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	<title>Amauta &#187; prejuicios</title>
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	<description>La Revista Independiente de Costa Rica</description>
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		<title>Matrimonios homosexuales: una pregunta abierta</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Dec 2011 02:58:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[derechos homosexuales]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
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		<description><![CDATA[
		
		Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio 
Albert Einstein
Las uniones matrimoniales entre personas homosexuales (varones y mujeres), lenta pero ininterrumpidamente, comienzan a ser legalizadas por distintos Estados. No son casos puntuales sino que parecieran marcar una tendencia, lo cual habla entonces de un cambio sociocultural en ciernes, cambio del que no sabemos aún [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p><em>Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio </em></p>
<p><strong>Albert Einstein</strong></p>
<p>Las uniones matrimoniales entre personas homosexuales (varones y mujeres), lenta pero ininterrumpidamente, comienzan a ser legalizadas por distintos Estados. No son casos puntuales sino que parecieran marcar una tendencia, lo cual habla entonces de un cambio sociocultural en ciernes, cambio del que no sabemos aún su magnitud ni sus consecuencias.<span id="more-31232"></span></p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-31252" title="brocco lee" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/12/brocco-lee.jpg" alt="" width="350" height="263" />Si bien la legalización de los matrimonios homosexuales es algo muy reciente, la homosexualidad no es nada nuevo en la historia. La constitución misma del sujeto humano abre esa posibilidad en el ejercicio de su sexualidad, junto a otras. En realidad la especie humana es un abanico casi infinito de posibilidades, en el sentido más amplio, pero cada individuo particular no es infinitamente creativo y amplio. Por el contrario, nuestras posibilidades como sujeto están más o menos acotadas, limitadas. Más aún –y tal como enseña el psicoanálisis– la <em>repetición</em> signa nuestras historias. Pasamos la vida repitiendo (modelos, mitos, valores, ideología), y es muy difícil romper los ciclos que nos anteceden y constituyen. De ahí el surgimiento de los prejuicios, que no son sino las matrices que nos constriñen a seguir repitiendo “lo que debe ser”, lo que se supone ha sido, es y, por tanto, deberá seguir siendo. Claro que, en medio de esa dialéctica, también se abre la posibilidad de la transformación.</p>
<p>En el campo de lo sexual, punto culminante y siempre problemático en el proceso de humanización, de aculturación, del triunfo de lo simbólico sobre la biología –los animales se mueven por instinto, los humanos no tanto (<em>“el instinto está </em> <em> « </em><em> pervertido </em><em> » </em><em> ” </em> , dijo Jean Laplanche, por eso es posible la homosexualidad) los prejuicios están a la orden del día. “Prejuicios” en el sentido de “juicios previos”, de claves simbólicas que nos anteceden y nos condicionan/determinan la vida.</p>
<p>Si bien un estudio del investigador canadiense Bruce Bagemihl, <em>“Exuberancia biológica: homosexualidad animal y diversidad natural”</em> (1999), muestra que el comportamiento homosexual –que no se corresponde en forma directa con actividad sexual teniendo que ver más con el orden de la dominación– ha sido observado en casi 1.500 especies animales, desde primates hasta parásitos intestinales, y está bien documentado para unas 500 especies, ello no funciona del mismo modo que en el ámbito humano: los individuos con “prácticas homosexuales” no son excluidos por los heterosexuales, discriminados, hechos a un lado.</p>
<p>No hay campo de lo humano donde lo simbólico, y por tanto los prejuicios, se muestren con tanta virulencia como en el orden de la sexualidad. Más allá que desde una posición casi militante se levante hoy la idea que la identidad sexual es una “opción”, ello no se trata tanto de una cuestión de elección voluntaria cuanto de constitución subjetiva, histórica, producto de la <em>repetición</em> inconsciente de un sujeto en que sus fantasmas (el modo en que se procesa el complejo de Edipo y la castración, según nos enseña el psicoanálisis) deciden la estructura de personalidad. No se “elige” ser heterosexual, ni homosexual, ni bisexual, ni se “opta” por ser sado-masoquista, o paidofílico, o travesti, ni se llega a aceptar el voto de castidad o la poligamia por simples “decisiones personales” impulsadas por un presunto libre albedrío, así como no se es esquizofrénico, paranoico o neurótico obsesivo por voluntad propia. <em>“No es loco el que quiere sino el que puede”</em> decía Jacques Lacan. Antes bien, todas estas posibilidades que presenta el mosaico humano vienen amarradas a historias subjetivas que preceden y deciden a cada sujeto individual. En tal sentido, la “normalidad” es sólo cuestión de consenso.</p>
<p>La homosexualidad es tan vieja como el mundo. Lo que, por ejemplo, para los aristócratas varones de la Grecia clásica era un lujo (podían tener su mancebo, junto a su mujer con la que dejaban hijos), para la Iglesia Católica actual es un pecado, y hasta hace unos pocos años para la Organización Mundial de la Salud –OMS– era un trastorno psicopatológico, llegándose hoy día a la idea de “opción” comenzándose a aceptar legalmente los matrimonios homosexuales. Pero ¿qué es en definitiva la homosexualidad?</p>
<p>El <em>“Elogio de la sodomía”</em> fue escrito por Giovanni Della Casa, arzobispo de Benevento, dedicado a su compañero homosexual, el papa Julio III, quien ejerciera su papado entre 1550 y 1555. Es decir: la homosexualidad no es algo nuevo y desconocido en la historia. ¿Es privilegio de aristócratas, práctica tolerada socialmente, “vicio”, trastorno psicopatológico, decisión personal? De hecho, la Organización Mundial de la Salud la eliminó de su listado de la Clasificación Internacional de Enfermedades en 1990. ¿Hasta ese año era una “enfermedad” y ahora no entonces? No podría pasar lo mismo con la varicela, el cáncer o los juanetes.</p>
<p>Todo esto muestra que la cuestión en juego no es sencilla, que toca las fibras más sensibles de los seres humanos. Y muestra también que no es una simple cuestión de elección voluntaria: evidencia que la sexualidad, más que ningún otro ámbito humano, está transida por la cultura. ¿Cómo, si no, una “enfermedad” puede ser legalizada hoy día por un juez que firma un acta de matrimonio, o en otro contexto lleva a su eliminación en campos de concentración junto a judíos, gitanos y comunistas, por indeseables?</p>
<p>Sin dudas la homosexualidad es un tema polémico. Por lo pronto, es generalizado el uso de ese término para referirse a la práctica homosexual masculina, y no así al lesbianismo. Pareciera que ni aquí estamos libres del machismo. Pero más allá de esta consideración, cualquier forma de homosexualidad es altamente polémica. En algunos países se condena al castigo público a quienes la practican; en otros, aunque oficialmente eso no suceda, no dejan de aparecer con regularidad travestis asesinados (¿“limpieza” social?), y son ya históricos los desprecios y acosos que sufren los y las homosexuales. Estudios serios indican que hasta un 25% de los varones alguna vez en su vida tiene algún tipo de contacto homosexual. Por cierto: ¿qué personas atiende esta masa siempre creciente de travestis que pulula por las calles de prácticamente todas las ciudades occidentales? ¿A mujeres? No, definitivamente. Los “clientes” son varones. ¿De dónde viene entonces esa repulsión tan grande por los homosexuales que presentan los varones de nuestra cultura “normal”?</p>
<p>Como sucede con todo lo que pensamos, creemos y opinamos: no somos muy originales. En general, <em>repetimos</em> lo que heredamos culturalmente. Y en un mundo machista no podríamos dejar de repetir –en general en forma acrítica– los patrones que se vienen reproduciendo desde tiempos inmemoriales: un varón bien nacido no hace esas “asquerosidades”.</p>
<p>En el documento <em>“ Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales” </em> , preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe en el 2003 y firmado por el entonces Prefecto Joseph Ratzinger (ahora Papa Benedicto XVI), se dice que <em>“La homosexualidad se trata, en efecto, de un fenómeno moral y social inquietante” </em>(…) <em>“El hombre, imagen de Dios, ha sido creado «varón y hembra»”</em>, agrega citando el Génesis, 1, 27. <em>“Ninguna ideología puede cancelar del espíritu humano la certeza que el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus personas”. </em>Pese a contar entre sus filas una buena cantidad de sacerdotes homosexuales, la posición oficial del Vaticano no duda en considerar esta inclinación sexual como <em>“objetivamente desordenada”</em>, viendo en ella <em>“pecados gravemente contrarios a la castidad”</em>. Por eso concluye que <em>“reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad”. </em>De ahí el encendido llamado que hace a los gobiernos de los distintos países a no promover leyes que acepten estos casamientos.</p>
<p><strong> Saliendo del closet </strong></p>
<p>No hay sexualidad “normal”. El apareamiento entre un macho y una hembra de la especie humana en vistas a dejar descendencia es algo que sucede a veces, ocasionalmente. Pero las relaciones amorosas que unen los géneros, o las relaciones amorosas en general, no tienen como fin último “normal” la búsqueda de establecer nuevas crías; si no, por cierto, no se hubieran ideado todos los dispositivos de contracepción que existen. Por el contrario, la sexualidad da para todo: la genitalidad es parte, pero no la agota; y de hecho es tan sexual el llamado “coito normal” (¿posición del misionero?) como el uso de un vibromasajeador, un beso, acariciar una prenda interior, buscar una muñeca inflable o la posición más absurda, o erótica, que propone el Kamasutra.</p>
<p>Los prejuicios regulan la vida. Es más: quizá no pueda vivirse sin ellos, en el sentido que son las matrices culturales, los moldes ideológicos que nos preparan nuestras respuestas. Pero más que modelos arquetípicos que nos orientan, a veces son un estorbo para las relaciones abiertas y solidarias. Si vemos el mundo desde ellos, en buena medida ya está acotada nuestra actuación; de ahí la necesidad perpetua de desarmarlos, de no quedar atrapados en ellos.</p>
<p>Todos tenemos prejuicios, esquemas previos que nos marcan, indefectiblemente. ¿Por qué, en lengua española, llamar “gay” al movimiento homosexual si ese término no es español? ¿Habla ello de la preeminencia del inglés dado el imperialismo cultural que los anglosajones imponen hoy por hoy? Seguramente. Si el actual matrimonio “normal” –heterosexual y monogámico– es una institución en crisis que lenta pero inexorablemente muestra una tendencia o a su desaparición, o al menos a su transformación radical, ¿por qué los homosexuales lo buscan tan afanosamente? No hay dudas, más allá de lo justo como derecho civil de esa reivindicación, que anida allí también un prejuicio. ¿Qué se espera de un matrimonio?</p>
