aren’t as mysterious as some people are letting on; I think our critics are playing dumb. Let’s cut the crap. We wouldn’t be on Wall Street if we didn’t already have an implicitly unifying message: We hold the banks, the millionaires, and the political elite they control, responsible for the exploitation and oppression we face – from capitalism, racism and authoritarianism to imperialism, patriarchy, and environmental degradation. We have a diversity of grievances, complaints, demands, principles, and visions, but it is clear that we have planted ourselves in the financial capital of the world because we see it as one of the most deeply entrenched roots of the various systems of oppression we face every day.  Come on. The clue is in the title: Occupy <em>Wall Street</em>.</p>
<p>Every day, the occupiers see themselves more and more connected to a movement – a movement around the country and the world, but also a movement through time, stretching from the giants who came before us to the future giants we will be. Every day more people from different communities join, and in their attempt to represent themselves, they bring their people, their demands, their languages, their struggles. Every day more grassroots organizations – struggling around housing or healthcare, for adjunct professors or postal workers – join the fight, bringing with them the clear message that this movement must be grounded in the hard organizing work that took place before this occupation and will continue after it. This deepening of consciousness and realization of the connection between the different struggles we wage will be among the most important things to come out of this.</p>
<p>We have already taken back some space – space for new forms of democratic participation, for the type of initiative and creativity discouraged by the status quo, for autonomy within solidarity, for experiments of self-management and equity and solidarity, for a type of rebellion that rejects permits, pens and sidewalks, one that demands streets and bridges instead – someday also buildings and governments. It will be hard, I hope, for us to go back to the pens in the future, having tasted what it’s like to stand among thousands in the pouring rain on the Brooklyn Bridge, and that’s quite a liberating step forward.</p>
<p>These are enormous victories not only in the consciousness of a new generation of fighters, but also in the creation of a new narrative – one that refuses to accept the myth that Americans don’t struggle, that we can be bought off with TVs and iphones, that things really aren’t so bad and we’re willing to let injustice happen because we get a bigger piece of the bounty our military and capitalists extract from others. No, we are rewriting the story, telling it ourselves, tweeting and tagging it, filming and singing it, writing it with our arrests and the bruises we get from the terrified and bewildered police who will eventually have to either join us or get the hell out of the way. And the story will be an important force not only in this struggle, but in the many to come. We will tell the story while we are at work and school, on the picket lines, in marches, at our next occupations and sit-ins, in jail when the bosses get frightened enough to tell their henchmen to arrest us in the hundreds as they did on October 1st, and the story will help us remember and imagine our boundless potential while we fight on.</p>
<p><strong>Battles to Come</strong></p>
<p>Occupations are an incredibly important mode of resistance, an expression of a dual power strategy. On one hand, they give us the space and time with which to create an alternative, to practice, to learn, to create new relations, to become better revolutionaries, and to experience community. At the same time, they serve as a base camp from which to wage a struggle against the institutions that oppress us, to knock down the oppressors, to protect that alternative, to liberate more space. Both are important. And yes, we face challenges in each realm.</p>
<p>Internally, we have to make sure we are modifying our structures to meet the needs of the people participating in them as we change and grow. We have to make sure that the de-centralization we are fostering actually empowers those who aren’t already conditioned by this society to speak a lot and lead and give directions. We have to find and create a new and diverse ways for people to participate, especially those too busy or too threatened by the daily brutalities they already face to be able to join us in occupations or marches. We have to continue to work to formulate a message together – not only because it will attract and represent others or clarify our multitude of voices for the outside world, but also because the process will be educational for us and it will ground us in the real struggles we have inherited from being part of a movement together. Above all, perhaps, we must continue to educate ourselves and each other – about everything from the systems of oppression we face, to the history of various peoples and struggles, to strategies for winning and practical skills to carry them out.</p>
<p>And perhaps even more important than learning about the ways we are kept down, is learning and exploring the world we might want instead, one without capitalism, racism, patriarchy, and authoritarianism – an economic, political, and social model that is solidaristic, equitable, self-managing, ecologically sustainable, liberating, intimate, warm, and creative. We have to spend some of this precious time developing the values of the society we are fighting for, so that we can imagine the institutions we will need to build in order to live them out. We have to do this because that’s what it will take to defeat the age-old mantra that there is no alternative; we have to do it because imagining that alternative will give us hope and strength to struggle, because it will define the different ways we can fight and the different institutions we need to build for ourselves now, because it will give us the foundation on which to build a movement beyond one or even a hundred occupations. We must do it because dreaming is part of what gives us the strength to actually create those institutions we want to live in, as we fight to knock the rotten ones down.</p>
<p>Externally, then, it is simple. We have to draw clear lines from the oppression heaped on this society to the agents responsible for it. If Chase bank is foreclosing on homes, we need to foreclose on Chase Bank. If the city government is cutting schools and homeless shelters, we need to shut it down. They want quiet streets, un-interrupted work-days, pristine bank branches, functional government institutions, productive workplaces, docile schools, and lines of unflinching shoppers. They want business as usual, and that’s what we have to take from them. Liberty Plaza is not the struggle; it is the home for the creation of the alternative, and the staging ground for the fight that takes us out into the streets, to make business as usual truly untenable.</p>
<p>We win when we build diverse movements led by the most oppressed people in society, capable of proposing an alternative, laying the seeds for it, and taking the power necessary to transform it from the alternative to the norm. We win when we raise social costs to the point that those hopeless few elites find themselves left with no carrots to wave before us and no sticks big enough to do us any harm. We win when we show no signs of weakening, when we refuse to go home. We win when the movement grows and grows and grows with no sign of letting up. We win when losing is not an option, when winning is the only way to really be human.</p>
<div id="attachment_29999" class="wp-caption aligncenter" style="width: 575px"><img class="size-large wp-image-29999" title="Matt-Huynh-Occupy-Wall-St-Every-Placard-web-Black" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/10/Matt-Huynh-Occupy-Wall-St-Every-Placard-web-Black-565x400.jpg" alt="" width="565" height="400" /><p class="wp-caption-text">(Art: Matt Huynh)</p></div>
<p><strong><em>Part II: More Reflections from a Wall Street Occupier</em></strong></p>
<p><strong>The Movement Is Growing</strong></p>
<p>This time it was even harder to break away to write.</p>
<p>Liberty Plaza is teeming with people gathering for assemblies, talking politics, or meeting in work teams. 300 occupiers are listening intently to a lecture on participatory economics, while others are posing for pictures with the enormous golden made and donated by local interfaith leaders. There are people passing by on their way to work, travelers getting off tour buses to take pictures, students from local high schools being toured around. There are people from the Bronx and Bed-Stuy, Minneapolis and Madrid. There are drag queens networking with transit workers, Rabbis leading a thousand people through a Yom Kippur ceremony, and members of the People of Color Caucus planning to “Occupy the Hood.” People are doing yoga, teaching composting techniques, cleaning the square, and livestreaming the occupation to its million viewers worldwide. Some even manage to steal a few hours of sleep amidst all the commotion.</p>
<p>Last night, while on the phone with a journalist (who wouldn’t have returned our phone calls two weeks ago but is now begging us to say something, anything), I stumbled upon an impromptu demonstration at the famed Charging Bull. This was only blocks away from a pop-up Occupy Wall Street art exhibition, which happened to be across the street from a towering financial building newly donned with a banner reading – “Banks got bailed out, we got sold out.” Downtown Manhattan is an occupied zone, a bustling revolutionary city-center. People are taking the struggle on the road, expanding it, pushing it forward. We are making the movement part of our lives, and our lives part of the movement.</p>
<p>Over 100 cities in the US have active occupations right now, with more than 1,300 cities hosting formal meetings to plan for them. At the rate of change in this movement today, by the time this piece gets edited and published in a day, the numbers will be higher. Hundreds of cities around the country and the world will be carrying out actions in unison on October 15th. Unions and community organizations have joined the fight, and national organizations are trying to decide how to best join the movement without thwarting or co-opting it (which frankly, they couldn’t do, even if they tried). The pundits are conjecturing their heads off, while politicians of all stripes scuttle about, trying to figure out just how to try to use us. And yes, they are talking about us in Congress and in the White house, even sending their messengers to the occupation itself.</p>
<p>They would be fools not to. We are winning.</p>
<p><strong>We Are Winning</strong></p>
<p>Every once in a while, in the course of some enormous struggle, those driven, tired, frazzled fighters have a moment or two to stop and think, to pick our heads up and look ahead. I had a moment like that a few days ago, and that’s when it hit me – like a blow to the head: We are winning. We are winning.</p>
<p>Sure, we haven’t captured government institutions, haven’t smashed the banks and the classes that control them, haven’t even won concrete reforms or come up with solid institutions to protect our gains. We aren’t even close to finishing the fight or creating the world we wish to live in. But – alongside revolutionaries around the world – we have helped to unlock the hidden and slumbering potential of millions of people, ready to believe again that there is an alternative. We have reignited hope in the possibility of a free society, punctured a small hole in the hegemony of cynicism, liberated some space in our hearts and our minds to gather the strength to fight and to dream. What was inconceivable just a month ago is now so very real.</p>
<p>And then the second part of the thought hit me: If we are winning, then what do we want?</p>
<p><strong>What Do We Want?</strong></p>
<p>The media and politicians call us muddle-headed, and confused. They claim we have no demands or purpose. Well, let’s set the record straight. It’s not that we don’t have demands; it’s that we speak them in a different language. We speak them with our struggle. Our movement is made up of people fighting for jobs, for schools, for debt relief, equitable housing, and healthcare. We are resisting ecological destruction, imperialism, racism, patriarchy, and capitalism. We are doing it all in a way that is participatory, democratic, fierce, and unwavering. There is nothing very vague about that.</p>
<p>But we do not stop there. That, perhaps, is what sets us apart from those who wish to use our tremendous and growing power for small gains or modest reforms. We want more. We want it all. We want a political and economic system that we all actually control together, one that is equitable and humane, one that allows for people to self-manage but act in solidarity, one that is participatory and democratic to its core. We want a world where people have the right to their own identities, communities, and cultures, and the freedom from oppression and constraint. We want a world with institutions that take care of our youth, our elderly, and our families in ways that are nurturing, liberating, and consensual. We want a world in which community is not a hamper on individual freedom, but rather an expression of its fullest potential.</p>
<p>If that’s not a clear enough statement of demands for you, <em>CNN</em>, I don’t know what to tell you. And you know what? We’re only getting warmed up.</p>
