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	<title>Amauta &#187; terrorismo</title>
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	<description>La Revista Independiente de Costa Rica</description>
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		<title>The Dark Knight o la guerra por otros medios</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 03:47:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articulos]]></category>
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		<description><![CDATA[El mismo título de la película evoca la marginalidad de la ley, su actuar en las sombras del Estado de Derecho, en la excepción. El caballero de la noche, no es otra cosa que el paladín de la anomia. No de la anomia que pretende romper con el derecho, sino de la anomia que suspende [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El mismo título de la película evoca la marginalidad de la ley, su actuar en las sombras del Estado de Derecho, en la excepción. El caballero de la noche, no es otra cosa que el paladín de la anomia. No de la anomia que pretende romper con el derecho, sino de la anomia que suspende el derecho, para “protegerlo”, para reinstaurarse como anomia normativizada.</p>
<div>Batman es la figura idealizada por los grupos dominantes para la conservación del poder. Un súper héroe que ya no corre al auxilio de la población indefensa, sino por el contrario representaría al “otro mecanismo” con el que cuentan exclusivamente los gobiernos para hacer valer “el imperio de la ley”. Paradójicamente en la película Batman es presentado como un <em>outlaw, </em>un proscrito, un bandido, el <em>Friedlos</em> -el “sin paz” del antiguo derecho germánico-, en última instancia “quién está fuera de la ley”. Lo que resulta contradictorio pues el “hacer valer” el imperio de la ley esta en manos de quien está más allá de la ley, lo que nos remite a la lógica del estado de excepción: para defender el derecho, hay que suspender el derecho. En otras palabras, Batman es la medida excepcional para contextos excepcionales: la guerra civil social mundial.<span id="more-32692"></span></div>
<div><img class="aligncenter size-full wp-image-32704" title="dark knight" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2012/03/dark-knight.jpg" alt="" width="570" height="328" /></div>
<div></div>
<div>Surge aquí la figura de Harvey “Dos caras” Dent, quien representaría una especie de “umbral” en el que hecho y derecho confluyen y confunden. Dent, sería en este caso la figura del Poder Soberano, en cuanto tiene el poder para decidir sobre el estado de excepción, quien también garantiza el anclaje al orden jurídico. Esto porque, “precisamente en la medida en que la decisión concierne aquí a la anulación misma de la norma; en tanto, es decir, el estado de excepción representa la inclusión y la captura de un espacio que no está ni afuera ni adentro (aquel que corresponde a la norma anulada y suspendida), “el soberano está fuera (<em>steht ausserhalb</em>) del orden jurídico normalmente válido, y sin embargo, pertenece (<em>gehört</em>) a él, porque es responsable por la decisión acerca de si la constitución puede ser suspendida <em>in toto” (</em>Agamben, 2004:75)</div>
<div></div>
<div>Es Dent el poder soberano que determina sobre el estado de excepción, quien decide sobre las medidas excepcionales a utilizar para hacer frente al colapso ontológico ecosocial mundial. Las medidas “normales” resultan ineficaces para enfrentar a un desbordado crimen organizado, las mafias han comprado a policías, jueces y políticos. Ciudad Gótica -que vendría a ser cualquier ciudad, cualquier Estado-, alegóricamente vendría a representar a una especie de “Estado Fallido”.</div>
<div></div>
<div>Es tal el grado de criminalidad que a quienes nos gobiernan “no les queda otra opción” más que hacer uso de medidas excepcionales (por ejemplo, militarizar la lucha contra el narcotráfico en México), lo que llega a poner en jaque al crimen organizado. Las mafias temen a la noche por Batman, y a lo que Batman representa, precisamente: la ley marcial. Entonces el crimen organizado contrarresta esta embestida, haciendo uso también de medidas excepcionales (Joker). Este argumento está influenciado extremadamente por un discurso neoconservador, con el que se pretendió vincular al narcotráfico y el crimen organizado, con guerrillas y grupos subversivos que fueron catalogados como terroristas.</div>
<div></div>
<div>Ante esta unión de criminales organizados y terroristas que también son 2 acepciones de la guerra civil social mundial, la única solución que se nos presenta es que esta amenaza latente debe ser enfrentada con toda la “fuerza de <span style="text-decoration: line-through;">ley</span>”. Y a esto nos dice Jakobs: “la supresión de derechos, encaminada no a la reparación del daño en un sentido amplio, sino al combate de una fuente de peligro, es lucha y -con ello-, guerra” (Jakobs, 2009: 42)</div>
<div></div>
<div>En el plano jurídico para hacer frente a este nuevo contexto se llega a adoptar la figura del derecho penal del enemigo. Al ser los mafiosos y el terrorista “individuos peligrosos” a ellos no se les puede juzgar por el derecho penal del ciudadano. Al representar un peligro para el orden establecido, la sociedad les suspende su categoría de personas, y con ello sus derechos elementales. Es por tanto válida la tortura, la amenaza de muerte, los atentados contra la integridad física y mental de los ahora declarados enemigos. Y este tipo de castigo nos explica Günther Jakobs, “<em>no se dirige contra la persona en derecho -ésta ni oculta pruebas ni huye, esto es, no cumple los presupuestos de prisión preventiva- sino contra el individuo, el cual, con sus instintos y miedos naturales, deviene peligroso para el desarrollo correcto del proceso; esto es, se comporta en ese sentido como un enemigo” (</em>Jakobs, 2009: 41).</div>
<div></div>
<div>Resulta interesante como nos presentan la figura del terrorista en esta película: el terrorista es un anarquista, es una de esas gentes que “solo quieren ver arder al mundo”, él no tiene un rostro y/o identidad definible (como si lo tienen los criminales organizados), su objetivo no es lucrar, sus propósitos son enteramente ideológicos: él quiere cambiar el mundo, al igual que las feministas, que la comunidad GLBTT, ambientalistas, indígenas, y demás movimientos sociales; y por eso es un criminal, pero más que un simple delincuente, él como terrorista, es un enemigo de la sociedad. De ahí que resulta interesante la figura del Joker, quién también vendría a ser un forajido, un <em>outlaw, </em>pero a diferencia de Batman, este es catalogado como un enfermo. Y por su “enfermedad mental”, no es de los que aprenden la lección, es por eso que “<em>su medicina es la masacre</em>”, como se puede leer en el camión en el que viajaba el Joker, en la escena de la persecución.</div>
<div></div>
<div>El terrorismo es más peligroso que el crimen organizado, nos dice la película. Y para hacer frente a esta amenaza, se deben adoptar medidas excepcionales, por que es la única forma de vencer, nos dicen. Y esto se ve reflejado en una idea que emerge en varias ocasiones. Nos dicen primero “<em>nunca está tan oscuro como cuando amanece</em>” y luego <em>“las cosas tienen que empeorar para que mejoren</em>”. El Joker, es un anarquista, y eso lo hace un terrorista y un enemigo de la sociedad. Él quiere acabar con el orden establecido, por eso, en defensa de ese mismo orden, el poder soberano, determina sobre el estado de excepción, es decir, suspende el derecho, para evitar que el derecho establecido sea suspendido. Y por eso Dent se alía con Batman, por que la única forma de vencer a un <em>outlaw </em>es siendo <em>outlaw </em>también. Es decir que nos sumerge en el dilema y ciclo del terrorismo: para vencer al terrorismo hay que ser terrorista también.</div>
<div></div>
<div>Y por estas razones la guerra civil social mundial, es también una guerra total. Una guerra que no acepta la disidencia, y que hará uso de todos los recursos disponibles para “hacer valer” su imperio de la ley. Esta es una película que evidencia la zona de indistinción en la que hemos caído, un mundo en el que hecho y derecho se confunden, así como lo militar y lo policiaco, el crimen organizado y el terrorismo, el amigo y el enemigo. Y ante este nuevo tipo de combate contra el peligro: “Se hace todo lo posible para combatir el peligro, y cuando se le combate todo está en regla” (Jakobs, 2009:36). Por eso el vigilar a toda la ciudad, destruyendo los límites entre lo privado y lo público, el rastreo de llamadas, a pesar de ser ilegal se justifica por pretender fines legales: el fin justifica los medios. Ya sea espiando a todas las personas para rastrear al terrorista, o bien viajando clandestinamente a China a secuestrar personas para ser juzgadas en tribunales de EEUU.</div>
<div></div>
<div>Ahora bien, hay un nuevo dilema ético que se evidencia en la película cuando el Joker coloca explosivos en 2 barcos repletos de gentes, y los pone a decidir sobre quiénes viven y quienes deben morir. En un barco hay civiles, y en el otro criminales. ¿Quiénes deben sobrevivir? Este acto del Joker resulta interesante en 2 aspectos: por un lado puede ser visto como una acción prometéica: en el sentido de que le otorga a la gente el poder soberano, que es también biopolítico, nos dice Agamben, para determinar sobre la vida y la muerte. Pero también nos remite a una “sociedad civil” indefensa, temerosa, incapaz de adoptar medidas excepcionales para protegerse. Es una sociedad que no es capaz de presionar el botón, por lo tanto, lo que nos dice es que para enfrentar a este nuevo tipo de criminalidad, no bastan los medios civiles, y que más bien estos no están a la altura de los acontecimientos, y por tanto debemos relegar nuestro poder a un grupo líder que si es capaz de adoptar esas medidas con tal de garantizar la paz y la seguridad. Al nadie presionar el botón para destruir al otro barco, la vida y la muerte ha sido relegada nuevamente al que está más allá de la ley, algo completamente hobbesiano&#8230;</div>
<div></div>
<div>Al final, nos presentan toda esta cuestión de la excepcionalidad como un sacrificio, que hacen ellos, quienes ostentan el poder, para protegernos en esta nueva guerra, se les odiará, pero es parte del sacrificio -No es de extrañar que Bush se preguntara por qué el mundo odia a los EEUU-, pero al final, la ilegalidad, si bien no es algo de qué enorgullecernos, nos dicen, es un medio que nos garantiza paz y seguridad. Por eso Batman no es un héroe, es un vigilante, un guardián, la fuerza anómica de la <span style="text-decoration: line-through;">ley</span>,&#8230; ¿Un hegemón benevolente?</div>
<div></div>
<div></div>
<div><strong>Referencias</strong></div>
<div>Agamben, G. (2004). <strong>Estado de Excepción</strong>. Trad. Costa, F/Costa, I. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.</div>
<div></div>
<div>Jakobs, G; Polaino-Orts, M. (2009). <strong>Terrorismo y Estado de Derecho</strong>. Colombia: Universidad Externado de Colombia.</div>
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		<title>Sobre el terrorismo</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Nov 2011 19:57:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Internacionales]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8220;Cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro. (…) Solo cuando una cultura de los derechos humanos (…) se convierte en parte integrante del patrimonio moral de la humanidad, se puede mirar con serena confianza el futuro&#8220;. 