<p>Lo que está claro con este paso legislativo de la oficialización de las alianzas de parejas homosexuales es que las sociedades van mostrando, no sin dificultades ni tropiezos, una mayor cuota de tolerancia, de respeto a la diversidad.</p>
<p>Una cuestión que inmediatamente se plantea en relación a esto es el tema de las adopciones de hijos por parte de estos nuevos matrimonios. En más de un caso se ha dicho, incluso gente progresista que intenta ir más allá de sus prejuicios y sin ánimo de ser irrespetuosos, que “entre homosexuales casarse es una cosa, tener hijos ya es más discutible”.</p>
<p>Definitivamente es muy difícil, quizá imposible, prescindir de la carga de prejuicios que nos constituye. Que la homosexualidad, o más aún: la bisexualidad de varones y mujeres, está presente en la historia de todas las culturas, es un hecho incontrastable. De todos modos, hasta ahora al menos, la edificación cultural se ha hecho siempre sobre la base de la célula familiar –mono o poligámica, en general más patriarcal que matriarcal– con la presencia de los progenitores de cada uno de los dos géneros: masculino y femenino. ¿Qué pasa si eso cambia?</p>
<p>Una vez más: hablamos desde nuestros condicionantes, desde nuestros códigos más interiorizados, desde una historia que nos sobredetermina. Por ello es tan “normal” y “esperable” esta reacción, casi de espanto a veces, con respecto a la crianza dentro de otros patrones, para el caso: con dos figuras parentales del mismo sexo.</p>
<p>Para ser absolutamente rigurosos con un discurso analítico que se quiere serio, objetivo, certero, no podemos afirmar en forma categórica qué puede deparar este nuevo modelo de familia homosexual. Quitando los epítetos más viscerales, que no son sino expresión de los ancestrales prejuicios (“es anormal”, “es degenerado”, “vamos hacia la desintegración familiar y social”, “no está bien”, “¡qué asco!”) lo mínimo que habría que pedir es rigor científico para abrir juicios.</p>
<p>Las ciencias sociales (la psicología, la sociología, la semiótica) nos hablan de la constitución del sujeto humano a partir de lo que se puede encontrar en la actualidad, y del estudio de la historia. Pero es un tanto aventurado hacer hipótesis de futuro sin bases ciertas. Quedarse con valoraciones éticas que estigmatizan a priori esos nuevos seres humanos criados en estos nuevos contextos, es discutible.</p>
<p>¿Qué hubiera opinado un pedagogo del siglo XIX si se le decía que la principal fuente de socialización y transmisión de valores del siglo siguiente no iba a ser un ser humano sino una máquina, un aparato que emite sonidos y que reproduce imágenes y que no falta en casi ningún hogar, rico o pobre? Probablemente hubiera reaccionado escandalizado. ¿Cómo reaccionaríamos ahora si nos dijeran que las tres cuartas partes de los futuros seres humanos serán producto de inseminación artificial, y el otro cuarto, producto de clonaciones? ¿Y si nos dijeran que dentro de varias generaciones sería muy raro que la población quisiera tener más de un hijo por pareja, que muchas parejas incluso optarían por no dejar descendencia, y que ya nadie se casaría sino que conviviría unos años en unión libre? ¿Y qué pensaríamos si nos dicen que el sexo cibernético, individual y sin la contraparte de carne y hueso, va tomando cada vez más preeminencia? Esto se asemeja más al escenario actual, que para muchos inquieta, por cierto, pero que, al mismo tiempo, es una tendencia real. ¿Descalificaríamos de antemano a esa sociedad porque no es como la nuestra actual? ¿La tildaríamos de “anormal”?</p>
<p>En todo caso, para ser rigurosos en lo que se plantea y no hablar sólo desde la mediocre cotidianeidad prejuiciosa y superficial (eso es la “normalidad” en definitiva), ¿qué elementos reales tenemos para afirmar que los niños de matrimonios homosexuales serían “anormales”?</p>
<p>Hoy por hoy, acorde a los cambios que, nos gusten o no, van dándose en las sociedades –la humanidad cambia, para bien o para mal, y en general cambia para democratizar más los beneficios del desarrollo social– las uniones matrimoniales homosexuales indican que la moral, aunque muy lentamente, también va cambiando. Siendo rigurosos con la verdad, no podemos caer en la simpleza de decir que una moral es mejor que otra. Los seres humanos necesitamos ordenamientos axiológicos, códigos de ética, y no hay sociedad que no los tenga. Lo que sí podemos saludar hoy como un paso importante en el progreso social es que, no sin tropiezos ni dificultades, vamos comprendiendo que todos por igual tenemos derechos, que todos somos iguales, que el mundo no es de nadie sino de todos y para todos. Que nadie vale más que nadie. Lo contrario justifica los campos de concentración.</p>
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		<title>La rebelión de los árabes</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Mar 2011 21:41:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
		
		Una omnipresente sensación de asombro parece envolver a las  sociedades árabes en todas partes. Lo que está ocurriendo en el mundo  árabe es más que una simple revolución en sentido político o económico;  de hecho, está trastocando la propia autodefinición de lo que significa  ser árabe, tanto individual como colectivamente.
Hollywood ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/03/al3awda.jpg" width="240" />
		</p><p>Una omnipresente sensación de asombro parece envolver a las  sociedades árabes en todas partes. Lo que está ocurriendo en el mundo  árabe es más que una simple revolución en sentido político o económico;  de hecho, está trastocando la propia autodefinición de lo que significa  ser árabe, tanto individual como colectivamente.</p>
<p>Hollywood ha  caricaturizado y humillado durante mucho tiempo a los árabes. La  política exterior estadounidense en Oriente Próximo se ha visto  favorecida por las representaciones simplistas, degradantes y a veces  racistas de los árabes en los medios de comunicación. Toda una  generación de pseudointelectuales ha construido sus carreras desde el  convencimiento de que disponen de la clave para entender a los árabes y  el patrón aparentemente predecible de su comportamiento.<span id="more-24937"></span></p>
<div id="attachment_24978" class="wp-caption alignleft" style="width: 288px"><img class="size-large wp-image-24978" title="al3awda" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/03/al3awda-278x400.jpg" alt="" width="278" height="400" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Nidal El Khairy)</p></div>
<p>En la  actualidad estamos viendo cómo Libia —una sociedad que no llevaba camino  de ser una sociedad civil y que se encontraba en una prolongada fase de  cerco— está literalmente haciendo Historia. La fuerza colectiva  mostrada por la sociedad libia es, cuando menos, imponente. Igualmente  digna de alabanza es la forma en que los libios han respondido a los  peligros y desafíos crecientes. Pero lo más importante es la naturaleza  espontánea de sus acciones. Los esfuerzos diplomáticos, la organización  política, las iniciativas revolucionarias estructuradas y el alcance de  los medios de comunicación simplemente han ido por detrás de la senda y  las demandas del pueblo. Los libios han encabezado la lucha, y todos los  demás o la han aceptado o han jugado el papel de espectadores.</p>
<p>Hay  en marcha algo nuevo y fascinante aquí —un fenómeno de acción popular  que hace inadecuada cualquier comparación histórica-. Los estereotipos  occidentales han servido durante mucho tiempo a un importante (y muchas  veces violento) objetivo: reducir al árabe mientras se apuntalaban las  invasiones israelíes, británicas y estadounidenses en nombre de “la  democracia”, “la libertad” y “la liberación”. Los que sostenían la  “antorcha de la civilización” y supuestamente inspiraban una  indiscutible superioridad moral se otorgaron a sí mismos un fácil acceso  a las tierras de los árabes, a sus recursos, a su Historia y, sobre  todo, a su propia dignidad.</p>
<p>Sin embargo, aquellos que al definir a  los árabes establecieron el discurso de los prejuicios para satisfacer  sus objetivos coloniales —desde Napoleón Bonaparte a George W. Bush—  únicamente han demostrado ser unos pésimos estudiantes de Historia.  Adaptaron los relatos históricos para satisfacer sus propios diseños,  siempre asignándose a sí mismos el papel de libertadores y salvadores de  todo lo bueno sin perjuicio de la civilización y la democracia. En  realidad practicaron lo contrario de lo que predicaban, causaron  estragos, retrasaron las reformas, cooptaron la democracia y dejaron  siempre tras de sí un rastro de sangre y destrucción.</p>
<p>En la  década de 1920, Gran Bretaña troceó y después recompuso Iraq territorial  y demográficamente a conveniencia de su particular agenda política y  económica. Se perforaron pozos de petróleo en Kirkuk y en Bagdad, más  tarde en Mosul y en Basora. La singularidad cultural de Iraq no fue más  que una oportunidad de dividir y conquistar. Gran Bretaña se aprovechó  de la mezcla étnico-religiosa-tribal hasta la maestría. Pero los árabes  en Iraq se rebelaron en varias ocasiones y Gran Bretaña reaccionó de la  manera que lo haría con un ejército en un campo de batalla. La sangre  iraquí corrió en abundancia hasta la revolución de 1958, cuando el  pueblo consiguió liberarse de reyes títeres y de colonizadores  británicos. En 2003, los batallones británicos regresaron portando armas  aún más letales y discursos más deshumanizadores, imponiéndose a sí  mismos como nuevos gobernantes de Iraq con Estados Unidos a la cabeza.</p>
<p>Los  palestinos —al igual que los árabes de otras sociedades— no se quedaron  atrás en cuanto a su capacidad de movilizarse en torno a una plataforma  política decidida y altamente progresista. De hecho, Palestina vivió su  primera rebelión abierta contra la ofensiva colonial sionista en el  país y contra el complaciente papel británico por defenderla y trabajar  para garantizar su éxito hace muchas décadas (mucho antes de que <em>Facebook</em> y <em>Twitter</em> llegaran a la escena revolucionaria árabe). En abril de 1936, los cinco  partidos políticos palestinos se unieron bajo el paraguas del Alto  Comisionado Árabe dirigido por Haj Amin al-Huseini. Una de sus primeras  decisiones fue reunir Comités Nacionales en toda Palestina. En mayo,  al-Huseini convocó la primera conferencia de los Comités Nacionales en  Jerusalén que conjuntamente declararon una huelga general el 8 de mayo  de 1936. La primera acción conjunta palestina para protestar por los  diseños sionistas-británicos en Palestina no fue violenta. Al emplear  medios de desobediencia civil, el levantamiento de 1936 tuvo como  objetivo enviar un duro mensaje al gobierno británico acerca de que los  palestinos estaban unificados a nivel nacional y eran capaces de actuar  como sociedad firme y segura de sí misma. La administración británica en  Palestina no había tenido en cuenta hasta ese momento la reivindicación  palestina por la independencia y prestó poca atención a sus quejas  incesantes sobre la amenaza creciente del sionismo y de su proyecto  colonial.</p>