<p>As we keep fighting, we will continue to ask ourselves difficult questions. What world do we envision? What values do we want to live by? What institutions do we need in order to live those values? What structures will we build to protect what we’ve won and create a platform for continued struggle? What will we win for ourselves, and what will we win for generations to come? How will we fight these enormous battles in a way that is both effective and reflective of the new world we are ushering in?</p>
<p><strong>October 15th and Beyond</strong></p>
<p>Make no mistake about it, we are not aimless; we simply speak a different language – a language of mutual respect, participation, self-management, and action. We make our demands in this language that screams that we are here for the long-run, that our goal is not merely reform, that our vision is deep and radical, that we will not be bought off or co-opted, and that we are prepared to struggle in order to win not only those gains we can pronounce now but also those we can’t even fully articulate yet. We claim our space through actions that shout that we are here to stay, that this movement isn’t going home, that we are winning already, and that there is no turning back. We build this movement through the firm and fearless declaration that another world is possible, and that anything less is unacceptable.</p>
<p>You will see our demands plastered on subway walls, scrawled on hanging banners, tweeted across oceans, marched on the shoulders of hundreds of thousands, shouted in unison from millions of streets, windows, and computers screens. You will see them all over the world, from post-industrial cities to the country-sides, from capitals to shanty-towns. You will see them expressed in the streets of New York City on October 15th, when we bring the battle straight to the banks – those shiny little storefronts of finance capital. You will see our demands when we descend on the fluorescent decadence of Times Square and re-decorate it with our humanity.</p>
<p>Yes, we speak a different language, a fearless and visionary one. We are shouting, with every ounce of passion and strength we can muster: Of course there is an alternative. It is us.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Yotam Marom is an organizer, educator, musician, and writer. He is a member of the <a href="http://www.afreesociety.org/" target="_blank">Organization for a Free Society</a>, and can be reached at Yotam.marom@gmail.com.</em></p>
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		<title>Honduras: La militarización del Bajo Aguán sólo trae muerte y destrucción</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Oct 2011 16:34:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Bajo Aguán]]></category>
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		El 24 de junio pasado unas 150 familias campesinas de los caseríos colindantes con la comunidad de Rigores, en la margen izquierda del río Aguán, fueron brutalmente desalojadas y sus casas quemadas y destruidas. Pese a la campaña de terror impulsada por militares y policías, la gente volvió a recuperar sus tierras y defiende su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/bajo-aguan.jpg" width="240" />
		</p><p>El 24 de junio pasado unas 150 familias campesinas de los caseríos colindantes con la comunidad de Rigores, en la margen izquierda del río Aguán, fueron brutalmente desalojadas y sus casas quemadas y destruidas. Pese a la campaña de terror impulsada por militares y policías, la gente volvió a recuperar sus tierras y defiende su derecho a vivir en paz.</p>
<p>Casas quemadas, paredes de ladrillos y techos derribados, cultivos y proyectos alimentarios destruidos, gente detenida y golpeada. De las seis aulas de la escuela, solamente una resistió al impacto de la retroexcavadora. Hasta la iglesia fue arrasada.<span id="more-29898"></span></p>
<div id="attachment_27781" class="wp-caption aligncenter" style="width: 585px"><img class="size-large wp-image-27781" title="bajo aguan" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/bajo-aguan-575x230.jpg" alt="" width="575" height="230" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Allan Mcdonald)</p></div>
<p>La gente aglutinada en el Movimiento Campesino de Rigores (MCR) calcula en 120 las casas abatidas por la violencia irracional de militares y policías que, según Porfirio Lobo, estarían en el Bajo Aguán para garantizar la seguridad y la paz de la población.</p>
<p>Después de haber recuperado hace 11 años estas tierras que estaban ociosas, el MCR ha sufrido cinco desalojos. El último ha dejado secuelas profundas en la población, sobre todo en los niños y niñas.</p>
<p>“Fue algo terrible. Entraron con violencia y comenzaron a destruir todo, sin ningún respeto. Nos insultaban, nos sacaban de nuestras casas. Comenzaron a quemarlas y a derribar las paredes. Fue un infierno y muchas personas ni siquiera pudieron sacar sus pertenencias. Los niños sufrieron un fuerte trauma y aún no se han recuperado”, dijo Hilda, directiva del MCR.</p>
<p>La maestra del kínder (preescolar) Sofía López, confirmó a Sirel estas graves secuelas psicológicas. “Cuando miran los militares o los policías corren a buscar a sus padres, se esconden, se ponen a llorar. Estoy tratando de que recuperen la confianza y que acudan a clase para que no pierdan el año escolar”, afirmó.</p>
<p>Pese a la campaña de terror, la violencia no logró debilitar el espíritu de estas familias campesinas. Pocos días después del desalojo volvieron a recuperar sus tierras.</p>
<p><strong>No cesa la represión</strong></p>
<p>Desde que volvieron a recuperar sus tierras y a comenzar a levantar sus casas, los miembros del MCR han seguido sufriendo el hostigamiento y la represión.</p>
<p>“El 2 de agosto estaba trabajando en la construcción de un pozo cuando llegaron tres patrullas de la Policía disparando con unos M-16. Mientras les decía a unos niños que se tiraran al suelo una bala me atravesó el brazo y se colocó cerca de la columna. No me han podido operar y he perdido el uso del brazo herido”, relató desconsolado Adiel Lara, miembro del MCR.</p>
<p>Según Hilda, ese trágico episodio es parte de una verdadera campaña represiva en contra de la comunidad.</p>
<p>“Vivimos en el terror. Los militares y policías entran en los caseríos, nos amenazan, nos tratan como delincuentes, nos insultan y nos dicen que nos van a matar. A mí hasta me metieron una pistola en el pecho para que dijera dónde estaba mi marido.</p>
<p>En lugar de dar mayor seguridad, como dice el gobierno, la militarización en el Bajo Aguán ha traído más violencia y represión. Nosotros no somos delincuentes, sino un movimiento campesino que lucha por sus tierras”, dijo la directiva del MCR.</p>
<p><strong>Secuestro y tortura</strong></p>
<p>Lo que le ha tocado vivir al joven Santos Bernabé Cruz Aldana, de 16 años, es algo que impacta en lo más profundo.</p>
<p>“El 19 de septiembre estaba reparando una bicicleta en mi casa cando llegaron varios militares disparando. Rodearon la casa y nos obligaron a salir. Me tiraron al piso, me quitaron la camisa, me amarraron las manos con los cordones de los zapatos y a empujones me llevaron hacia el cementerio. Después comenzaron a golpearme”.</p>
<p>En su dramático relato, Santos Cruz explicó que los militares lo montaron a una patrulla de la Policía y que le pedían que les diera informaciones sobre algunos episodios ocurridos en la zona y que les dijera dónde estaban las armas.</p>
<p>“Me pusieron una bolsa plástica en la cabeza para que me ahogara. Seguían golpeándome, apuntándome con el fusil, poniéndomelo en la boca. Después me rociaron todo el cuerpo de gasolina y me amenazaron con quemarme vivo. Otros decían que era mejor enterrarme vivo o amarrarme una piedra en la cintura y tirarme en el río Aguán. Estaba aterrorizado y sentía que me iban a matar”, dijo el joven.</p>
<p>Finalmente, Cruz fue llevado a la posta de Policía y fue liberado el día siguiente, no sin antes ser nuevamente amenazado de muerte. Ahora vive escondido y tuvo que abandonar su hogar.</p>
<p>Asegura que la militarización sólo trajo más problemas y represión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notas:</strong></p>
<p><a href="http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/2011/10/fotos-honduras-campana-de-terror-contra.html" target="_blank">Galería fotográfica Rigores 1</a> (LINyM)<a href="http://www2.rel-uita.org/galeria/?id=270" target="_blank"><br />
</a></p>
<p><a href="http://www2.rel-uita.org/galeria/?id=270" target="_blank">Galería fotográfica Rigores 2</a> (Rel-UITA)</p>
<p><a href="http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/2011/10/fotos-honduras-bajo-aguan-militarizado.html" target="_blank">Galería Militarización 1</a> (LINyM)</p>
<p><a href="http://www2.rel-uita.org/galeria/?id=269" target="_blank">Galería Militarización 2</a> (Rel-UITA)</p>
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		<title>Argentina: A pesar de todo, continúan los desalojos</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Oct 2011 22:46:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[criminalización]]></category>
		<category><![CDATA[desalojos]]></category>
		<category><![CDATA[estado policía]]></category>
		<category><![CDATA[Indígenas]]></category>
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		Este 12 de octubre, el que según decreto nacional se estableció como “Día de la Diversidad Cultural”, es testigo una vez más de un atropello a comunidades de los Pueblos Originarios.
Y una de esas comunidades es Newen Twain Kom de Costa del Arroyo en Ñorquinco, Provincia de Río Negro. Esta comunidad mapuche viene sufriendo desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/10/mapuche-resistencie.jpg" width="240" />
		</p><p>Este 12 de octubre, el que según decreto nacional se estableció como “Día de la Diversidad Cultural”, es testigo una vez más de un atropello a comunidades de los Pueblos Originarios.</p>
<p>Y una de esas comunidades es Newen Twain Kom de Costa del Arroyo en Ñorquinco, Provincia de Río Negro. Esta comunidad mapuche viene sufriendo desde hace tiempo el acoso de Natalio Mohana, quien aduce tener derecho a ese territorio.<span id="more-29960"></span></p>
<div id="attachment_21425" class="wp-caption aligncenter" style="width: 585px"><img class="size-large wp-image-21425" title="mapuche resistencie" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/10/mapuche-resistencie-575x383.jpg" alt="" width="575" height="383" /><p class="wp-caption-text">(Foto: Patricio Valenzuela / flickr)</p></div>
<p>Así es que entre el 5 y 6 de octubre pasado, Newen Twain, tuvo que soportar, en primer lugar, la irrupción de efectivos de la subcomisaría 73, quienes se presentaron en esta ocupación tradicional, un sector de los lotes 93 y 94, leyéndoles una orden de allanamiento y desalojo, sin contar con los pasos jurídicos necesarios, llevándose a los hermanos Andrés y Casiano Prafil, encarcelados sin una orden de judicial de detención, violando de ésta manera todos los Derechos Humanos.</p>
<p>Luego entre la medianoche del 5 y madrugada del 6, el subcomisario Fabián Rondeau, amedrentó a los hermanos mapuches presente con diversas amenazas y con presencia de Mohana y otras personas que se encargaron de ejecutar la orden de desalojo.</p>
<p>Para finalizar, al menos 5 efectivos de la policía destruyeron la vivienda que la comunidad había levantado en diciembre de 2008, que habitualmente se utiliza para actividades con los animales del lugar.</p>
<p>¿Qué más hace falta para frenar estas actitudes de violencia contra nuestras comunidades indígenas? Reclamamos al Estado Provincial y Nacional el respeto a los derechos de los Pueblos contemplada en la Constitución Nacional.</p>
<p>Existe la Constitución Nacional, el Convenio 169 de la OIT (ley 24071) y la ley 26160/26554, que deben ser respetados en todos los rincones de nuestro país…, pero no es así. No sólo no se respeta todos estos instrumentos jurídicos, sino que parece que se los desafía.</p>
<p>Entonces, ¿qué hace falta para que las comunidades se defiendan? Ellas no van a devolver violencia con violencia, pero sí deben registrar las autoridades que se están organizando, fortaleciendo y cuentan con el apoyo solidario de todos aquellos que luchamos contra las injusticias, contra la violación a sus derechos y su autodeterminación.</p>
<p>Estas situaciones no pueden, no deben repetirse. Hasta cuándo nuestras autoridades, van a ignorar esta situación, hasta cuándo va haber ausencia de políticas públicas claras y precisas; donde los poderosos no avasallen los derechos de los que tienen menos.</p>
<p>Hoy, en el Día de la Diversidad Cultural, tiene que haber un reconocimiento explícito y concreto, en defensa de los territorios indígenas y repudiando las amenazas y atropellos que deben soportar los auténticos dueños de la tierra.</p>
<p><em>Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz</em></p>
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		<title>Ana Isabel López habla sobre las luchas del Movimiento Salvadoreño de Mujeres</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Oct 2011 17:53:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Isabel López]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad social]]></category>
		<category><![CDATA[El Salvador]]></category>
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		<category><![CDATA[violencia]]></category>

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		<description><![CDATA[
		
		Promoción y gestión del conocimiento sobre los derechos y deberes sociales, económicos, políticos, ambientales y culturales de las mujeres en El Salvador. Ésa es la misión del Movimiento Salvadoreño de Mujeres (MSM). Surgido en 1988, en plena guerra civil, el Movimiento cumple 23 años con muchas conquistas, pero también con muchos desafíos.