Juan Pablo II
No cabe ninguna [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>&#8220;</em><em>Cuando se acepta sin reaccionar la violación de uno cualquiera de los derechos humanos fundamentales, todos los demás están en peligro. </em>(…)<em> Solo cuando una cultura de los derechos humanos </em>(…) <em>se convierte en parte integrante del patrimonio moral de la humanidad, se puede mirar con serena confianza el futuro</em><em>&#8220;</em><em>. </em></p>
<p><strong>Juan Pablo II</strong></p>
<p>No cabe ninguna duda que la muerte violenta de cualquier persona, en cualquier parte del mundo y por las razones que sea, es siempre deplorable. La violencia misma, aunque sea &#8220;la partera de la historia&#8221; (¿será ese nuestro destino inexorable?), es deplorable.<span id="more-30520"></span></p>
<div id="attachment_30521" class="wp-caption alignright" style="width: 279px"><img class="size-large wp-image-30521" title="banksy crying terrorist Jason Blait flickr" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/11/banksy-crying-terrorist-Jason-Blait-flickr-269x400.jpg" alt="" width="269" height="400" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Banksy)</p></div>
<p>Sin entrar en la discusión -por otro lado, sumamente compleja, eterna- acerca de la violencia y sus causas, y mucho menos sin pretender en modo alguno su justificación, lo menos que puede decirse es que la misma hace parte constitutiva del fenómeno humano. Por qué y qué puesto tendrá en un futuro, escapa a las intenciones del presente escrito. Lo cierto es que -sin querer en absoluto con esto buscar su entronización- la violencia está entre nosotros, y define en buena medida lo que hoy podemos entender por humano. Digámoslo con una imagen elocuente: cuando el primer ser humano bípedo bajó de los árboles y fabricó el primer producto &#8220;civilizado&#8221;, no natural, lo primero que lo empezó a alejar del animal fue, nada más y nada menos que una piedra afilada, ¡un arma! Más allá de las continuas declaraciones por la paz, la guerra y la violencia están entre nosotros como algo ¿normal? Al menos, hay que aceptarlo, acompañan nuestra vida.</p>
<p>Desde hace ya unas décadas, hacia fines del siglo XX, va estableciéndose como una táctica militar un tipo amplio y difuso de acciones al que se le ha ido dando el impreciso nombre de &#8220;terrorismo&#8221;. Quienes otorgan ese nombre tienen una idea determinada de lo que entienden por él; en ese sentido pueden acusar a alguien de &#8220;terrorista&#8221;, por supuesto con un carácter despectivo, criminalizante. Quienes reciben el epíteto -que no es nada liviano, por cierto- jamás se autodefinen como &#8220;terroristas&#8221;, y por otro lado lejos están de poder compartir con orgullo el concepto con el que son mentados.</p>
<p>Ahora bien: siendo estrictos, no hay una definición unívoca del término. En todo caso, puede advertirse desde el inicio que su nombre mismo ya presenta una carga negativa: evoca el terror. Un acto terrorista, por tanto, más que significado político -según la lógica con que usualmente se usa en Occidente- es sinónimo de salvajismo. Carga que no tiene, por ejemplo, la llamada guerra convencional. En ese sentido, habría violencia &#8220;buena&#8221; y &#8220;mala&#8221;. La cuestión es: ¿quién lo decide?</p>
<p>¿Son prácticas &#8220;terroristas&#8221; las guerras de guerrillas, las guerras de liberación nacional, las luchas anticolonialistas? ¿Cuándo empiezan a ser &#8220;terroristas&#8221; las acciones militares? Por cierto que el campo conceptual es amplio, difuso, cargado ideológicamente. Si lo que busca el &#8220;terrorismo&#8221; es crear conmoción y pavor -según una sesgada visión-, eso fue lo que logró, por ejemplo, la invasión angloestadounidense en Irak en el 2003, a punto que así se designó oficialmente la operación; y no se la llamó &#8220;invasión terrorista&#8221;. El millón y medio de iraquíes muertos no son condenables entonces, porque lo que la coalición invasora hacía no era terrorismo. Era guerra, &#8220;guerra preventiva&#8221; incluso, y en guerra todo se vale; en todo caso, la muerte de civiles entra en la categoría de &#8220;daños colaterales&#8221;. Pero terrorismo: no.</p>
<p>Todo esto abre una pregunta de difícil respuesta: ya que es tan difícil dejar claro en términos conceptuales cuándo algo no es terrorista y cuándo comienza a serlo, entonces ¿quiénes son más &#8220;terroristas&#8221;: las guerrillas antiimperialistas latinoamericanas o los grupos musulmanes antisionistas?, ¿el ejército israelí o la ETA vasca?, ¿las tropas rusas en Chechenia o los comandos chechenios en Rusia?, ¿las bombas inteligentes lanzadas por Estados Unidos o los zapatistas de Chiapas? Porque si de crear conmoción y pavor se trata, de aterrorizar a la población, ¿asusta más un encapuchado armado que un bombardero estratégico subsónico de largo alcance Boeing B-52 Stratofortress con capacidad para transportar 32 toneladas de armamentos, incluidas armas nucleares? ¿Qué aterroriza más: una granada detonada en el interior de un transporte público de pasajeros por un comando suicida o los 6.000 misiles con cabeza atómica que tiene emplazados el gobierno de Estados Unidos cubriendo todo el planeta?</p>
<p>Como vemos, las posibilidades que pueden caer bajo el arco de &#8220;terrorismo&#8221; son por demás de amplias: una bomba en un restaurante, una emboscada a una unidad de un ejército regular, un ataque aéreo de un país contra otro, son todas acciones igualmente violentas, con resultados similares: muerte, destrucción, terror en los sobrevivientes. ¿Cuál de ellas es más &#8220;terrorista&#8221;? ¿Y dónde dejamos la tortura? ¿No es aterrorizante ella? Lo cierto es que muchos gobiernos, si no casi todos, pese a estar prohibida por diversos instrumentos de legislación internacional, la utilizan, pudiendo llegar a justificarla. ¿No constituye ello un acto de terrorismo?</p>
<p>En lo que para los ideólogos de la Guerra Fría, considerada desde lado occidental, pasó a ser una situación de emergencia, tal como fue el enfrentamiento total contra el &#8220;comunismo internacional&#8221;, según el ideólogo francés Roger Trinquier (padre de las guerras sucias surgidas en la segunda mitad del siglo pasado), los límites legales pueden pasar a ser una barrera para la acción contrainsurgente; de ese modo, según esta visión, las leyes (y ahí puede considerarse también a los derechos humanos) son una ayuda para los movimientos insurgentes, o si se prefiere, los movimientos populares en su conjunto. La ley es un obstáculo para la guerra total; por ello una salida, siempre según esta visión contrainsurgente, pasa por apartar al enemigo subversivo del marco legal que podría protegerlo. En ese marco, entonces, las tareas de inteligencia y los servicios de información adquieren preeminencia. Y a nadie, desde el discurso dominante, se le ocurriría llamar &#8220;terroristas&#8221; a esas estrategias. ¿Pero qué otra cosa son si no eso?</p>
<p>Es obvio que el término &#8220;terrorista&#8221; no es nada inocente; su utilización arrastra una tácita condena: habría una violencia legítima -la que puede ejercer un Estado contra otro, incluso con poder nuclear o con armas de destrucción masiva, como las químicas o bacteriológicas, o la que ejerce contra insurrectos que se alzan contra el orden constituido-, y una violencia no legítima a la que le cabe el mote -casi despectivo- de &#8220;terrorismo&#8221;. La diferencia estriba no precisamente en una consideración ética (la violencia es siempre violencia, y ninguna es más &#8220;buena&#8221; que otra) sino en un ordenamiento jurídico que se desprende, en definitiva, de relaciones de poder.</p>
<p>El atentado contra las torres del Centro Mundial de Comercio de New York es un acto terrorista, pero no lo es -al menos así lo presenta la prensa oficial que moldea la opinión pública mundial- un manual militar que enseña a torturar o a desarrollar guerra psicológica contra población civil. ¿Cuál de las dos lógicas en juego es más &#8220;terrorista&#8221;?</p>
<p>Si lo distintivo de un acto &#8220;terrorista&#8221; es la búsqueda de población civil no combatiente como objetivo, el 80 % de los muertos en las guerras habidas desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 a la fecha se encuadra en este concepto; actos, sin duda, por los que ningún militar ni político ha sido juzgado en calidad de &#8220;terrorista&#8221;. Lo cual se refuerza con algunos hechos dignos de ser mencionados por lo sintomático, o por lo absurdo: si los jerarcas nazis del Tercer Reich o el serbio Slobodan Milošević fueron condenados como criminales de guerras -que, por cierto, lo fueron-, no sucedió lo mismo con, por ejemplo, el dictador nicaragüense Anastasio Somoza (un &#8220;hijo de puta&#8221; pero, &#8220;su&#8221; hijo de puta, según el presidente estadounidense Roosevelt), o el propio presidente estadounidense Harry Truman, que sin necesidad militar real de hacerlo ordenó dejar caer las dos bombas atómicas sobre el ya derrotado Japón en 1945. ¿Por qué unos son los &#8220;malos&#8221;, los &#8220;terroristas&#8221; funestos, y otros son los &#8220;buenos&#8221;, los &#8220;defensores de la paz y la libertad&#8221;? ¿Por qué torturar en Guantánamo o en Abu Ghraib no sería terrorismo, y sí lo es hacer una emboscada al ejército colombiano en las selvas del Putumayo?</p>
<p>Hoy por hoy, en un mundo absolutamente dominado por los montajes mediáticos, en forma insistente se ha ido metiendo la idea del &#8220;terrorismo&#8221; como uno de los peores flagelos de la humanidad. De manera casi refleja suele asociárselo con maldad, crueldad, barbarie; y por cierto, en esa visión parcial e interesada, aleja de la civilización llamada democrática, presunto punto de llegada de la evolución cultural. Dentro de esa lógica hemos terminado por no poder distanciarnos de la falacia -llevada a grados patéticos por los actuales poderes fácticos que manejan las administraciones de Washington, independientemente que sean demócratas o republicanas- de <em>&#8220;terrorismo = malo, estamos contra él o somos un terrorista más&#8221;</em>. Merced al impresionante juego manipulatorio de los medios masivos de comunicación suele ligárselo a cualquier forma de protesta, en general conectada con los países más pobres y postergados. Es intrínsecamente perverso, traicionero, sádico, propio de fanáticos fundamentalistas sedientos de sangre. Un &#8220;terrorista&#8221; -según ese orden discursivo- es un delincuente subversivo, un apátrida, un descorazonado asesino sin valores morales; en definitiva: un monstruo inhumano. Y una vez más: torturar a un &#8220;terrorista&#8221; puede llegar a ser noble, en función de una guerra con intereses superiores. ¿No es eso un atentado elemental a la inteligencia y a la dignidad de quienes debemos escuchar tamaña estupidez?</p>