<p>La furia palestina se tornó violenta cuando el gobierno  británico recurrió a la represión masiva. Se había querido enviar un  mensaje a los palestinos de que el Gobierno de Su Majestad no se dejaría  intimidar por quienes consideraba insignificantes <em>fellahin</em> o  campesinos. Los seis primeros meses de la sublevación, que duró en sus  diferentes manifestaciones y fases tres años, se caracterizó desde el  principio por una huelga general ampliamente secundada que se extendió  desde mayo hasta octubre de 1936. Palestina simplemente se paralizó en  respuesta a la convocatoria de los Comités Nacionales y de al-Huseini.  Ello irritó a los británicos que veían a los “residentes no judíos de  Palestina” como campesinos deplorables y conflictivos, con una dirección  indómita. En pocos años, los palestinos lograron desafiar los  conocimientos convencionales de los británicos, cuya estrecha  comprensión<em> orientalista</em> de los árabes como seres inferiores, con  menos derechos, o sin ellos —un modelo que tomarían más adelante los  sionistas y los responsables israelíes— los dejó incapaces de considerar  cualquier otra respuesta a un levantamiento legítimo que las medidas  coercitivas.</p>
<p>El precio de la revolución es siempre muy alto.  Entonces, miles de palestinos fueron asesinados. Hoy en día, los libios  están cayendo en una cantidad intolerable. Pero la libertad es dulce y  varias generaciones de árabes han demostrado la voluntad de pagar el  alto precio que exige.</p>
<p>La sociedad árabe —sean los huelguistas de  Palestina en 1936, los rebeldes de Bagdad de 1958, o los  revolucionarios de Libia, Túnez y Egipto de 2011— se mantienen, en  cierto sentido, invariables, tan decididos como siempre a ganar la  libertad, la igualdad y la democracia. Y sus verdugos siguen igualmente  desquiciados, utilizando el mismo lenguaje y brutales tácticas  militares.</p>
<p>Los estudiosos neoconservadores de la Iniciativa de  Política Exterior y en otros lugares deben estar experimentando una  “conmoción y pavor” intelectual, aún cuando siguen en su afán de  controlar las riquezas y el destino de los árabes. Las sociedades  árabes, sin embargo, se han levantado en un llamamiento unificado por la  libertad. Y el llamamiento es ahora demasiado fuerte para que se pueda  silenciar.</p>
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		<title>Bolivia: ¿Es el racismo libertad de expresión?</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Oct 2010 02:40:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
		
		La polémica levantada por la prensa, en torno a la ley anti-racismo, no tiene, como fundamento, al derecho sino al cohecho. Porque cuando la propia prensa es cooptada por intereses privados monopólicos, entonces no es la libertad de expresión la que toma la palabra sino la privatización de ésta. Lo que es patrimonio público es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/10/medios.jpg" width="240" />
		</p><div id="attachment_20341" class="wp-caption alignright" style="width: 224px"><img class="size-medium wp-image-20341" title="medios" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/10/medios-214x300.jpg" alt="" width="214" height="300" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Zardoyas)</p></div>
<p>La polémica levantada por la prensa, en torno a la ley anti-racismo, no tiene, como fundamento, al derecho sino al cohecho. Porque cuando la propia prensa es cooptada por intereses privados monopólicos, entonces no es la libertad de expresión la que toma la palabra sino la privatización de ésta. Lo que es patrimonio público es raptado como propiedad exclusiva de los medios privados; este supuesto “derecho” es el que se pronuncia en contra del derecho de todos. Los medios no defienden la libertad de expresión: lo que defienden es la potestad absoluta que pretenden sobre ésta. Por eso aparece la intolerancia: exigen ser “consultados”, acusan de “violación a sus derechos”, hasta casi ordenan la derogación de dos artículos (que no les conviene); es decir, si de libertad de expresión se trata, no les interesa la expresión popular sino, exclusivamente, la suya; por eso exigen una “consulta” que ya tiene sentencia: si no se hace lo que exigen, resulta “violación a la libertad de expresión”.</p>
<p>Demandan la anulación de dos artículos que les incomoda, es decir: está bien estar contra el racismo, siempre y cuando se tenga carta blanca para decir lo que se quiera (o haciendo decir a otros lo que se piensa). El racista opina, precisamente, de ese modo, por eso nunca se confiesa: su confirmación necesita de la negación retórica de sus actos.</p>
<p>Una sociedad es racista no porque un desequilibrado profiera insultos en una radio, un periódico o un canal de televisión (quien se delata no es tan peligroso como se cree) sino porque está estructurada y atravesada política, económica y culturalmente, por el racismo. <span id="more-20289"></span>Si la propia clasificación social es, previamente, una clasificación racista, entonces hablamos de una naturalización de la dominación; que estructura las relaciones de poder como relaciones racistas de dominación. La naturalización de éstas es lo que produce su invisibilización; cuando las jerarquías sociales contienen clasificación racial, entonces parece “natural” esa distribución social. Si el precio del ascenso social es el desprecio (aunque sea disimulado) al supuesto “inferior”, lo que se evidencia, aunque nos duela en el alma, es el fundamento racista de nuestra propia subjetividad.</p>
<p>Hechos aparentemente inocentes nos muestran esto: teñirse el pelo no es un acto cosmético sino ético (como auto-negación), porque si el patrón de belleza que adopto no se corresponde a mi constitución biológica (que tiene su propia expresión cultural que no admito), entonces esa adopción se convierte en una negación de lo que, en definitiva, soy. Cosa curiosa, cuanto más oscuro es el cabello, más posibilidades de desarrollar las cualidades que hacen a un cabello sano (brillo, volumen, consistencia, etc.); pero si por mudar de color (siempre a más claro) debo quemarlo, lo que quemo, en última instancia, es la vida del cabello; es decir, por “verme bien” (según el patrón adoptado) mato algo en mí. La constante es cruel: para afirmar el patrón estético dominante (moderno-occidental) debo negar lo que soy (si lo que soy no se corresponde con lo “superior” entonces, por definición, soy “inferior”).</p>
<p>Una adopción estética no es inocente; es más, si el precio de esa adopción es mi negación, entonces mi apuesta no me honra sino me degrada. En este caso, el precio del racismo es la negación de la propia persona. Por eso el precio de la ignorancia es siempre la muerte, es el caso de nuestro ejemplo: para quemar el color del cabello no sólo quemo éste sino también neuronas cerebrales, porque los químicos que aplico atraviesan el cuero cabelludo, que es por donde respira el cerebro.</p>
<p>Para aceptar como “natural” esa cosmetología, debo aceptar como “mejor y más bueno” (“verse moderna”) el patrón estético que la sostiene (blanqueamiento como sinónimo de perfeccionamiento). En eso consiste el racismo: en la naturalización de las diferencias fenotípicas como superior e inferior; todo aquello que no coincide con el patrón blanco-moderno-occidental (euro-gringo-centrismo) es inferiorizado. Como consecuencia, el “verse bien” posee contenido moral, así como el “verse mal”; bien y mal quedan estetizados: el “bien” es blanco, el “mal” es negro. Se trata de una moral inmoral. Porque la imagen del “bien” le otorga legitimidad a la estética blanca (sinónimo de “pureza”); en cambio, toda otra estética es negada como “inferior”. Por eso se adopta lo blanco como “modelo de belleza” porque, previamente, lo que no es blanco, ha sido naturalizado como inferior, siendo su única “salvación” parecerse, lo más posible, a lo “superior, perfecto y bueno”. Por eso el racismo reordena a la humanidad a su imagen y semejanza. Ya no está hecho el ser humano a imagen y semejanza de Dios sino al contrario: Dios (lo infinito espiritual) tiene ahora hasta color; se parece a Santa Claus, es decir, un viejito ario, rubio y de ojos azules. El mismo Jesús, quien era semita (es decir, no era ario), es blanqueado para, de ese modo, “limpiar” su procedencia.</p>
<p>Ahora bien, ¿no tiene la comunicación actual el paradigma del lenguaje de la imagen? La imagen domina la televisión, la prensa y hasta la radio; por eso el lenguaje se va reduciendo a mero apéndice de la imagología dominante de los medios. Pero si el lenguaje mismo de la imagen se halla contaminado de racismo implícito, entonces se entiende la reacción de los medios. Su reacción no es impensada o accidental, fruto de la susceptibilidad o de la sospecha; es coherente con sus más hondos prejuicios. En eso son visionarios: si la discriminación y el racismo son combatidos legalmente, su accionar ya no puede ser omnímodo e impune. Su aparente inocencia queda descubierta como lo que es: operadores ideológicos de la naturalización de las relaciones de dominación.</p>
<p>Por eso la pregunta no es retórica. Es la pregunta que debe, siendo consecuentes, formulársele a una componenda mediático-periodística: ¿es el racismo “libertad de expresión”? La libertad también puede definirse en contra de ella misma; es cuando prescinde de toda referencia anterior y pretende fundarse a sí misma, en consecuencia, la libertad mía se opone a la libertad ajena. Esta aporía es insoluble; en la que se cae cuando se defiende la libertad por la libertad. Eso hace el díscolo.</p>
<p>Lo que define a la libertad es la responsabilidad; por eso la libertad no es un principio metafísico sino autoconciencia de la finitud humana. Somos libres porque somos finitos; por eso hay decisión, porque la libertad consiste en elegir, y uno elige porque la existencia no es infinita. Por eso, las verdaderas elecciones, no consisten en elegir esto o aquello, sino en elegir la posibilidad misma de toda elección, esto es, la vida. Si niego la vida del otro, niego la vida, porque ésta no se reduce a mi vida sino a la vida de todos. Por eso la libertad no se define metafísicamente sino políticamente. Expando mi libertad cuando trasciendo mi propio yo: las necesidades materiales de mi prójimo son necesidades espirituales para mí. Soy libre en la medida en que me hago responsable. Sin responsabilidad, mi libertad es pura inercia, y todo lo que se encuentra en su camino resulta un obstáculo o distorsión de su espontáneo desplazamiento. Esta concepción física de la libertad, llevada al ámbito humano, tiene consecuencias desastrosas. De ese modo se comporta el capricho pueril del mimado, que sólo está dispuesto a escuchar a los demás, si confirman su propio parecer. Si se pone a sí mismo como criterio absoluto de todo dictamen, entonces se entiende su oposición a toda regulación exterior (toda moral queda reducida a su moral). Quiere tener la potestad de juzgar, pero que no le juzgue nadie. Lo que no ve o no quiere ver es que su accionar tiene consecuencias públicas, y eso no puede evaluarlo él mismo, porque los afectados son también otros.</p>