En entrevista con ADITAL, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/11/mujer-guayasamin.jpg" width="240" />
		</p><p>Promoción y gestión del conocimiento sobre los derechos y deberes sociales, económicos, políticos, ambientales y culturales de las mujeres en El Salvador. Ésa es la misión del Movimiento Salvadoreño de Mujeres (MSM). Surgido en 1988, en plena guerra civil, el Movimiento cumple 23 años con muchas conquistas, pero también con muchos desafíos.</p>
<p>En entrevista con <strong>ADITAL</strong>, Ana Isabel López, directora ejecutiva del Movimiento, analiza los avances y las luchas que las mujeres salvadoreñas todavía tienen por delante, como la reducción del femenicidio y de otras violencias contra la mujer. Hasta julio de este año, 349 mujeres fueron asesinadas en el país.<span id="more-29748"></span></p>
<p>Otra demanda de la feminista tiene que ver con la voz política de las mujeres, todavía poco expresado de acuerdo con el porcentaje de mujeres de El Salvador. &#8220;Aunque tengamos una ley de Igualdad, el tema de la paridad en la participación política no fue aceptado por todos los partidos de derecha”, revela.</p>
<div id="attachment_22684" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><img class="size-full wp-image-22684" title="mujer guayasamin" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/11/mujer-guayasamin.jpg" alt="" width="500" height="334" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Oswaldo Guayasamín)</p></div>
<p>Lea la entrevista completa a continuación:</p>
<p><strong>Adital &#8211; El Movimiento se inició en 1988, época en la que el país vivía una guerra civil. Hoy, 23 años después, ¿cuáles son las principales conquistas del Movimiento?</strong></p>
<p><strong>Ana Isabel López</strong> &#8211; Una de las principales conquistas es que a pesar de las dificultades la organización se ha fortalecido, tiene presencia en cinco departamentos y 15 municipios. Desde las comunidades y municipios donde originalmente surgimos nos hemos ampliado a otros territorios, las mujeres han adquirido un nivel de conocimiento y pensamiento crítico para el desarrollo de liderazgo, autonomía y reivindicación de sus derechos, en diferentes ámbitos.</p>
<p><strong>Adital &#8211; El contexto social y político del país es otro. ¿Qué cambió para las mujeres salvadoreñas? ¿Cuáles son los principales desafíos enfrentados por las feministas en los días actuales?</strong></p>
<p><strong>Ana Isabel López</strong> &#8211; Sí, vivimos un nuevo momento, mayor apertura al diálogo, los cambios para las mujeres son muy pocos, aunque al comienzo tuvimos grandes expectativas y muchas nos involucramos para ser partícipes de esos cambios, hicimos propuestas de mujeres comprometidas con la lucha por la igualdad y la equidad de género, pero cuando las mujeres que ocupan cargos públicos posicionan la agenda feminista son bloqueadas y desautorizadas por el mismo sistema patriarcal autoritario.</p>
<p>Con la aprobación de las leyes Especial Integral, para una vida libre de violencia para las mujeres, y la Ley de Igualdad, equidad y erradicación de la discriminación contra las mujeres, uno de los principales desafíos es que ésta sea conocida por todas las mujeres, que la reivindiquen y exijan su aplicación.</p>
<p><strong>Adital &#8211; A pesar de tener demandas parecidas, las mujeres del campo y de la ciudad</strong><strong>tienen algunas especificidades. ¿Cómo hacen para articular los diversos grupos de mujeres con sus diferentes demandas y visiones de mundo?</strong></p>
<p><strong>Ana Isabel López</strong> &#8211; El MSM trabaja de manera territorial, parte del personal convive en los municipios, trabajan de manera conjunta con los comités de mujeres y jóvenes, son referentes de los procesos en sus comunidades, al tiempo que se articula con el equipo técnico institucional. Cada Municipio y comunidades tiene sus propias demandas, especialmente relacionadas con proyectos productivos, pero hay acciones que son comunes a todas, por ejemplo el tema de prevención y atención de las violencias social y de género, el tema de la participación política y ciudadana a nivel local, el tema ambiental, los procesos de capacitación, así como todas aquellas actividades de movilización e incidencia para alcanzar los cambios que nos hemos planteado.</p>
<p>Esta articulación no es fácil, requiere de mucho personal, espacios de consulta, de intercambio de experiencias y la necesidad de movilizarnos a grandes distancias y en carreteras de difícil acceso.</p>
<p><strong>Adital &#8211; El MSM tiene como misión promover la gestión del conocimiento sobre los derechos y deberes sociales, económicos, políticos, ambientales y culturales. ¿De qué manera el Movimiento actúa para asegurar el respeto de estos derechos?</strong></p>
<p><strong>Ana Isabel López</strong> &#8211; En el MSM desde nuestro surgimiento hemos trabajado en procesos sistemáticos de formación del pensamiento crítico en cuanto a las desigualdades de género, derechos humanos, realidad nacional, no llegamos a una comunidad sólo para ejecutar un proyecto, tratamos de crear ese tejido social organizado en un primer momento. Este proceso está acompañado de diversos módulos de capacitación sobre sus derechos, autoestima, salud sexual y reproductiva, derechos sexuales y derechos reproductivos, prevención de la violencia de género, participación política y ciudadana, conocimiento básico administrativo para el manejo de sus proyectos.</p>
<p>En estos procesos las mujeres conocen la ruta de acceso a la justicia para exigir el cumplimiento o reparación de derechos vulnerados, tratamos de articularnos con las Instituciones locales, nacionales, como la Municipalidad, los juzgados, la Policía Nacional Civil, Unidades de Salud, Centros Educativos, etc.</p>
<p>El nivel de analfabetismo de las mujeres adultas es alto y se vuelve más difícil el trabajo, al tiempo que estas mujeres son más vulnerables a la violación de sus derechos. Como MSM trabajamos mucho con metodologías lúdico-participativas, reflexivas y de esta manera les es más fácil reconocer sus capacidades y derechos.</p>
<p><strong>Adital &#8211; Uno de los puntos también trabajados por el Movimiento es la participación. ¿Cómo se encuentra la participación política de las mujeres en el país? ¿Ellas ya conquistaron espacio y voz en este ámbito?</strong></p>
<p><strong>Ana Isabel López</strong> &#8211; Sí, las mujeres vienen escalando posiciones, muy pocas si lo vemos de acuerdo al porcentaje de mujeres del país, 52,7%. En este Gobierno tenemos menos mujeres en el gabinete de Gobierno, aunque reconocemos que el partido en el poder, tiene más mujeres diputadas. Por nuestra parte tratamos de promover mujeres en los Concejos Municipales. Aunque tenemos una ley de Igualdad, el tema de paridad en la participación política que fue una apuesta en la recién aprobada ley de igualdad, no fue aceptado por los partidos de la derecha, y el punto para lograr más mujeres en la política depende de los partidos políticos, depende de las elecciones internas y los puestos en que las mujeres sean propuestas, si éstos son ganadores o no; pero acá ese punto de la igualdad en la participación política es todavía uno de los grandes desafíos. Aunque en algunos municipios en los cuales trabajamos algunas mujeres son concejalas en los gobiernos locales.</p>
<p>Este desafío de ser candidatas debe ir acompañado de una serie de medidas que motiven a las mujeres a participar: compartir o disminuir su carga doméstica y que haya respeto en el trato para las que se postulan.</p>
<p><strong>Adital &#8211; Datos de organizaciones sociales revelan que la violencia contra la mujer y el femenicidio aumentaron en los últimos años en El Salvador. </strong></p>
<p><strong>De acuerdo con informaciones del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (Isdemu), el año pasado, 552 mujeres fueron asesinadas en forma violenta en el país. ¿Cómo es tratado el tema por el Movimiento? ¿Qué evaluación hace MSM de las políticas promovidas por el gobierno en esta temática? </strong></p>
<p><strong>Ana Isabel López</strong> &#8211; Estadísticas de la Policía Nacional Civil indican que 349 mujeres fueron asesinadas en el período enero-julio del presente año. La mayoría de las víctimas tienen de 18 a 35 años.</p>
<p>El MSM impulsa el tema de prevención de la violencia de género, y de manera transversal lo hacemos también en todas nuestras acciones y zonas de trabajo. Las mujeres y juventudes conocen las diferentes formas de violencia, conocen la normativa nacional e internacional relacionada con la violencia, así como la ruta de acceso a la justicia.</p>
<p>El Movimiento Salvadoreño de Mujeres es parte de la Campaña de Prevención de la Violencia de Género, una red de organizaciones que trabajan de manera articulada en diferentes Municipios del País, con el Apoyo de Oxfam América, pero como comprenderán acá se requiere un esfuerzo nacional articulado con la sociedad civil, pues nosotras no llegamos a todos los rincones del país.</p>
<p>Hasta la fecha no existe una política de prevención de la violencia de género que promueva una cultura de convivencia pacífica, con relaciones de poder igualitaria. A raíz del trabajo que la CPVG vine realizando y del movimiento amplio feminista se ha aprobado la Ley Especial Integral para una vida libre de violencia para las mujeres que entrará en vigencia en Enero del 2012, donde está tipificado el femenicido, pero aún no existen los mecanismos para su aplicación. El Mecanismo de la mujer tiene como responsabilidad su divulgación y la rectoría del cumplimiento en la aplicación de la Ley.</p>
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		<title>Palestina: ¡Es la ocupación, estúpidol!</title>
		<link>http://revista-amauta.org/2011/09/palestina-%c2%a1es-la-ocupacion-estupidol/</link>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 21:57:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
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		El estado al que la ONU podría reconocer está prácticamente desaparecido
Es una realidad que el tiempo y el mundo olvidaron. Se llama Ocupación y está ahora en su año 45. Impuesta en un paisaje del tamaño de Delaware, permanece en gran medida oculta a la vista, aunque los titulares de Oriente Medio de otros lugares [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/09/40Years_Occupation_PPPA-nidal-el-khairy.jpg" width="240" />
		</p><p><strong><em>El estado al que la ONU podría reconocer está prácticamente desaparecido</em></strong></p>
<p>Es una realidad que el tiempo y el mundo olvidaron. Se llama Ocupación y está ahora en su año 45. Impuesta en un paisaje del tamaño de Delaware, permanece en gran medida oculta a la vista, aunque los titulares de Oriente Medio de otros lugares se aprovechen. Los diplomáticos van y vienen desde Washington y Bruselas a las capitales del Medio Oriente; la alianza turca-israelí se rompe en medio de las valientes declaraciones del primer ministro turco; las muchedumbres asaltan la Embajada israelí en El Cairo mientras los embajadores israelíes huyen de la capital egipcia y de Ammán, la capital jordana; y, desde luego, tenemos el titular de titulares, el éxito del momento, la campaña de la Autoridad Palestina por el reconocimiento del Estado palestino en las Naciones Unidas, que desencadenará el veto de la administración Obama en el Consejo de Seguridad.</p>