<p>¿Quién en su sano juicio podría alegrarse y festejar por la muerte violenta de unos niños, de una señora que estaba haciendo sus compras en el mercado, de un ocasional transeúnte alcanzado por una explosión? Pero ahí está la falacia, lo perverso del mensaje sesgado con que el poder se defiende: se presenta la parte por el todo, mostrando sólo un aspecto -con ribetes sentimentales- de un conjunto mucho más complejo. ¿Alguna vez los medios muestran las escenas dantescas que sobrevienen a los bombardeos &#8220;legales&#8221; de una potencia militar? ¿Alguna vez se habla de las monstruosidades propiciadas por la pedagogía del terror de los manuales de operación como los que sigue impartiendo la Escuela de las Américas preparando militares listos siempre para la represión? ¿Es más legítimo un misil &#8220;libre y democrático&#8221; de Estados Unidos que uno que puede disparar, por ejemplo, Hamas en el Medio Oriente? ¿Sufre más una víctima que la otra? ¿Es más &#8220;buena&#8221; y &#8220;respetable&#8221; una violencia que otra?</p>
<p>Está claro que la dimensión del fenómeno es infinitamente más compleja que la malintencionada simplificación con que, en general, se nos presenta el problema. El maniqueísmo, en definitiva, ahoga las posibilidades de soluciones reales. Son tan víctimas los civiles que mueren en un atentado dinamitero hecho por un grupo irregular como los que caen bajo el fuego de un ejército regular. ¿Por qué los regulares serían menos asesinos que los irregulares? En un sentido, lo son más, puesto que los movimientos insurgentes tienen siempre motivaciones libertarias: los invasores no.</p>
<p>El mundo sigue siendo injusto, terriblemente injusto; la distribución de la riqueza que nuestra especie crea es de una inequidad espantosa. El hambre sigue siendo una de las principales causas de muerte de la población mundial, hambre evitable, hambre que debería desaparecer si se repartiera algo más equitativamente el producto social que creamos los humanos. Esa injusticia estructural en las relaciones interhumanas es el principal exterminio que enfrentamos a diario; pero eso no es la gran noticia, de eso no se habla mucho. Hoy el &#8220;terrorismo internacional&#8221; se presenta como el peor de los apocalipsis concebibles, aunque debemos ser cautos en su apreciación.</p>
<p>Es por eso que sigue teniendo vigencia lo que, en 1981, firmaban numerosos Premios Nobel como &#8220;Manifiesto contra el Hambre&#8221;, y que debemos seguir levantando como principal estandarte por un mundo mejor: <em>&#8220;Cientos de millones de personas agonizan a causa del hambre y del subdesarrollo, víctimas del desorden político y económico internacional que reina en la actualidad</em><em>. </em><em>Está teniendo lugar un holocausto sin precedentes, cuyo horror abarca en un sólo año el espanto de las masacres que nuestras generaciones conocieron en la primera mitad de este siglo y que desborda por momentos el perímetro de la barbarie y de la muerte, no solamente en el mundo, sino también en nuestras conciencias.&#8221;</em> (…) <em>&#8220;E</em><em>l motivo principal de esta tragedia es de carácter político.&#8221;</em></p>
<p>Por tanto el enemigo y principal amenaza para la humanidad no es el impreciso y siempre mal definido &#8220;terrorismo&#8221;; sigue siendo la <strong>injusticia</strong>, aunque hoy esté un tanto pasado de moda hablar de ella.</p>
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		<title>Con ETA desaparece un pilar de la democracia antiterrorista española</title>
		<link>http://revista-amauta.org/2011/10/con-eta-desaparece-un-pilar-de-la-democracia-antiterrorista-espanola/</link>
		<comments>http://revista-amauta.org/2011/10/con-eta-desaparece-un-pilar-de-la-democracia-antiterrorista-espanola/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 23:58:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La despedida definitiva de ETA es una buena noticia para toda la población del Estado español. Se acabaron unos atentados crueles y sin lógica política alguna. Se deberían acabar, aunque eso sea mucho más difícil las leyes y jurisdicciones de excepción que cercenan nuestras libertades. Cabe recordar, que los manifestantes del 15M que acordonaron el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La despedida definitiva de ETA es una buena noticia para toda la población del Estado español. Se acabaron unos atentados crueles y sin lógica política alguna. Se deberían acabar, aunque eso sea mucho más difícil las leyes y jurisdicciones de excepción que cercenan nuestras libertades. Cabe recordar, que los manifestantes del 15M que acordonaron el paso al Parlamento de Cataluña para evitar que se votase un paquete de medidas ferozmente antisociales, los está juzgando la Audiencia Nacional, el tribunal especial sucesor del Tribunal de Orden Público de Franco. Mientras existan las leyes, jurisdicciones e instituciones políticas que perpetúan el franquismo dentro de la democracia, estaremos en estado de excepción, en un largo estado de excepción que dura desde el 18 de julio de 1936. ETA ha sido en muy buena medida el pretexto soñado para que ese estado de excepción franquista se mantuviera bajo los ropajes de una <a href="http://iohannesmaurus.blogspot.com/2009/06/antiterrorismo-la-deriva-y-la-esencia.html">&#8220;democracia antiterrorista&#8221;</a>, de una democracia amenazada por los &#8220;violentos&#8221;. Por ese motivo, las autoridades españolas no hiceron gran cosa para que ETA desapareciera de la manera más fácil y evidente: atendiendo a sus reivindicaciones políticas, muchas de las cuales son compartidas por buena parte de los vascos y son perfectamente asumibles por una auténtica democracia. El Estado y sus distintos gobiernos siempre prefirieron, sin embargo, la vía policial, cuando no el terrorismo de Estado y da la impresión de que cuando la paz se hallaba cerca en las distintas treguas de ETA, algún genio maligno se encargaba siempre de malograrla.<span id="more-30232"></span></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-30254" title="ETA" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/10/ETA.jpeg" alt="" width="242" height="208" />La declaración de ETA parece firme y definitiva. Se abre, pues, la posibilidad de un auténtico proceso de paz. En este proceso hay aún muchas dificultades que superar: las víctimas de ambos lados y los presos vascos. Entre las víctimas cabe distinguir entre las víctimas civiles de ambos bandos y quienes en ambos bandos estaban armados. Hay que recordar que los actos de violencia contra civiles son crímenes de guerra y que toda organización militar que se precie los debe repudiar. Entre los presos vascos debe distinguirse también entre quienes usaron las armas y quienes sólo expresaron opiniones. De estos últimos hay varios centenares en las cárceles españolas. Ni ETA ni el Estado son inocentes en este conflicto y ninguno de los dos es el único responsable. La organización armada vasca y el Estado español heredado del franquismo han formado hasta ahora un binomio cada uno de cuyos miembros ha justificado sus excesos por la violencia del otro. ETA se volvió casi indispensable para un Estado español que no tenía ninguna posibilidad en su constitución actual -tanto formal como material- de resolver democráticamente la cuestión nacional. El Estado español heredero del franquismo fue para ETA también un pretexto para asumir una función de representación de la fracción del pueblo vasco que opta por la independencia y el socialismo. El Estado español, por su parte, representaba a los ciudadanos españoles y les ofrecía protección a cambio de obediencia. Como dicen los mafiosos en las películas: &#8220;una oferta que no se puede rechazar&#8221;. La organización armada vasca no ofrecía nada muy distinto al pueblo que denominaba &#8220;pueblo trabajador vasco&#8221;: protección de la patria y de la identidad vasca a cambio de sumisión y ausencia de crítica a una vanguardia que podía permitirse ser mortífera por tener enfrente a un régimen que era el sucesor legal y legítimo de una atroz dictadura.</p>
<p>El binomio parece estar rompiéndose. En gran medida ello se debe a la vitalidad de la izquierda abertzale, que, a pesar de una brutal represión y marginación, ha logrado mantener su presencia en la sociedad vasca y vivir sus luchas. El contacto con la realidad de unas luchas sociales que no se jugaban en el espacio de la soberanía -de la violencia como atributo de la soberanía- distanció a la izquierda abertzale de la organización armada. Fue difícil, pues ETA no fue para muchos vascos una simple organización &#8220;terrorista&#8221;, sino el polo a partir del cual se organizó la resistencia más efectiva al franquismo, que en Euskal Herria fue siempre particularmente enérgica y masiva. ETA en el País Vasco, no eran los Grapo: su función si acaso podría compararse a la del PCE durante el franquismo, con la importante diferencia de que ETA tenía un frente armado, &#8220;militar&#8221;. Hoy, sin embargo, el rechazo a la violencia y al absolutismo de un poder que sólo es una caricatura de la soberanía, está afectando tanto a ETA como al Estado español.</p>
<p>No sé si desde la izquierda abertzale se le ha dicho a ETA &#8220;que no nos representan&#8221;, pero con seguridad es algo que en ese sector político se ha pensado. De este modo, los movimientos sociales emergentes que se manifiestan en el conjunto del Estado español en el 15M y que niegan al Estado la posibilidad de representarlos, tienen tal vez un buen contrapunto en una izquierda abertzale que expresa sustancialmente los intereses de los mismos sectores sociales, y que también se está deshaciendo de sus propios &#8220;representantes&#8221;. En este momento, el proceso de descomposición de neoliberalismo nos coloca ante una situación muy crítica para el régimen español: por un lado su legitimidad social es cuestionada por calles y plazas, su representatividad y su soberanía son cada día negadas por los mercados financieros a los que el régimen obedece, pero también por importantes sectores de la población que ya no quieren obedecer a quienes la agreden. A esto se añade un probable aumento de la representación política del idependentismo de izquierda en Euskal Herria que tampoco se siente representado por el Estado español y sus instituciones. Quienquiera que gane las elecciones legislativas españolas se encontrará ante un proceso que puede desembocar en una crisis de régimen. Agur ETA! Bye, bye (Franco&#8217;s) Spain.</p>
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		<title>¿Qué motivó el 11 de septiembre?</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 16:39:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Habría que ser inhumano para no condenar los ataques del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono por parte de al-Qaeda, y sería cruel quien no mostrase solidaridad con las más de tres mil víctimas del acto terrorista.