<p>Las objeciones periodísticas que se escuchan, se escudan en la preservación de sus fuentes de trabajo; aunque la ley sólo estipule en casos extremos el cierre de medios, además de acuerdo a una normativa posterior (de consenso democrático, donde no sólo los periodistas sean los interlocutores sino la población en su conjunto). Pero esta objeción, si somos coherentes con una lucha contra toda forma de racismo y discriminación (que los periodistas alegan no estar en contra), no es legítima. Un ejemplo: si todos estamos en contra de las armas, ello supone eliminar su fabricación, lo cual conduce, inevitablemente, a la eliminación de empleos.</p>
<p>En el fondo se trata de la dignificación del empleo. No todo empleo es digno, por lo tanto, si no apuesto a su dignificación, su defensa es sinónimo de intransigencia. Ésta no es legítima, porque acabaría afirmando: estoy en contra del racismo, siempre y cuando no afecte a mis intereses; lo cual solapadamente quiere decir: soy capaz de tolerar el racismo porque no me afecta, es más, saco provecho de ello. Esa parece ser la bandera sarcástica de los humoristas que, ingenuamente, se brindan como escudo melodramático de los medios. Si el humor sólo sirve para burlarnos de otros, entonces el humor nos degrada; cuando un prejuicio es sañudo, los chistes se hacen venenosos, incluso para el que los profiere. Una cesación del racismo debiera ser un reto positivo para el humor boliviano, pues no hay nada más imaginativo que hacer del humor un acto pedagógico. De lo contrario, hasta con chistes, los medios preparan a una sociedad discriminadora, activando su descontento en explosiones de odio, despertando el racismo centenario que prescribe su subconsciente a la hora del insulto: “indio de mierda”.</p>
<p>En ese sentido, la “auto-regulación”, es un despropósito. Porque esto no significa otra cosa que auto-justificación. Uno no puede evaluarse a sí mismo si sus acciones van más allá de uno. Porque si de autocrítica hablamos, ésta es propia de un ser moral, autónomo, es decir, de alguien que responde por sus actos ante sí y ante los demás. Por eso la moralidad no es algo que abandono después que cierro la puerta de mi dormitorio; es algo que llevo y que me expone ante los demás como un ser responsable. Cuando los periodistas cuestionan todo intento de regulación pública de su actividad, actúan como los políticos y, de ese modo, inconscientemente, consagran la inmoralidad que tanto critican.</p>
<p>Por eso hasta el lenguaje degenera en los medios. Cuando ya no hay ética en el oficio, ninguna renuncia concedo de parte mía, ni siquiera por el bien común; si antes no garantizo mis intereses, el interés de los demás no me interesa, defiendo lo mío aunque vaya en contra del resto. Con el episodio de la tortura a un conscripto, ni los periodistas y menos los medios, son capaces de reflexión. Ellos mismos propician un debate sobre la obligatoriedad del servicio militar; es decir, se requiere una medida drástica ante semejante hecho, lo cual, inevitablemente, pone en entredicho la función misma de las fuerzas armadas. Pero esa misma argumentación ya no la usan los medios para sí mismos, aunque sirva también para el proceder de ellos. Extrañamente, no están dispuestos a medirse, ellos mismos, con la misma vara que miden a los demás.</p>
<p>Veamos un hecho: la masacre de campesinos en Pando. El 11 de septiembre de 2008, en medio todavía de la persecución y la masacre, los medios montaron, unánimemente, la retórica del “enfrentamiento”. Todos los titulares, de modo premeditado, sentenciaron el hecho. Ese sorprendente acuerdo tácito no dejó lugar a dudas. El “enfrentamiento” (que nunca fue “supuesto”, como el terrorismo que aun encubren como “supuesto”) nos colocaba en una situación moral o, más bien, inmoral: era un “enfrentamiento entre buenos y malos”. Si los analistas (invento mediático) pregonan que nada es o negro o blanco, que los matices cuentan; aquel día el acuerdo fue absoluto, sin matices que valgan. La retórica del “enfrentamiento” excusaba todo exceso; por eso las palabras del prefecto de Pando (amplificada por los medios), podían ser consentidas y hasta aplaudidas: se trataba de una apología del genocidio (por eso a los asesinos les llamaba “mártires”). El “enfrentamiento” servía para eso: se trataba de un guión que no sólo lavaba culpas sino –y esto es lo peor– nos convertía, a todos, en cómplices de un hecho flagrante. Admitir el “enfrentamiento” era admitir que aquel genocidio fue una “defensa”.</p>
<p>Hay químicos que limpian las manchas de sangre, pero no hay nada que limpie la conciencia del asesinato. Pero los medios creen que eso es posible. Por eso inventan figuras que devuelven la inocencia al culpable. El montaje espectacular de aquel 11, es sólo comparable al montaje de aquel otro 11 de septiembre, de 2001. Ambos realizan una demolición planificada. Lo que se demuele, en definitiva, son las coordenadas del bien y del mal: si el verdugo es la víctima y la víctima el verdugo, entonces nos hallamos ante una inmoralidad. Si, frente a ello, el público no tiene criterios para enfrentar semejante situación, entonces, lo que viene, es la descomposición social. Por eso no es rara la mezcolanza obscena que los noticieros prodigan sin asco (y hasta con auspicios apetitosos): el genocidio es seguido por un circo y la masacre es precedida por LG, <em>“life is good”</em>. Esta descomposición produce también contaminación; pero no se trata del medio ambiente sino de nuestra propia conciencia. Cuando esto se socializa, nos revuelve una paradoja: en la era de las comunicaciones, ésta es cada vez menos posible.</p>
<p>La comunicación no es un algo dado sino algo que se produce. Si se merma la posibilidad de esa producción, aparecen los síntomas de esa paradoja: el diálogo va desapareciendo de la convivencia humana y, con él, la propia convivencia. Entonces la política tampoco es posible; su única posibilidad es la guerra. Lo cual es ya común cuando la política es cooptada por los medios. Cuando los actores, en medio de algún conflicto, acuden a los medios, es cuando estos reducen todo a su lógica: no median nada sino, al contrario, imposibilitan cualquier mediación. Porque los criterios que guían el accionar mediático son mercadotécnicos y, dentro de ellos, lo que importa es el espectáculo; la verdad, el sujeto y la realidad son desplazados por exigencias comerciales. El formato de las telenovelas pasa a ser el formato noticiero, dejando al público en un permanente estado de tensión, sumido en la incertidumbre, pronunciando aquello que, de uno u otro modo, resulta una trampa que montan los propios medios: “ya no hay a quién creerle”. Quien dice esto ya no cree pero, curiosamente, cree en aquel que le ha inducido a no creer en nadie: los medios. Es decir, la incredulidad reinante es la más crédula afirmación de un público que le otorga, inocentemente, a los medios, la autoridad sobre sus creencias.</p>
<p>La nueva religiosidad que inaugura la globalización ya no necesita iglesias. Sus nuevos templos son los medios, adonde concurren los feligreses, cada día, para saber qué comer, qué vestir y, lo más grave, qué opinar. El periodismo aparece como el nuevo sacerdocio del mercado global, donde las grandes cadenas y los monopolios mediáticos cotizan en su propia bolsa de valores: el<em> rating</em>. Este índice le sirve al mercado global para reproducirse al infinito, a costa siempre de lo finito: el ser humano y la naturaleza.</p>
<p>Los medios no toleran regulación alguna, porque actúan según el mercado: éste no tolera ningún Estado (salvo el que le sirve) porque no tolera regulación ni ley, salvo la suya: ésta dictamina que todo es mercancía, que nada es verdad ni moral ni ético, tampoco justo o sagrado, que todo es ofertable, vendible; por eso, la única libertad radica en la libertad de vender y venderse. Esta libertad escupe su grito a los cielos cuando se pretende nacionalizar la riqueza o cuando se propone el respeto a la naturaleza; porque si no todo es vendible, entonces se puede poner límites al mercado. Es cuando los medios decretan el estado de excepción.</p>
<p>El 2002 el golpe a Hugo Chávez fue mediático. El 2008, el golpe cívico-prefectural tuvo, en los medios, el lugar de articulación y emanación del racismo citadino. Esto es posible porque la sociedad boliviana es constitutivamente racista; su carácter colonial no es sólo institucional sino subjetivo y aparece cuando se encienden los dispositivos que despiertan sus más hondos prejuicios. La nueva colonización opera de modo sofisticado y tiene, a los medios, como a los ejecutores de una nueva invasión: ya no se trata de la conquista física sino espiritual. Los bombardeos son, ahora, mediáticos y ocurren todos los días y en todos los ámbitos de la convivencia humana. En las actuales “guerras de cuarta generación”, los medios ocupan un lugar fundamental, provocando derrumbes de procesos democráticos, para garantizar la expansión del mercado global. El poder que cuentan no es sólo económico sino político y esto es, precisamente, lo que se denomina mediocracia.</p>
<p>Los medios se vuelven operadores políticos y, como tales, se otorgan, para sí, la potestad de la interpretación de los hechos políticos. Ya no se actúa como medio sino como un fin en sí mismo. La realidad se hace prescindible y, en consecuencia, la verdad innecesaria. Por eso la identidad entre realidad y hecho informativo es falsa, porque la noticia resultante es producto de una “composición” de la realidad; en la “edición” de la noticia es donde la realidad se construye a partir de prerrogativas ideológicas que, en el peor de los casos, cuando hay racismo de por medio, el resultante es lo que pasó el 11 de septiembre de 2008: una masacre.</p>
<p>La asonada mediática fue preparando, sistemáticamente, la figura del “enfrentamiento”; configurando estereotipos que despertaron hondos prejuicios afincados en una subjetividad citadina, maleducada y deformada, no sólo por una educación discriminadora sino por la presencia cuasi omnímoda que operan los medios sobre la sociedad. La naturalización de las relaciones racistas de dominación son activadas, por lo general, mediante dispositivos que encienden la disponibilidad del público a agredir a su prójimo, sin remordimiento alguno; porque el racismo opera precisamente para otorgarle inocencia al agresor: si se trata de un indio, se trata de una llama. Por eso el “enfrentamiento” era lo inmoral por antonomasia: el bando de los “buenos” eran “jóvenes”, “población pandina”, “autonomistas”, “cívicos” y hasta “mártires por la democracia y el IDH”; los “malos” eran “sicarios pagados por el gobierno”, “hordas masistas”, “collas”, “campesinos que venían a sembrar terror”, “indios armados hasta los dientes”. Bajo esta escenografía, la “defensa” estaba bendecida y merecía hasta la llegada del Cristo redentor. La memoria del asesino acudía a su pasado sacrificial y encontraba en las arengas de las cruzadas la razón que justificaba su sed de venganza ante el atrevimiento de la plebe. Nos hicieron tragar el “enfrentamiento” para decir amén a la “defensa”; sin siquiera preguntar lo más sensato: ¿qué clase de “defensa” persigue a los supuestos “malos” hasta acribillarlos abusivamente mientras escapan desesperados por un rio? Aquello arrojó una suma de muertes, perseguidos y desaparecidos que, más que una “defensa”, era una brutal ofensa.</p>