<p>Pero a pesar de cualquier cosa que hagan turcos, egipcios y estadounidenses, cualquier satisfacción simbólica que la Autoridad Palestina pueda conseguir en la ONU, ahí está siempre la Ocupación y en cuanto a eso –se lo dice alguien que acaba de pasar el verano viviendo en Cisjordania-, Israel no va precisamente perdiendo sino ganando la batalla, al menos en lo que más les importa a palestinos e israelíes, la del control sobre cada metro cuadrado del territorio. Centímetro a centímetro, metro a metro, el proyecto expansionista de Israel en Cisjordania y Jerusalén va, de hecho, cobrando impulso, asegurándose de que la “nación” a la que los miembros de la ONU podrían reconocer sea cada día un poco más pequeña, un poco menos viable, un poco menos de todo allí.<span id="more-29578"></span></p>
<p><strong>Cómo hacer desaparecer una tierra</strong></p>
<div id="attachment_29537" class="wp-caption alignleft" style="width: 284px"><img class="size-large wp-image-29537" title="40Years_Occupation_PPPA nidal el khairy" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/09/40Years_Occupation_PPPA-nidal-el-khairy-274x400.jpg" alt="" width="274" height="400" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Nidal El Khairy)</p></div>
<p>En mis muchos desplazamientos de una ciudad a otra de Cisjordania, de Ramala a Yenin, de Abu Dis a Jericó, de Belén a Hebrón, echaba mano de un pequeño juego: ¿Voy a poder viajar durante todo un minuto sin ver pruebas físicas de la ocupación? En ocasiones –es decir, cuando atravesaba un paso estrecho entre colinas-, era posible. Pero no con mucha frecuencia. Casi todas las vistas panorámicas, todos los giros efectuados en la autopista mostraban un asentamiento judío, un puesto de control del ejército israelí, una torre de vigilancia miliar, un amenazante muro de hormigón, una valla de alambre de espino con carteles anunciando otra área restringida, o un racimo de jeeps del ejército parando a los coches e inspeccionando los documentos de los hombres jóvenes.</p>
<p>El malogrado “proceso de paz” de Oslo que surgió de los Acuerdos de Oslo de 1993 no solo fue un fracaso a la hora de impedir esa expansión, sino que la sancionó eficazmente. Desde entonces, la cifra de colonos israelíes en Cisjordania casi se ha triplicado hasta llegar a más de 300.000, y esa cifra no incluye los más de 200.000 colonos judíos en Jerusalén Oriental.</p>
<p>Los Acuerdos de Oslo, ratificados tanto por palestinos como por israelíes, dividieron Cisjordania en tres zonas: A, B y C. En aquel momento, la AP imaginó que eran una eventual estación de tránsito en el camino hacia un estado independiente. Sin embargo, ahí siguen actualmente, vigentes La estrategia israelí <em>de facto</em> ha sido y sigue siendo conceder a los palestinos cierta libertad relativa en el Área A, alrededor de las ciudades de Cisjordania, mientras cierran a cal y canto el “Área C” –el 60% de Cisjordania- para uso de los asentamientos judíos y para lo que denominan “áreas militares restringidas”. (El Área B es fundamentalmente un tipo de zona gris entre las otras dos). A partir de esta estrategia se producen los miles de demoliciones de viviendas “ilegales” y los arrestos regulares de personas que tratan sencillamente de hacer algunas mejoras en sus casas. Las restricciones se refuerzan con todo rigor y las violaciones se abordan con mucha dureza.</p>
<p>Por ejemplo, cuando visité las Colinas del Sur de Hebrón a finales de 2009, a sus habitantes no se les permitía siquiera acondicionar una sucia carretera prácticamente intransitable para que sus niños no tuvieran que caminar diariamente de tres a cuatro kilómetros para llegar al colegio. Na’im al-Adarah, del pueblo de At-Tuwani, pagó el precio por transportar “ilegalmente” a esos niños a la escuela. Pocas semanas después de mi visita, los soldados israelíes le arrestaron y destruyeron su furgoneta roja Toyota. No se molestó en ir quejarse ante la Autoridad Palestina –la misma gente que acude ahora a las Naciones Unidas para que declaren un estado palestino- porque tal Autoridad no tiene control alguno de lo que sucede en el Área C.</p>
<p>La única vez que he visto a un funcionario palestino, me dijo al-Adarah, fue cuando él y otros vecinos fueron hasta Ramala para traerse a uno de esos funcionarios a la zona. (El hombre de la AP se negó a venir solo). “Dijo que era la primera vez que oía que esta tierra [en el Área C] era nuestra. ¿Un Ministro como él se sorprende de que tengamos estas áreas? Le dije, ‘¿cómo un ministro como usted puede ignorar eso? ¡Usted es un ministro del gobierno local!’”.</p>
<p>“Era como si no supiera lo que acontece en su propio país”, añadió al-Adarah. “Por desgracia, somos los olvidados”.</p>
<p>La estrategia israelí de control también explica, hablando a nivel estratégico, la “necesidad” de la red de puestos de control; la nefasta barrera de separación (conocida por los los israelíes como “valla de seguridad” y por los palestinos omo “muro del apartheid”) que separa Israel de Cisjordania (y en ocasiones a unos cisjordanos de otros); las repetidas expulsiones de palestinos de zonas residenciales como Sheij Yarrah en Jerusalén Oriental; la revocación sistemática de las tarjetas de identidad de Jerusalén de las que en otro tiempo disponían miles de palestinos que habían nacido en la Ciudad Santa; y las laberínticas restricciones de viaje que mantienen a tantos palestinos encerrados en sus enclaves en Cisjordania. Aunque Israel justifica la mayoría de estas medidas en términos de seguridad nacional, está bastante claro que el objetivo más amplio tras ellas es ir apropiándose cada vez de una mayor cantidad de tierra. La barrera de separación, por ejemplo, ha traspasado el 10% de la tierra de Cisjordania al lado israelí, un caso de “anexión disfrazada de seguridad”, según el respetado grupo por los derechos humanos B’tselem. Todas esas medidas juntas llevan a la solución que el gobierno israelí busca, el que se revela en las series de mapas trazados por los políticos, cartógrafos y militares israelíes en los últimos años que muestran una Palestina rota en islotes aislados (a menudo comparada con los “bantustanes” de la era del apartheid de Sudáfrica) sobre sólo el 40% de Cisjordania. Al comienzo de Oslo, los palestinos creían que habían hecho un compromiso histórico, acordando un estado sobre el 22% de la Palestina histórica, es decir, Cisjordania y Gaza. La realidad ahora es una especie de “solución del 10%”, una especie de pequeño Estado sin recursos, sin soberanía, libertad de movimiento o control de su propia tierra, aire o agua. Los palestinos no pueden siquiera perforar un pozo para poder abrir un grifo en el inmenso acuífero existente bajo sus pies.</p>
<p><strong>La vida en medio de los controles, los bloqueos de carretera y los asaltos nocturnos</strong></p>
<p>Casi siempre ignorada en las evaluaciones de este ruinosa “solución no estatal” está la cifra de víctimas humanas entre los ocupados. Más que en ninguno de los anteriores doce viajes que he realizado allí, salí de esta estancia en Palestina con la congoja por los daños psíquicos que la ocupación militar ha causado en todos los palestinos. Nadie, no importante cuánta capacidad de resistencia tenga o lo afectuoso sea, escapa a sus efectos.</p>
<p>“El soldado apuntó hacia la funda de mi violín, y dijo: ‘¿qué es eso?’”, me contó Alá Shelaldeh, de 13 años, que vive en la zona antigua de Ramala. Ella es estudiante en Al Kamandjati (en árabe, “el violinista”), una escuela de música de su barriada (en la que me centraré en mi próximo libro). Recordaba una ocasión, tres años antes, en que la furgoneta en la que iba, llena de jóvenes músicos, fue detenida en un control israelí cercano a Nablus. Regresaban de un concierto. “Le dije: ‘Es un violín’. Me contestó que saliera de la furgoneta y se lo enseñara”. Alá descendió a la carretera, abrió la cremallera de la funda, y sacó el instrumento para el soldado: “Toca algo”, insistió. Alá tocó: “<em>Hilwadin</em>” (Bella muchacha), la canción que hizo famosa la estrella libanesa Fayruz. Fue un momento típico en Palestina, uno que no ha podido olvidar y quizá nunca pueda.</p>
<p>Es imposible, desde luego, calcular los daños emocionales a largo plazo de esos encuentros de niños y adultos por igual, incluidos los soldados israelíes, que no son inmunes a sus propias acciones.</p>
<p>Las humillaciones en los controles son un hecho habitual de la vida palestina en Cisjordania. Todo el mundo, incluso los niños, tiene su propia historia que contar de desamparo, temor y rabia mientras esperan que un soldado muy joven decida si pueden pasar o no. Se ha convertido en algo tan habitual que algunos niños no tienen ni idea de que el resto del mundo no vive así. “Pensé que todo el mundo era como el nuestro (están ocupados y tienen soldados)”, recordaba el hermano mayor de Alá, Shehade, ahora de veinte años.</p>
<p>A los quince le invitaron a ir a Italia. “Fue un choque tremendo para mí comprender lo que era mi vida. Podías ir lejos, muy lejos y no tenías que atravesar ningún control. Podías ver frente a ti cómo la tierra se extendía por un horizonte infinito, sin muros. Me sentía tan feliz, y al mismo tiempo tan triste, ¿sabe? Porque en mi país no teníamos esa libertad”.</p>
<p>Cuando tenía doce años, Shehade fue testigo de cómo los soldados israelíes mataron a tiros a un primo suyo durante la segunda <em>Intifada,</em> que estalló a finales de 2001 tras la provocativa visita del entonces líder de la oposición israelí Ariel Sharon a los lugares sagrados en la Ciudad Santa de Jerusalén. Los enfrentamientos se extendieron mientras los muchachos lanzaban piedras contra los soldados. Las tropas israelíes respondieron con fuego real, matando a unos 250 palestinos (frente a 29 muertos israelíes) en los primeros dos meses de la <em>Intifada</em>. Al año siguiente, las facciones palestinas lanzaron oleadas de suicidas-bomba en Israel.</p>
<p>Un día de 2002, recordaba Shehade, con Ramala de nuevo totalmente ocupada por el ejército israelí, los jóvenes primos rompieron un toque de queda del ejército para ir a comprar pan. Un disparo sonó cerca de la tienda de la esquina y Shehade observó que su primo caía al suelo. Este verano, Shehada me mostró las duras fotos –un muchacho de doce años con los oídos y la boca llenos de sangre- tomadas momentos después de los disparos.</p>
<p>Nueve años después, Ramala, un enclave supuestamente soberano, está a menudo considerado un oasis en un desierto de ocupación. Las calles y mercados están atestados de compradores, y sus muchos restaurantes de moda rivalizan con los buenos restaurantes europeos. La vitalidad y el ambiente de lujo de muchas partes de la ciudad te dan la sensación –aunque los palestinos odien admitirlo- de que esta, y no Jerusalén Oriental, es la emergente capital palestina.</p>
<p>Muchas calles de Ramala tienen alineadas en ellas ministerios del gobierno y consulados extranjeros. (¡No se les ocurra llamarlos embajadas!). Pero gran parte de esa aparente libertad y cuasi soberanía es ilusoria. En Cisjordania, viajar sin los permisos que tan difíciles resultan de conseguir se limita a menudo a estrechos corredores de tierra, como el que hay entre Ramala y Nablus, donde el ejército israelí ha abandonado, por ahora, sus controles y bloqueos de carreteras. Incluso en Ramala –parte de la teóricamente soberana Área A-, son habituales las incursiones nocturnas de los soldados israelíes.</p>