Dicho esto, tenemos que ir más al fondo de la cuestión y preguntarnos: ¿por qué [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Habría que ser inhumano para no condenar los ataques del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono por parte de al-Qaeda, y sería cruel quien no mostrase solidaridad con las más de tres mil víctimas del acto terrorista.</p>
<p>Dicho esto, tenemos que ir más al fondo de la cuestión y preguntarnos: ¿por qué sucedió este atentado minuciosamente premeditado? Las cosas no pasan simplemente porque algunos enloquecidos se llenan de odio y cometen tales crímenes contra sus oponentes políticos. Debe haber causas más profundas que si persisten seguirán alimentando el terrorismo.<span id="more-29395"></span></p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-23261" title="art on terror" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/12/art-on-terror-575x320.jpg" alt="" width="575" height="320" /></p>
<p>Si miramos la historia de más de un siglo, nos damos cuenta de que el Occidente como un todo, y particularmente los Estados Unidos han humillado a los países musulmanes del Medio Oriente. Controlaron sus gobiernos, tomaron su petróleo y montaron inmensas bases militares. Dejaron tras de sí mucha amargura y rabia, caldo cultural para la venganza y el terrorismo.</p>
<p>Lo terrible del terrorismo es que ocupa las mentes. En las guerras y las guerrillas se necesita ocupar el espacio físico para triunfar efectivamente. En el terror, no. Basta ocupar las mentes, distorsionar el imaginario e introyectar miedo. Los estadounidenses ocuparon físicamente el Afganistán de los talibanes e Irak, pero los talibanes ocuparon psicológicamente las mentes de los estadounidenses. Se realizó desgraciadamente la profecía que hizo Bin Laden el 8 de octubre de 2002: «Estados Unidos nunca más se sentirá seguro, nunca más tendrá paz». Hoy es un país rehén del miedo que se ha difundido.</p>
<p>Para no dar la impresión de ser antinorteamericano, transcribo aquí parte de las palabras del obispo de Melbourne Beach (Florida), Robert Bowman, que antes de ser obispo había sido piloto de cazas militares y realizó 101 misiones de combate en la guerra de Vietnam. Escribió una carta abierta al entonces presidente Bill Clinton, que ordenó el bombardeo de Nairobi y Dar es-Salam, donde las embajadas norteamericanas habían sido atacadas por el terrorismo. Su contenido es aplicable también a Bush, que llevó la guerra a Afganistán y a Irak, guerra continuada por Obama. La carta, todavía actual, fue publicada en el <em>National Catholic Reporter</em> del 2 de octubre de l998 con el título: ¿Por qué es odiado Estados Unidos? (<em>Why the US is hated? </em>) y dice así:</p>
<p>«Usted ha dicho que somos blanco de ataques porque defendemos la democracia, la libertad, los derechos humanos. ¡Eso es absurdo! Somos blanco de terroristas porque, en buena parte del mundo, nuestro gobierno defiende la dictadura, la esclavitud y la explotación humana. Somos blanco de terroristas porque nos odian. Y nos odian porque nuestro gobierno hace cosas odiosas. ¡En cuántos países agentes de nuestro gobierno han destituido a líderes escogidos por el pueblo cambiándolos por dictaduras militares fantoches que querían vender su pueblo a sociedades multinacionales norteamericanas!</p>
<p>Hemos hecho eso en Irán, en Chile y en Vietnam, en Nicaragua, y en el resto de las «repúblicas bananeras» de América Latina. País tras país, nuestro gobierno se opuso a la democracia, sofocó la libertad y violó los derechos del ser humano. Esta es la causa por la cual nos odian en todo el mundo. Por esta razón somos blancos de los terroristas.</p>
<p>En vez de enviar a nuestros hijos e hijas por el mundo a matar árabes y obtener así el petróleo que hay bajo su tierra, deberíamos enviarlos a reconstruir sus infraestructuras, beneficiarlos con agua potable, alimentar a los niños en peligro de morir de hambre. Esta es la verdad, señor Presidente. Esto es lo que el pueblo norteamericano debe comprender».</p>
<p>La respuesta acertada no era combatir terror con terror a la Bush, sino con solidaridad. Miembros de las asociaciones de víctimas de las Torres Gemelas fueron a Afganistán para fundar asociaciones de ayuda para que el pueblo saliese de la miseria. Mediante esta humanidad es como se anulan las causas que llevan al terrorismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Leonardo Boff es teólogo y filósofo</em></p>
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		<title>Todavía el fundamentalismo</title>
		<link>http://revista-amauta.org/2011/07/todavia-el-fundamentalismo/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 01:27:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>El acto terrorista perpetrado en Noruega de forma calculada por un extremista noruego de 32 años ha puesto de nuevo sobre el tapete la cuestión del fundamentalismo. Los gobiernos occidentales y los medios de comunicación han inducido a la opinión pública mundial a asociar el fundamentalismo y el terrorismo casi exclusivamente con sectores radicales del islamismo. Barack Obama de Estados Unidos y David Cameron del Reino Unido se apresuraron a solidarizarse con el gobierno de Noruega y reforzaron la idea de dar batalla mortal al terrorismo, presuponiendo que sería un acto de Al Qaeda. Prejuicio. Esta vez era un nativo, blanco, de ojos azules, con nivel superior y cristiano, aunque <em>The New York Times</em> lo presente como «sin cualidades y fácil de olvidar».<span id="more-28252"></span></p>
<div id="attachment_28256" class="wp-caption aligncenter" style="width: 578px"><img class="size-large wp-image-28256" title="Send_In_The_Screamers stephen pitt truthout" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/Send_In_The_Screamers-stephen-pitt-truthout-568x400.jpg" alt="" width="568" height="400" /><p class="wp-caption-text">(Arte: Stephen Pitt / Truthout)</p></div>
<p>Además de rechazar decididamente el terrorismo y el fundamentalismo debemos tratar de entender el por qué de este fenómeno. Ya he abordado algunas veces en esta columna el tema, que resultó en un libro <em>Fundamentalismo, Terrorismo, Religión y Paz: desafío del siglo XXI</em> (Vozes 2009). Ahí refiero, entre otras causas, el tipo de globalización que ha predominado desde el principio, una globalización fundamentalmente de la economía, de los mercados y de las finanzas. Edgar Morin llama a la actual «la edad de hierro de la globalización». No fue seguida, como pedía la realidad, por una globalización política (un gobierno global de los pueblos), una globalización ética y educacional. Me explico: con la globalización inauguramos una fase nueva de la historia del Planeta vivo y de la humanidad misma. Estamos dejando atrás los estrechos límites de las culturas regionales con sus identidades y la figura del estado-nación para adentrarnos cada vez más en el proceso de una historia colectiva de la especie humana, con un destino común, ligado al destino de la vida y, en cierta forma, al de la propia Tierra. Los pueblos se pusieron en movimiento, las comunicaciones pusieron en contacto a todos con todos y, por distintos motivos, empezaron a circular multitudes por el mundo.</p>
<p>Esta transición no fue preparada, puesto que prevalecía una confrontación entre dos formas de organizar la sociedad: el socialismo estatal de la Unión Soviética y el capitalismo liberal de Occidente. Todos debían alinearse con una de estas alternativas. Al desmontarse la Unión Soviética no surgió un mundo multipolar sino el predominio de Estados Unidos como la mayor potencia económico-militar del mundo, que comenzó a ejercer un poder imperial, haciendo a todos alinearse con sus intereses globales. Más que globalización en sentido amplio, se dio una especie de occidentalización del mundo. Funcionó como un rodillo compresor, que pasó por encima de respetables tradiciones culturales. Esto se vio agravado por la arrogancia típica de Occidente de sentirse portador de la mejor cultura, de la mejor ciencia, de la mejor religión, de la mejor forma de producir y de gobernar.</p>
<p>Esta uniformización global generó fuerte resistencia, amargura y rabia en muchos pueblos, que veían erosionarse su identidad y sus costumbres. En situaciones así surgen normalmente fuerzas identitarias que se alían con sectores conservadores de las religiones, guardianes naturales de las tradiciones. De aquí se origina el fundamentalismo que se caracteriza por dar valor absoluto a su punto de vista. Quien afirma de manera absoluta su identidad está condenado a ser intolerante con los diferentes, a despreciarlos y, en el límite, a eliminarlos.</p>
<p>Este fenómeno es recurrente en todo el mundo. En Occidente, grupos significativos de corte conservador se sienten amenazados en su identidad por la penetración de culturas no-europeas, especialmente el islamismo. Rechazan el multiculturalismo y cultivan la xenofobia. El terrorista noruego estaba convencido de que la lucha democrática contra la amenaza de los extranjeros en Europa estaba perdida. Tomó entonces una solución desesperada: realizar un gesto simbólico de eliminación de los «traidores» multiculturales.</p>
<p>La respuesta del gobierno y del pueblo noruego ha sido sabia: respondieron con flores y con la afirmación de más democracia, es decir, de más convivencia con las diferencias, más tolerancia, más hospitalidad y más solidaridad. Este es el camino que garantiza una globalización humana, en la cual será más difícil que semejantes tragedias vuelvan a repetirse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Leonardo Boff es Teólogo/Filósofo y autor de “Virtudes para um outro mundo possivel” 3 vol. Vozes 2008-2009.</em></p>
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		<title>When Extremism Learns to Blow Things Up</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jul 2011 23:13:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
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		<description><![CDATA[The revelation by CNN that Norwegian right wing terrorist Anders Behring Breivik kept a diary in which he obsessed about the dangers of cultural Marxism, multiculturalism, and the “Islamification” of Europe will remind many Americans of the tactics of our own right wing (only these themes have been taken up by people much more mainstream [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>The revelation by CNN that Norwegian right wing terrorist Anders Behring Breivik<a href="http://www.ketv.com/r/28647407/detail.html%20" rel="nofollow"> kept a diary in which he obsessed about the dangers of cultural Marxism, multiculturalism, and the “Islamification” of Europe</a> will remind many Americans of the tactics of our own right wing (only these themes have been taken up by people much more mainstream in the US than Breivik is in Norway!) The movement to ban the shariah, the castigation of a progressive income tax as “Marxist,” the condemnation of multiculturalism as a threat to Western values, are all themes commonly heard in the US Tea Party and in the right wing of the Israel lobbies.</p>
<p>It would be wrong, of course, to suggest that anyone who hits these themes is a terrorist in waiting or supports violence.</p>
<p>But here is the reason for which such rhetoric is dangerous and can easily lead to social violence.<span id="more-28085"></span></p>
<div id="attachment_20486" class="wp-caption alignright" style="width: 295px"><img class="size-large wp-image-20486" title="art ralph steadman" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2010/10/art-ralph-steadman-285x400.jpg" alt="" width="285" height="400" /><p class="wp-caption-text">(Art: Ralph Steadman)</p></div>
<p>It is black and white, allowing no nuance. Immigration is not a smooth process, and is attended with problems in some cases. The history of the United States, an immigrant society, suggests that whatever the problems are, they are not insuperable. But Breivik saw Muslim immigration in particular as a threat to the very identity of Europe. That is, if the immigration from the Middle East were allowed to continue, then ultimately there would be no Europe, just a big Iran on all sides of the Mediterranean. Moreover, he imagined this process of Islamification as happening very quickly.</p>
<p>Breivik’s thinking is not new under the sun. Protestant Nativists of the <a href="http://www.newadvent.org/cathen/08677a.htm%20" rel="nofollow">“Native American” and later “Know-Nothing” (i.e. secret society) movement</a> in the 1830s through 1850s in the United States felt exactly the same way about Catholic immigrants to the US. America wouldn’t be America if this went on. Their values were inherently incompatible with the Constitution. Their loyalties were to an anti-modern foreign court dedicated to reinforcement of political and intellectual tyranny. The hordes of them would take over the country before too long. The combination of black-and-white thinking and a conviction that undesirable change is coming very rapidly often provokes violence. Brian Porter’s <a href="http://www.amazon.com/When-Nationalism-Began-Hate-Nineteenth-Century/dp/0195151879/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;qid=1311502568&amp;sr=8-1%20" rel="nofollow"> When Nationalism Learned to Hate</a> makes the point about Poland, that peaceful democratic processes depend crucially on patience and a conviction that the future can be won. When members of a movement become impatient and believe that the situation could quickly and unalterably shift against them, they are much more likely to turn to violence.</p>
<p>Catholic immigrants to the US, like Muslim immigrants to Europe, cannot in fact be characterized in a black and white way. Catholics in the contemporary US are politically and socially diverse, but on the whole are more <a href="http://www.christianpost.com/news/poll-catholics-protestants-leaning-right-in-2010-election-47183/%20" rel="nofollow">socially liberal than evangelical Protestants.</a> That is, if the Know-Nothings were afraid of an anti-Enlightenment religious movement, it would have been to their own, Protestant ranks, that they should have looked.</p>
<p>Likewise, making a black-and-white division between “Christian” Europe and “Islam” is frankly silly. The European continent is itself a fiction (it is geologically contiguous with North Africa, and there is no eastern geographical feature that divides it from Afro-Asia). Islam has been the religion of millions of Europeans over the past 1400 years, whether in Umayyad Spain, Arab Sicily, or Ottoman Eastern Europe, and Muslim contributions to European advances are widely acknowledged.</p>
<p>As for contemporary Muslims in Europe, they are diverse. Overwhelmingly, e.g., <a href="http://www.euro-islam.info/country-profiles/city-profiles/paris/%20" rel="nofollow">Parisian Muslims say that they are loyal to France</a>. About half of the Turks in Germany are from the Alevi sect, a kind of folk Shiism, and most of those are not very religious and politically are just social democrats (oh, the horror of Breivik’s nightmare– Muslim progressives in Europe!) That the few hundred thousand Muslims in Spain (pop. 45 mn.) , or the 4 million in Turkey (5 percent of the population) could effect a revolution in European affairs of the sort Breivik fears is frankly absurd, especially since Muslims are not a political bloc who agree with one another about politics and society. They are from different countries and traditions. Many do not have full citizenship or voting rights, most of the rest are apolitical. But even if they became a substantial proportion of the population, they would be unlikely to change Europe’s way of doing things that much.</p>
<p>Breivik, of course, also exercised black-and-white thinking about the left of center currents in Europe, amalgamating them all to Marxism, presumably of a Soviet sort, and seeing them as taking over. In fact, ironically, it is parties and rhetoric that Breivik would have approved of that are making the most rapid strides in Europe. Right wing parties that would once have been pariahs have been power brokers in Sweden and Finland, and Nicolas Sarkozy has borrowed so much rhetoric from the LePens that some accuse him of legitimizing them.</p>
<p>Worrying about the impact of immigration is not pernicious. Opposing leftist political ideas is everyone’s right in a democracy. Disagreeing over religion is natural.</p>
<p>But when you hear people talking about lumping all these issues together; when you hear them obliterating distinctions and using black-and-white rhetoric; when you hear them talk of existential threats, and above all when you see that they are convinced that small movements that they hate are likely to have an immediate and revolutionary impact, then you should be afraid, be very afraid. That is when extremism learns to hate, and turns to violence.</p>
<p>Democracy depends on a different kind of rhetoric. Healthy politics is about specific programs, not about conspiracy theories as to what underlies someone’s commitment to a program. Most Americans don’t want people to die because of not being able to afford health care. Lambasting that sentiment as tyrannical Bolshevism is a recipe for social conflict.</p>
<p>Unfortunately, some unscrupulous billionaires, Rupert Murdoch and the Koch Brothers prominent among them, have honed <a href="http://aljazeerah.info/Opinion%20Editorials/2011/July/4%20o/14%20Propaganda%20Techniques%20Fox%20News%20TV%20Uses%20to%20Brainwash%20Americans%20By%20Cynthia%20Boaz.htm%20" rel="nofollow"> their propaganda skills in the media and public life</a>. The promotion of hate, panic, and fear, especially if it is tied to specific political, ethnic and religious groups, always risks violence.</p>
<p>The real message of Breivik is that we should all take a deep breath and step back from the precipice.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<p><em>Juan Cole teaches Middle Eastern and South Asian history at the University of Michigan. His latest book, Engaging the Muslim World, is just out in a revised paperback edition from Palgrave Macmillan. He is also the author of Napoleon&#8217;s Egypt: Invading the Middle East (New York: Palgrave Macmillan, 2007). He has appeared widely on television, radio and on op-ed pages as a commentator on Middle East affairs, and has a regular column at Salon.com. He has written, edited, or translated 14 books and has authored 60 journal articles. His weblog on the contemporary Middle East is <a href="http://www.juancole.com/" target="_blank">Informed Comment</a>.</em></p>
</div>
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		<title>Masacre en Noruega: El espejo cristiano de al-Qaida</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jul 2011 22:16:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Imaginad si Anders Behring Breivik, el pálido, rubio, 100% noruego de ojos azules, ultra derechista loco por las armas, fundamentalista cristiano, responsable por el atentado con el coche bomba en Oslo y los meticulosos asesinatos selectivos en la isla de Utoya que mataron a 93 personas, hubiera sido un inmigrante musulmán.