<p>Para los medios, la masacre no existió. Si ésta no existió, las víctimas tampoco existen, por tanto, Leopoldo Fernández está preso injustamente. Esta distorsión se hace argucia legal y reivindicación política del racista que tiene, en los medios, un espacio hasta familiar. Si la verdad es rehén de los medios, es decir, su propiedad privada, lo que aparece es un totalitarismo con cara de inocencia. Objetarle algo resulta ir contra la libertad de expresión; proponer una regulación es dictadura, plantear una ley es persecución política.</p>
<p>Pero la comunicación es un bien público y no puede ser patrimonio privado. No puede dejarse al lucro privado lo que es condición de la convivencia humana. Ante la objeción del derecho a la libertad de prensa (confundida con la libertad de expresión), la respuesta de la comunidad política no puede ser otra que la de afirmar un derecho anterior a cualquier “derecho” que puedan objetar los monopolios de la comunicación: el derecho a la verdad. Sin este derecho se abre la posibilidad de la demolición moral de la comunidad. La comunicación no puede ser un negocio, así como la verdad no puede ser mercantilizada. Otorgar el ejercicio de la comunicación a intereses privados, cuyo fin es el lucro, significa el suicidio de una comunidad. Por ello, la recuperación pública del ejercicio de la comunicación, forma parte de una política de nacionalización y de recuperación de la soberanía de un Estado.</p>
<p>Hay un curioso discurso del presidente Einsenhower, de enero de 1961: “La influencia total (de esta conjunción entre un inmenso aparato militar y la industria armamentista) en lo económico, político y hasta espiritual es percibida en cada ciudad, cada institución, cada oficina del gobierno federal. Tenemos que protegernos contra la invasión de influencias incorrectas, intencionadas o no, del complejo militar-industrial. No debemos nunca permitir que la fuerza de esta combinación ponga en peligro nuestra libertad o nuestro proceso democrático”.</p>
<p>Ahora sabemos que los norteamericanos perdieron esa batalla y, con ella, su libertad y su democracia; por eso acabaron siendo un público domesticado dispuesto a justificar las más grandes atrocidades de los afanes imperialistas de ese complejo militar-industrial que gobierna ese país. Allí se desarrollaron las ciencias de la comunicación o, más bien, ciencias de la manipulación, que no es más que la formalización cientificista de la propaganda ideológica que había producido el régimen nazi. Goebbels lo decía de este modo: “no nos interesa comunicar la verdad sino lograr un efecto”. El poder mediático consiste, de ese modo, en generar efectos premeditados; su propósito ya no es la verdad sino la negación de ésta, como solía repetir ese ministro de propaganda e información nazi: “una verdad debe construirse a base de mentiras”. En el reino de la mentira se produce el monopolio de las comunicaciones; las grandes cadenas de información ya no informan; su propósito es otro: la humanidad, el planeta y la naturaleza, son sólo la escenografía de un apetito que se expande a todos los rincones del mundo: el mercado global o imperio del capital.</p>
<p>El poder mediático influye en casi todos los ámbitos de la existencia humana; coloniza nuestras conciencias generando una nueva religiosidad: la idolatría del mercado. El público es amaestrado según las necesidades del mercado; es decir, ya no es sujeto de decisiones sino objeto de las decisiones de este nuevo ídolo, que reclama un nuevo holocausto, para así tener libre acceso a todos los recursos planetarios. Por eso le otorga poder a los medios, con la garantía, además, de Estados irresponsables. Aparece un nuevo poder: la mediocracia. Este poder es político y operador idóneo que usa el imperio para desestabilizar procesos democráticos. Actuaron como operadores políticos de una estrategia bélica de recaptura del poder el 2008; y son quienes preparan la masacre, preparando a los verdugos de aquel genocidio. Por eso el 11 de septiembre la invención del “enfrentamiento” no buscaba describir nada sino confirmar su credo: los indios alzados merecían un escarmiento.</p>
<p>Si toda información consiste en la mentira, la calumnia, el chisme, la burla, entonces la información ya no informa ni comunica la realidad, sino la desfigura, la manipula y la deforma. Una regulación de medios es necesaria incluso para bien del propio ejercicio periodístico. Una historia: una creyente confiesa haber pecado de calumnia, busca el perdón. Su confesor le dice: cuando despiertes sube a la terraza de tu casa y lleva contigo una almohada de plumas, destrózala y esparce las plumas al aire. Ella lo hace y regresa, preguntando: ¿estoy ahora perdonada? La respuesta es: todavía no. Ahora debes volver y recoger todas las plumas y rellenar de nuevo la almohada. Pero eso es imposible, replica. Exactamente, dice el confesor. Es imposible remediar aquello. La calumnia es como las plumas que esparciste, no podrás deshacer aquello.</p>
<p>Un analista de Panamericana, en referencia a la ley que está por aprobarse, decía: no soy de izquierda ni de derecha, soy católico y creo que con esta ley sólo nos resta acudir a Dios. Parece que este analista no lee su Biblia. Si el “no mentiras” es un principio de nuestra constitución, también lo es del decálogo. Y lo que hicieron y hacen los medios, continuamente, es mentir cínicamente. Ese analista habla, por supuesto, para quienes, como él, no creen en la igualdad humana. Los Salmos, llaman a estos, impíos: “No tienen parte en las humanas aflicciones y no son atribulados como los otros hombres. Por eso la soberbia los ciñe como collar y los cubre la violencia como vestido. Ponen su boca en el cielo y su lengua se agita por la tierra. Por eso el pueblo se vuelve tras ellos. Helos ahí son impíos, pero tranquilos constantemente aumentan su fortuna” (73:3-12). ¿Qué dice el Eclesiástico?: “El rico hace injusticias y se gloría de ello; el pobre recibe una injusticia y debe pedir perdón. Si el rico habla, todos le aplauden; aunque diga necedades le dan la razón. Pero si el pobre habla, le insultan, habla con moderación y nadie le reconoce. Habla el rico y todos callan. Pero habla el pobre y dicen: ¿quién es éste? Y si dice algo más, todos se le echan encima” (4:29).</p>
<p>No es raro que la comisión episcopal se oponga a la ley anti-racismo; pero si nos oponemos a ella, ¿qué hacemos con los principios cristianos? Lo que se nos pide es romperlos. Sólo nos resta decirles, lo que decía otro masacrado: “perdónalos Señor porque no saben lo que dicen”. La masacre continúa cada día que nos roban el derecho a la verdad. Las víctimas son doblemente asesinadas y nosotros, al consentir aquello, nos hacemos cómplices de esa ejecución continua. Hay que señalar: no se puede hacer desaparecer a los medios, ni al periodismo, pero tampoco se les puede otorgar una libertad de acción irrestricta, impune e inmune a toda legislación pública. Recordemos: “No debemos permitir que la fuerza de esta combinación ponga en peligro nuestra libertad o nuestro proceso democrático”. La comunicación es un bien público y no puede ser privatizado y menos monopolizado por el lucro. Recuperarlo no es desprivatizarlo sino nacionalizarlo (porque no es patrimonio privado sino público). Nacionalizar el ámbito de los medios significa devolverles su propósito original: servir a su propia comunidad, promoviendo la educación y el desarrollo cultural y nacional de la comunidad que les dio origen y a la que se deben.</p>
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		<title>Gays de Costa Rica solicitan imitar a capital mexicana</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Dec 2009 19:16:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
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		Fuente: Nuestro País
Redacción (elpais.cr) &#8211; El líder del Movimiento Diversidad, Abelardo Araya, dijo a corresponsales extranjeros que la legalización de bodas entre homosexuales derrumban los prejuicios que limitan los derechos de la comunidad.
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		</p><div id="attachment_10464" class="wp-caption alignright" style="width: 330px"><img class="size-full wp-image-10464" title="marcha gay costa rica" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2009/12/marcha-gay-costa-rica.jpg" alt="Archivo / Nuestro País" width="320" height="206" /><p class="wp-caption-text">Archivo / Nuestro País</p></div>
<p>Fuente: <a href="http://www.elpais.cr/articulos.php?id=17626" target="_blank">Nuestro País</a></p>
<p>Redacción (elpais.cr) &#8211; El líder del Movimiento Diversidad, Abelardo Araya, dijo a corresponsales extranjeros que la legalización de bodas entre homosexuales derrumban los prejuicios que limitan los derechos de la comunidad.</p>
<p>Aseguró que Costa Rica debe imitar iniciativas como la mexicana en materia de matrimonio entre personas del mismo sexo, y señaló que con estas medidas se echa abajo el machismo.<span id="more-10463"></span></p>
<p>&#8220;La cultura costarricense (&#8230;) debería imitar ese tipo de iniciativas al derrumbar los mitos y los prejuicios que obstaculizan, realmente, el goce pleno de nuestros derechos&#8221;, dijo el líder local de la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros.</p>
<p>&#8220;Nosotros quisiéramos, realmente, que ese tipo de iniciativas de avance se dieran en el país&#8221;, expresó Araya en declaraciones al Canal 7, y agregó que &#8216;lo que existen son retrocesos&#8221;.</p>
<p>El presidente del Movimiento Diversidad subrayó que &#8220;nos alegra (&#8230;) que sea una ciudad como México donde se ha superado muchísimo el machismo&#8221;.</p>
<p>Las declaraciones de Araya fueron difundidas dos días después de que la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México aprobó reformas al Código Civil capitalino en el sentido de que, en lugar de unir a mujer y hombre el matrimonio se defina como unión entre dos personas.</p>
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		<title>¿Islamofobia o xenofobia?</title>
		<link>http://revista-amauta.org/2009/11/%c2%bfislamofobia-o-xenofobia/</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Nov 2009 21:43:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
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		Fuente: Al Ahram Weekly
Traducción: Germán Leyens, Rebelión
¿Nueva ola de islamofobia en Europa?