<p>“Creo que fue el 16 de diciembre de 2009, sobre las 2:15 y las 2:30 h. de la madrugada”, recordaba Celine Dagher, una ciudadana francesa de ascendencia libanesa. Su marido, el palestino Ramzy Aburedwan, fundador de Al Kamandjati, donde ambos trabajan, estaba en aquel momento en el extranjero. “Me despertó un ruido”, me decía. Se levantó y encontró con la puerta de entrada de su piso parcialmente abierta y mantenida así por una pequeña barra de seguridad del tipo que uno encuentra en las habitaciones de un hotel.</p>
<p>Celine pensó que unos ladrones estaban tratando de entrar y les gritó en árabe que se fueran. Después atisbó a través de la mirilla de seis pulgadas y vio a diez soldados israelíes en el pasillo. Le dijeron que se echara para atrás y en segundos habían arrancado la puerta de sus bisagras. Entraron en el apartamento apuntándola con sus rifles automáticos. Un informante palestino se mantenía cerca silencioso, con un pasamontañas de lana cubriéndole el rostro para asegurar su anonimato.</p>
<p>El comandante empezó a interrogarla. “Mi nombre, con quién vivía y después empezó a preguntarme sobre los vecinos”. Celine les mostró su pasaporte francés y les suplicó que no despertaran a su bebé de seis meses, Hussein, que dormía en la habitación de al lado. “Yo rezaba porque él siguiera dormido”. Le dijo al comandante: “Sólo salgo de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa”. Así que no conocía realmente a sus vecinos.</p>
<p>Así pues, los soldados habían arrancado la puerta del piso equivocado. Esa noche arrancarían cuatro puertas más del edificio, recordaba Celine, antes de encontrar a su sospechoso: un muchacho de 17 años que vivía en la puerta de al lado. “Le estuvieron interrogando durante unos veinte minutos y después se lo llevaron. Creo que todavía está en la cárcel. Su padre estaba ya en la cárcel”.</p>
<p>Según estadísticas de los Servicios de Prisiones israelíes citadas por B’tselem, en julio de 2011 había más de 5.300 palestinos en las cárceles israelíes. Desde el principio de la ocupación en 1967, se estima que de 650.000 a 700.000 palestinos han pasado por las cárceles de Israel. Si hacemos un cálculo, eso representa el 40% de la población masculina adulta palestina. Casi no hay ninguna familia que no se haya visto afectada por el sistema de prisiones israelí.</p>
<p>Celine miró a través de las rendijas de las persianas hacia la calle, donde había aparcados unos 15 jeeps y otros vehículos militares. Finalmente, se fueron con las luces apagadas y tan suavemente que no podía ni siquiera escuchar el ruido de los motores. Cuando el piso se quedó de nuevo en silencio, no pudo dormir. “Estaba aterrada”. Una vecina subió escaleras arriba para quedarse con ella hasta que llegó la mañana.</p>
<p>Historias como ésta –y son legión- se acumulan, moldeando las líneas generales de lo que podría llamarse cultura de la ocupación. Dan el contexto a un comentario de Saleh Abdel-Yawad, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Birzeit, cercana a Ramala: “No recuerdo un día feliz desde 1967”, me dijo. Atónita, le pregunté cómo era posible. “Porque”, me contestó, “no puedes ira Jerusalén a rezar. Y está a solo quince kilómetros. Y allí tienes tus recuerdos”. Añadió: “Desde que tenía 17 años, no he podido ir al mar. No se nos permite ir. Y mi hija se casó hace cinco años y no pudimos prepararle la ceremonia de boda”. Israel no concedió un visado al yerno egipcio de Saleh para que pudiera entrar en Cisjordania. “¿Cómo voy a preparar una boda sin el novio?”</p>
<p><strong>Una <em>Intifada</em> musical</strong></p>
<p>Un antiguo condiscípulo, ahora experto en Oriente Medio, que vive en París, señala que los palestinos no son solo víctimas sino también los actores de su propia narrativa. Es decir, insiste, ellos, también, son responsables de sus circunstancias, no todo descansa en los hombros de los ocupantes. Tiene algo de cierto. Como ejemplo adecuado, consideren la bancarrota moral y estratégica de la táctica de los suicidas-bomba, desplegada de 2001 a 2004 por varias facciones palestinas como respuesta a los ataques israelíes durante la segunda <em>Intifada</em>. Esa desastrosa estrategia sirvió de excusa para todo tipo de represalias israelíes incluyendo la construcción de la barrera de separación. (La casi desaparición de los ataques suicidas se ha debido menos al muro, después de todo aún no está terminado, que a la decisión por parte de todas las facciones palestinas de rechazar tal táctica)</p>
<p>Por tanto, sí, los palestinos son también “actores” al crear sus propias circunstancias, pero Israel sigue siendo la única potencia regional nuclear, el Estado con uno de los ejércitos más fuertes del mundo y la fuerza ocupante, y ese es el hecho determinante en Cisjordania. Hoy, para algunos palestinos que llevan 44 años viviendo bajo la ocupación, permanecer simplemente en la tierra es una especie de victoria moral. Este verano, empecé a escuchar un nuevo eslogan: “La existencia es resistencia”. Si permaneces en la tierra, el juego no ha terminado. Y si intentas llamar la atención sobre la ocupación, mientras permanezcas en tu sitio, tanto mejor.</p>
<p>En junio, Alá Shelaldeh, la violinista de 13 años, trajo su instrumento hasta el muro en Qalandia, en otro tiempo un mero control que separaba Ramala y Jerusalén y ahora convertido en un cruce de frontera internacional con su masa de hormigón, barras de acero y torretas para ametralladoras. La transformación de Qalandia –y sus largos corredores como jaulas y múltiples molinetes de siete pies de alto a través de los que sólo unos pocos afortunados con permisos pueden cruzar hasta Jerusalén- es quizá el símbolo más poderoso de la determinación de Israel de no compartir la Ciudad Santa.</p>
<p>Alá y sus compañeros músicos de la Joven Orquesta Al Kamandjati fueron hasta el muro para interpretar a Mozart y Bizet frente de los soldados israelíes, al otro lado de las rejas de acero de Qalandia. Su propósito era enfrentar la ocupación con la música, para afirmar esencialmente: <em>estamos aquí</em>. Los niños y sus profesores salieron del autobús y rápidamente colocaron sus atriles y empezaron a tocar. En unos momentos, el sonido de la Sexta Sinfonía en fa mayor de Mozar llenó la terminal. Los palestinos se detuvieron y miraron. Las sonrisas brotaron. La gente se fue acercando, sacando sus teléfonos móviles para tomar fotos o solo para permanecer allí, rodeando a la joven orquesta, traspasados por esa <em>Intifada</em> musical. Los músicos y los soldados estaban separados por una larga fila de barras horizontales azules. Mientras la música seguía sonando, una lúgubre barrera de confinamiento se convirtió momentáneamente en un espacio de asertiva alegría. Alá diría después: “Fue el concierto más maravilloso de mi vida”.</p>
<p>A medida que avanzaba la sinfonía de Mozart –<em>Allegro, Andante, Minuetto</em> y el último movimiento de <em>Allegro</em>-, algunos de los soldados empezaron a sentirse atraídos. En el momento en el que la orquesta atacaba la Danza Bohemia nº 2 de Carmen de George Bizet, aparecieron varios soldados que se pusieron a mirar entre los barrotes. Por unos breves momentos, no fue fácil decir quién estaba dentro, mirando hacia fuera, y quién estaba fuera mirando hacia dentro.</p>
<p>Si la existencia es resistencia, si los niños pueden enfrentarse a sus ocupantes con una <em>Intifada</em> musical, entonces aún hay espacio, en el año de la Primavera Árabe, para que algo inesperado y transformador acontezca. Después de todo, el apartheid sudafricano se vino abajo y sin ninguna revolución sangrienta. El Muro de Berlín cayó rápido, completamente, de forma inesperada. Y con China, India, Turquía y Brasil cada vez más fuertes, EEUU y su evanescente poder no podrá seguir siendo el protector de Israel para siempre. Quizá finalmente el mundo imponga lo obvio: que el <em>statu quo</em> es inaceptable.</p>
<p>Por el momento, pase lo que pase en las Naciones Unidas en las próximas semanas, y después en Cisjordania, ¿no es acaso hora ya de que el mundo se centre en lo que está sucediendo sobre el terreno actualmente? Después de todo, es la ocupación, estúpido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Sandy Tolan es autor de “The Lemon Tree: an Arab, a Jew and the Heart of the Middle East”. Es profesor asociado de la Escuela Annenberg para la Comunicación y el Periodismo de la Universidad del Sur de California. Está trabajando actualmente en un nuevo libro: “Operation Mozart”, sobre la música y la vida en Palestina. Su página en Internet es: <a href="http://www.ramallahcafe.com/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">www.ramallahcafe.com</span></a></em></p>
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		<title>Palestine: It&#8217;s the Occupation, Stupid</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Sep 2011 22:28:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
		
		The State to Which the U.N. May Grant Membership Is Disappearing
It&#8217;s the show that time and the world forgot. It’s called the Occupation and it’s now in its 45th year. Playing on a landscape about the size of Delaware, it remains largely hidden from view, while Middle Eastern headlines from elsewhere seize the day.  Diplomats [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p><strong><em>The State to Which the U.N. May Grant Membership Is Disappearing</em></strong></p>
<p>It&#8217;s the show that time and the world forgot. It’s called the Occupation and it’s now in its 45th year. Playing on a landscape about the size of Delaware, it remains largely hidden from view, while Middle Eastern headlines from elsewhere seize the day.  Diplomats <a href="http://www.bbc.co.uk/news/world-middle-east-14924778" rel="nofollow" target="_blank">shuttle</a> back and forth from Washington and Brussels to Middle Eastern capitals; the Israeli-Turkish alliance <a href="http://www.guardian.co.uk/world/2011/sep/13/turkey-rallies-arab-world" rel="nofollow" target="_blank">ruptures</a> amid bold declarations from the Turkish prime minister; crowds <a href="http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/1/20856/Egypt/The-storming-of-Cairos-Israeli-embassy-an-eyewitne.aspx" rel="nofollow" target="_blank">storm</a> the Israeli Embassy in Cairo, while Israeli ambassadors flee the Egyptian capital and <a href="http://www.washingtonpost.com/world/israeli-ambassador-back-in-jordan/2011/09/16/gIQAWWfHXK_story.html" rel="nofollow" target="_blank">Amman</a>, the Jordanian one; and of course, there’s the headliner, the show-stopper of the moment, the Palestinian Authority&#8217;s <a href="http://www.nytimes.com/2011/09/17/world/middleeast/Abbas-Security-Council-United-Nations-Vote.html?_r=1&amp;scp=1&amp;sq=abbas%20united%20nations%20bronner&amp;st=cse" rel="nofollow" target="_blank">campaign</a> for statehood in the United Nations, which will prompt an Obama administration veto in the Security Council.</p>