Ni siquiera hay que imaginarlo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Imaginad si Anders Behring Breivik, el pálido, rubio, 100% noruego de ojos azules, ultra derechista loco por las armas, fundamentalista cristiano, responsable por el atentado con el coche bomba en Oslo y los meticulosos asesinatos selectivos en la isla de Utoya que mataron a 93 personas, hubiera sido un inmigrante musulmán.</p>
<p>Ni siquiera hay que imaginarlo – ya que los concéntricos círculos occidentales de la industria de la islamofobia inmediatamente atribuyeron la masacre en Noruega a “al-Qaida”, hasta que los hechos les bloquearon el camino.<span id="more-28125"></span></p>
<div id="attachment_28132" class="wp-caption alignleft" style="width: 309px"><img class="size-large wp-image-28132" title="oslo matt sesow" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/oslo-matt-sesow-299x400.jpg" alt="" width="299" height="400" /><p class="wp-caption-text">Tributo a Oslo. (Arte: Matt Sesow)</p></div>
<p>Esperad un minuto. “¿Asesinatos selectivos?” Tuvo que cruzar la mente del asesino que si el gobierno de Barack Obama puede hacerlo – en AfPak, Iraq, Yemen, Somalia, todo en nombre de la civilización occidental – no hay nada que impida que un frío escandinavo ejerza los mismos derechos en su propio suelo.</p>
<p>Los hilos superpuestos de la ideología de al-Qaida pueden ser examinados en detalle en volúmenes como <em>Al-Qaeda in Its Own Words</em> [Al-Qaida en sus propias palabras], editado por Gilles Kepel y Jean-Pierre Milelli, y publicado en inglés por Harvard University Press.</p>
<p>El solitario Breivik también urdió su propio voluminoso manifiesto de odio de 1.500 páginas, titulado <em>2083: A European Declaration of Independence</em> [2083: Una declaración europea de independencia], en el que castiga por igual al liberalismo, multiculturalismo y “marxismo cultural”, que supuestamente están destruyendo la civilización cristiana europea.</p>
<p>Tal como al-Qaida –bajo la guía ideológica de su actual líder Dr Ayman al-Zawahiri – se embarcó en una yihad defensiva (y ocasionalmente ofensiva) contra cristianos y judíos, Breivik llama a nada menos que una yihad cristiana para defender Europa contra otra invasión musulmana.</p>
<p><strong>El retorno de los cruzados cristianos</strong></p>
<p>Lo que revela que Breivik no es un fenómeno aislado es que la ideología detrás del manifiesto condena abrumadoramente no solo al Islam per se, la inmigración musulmana en Europa, y el multiculturalismo, sino también todas las diatribas neonazis, supremacistas radicales contra esos “males”.</p>
<p>Breivik, el asesino masivo que ama las horrendas canciones de Eurovision y la serie policial estadounidense <em> The Shield</em> [El escudo], y posee licencias legítimas para una pistola Glock, un rifle automático y una escopeta es un converso de la nueva, algo más sofisticada narrativa de la derecha pan-europea – según la cual la batalla por el alma de Europa será librada por motivos culturales.</p>
<p>Después de una breve visita a Dinamarca y al sur de Suecia en el otoño de 2010, ya había mencionado esos temas más amplios en <a href="http://www.rebelion.org/noticia.php?id=115435" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Carta de Islamofobistán</span></a> (Rebelión, 25 de octubre de 2010).</p>
<p>Breivik va un paso más lejos al transformar en armas el nuevo pensamiento – según el cual no se trata de que los musulmanes sean biológicamente inferiores a Occidente Cristiano; el problema es que los dogmas del Islam son absolutamente incompatibles con Occidente.</p>
<p>Todo tiene que ver con cultura. “Ellos” no comparten “nuestros valores” y nuestro modo de vida. En su astuta acción de relaciones públicas, esta explicación culturalista probablemente atraerá incluso a europeos moderados.</p>
<p>Breivik y su calaña culpan a la democracia parlamentaria occidental en su conjunto –incluida la corrección política– por permitir que los musulmanes en Europa se establezcan como caballos de Troya. Todo y cada cual es una amenaza – desde al-Qaida a la burocrática Unión Europea (UE) y las multiculturales Naciones Unidas (ONU). Breivik y su especie son Huntingtonescos hasta no poder más – temen un choque de civilizaciones en su propia casa.</p>
<p>No es ninguna maravilla que el siguiente paso lógico haya sido la transformación de Breivik en una versión moderna de los Caballeros Templarios ensalzada en su extravagante manifiesto – para así dar el ejemplo. El programa del Caballero: “tomar el control político y militar de los países europeos occidentales e implementar un programa político cultural conservador”.</p>
<p>“Al-Qaida” – o la nebulosa de franquicias y copiones comúnmente presentados en un lote como “al-Qaida” – no tiene los recursos para atacar Europa, y en todo caso no es su prioridad; la prioridad es AfPak, Asia Central e India, como lo detalla el comandante militar de al-Qaida Ilyas Kashmiri. Pero la prioridad del terror cristiano fundamentalista es definitivamente Europa. Y los ataques tendrán lugar a través de misántropos como Breivik así como de grupos organizados.</p>
<p>Los progresistas occidentales deben estar en alerta roja. Habrá que destrozar tabús – especialmente al identificar las retorcidas, pero casi siempre burdas estrategias, empleadas por el fundamentalismo cristiano de ultraderecha y los sionistas para fomentar la islamofobia en Occidente. Por ejemplo, tanto los islamófobos como los sionistas de la línea dura consideran que la subyugación de Palestina por los israelíes, es la defensa de Israel en un choque de civilizaciones. El discípulo modelo, Breivik, aclama a islamófobos estadounidenses tristemente célebres como Pam Geller y Daniel Pipes de la misma manera como aborrece el apoyo noruego a un Estado palestino independiente y soberano.</p>
<p>Breivik escribió: “Es muy hipócrita tratar a musulmanes, nazis y marxistas de un modo diferente los unos de los otros. Son todos partidarios de ideologías de odio. No todos los musulmanes, nazis y marxistas son conservadores: la mayoría son moderados. ¿Pero importa?</p>
<p>No importa: el fascismo es un seductor que ofrece igualdad de posibilidades. Habrá sangre – mucha más sangre, mientras Europa enfrenta su propio corazón de las tinieblas. Cuidado con el retorno –en masa– del pálido cruzado cristiano de ojos azules.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Pepe Escobar es autor de “ <a href="http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/0978813820/simpleproduction/ref=nosim" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War</span></a> ” (Nimble Books, 2007) y “ <a href="http://www.amazon.com/Red-Zone-Blues-snapshot-Baghdad/dp/0978813898" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge</span></a> ”. Su último libro es “ <a href="http://www.amazon.com/Obama-Does-Globalistan-Pepe-Escobar/dp/1934840831/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;s=books&amp;qid=1233698286&amp;sr=8-1" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Obama does Globalistan</span></a> ” (Nimble Books, 2009). </em></p>
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		<title>El ‘gasoducto de la paz’ Irán-Pakistán irrita a Washington</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jul 2011 01:50:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Antes de finables de 2011, Pakistán comenzará en su trecho los trabajos del gasoducto IP (Irán-Pakistán) según Asim Hussain, ministro federal para el petróleo y los recursos naturales de Pakistán. Los 1.092 kilómetros del gasoducto en el lado iraní ya están construidos.