por Gihan Shahine
19 de noviembre, 2009
No fue nada que hiciera o dijese. Más bien, lo que le costó la vida fueron su apariencia y su tipo de vestido. La farmacéutica egipcia Marwa El-Sherbini, llevaba puesto el velo islámico (hiyab) mientras jugaba inocentemente con su [...]]]></description>
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		</p><p><img class="alignright size-full wp-image-9257" title="contre le islam" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2009/11/contre-le-islam.jpg" alt="contre le islam" width="180" height="285" />Fuente: <a href="http://weekly.ahram.org.eg/2009/973/focus.htm" target="_blank">Al Ahram Weekly</a><br />
Traducción: Germán Leyens, <a href="http://www.rebelion.org/noticia.php?id=96049" target="_blank">Rebelión</a></p>
<p><em><strong>¿Nueva ola de islamofobia en Europa?</strong></em></p>
<p>por Gihan Shahine<br />
19 de noviembre, 2009</p>
<p>No fue nada que hiciera o dijese. Más bien, lo que le costó la vida fueron su apariencia y su tipo de vestido. La farmacéutica egipcia Marwa El-Sherbini, llevaba puesto el velo islámico (hiyab) mientras jugaba inocentemente con su hijo de tres años en un parque en Dresde, Alemania, cuando un hombre ruso-alemán repentinamente la llamó “terrorista” entre otras cosas.</p>
<p>El-Sherbini llamó a la policía y acudió a los tribunales, donde el mismo hombre la atacó con un cuchillo. También apuñaló a su esposo mientras trataba de protegerla y luego un policía que, según se informa, lo confundió con el atacante le disparó y le hirió gravemente.<span id="more-9256"></span></p>
<p>Mientras el asesino de El-Sherbini fue condenado a cadena perpetua el 11 de noviembre por un tribunal alemán, la cólera por su asesinato no sólo se extendió por el mundo musulmán, sino que además ha abierto toda una caja de Pandora de preguntas sobre si Europa en su conjunto sufre una nueva ola de islamofobia.</p>
<p>El asesinato de El-Sherbini, por trágico que sea, todavía puede ser interpretado por algunos musulmanes y por voces más lúcidas como un incidente “aislado” cometido por un lobo racista solitario. Pero sigue siendo cuestionable si otros incidentes se pueden descartar de la misma manera.</p>
<p>Hace sólo algunos meses, a Ali Mohammed, el imán de una mezquita en California, le quemaron vivo cuando incendiaron su casa después de haberle acosado por ser un “terrorista musulmán.” En otro sitio, el enviado de Al-Azhar al Centro Islámico en Londres, Mohamed El-Salamoni, fue golpeado por un atacante sólo seis meses después de iniciar su misión, y terminó por perder la vista. Semejantes incidentes explican por qué el asesinato de Marwa El-Sherbini se ha considerado ampliamente como una prueba más del prejuicio occidental contra el Islam.</p>
<p>La reciente ola de crímenes de odio cometidos contra musulmanes también ha provocado ansiedades musulmanas sobre si semejante islamofobia occidental ha tomado ahora una forma nueva y más sangrienta. El tema de si esos crímenes de odio se deben ver en el contexto de islamofobia, o sólo como resultado de xenofobia, también es objeto de un acalorado debate.</p>
<p>¿Les va peor a los musulmanes que a otros grupos minoritarios que viven en el continente europeo?</p>
<p>Si nos guiamos por estudios existentes, es posible que los musulmanes estén sufriendo más. Un estudio realizado en diciembre de 2006 por el Centro Europeo de Monitoreo sobre Racismo y Xenofobia, basado en Viena, declaró de modo terminante que “la islamofobia aumenta en toda Europa, donde muchos musulmanes son amenazados e incomprendidos – algunos a diario.” El centro, que rastrea prejuicios étnicos y religiosos en los 27 países de la Unión Europea, dice que “los musulmanes sufren rutinariamente problemas que van desde ataques físicos a discriminación en el mercado laboral y de la vivienda.”</p>
<p>El centro también enumeró cientos de casos de violencia y amenazas contra los musulmanes en Europa desde 2004, tales como vandalismo en mezquitas y centros islámicos, abuso contra mujeres que llevan velos islámicos, y ataques, como el de una pandilla con bates de béisbol decorados con esvásticas y consignas racistas que atacó a una familia somalí en Dinamarca. Mientras tanto, según el informe, la representación musulmana en los parlamentos nacionales europeos sigue siendo baja, con sólo dos miembros musulmanes practicantes en el parlamento británico, uno en Alemania, y ninguno en Francia.</p>
<p>Según Mahmoud Khalil, profesor en la Facultad de Información de la Universidad de El Cairo: “las minorías musulmanas que viven en Occidente sufren más que ninguna otra religión por un simple motivo: no existe una protección internacional que asegure amparo para todos los musulmanes del mundo, similar a la que otrora fuera suministrada por la histórica regla islámica del califato.”</p>
<p>Parece que se deja que los musulmanes se las arreglen solos, ya que las organizaciones internacionales usualmente no pueden suministrar ayuda. “Las minorías cristianas que viven en países de mayoría musulmana, al contrario, tendrían de inmediato la protección del Vaticano y del mundo en su conjunto si se cometiera un crimen contra un cristiano como el perpetrado contra El-Sherbini,&#8221; dijo Khalil. “La comunidad judía en países de mayoría musulmana como Marruecos también goza de todos sus derechos civiles, y tiene el apoyo de Occidente y de EE.UU.”</p>
<p>Además, se culpa culpados frecuentemente a los medios de comunicación occidentales de jugar un papel crucial en el aliento de sentimientos anti-musulmanes. El hecho de que el abogado del asesino de El-Sherbini haya declarado terminantemente que cuando cometió el crimen su cliente estaba bajo la influencia de una cobertura mediática prejuiciada que tiende a mostrar a los musulmanes como terroristas, ha llevado a cuestionar aún más la objetividad de los medios occidentales.</p>
<p>En un artículo reciente intitulado “La vergonzosa islamofobia en el corazón de la prensa británica” que apareció en el periódico británico Independent, el periodista Peter Oborne citó un estudio de la Escuela de Periodismo de Cardiff que examinó la información sobre temas musulmanes.</p>
<p>“El equipo analizó unos 974 artículos y estableció que aproximadamente dos tercios de todos los ‘enganches’ para historias sobre musulmanes implicaban terrorismo (cerca de un 36% de los artículos), temas religiosos como la ley Sharia, subrayaban diferencias culturales entre musulmanes británicos y otros (un 22%); o extremismo musulmán, respecto a personajes como Abu Hamza,” escribió Oborne. “Esos artículos mostraban todos a musulmanes como fuente de problemas. Al contrario, sólo un 5% de los artículos se basaban en problemas enfrentados por los musulmanes británicos.”</p>
<p>Khalil también dice que los prejuicios en los medios occidentales aumentaron después de los ataques del 11-S contra Nueva York y Washington, pero que semejantes prejuicios han sido desde hace tiempo una característica de los medios occidentales. “Los medios occidentales han sido prejuiciados por lo menos desde la Guerra de Octubre en 1973 cuando se presentó a los árabes utilizando el petróleo como arma para presionar a EE.UU. a que abandonara su apoyo para Israel,” señaló Khalil.</p>
<p>El que el secuestro de miembros del personal de la embajada de EE.UU. en Teherán durante la Revolución Islámica en 1979 se siga conmemorado actualmente en los medios occidentales es también un ejemplo de cómo los medios tratan de avivar el sentimiento público contra los musulmanes, dijo Khalil.</p>
<p>Semejantes imágenes negativas de los musulmanes parecen haber influenciado el modo de pensar dominante en Occidente. Según un reciente sondeo publicado por la red estadounidense <em>ABC News</em>, un 14% de los ciudadanos de la Unión Europea admitió su “intolerancia” hacia minorías, mientras otro 25% dijo que eran “ambivalentes” hacia ellas.</p>
<p>“Mientras Alemania presenció un aumento de un 40% en crímenes racistas denunciados el año pasado, y la Comisión Islámica de Derechos Humanos basada en Londres ha registrado que las quejas por reacciones en Gran Bretaña desde los ataques del 11-S se han multiplicado por 13, semejantes cifras son difíciles de comparar en países como Francia, donde los orígenes étnicos de los demandantes no se registran,” dijo el sondeo de <em>ABC News</em>.</p>
<p>Además, Runnymede Charity, basada en Londres, publicó en 1997 un informe intitulado “Islamophobia: A Challenge for Us All&#8221; [Islamofobia: un desafío para todos], actualizado en 2004, que estableció que “a los musulmanes se les ve como ‘los otros’ y como que carecen de los valores mantenidos por las culturas occidentales.” El Islam también era considerado por muchos como una religión violenta, terrorista, incapaz de corresponder a los valores occidentales.</p>
<p>Lo que es aún más alarmante, el informe estableció que muchos occidentales usaban semejantes conceptos erróneos como el Islam como pretexto para justificar “prácticas discriminatorias contra musulmanes y su exclusión de la sociedad en general.” El informe concluyó que entre los europeos “la hostilidad contra los musulmanes es considerada como natural o normal.”</p>
<p>Posiblemente semejantes conclusiones no sean sorprendentes para el destacado novelista egipcio Alaa El-Aswani. Los sentimientos anti-musulmanes han estado aumentando en Europa como resultado de la creciente popularidad de la extrema derecha en muchos países europeos, dijo El-Aswani, y el hecho de que la mayoría de los europeos sepan poco o nada sobre las verdaderas enseñanzas del Islam, supone que muchas mezquitas y organizaciones islámicas en Europa estén en manos de tendencias extremistas, ha complicado aún más el problema, dijo.</p>
<p>“El tono y la retórica a veces extrema que los imanes de algunas mezquitas en Europa tienden a adoptar presenta una imagen errónea del Islam que va en contra de los valores seculares de Occidente,” dijo El-Aswani. Describir el niqab (velo completo) como una obligación religiosa para las mujeres, cuando la mayoría de los eruditos islámicos insisten en que no lo es, puede alarmar a muchos occidentales, por ejemplo, no tanto por cómo se ve, sino más bien por el mensaje de reclusión de las mujeres que transmite.</p>
<p>“Este ejemplo, y el hecho de que los medios occidentales dominantes a menudo tratan de mostrar a los musulmanes como terroristas, ha hecho que mucha gente occidental, que sabe poco o nada sobre el Islam, teme tener a un vecino o colega musulmán, por ser tal vez una amenaza potencial,” dijo El-Aswani.</p>
<p>La actual campaña “¡Detened el minarete!” en Suiza es otro ejemplo de cómo la islamofobia ha estado penetrando profundamente en el modo de pensar occidental. Más de 100.000 suizos han firmado, según se informa, una petición en apoyo a las demandas del derechista Partido Popular Suizo por una prohibición de la construcción de minaretes en Suiza.</p>
<p>Sólo existen cuatro minaretes actualmente en Suiza, y ni siquiera se utilizan  para llamar a las plegarias musulmanas. Los propugnadores de la campaña contra los minaretes han afirmado, a pesar de ello, que los minaretes son peligrosos porque son un “símbolo del poder islámico” y pueden representan una “intrusión ideológica” en el modo de vida suizo.</p>