<p>But whatever the Turks, Egyptians, or Americans do, whatever symbolic satisfaction the Palestinian Authority may get at the U.N., there’s always the Occupation and there &#8212; take it from someone just back from a summer living in the West Bank &#8212; Israel isn’t losing.  It’s winning the battle, at least the one that means the most to Palestinians and Israelis, the one for control over every square foot of ground.  Inch by inch, meter by meter, Israel&#8217;s expansion project in the West Bank and Jerusalem is, in fact, gaining momentum, ensuring that the “nation” that the U.N. might grant membership will be each day a little smaller, a little less viable, a little less there.<span id="more-29535"></span></p>
<p><strong>How to Disappear a Land</strong></p>
<div id="attachment_29537" class="wp-caption alignleft" style="width: 284px"><img class="size-large wp-image-29537" title="40Years_Occupation_PPPA nidal el khairy" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/09/40Years_Occupation_PPPA-nidal-el-khairy-274x400.jpg" alt="" width="274" height="400" /><p class="wp-caption-text">(Art: Nidal El Khairy)</p></div>
<p>On my many drives from West Bank city to West Bank city, from Ramallah to Jenin, Abu Dis to Jericho, Bethlehem to Hebron, I&#8217;d play a little game: Could I travel for an entire minute without seeing physical evidence of the occupation?  Occasionally &#8212; say, when riding through a narrow passage between hills &#8212; it was possible.  But not often.  Nearly every panoramic vista, every turn in the highway revealed a Jewish settlement, an Israeli army checkpoint, a military watchtower, a looming concrete wall, a barbed-wire fence with signs announcing another restricted area, or a cluster of army jeeps stopping cars and inspecting young men for their documents.</p>
<p>The ill-fated Oslo &#8220;peace process&#8221; that emerged from the Oslo Accords of 1993 not only failed to prevent such expansion, it effectively sanctioned it.  Since then, the number of Israeli settlers on the West Bank has nearly tripled to <a href="http://www.haaretz.com/print-edition/news/idf-more-than-300-000-settlers-live-in-west-bank-1.280778" rel="nofollow" target="_blank">more than 300,000</a> &#8212; and that figure doesn’t include the more than 200,000 Jewish settlers in East Jerusalem.</p>
<p>The Oslo Accords, ratified by both the Palestinians and the Israelis, divided the West Bank into three zones &#8212; A, B, and C.  At the time, they were imagined by the Palestinian Authority as a temporary way station on the road to an independent state.  They are, however, still in effect today.  The <em>de facto</em> Israeli strategy has been and remains to give Palestinians relative freedom in Area A, around the West Bank’s cities, while locking down <a href="http://unispal.un.org/UNISPAL.NSF/0/F390CF497279B525852578F6004B9564" rel="nofollow" target="_blank">&#8220;Area C&#8221;</a> &#8212; 60% of the West Bank &#8212; for the use of the Jewish settlements and for what are called &#8220;restricted military areas.&#8221;  (Area B is essentially a kind of grey zone between the other two.)  From this strategy come the thousands of demolitions of &#8220;illegal&#8221; housing and the regular arrests of villagers who simply try to build improvements to their homes.  Restrictions are strictly enforced and violations dealt with harshly.</p>
<p>When I visited the South Hebron Hills in late 2009, for example, villagers were not even allowed to smooth out a virtually impassable dirt road so that their children wouldn&#8217;t have to walk two to three miles to school every day. Na’im al-Adarah, from the village of At-Tuwani, paid the price for transporting those kids to the school &#8220;illegally.&#8221; A few weeks after my visit, he was arrested and his red Toyota pickup seized and destroyed by Israeli soldiers.  He didn&#8217;t bother complaining to the Palestinian Authority &#8212; the same people now going to the U.N. to declare a Palestinian state &#8212; because they have no control over what happens in Area C.</p>
<p>The only time he&#8217;d seen a Palestinian official, al-Adarah told me, was when he and other villagers drove to Ramallah to bring one to the area.  (The man from the Palestinian Authority refused to come on his own.) &#8220;He said this is the first time he knew that this land [in Area C] is ours.  A minister like him is surprised that we have these areas?  I told him, &#8216;How can a minister like you not know this?  You&#8217;re the minister of local government!&#8217;</p>
<p>&#8220;It was like he didn&#8217;t know what was happening in his own country,&#8221; added al-Adarah.  &#8220;We&#8217;re forgotten, unfortunately.&#8221;</p>
<p>The Israeli strategy of control also explains, strategically speaking, the “need” for the <a href="http://domino.un.org/unispal.nsf/0/1857cbd35d55c62d8525775a006c09c3?OpenDocument" rel="nofollow" target="_blank">network of checkpoints</a>; the looming <a href="http://www.btselem.org/separation_barrier" rel="nofollow" target="_blank">separation barrier</a> (known to Israelis as the <a href="http://middleeast.about.com/od/arabisraeliconflict/a/me070905b.htm" rel="nofollow" target="_blank">&#8220;security fence&#8221;</a> and to Palestinians as the <a href="http://stopthewall.org/latestnews/2598.shtml" rel="nofollow" target="_blank">&#8220;apartheid wall&#8221;</a>) that divides Israel from the West Bank (and <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/graphic/2007/08/07/GR2007080700100.html" rel="nofollow" target="_blank">sometimes</a> West Bankers from each other); the repeated <a href="http://www.huffingtonpost.com/ir-amim/why-are-israelis-demonstr_b_445968.html" rel="nofollow" target="_blank">evictions</a> of Palestinians from residential areas like Sheikh Jarrah in East Jerusalem; the systematic <a href="http://www.badil.org/component/k2/item/1367-revocation-of-residency-rights" rel="nofollow" target="_blank">revoking</a> of Jerusalem IDs once held by thousands of Palestinians who were born in the Holy City; and the labyrinthine <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Palestinian_freedom_of_movement" rel="nofollow" target="_blank">travel restrictions</a> which keep so many Palestinians locked in their West Bank enclaves.</p>
<p>While Israel justifies most of these measures in terms of national security, it’s clear enough that the larger goal behind them is to incrementally take and hold ever more of the land.  The separation barrier, for example, has put <a href="http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/09/04/AR2007090400948.html" rel="nofollow" target="_blank">10%</a> of the West Bank’s land on the Israeli side &#8212; a <a href="http://jfjfp.com/?p=16825" rel="nofollow" target="_blank">case</a> of &#8220;annexation in the guise of security,&#8221; according to the respected Israeli human rights group, B&#8217;tselem.</p>
<p>Taken together, these measures amount to the solution that the Israeli government seeks, one revealed in a series of maps drawn up by Israeli politicians, cartographers, and military men over recent years that show Palestine broken into isolated islands (often compared to South African apartheid-era <a href="http://www.icahd.org/?page_id=76" rel="nofollow" target="_blank">&#8220;bantustans&#8221;</a>) on only about 40% of the West Bank.  At the outset of Oslo, Palestinians believed they had made a <a href="http://www.nybooks.com/articles/archives/2001/aug/09/camp-david-the-tragedy-of-errors/" rel="nofollow" target="_blank">historic compromise</a>, agreeing to a state on <a href="http://walt.foreignpolicy.com/posts/2009/01/26/its_easier_than_tom_friedman_thinks_a_realistic_middle_east_strategy" rel="nofollow" target="_blank">22%</a> of historic Palestine &#8212; that is, the West Bank and Gaza.  The reality now is a kind of &#8220;ten percent solution,&#8221; a rump statelet without sovereignty, freedom of movement, or control of its own land, air, or water. Palestinians cannot even drill a well to tap into the vast aquifer beneath their feet.</p>
<p><strong>Living Amid Checkpoints, Roadblocks, and Night Raids</strong></p>
<p>Almost always overlooked in assessments of this ruinous &#8220;no-state solution&#8221; is the human toll it takes on the occupied. More than on any of my dozen previous journeys there, I came away from this trip to Palestine with a sense of the psychic damage the military occupation has inflicted on every Palestinian.  None, no matter how warm-hearted or resilient, escape its effects.</p>
<p>&#8220;The soldier pointed to my violin case.  He said, &#8216;What&#8217;s that?&#8217;&#8221; 13-year-old Alá Shelaldeh, who lives in old Ramallah, told me.  She is a student at <a href="http://www.alkamandjati.com/en/project/presentation/" rel="nofollow" target="_blank">Al Kamandjati</a> (Arabic for “the violinist”), a music school in her neighborhood (which will be a focus of my <a href="http://ramallahcafe.com/?page_id=367" rel="nofollow" target="_blank">next book</a>). She was recalling a time three years earlier when a van she was in, full of young musicians, was stopped at an Israeli checkpoint near Nablus. They were coming back from a concert.  &#8220;I told him, &#8216;It&#8217;s a violin.&#8217;  He told me to get out of the van and show him.&#8221;  Alá stepped onto the roadside, unzipped her case, and displayed the instrument for the soldier.  &#8220;Play something,&#8221; he insisted.  Alá played &#8220;Hilwadeen” (Beautiful Girl), the song made famous by the Lebanese star <a href="http://www.youtube.com/watch?v=BlQyw5kpb6k" rel="nofollow" target="_blank">Fayrouz</a>.  It was a typical moment in Palestine, and one she has yet to, and may never, forget.</p>
<p>It is impossible, of course, to calculate the long-term emotional damage of such encounters on children and adults alike, including <a href="http://www.haaretz.com/culture/books/soldiers-testimonies-on-the-occupied-territories-1.377196" rel="nofollow" target="_blank">on the Israeli soldiers</a>, who are not immune to their own actions.</p>
<p>Humiliation at checkpoints is a basic fact of West Bank Palestinian life.  Everyone, even children, has his or her story to tell of helplessness, fear, and rage while waiting for a teenaged soldier to decide whether or not they can pass.  It has become so normal that some kids have no idea the rest of the world doesn&#8217;t live like this. &#8220;I thought the whole world was like us &#8212; they are occupied, they have soldiers,&#8221; remembered Alá&#8217;s older brother, Shehade, now 20.</p>
<p>At 15, he was invited to Italy.  &#8220;It was a shock for me to see this life.  You can go very, very far, and no checkpoint.  You see the land very, very far, and no wall.  I was so happy, and at the same time sad, you know?  Because we don&#8217;t have this freedom in my country.&#8221;</p>
<p>At age 12, Shehade had seen his cousin shot dead by soldiers during the second <em>intifada</em>, which erupted in late 2001 after Israel&#8217;s then-opposition leader Ariel Sharon paid a <a href="http://news.bbc.co.uk/onthisday/hi/dates/stories/september/28/newsid_3687000/3687762.stm" rel="nofollow" target="_blank">provocative visit</a> to holy sites in the Old City of Jerusalem.  Clashes erupted as youths hurled stones at soldiers. Israeli troops responded with live fire, killing some 250 Palestinians (compared to 29 Israeli deaths) in the first two months of the <em>intifada</em>. The next year, Palestinian factions launched waves of suicide bombings in Israel.</p>