El IP, conocido también como el “gasoducto de la paz”, era originalmente IPI (Irán-Pakistán-India). Aunque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de finables de 2011, Pakistán comenzará en su trecho los trabajos del gasoducto IP (Irán-Pakistán) según Asim Hussain, ministro federal para el petróleo y los recursos naturales de Pakistán. Los 1.092 kilómetros del gasoducto en el lado iraní ya están construidos.</p>
<p>El IP, conocido también como el “gasoducto de la paz”, era originalmente IPI (Irán-Pakistán-India). Aunque necesita urgentemente gas para su expansión económica, India todavía no se ha comprometido en el proyecto, incluso después de que un acuerdo casi milagroso para su construcción se rubricó en 2008, debido a la inmensa presión del gobierno de George W. Bush, y luego el de Barack Obama.<span id="more-27789"></span></p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-27791" title="pakistan iran oil" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/pakistan-iran-oil-575x243.jpg" alt="" width="575" height="243" /></p>
<p>Más de 21 millones de metros cúbicos de gas al año comenzarán a fluir a Pakistán desde el gigantesco yacimiento South Pars de Irán desde 2014. Es un inmenso acontecimiento en las “guerras” de ‘Ductistán’ en Eurasia. El IP es un nodo importante en la pregonada Red de Seguridad Energética Asiática, la progresiva integración energética de Asia del Sudoeste, del Sur, Central y del Este que es el máximo mantra para protagonistas eurasiáticos tan diversos como Irán, China, India y los “estanes” centroasiáticos.</p>
<p>Pakistán es un cliente de la red pobre en energía, desesperado. Su conversión en un país de tránsito de energía es la oportunidad excepcional para Pakistán de transformarse de un Estado casi fallido en un “corredor energético” a Asia y, por qué no, a los mercados globales.</p>
<p>Y ya que los conductos funcionan como un cordón umbilical, lo más importante del asunto es que el IP, y tal vez el IPI en el futuro, harán más que cualquier forma de “ayuda” (o interferencia directa) de EE.UU. para estabilizar la mitad paquistaní del teatro de operaciones AfPak de Obama, e incluso aliviar a Pakistán de su obsesión respecto a India.</p>
<p><strong>¿Otro eje del mal?</strong></p>
<p>El desarrollo de ‘Ductistán’ puede ayudar considerablemente a explicar por qué la Casa Blanca anunció el domingo pasado que va a postergar 800 millones de dólares en ayuda militar a Islamabad, más de un tercio de las dádivas anuales semejantes que Pakistán recibe de EE.UU.</p>
<p>La floreciente industria de las invectivas contra Pakistán en Washington podrá presentarlo como un  castigo relacionado con la interminable saga de que Osama bin Laden estuvo refugiado tan cerca de Rawalpindi/Islamabad. Pero la medida tal vez tenga sabor a desesperación, y para colmo no hace absolutamente nada para convencer al ejército paquistaní de que siga los planes de Washington sin cuestionar nada.</p>
<p>El lunes, el Departamento de Estado de EE.UU. subrayó una vez más que Washington espera que Islamabad haga más por el contraterrorismo y la contrainsurgencia, de otra manera no recuperará su “ayuda”. Sigue mostrando la usual duplicidad diplomática de “relación constructiva, colaboradora, de beneficio mutuo”, pero eso no puede ocultar la creciente desconfianza entre ambas partes. Los militares paquistaníes confirmaron oficialmente que no les advirtieron de la “suspensión”.</p>
<p>Por lo menos 300 de esos 800 millones de dólares bloqueados son para “entrenadores estadounidenses”, es decir la brigada de contrainsurgencia del Pentágono. Además, Islamabad ya había pedido a Washington que dejara de enviar a esa gente; el hecho es que sus métodos son inútiles para combatir a los talibanes paquistaníes y a los yihadistas vinculados a al-Qaida basados en las áreas tribales. Y en todo caso más vale no mencionar que el método preferido por EE.UU. es, en todo caso, el drone asesino.</p>
<p>El muro de desconfianza seguramente alcanzará proporciones Himalaya/Karakoram/Pamir. Washington solo ve a Pakistán en términos de contraterrorismo en la “guerra contra el terror&#8221;. Desde la articulación de la combinación AfPak por el gobierno de Obama, es obvio que la principal guerra de Washington es en Pakistán, no en Afganistán, que solo alberga a un puñado de yihadistas de al-Qaida.</p>
<p>La mayor parte de los “objetivos de alto valor de al-Qaida” están en áreas tribales en Pakistán. Y son, en un paralelismo curioso con los estadounidenses, esencialmente entrenadores. En cuanto a Afganistán, se trata sobre todo una guerra neocolonial de la OTAN contra un movimiento de “liberación nacional” de mayoría pastuna, como lo definió el propio líder talibán Mullah Omar.</p>
<p>Saleem Shahzad, de <em>Asia Times Online</em> –asesinado en mayo– argumentó en su libro <em>Inside al-Qaeda and the Taliban</em> (aparecerá una reseña completa esta semana) que el golpe maestro de al-Qaida durante los últimos años fue reubicarse totalmente en las áreas tribales, fortalecer Tehrik-e-Taliban Pakistan (talibanes paquistaníes) y, en pocas palabras, coordinar una masiva guerra de guerrilla pastuna contra el ejército paquistaní y los estadounidenses, como táctica para desviar la atención. La agenda de al-Qaida –exportar su ideología orientada hacia el califato a otras partes de Asia del Sur y Central– no tiene nada que ver con los talibanes afganos dirigidos por Mullah Omar, que luchan por volver al poder en Afganistán.</p>
<p>Washington, por su parte, quiere un Afganistán “estable” dirigido por un títere conveniente, al estilo de Hamid Karzai, para poder lograr el santo grial (desde mediados de los años noventa): la construcción del rival de IP, el gasoducto TAPI (Turkmenistán-Afganistán-<wbr>Pakistán-India), eludiendo al “maléfico” Irán. </wbr></p>
<p>En lo que respecta a Pakistán, Washington quiere que aplaste las guerrillas pastunas dentro de su territorio; de otra manera las áreas tribales seguirán siendo atacadas por drones hasta la muerte, literalmente, sin ninguna consideración sobre la integridad territorial.</p>
<p>No es sorprendente que el muro de desconfianza siga creciendo, porque no es probable que los planes de Islamabad vayan a cambiar en un futuro cercano. La política afgana de Pakistán implica que Afganistán sea un Estado vasallo con fuerzas armadas muy débiles (lo que EE.UU. llama la Fuerza Nacional Afgana) y sobre todo siempre inestable y por lo tanto incapaz de encarar el verdadero punto crucial: el problema de &#8220;Pastunistán&#8221;.</p>
<p>Para Islamabad, el nacionalismo pastún es una amenaza existencial. Por lo tanto el ejército podrá combatir a las guerrillas pastunas al estilo Tehrik-e-Taliban, pero con extremo cuidado; de otra manera los pastunes a ambos lados de la frontera podrían unirse en masa e iniciar una campaña para desestabilizar a Islamabad para siempre.</p>
<p>Por otra parte, lo que Islamabad quiere para Afganistán es que los talibanes vuelvan al poder, como en los buenos días de 1996-2001. Es lo contrario de lo que quiere Washington: Una ocupación a largo plazo, de preferencia a través de la OTAN, para que la alianza pueda proteger el gasoducto TAPI, si se llega a construir. Además, para Washington la “pérdida” de Afganistán y su red crucial de bases militares tan cercanas a China y Rusia es simplemente impensable, según la doctrina de dominación del espectro completo del Pentágono.</p>
<p>Lo que tiene lugar por el momento es una compleja guerra de posiciones. La política afgana de Pakistán –que también implica contener la influencia india en Afganistán– no cambiará. Seguirán alentando a los talibanes afganos como potenciales aliados a largo plazo –en nombre de la inalterable doctrina de “profundidad estratégica”– y se seguirá viendo India como la máxima prioridad estratégica.</p>
<p>Lo que hará el IP es envalentonar aún más a Islamabad, al convertir finalmente a Pakistán en un corredor crucial del tránsito del gas iraní, aparte de utilizar gas para sus propias necesidades. Si India se decide finalmente contra IPI, China está lista para participar y construir una extensión de IP, paralela a la carretera Karakoram, hacia Xinjiang.</p>
<p>De una u otra manera, Pakistán gana, especialmente por el aumento de la inversión china. O con más “ayuda” militar china. Por eso no es probable que la “suspensión” del ejército paquistaní por parte Washington vaya a provocar demasiado nerviosismo en Islamabad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Pepe Escobar es autor de “ <a href="http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/0978813820/simpleproduction/ref=nosim" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War</span></a> ” (Nimble Books, 2007) y “ <a href="http://www.amazon.com/Red-Zone-Blues-snapshot-Baghdad/dp/0978813898" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge</span></a> ”. Su último libro es “ <a href="http://www.amazon.com/Obama-Does-Globalistan-Pepe-Escobar/dp/1934840831/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;s=books&amp;qid=1233698286&amp;sr=8-1" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">Obama does Globalistan</span></a> ” (Nimble Books, 2009). </em></p>
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		<title>War Without Humans: Modern Blood Rites Revisited</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jul 2011 01:23:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric French Monge</dc:creator>
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		<description><![CDATA[For a book about the all-too-human “passions of war,” my 1997 work Blood Rites ended on a strangely inhuman note: I suggested that, whatever distinctly human qualities war calls upon &#8212; honor, courage, solidarity, cruelty, and so forth &#8212; it might be useful to stop thinking of war in exclusively human terms.  After all, certain [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>For a book about the all-too-human “passions of war,” my 1997 work <em>Blood Rites</em> ended on a strangely inhuman note: I suggested that, whatever distinctly human qualities war calls upon &#8212; honor, courage, solidarity, cruelty, and so forth &#8212; it might be useful to stop thinking of war in exclusively human terms.  After all, certain species of ants wage war and computers can simulate “wars” that play themselves out on-screen without any human involvement.</p>
<p>More generally, then, we should define war as a self-replicating pattern of activity that may or may not require human participation. In the human case, we know it is capable of spreading geographically and evolving rapidly over time &#8212; qualities that, as I suggested somewhat fancifully, make war a metaphorical successor to the predatory animals that shaped humans into fighters in the first place.<span id="more-27734"></span></p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-27784" title="MTL preditor drones 4" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/MTL-preditor-drones-4-533x400.jpg" alt="" width="533" height="400" /></p>
<p>A decade and a half later, these musings do not seem quite so airy and abstract anymore. The trend, at the close of the twentieth century, still seemed to be one of ever more massive human involvement in war &#8212; from armies containing tens of thousands in the sixteenth century, to hundreds of thousands in the nineteenth, and eventually millions in the twentieth century world wars.</p>
<p>It was the ascending scale of war that originally called forth the existence of the nation-state as an administrative unit capable of maintaining mass armies and the infrastructure &#8212; for taxation, weapons manufacture, transport, etc. &#8212; that they require. War has been, and we still expect it to be, the most massive collective project human beings undertake. But it has been evolving quickly in a very different direction, one in which human beings have a much smaller role to play.</p>
<p>One factor driving this change has been the emergence of a new kind of enemy, so-called “non-state actors,” meaning popular insurgencies and loose transnational networks of fighters, none of which are likely to field large numbers of troops or maintain expensive arsenals of their own. In the face of these new enemies, typified by al-Qaeda, the mass armies of nation-states are highly ineffective, cumbersome to deploy, difficult to maneuver, and from a domestic point of view, overly dependent on a citizenry that is both willing and able to fight, or at least to have their children fight for them.</p>
<p>Yet just as U.S. military cadets continue, in defiance of military reality, to sport swords on their dress uniforms, our leaders, both military and political, tend to cling to an idea of war as a vast, labor-intensive effort on the order of World War II. Only slowly, and with a reluctance bordering on the phobic, have the leaders of major states begun to grasp the fact that this approach to warfare may soon be obsolete.</p>
<p>Consider the most recent U.S. war with Iraq. According to then-president George W. Bush, the <em>casus belli</em> was the 9/11 terror attacks.  The causal link between that event and our chosen enemy, Iraq, was, however, imperceptible to all but the most dedicated inside-the-Beltway intellectuals. Nineteen men had hijacked airplanes and flown them into the Pentagon and the World Trade Center &#8212; 15 of them Saudi Arabians, none of them Iraqis &#8212; and we went to war against… Iraq?</p>
<p>Military history offers no ready precedents for such wildly misaimed retaliation. The closest analogies come from anthropology, which provides plenty of cases of small-scale societies in which the death of any member, for any reason, needs to be “avenged” by an attack on a more or less randomly chosen other tribe or hamlet.</p>