<p>El-Aswani fue uno de los primeros qu dio a conocer la campaña suiza en Egipto, y se realizan esfuerzos para detener la campaña. Sin embargo, el hecho de que una tal campaña haya podido tener lugar incluso en un país multicultural como Suiza, donde jamás ha habido ataques terroristas islamistas, podría interpretarse como algo sintomático de una creciente marea de islamofobia en Europa en su conjunto, dijo El-Aswani.</p>
<p>No obstante, Dalia Mogahed, directora del Centro Gallup de Estudios Musulmanes basado en EE.UU. y miembro del Consejo Asesor Presidencial sobre Sociedades Vecinales y Basadas en la Fe del presidente Obama, afirma que en realidad la islamofobia se ha mantenido estable o ha disminuido en los últimos años. Mogahed especula que “podría ser que los crímenes contra musulmanes sólo estén recibiendo más atención que antes,” y agrega que los estereotipos occidentales de musulmanes con velos o barbas como “terroristas” puede también estar cambiando, apuntando como testimonio a la “referencia positiva al hijab del presidente Obama en diversas ocasiones en su discurso de El Cairo.”</p>
<p>Mogahed es una de esas voces musulmanas moderadas que tratan de explicar el asesinato de El-Sherbini como “un síntoma de un problema más profundo de prejuicios en Alemania,” más que un problema de Occidente en general, o una indicación de que los prejuicios contra el Islam esté tomando una forma nueva y más peligrosa.</p>
<p>Sin embargo, la idea de que Europa esté en peligro por los musulmanes y otros ha entrado al debate público en el continente, y hay muchos que argumentan que como resultado Europa occidental, que ha sido aclamada por su tolerancia hacia grupos minoritarios desde la Segunda Guerra Mundial, ya no es tan tolerante como antes. Como dice Leela Jacinto de <em>ABC News</em>: “En toda Europa occidental, expertos en inmigración y los derechos civiles dicen que una ola xenofóbica, contra los inmigrantes y contra los musulmanes, parece estar asolando una región que fuera famosa por su tolerancia.”</p>
<p>“Políticos alemanes advierten de que el ‘germanismo’ está siendo subsumido por gente de origen turco, que representa un poco más de un 2% de la población. Partidarios franceses de una prohibición del hijab creen que los pañuelos que llecan las escolares representan un riesgo para el ideal francés de laicismo o secularismo. Y en Dinamarca, controvertidas nuevas reglas para despojar a los hijos de inmigrantes de su derecho a la ciudadanía automática son criticadas por grupos de derechos humanos, que dicen que constituyen una violación de los derechos a la ciudadanía, así como del derecho a una vida familiar,” escribió Jacinto.</p>
<p>Y muchos están de acuerdo con Khalil en que a los musulmanes les afecta particularmente esta ola xenofóbica. Según el columnista de <em>Huffington Post</em>, Firas Al-Atraqchi, “en vista del racismo que padecen muchos musulmanes en Europa, el asesinato de una mujer egipcia porque llevaba un hijab no se debe descartar como el acto de un solo hombre a quien muchos ahora califican de insano.”</p>
<p>“No se trata sólo de un estado de xenofobia que asola Europa. Forma parte de una ola claramente anti-musulmana que ahora aumenta a niveles sangrientos,” dijo Khalil. “Los musulmanes solían sufrir sólo insultos y discriminación. Pero ahora vemos que son asesinados por su identidad como musulmanes, algo que puede llevar al genocidio si lo seguimos ignorando.”</p>
<p>La visión pesimista de Khalil está apoyada por una reciente serie de libros que muestran a los 53 millones de musulmanes de Europa como una “bomba de tiempo demográfica” que tiene que ser “desactivada de inmediato.” En una reseña sobre esos libros en el periódico británico <em>The Guardian</em> en agosto pasado, el columnista Pankaj Mishra citó a una serie de destacados políticos y periodistas europeos y estadounidenses que piensan que Europa está a punto de ser “invadida” por musulmanes, que todavía no representan más de 3 ó 4 por ciento de la población total de la UE, de 493 millones.</p>
<p>“Por cierto, las minorías pueden conformar países,” escribió Christopher Caldwell, un columnista estadounidense del <em>Financial Times</em> de Londres, a quien el periódico británico <em>The Observer</em> describió recientemente como un “vigorizante analista con una visión clara de las devociones europeas.” “Los musulmanes ya están conquistando las ciudades de Europa, calle por calle,” escribió Caldwell, y el historiador derechista británico Niall Ferguson también afirmó que “una juvenil sociedad musulmana al sur y al este del Mediterráneo está lista para colonizar – el término no es demasiado fuerte – una Europa senescente,” según la reseña de Mishra.</p>
<p>El analista indio Hassan Suroor compara el tono alarmista que emana de estos libros, que “tienden a mostrar a los musulmanes on los colores más sombríos posibles,” con las “cosas que una vez se escribieron sobre los judíos europeos.” La solución que propugnan semejantes libros para salvar a Europa de convertirse en una potencial “Eurabia” es “mantener a los musulmanes fuera de Europa y, si es necesario, expulsarlos. Algunas de las sugerencias sobre cómo encarar el ‘problema’ musulmán equivalen a limpieza étnica” advierte Suroor.</p>
<p>Para Suroor, muchos incidentes recientes han sido sintomáticos de islamofobia, y menciona a “un ministro británico, Jim Fitzpatrick, que abandonó un matrimonio de un elector musulmán en protesta contra la segregación de invitados masculinos y femeninos; un destacado erudito musulmán moderado, Tariq Ramadan, es expulsado no de uno sino de dos puestos de trabajo distintos por presentar un show en un canal de la televisión iraní; agresivos manifestantes derechistas en Suiza exigen la eliminación de minaretes de todas las mezquitas; y el presidente francés Nicolas Sarkozy llama a prohibir el uso de la burqa en público.”</p>
<p>Las caricaturas que aparecieron en un periódico danés en 2006 mostrando al profeta Muhammad con un turbante en forma de bomba, y la prohibición anterior de usar pañuelos musulmanes en escuelas públicas francesas, también han sido vistas como evidencia de prejuicios europeos contra el Islam.</p>
<p>Suroor concluye que aunque sería “necio combinar incidentes que podrían no ser más que dificultades locales e inflarlos hasta convertirlos en una conspiración contra los musulmanes,” sería igualmente necio negar que tales incidentes evidencian el prejuicio que los musulmanes enfrentan en toda Europa.</p>
<p>Por su parte, Khalil rechaza las afirmaciones de que los musulmanes están “conquistando Europa”, cuando en realidad la población musulmana no asciende a más que una ínfima fracción del conjunto de la población. “Las cifras no son más que un pretexto,” dijo Khalil, argumentando que la campaña de la que forman parte semejantes afirmaciones constituye una “guerra contra el Islam. Los intelectuales occidentales admiten que ésta es una era de conflicto religioso, y muchas de las guerras que han estallado durante el último siglo fueron motivadas por la religión. Lo que los musulmanes enfrentan ahora en Occidente es la herencia cultural del espíritu que otrora llevó a las Cruzadas.”</p>
<p>Sin embargo, otras voces musulmanas llaman a las poblaciones europeas musulmanas a no verse como víctimas. Por ejemplo, Carla Amina Baghajati, portavoz de la comunidad islámica de Austria, ha advertido a los musulmanes que no conviertan la islamofobia en un “tema general.” “Tenemos que crear un clima que posibilite que se superen los prejuicios y el racismo sin mostrar a los musulmanes como víctimas,” explicó recientemente al <em>International Herald Tribune</em>.</p>
<p>En la misma línea, Nesrine Malek advirtió en una reciente columna en el <em>Guardian</em> sobre la muerte de El-Sherbini de que “los musulmanes (incluyéndome a mí) protestan constantemente que no se debiera permitir que las acciones de unos pocos extremistas denigren al Islam y a sus adherentes en conjunto – pero es exactamente lo que ellos [los musulmanes] están haciendo con los europeos y las acciones de Axel W. (El asesino de El-Sherbini].”</p>
<p>“Hay un gran paso del prejuicio que los musulmanes enfrentan en Europa “a la imagen de discriminación exhaustiva, conspiratoria, institucional contra los musulmanes en Europa que gana terreno en los países árabes y provoca llamados a la ruptura de relaciones diplomáticas y al boicot de productos,” escribió Malek.</p>
<p>Sin embargo, Khalil afirma que “admitir el odio occidental hacia el Islam es el primer paso en el camino a contrarrestarlo. Esto no significa que estemos en guerra con Occidente. Sólo significa que tenemos que diagnosticar la enfermedad para poder curarla.” Khalil sugiere que debería establecerse una organización internacional con representación de todos los países musulmanes para proteger a los musulmanes que viven en Occidente.</p>
<p>Para El-Aswani, al contrario, debería canalizarse más esfuerzo a la educación de los occidentales sobre el Islam. Los musulmanes occidentales también deberían hacer su parte, dando un buen ejemplo e integrándose en las culturas occidentales.</p>
<p>Sin embargo, si los musulmanes podrán integrarse positivamente, o sólo “retirarse a un resentimiento pasivo”, también “dependerá de la rapidez y facilidad con la que sus ‘anfitriones’ – europeos ordinarios así como gobiernos – los hagan sentirse en casa,” escribió Mishra.</p>
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		<title>Hipocresía</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2009 19:48:35 +0000</pubDate>
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		El costarricense es racista, sexista, homofóbico y xenófobo
por Jacques Sagot
13 de agosto, 2009
El costarricense es ladino. Estamos envenenados por el prejuicio. Más que la mayoría de los pueblos que, hoy por hoy, alientan sobre la faz del planeta. Lo digo como lo veo. Lo digo como lo siento. Lo digo como lo constato día tras [...]]]></description>
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		</p><p><em><strong><img class="alignright size-full wp-image-7438" title="costarricense-prejuicios" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2009/10/costarricense-prejuicios.jpg" alt="costarricense-prejuicios" width="183" height="320" />El costarricense es racista, sexista, homofóbico y xenófobo</strong></em></p>
<p>por Jacques Sagot<br />
13 de agosto, 2009</p>
<p>El costarricense es ladino. Estamos envenenados por el prejuicio. Más que la mayoría de los pueblos que, hoy por hoy, alientan sobre la faz del planeta. Lo digo como lo veo. Lo digo como lo siento. Lo digo como lo constato día tras día. Bajo el discurso de nuestros valores éticos y cívicos, se fermenta un mundo de aborrecimientos, de fobias, de discriminaciones, de aberraciones sociales sórdidas y mal disimuladas.</p>
<p>Somos profundamente racistas. Lo hemos sido siempre. Afro-fóbicos sobre todo, pero también veladamente antisemitas y hostiles a toda etnia que percibamos como ajena (ignorando con ello el inevitable mestizaje de nuestras propias raíces). No acogemos la <em>otredad</em>, la miramos con desconfianza de montañeses recelosos, luego la segregamos y finalmente la utilizamos. La negritud sigue siendo objeto de sanciones sociales, si no explícitas, sí tácitas.<span id="more-7219"></span><br />