<p>One day in 2002, Shehade recalled, with Ramallah again fully occupied by the Israeli army, the young cousins broke a military curfew in order to buy bread.  A shot rang out near a corner market; Shehade watched his cousin fall.  This summer Shehada showed me the gruesome pictures &#8212; blood flowing from a 12-year-old&#8217;s mouth and ears &#8212; taken moments after the shooting in 2002.</p>
<p>Nine years later, Ramallah, a supposedly <a href="http://www.thejerusalemfund.org/ht/display/ContentDetails/i/10153/pid/895" rel="nofollow" target="_blank">sovereign enclave</a>, is often considered an oasis in a desert of occupation.  Its streets and markets are choked with shoppers, and its many <a href="http://orjuwan.ps/" rel="nofollow" target="_blank">trendy restaurants</a> rival fine European eateries.  The vibrancy and upscale feel of many parts of the city give you a sense that &#8212; much as Palestinians are loathe to admit it – this, and not East Jerusalem, is the emerging Palestinian capital.</p>
<p>Many Ramallah streets are indeed lined with government ministries and foreign consulates.  (Just don&#8217;t call them embassies!)  But much of this apparent freedom and quasi-sovereignty is illusory.  In the West Bank, travel without hard-to-get permits is often limited to narrow corridors of land, like the one between Ramallah and Nablus, where the Israeli military has, for now, abandoned its checkpoints and roadblocks.  Even in Ramallah &#8212; part of the <a href="http://www.alhaq.org/etemplate.php?id=597" rel="nofollow" target="_blank">theoretically sovereign</a> Area A &#8212; night incursions by Israeli soldiers are common.</p>
<p>&#8220;It was December 2009, the 16th I think, at 2:15, 2:30 in the morning,&#8221; recalled Celine Dagher, a French citizen of Lebanese descent. Her Palestinian husband, Ramzi Aburedwan, founder of Al Kamandjati, where both of them work, was then abroad.  &#8220;I was awakened by a sound,&#8221; she told me.  She emerged to find the front door of their flat jammed partway open and kept that way by a small security bar of the sort you find in hotel rooms.</p>
<p>Celine thought burglars were trying to break in and so yelled at them in Arabic to go away.  Then she peered through the six-inch opening and spotted 10 Israeli soldiers in the hallway.  They told her to stand back, and within seconds had blown the door off its hinges.  Entering the apartment, they pointed their automatic rifles at her.  A Palestinian informant stood near them silently, a black woolen mask pulled over his face to ensure his anonymity.</p>
<p>The commander began to interrogate her. &#8220;My name, with whom I live, starting to ask me about the neighbors.&#8221; Celine flashed her French passport and pleaded with them not to wake up her six-month-old, Hussein, sleeping in the next room. &#8220;I was praying that he would just stay asleep.&#8221; She told the commander, &#8220;I just go from my house to my work, from work to my house.&#8221;  She didn&#8217;t really know her neighbors, she said.</p>
<p>As it happened, the soldiers had blown off the door of the wrong flat.  They would remove four more doors in the building that night, Celine recalled, before finding their suspect: her 17-year-old next door neighbor.  &#8220;They stood questioning him for maybe 20 minutes, and then they took him.  And I think he&#8217;s still in jail.  His father is already in jail.&#8221;</p>
<p>According to Israeli Prison Services statistics cited by B&#8217;tselem, more than 5,300 Palestinians were in Israeli prisons in July 2011.  Since the beginning of the occupation in 1967, an estimated <a href="http://www.badil.org/en/component/k2/item/1364-use-of-force" rel="nofollow" target="_blank">650,000 to 700,000</a> Palestinians have reportedly been jailed by Israel.  By <a href="http://www.addameer.org/detention/background.html" rel="nofollow" target="_blank">one calculation</a>, that represents 40% of the adult-male Palestinian population.  Almost no family has been untouched by the Israeli prison system.</p>
<p>Celine stared through the blinds at the street below, where some 15 jeeps and other military vehicles were parked.  Finally, they left with their lights out and so quietly that she couldn&#8217;t even hear their engines.  When the flat was silent again, she couldn&#8217;t sleep.  &#8220;I was very afraid.&#8221;  A neighbor came upstairs to sit with her until the morning.</p>
<p>Stories like these &#8212; and they are legion &#8212; accumulate, creating the outlines of what could be called a culture of occupation.  They give context to a remark by Saleh Abdel-Jawad, dean of the law school at Birzeit University near Ramallah: &#8220;I don&#8217;t remember a happy day since 1967,&#8221; he told me.  Stunned, I asked him why specifically that was so.  &#8220;Because,” he replied, “you can&#8217;t go to Jerusalem to pray.  And it&#8217;s only 15 kilometers away.  And you have your memories there.”</p>
<p>He added, “Since 17 years I was unable to go to the sea. We are not allowed to go. And my daughter married five years ago and we were unable to do a marriage ceremony for her.&#8221; Israel would not grant a visa to Saleh&#8217;s Egyptian son-in-law so that he could enter the West Bank.  &#8220;How to do a marriage without the groom?&#8221;</p>
<p><strong>A Musical <em>Intifada</em></strong></p>
<p>An old schoolmate of mine and now a Middle East scholar living in Paris points out that Palestinians are not just victims, but actors in their own narrative.  In other words, he insists, they, too, bear responsibility for their circumstances &#8212; not all of this rests on the shoulders of the occupiers.  True enough.</p>
<p>As an apt example, consider the morally and strategically bankrupt tactic of suicide bombings, carried out from 2001 to 2004 by several Palestinian factions as a response to Israeli attacks during the second <em>intifada. </em> That disastrous strategy gave cover to all manner of Israeli retaliation, including the building of the separation barrier.  (The near disappearance of the suicide attacks has been due far less to the wall &#8212; after all, it isn&#8217;t even finished yet &#8212; than to a decision on the part of all the Palestinian factions to reject the tactic itself.)</p>
<p>So, yes, Palestinians are also &#8220;actors&#8221; in creating their own circumstances, but Israel remains the sole regional nuclear power, the state with one of the strongest armies in the world, and the occupying force &#8212; and that is the determining fact in the West Bank.  Today, for some Palestinians living under the 44-year occupation simply remaining on the land is a kind of moral victory.  This summer, I started hearing a <a href="http://english.aljazeera.net/indepth/opinion/2011/07/2011721104338450500.html" rel="nofollow" target="_blank">new slogan</a>: &#8220;Existence is resistance.&#8221; If you remain on the land, then the game isn&#8217;t over.  And if you can bring attention to the occupation, while you remain in place, so much the better.</p>
<p>In June, Alá Shelaldeh, the 13-year-old violinist, brought her instrument to the wall at Qalandia, once a mere checkpoint separating Ramallah and Jerusalem, and now essentially an <a href="http://ramallahcafe.com/?p=396" rel="nofollow" target="_blank">international border crossing</a> with its mass of concrete, steel bars, and gun turrets.  The transformation of Qalandia &#8212; and its long, cage-like corridors and multiple seven-foot-high turnstiles through which only the lucky few with permits may cross to Jerusalem &#8212; is perhaps the most powerful symbol of Israel&#8217;s determination not to share the Holy City.</p>
<p>Alá and her fellow musicians in the Al Kamandjati Youth Orchestra came to play Mozart and Bizet in front of the Israeli soldiers, on the other side of Qalandia’s steel bars.  Their purpose was to confront the occupation through music, essentially to assert: <em>we&#8217;re here.  </em>The children and their teachers emerged from their bus, quickly set up their music stands, and began to play.  Within moments, the sound of Mozart’s Symphony No. 6 in F Major filled the terminal.</p>
<p>Palestinians stopped and stared.  Smiles broke out.  People came closer, pulling out cell phones and snapping photos, or just stood there, surrounding the youth orchestra, transfixed by this musical <em>intifada</em>.  The musicians and soldiers were separated by a long row of blue horizontal bars.  As the music played on, a grim barrier of confinement was momentarily transformed into a space of assertive joy. &#8220;It was,&#8221; Alá would say later, &#8220;the greatest concert of my life.&#8221;</p>
<p>As the Mozart symphony built &#8212; <em>Allegro, Andante, Minuet,</em> and the <em>Allegro</em> last movement &#8212; some of the soldiers started to take notice.  By the time the orchestra launched into Georges Bizet’s Dance Boheme from Carmen #2, several soldiers appeared, looking out through the bars. For the briefest of moments, it was hard to tell who was on the inside, looking out, and who was on the outside, looking in.</p>
<p>If existence is resistance, if children can confront their occupiers with a musical <em>intifada</em>, then there&#8217;s still space, in the year of the Arab Spring, for something unexpected and transformative to happen.  After all, South African apartheid collapsed, and without a bloody revolution. The Berlin Wall fell quickly, completely, unexpectedly.  And with China, India, Turkey and Brazil on the rise, the United States, its power waning, will not be able to remain Israel&#8217;s protector forever. Eventually, perhaps, the world will assert the obvious: the <em>status quo</em> is unacceptable.</p>
<p>For the moment, whatever happens in the coming weeks at the U.N., and in the West Bank in the aftermath, isn’t it time for the world’s focus to shift to what is actually happening on the ground?  After all, it&#8217;s the occupation, stupid.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Sandy Tolan is author of </em><a href="http://www.amazon.com/dp/1596913436/ref=nosim/?tag=nationbooks08-20" target="_blank">The Lemon Tree: An Arab, a Jew, and the Heart of the Middle East</a><em>.  He is associate professor at </em><a href="http://annenberg.usc.edu/Faculty/Communication%20and%20Journalism/TolanS.aspx" target="_blank"><em>the Annenberg School</em></a><em> for Communication and Journalism at the University of Southern California.  He is at work on a new book, </em><a href="http://ramallahcafe.com/?page_id=367" target="_blank">Operation Mozart</a><em>, about music and life in Palestine.  He blogs at </em><a href="http://ramallahcafe.com/" target="_blank"><em>ramallahcafe.com</em></a><em>.</em></p>
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		<title>Conciencia de clase (media)</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Sep 2011 22:03:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[conciencia]]></category>
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		En el marxismo, la conciencia de clase tiene que ver con saberse perteneciente a un estrato social particular y a lo que eso conlleva; por ejemplo, el inevitable conflicto con otra clase social.