<p>Why Iraq? Neoconservative imperial ambitions have been invoked in explanation, as well as the American thirst for oil, or even an Oedipal contest between George W. Bush and his father. There is no doubt some truth to all of these explanations, but the targeting of Iraq also represented a desperate and irrational response to what was, for Washington, an utterly confounding military situation.</p>
<p>We faced a state-less enemy &#8212; geographically diffuse, lacking uniforms and flags, invulnerable to invading infantries and saturation bombing, and apparently capable of regenerating itself at minimal expense. From the perspective of Secretary of Defense Donald Rumsfeld and his White House cronies, this would not do.</p>
<p>Since the U.S. was accustomed to fighting other nation-states &#8212; geopolitical entities containing such identifiable targets as capital cities, airports, military bases, and munitions plants &#8212; we would have to find a nation-state to fight, or as Rumsfeld put it, a “target-rich environment.” Iraq, pumped up by alleged stockpiles of “weapons of mass destruction,” became the designated surrogate for an enemy that refused to play our game.</p>
<p>The effects of this atavistic war are still being tallied: in Iraq, we would have to include civilian deaths estimated at possibly hundreds of thousands, the destruction of civilian infrastructure, and devastating outbreaks of sectarian violence of a kind that, as we should have learned from the dissolution of Yugoslavia, can readily follow the death or removal of a nationalist dictator.</p>
<p>But the effects of war on the U.S. and its allies may end up being almost as tragic. Instead of punishing the terrorists who had attacked the U.S., the war seems to have succeeded in recruiting more such irregular fighters, young men (and sometimes women) willing to die and ready to commit further acts of terror or revenge. By insisting on fighting a more or less randomly selected nation-state, the U.S. may only have multiplied the non-state threats it faces.</p>
<p><strong>Unwieldy Armies</strong></p>
<p>Whatever they may think of what the U.S. and its allies did in Iraq, many national leaders are beginning to acknowledge that conventional militaries are becoming, in a strictly military sense, almost ludicrously anachronistic. Not only are they unsuited to crushing counterinsurgencies and small bands of terrorists or irregular fighters, but mass armies are simply too cumbersome to deploy on short notice.</p>
<p>In military lingo, they are weighed down by their “tooth to tail” ratio &#8212; a measure of the number of actual fighters in comparison to the support personnel and equipment the fighters require. Both hawks and liberal interventionists may hanker to airlift tens of thousands of soldiers to distant places virtually overnight, but those soldiers will need to be preceded or accompanied by tents, canteens, trucks, medical equipment, and so forth. “Flyover” rights will have to be granted by neighboring countries; air strips and eventually bases will have to be constructed; supply lines will have be created and defended &#8212; all of which can take months to accomplish.</p>
<p>The sluggishness of the mass, labor-intensive military has become a constant source of frustration to civilian leaders. Irritated by the Pentagon’s hesitation to put “boots on the ground” in Bosnia, then-Secretary of State Madeline Albright famously demanded of Secretary of Defense Colin Powell, “What good is this marvelous military force if we can never use it?” In 2009, the Obama administration unthinkingly proposed a troop surge in Afghanistan, followed by a withdrawal within a year and a half that would have required some of the troops to start packing up almost as soon as they arrived. It took the U.S. military a full month to organize the transport of 20,000 soldiers to Haiti in the wake of the 2010 earthquake &#8212; and they were only traveling 700 miles to engage in a humanitarian relief mission, not a war.</p>
<p>Another thing hobbling mass militaries is the increasing unwillingness of nations, especially the more democratic ones, to risk large numbers of casualties. It is no longer acceptable to drive men into battle at gunpoint or to demand that they fend for themselves on foreign soil. Once thousands of soldiers have been plunked down in a “theater,” they must be defended from potentially hostile locals, a project that can easily come to supersede the original mission.</p>
<p>We may not be able clearly to articulate what American troops were supposed to accomplish in Iraq or Afghanistan, but without question one part of their job has been “force protection.” In what could be considered the inverse of “mission creep,” instead of expanding, the mission now has a tendency to contract to the task of self-defense.</p>
<p>Ultimately, the mass militaries of the modern era, augmented by ever-more expensive weapons systems, place an unacceptable economic burden on the nation-states that support them &#8212; a burden that eventually may undermine the militaries themselves. Consider what has been happening to the world’s sole military superpower, the United States. The latest estimate for the cost of the wars in Iraq and Afghanistan is, at this moment, at least $3.2 trillion, while total U.S. military spending equals that of the next 15 countries combined, and adds up to approximately 47% of all global military spending.</p>
<p>To this must be added the cost of caring for wounded and otherwise damaged veterans, which has been mounting precipitously as medical advances allow more of the injured to survive.  The U.S. military has been sheltered from the consequences of its own profligacy by a level of bipartisan political support that has kept it almost magically immune to budget cuts, even as the national debt balloons to levels widely judged to be unsustainable.</p>
<p>The hard right, in particular, has campaigned relentlessly against “big government,” apparently not noticing that the military is a sizable chunk of this behemoth.  In December 2010, for example, a Republican senator from Oklahoma railed against the national debt with this statement: “We&#8217;re really at war. We&#8217;re on three fronts now: Iraq, Afghanistan, and the financial tsunami  [arising from the debt] that is facing us.” Only in recent months have some Tea Party-affiliated legislators broken with tradition by declaring their willingness to cut military spending.</p>
<p><strong>How the Warfare State Became the Welfare State</strong></p>
<p>If military spending is still for the most part sacrosanct, ever more spending cuts are required to shrink “big government.”  Then what remains is the cutting of domestic spending, especially social programs for the poor, who lack the means to finance politicians, and all too often the incentive to vote as well. From the Reagan years on, the U.S. government has chipped away at dozens of programs that had helped sustain people who are underpaid or unemployed, including housing subsidies, state-supplied health insurance, public transportation, welfare for single parents, college tuition aid, and inner-city economic development projects.</p>
<p>Even the physical infrastructure &#8212; bridges, airports, roads, and tunnels &#8212; used by people of all classes has been left at dangerous levels of disrepair. Antiwar protestors wistfully point out, year after year, what the cost of our high-tech weapon systems, our global network of more than 1,000 military bases, and our various “interventions” could buy if applied to meeting domestic human needs. But to no effect.</p>
<p>This ongoing sacrifice of domestic welfare for military “readiness” represents the reversal of a historic trend. Ever since the introduction of mass armies in Europe in the seventeenth century, governments have generally understood that to underpay and underfeed one&#8217;s troops &#8212; and the class of people that supplies them &#8212; is to risk having the guns pointed in the opposite direction from that which the officers recommend.</p>
<p>In fact, modern welfare states, inadequate as they may be, are in no small part the product of war &#8212; that is, of governments&#8217; attempts to appease soldiers and their families. In the U.S., for example, the Civil War led to the institution of widows&#8217; benefits, which were the predecessor of welfare in its Aid to Families with Dependent Children form. It was the bellicose German leader Otto von Bismarck who first instituted national health insurance.</p>
<p>World War II spawned educational benefits and income support for American veterans and led, in the United Kingdom, to a comparatively generous welfare state, including free health care for all. Notions of social justice and fairness, or at least the fear of working class insurrections, certainly played a part in the development of twentieth century welfare states, but there was a pragmatic military motivation as well: if young people are to grow up to be effective troops, they need to be healthy, well-nourished, and reasonably well-educated.</p>
<p>In the U.S., the steady withering of social programs that might nurture future troops even serves, ironically, to justify increased military spending. In the absence of a federal jobs program, Congressional representatives become fierce advocates for weapons systems that the Pentagon itself has no use for, as long as the manufacture of those weapons can provide employment for some of their constituents.</p>
<p>With diminishing funds for higher education, military service becomes a less dismal alternative for young working-class people than the low-paid jobs that otherwise await them. The U.S. still has a civilian welfare state consisting largely of programs for the elderly (Medicare and Social Security). For many younger Americans, however, as well as for older combat veterans, the U.S. military <em>is</em> the welfare state &#8212; and a source, however temporarily, of jobs, housing, health care and education.</p>
<p>Eventually, however, the failure to invest in America’s human resources &#8212; through spending on health, education, and so forth &#8212; undercuts the military itself. In World War I, public health experts were shocked to find that one-third of conscripts were rejected as physically unfit for service; they were too weak and flabby or too damaged by work-related accidents.</p>
<p>Several generations later, in 2010, the U.S. Secretary of Education reported that “75 percent of young Americans, between the ages of 17 to 24, are unable to enlist in the military today because they have failed to graduate from high school, have a criminal record, or are physically unfit.” When a nation can no longer generate enough young people who are fit for military service, that nation has two choices: it can, as a number of prominent retired generals are currently advocating, reinvest in its “human capital,” especially the health and education of the poor, or it can seriously reevaluate its approach to war.</p>
<p><strong>The Fog of (Robot) War</strong></p>
<p>Since the rightward, anti-“big government” tilt of American politics more or less precludes the former, the U.S. has been scrambling to develop less labor-intensive forms of waging war. In fact, this may prove to be the ultimate military utility of the wars in Iraq and Afghanistan: if they have gained the U.S. no geopolitical advantage, they have certainly served as laboratories and testing grounds for forms of future warfare that involve less human, or at least less governmental, commitment.</p>
<p>One step in that direction has been the large-scale use of military contract workers supplied by private companies, which can be seen as a revival of the age-old use of mercenaries.  Although most of the functions that have been outsourced to private companies &#8212; including food services, laundry, truck driving, and construction &#8212; do not involve combat, they <em>are</em> dangerous, and some contract workers have even been assigned to the guarding of convoys and military bases.</p>
<p>Contractors are still men and women, capable of bleeding and dying &#8212; and surprising numbers of them have indeed died.  In the initial six months of 2010, corporate deaths exceeded military deaths in Iraq and Afghanistan for the first time. But the Pentagon has little or no responsibility for the training, feeding, or care of private contractors.  If wounded or psychologically damaged, American contract workers must turn, like any other injured civilian employees, to the Workers’ Compensation system, hence their sense of themselves as a “disposable army.”  By 2009, the trend toward privatization had gone so far that the number of private contractors in Afghanistan exceeded the number of American troops there.</p>
<p>An alternative approach is to eliminate or drastically reduce the military’s dependence on human beings of any kind.  This would have been an almost unthinkable proposition a few decades ago, but technologies employed in Iraq and Afghanistan have steadily stripped away the human role in war. Drones, directed from sites up to 7,500 miles away in the western United States, are replacing manned aircraft.</p>
<p>Video cameras, borne by drones, substitute for human scouts or information gathered by pilots. Robots disarm roadside bombs. When American forces invaded Iraq in 2003, no robots accompanied them; by 2008, there were 12,000 participating in the war.  Only a handful of drones were used in the initial invasion; today, the U.S. military has an inventory of more than 7,000, ranging from the familiar Predator to tiny Ravens and Wasps used to transmit video images of events on the ground.  Far stranger fighting machines are in the works, like swarms of lethal “cyborg insects” that could potentially replace human infantry.</p>
<p>These developments are by no means limited to the U.S. The global market for military robotics and unmanned military vehicles is growing fast, and includes Israel<strong>,</strong> a major pioneer in the field, Russia, the United Kingdom, Iran, South Korea, and China. Turkey is reportedly readying a robot force for strikes against Kurdish insurgents; Israel hopes to eventually patrol the Gaza border with “see-shoot” robots that will destroy people perceived as transgressors as soon as they are detected.</p>