<strong><br />
Discriminaciones</strong>. Somos misóginos. Digamos lo que digamos, nuestra actitud hacia la mujer tiene dos caras, que en el fondo son la misma: la depredación sexual, o bien, el desprecio manifiesto. Nuestro deseo por ellas no es homenaje a la feminidad, es agresión. Desde el podrido machismo de nuestra cultura, consideramos a la mujer como un ser infradesarrollado, primitivo, estúpido. Para el misógino, la mujer será siempre Dalila, Gorgona, Bruja, Medusa.</p>
<p>Somos homofóbicos. Como pequeño ejercicio lingüístico, me propuse hace algunos días levantar un inventario de todos los términos derogatorios que se utilizan para aludir a la homosexualidad, femenina tanto como masculina. Encontré veintiocho sustantivos con sus respectivos epítetos derivados, tomados predominantemente –aunque no exclusivamente– de los imaginarios animal y vegetal. Somos crueles con el homosexual. Crueles e inquisitoriales.<br />
<strong><br />
</strong>Somos xenofóbicos. Nos asusta lo que “viene de afuera”, lo ajeno, lo que no se nos parece. La tal “hospitalidad” del costarricense es una más de esas cualidades de tarjeta postal que nos hemos inventado como fachada “de exportación”. Al extranjero o le tememos (siempre la reticencia del provinciano que no puede ver más allá de su tibio vallecito), o bien, lo explotamos descaradamente. Somos arrastrados con “los de arriba”, y despectivos con “los de abajo”.</p>
<p>Somos sexistas. Que no es lo mismo que “misóginos”. Aquí, el odio y la discriminación se ejerce en ambas direcciones. Por un lado, el apetito-desprecio del hombre hacia la mujer, pero de un tiempo acá también la belicosa actitud de ciertas “brigadas de choque” del feminismo malentendido, que andan cortando pipíes a diestra y siniestra. Como dijo Vigny en <em>La furia de Sansón</em>: “Pronto, confinados a un reino atroz, la Mujer tendrá Gomorra y el Hombre tendrá Sodoma, y, lanzándose de lejos miradas de rencor, los dos sexos morirán, cada uno por su lado.”</p>
<p>Somos autocto-fóbicos. Escuchado en un estadio nacional, después de un partido en el que Costa Rica venció a México: “¡Qué rico que les ganamos, para que vean que nosotros no somos indios, como ellos!”. El odio contra las propias raíces, en el fondo, odio contra nosotros mismos.<br />
<strong><br />
Prejuiciosa ignorancia</strong>. El prejuicio no habita la ley explícita, las constituciones, los códigos laborales. De ahí sería relativamente fácil erradicarlo. El prejuicio habita las conciencias, y más aún, el subconsciente colectivo. Mientras permanezca ahí enquistado, no hay ley alguna que vaya a eliminarlo. La ignorancia es el hábitat natural del prejuicio (pre-juicio: lo que viene antes que el juicio).</p>
<p>Solo la educación puede combatirlo. Razón hemos de darle al viejo Platón cuando por boca de Sócrates sostenía que todo el mal en el mundo era hijo de la ignorancia. En otras palabras, solo se hace el mal <em>desde</em> la ignorancia. El mal sería inconcebible bajo un régimen mental de sabiduría. Pero, ¡qué lejos estamos de tal cosa!</p>
<p>Eso es Costa Rica. Y muchas cosas buenas también, concedido, pero nunca, nunca seremos realmente libres ni justos hasta tanto nuestra percepción de la <em>alteridad</em>, del otro esencial, de la pluralidad, de lo “diferente”, no cambie de manera radical.</p>
<p>Podemos preferir vivir engañados, seguir durmiendo al arrullo de nuestra mitología patriótica, pero un país no puede mentirse a sí mismo durante siglos sin pagar por ello un altísimo precio histórico y social. Yo no he hecho más que poner frente a nosotros un enorme espejo. Si no nos gusta lo que vemos, no le disparemos al cristal. Hagamos, antes bien, un profundo examen de conciencia.</p>
<p>Lo más difícil del mundo, lo sé, y sin embargo un ejercicio perentorio si queremos efectivamente honrar nuestra adscripción a la paz. Que esa paz no sea un simple eslogan turístico. Que sea una realidad viva y permanente.</p>
<p><em><br />
Jacques Sagot es embajador de Costa Rica en la Unesco</em></p>
<p>Fuente: <a href="http://www.nacion.com/ln_ee/2009/agosto/13/opinion2056796.html" target="_blank">La Nación</a></p>
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		<title>Stereotypes Loom Larger As Our Brains Age</title>
		<link>http://revista-amauta.org/2009/10/stereotypes-loom-larger-as-our-brains-age/</link>
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		<pubDate>Sun, 04 Oct 2009 19:32:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[cerebro]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[conciencia]]></category>
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		<description><![CDATA[
		
		by Tom Jacobs
September 30, 2009
Two new studies suggest older people have difficulty suppressing stereotypes, which means many may become prejudiced against their will.


There are a lot of clichés thrown around about the elderly, but one that seems to be true — or at least is backed up by research — is the belief they tend [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
		<img src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2009/10/anatomy-of-the-brain.jpg" width="240" />
		</p><p>by Tom Jacobs<br />
September 30, 2009</p>
<p><em><strong>Two new studies suggest older people have difficulty suppressing stereotypes, which means many may become prejudiced against their will.</strong></em></p>
<p><em><strong></p>
<div id="attachment_6866" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><em><strong><img class="size-full wp-image-6866" title="anatomy-of-the-brain" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2009/10/anatomy-of-the-brain.jpg" alt="Two recently published studies revealed &quot;significantly greater memory strength among older adults for stereotype-consistent situation models.&quot; (Illustration: Charles Bell, brain_blogger / flickr)" width="500" height="449" /></strong></em><p class="wp-caption-text">Two recently published studies revealed &quot;significantly greater memory strength among older adults for stereotype-consistent situation models.&quot; (Illustration: Charles Bell, brain_blogger / flickr)</p></div>
<p></strong></em></p>
<p>There are a lot of clichés thrown around about the elderly, but one that seems to be true — or at least is backed up by <a href="http://poq.oxfordjournals.org/cgi/content/abstract/60/2/253" target="_blank">research</a> — is the belief they tend to be more prejudiced than younger people. This phenomenon — <a href="http://select.nytimes.com/gst/abstract.html?res=FA0617FE345B147B93C7A8178AD95F458485F9&amp;scp=1&amp;sq=adolescents%20little%20prejudiced&amp;st=cse" target="_blank">noted</a> in <em>The New York Times</em> as early as 1941 — is widely assumed to be the result of socialization. After all, today&#8217;s senior citizens grew up in an era when racism was widespread and gays stayed in the closet. Of course they aren&#8217;t as open-minded as their children and grandchildren.<span id="more-6747"></span></p>
<p>A decade ago, a research team led by <a href="http://www.psy.uq.edu.au/directory/index.html?id=1159" target="_blank">William von Hippel</a> of the University of Queensland challenged that assumption. The psychologists proposed that older people may exhibit greater prejudice because they have difficulty inhibiting the stereotypes that regularly get activated in all of our brains. They suggested an aging brain is not as effective in suppressing unwanted information — including stereotypes.</p>
<p>In two recently published papers, von Hippel and <a href="http://al.nd.edu/resources-for/faculty-and-staff/faculty-list/bio/gradvans/" target="_blank">Gabriel Radvansky</a> of the University of Notre Dame provide compelling support for this concept. In the <em>Journal of Experimental Social Psychology</em>, they <a href="http://www.sciencedirect.com/science?_ob=ArticleURL&amp;_udi=B6WJB-4X97D4S-1&amp;_user=10&amp;_coverDate=09%2F23%2F2009&amp;_rdoc=4&amp;_fmt=high&amp;_orig=browse&amp;_srch=doc-info(%23toc%236874%239999%23999999999%2399999%23FLA%23display%23Articles)&amp;_cdi=6874&amp;_sort=d&amp;_docanchor=&amp;_ct=54&amp;_acct=C000050221&amp;_version=1&amp;_urlVersion=0&amp;_userid=10&amp;md5=d6b02d3d29f147fbee2ce43acc0b43bd" target="_blank">describe</a> a series of experiments designed to assess whether older adults were relatively more likely to draw and remember stereotypic inferences.</p>
<p>Forty-eight older adults (age 60 to 88) and 71 younger adults (age 18 to 25), read four stories, each of which &#8220;allowed for stereotypic inferences.&#8221; Two of the tales featured African Americans, one dealt with people from Appalachia, and one involved Jews. After finishing the stories, the participants were shown a series of statements relevant to the tale, and asked to rate them as true or false. Some of these statements were strictly factual, while others contained inferences of stereotypes.</p>
<p>The results revealed &#8220;significantly greater memory strength among older adults for stereotype-consistent situation models,&#8221; the researchers write. &#8220;This finding supports our suggestion that older adults are more likely to make stereotypic inferences during comprehension, and that this stereotyping carries over into their later memory for that information.&#8221;</p>
<p>This process &#8220;appears to be a more general phenomenon of aging,&#8221; they note, adding that some older adults &#8220;may be relying on stereotypes despite their best intentions to the contrary.&#8221;</p>
<p>The second <a href="http://www.informaworld.com/smpp/content~db=all~content=a793976462?words=radvansky&amp;hash=2154869284" target="_blank">paper</a>, published earlier this year in the journal <em>Aging, Neuropsychology and Cognition</em>, contains a way around this problem. It describes a study in which older and younger adults read a story in which a central character was employed in a sex-stereotyped profession. In half the stories, the character&#8217;s gender was consistent with the stereotype (a male plumber), while in the other half it was inconsistent (a female plumber).</p>
<p>&#8220;Results revealed that with explicit labeling, older adults were able to discount their stereotypes and avoid processing difficulties when subsequent stereotype-inconsistent information was encountered,&#8221; the researchers write. &#8220;These data suggest that when counter-stereotypical information is explicitly provided at encoding (that is, the first stage of the memory process, in which stimuli are initially registered), older adults are no more likely than younger adults to rely on stereotypes, and are similarly capable of altering their interpretation of a situation when information suggests that information is incorrect.&#8221;</p>
<p>In real life, of course, no one is pointing out biased statements as they emerge from the mouths or friends, family members or talk-show hosts. So for older adults, the best advice might be to avoid acquaintances who speak in stereotypes. This research suggests prejudice can be contagious, and we become more susceptible as our brains age.</p>
<p>Fuente: <a href="http://www.miller-mccune.com/news/stereotypes-loom-larger-as-our-brains-age-1505" target="_blank">Miller-McCune</a></p>
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