Esta corriente, históricamente ha entendido que la conciencia de clase recae sobre lo que ha llamado el proletariado. Es decir, la clase social [...]]]></description>
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		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/03/capitalismo-explotacion-laboral.jpg" width="240" />
		</p><p>En el marxismo, la conciencia de clase tiene que ver con saberse perteneciente a un estrato social particular y a lo que eso conlleva; por ejemplo, el inevitable conflicto con otra clase social.</p>
<p>Esta corriente, históricamente ha entendido que la conciencia de clase recae sobre lo que ha llamado el proletariado. Es decir, la clase social trabajadora o “proletaria”, para adquirir su conciencia de clase, debe saberse explotada y en condiciones de vida inferiores a la clase dominante, o sea, la burguesía.<span id="more-29250"></span></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-25040" title="capitalismo explotacion laboral" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/03/capitalismo-explotacion-laboral.jpg" alt="" width="500" height="400" /></p>
<p>He estado en algunas discusiones, incluso con amigos y colegas, en las que se demanda a este proletariado que se levante y se sepa “proletario”. En otras palabras, que tenga “conciencia de clase”.</p>
<p>¿Cómo se puede pedir a un grupo social que, negligentemente, se ha relegado a vivir de migajas, y que se excluye permanentemente, a que abrace un concepto marxista, o se sienta “la clase” que debe levantarse y luchar contra la burguesía explotadora? Lo único que se le puede pedir a dicha clase “proletaria” costarricense es que llegue a fin de mes, que no saque a los niños de la escuela y ojalá lleguen y salgan del cole.  No hace falta decir que a mayor educación, menor pobreza.</p>
<p>Existe, sin embargo, una clase social a la cual sí se le debe reclamar. Una clase, en la que, por cierto, me incluyo, que se ha dejado pisotear, que ha tolerado que lo que antes se llamaban derechos, ahora sean privilegios, una clase que permite que los pachucos “lame suelas” tengan una curul en la Asamblea Legislativa. Una clase que no reclama, que levanta los hombros cada vez que se da cuenta que el dinero no alcanza, o que la educación se mueve hacia atrás, o que sin deudas es imposible tener algo.</p>
<p>Una clase que permitió que el crédito se convirtiera en un sueño, y que lleva años dándose cuenta de que tener casa propia (cosa que sus padres y abuelos tuvieron) es cosa de pobres (con bono) o ricos (con tasas nada generosas). Una clase que recuerda que hace no mucho, cuando cualquier Doctor tenía un Mercedes del año, la enfermera tenía al menos un carro sencillo, cinco años más antiguo. Hoy día, este mismo Doctor tiene un BMW X5, y la enfermera anda en taxi.</p>
<p>Si de demandas se trata, hay que demandar a esta clase que no se sabe clase social, a la que poco le interesa la problemática nacional, y que se escuda en el “no podemos hacer nada”. Esta clase tiene, prácticamente toda ella, educación secundaria completa. Muchos tienen educación universitaria, acceso a internet, a diferentes periódicos, y a televisión por cable. Si lo quisieran, podrían investigar y salir de cualquier duda; podrían cuestionarlo y criticarlo todo, y siempre encontrarían dónde sustentar sus quejas.</p>
<p>Esta misma semana (a causa de un TLC por el que hasta el hartazgo dijimos, “está mal negociado”), tendremos que pagar un nuevo impuesto para que los bomberos puedan operar, mientras las empresas y millonarios han quedado sin gravamen.</p>
<p>Ésta es la clase media. Una clase que ha sido neutralizada, que no cuestiona y se pelea consigo misma, a la vez que lentamente desaparece.</p>
<p>Una clase que, cuando le dicen, se cree que algún día podrá ser Carlos Slim o algún otro magnate, y en realidad lo que hace todos los días es trabajar de sol a sol para evitar empezar a engrosar las estadísticas de pobreza.</p>
<p>Si en este país a algún grupo se le debe reclamar, es a esta clase adormecida y temerosa. La clase media costarricense no solo ha ido disminuyendo en términos estadísticos, no sólo se encuentra en el medio entre la opulencia de unos y la miseria de otros, temerosa de caer a un lado y soñando con pasarle encima a quien sea, para estar con los de arriba. Se encuentra sin espíritu, sin deseos de recuperar lo que ahora le pertenece, y en una encrucijada entre el “no me importa” y el “¿cuánto vale?”.</p>
<p>Esta clase social ha llegado a tal punto, que prefiere endeudarse y regalar su dinero a Universidades de garaje, antes que exigir a su gobierno mejorar la calidad de la educación superior. Prefiere criticar sin razón marchas y manifestaciones, que preguntarse “¿qué estarán demandando estos ciudadanos?”. Prefiere llenar de rejas y muros su casa, además de gastar miles de colones al año por empresas de seguridad privada, y asegurar hasta  su IPhone 4, que exigir la seguridad, que es un deber que el Estado está obligado a garantizar, y no un regalo.</p>
<p>Le ha ido tan mal a esta clase, que ya olvidó que es más, que son más, que juntos sus votos desaparecerían a Liberación Nacional (que ha llegado al punto en el que no sabe qué hacer) y vota, en un ciclo de miedo, por lo que luego se queja.</p>
<p>Hablamos de una clase que no tiene ninguna conciencia, que ha sido sobrepasada entre los delirios de riqueza y las necesidades diarias.</p>
<p>No se le puede pedir absolutamente nada al jornalero de 6 a 6 que gana medias horas extras; no se le puede pedir conciencia al pequeño agricultor que vende a mitad de precio a Wal-Mart, y el resto lo debe guardar para consumo propio, no se le puede pedir absolutamente nada a la empleada doméstica que en las noches trata de ayudarle a sus hijos a terminar su tarea. A ellos les pedimos sobrevivir, estar, no desfallecer, y “esperar a que el gobierno genuinamente se interese por ellos”.</p>
<p>Es a la clase media, a la que se le debe exigir que tenga conciencia de que aún se encuentra en una posición donde la diferencia pasa por sus manos y sus acciones podrían darle la estocada a un modelo excluyente y desigual.</p>
<p>Necesitamos conciencia de clase media, conciencia de sus posibilidades y derechos, de lo que debe exigir y fiscalizar, de la responsabilidad que tiene.</p>
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		<title>Sobre la &#8220;marcha de las putas&#8221; y sus actores</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 02:54:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		Primero que todo aclarar, no formé parte de la organización de este evento ni pude asistir por compromisos familiares. Cualquier cosa que opine se basa en lo que he visto en medios, crónicas de asistentes, fotos y videos. Por lo general no opino sobre eventos en los que no participo, me parece irresponsable hacerlo, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/08/marcha-putas-cr.jpeg" width="240" />
		</p><p>Primero que todo aclarar, no formé parte de la organización de <a href="http://www.facebook.com/event.php?eid=200609159997038">este evento</a> ni pude asistir por compromisos familiares. Cualquier cosa que opine se basa en lo que he visto en medios, crónicas de asistentes, fotos y videos. Por lo general no opino sobre eventos en los que no participo, me parece irresponsable hacerlo, pero en este caso, me brinco mi propia regla porque hay varios aspectos que quisiera resaltar para el futuro (estoy seguro que esto apenas comienza).<span id="more-28781"></span></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-28783" title="marcha putas cr" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/08/marcha-putas-cr.jpeg" alt="" width="490" height="245" /></p>
<p><strong>La Marcha y sus motivos</strong></p>
<p>Cuando el 1ero y 2 de agosto leí sobre las <a href="http://vquiros.posterous.com/de-como-se-falsifico-la-homilia-de-monsenor-u">(supuestas)</a> declaraciones del <a href="http://herejiascr.blogspot.com/2009/10/monsenor-titulo-de-respeto-o.html">obispo</a> Ulloa y de su colega mexicano, lo primero que pensé (y opiné) fue: &#8220;<em>Si no les gustan los mandatos de una religión, entonces no la sigan. ¿Que esperaban de un cura en una misa el día de la virgen, que promoviera el uso del condón femenino?</em>&#8221; Aunque la idea es válida, la opinión que di en ese momento fue apresurada y simplista.</p>
<p>No fue un simple sermón en una misa cualquiera. Las palabras de ambos se dieron en medio de una multitudinaria festividad que reune las 3 patas del trípode del poder: el político, el religioso y el (seudo)<a href="http://www.micartago.com/index.php?news=2513">militar</a>, con amplia (y cansina) cobertura de los medios de comunicación. El mensaje del cardenal mexicano, instando básicamente a la mujer a limitarse a su papel tradicional de ama de casa para no imitar a los hombres es una ofensa para las mujeres a quienes tanto les ha costado ir poco a poco logrando igualdad y respeto. Esas palabras merecían una enérgica respuesta y justificaban la marcha. Por otro lado, aunque al parecer las palabras de Ulloa fueron manipuladas por los medios de comunicación, no es nuevo echarle la culpa a la víctima del abuso/agresión. Pasa incluso en el tema de la seguridad ciudadana: si a uno lo asaltan en la calle, es culpa de uno por andar usando sus aparatos en público, no del ladrón. A las mujeres, en todo lado, se les echa la culpa (al menos en parte) cuando sufren abuso por supuestamente andar &#8220;provocando&#8221;. El mensaje de la marcha en ese sentido fue claro y contundente: a la mujer se le respeta independientemente de lo que use, punto, no hay justificación.</p>
<p>Tampoco es nuevo el machismo de la iglesia católica como institución, puede verse en la organización misma de su jerarquía y en su interferencia en toda política que pretenda darle a la mujer algún control sobre su cuerpo, ya sea el uso de métodos anticonceptivos o la interrupción del embarazo. Hace tiempo, esta actitud y esa injerencia merecían una manifestación enérgica.</p>
<p>Tampoco es nuevo en la iglesia católica echarle la culpa a todo y a todos excepto a ellos mismos. Si <a href="http://www.elpais.com/articulo/sociedad/obispo/Tenerife/afirma/algunos/menores/incitan/abuso/sexual/elpepusoc/20071227elpepusoc_1/Tes">le echan la culpa a los menores por los abusos</a> de los curas pedófilos, ¿que puede esperar de los abusos contra las mujeres?</p>
<p><strong>Las organizadoras</strong></p>
<p>Mis respetos. Valientes mujeres que se le fueron a plantar en la puerta de su casa a la institución que por años las ha tenido encadenadas directa o indirectamente. En poco tiempo, lograron convocar a una gran cantidad de gente, cosa bastante dificil en este país de gente conformistas que prácticamente solo protesta cuando le tocan la bolsa.</p>
<p><strong>Los medios de comunicación</strong></p>
<p>Lo hicieron de nuevo: manipular a su antojo y conveniencia la noticia. No es la primera vez que lo hacen. ¿Quien puede olvidar aquel infame titular &#8220;Quieren sacar a DIOS de la Constitución&#8221;, con el que el periódico la Nación cavó la tumba de la discusión de la necesaria reforma constitucional para eliminar la confesionalidad del Estado? En esta ocasión, se enfocaron y dieron excesivo énfasis a algunas consignas incendiarias que no reflejan el mensaje central de la marcha ni mucho menos las intenciones de las organizadoras. Pero al darle tanta importancia, desviaron la atención de lo verdaderamente relevante y alimentaron las hogueras de los ya de por si numerosos machos ticos y los sectores más conservadores.</p>
<p><strong><strong>La iglesia</strong></strong></p>
<p>¡Ah, la iglesia! La eterna víctima, la gran incomprendida, la &#8220;<a href="http://www.radioreloj.co.cr/noticia/posicion-oficial-de-la-conferencia-episcopal-sobre-marcha-de-las-putas">experta en humanidad</a>&#8221; (nunca una frase tan corta contuvo tanto cinismo y descaro), se rasga las vestiduras cuando siglos de represión le estallan en la cara. Hacen uso de los números inflados de la asistencia a su máximo evento para clamar ser una &#8220;inmensa mayoría&#8221; (aunque cada día hayan menos católicos, extrañamente cada año hay más romeros&#8230; según ellos). Siempre en una posición de superioridad moral, despreciando a los sectores minoritarios herejes que se atreven a criticarla a ella o a las creencias que alimentan.</p>
<p>No, las creencias por si mismas no merecen respeto. Lo que merece respeto es el derecho de una persona a creer lo que quiera, pero si adoran a un trozo de piedra esculpido torpemente con forma de mujer, no esperen demasiado. Y tampoco es que hubo una quema pública de imágenes de la negrita, los actos teatrales que se hicieron durante la marcha lo que hicieron fue ponerle un poco de ropa interior a la imagen, nada del otro mundo. No debe existir nada, <strong>NADA</strong> tan sagrado como para ser inmune a la crítica o a la sátira. Si yo tolero que durante algunos días el tránsito hacia la ciudad en la que vivo se vea interrumpido o retrasado por su peregrinación, al menos uds toleren bromas ocasionales al respecto.</p>
<p><strong><strong><strong>Los manifestantes</strong></strong></strong></p>
<p>En general me parecieron geniales los mensajes de las pancartas. Me encantó ver familias enteras participando, también gran cantidad de varones apoyando la convocatoria hecha por los grupos feministas. El único punto negro fue las consignas que llamaban a &#8220;quemar la conferencia episcopal&#8221;. Me parece que hay que tener cuidado en no traspasar el límite. Como he dicho antes en otros contextos, la libertad de expresión tampoco es absoluta, hay reglas claras. En este caso, con esas consignas, le están poniendo en bandeja de plata a la iglesia su papel de victimas, incluso podrían demandar (y probablemente ganar) por amenazas contra un edificio y organización muy real como lo es la CECOR (aunque uno sabe que obviamente quienes gritan esas consignas no van a ir a quemar nada). Creo que debe haber un poco de conciencia de parte de los que asisten, y que enfoquen toda esa energía que siempre los ha caracterizado a otro tipo de consignas que no se presten para el circo que los medios siempre están deseosos de hacer. Además, si nos ponemos a ver la cosa desde el otro lado: ¿que haríamos nosotros si en una manifestación católica se ponen a gritar y cantar que van a ir a quemar la casa de los líderes de organizaciones por los derechos gay, feministas y seculares? ¿Seríamos tan indulgentes como lo estamos siendo con nosotros mismos? No lo creo. Y esa es mi única crítica.</p>
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