<p>It is hard to predict how far the automation of war and the substitution of autonomous robots for human fighters will go. On the one hand, humans still have the advantage of superior visual discrimination.  Despite decades of research in artificial intelligence, computers cannot make the kind of simple distinctions &#8212; as in determining whether a cow standing in front of a barn is a separate entity or a part of the barn &#8212; that humans can make in a fraction of a second.</p>
<p>Thus, as long as there is any premium on avoiding civilian deaths, humans have to be involved in processing the visual information that leads, for example, to the selection of targets for drone attacks. If only as the equivalent of seeing-eye dogs, humans will continue to have a role in war, at least until computer vision improves.</p>
<p>On the other hand, the human brain lacks the bandwidth to process all the data flowing into it, especially as new technologies multiply that data. In the clash of traditional mass armies, under a hail of arrows or artillery shells, human warriors often found themselves confused and overwhelmed, a condition attributed to “the fog of war.&#8221; Well, that fog is growing a lot thicker. U.S. military officials, for instance, put the blame on “information overload” for the killing of 23 Afghan civilians in February 2010, and the <em>New York Times</em> reported that:</p>
<p>“Across the military, the data flow has surged; since the attacks of 9/11, the amount of intelligence gathered by remotely piloted drones and other surveillance technologies has risen 1,600 percent. On the ground, troops increasingly use hand-held devices to communicate, get directions and set bombing coordinates. And the screens in jets can be so packed with data that some pilots call them “drool buckets” because, they say, they can get lost staring into them.”</p>
<p>When the sensory data coming at a soldier is augmented by a flood of instantaneously transmitted data from distant cameras and computer search engines, there may be no choice but to replace the sloppy “wet-ware” of the human brain with a robotic system for instant response.</p>
<p><strong>War Without Humans</strong></p>
<p>Once set in place, the cyber-automation of war is hard to stop.  Humans will cling to their place “in the loop” as long as they can, no doubt insisting that the highest level of decision-making &#8212; whether to go to war and with whom &#8212; be reserved for human leaders. But it is precisely at the highest levels that decision-making may most need automating. A head of state faces a blizzard of factors to consider, everything from historical analogies and satellite-derived intelligence to assessments of the readiness of potential allies. Furthermore, as the enemy automates its military, or in the case of a non-state actor, simply adapts to our level of automation, the window of time for effective responses will grow steadily narrower. Why not turn to a high-speed computer? It is certainly hard to imagine a piece of intelligent hardware deciding to respond to the 9/11 attacks by invading Iraq.</p>
<p>So, after at least 10,000 years of intra-species fighting &#8212; of scorched earth, burned villages, razed cities, and piled up corpses, as well, of course, as all the great epics of human literature &#8212; we have to face the possibility that the institution of war might no longer need us for its perpetuation. Human desires, especially for the Earth’s diminishing supply of resources, will still instigate wars for some time to come, but neither human courage nor human bloodlust will carry the day on the battlefield.</p>
<p>Computers will assess threats and calibrate responses; drones will pinpoint enemies; robots might roll into the streets of hostile cities. Beyond the individual battle or smaller-scale encounter, decisions as to whether to match attack with counterattack, or one lethal technological innovation with another, may also be eventually ceded to alien minds.</p>
<p>This should not come as a complete surprise. Just as war has shaped human social institutions for millennia, so has it discarded them as the evolving technology of war rendered them useless. When war was fought with blades by men on horseback, it favored the rule of aristocratic warrior elites. When the mode of fighting shifted to action-at-a-distance weapons like bows and guns, the old elites had to bow to the central authority of kings, who, in turn, were undone by the democratizing forces unleashed by new mass armies.</p>
<p>Even patriarchy cannot depend on war for its long-term survival, since the wars in Iraq and Afghanistan have, at least within U.S. forces, established women’s worth as warriors. Over the centuries, human qualities once deemed indispensable to war fighting &#8212; muscular power, manliness, intelligence, judgment &#8212; have one by one become obsolete or been ceded to machines.</p>
<p>What will happen then to the “passions of war”? Except for individual acts of martyrdom, war is likely to lose its glory and luster. Military analyst P.W. Singer quotes an Air Force captain musing about whether the new technologies will “mean that brave men and women will no longer face death in combat,” only to reassure himself that “there will always be a need for intrepid souls to fling their bodies across the sky.”</p>
<p>Perhaps, but in a 2010 address to Air Force Academy cadets, an under secretary of defense delivered the “bad news” that most of them would not be flying airplanes, which are increasingly unmanned. War will continue to be used against insurgencies as well as to “take out” the weapons facilities, command centers, and cities of designated rogue states. It may even continue to fascinate its aficionados, in the manner of computer games. But there will be no triumphal parades for killer nano-bugs, no epics about unmanned fighter planes, no monuments to fallen bots.</p>
<p>And in that may lie our last hope. With the decline of mass militaries and their possible replacement by machines, we may finally see that war is not just an extension of our needs and passions, however base or noble. Nor is it likely to be even a useful test of our courage, fitness, or national unity. War has its own dynamic or &#8212; in case that sounds too anthropomorphic &#8212; its own grim algorithms to work out. As it comes to need us less, maybe we will finally see that we don’t need it either. We can leave it to the ants.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Barbara Ehrenreich is the author of a number of books including <a href="http://www.amazon.com/dp/0805088385/ref=nosim/?tag=tomdispatch-20" target="_blank">Nickel and Dimed: On (Not) Getting By in America</a> and <a href="http://www.amazon.com/dp/0312658850/ref=nosim/?tag=tomdispatch-20" target="_blank">Bright-Sided: How the Relentless Promotion of Positive Thinking Has Undermined America</a>. This essay is a revised and updated version of the afterword to the British edition of <a href="http://www.amazon.com/dp/0805057870/ref=nosim/?tag=tomdispatch-20" target="_blank">Blood Rites: Origins and History of the Passions of War</a> (Granta, 2011).  To listen to Timothy MacBain’s latest TomCast audio interview in which Ehrenreich discusses the nature of war and how to fight against it, click <a href="http://tomdispatch.blogspot.com/2011/07/war-without-humans.html" target="_blank">here</a>, or download it to your iPod <a href="http://click.linksynergy.com/fs-bin/click?id=j0SS4Al/iVI&amp;amp;subid=&amp;amp;offerid=146261.1&amp;amp;type=10&amp;amp;tmpid=5573&amp;amp;RD_PARM1=http%3A%2F%2Fitunes.apple.com%2Fus%2Fpodcast%2Ftomcast-from-tomdispatch-com%2Fid357095817" target="_blank">here</a>.</em></p>
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		<title>Terrorismo preventivo</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Jul 2011 17:57:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Amauta Editor</dc:creator>
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A pesar de su declarada alergia al cumplimiento de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En previsión de que una <strong>2ª Flotilla de la Libertad</strong> pudiera siquiera acercarse a la <strong>Franja de Gaza</strong>, el gobierno israelí trata por todos los medios ilegales interferir en cualquier esfuerzo que se esté haciendo para contribuir al envío de ayuda humanitaria al recluido <strong>pueblo palestino</strong>.</p>
<p>A pesar de su declarada alergia al cumplimiento de la legalidad internacional, y de su absoluto desprecio de los <strong>Derechos Humanos</strong>, Israel tiene una increíble influencia sobre estados que se suponían soberanos como el <img title="More..." src="https://impresionesmias.wordpress.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" alt="" />español, a quien lleva meses obligando a tener un comportamiento absolutamente intolerable e indigno con sus propios ciudadanos. En el mes de abril, <a href="http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article24359" target="_blank">varios miembros de «Rumbo a Gaza» fueron detenidos</a> por agentes sin identificar de la <strong>Guardia Civil</strong> que mantuvieron en todo momento un <strong>comportamiento anómalo </strong>y más que sospechoso, mucho más sospechoso que los propios detenidos, que tan solo venían de mantener una reunión en la que trataron temas relaciones con la organización de la 2ª Flotilla.<span id="more-27637"></span></p>
<div id="attachment_27690" class="wp-caption alignleft" style="width: 379px"><img class="size-full wp-image-27690" title="gernika" src="http://revista-amauta.org/wp-content/uploads/2011/07/gernika.jpg" alt="" width="369" height="208" /><p class="wp-caption-text">El barco español Gernika interceptado por autoridades griegas.</p></div>
<p>El papel del <strong>Gobierno español</strong> se complementa con su <strong>desprecio</strong> por la <strong>Flotilla</strong> al negarse a escuchar todas las peticiones de protección realizadas por “Rumbo a Gaza” y por las organizaciones que componen la coalición internacional. Pero después de todo no hay que pensar mal, si el Gobierno español no puede asignar efectivos a la protección de la Flotilla tal vez sea porque anda escaso de efectivos por haber asignado demasiados a las <strong>misiones ilegales encargadas por el Gobierno de Israel</strong>.</p>
<p>Pero <strong>España</strong> no es el único <strong>país sumiso</strong>. Hace unos días la obsesiva presión israelí contra la misión humanitaria se trasladaba a <strong>Grecia</strong>, donde <a href="http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article26579" target="_blank">ha sido interceptado el barco “Gernika”</a> por las autoridades portuarias, al tiempo que <a href="http://www.correodelorinoco.gob.ve/multipolaridad/denuncian-sabotaje-miembros-segunda-flotilla-libertad/" target="_blank">sus motores sufrían un misterioso sabotaje que los inutilizaba</a>. Según miembros de la plataforma, la detención del navío solo puede tener <strong>carácter preventivo, </strong><strong>y por lo tanto ilegal</strong>, ya que en ningún momento se ha infringido ninguna ley ni internacional, ni griega, por parte de los activistas comprometidos con esta <strong>misión humanitaria</strong>.</p>
<p>A primeros de junio ya lo advirtió un <strong>general del ejército israelí</strong>, quien aseguró que <a href="http://es.reuters.com/article/topNews/idESMAE75001Q20110601" target="_blank">estaban preparándose para detener esta 2ª Flotilla</a>. Y nadie debe tomar estas palabras como <strong>ladrido</strong> de perro poco mordedor, ya que en el mes de abril, la inobservancia israelí de las más mínimas normas de convivencia se manifestó en tierras sudanesas, donde sus <a href="http://sp.rian.ru/international/20110407/148670543.html" target="_blank">fuerzas aéreas realizaron un <strong>ataque contra un vehículo civil</strong></a> sobre el que recaía la <strong>vaga sospecha</strong> de transportar armas a la Franja de Gaza, resultado del ataque: dos asesinados.</p>
<p>Y este no ha sido el primer <strong>atentado terrorista israelí en tierras sudanesas</strong>, ya en 2009 el <strong>ejército hebreo asesinó a 119 personas</strong> de quienes también tenía la vaga sospechaba de que portaban armas a la Franja de Gaza. Más incluso que el <strong>terrorismo practicado</strong> por el estado israelí, asusta la <strong>impunidad</strong> con que se acoge a ese estado en la Comunidad Internacional.</p>
<p>Les invito a que piensen por un momento <strong>cómo sería la información en los medios si</strong> el pueblo oprimido fuera el israelí y el opresor fuera el palestino. Si la Flotilla de la Libertad se dirigiera a la &#8220;Franja de Israel&#8221;. Tan solo cambiar este dato en esta historia sería un excelente abono para el renacer de términos como <em>nazismo</em>, <em>campo de concentración</em>, <em>genocidio</em>, <em>exterminio</em> o <em>solución final</em>.</p>
<p>En otra variante, les invito a pensar por un momento <strong>cómo sería la información en los medios si</strong> el envío humanitario de la 2ª Flotilla consistiera en llevar bombas y su destino fueran las bases israelíes en la zona. Tal vez así la misión de la Flotilla tendría la misma buena acogida en los medios, la misma “base legal” y el mismo corporativismo internacional que han tenido, y siguen teniendo los ataques indiscriminados contra Libia y a los que también han llamado “misión humanitaria”.</p>
<p>Puede que solo sean impresiones mías, pero la sumisión de medio mundo al <strong>terrorismo preventivo israelí</strong> será recogida en el futuro por los libros de Historia como <strong>una de las épocas más oscuras del Hombre</strong>.</p>
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